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miércoles, 14 de julio de 2010

Cambios en el matrimonio atravesados por amor, acuerdos y prohibicio

Buenos Aires.
El matrimonio y la familia sufrieron transformaciones a lo largo de la historia y fueron concebidos de distintas formas según las culturas y los sectores sociales, desde uniones por amor o por conveniencia patrimonial y de poder hasta las conformadas más allá de las prohibiciones por diferencias étnicas.
Así se desprende del análisis de distintos especialistas, que revelan el carácter cultural de estas instituciones y niegan que haya un orden natural en su constitución.
Este fenómeno ubica a la familia "como una de las instituciones sociales más dinámicas y cambiantes del mundo occidental", asegura el sociólogo e investigador del Conicet, José Luis Moreno, en su trabajo sobre la historia de la familia en el Río de la Plata.
El especialista destaca que durante el período colonial, España "impuso el modelo de la familia y matrimonio cristiano", mientras que, por otra parte, estaban las sociedades americanas que tenían "modelos de organización familiar muy alejados de la monogamia y la familia europea".
Moreno compara los casamientos en los distintos sectores sociales al afirmar que "si la riqueza y los bienes económicos presidieron decisiones sobre el matrimonio entre los miembros de las clases poderosas, en cambio no pudieron ser los mismos valores los que alumbraron las conciencias matrimoniales de los demás sectores sociales".
"La libertad con la cual muchos individuos de los sectores populares eligieron su cónyuge fue una de las razones fundamentales que explican las uniones interétnicas", explicó.
Sin embargo, esta situación debió enfrentar la prohibición del casamiento de los blancos con las llamadas `castas` que implementó el estado español a comienzos del siglo XIX.
De este modo, "el mercado matrimonial era bastante restringido en función de la extracción social y racial de los futuros cónyuges".
Moreno insiste en un elemento central que imperó en la legitimidad del matrimonio, que no fue precisamente el amor, sino "el patrimonio y la transmisión de la herencia", y las injusticias en torno al reconocimiento de los hijos.
En esa dinámica establecida por la tensión entre lo legal y la realidad, y en el marco de los cambios económicos, demográficos, culturales, se fueron produciendo transformaciones `de hecho` en el matrimonio, la familia y el hogar, que a la vez fueron resistidos por las fuerzas más tradicionales de la sociedad.
Moreno plantea que la corona española, "pretendió impedir el matrimonio según la propia elección de los cónyuges", quienes debieron "desafiar el requisito de certificación de pureza de su sangre y de la inexistencia de negros africanos en algún antepasado".
Asimismo, añade que "los actores sociales enfrentaron el tribunal de la Santa Inquisición en los casos de violación grave de los preceptos religiosos, como la bigamia, el concubinato y toda forma `pecaminosa` de comportamiento sexual y social".
En este contexto, "el desafío a la legalidad y a la legitimidad puso en vilo más de una vez a las autoridades religiosas y civiles", contó.
Los cambios se acentuaron al final del período colonial y durante el siglo XIX, con una mayor apertura de la justicia aunque instituciones como la patria potestad y la supremacía del hombre continuaban vigentes y volvieron a ser consagrados por la organización nacional del país.
Fue en ese momento cuando se produjeron las modificaciones al Código Civil que permitieron, a partir de 1887, el "matrimonio civil obligatorio que deja a la ceremonia religiosa en un lugar secundario y desplaza a la Iglesia como la institución central de la administración del sacramento matrimonial", explicó Moreno.
Por su parte la historiadora Mónica Ghirardi, en su estudio sobre los matrimonios y familias en Córdoba en el último siglo colonial y hasta 1850, muestra cómo la familia y el matrimonio están atravesados por prácticas sociales que escapan muchas veces a ese modelo `ideal` que buscó imponer España.
Esa realidad que se contraponía con ese `deber ser`, con la moral cristiana, se traducía, según los expedientes consultados por Ghirardi, en "problemáticas vinculadas a la violencia doméstica, a la entrega de hijos, a mujeres solas a cargo del hogar, a parejas desunidas, a conflictos entre hermanos por bienes hereditarios, a progenitores negándose a reconocer a hijos extramatrimoniales".
Asimismo, la especialista parte de entender al "matrimonio y la familia como vehículos de orden y control social" y plantea que ambas instituciones "fueron centro de interés de la Iglesia y el Estado desde épocas tempranas".
En este sentido, recuerda el trabajo del antropólogo inglés Jacques Goody, quien relacionó el interés del poder eclesiástico en el control sobre los matrimonios y la familia con la búsqueda de la Iglesia de incremento de su patrimonio material "a expensas de las familias y de los grupos de parentesco, de allí las prohibiciones que alentó contra los casamientos entre parientes próximos, contra la adopción y contra el divorcio".
Fuente: Yahoo

