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domingo, 17 de abril de 2011

Bonhoeffer, espiritualidad y acción cristianas

Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
Hace algunas semanas causó cierta polémica en Estados Unidos una nota referente al libro de Eric Metaxas sobre el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer.

Se trata de Bonhoeffer: pastor, mártir, profeta, espía. Nashville, Thomas Nelson, 2010; y se produjo en el sentido de si éste podía ser considerado o no un creyente evangélico convencional, al más típico estilo del país norteamericano, es decir, caracterizado por ser una persona de convicciones bíblicas conservadoras, para decirlo de algún modo. Evidentemente, una controversia de este tipo solamente podía alborotar a la gente menos familiarizada con su trabajo teológico, reconocido de manera unánime en todo el ámbito cristiano e incluso fuera de éste.

En el artículo, titulado “Redimiendo a Bonhoeffer” (Christianity Today, 7 de febrero de 2011), Jason B. Hood cita una entrevista con Metaxas donde afirma: “Bonhoeffer se parece más a un evangélico conservador que a otra cosa. Era tan ortodoxo como San Pablo o Isaías” (Collin Hansen, “The authentic Bonhoeffer”, CT, julio de 2010).

Las reacciones de muchos lectores fueron extremas, pues oscilaron entre la total aceptación al rechazo sin matices, algo predecible en espacios poco dados a la interacción entre la fe y la teología, porque intentar re-clasificar a Bonhoeffer como “evangélico” sólo puede entenderse como parte de un proceso de reincorporación y aceptación para el gran público estadunidense, cuya valoración de ciertos teólogos/as, según parece, sigue siendo muy limitada a la hora de considerar su utilidad para su vida de fe y devoción. Y es que, más allá de las lecturas reduccionistas de otros tiempos en los que se le consideró casi como el “padre” de algunas expresiones de la llamada “teología de la muerte de Dios”, especialmente en Estados Unidos, hoy ya nadie es capaz de negar la importancia de su pensamiento, sobre todo porque se considera que lo respaldó con acciones muy concretas, particularmente su toma de partido en contra de la dictadura nazi y su colaboración en la conjura que intentó asesinar a Hitler, y que lo condujo al martirio pocos días antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Porque los mártires pueden ser populares, pero se vuelven incómodos cuando se habla de sus razones más profundas para la acción elegida.

Eso sucede mucho con Bonhoeffer, un teólogo cuya imagen liberal (e incluso neo-ortodoxa) se le indigesta a los lectores más conservadores o, al menos, de tendencia evangelical muy pronunciada, puesto que incluso estudiantes de teología o pastores con una formación más o menos sólida no saben qué hacer con su pensamiento a la hora de intentar trasladarlo a la realidad pastoral y eclesiástica. El precio de la gracia ha iluminado el compromiso con Jesucristo de una manera poco común, la Ética ha impulsado reflexiones muy sólidas y Resistencia y sumisión, las cartas desde la prisión, son una lección de teología intensa, cotidiana y pertinente. En América Latina, al menos, hace tiempo que se le considera una influencia sana y crítica para la teología protestante, especialmente a la hora de ver cómo Richard Shaull introdujo sus ideas y Julio de Santa Ana junto con Rubem Alves ensayaron los primeros esbozos de su aplicación práctica en los años del movimiento Iglesia y Sociedad en América Latina. Los varios textos que Santa Ana ha dedicado a comentar la influencia específica de Bonhoeffer en el continente son ya referencias obligatorias. En el libro clásico de Alves, Cristianismo: ¿opio o liberación? (1970, 1973) es notable cómo se refiere a la idea de la “polifonía de la vida”.

Mención aparte merece el homenaje que le dedicó el INSTITUTO UNIVERSITARIO ISEDET en 1995 en las Cátedras Carnahan, una de cuyas expositoras fue Beatriz Melano, antigua estudiante de Paul Lehmann en Princeton, amigo personal de Bonhoeffer, mientras visitó Estados Unidos. En “La presencia de Bonhoeffer en América Latina”, se expresa así:Lo que Paul Lehmann nos enseñó —en base a la ética de Bonhoeffer— fue no solamente hacer teología a partir del contexto, sino seguir una ética que no fuera normativa, sino contextual y relacionada con la cambiante realidad del mundo.[…]

En nuestras marchas de protesta en forma activa y pacífica; en nuestra enseñanza teológica en relación al momento histórico en que vivíamos. Fue el ejemplo de Bonhoeffer a través de Lehmann, el que nos dio fe y valentía cuando la policía nos interrogó en nuestras casas, en la cárcel y revisó nuestras bibliotecas personales. Muchos fuimos acusados falsamente de ‘subversivos’ y ‘comunistas’” (Bonhoeffer: a 50 años de su ejecución por el tercer reich. Buenos Aires, ISEDET, 1998, pp. 17, 20, énfasis agregado).

