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miércoles, 12 de octubre de 2016

José María Luis Mora: un hombre liberal de su tiempo



Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
[Era necesario] seguir el viejo consejo del doctor Mora de aprovechar la niñez para formar nuevos hombres. Había que arrancar la educación de las garras del clero y difundir ampliamente la enseñanza.[1]
Josefina Z. Vázquez
Una figura imprescindible en la historia de México
José María Luis Mora (Guanajuato, 12 de octubre de 1794-París, 14 de julio de 1850), considerado como “el padre del liberalismo mexicano”, es una figura muy reconocida en el ámbito político mexicano, además de que se ha señalado su papel como uno de los precursores del ingreso del protestantismo por su colaboración con la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y con su agente, el educador escocés James Thomson, quien a su vez colaboró con el gobierno mexicano al introducir el sistema lancasteriano. Fue abogado y en 1821 se unió al Plan de Iguala y participó en la redacción de El Seminario Político y Literario. Como diputado del Congreso del Estado de México, intervino en la redacción de la primera constitución local y a través de esa tribuna se opuso tajantemente a la implantación del imperio de Iturbide. Se ordenó sacerdote en 1819, perteneció a la masonería y fue representante diplomático de México en Francia e Inglaterra, luego de que debió exiliarse tras el golpe de estado de Antonio López de Santa Anna. Algunos de sus libros son: México y sus revoluciones (1836, 3 vols.) y Obras sueltas (1838, 2 vols.). Una colección de cinco textos políticos, bajo el título Filosofía republicana (2008) puede descargarse en el sitio: https://es.scribd.com/document/9655337/Antologia-de-Jose-Maria-Luis-Mora.
Algunos autores se han ocupado de señalar su relación con el protestantismo: muy tempranamente, en 1954, Pedro Gringoire (seudónimo del notable polígrafo metodista Gonzalo Báez-Camargo) escribió un estudio pionero en el que mostró con detalle la participación de Mora en la distribución de la Biblia en México,[2] el cual ampliaría después en una publicación de 1978.[3] Gringoire menciona la referencia de que Mora quizá se convirtió al protestantismo alrededor de 1529.[4] Jean Meyer, a su vez, afirmó que Mora “se cuidó mucho de exteriorizar sus convicciones; su protestantismo quedó en el terreno de la vida privada”.[5] Carlos Martínez García se ha ocupado del tema en estas páginas y en otros espacios,[6] por lo que no agregaremos nada a lo ya señalado.
El motivo de este artículo es dar a conocer y comentar la publicación de José María Luis Mora: un hombre de su tiempo, coordinado por Mario A. Téllez G. y Rafael Estrada Michel, publicado por el Instituto Nacional de Ciencias Penales y otras instituciones en septiembre de 2014. En casi 240 páginas, se recogen 10 trabajos que tratan de los ensayos de Mora en El Observador de la República Mexicana (1830) (Catherine Andrews), su pensamiento electoral (David Cienfuegos Salgado), el derecho en México en los tiempos de Mora (Óscar Cruz Barney), su encuentro con Lucas Alamán (María José García Gómez), su relación con el catecismo político (María del Refugio González), el liberalismo jurídico (Manuel González Oropeza), sus avatares para ser abogado (Mario A. Téllez G.) y “¿los pecados carnales de un santo liberal?” (José Manuel Villalpando). Al volumen lo acompaña un DVD con los documentos del archivo personal de Mora. En la presentación se explica muy bien uno de los objetivos del libro: “Quizás el contenido de este libro no se ajuste a la imagen ‘idílica’ que nos hemos formado de José María Luis Mora. Lo que resulta cierto, a partir de la lectura de este valioso ejemplar, es que nos acerca más al Mora humano y al idealista; también nos proporciona elementos para establecer el auténtico rol que tuvo en la conformación del México liberal. En conjunto, logramos atisbar al Mora más allá del personaje histórico”.[7]
Biblia y protestantismo en su vida y obra
Dos ensayos sobresalen en esta recopilación: “José María Luis Mora y su relación con la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera: ¿conversión al protestantismo o concordancia con las ideas de un liberal?”, de Arturo Argente Villareal (ITESM-Toluca) y Antonio de Jesús Enríquez Sánchez (Universidad Autónoma del Estado de México), y “Mora y la Biblia”, de Anne Staples (El Colegio de México). En el primero se recapitula la colaboración de Mora en la distribución de Biblias en una época muy complicada para la diversidad religiosa en el país, es decir, entre 1827 y 1833/34, años éstos últimos en que por primera vez se intentó acotar la influencia del catolicismo. La pregunta de fondo, sobre la conversión de Mora al protestantismo, se