martes, 13 de julio de 2010

Iglesia Presbisteriana de USA permitirá pastores gays

Líderes de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos votaron el jueves a favor de permitir a homosexuales no célibes vinculados en relaciones comprometidas presten servicios como pastores.
La aprobación es el primero de dos cambios de política que podrían hacer de su Iglesia una de las denominaciones cristianas en Estados Unidos más cordiales con la comunidad gay.
Pero el voto no es sello final de conformidad para la Iglesia Presbiteriana (de Estados Unidos) o sus más de dos millones de miembros.
Delegados votaron durante la asamblea general de la Iglesia en Minneápolis, con 53% de ellos aprobando una política más liberal sobre clérigos homosexuales. Se esperaba una votación por separado más tarde sobre si cambiar la definición de matrimonio de la Iglesia de entre "un hombre y una mujer" a entre "dos personas".
Bajo la actual política de la Iglesia, los presbiterianos sólo pueden convertirse en clérigos, diáconos o presbíteros si están casados o viven en celibato. La nueva política acuñaría referencias a la sexualidad en favor de candidatos comprometidos a una "sumisión jubilosa a la adoración de Cristo".
Pero tales cambios deben ser aprobados por una mayoría de los 173 presbiterios estadounidenses de la Iglesia. La asamblea votó hace dos años a favor de liberalizar la política de clérigos homosexuales, pero la iniciativa murió el año pasado debido a que 94 de los presbiterios votaron en su contra.
No obstante, los cambios propuestos "tienen el potencial de ser históricos", dijo Cindy Bolbach, del Presbiterio de la Capital Nacional en Washington y moderadora electa de la asamblea.
La Iglesia Presbiteriana (de Estados Unidos) está clasificada como la décima Iglesia más grande en el país con 2,8 millones de miembros, según el Libro del Año 2010 de Iglesias Estadounidenses y Canadienses, del Concilio Nacional de Iglesias. Los materiales informativos de la Iglesia pregonan tener 2,1 millones de miembros.
A inicios de la semana, ambas propuestas fueron aprobadas por comités de la asamblea

Fuente AP

lunes, 12 de julio de 2010

LOS PROFETAS Y LA VIOLENCIA: UNA CRÍTICA RADICAL

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México.