Se trataba, es claro, de una “espiritualidad en acción” en medio de situaciones críticas, no sólo de especulaciones teóricas. Más recientemente, Luis Eduardo Cantero (“La influencia de Bonhoeffer en la teología latinoamericana”) y Alberto F. Roldán (“Dietrich Bonhoeffer: una teología para el mundo”) han indagado en la actualidad de Bonhoeffer de manera incisiva. De ahí que resulte tan novedosa la propuesta de Ron Klug, quien en 40 días con Dietrich Bonhoeffer (Santander, Sal Terrae, 2008) propone una lectura espiritual de sus textos mediante un acompañamiento casi místico. Las palabras-guía de dicho libro son elocuentes: “Dios ha de ser reconocido en medio de la vida, y no sólo en los límites de nuestras posibilidades. Dios quiere ser reconocido en la vida y no sólo en la muerte, en la salud y la fuerza y no sólo en el sufrimiento, en la acción y no sólo en el pecado”. Un buen lector puede sin problemas identificar esta perspectiva en un himno tan genuinamente evangélico como lo es “En medio de la vida”, del obispo metodista uruguayo-boliviano Mortimer Arias, también ya un clásico de la fe latinoamericana.

El itinerario propuesto de lectura de un teólogo tan brillante como Bonhoeffer ofrece una posibilidad distinta para experimentar una guía espiritual bastante ajena a las modas y los vaivenes de los best-sellers religiosos de turno, tan faltos de sustancia y hondura, tal como resume Klug: “En Bonhoeffer encontrarás una vigorosa, desafiante y nada sentimental llamada al seguimiento” (p. 11). Ahora que estamos a las puertas de una nueva celebración del martirio redentor de Jesús, sus palabras resuenan diáfanamente: “La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin disciplina eclesiástica, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado”.

*Leopoldo Cervantes-Ortiz escritor, médico, teólogo y poeta mexicano.

Leopoldo Cervantes-Ortiz es Maestro en teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa Rica) y pasante de la maestría en letras latinoamericanas (Universidad Nacional Autónoma de México). Director del Centro Basilea de Investigación y Apoyo, A.C. Pastor presbiteriano. Miembro del Presbiterio Juan Calvino, México, D.F. Coordinador de la Facultad Autónoma de Teología Reformada (en formación). Ha publicado los siguientes libros: Sendos placeres. Poemas para leer y acariciar (2000), Lo sagrado y lo divino. Grandes poemas religiosos del siglo XX (2002), Sobre ángeles. Antología de poemas del siglo XX (2003), Navegación del fuego (2003), Series de sueños. La teología ludo-erótico-poética de Rubem Alves (2003) y El salmo fugitivo. Una antología de poesía religiosa latinoamericana (2004). Dirige la revista virtual de poesía elpoemaseminal (www.elpoemaseminal.lupaprotestante.es).

viernes, 15 de abril de 2011

Respuesta a la iglesia y a pastores

La importancia de la iglesia

La máxima expresión de la voluntad de Dios en esta época es la iglesia que él ganó con su propia sangre. Para ser bíblicamente válida, cualquier actividad religiosa debe ser parte de la iglesia. No puede haber un servicio aceptable a Dios en esta época que no se centre en o salga de la iglesia de Cristo.

A.W. Tozer


Preguntas de reflexión: ¿Cómo estamos trabajando cómo iglesia? ¿Cómo estamos aportando individualmente a ese trabajo? Para compartir sus respuestas, favor de ir a este Enlace.

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Respuestas sobre envangelismo:

¿Cómo ser embajadores efectivos en un mundo lleno de pluralismo?


Vivimos en un mundo que desesperadamente necesita ayuda espiritual. Hay tantas fórmulas populares para satisfacer estas necesidades espirituales que la gente experimenta. Frecuentemente, la gente me pregunta, “¿Cómo puedo estar seguro que tu religión o perspectiva es la correcta?” En este mundo lleno de pluralismo, algunos han llegado a la conclusión que hay muchas formas de llegar a Dios. Cansados de buscar la verdad, algunos ceden al pensamiento de que tenemos el derecho de buscar el camino que más nos conviene y piensan que todos vamos a estar juntos en el cielo. Que triste para muchos, al llegar a la eternidad y no haber escogido el único y verdadero camino al cielo- Jesucristo. Continue leyendo...

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Respuestas para pastores:

¿Podré ganar esta batalla?

En los meses venideros usted puede esperar que su valor será sometido a prueba. Es una batalla constante para nosotros, como pastores. Usted enfrentará un muro que pensará que no puede superar, una batalla que piensa que no podrá ganar, o un obstáculo que piensa que no podrá vencer.

Probablemente usted pensó en esa batalla hoy. A lo mejor le quitó el sueño anoche u ocupa sus pensamientos a ratos. Continue leyendo...

martes, 12 de abril de 2011

Pastores brasileros: No habrá perdón en el cielo para pistolero

A pesar de que el pistolero que mató a 12 niños en una escuela al oeste de Río de Janeiro, Brasil, pidió perdón a Dios en una carta que se halló en él, algunos teólogos y pastores evangélicos están convencidos de que no será perdonado.

"No hay nada en la Biblia para justificar la petición post-mortem del asesino por el perdón", dijo el teólogo brasileño y pastor presbiteriano Augustus Nicodemus Lopes.