relativiza al investigar, más bien, “el pensamiento del teórico liberal que antecedió a Juárez y a su generación” (p. 38) y los motivos que lo llevaron a “colgar los hábitos” en 1822 y a convertirse en un liberal convencido: “El liberalismo que a fines del siglo XVIII y principios del XIX había hecho su irrupción en el mundo occidental también hizo de las suyas. Mora, hombre de su tiempo, no pudo escapar a su contexto y, así como los clérigos en Cádiz, abrazó el constitucionalismo, se adhirió a la corriente liberal. Así, y con justa razón, [Charles] Hale propone que para 1832 ‘era el teórico reconocido del partido de la reforma nacional, campeón del anticlericalismo y de una visión utilitarista del progreso social’” (pp. 43-44).
Con todo, no queda claro si en efecto Mora se hizo protestante, pues su colaboración con la Sociedad Bíblica Británica no lo obligaba a ello. En realidad, destacan los autores, se trató de una fuerte afinidad ideológica, pues “jamás renunció a sus creencias religiosas, pero nunca dejó de criticar el papel desempeñado por la Iglesia en la formación de una nueva sociedad mexicana: la del progreso, tolerante y libre de toda superstición” (p. 46). Asimismo, su interés por difundir la Biblia estuvo dominado por el deseo de que ello pudiese contribuir a “socavar el poder espiritual que una institución dominante, añeja, con fueros y dueña de la educación como la Iglesia revestía en el México decimonónico” (p. 47). Para él, los “verdaderos amantes del cristianismo” “debían leer libremente las Sagradas Escrituras”, lo que lo llevó a dar pasos “para un ensayo de versión” de traducciones bíblicas a los idiomas mejicano (náhuatl), otomí, tarasco y huasteco, “empezando por el evangelio de San Lucas”, aunque “la pobreza del país”, escribió en unas palabras que firma como “presidente de la Sociedad de la Biblia, británica y extranjera.[8] Él mismo colaboró en la traducción de dicho evangelio al náhuatl, que concluyó en mayo de 1631 (p. 53), pero que finalmente se extravió (p. 56).
Staples, por su parte, se basa en el ensayo de Gringoire y esboza las dificultades que enfrentó la distribución de la Biblia en México desde la época virreinal y el uso de que fue objeto en los años de la lucha por la Independencia para oponerse a ella. La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera al comenzar a introducir ejemplares en México necesitaba personas dispuestas a enfrentar los obstáculos tan grandes del momento para hacerlo, como lo fueron los ataques que, desde septiembre de 1827 aparecieron en la prensa (p. 228), por causa de que los ejemplares impresos por la agencia protestante no contaban con notas explicativas. Mora publicó un artículo a favor de las Biblias protestantes (en la versión católica autorizada del padre Scío de San Miguel) en noviembre de ese año. Allí afirmó. “Ningún hombre que ame las letras y los progresos de la especie humana podrá dejar de agradecer a sus dignos miembros el celo con que procuran la circulación de la Biblia”,[9] en alusión, obviamente, a los esfuerzos de la organización protestante inglesa. La circulación de esas Biblias importadas inquietó demasiado a las jerarquías católicas y en 1828 se prohibieron en Oaxaca y Guadalajara (p. 230). En el texto mencionado, al referirse a las traducciones a idiomas originarios, exclamó: “¡Al cabo los ingleses vendrán a hacer hoy lo que debiéramos nosotros tener hecho desde hace tres siglos!”. Fue muy probablemente el párroco Mariano Paz y Sánchez, de Santa María Chigmecatitlán (Puebla), quien hizo la traducción (provisional) al náhuatl del evangelio de Lucas, de la cual Mora recibió un paquete de 250 ejemplares (p. 232). Para Mora, publicar la Biblia con notas “hubiera dado lugar a confusiones porque los sabios no se ponían de acuerdo en el sentido de muchos pasajes” (pp. 233-234). Pero estos argumentos no lograron convencer a la opinión pública.
El texto de María del Refugio González también es relevante pues destaca la formación de Mora: “José María Luis Mora es, pues, un personaje con formación teológica y jurídica, al igual que otros liberales de la época, y, como varios de ellos, se fue volviendo anticlerical a partir del razonamiento y el conocimiento de la historia de la propia Iglesia. En el estudio de la teología se había familiarizado con la Sagrada Escritura, el pensamiento de santo Tomás, de Duns Scoto y de Suárez, y las sentencias de Pedro Lombardo” (p. 130).
Este volumen viene a cubrir la gran necesidad histórica de ubicar a este personaje en su contexto y entender las razones de su lucha personal por ampliar las libertades en un país todavía muy cerrado ideológica y culturalmente, al que por cierto nunca volvió. El legado de Mora pertenece, por igual, al liberalismo y al protestantismo mexicanos.