1. La denuncia profética de la violencia ayer y hoy

Si aceptamos que la profecía en Israel surgió como un contrapeso para frenar los abusos de los monarcas, algo así como una “defensoría informal de derechos humanos” en los tiempos antiguos, también deberíamos reconocer que los profetas asumieron una postura radical ante la violencia que experimentaba la sociedad que conocieron y que no dejaron de denunciarla, viniera de donde viniera. Porque la espiral de violencia de la que se habla desde el Génesis siguió su camino hasta establecerse como una auténtica realidad estructural a la cual las personas se acostumbraron tarde o temprano, lo mismo que sucede hoy entre nosotros. Si las cifras de ejecuciones de los noticieros nocturnos ya escasamente llaman nuestra atención, esto se refiere a que la sensibilidad se ha desgastado y la fuerza de la costumbre se ha impuesto, situación contra la que precisamente los profetas lucharon persistentemente.
Un recorrido por la enseñanza profética, como el que realizó el extinto biblista chileno Dagoberto Ramírez puede ayudar a entender esta situación:
Para un profeta era difícil generalizar su acusación a todo el país, a todos sus habitantes. Los pecados son concretos. El de la violencia es sumamente concreto, pues es el abuso de un poder que es determinado. Es notable el hecho de que el vocablo hebreo que indica violencia (hamas) suele ir acompañado de sod (raíz: sadad), “despojo”: Jeremías 6:7; 20:8; Ezequiel 45:9 con un sujeto bien definido (“esto es demasiado, príncipes de Israel: desistid del despojo y de la violencia, practicad el derecho y la justicia, liberad a ‘mi pueblo' de vuestros impuestos”). A la clase dirigente de Samaria se dirige Amós como aquellos que “amontonan violencia y despojo en sus palacios” (3:10). Violencia, despojo y juicio pervertido van unidos en Habacuc 1:2-4. ¿Por qué Miqueas grita a la ciudad sus pecados (6:9 y 13) sino para especificar que denuncia los pecados sociales de los jefes y de los explotadores en lo económico y (“sus ricos están llenos de violencia”, v.12a)? Isaías 53:9 asocia “ricos” con “violencia”. En Ezequiel 28, en aquel célebre poema que critica la ideología y el poder económico del rey de Tiro, la violencia está en paralelo con “pecado”, mostrando que éste es específico, y con el comercio, para señalar una de sus dimensiones más iterativas. (v.16).[1]
Esta manera concreta de referirse al problema y atacarlo, propia de una conciencia muy precisa de las circunstancias, aparece en Isaías 30, cuando se reprocha al pueblo su desmemoria al voltear hacia su antiguo dominador, Egipto, y esperar apoyo en él (vv. 1-7). La rebeldía que se le reprocha al pueblo y a sus gobernantes consiste en desechar la profecía (v. 10) y “confiar en la violencia” (v. 12). Este pecado sería una especie de grieta que traería la “ruina extendiéndose en una pared elevada” (v. 13). Estas palabras son un eco del inicio mismo del libro, cuando Yahvé, en palabras del profeta, se lamenta acerca de la falta de discernimiento del pueblo (1.3) y el retrato social que procede de la visión profética advierte que la violencia está presente en todos los niveles: doméstico, social, político y económico, todo ello autorizado por la estructura religiosa: “Vuestras manos están llenas de sangre” (1.15b), por el sacrificio humano que no exige Dios, pero que era una supuesta necesidad social, tal como proponen algunos gobernantes actuales.
La crítica profética se dirige hacia el corazón de la violencia y promueve su superación como parte de un proceso de enjuiciamiento de sus resultados ofreciendo la alternativa que aparece en 30.15: “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza”. La propuesta divina entiende que la violencia seguirá ejerciendo una fascinación entre los seres humanos, pero ofrece también la posibilidad de atisbar un camino diferente.
2. Jesús, el profeta, y la violencia en todos los órdenes
En estos días, un gobierno laico, el de El Salvador, desea responder a la violencia con la lectura de la Biblia en las escuelas, algo que algunos dirigentes religiosos rechazan con diversos argumentos. Una nota periodística explica así la situación: “‘Este decreto ya raya en la ignorancia e hipocresía… los religiosos no hemos sido consultados. Para mí es más importante tener un encuentro con los valores’, dijo por su parte el obispo Medardo Gómez de la Iglesia Luterana. La Ley para autorizar la lectura de la Biblia en el sistema educativo, que ‘instituye la lectura de pasajes de la Biblia de forma diaria y sistemática en todos los centros educativos del país’, fue aprobada por el Parlamento la semana pasada. La misma se haría hasta por siete minutos antes de cada jornada, sin comentarios adicionales. El decreto, que deberá ser sancionado por el presidente Mauricio Funes, se aprueba a 18 días después de que resultaran muertas 15 personas, al de ser abatidas por disparos e incendiado el microbús en que se transportaban. Otras resultaron heridas. […] Para Funes, la lectura de la Biblia podría ser una ‘iniciativa que alivie la situación de violencia del país’. ‘La visión con que se aborda la violencia me preocupa, no estamos viendo lo que hay detrás’, expresó el pastor Miguel Tomás Castro, de la Iglesia Bautista, al hacer alusión a que no se están atacando las verdaderas causas de ese fenómeno”.[2]
Ante un planteamiento de estas características, bien valdría la pena observar la actitud de Jesús mismo ante la violencia que se había establecido como núcleo o centro de la realidad social. La actitud básica de Jesús ante la violencia se basó en exhortar al pueblo a no seguir la lógica o las leyes que rigen al mundo en ese sentido. En su caso, la ley mosaica debería de ser superada, pues la ley apenas puede intentar la regulación de la violencia:
Al comprometerse solemnemente a no recurrir más a la violencia, Dios sugiere que, si la ley es necesaria para contener la violencia, también espera que “eduque” a los humanos –en el sentido etimológico de conducirlos fuera de la violencia–, hacia el bien y lo justo. Pero bien y justicia sólo se darán donde los humanos, a ejemplo de Dios, tengan la audacia de ir más allá de la ley, para renunciar voluntariamente a la violencia. Este camino lo explicitará el Jesús de Mateo: “Habéis oído que se dijo ‘ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo que no resistáis al mal...” Que no adoptéis su lógica de violencia a la que intenta llevaros (Mt 5, 38-39).[3]
Pero Jesús no deja de recurrir a la denuncia típicamente profética en su diatriba de Lc 11, donde recuerda la actitud violenta de los religiosos profesionales y la manera en que “resolvieron” sus diferencias con los profetas mediante el asesinato de algunas de sus figuras. Jesús afirma tajantemente que desde Abel hasta Zacarías (v. 51; II Cr 24.20-21), Dios no dejará de reclamar la sangre de las personas justas víctimas de la violencia social. Jesús toma partido abiertamente por ellas y llama la atención al hecho de q1ue el pueblo tiene una responsabilidad compartida para la superación de la violencia en todos sus órdenes, pues ésta es un cáncer que se autoriza a sí mismo para reproducirse sin control y permear todas las relaciones humanas. En Jesús, el Cordero inocente entregado por el pecado humano, Dios mismo renuncia a la violencia para siempre y abre las puertas para nuevas alternativas de convivencia, siempre al acecho de la forma en que aquélla seguirá impidiendo la concordia y la armonía entre iguales.