Wellington Menezes de Oliveira, de 23 años, entró a la escuela primaria y secundaria Tasso da Silveira durante las clases por la mañana, haciéndose pasar por un profesor. Cuando fue interrogado, abrió fuego con armas en ambas manos.

Cuando se encontró con la policía y le dispararon en la pierna, el joven pistolero se suicidó. Una carta, que se encontró en su bolsillo, dejó claro que el tiroteo fue premeditado y con la intención de morir. Pero Oliveira no reveló los motivos.La carta interesantemente refleja tanto ideas islámicas como cristianas. Oliveira, que ha sido descrito por amigos y familiares como tranquilo y aislado, pidió que alguien visite su tumba y pida perdón a Dios por lo que hizo.

Él escribió (traducido del portugués): "Necesito un fiel seguidor de Dios para que visitar mi tumba al menos una vez, necesito que esa persona ore delante de ella, pidiendo perdón a Dios por lo que hice, pidiendo que cuando Jesús venga me despierte del sueño de la muerte a la vida." Lopes, un destacado teólogo brasileño, se sorprendió por la tragedia y comentó sobre la petición de perdón del asesino. Aun sin ser capaz de discernir la fe específica de Oliveira, a través de su carta, el teólogo dijo que "la condición para el perdón es el arrepentimiento del pecado" y en este caso, "el asesino no mostró señal de arrepentimiento."

"Pedir perdón por lo que va a hacer y luego seguir adelante con ello significa que no hay señal de arrepentimiento", dijo. "No es que él obtendrá el perdón si oramos y pedimos a Dios por él. Tendría que haber resuelto esto en vida."

Tratando de identificar la religión de Oliveira, el teólogo dijo que es muy poco probable que el atacante fuera un evangélico, porque "los evangélicos no dicen que hay una posibilidad del perdón después de la muerte."

Lopes lo vincula más con el catolicismo, actuando a petición del atacante. "Este hombre se inclina más hacia el catolicismo o a un vago misticismo."

Sócrates Oliveira de Souza, director ejecutivo de la Convención Bautista Brasileña, tampoco cree que el asesino "pueda tener cualquier tipo de perdón." "Mientras el premeditó el tomar esas vidas y trató de seguir matando si no hubiera sido detenido por la policía, Oliveira no mostró arrepentimiento", observó.

Para él, está claro lo que dice la Biblia. "Después de la muerte no hay posibilidad física de arrepentimiento, no hay posibilidad de salvación" "La Biblia dice que Dios es amor, pero también dice que él es justo y odia el pecado." También explicó que el cielo y el infierno son dos "realidades que no pueden ir juntas." "Vamos a uno o al otro", dijo. "No hay término medio y el destino final se decide aquí en este mundo."

Mientras que la carta contenía algunos aspectos claramente cristianos (pedir a Jesús por la vida eterna), Oliveira también hace peticiones que reflejan el Islam. "En primer lugar usted debe saber que los impuros no me pueden tocar sin guantes", dice la carta. "Sólo la casta o los que perdieron la castidad después del matrimonio y no han sido adúlteros me pueden tocar sin guantes." También pidió ser enterrado en una sábana blanca que dijo haber dejado en una bolsa en la escuela, una vez más refleja algunos aspectos de la tradición islámica.

Su hermana, Rosilane de Oliveira, de 49 años, dijo que al parecer se convirtió en musulmán. "Estaba tan concentrado en lo relacionado con el Islam y se había dejado crecer la barba larga. Era extraño, siempre en Internet, todos los días leyendo esos asuntos y fue muy extraño", dijo en una entrevista con Band News de Brasil. Fuente: Christian Post

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Cita célebre: La importancia de memorizar la Biblia

No sé de ninguna otra práctica única en la vida cristiana más gratificante que la memorización de las Escrituras... ¡No hay otro ejercicio que pague más dividendos espirituales! Tu vida de oración se fortalecerá. Tu testimonio será más agudo y mucho más eficaz. Tus actitudes y perspectivas comenzarán a cambiar. Tu mente estará más alerta y atenta. Tu confianza y seguridad se verán reforzadas. Tu fe se solidificara. Chuck Swindoll

Preguntas de reflexión: ¿Cómo está ésta área de tu vida? ¿Continúas memorizando la Palabra de Dios en tu mente y corazón? ¿Con qué fin lo haces? ¿Qué beneficios tienes cuando la memorizas? Para compartir sus respuestas, favor de ir a este Enlace.

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Respuestas para mujeres:

¿Cómo se relaciona gozo con solemnidad?

Mi esposo y yo estamos leyendo juntos el libro de Deuteronomio. No es, exactamente, la lectura más emocionante. Por lo menos, generalmente no es tan emocionante. Hay muchos reglamentos y consejos. Pero hoy, leyendo el capitulo 16, chocamos con una figura impactante. Continue leyendo...