[1] J.Z. Vázquez, Nacionalismo y educación. México, El Colegio de México, 2000, p. 55.
[2] P. Gringoire, “El ‘protestantismo’ del doctor Mora”, en Historia Mexicana, vol. II, núm. 3, enero marzo de 1954, pp. 328-366; puede leerse en el sitio de El Colegio de México: http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/NFKUXLPN5JS3SPRPMGCNFCNIEXN8BF.pdf.
[3] Gonzalo Baéz Camargo, El doctor Mora. Impulsor nacional de la causa bíblica en México. México, Sociedades Bíblicas en América Latina, 1978.
[4] P. Gringoire, op. cit., p. 328.
[5] J. Meyer, Historia de los cristianos en América Latina. Siglos XIX y XX. México, Vuelta, 1989.
[6] Cf. C. Martínez García, “El padre del liberalismo mexicano, ¿protestante?”, en La Jornada, 21 de octubre de 2009, www.jornada.unam.mx/2009/10/21/opinion/020a1pol; Ídem, “México: Thomson y J. Mª Luis Mora”, en Protestante Digital, 21 de noviembre de 2010, http://protestantedigital.com/magacin/10109/Mexico_Thomson_y_J_Ma_Luis_Mora; e Ídem, “Mora, Thomson y el Códice Chimalpahin”, en La Jornada, 1 de octubre de 2014. El segundo texto corresponde a un avance del libro James Thomson: un escocés distribuidor de la Biblia en México, 1827-1830. México, Maná Museo de la Biblia, 2013.
[7] “Presentación”, en José María Luis Mora. Un hombre de su tiempo, p. xiii, www.inacipe.gob.mx/stories/publicaciones/temas_selectos/unhombretiempo.pdf.
[8] J.M.L. Mora cit. por P. Gringoire, op. cit., p. 336.
[9] J.M.L. Mora, en El Observador de la República Mexicana, 31 de octubre de 1827. “Se publicó también el 2 de noviembre de 1827 en Águila Mexicana, pp. 2 y 3. Mora lo incluyó en sus Obras sueltas. París, Librería de Rosa, 1837, y fue reproducido en Lillian Briseño Senosiain, Laura Solares Robles y Laura Suárez de la Torre [eds.], Obras completas de José María Luis Mora. Varia. Vol. 8. México, SEP-Instituto Mora, 1988, pp. 95-97” (nota 32, p. 231).

Fuente: Protestantedigital, 2016

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