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[1] D. Ramírez, “Violencia y desmesura del poder (Reflexiones bíblicas)”, en RIBLA, núm. 2, www.claiweb.org/ribla/ribla2/violencia%20y%20desmesura%20del%20poder.htm.
[2] Susana Barrera, “Líderes religiosos se oponen a la lectura de la Biblia”, en ALC Noticias, 5 de julio de 2010, www.alcnoticias.net/interior.php?lang=687&codigo=17301&PHPSESSID=6c0b6df3f6c73a204ae8e533d9e161c9.
[3] André Wénin, “Más allá de la violencia, ¿qué justicia? Reflexiones a partir del Antiguo Testamento”, en Selecciones de Teología, vol. 44, núm. 173, 2005, www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol44/173/173_wenin.pdf. Cf. Bernard van Meenen, “Biblia y violencia”, en Selecciones de Teología, vol. 44, núm. 173, 2005, www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol44/173/173_meenen.pdf

Fuente: Leopoldo Cervantes-Ortiz, Teólogo y escritor mexicano.

viernes, 9 de julio de 2010

La Comunidad Metropolitana llega con su «cristianismo inclusivo» a España

El próximo mes de octubre, desembarcará en España la primera «parroquia cristiana gay» de la Iglesia Comunidad Metropolitana. Se trata de un potente grupo que se define como cristiano y que es originario de EEUU. Se caracteriza por oficiar bodas religiosas entre parejas del mismo sexo y porque sus líderes espirituales -más de la mitad, mujeres- son, en su inmensa mayoría, homosexuales.
Después del verano, aproximadamente en octubre, está previsto que se constituya la Iglesia Metropolitana de España. Es una iniciativa que surge con el respaldo de esta comunidad en Canadá. Juan Antonio Férriz, coordinador del área de Asuntos Religiosos de FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), afirma que “esta es una buena noticia” y que esperan “entablar una relación fructífera de colaboración a partir de su constitución”.
UNA ESPAÑOLA EN LA JUNTA DE GOBIERNO
La española Raquel Benítez ha sido recientemente elegida como miembro de la Junta de Gobierno Mundial de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en su Congreso General, que se celebró en Acapulco del 28 de junio al 3 de julio. Se presentaron 22 candidatos. De estos, 10 han sido nominados para su elección, como es el caso de Raquel. Es la primera vez que una persona laica que no es de Norteamérica es nominada para tal efecto. Por otro lado, su esposa Carmen Llanos ha sido elegida para comenzar el proceso diaconal y está comenzando su preparación de un año.
Raquel y Carmen forman parte de la Iglesia Metropolitana de Canadá desde que se afincaron allí, hace ya más de 10 años. Ellas son las encargadas de dar este año la «oración de bienvenida» a la celebración del orgullo gay en la ciudad canadiense de Toronto. Las dos son parte importante del proyecto de impulsar el asentamiento de la Iglesia Metropolitana en España.
SUS SEÑAS DE IDENTIDAD
La Iglesia de la Comunidad Metropolitana surge de la tradición de las iglesias protestantes autodenominadas «inclusivas», porque «no excluyen a nadie ni obligan a cumplir determinados preceptos» morales. Defienden un culto «abierto». Como informan en su página web esta Iglesia se enmarca en la línea del movimiento gay, lésbico, bisexual y transexual internacional.
La Iglesia de la Comunidad Metropolitana (MCC por sus siglas en inglés Metropolitan Comunity Church) es una de las mayores organizaciones gays del mundo, extendida a través de más 15 países. Está abierta a todo el espectro social, pero se halla dirigida en especial a la comunidad gay, lésbica, bisexual, y transexual.
Consideran en su teología que Dios “acepta a todos sus hijos tal y como son”, sin que la práctica gay, lesbiana, o bisexual o transexual sea ningún pecado, ni debe ser motivo de rechazo o culpa. “El único mandamiento consiste en amarnos. Así no cansaremos al prójimo con vanos discursos catastrofistas o condenatorios. Así Dios estará en nosotros, y nosotros en El.“ expresan en su web. Por ello se reconoce a las personas LGTB “su plena capacidad de amar y establecer vínculos familiares”.
Su ideario, orientación sexual aparte, es sin embargo muy poco definido, porque para pertenecer a esta Iglesia “no es preciso abandonar la iglesia o las ideas a la que pertenezca la persona, pudiendo simultanear la pertenencia a la MCC y a otra iglesia, pues la MCC “es una Iglesia profundamente ecuménica que no requiere de sus miembros el abandono de su tradición religiosa”, “enriqueciéndose de sus diferencias, pero sobre todo sin generar divisiones entre credos y conceptos personales de Dios”.
LUCHA POLÍTICA
El respaldo de la Iglesia Metropolitana de Canadá a la Ley del Matrimonio entre personas del mismo sexo en ese país fue crucial para su aprobación. Además, fue la primera Iglesia que celebró bodas homosexuales.
Igualmente, esta Iglesia está trabajando en la aprobación de otras leyes de matrimonio en diferentes estados de EEUU. Como ejemplo en Washington el primer matrimonio entre personas del mismo sexo fue el protagonizado por la obispa local de la MCC. Asimismo, ofrecen servicios a la comunidad LGTB, entre ellos la creación de un Instituto de Enseñanza para adolescentes que son víctimas de homofobia y transfobia.