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domingo, 10 de abril de 2011

JESÚS ES UNGIDO POR MARÍA EN BETANIA: PREPARACIÓN PARA EL MARTIRIO

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México

Entonces Jesús le dijo a Judas: —¡Déjala tranquila! Ella estaba guardando este perfume para el día de mi entierro. En cuanto a los pobres, siempre los tendrán cerca de ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Juan 12.6-8, Traducción en Lenguaje Actual


1. La acción de María dentro del proyecto juanino

Cupo el mérito al Cuarto Evangelio de nombrar a la mujer que ungió a Jesús como una preparación simbólica, pero muy elocuente, para el martirio (Jn 12.1-8), a diferencia de Marcos (14.3-9), Mateo (26.6-13) y Lucas (7.36-50), quienes no la identifican. Además, la circunstancia y ubicación del suceso en esos relatos es muy distinta, pues para Mr y Mt aconteció durante la cena en casa de Simón, un leproso, y en Lc en la de un fariseo. A pesar del anonimato de la mujer, en Marcos 14.9 se subraya la memoria futura de lo que hizo, literalmente, “dondequiera que se predique el Evangelio”. La acción realizada por María forma parte también de la intención juanina por presentar de manera central la vida y acción de las mujeres en un marco estrechamente ligado al movimiento igualitario de Jesús: encuentro con la samaritana (cap. 4), a quien se revela en forma personal y es constituida misionera; la confesión mesiánica de Marta (11.27), más importante que la de Pedro, es el fundamento de una Iglesia construida sobre el testimonio apostólico de una mujer; el perdón y restauración de la adúltera (cap. 8); María de Betania anuncia la muerte y resurrección de Jesús(cap 12); la madre de Jesús, es la discípula que recorre el camino desde Israel (Bodas de Caná) hasta la Iglesia (al pie de la cruz); y María Magdalena, enviada a evangelizar a los 12, es el primer y más destacado testigo de Jesús resucitado (20.18).[1] La narración se mueve desde un espacio abierto, “Betania”, hasta uno cerrado: “la casa de alguien”, para finalizar en el ámbito privado: “sentados a la mesa”, en este caso, con Lázaro, el resucitado (12.2).


Según Elisa Estévez: “La valoración que esta tradición tiene de las mujeres es inseparable del desarrollo de su pensamiento acerca del Hijo único del Padre, del amor como vinculación definitiva y permanente con Él, así como de su peculiar teología sobre el Espíritu, abogado y maestro de todo creyente. Por otra parte, el reconocimiento de las mujeres como discípulas cualificadas del Maestro, está ligado asimismo al momento histórico-social-religioso en el que esta tradición se desarrolla”.[2] El ambiente de la unción es eminentemente pascual y la clave del pasaje está en el v. 7, donde Jesús mismo explica su significado: sin diálogo de por medio, como en otras ocasiones, María, la hermana de Lázaro, “ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos” (v. 3b). Se trató de un acto de amor y compromiso desde la percepción femenina: El amor de Jesús, experimentado por esta mujer en distintas ocasiones y, de un modo singular, en la resurrección de su hermano Lázaro, la mueve a realizar un gesto gratuito de amor. Ella encarna a todos los que aman a Jesús con corazón sincero y agradecido. El amor como vinculación personal con Jesús es la señal de los auténticos discípulos. La unión es tan profunda que, con este gesto, María anticipa el hecho fundante de la fe de la Iglesia: la muerte y la resurrección del Hijo amado del Padre. Su gesto es anuncio y testimonio anticipado para el resto de los comensales del amor entrañable del Padre. Al secar con sus cabellos los pies de Jesús, queda empapada del mismo perfume, es decir, queda envuelta en ese misterio de amor que ha de ser Buena Noticia para todo el que cree. También la casa, símbolo de la comunidad creyente, experimenta la presencia permanente del resucitado. Una vez más la mujer es reconocida con el más alto grado por parte de la tradición del Discípulo Amado: su vinculación al Maestro por medio del amor es lo que la confiere su dignidad y su igualdad en la estructura comunitaria.[3] Al ungir los pies del Nazareno, María estaba “preanunciando el lavatorio de los pies de los discípulos, transformándose ella misma en la primera servidora, partícipe de los sufrimientos de Jesús (13.3-11)”.[4]


2. Los pobres como pretexto (igual que siempre…)

Pero, como siempre sucede, tenía que haber un tercero en discordia, aunque en esta ocasión se trata de “terceros”: se trata, evidentemente, de los pobres, cuya presencia corre por cuenta del antagonista (o villano) de la historia, Judas el Iscariote, tesorero corrupto del movimiento de Jesús (v. 6) y que ya desde aquí es señalado por el narrador como quien habría de entregarlo a sus enemigos (v. 4b). Su reacción ante el desperdicio que significaba el gesto simbólico de María es estrictamente materialista, dejando de ver, de un solo golpe, las implicaciones aludidas por el suceso en los dos terrenos: por un lado, Judas (como toda persona ligada al culto idolátrico del dinero) no comprende la necesidad de preparar a Jesús para los sucesos por venir, pues éstos requieren una clave teológica firme para interpretarlos (algo así como nuestra época tan secularizada y desencaminada por su visión mercantilista), y por el otro, porque su alusión a los directa a los pobres, según explica el texto, era apenas un pretexto para encubrir su codicia, según explica el propio texto (v. 6). A la actitud comprensiva y creyente de María, este hombre opone una “mezquindad masculina” que destaca aún más la sinceridad y el “desprendimiento femenino”. Como subraya el texto, el perfume era muy costoso (v. 3a), puesto que se obtenía de las raíces del nardo (perteneciente a la especie vegetal Valeriana), que llegaba desde la India y Asia Oriental. Los 300 denarios referidos referidos por Judas (v. 5) equivalían al salario anual de un jornalero.

La respuesta de Jesús se desarrolla en dos niveles: primero, reivindica el acto de María como un “signo” (anuncio y proyección) de su sepultura, es decir, del camino martirial que Jesús ha asumido voluntariamente: así sería impregnada de perfume la tela de su sudario mortuorio (19.40), pues no se utilizó todo el bálsamo, sino sólo una libra (unos 450 g). En segundo lugar, Jesús se remite al Dt (15.11) y en sus palabras el recuerdo de los pobres adquiere una significación distinta a las de Judas: Jesús no se desentiende de los pobres, pues retoma el espíritu de Dt 15 acerca de la preocupación divina por ellos, ni tampoco profetiza la “necesidad histórica” de que los haya, sino que siguiendo ese mismo espíritu, destaca la forma en que seguirá produciéndose la pobreza como un fenómeno estructural, a diferencia de lo irrepetible de su presencia en el mundo. No le hace justicia al texto relato hablar de una disyuntiva entre “los pobres o Jesús”, porque se denuncia proféticamente la invalidez del planteamiento sobre ellos en labios de un ladrón y avaro. Más bien, se subraya la necesidad de atenderlos con la misma preocupación que manifiesta el AT, pues Dt 15 pertenece al tipo de textos cuya vigencia es intemporal.

Finalmente, el simbolismo de la acción de María puede leerse en la clave del seguimiento público, visible y comprometedor de Jesús: “Así como en Marcos el gesto desinteresado de la mujer contrasta con el marcado egoísmo de los discípulos, en Juan, además de contrastar con Judas, el ungimiento que hace María frente a todos los presentes también se opone al posterior ungimiento del cuerpo de Jesús que dos hombres, José de Arimatea y Nicodemo, realizarán en secreto por temor de hacer pública su fe (Jn 19.38-40)”.[5] Jesús no entrará a Jerusalén, a cumplir su destino, “como rey ungido, sino como Mesías preparado para la sepultura, para la muerte por el pueblo” (J.L. Espinel, Evangelio según san Juan. Salamanca, San Esteban-Edibesa, 1998, p. 189).


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[1] Elisa Estévez, “La mujer en la tradición del Discípulo Amado”, en RIBLA, núm. 17, www.clailatino.org/ribla/ribla17/7%20estevez.htm.

[2] Idem.

[3] Idem.

[4] “La mujer que ungió a Jesús”, en Biblia Isha, Traducción en Lenguaje Actual. Miami, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008, p. 1157.

[5] Idem.

viernes, 8 de abril de 2011

¿Qué aprendemos de la resurrección de Jesús?


Podríamos pasar mucho tiempo hablando de las razones por las cuales la resurrección de Jesús es de vital importancia. Por ejemplo, muestra que Dios aceptó su sacrificio por nuestros pecados (Ro. 4:25); es la garantía de la resurrección de todos los que confían en él (1 Co. 15)... Continue leyendo...









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Noticias alrededor del mundo:






Latinoamérica / África / La iglesia hoy Programa de Biblias para los presos se extiende al Tercer Mundo

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Cita célebre: La importancia de las misiones

Hablamos de la Segunda Venida, mientras la mitad del mundo nunca ha oído hablar de la primera. Oswald J. Smith

Preguntas de reflexión:

¿Qué estamos haciendo por comunicar el evangelio en los pueblos aún no alcanzados? ¿En qué forma trabaja tu iglesia para realizar esta tarea? ¿Cómo coperas tu con esta causa? Para compartir tu respuesta, favor de ir a este Enlace.

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Pelicula Con Exelente Calidad De Imagen Y Sonido Que Muestra El Tipico Caso Que Usa Esta Secta,Para Reclutar Nuevos Miembros,Las Tecnicas De Lavado Cerebral,La Manipulacion De La Voluntad,El Comun Proceder Cuando Son Confrontados Con La Verdad,Las Acciones Que Se Toman Contra Aquellos Que No Se Dejan Manipular…El Parecido Con La Realidad No Es Pura Coincidencia (Es Tomado De Casos Reales).


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Película: Los diez mandamientos







miércoles, 6 de abril de 2011

Unamuno y Mackay (la Teología Evangélica Latinoamericana) (*)

Una de las razones por las que estoy especialmente conmovido en este momento es que el homenaje tan generoso y valioso que se me dedica lo estoy recibiendo, nada menos, que en el aula “Miguel de Unamuno”. Acto de entrega del pre...