Fuente: El Mundo, MCC. Edición: ProtestanteDigital.com

jueves, 8 de julio de 2010

Religión, pluralismo y convivencia

Por. Redacción es la Dirección de Protestante Digital

Conformamos este Editorial con un artículo de Teresa Maldonado, profesora de filosofía e integrante de la plataforma "Por una escuela laica". No sólo por el interés de cómo ven desde fuera la evolución del pluralismo religioso y las relaciones Iglesia-Estado, sino porque coincidimos con lo que expone. Y además, expone la visión de la situación de gran parte de la sociedad pensante española.
Muchas cuestiones no sólo interesantes sino ya ineludibles se abordaron en el congreso organizado sobre Pluralismo, religiones y convivencia, en la flamante nueva Alhóndiga de Bilbao. Afirmar que la nuestra es una sociedad plural también respecto al hecho religioso no deja de ser una constatación trivial. Otra cosa es ponernos a pensar en serio si realmente consideramos que eso es un valor y merece la pena poner los medios para que, más que sólo plural nuestra sociedad sea también pluralista en relación a las creencias y prácticas religiosas de quienes deciden (man)tenerlas.
A pesar de que en nuestro país no ha habido una tradición laicista consolidada, a la manera de Francia, se apunta a veces que nuestra visión de la religión y el lugar que ha de ocupar en la vida pública tiene algo o mucho de afrancesada. Hay, se entiende, distintos tipos de laicidad y/o laicismo: frente a la manera del país vecino de tratar con el hecho religioso a menudo percibida como "beligerantemente laicista" planea esa otra manera de hacerlo en el ámbito anglosajón, sobre todo en Estados Unidos, más considerada para con la práctica religiosa como algo que hay que respetar siempre y sin entrar a juzgar nunca aquello que las religiones exigen a sus fieles.
Sin embargo, tengo para mí que cuando discutimos sobre el lugar y el papel legítimo de las religiones en democracia, por razones de lo más variopintas que abarcan desde posiciones de izquierda acríticamente multiculturalistas ("hay que respetarlo todo") hasta la derecha más descaradamente etnocéntrica ("lo nuestro es lo único válido"), se va generalizando entre nosotros una tendencia a interpretar la cosa más bien a la norteamericana. Me explico.
Gran parte del interés del Congreso de la Alhóndiga ha radicado en que además de propuestas teóricas ha estado presente la perspectiva de personas vinculadas a las Administraciones públicas, encargadas de la gestión de servicios sociales, sanidad, educación, política laboral, etc. En los debates se ha constatado que la comprensible preocupación de nuestros gestores se centra en resolver cómo dar respuesta a las demandas que se plantean desde las comunidades religiosas en relación a cosas tan variopintas como lugares de culto, alimentación en comedores escolares, ritos funerarios, calendario laboral y un largo etc.
El catolicismo, durante tanto tiempo religión oficial y única permitida en el Estado español, sigue manteniendo unos privilegios que suponen, en un contexto de creciente pluralidad religiosa, un agravio comparativo para el resto de confesiones. La religión católica es expresamente mencionada en la Constitución española, dispone de una casilla propia en la declaración del IRPF, y los Acuerdos de 1979 firmados entre el Estado español y el Vaticano, que mantienen la vigencia del Concordato de 1953, establecen una serie de prerrogativas y privilegios para la Iglesia católica en las materias de que tratan (enseñanza y asuntos culturales, asuntos económicos, fuerzas armadas, asuntos jurídicos).