Él es uno de los escritores españoles por el cual desde muy joven he tenido profunda admiración y que sigo leyendo con entusiasmo y por momentos con devoción. Tengo grabada en la memoria mi visita a la casa de Unamuno en 1966, cuando estudiaba en la Universidad Complutense. Me atendió doña Felisa de Unamuno con gran paciencia y generosidad. Pude dar una mirada a la biblioteca en la cual había muchos libros protestantes que me resultaban familiares. En el Colegio Secundario, mi profesor de literatura española nos había hablado con gran entusiasmo de la Generación del 98, aunque se detuvo mucho más en Azorín que en Unamuno. Pero a mis diecisiete años tuve el placer de conocer personalmente en Buenos Aires al Dr. Juan A. Mackay, cuyos libros El sentido de la Vida y El Otro Cristo Español estaban entonces entre mis libros de cabecera de la adolescencia, y en ellos había múltiples referencias a Unamuno. En nuestra larga conversación yo escuchaba con avidez a ese maestro escocés que hablaba el castellano a la perfección, con una pronunciación muy castiza. Cuando mencionó a Unamuno se emocionó y me pareció que los ojos se le humedecían. De vuelta en Lima, empecé a releer sistemáticamente a Unamuno y también devoré el Prefacio a la Teología Cristiana de Mackay.

Varios pensadores evangélicos latinoamericanos de mi generación y de la anterior y las siguientes hemos reconocido que nuestra iniciación en la reflexión teológica nos la facilitó este libro de Mackayque acabo de mencionar. Debo aclarar que a estas alturas se puede decir que tenemos en América Latina una teología evangélica y al mismo tiempo latinoamericana. No es una simple repetición de la teología heredada de los misioneros anglosajones o europeos. Y sostengo que en esta teología se puede reconocer la huella de Miguel de Unamuno que llegó a nosotros mediada por Mackay. Este misionero y teólogo era escocés y se había formado en la Universidad de Aberdeen, doctorándose luego en el Seminario de Princeton en los Estados Unidos. Sin embargo no era Mackay un pensador presbiteriano cualquiera. Su paso por España, recién graduado de Princeton, y su amistad con Unamuno, le dieron a su teología una dimensión existencial y una sensibilidad especial para entender el alma de los pueblos ibéricos.

Mi intención es explorar algunas notas de la teología evangélica latinoamericana en las cuales hemos de reconocer nuestra deuda con el gran pensador vasco de Salamanca. Pero antes de entrar en ello quiero hacer referencia a una carta que Mackay le escribió a Unamuno el 6 de octubre de 1930 y que se encuentra en el archivo de esta casa.

Mackay había llegado a Madrid en el otoño de 1915 para estudiar castellano y tratar de penetrar en la cultura ibérica antes de irse como misionero a América Latina. Se matriculó en lo que era entonces el Instituto de Estudios Históricos de la Universidad de Madrid y vivió casi un año en la Residenciade Estudiantes. Comenta Mackay que tenía entre sus maestros a Fernando de Los Ríos y que aunque el pedagogo Giner de los Ríos había muerto en febrero de ese año, todavía se podía respirar en la Residencia la atmósfera intelectual que Giner había forjado.Cuando Unamuno visitaba Madrid acostumbraba alojarse en esa Residencia y fue durante una de esas visitas que Mackay lo conoció por primera vez e inmediatamente trabó amistad con él. Luego en la Navidad de ese año de 1915 Mackay hizo un viaje a Salamanca para pasar unos días con Unamuno. Las notas de su diario reflejan la tremenda impresión que le causó Castilla y el impacto de la personalidad cristiana de Unamuno y sus diálogos con él.

Catorce años más tarde, en el invierno de 1929, luego de una destacada actividad misionera y docente en Perú, Uruguay y México, durante su tiempo de licencia en Europa, Mackay visitó por dos días a Unamuno en su exilio de Hendaya.[1] Fue al regreso de ese viaje que escribió la carta que ahora paso a leer. Querido Señor Unamuno:Tras largas andanzas por Europa he regresado al fin a tierra hispanoamericana. Lo primero que hago al hallarme instalado en mi nuevo hogar en las montañas de México, es dedicar algunos días a la tarea placentera de enviar unas líneas a aquellas personas cuyo trato durante los meses pasados en Europa, ha dejado una huella en mi espíritu. Antes de todas las otras pienso en usted y en aquellos dos días inolvidables que, hacia fines del año pasado, pasé al lado suyo en el hotelcito de Hendaya.Usted fue de los pensadores contemporáneos quien más hondamente ha influido sobre mí. Hallé en sus escritos lo que no encontraba en otra parte en la literatura moderna. Su amor a las Escrituras y sobre todo a San Pablo, a quien yo debo mi alma, su hondo sentido de lo trágico y lo paradójico de la vida, su colocación de lo ético en el pedestal de ella, su espíritu de caballero andante a lo divino conducido por las sendas de existencia por una “mano invisible e intangible que lo estruja”, todo ello despertó un eco en mi espíritu. Por acá y allá, por Hispanoamérica, en conferencias a la juventud universitaria y al pueblo, sus inquietudes y soluciones eran a menudo la médula de mis palabras de suerte que llegué aquella mañana a Hendaya como quien visita un santuario. Estuve un par de días cerca de usted mirándole, escuchándole. Al partir una tarde para París, llevé conmigo la satisfacción de poder querer más aun al hombre que a sus escritos.

Dos imágenes han pasado desde entonces muy vivas en mi espíritu: la del camino y la de la Cruz. La Cruz sobre el corazón palpitante y el Camino que es superior a todo método. La realidad de ambos son mías también. A ellos debo lo que soy. Día a día reanudo la aventura por el Camino con la Cruz.Los nueve meses de mi estada en Europa los dividí entre visitas a mis padres y familiares en las montañas de Escocia celta, conferencias en universidades inglesas, y cuatro meses en Bonn junto a Karl Barth. Con éste llegué a intimar mucho. Conversamos mucho de usted. Creo que Barth y los de su grupo, Brunner de Zurich, Bultmann de Marburgo y Gogarten de Jena van a devolver al pensamiento teológico el concepto del Dios viviente y creador de los profetas y de Pablo y de Kierkegaard, el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Creo, sin embargo, que son un tanto intelectualistas y desprecian demasiado el corazón. Pascal tenía lo que ellos y algo más. Pero que sigan en sus arremetidas contra el Dios que es pura Idea o Gran Encarcelado…[2]

No podía ser más elocuente y explícito el reconocimiento de Mackay hacia Unamuno. Y precisamente algunos de los temas que toca en esta carta y que amplía en varios otros escritos, han sido temas que la reflexión teológica evangélica ha asumido en América Latina.

(*) Discurso completo de Samuel Escobar, escrito a modo de agradecimiento al recibir el “II Premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica”, concedido por la Asociación Cultural Evangélica Jorge Borrow. Homenaje celebrado en el Aula Unamuno del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca. Sábado 12 de marzo de 2011. La publicación del discurso, por su amplitud y secciones, lo iremos haciendo en varias secciones bien diferenciadas.
MULTIMEDIA: EL DISCURSO EN VIDEO E IMÁGENES DEL ACTO

John McKay, Unamuno, el camino y el balcón from Protestante Digital on Vimeo.


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[1] Cuando no se indique lo contrario, los datos biográficos de Mackay están tomados de John Mackay Metzger, The Hand and the Road. The Life and Times of John A. Mackay, Louisville, KY: Westminster-John Knox Press, 2010. [2] “Miguel de Unamuno, Juan Mackay y La Nueva Democracia – Epistolario”, Época, Revista de historia eclesiástica, Año 2, No. 2, Lima Enero-Junio 1996, pp. 25-26.



Fuente: © Protestante Digital 2011

lunes, 4 de abril de 2011

JESÚS ANUNCIA LA ENTREGA DE SU VIDA

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego porque así lo quiero. Tengo poder para entregar mi vida, y tengo poder para volver a recibirla, pues esto es lo que mi Padre me ha ordenado hacer. Juan 10.18, Traducción en Lenguaje Actual

1. La salvación es una entrega de amor

Las acciones redentoras de Dios en la historia enfrentaron siempre la oposición del establishment amparado en la supuesta necesidad de mantener las cosas para beneficio de todos, aunque siempre lo fue para unos cuantos. De ahí que las lecturas, contra-lecturas y diversas interpretaciones de dichas acciones siempre estuvieron en la palestra aunque el acceso de los más desprotegidos a ellas estuviera filtrado por las mediaciones políticas, religiosas y culturales más interesadas en controlar la religiosidad popular que en servir como canales de bendición para esas clases subalternas.


Esta es una de las razones por las que cuando el Cuarto Evangelio presenta la decisión de Jesús de entregar su vida como un valiente y significativo acto de amor, se cimbraron de arriba abajo las estructuras mentales, psicológicas y espirituales del sistema vigente, pues estaban al servicio de la enajenación de los sujetos, de esta vida presente, entendida como una cadena de sucesos aparentemente inevitables, guiada por una fatalidad ciega según el pensamiento greco-romano (las Moiras o las Parcas), al servicio de las clases dominantes y que conducía a cada persona a través de un destino trazado sin remedio, siempre en el marco de una dominación jerárquica sancionada por la violencia, en este caso, del casi omnipresente Imperio Romano.