Es comprensible que el resto de confesiones se pongan a la fila y planteen el "yo también quiero": a pesar de la mención explícita del catolicismo en la Constitución, también establece la Carta Magna que ninguna religión tendrá carácter estatal. Además, la Ley Orgánica 7/1980 de Libertad Religiosa afirma en su primer artículo que el Estado garantiza el derecho fundamental a la libertad religiosa y de culto. De manera que cada vez resulta más impresentable mantener las prerrogativas para con la Iglesia católica. De ahí la importancia de la puesta al día de la ley de 1980 sobre libertad religiosa, ahora pospuesta por el gobierno de Zapatero sine die. Muchas de las personas y organizaciones preocupadas por la laicidad del Estado nos tememos que la susodicha puesta al día se transforme no en una necesaria cancelación de privilegios de la Iglesia católica, sino en una suerte de café para todos. ¿Profesores de catolicismo en las escuelas nombrados por los obispos y pagados por el Estado? Pues los musulmanes, los judíos, los protestantes (cuyos representantes suscribieron sendos Acuerdos de Cooperación con el Estado en 1992) y también los mormones, los Testigos de Jehová y los budistas (por ceñirnos a las confesiones que han conseguido el estatus de "notorio arraigo", concepto jurídico vago y confuso donde los haya) reclamarán su parte.
Groso modo, la manera norteamericana de tratar el hecho religioso incluye habitualmente la excepcionalidad (valga la paradoja) que busca acomodar la práctica religiosa de los particulares por encima de los deberes que conlleva el ejercicio de los derechos de ciudadanía. Así, se puede dispensar a un ciudadano/a de lo que para el resto es una exigencia inapelable sencillamente porque su religión no le permite esto o le obliga a aquello. Las excepciones pueden tener que ver con cosas tan variopintas como la posibilidad de acudir a un examen universitario o a una entrevista de trabajo ocultando el rostro por un niqab; negarse a acudir a clase de gimnasia, o de biología; negarse a declarar ante un tribunal determinado día de la semana (cierto que establecer el domingo como día de descanso laboral no es neutro desde el punto de vista cultural o religioso); negarse a trabajar en época de ayuno religioso; poder consumir sustancias psicoactivas prohibidas al resto de la población en ceremonias y ritos religiosos, por mencionar sólo algunas.
Al margen de que esta práctica norteamericana del acomodacionismo vulnere el principio de igualdad ante la ley, hay otra razón de peso para sugerir que no sea ese el camino que tomemos para tratar a las religiones en la esfera pública: es imprescindible disponer de un criterio al margen de la fe para decidir qué demandas religiosas son legítimas y cuáles no lo son. Una religión puede exigir a sus fieles casi cualquier cosa (en relación con vestimenta, culto, condiciones para la oración, alimentación, etc.), el criterio para decidir qué sí y qué no, no puede estar basado en la fe (que en un mundo religiosamente plural será siempre una fe particular) sino solamente en razones universalmente accesibles.
La separación del Estado y las iglesias que preconiza el principio de laicidad no consiste en poner al Estado al mismo nivel que las confesiones religiosas ni en establecer entre ellos una relación de igualdad como la que pueda darse entre distintas onegés. Muy al contrario, el Estado a muchos efectos se encuentra por encima de los credos particulares: a él le compete regular la práctica religiosa, ponerle límites (cierto que los mínimos imprescindibles) y establecer qué tendremos por legítimo y qué no se puede aceptar.
Claro que hay que dar cabida a demandas de las religiones minoritarias. Claro que hay que discutir cómo hacerlo. Seguramente esas religiones merecen un reconocimiento por parte del Estado mayor que el que históricamente han tenido en nuestro país, pero eso no significa que todos los privilegios ilegítimamente disfrutados por la Iglesia católica marquen el rasero a alcanzar. Más bien han de reducirse esos privilegios del catolicismo para poder dar cabida a las demandas legítimas de las otras comunidades religiosas. Cuáles hayan de ser tenidas por demandas legítimas será constantemente un tema de debate público y político. Pero ni obispos, ni rabinos, ni pastores, ni imanes, ni predicadores de ningún tipo deberían tener la última palabra al respecto.
Y por cierto, todo esto sin mencionar la financiación de las iglesias... ¿Se pondrá fin a la retribución pública de la Iglesia católica o nos esquilmarán también en adelante el resto de credos?

Redacción es la Dirección de Protestante Digital

Fuente: © Protestante Digital, 2010, España.

lunes, 5 de julio de 2010

EL PECADO DE LA VIOLENCIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*

Líbrame de la violencia humana pues quiero cumplir tus preceptos. Salmo 119.134


1. Cómo entró la violencia en el mundo: una mirada desde los orígenes
Con el lenguaje simbólico con que indaga en los orígenes de todo lo humano, el AT, y particularmente el Génesis, propone, con una actualidad sobrecogedora, una explicación teológicamente coherente de la aparición de la violencia en el mundo, pues posteriormente a la Caída, este esquema de interpretación de la existencia humana le permite penetrar y ampliar la visión de las cosas y su complicación paulatina. Contrariamente a la lectura tan elemental con que se ha asumido el episodio del asesinato de Abel por parte de Caín, el Génesis plantea que la diversa interpretación humana del verdadero culto a Dios y la recepción de éste, origina la aparición consecutiva del mal, la violencia y la muerte en el mundo. Se trata de un conflicto de interpretaciones de la relación del hombre con lo sagrado mediada por el deseo de agradarlo, contaminado con las consecuencias de la Caída que se acaba de consignar en el capítulo anterior del Génesis. Las palabras posteriores de Gn 6.11b y 6.13a: “y la tierra estaba llena de violencia”, alcanzan su explicación cabal en la ira ocasionada por la reacción de Yahvé ante los sacrificios presentados por Caín, el campesino, y Abel, el pastor de ovejas. A Yahvé, dice G. von Rad, “le agradó más el sacrificio cruento”.[1]
Caín se enoja rotundamente (Gn 4.5b) y Yahvé mismo viene a hablar con él para preguntarle sus motivos (4.6-7). Von Rad, uno de los especialistas más notables en este libro, explica así la naturaleza literaria y teológica del relato (puesto que cada época o situación de violencia forja su propia literatura, como ha sucedido en Brasil y Colombia, con la obra de Rubem Fonseca y Fernando Vallejo, respectivamente):
El fuego del rencor se apodera de Caín, lo saca fuera de sí (incluso físicamente). Envidia a su hermano por la amistosa actitud de Dios hacia él [¿el celo filial por la preferencia paterna?]. Dios se dirige a Caín advirtiéndole contra semejante cambio en lo más íntimo de su ser, y del peligro que supone el pecado que bulle en su corazón. Palabras paternales, que quisieran mostrarle cómo escapar a tal amenaza, antes de que sea demasiado tarde. (Vemos que Caín no había sido rechazado definitivamente, aun cuando no fue aceptada su ofrenda.)[2]
Pero él no responde ni entiende razones y recurre directamente al engaño y la violencia física. Nuevamente Yahvé lo confronta. A la pregunta teológico-antropológica que atraviesa toda la historia humana: “¿Dónde está tu hermano?”, responde altaneramente: “¿Soy acaso el vigilante de mi hermano?”. “La responsabilidad ante Dios es responsabilidad por el hermano; ‘la pregunta de Dios se enuncia ahora como pregunta social’ (W. Vischer)”.[3]
Caín no recoge el cable que Dios le echa, sino todo lo contrario. Pretende no saber nada de su hermano. Su misión era cultivar la tierra; ¿por qué iba a tener que guardar a su hermano? ¿Acaso no era su hermano el que llevaba el título de guardián del ganado? […] ¿no es Dios mismo el verdadero guardián? ¿Por qué no intervino en vez de ponerse a juzgar ahora?
Adán había acusado a Dios de haberle dado una mujer; la mujer acusaba a Dios de haber suscitado la serpiente. Caín acusa a Dios de no haber cumplido con sus funciones. ¿Por qué se le acusa al hombre? ¿No es Dios el verdadero responsable?[4]
2. La estructura pecaminosa de la violencia humana
No hay piedad para el hombre entre los hombres.[5]
Pablo Neruda

Las consecuencias de la caída se van encadenando simbólica e históricamente. Los redactores de los textos, sin horrorizarse demasiado, van narrando de manera muy realista las consecuencias constantes de la presencia cada vez mayor del pecado y del mal en el mundo, con un horizonte universal que rebasa los límites espacio-temporales en los que ellos se encontraban, en el destierro babilónico, observando y recogiendo cuidadosamente las tradiciones religiosas de Israel para armar un cuadro completo de los orígenes humanos en toda su profundidad moral. El resultado: un texto cuyas conclusiones provisionales y cuyo cumplimiento profético podemos seguir viendo hoy ante el predominio de la violencia en sus diversos niveles. El Génesis, en ese sentido, no sólo es realista a su manera, sino que además es contundente al afirmar que la violencia se basa en el profundo desprecio por la fraternidad deseada por Dios. En ese esquema, la cercanía de los seres humanos, la familiaridad excesiva experimentada en las ciudades, ejemplifica hasta qué grado puede llegar el odio y la no aceptación del prójimo.
La estructura pecaminosa de la violencia humana, para el Génesis, es bastante elemental, pues procede de una desobediencia radical de la voluntad divina, ciertamente, pero también responde a la incomprensión de los motivos de los demás y al ansia incontrolable por ser siempre superior a los otros y hacérselo sentir sin contemplaciones.
La violencia es siempre una manifestación de poder, y es desencadenada por el deseo egoísta de “ser/tener/poder” más que otro, el cual se convierte en su receptor y en el perjudicado real. La violencia no se ejercita en el vacío sino sobre un “otro” y sus cosas. Es la primera violencia, la que rompe el equilibrio de las relaciones justas y normales de la sociedad, desde la familia hasta el estado. Es perversa por cuanto genera in justicias por un lado, y respuestas violentas por el otro. Más aun cuando el poder que la sostiene tiene en su origen la finalidad de proteger al desvalido, justamente al que no tiene poder.[6]
La gran metáfora de las formas de culto originarias, aceptadas y rechazadas, sigue vigente en nuestras formas de convivencia aun cuando ya no sean el centro del interés humano. Como dijo alguna vez Carlos Monsiváis: “Esté muerto Dios o no, los valores de la vida comunitaria hacen que no todo esté permitido”,[7] respondiendo a la famosa afirmación de uno de los personajes de Los hermanos Karamazov, de Dostoievski. Porque, en efecto, estemos o no al tanto de la estructura pecaminosa del pecado, la practicamos subrepticiamente algunos y otros abiertamente. Éstos, los violentos/as visibles, son objeto de nuestra indignación, aunque potencialmente todos/as estamos en el mismo barco de la violencia. Las Escrituras enseñan, a contracorriente de nuestras inclinaciones melodramáticas, que todos los seres humanos somos, a la vez, víctimas y victimarios, y que, a pesar de nuestras inclinaciones espirituales positivas reproducimos voluntariamente el modelo de Caín. La violencia está cosida al pecado, no a la naturaleza humana originaria creada, según el Génesis, a imagen y semejanza divina, por lo que es posible superarla mediante el ejercicio de una libertad crítica, responsable y consciente de sí misma, con la ayuda del Dios que creó libres a los seres humanos.
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[1] G. von Rad, El libro del Génesis. 2ª ed. Trad. de S. Romero. Salamanca, Sígueme, 1982 (Biblioteca de estudios bíblicos, 18), p. 125.
[2] Ibid., p. 126.
[3] Idem.
[4] François Castel, Comienzos. Los once primeros capítulos del Génesis. Estella, Verbo Divino, 1987, p. 96.
[5] P. Neruda, “No sé cómo me llamo”, en Geografía infructuosa. Buenos Aires, Losada, 1972.
[6] J. Severino Croatto, “Violencia y desmesura del poder”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 2, www.claiweb.org/ribla/ribla2/violencia%20y%20desmesura%20del%20poder.htm.
[7] Cit. por Alejandro Brito, “Melancolía de las conversaciones pendientes”, en La Jornada Semanal, 4 de julio de 2010, www.jornada.unam.mx/2010/07/04/sem-alejandro.html
Fuente: Leopoldo Cervantes - Ortiz. Teólogo mexicano, medico y escritor.

viernes, 2 de julio de 2010

Neruda

Por. Rev. Obed Juan Vizcaíno Nájera. Venezuela
“Podrán cortar todas las flores,
pero no podrán detener la primavera”.
(Neruda)

Neruda,
el que retrata a García Lorca
con sus poemas cargados de romanticismo,
y se revela en la poesía social de Andrés Eloy.
Plantado frente al terror de la dictadura,
que pedía cínicamente homenaje a la muerte,
al terror sembrado en la tierra de Allende.

Ricardo Eliécer Neftalí,
Pablo Neruda,
Neruda,
Evolución hacia la gloria,
proyección del espíritu inmortal
que vivía en tu interior,
nadie ha querido compararse a ti,
ninguno podría igualar tu verso comprometido.
Tu poesía resucita a Bolívar cada cien años,
en el despertar de los pueblos que luchan.

Neruda,
de Isla Negra,
entre Caracoles y proas encalladas,
con la brisa del océano en tu cara
y la cordillera a tus espaldas.
El de los veinte versos de amor
y la canción desesperada.

Neruda,
saquearon tu casa e incendiaron tus libros,
en el intento fallido de silenciar tus ideas.
Te hiciste inmortal un día de Septiembre,
vigilaban tu siembra en el cementerio,
mil esbirros fascistas de la dictadura,
no pudieron silenciar con mil fusiles
al pueblo que lloraba tu partida,
no lograron callar a quienes invocaban
tu nombre y el de Allende,
¡Inmortales!

Neruda,
siempre vivo en Isla Negra,
en medio de caracoles y proas detenidas,
entre el océano y la cordillera,
con tus ideas irreductibles,
con tu verbo combativo.

Neruda,
tu figura resalta mítica y legendaria,
Siempre de pie mirando la puesta del sol
que se hunde en el pacifico.

Neruda,
en verdad eres inmortal,
hijo de la eternidad y de la grandeza.
Hermano del trascendental Whitman,
de Rubén Darío, Amado Nervo,
Bécquer, Víctor Jara,
doña Violeta Parra,
Gabriela Mistral,
de Ali Primera,
del gran Martí.

Neruda,
un día de Septiembre partiste,
te hiciste eterno en tu casa,
en tu playa,
en America,
en el corazón de la humanidad.

Fuente: Obed Juan Vizcaíno Nájera. Venezuela.