El proyecto redentor encarnado por Jesús por supuesto que no aceptaba estas imposiciones inevitables, puesto que se conducía por otras premisas. La entrega de amor que representa su esfuerzo por hacer accesibles los beneficios de la gracia de Dios para las mayorías fue la máxima expresión de la tarea divina de conducir la historia humana por senderos de una efectiva aplicación de la vida deseada, instalada y sostenida por Él. Como escribe Franz Hinkelammert al situar el marco histórico de la muerte de Jesús según la describe el Cuarto Evangelio:

Juan había mostrado las razones de la rabia que le tenían a Jesús. Los revelaba constantemente en su hipocresía de la ley, y al no convertirse, los dejaba como mentirosos. […] Juan escribe […] una o dos décadas después de la destrucción de Jerusalén y del Templo por los romanos. Ha sido la gran catástrofe del pueblo judío y era, por supuesto también sentido por los judíos cristianos como gran catástrofe. Juan ahora dice del Sanedrín del tiempo de Jesús, que ya preveía esta catástrofe, tenía miedo frente a ella y que buscaba matar a Jesús para prevenirla. […] La muerte de Jesús no salvó el Templo y Jerusalén, ni la Nación [como esperaba el Sumo Sacerdote, 11.49-51]. Pero reivindica otro sentido de la profecía […] Lo reivindica como salvador más allá de la existencia de Jerusalén y del Templo.[1]

En suma, y a los ojos de la historia de su tiempo, con el realismo más grande de que el Dios redentor fue capaz, Jesús, mediante el más supremo acto de amor, hizo presente la intención del Padre de propugnar por la efectividad de una vida que verdaderamente pudiera llevar ese nombre, en medio de la idolatría de los falsos nacionalismos, religiosidades y esperanzas. La vida que ofrece Jesús es más grande que cualquier forma de mezquindad humana.

2. Jesús asume la entrega de su vida voluntariamente

La imaginería del pastor excelente que traslucen las famosas palabras de Jesús en Juan 10 conduce su discurso hasta el extremo de anunciar la entrega voluntaria de su vida. Este lenguaje procedente de la imagen del pastor heroico se relaciona con la intención juanina de mostrar cómo Jesús ha venido a dar la vida eterna a sus seguidores, es decir, el grupo de hombres y mujeres dispuestos a acompañarlo en el camino de la luz. Dándose a sí mismo, como se esboza desde el cap. 6, Jesús es un manantial de vida que brota de su propio cuerpo en actitud sacramental para el mundo y especialmente para las comunidades que reivindican su nombre. Explica Dodd:


“Cristo va realmente a encontrar la muerte en su conflicto con los falsos dirigentes, y con su muerte dará vida a otros, de una forma tan real como un pastor podía salvar las vidas de sus ovejas luchando contra el lobo a costa de su propia vida. Si esto no dice toda la historia, proporciona, al menos, parte de la respuesta a la pregunta de 6.52, que no había recibido contestación: ‘¿Cómo puede este hombre darnos a comer su carne?”.[2]

Una lectura meramente sacrificial de la entrega voluntaria de su vida, coloca a Jesús únicamente como mártir, pero deja de señalar la conflictividad que con tanta intensidad se destaca en el Cuarto Evangelio, pues a la propuesta de vida con que él se coloca frente a los poderes de su tiempo, la respuesta del sistema político-religioso es de muerte, dirigida en primer lugar contra él y luego contra sus seguidores/as. La entrega de Jesús es acompañada de una campaña mortífera para tratar de acabar con el proyecto divino de instalar la vida en el centro de la existencia humana en todos sus niveles. En contraste, la actitud pastoral del maestro de Nazaret consistió en otorgar vida con cada una de sus acciones y, más aún, en enfrentar ya fuera simbólica o efectivamente, al fuerza con que los poderes mundanos se opusieron a su intención reivindicadora y salvífica:

Su don de vida y luz encuentra rechazo. Los que lo rechazan son presentados en el acto mismo de atraer sobre ellos el juicio inevitable de Dios sobre los que prefieren las tinieblas a la luz. Pero con este mismo acto están preparando la muerte de Cristo, mediante la cual él da vida al mundo. Por un ligero cambio de pensamiento, su muerte misma es un juicio sobre los que maquinan mediante su rechazo de la luz, como la muerte heroica del noble pastor denuncia tanto la codicia del ladrón como la cobarde deserción del asalariado.[3]

Dodd añade que de esta manera se prepara el escenario para la afirmación de 12.31, en el sentido de que la muerte de Cristo es “el juicio de este mundo” y que, al mismo tiempo, esa muerte es la condición necesaria para que de la semilla enterrada brote la vida nueva (12.24). Dicho en otras palabras: Juan expone a Jesús anticipándose a los planes de matarlo y modificando ese proyecto en una plan de deliberada entrega que exhibe las características criminales del sistema que acabará con su vida, sin contar con que él ha decidido entregar su vida y volverla a tomar como parte de un proyecto divino capaz de estar por encima de los proyectos de muerte y destrucción dirigidos contra su persona. Jesús no hace alarde de un poder extraordinario que le permita estar más allá de las realidades de este mundo, sino que, por el contrario, acepta y anuncia que su vida terminará conflictivamente por su oposición a las estructuras de poder del mundo y el ejercicio de una libertad ante las leyes, desconocida hasta ese momento, pero que su filiación divina y la certeza de que estaba cumpliendo con el encargo de Dios (“dar vida plena”) le permitirán recuperar su vida para transmitirla a su pueblo, el nuevo pueblo de Dios, guiado ahora por la luz y no por las tinieblas.


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[1] F. Hinkelammert, El grito del sujeto. Del teatro-mundo del evangelio de Juan al perro-mundo de la globalización. San José, DEI, 1998, pp. 58-59.

[2] C.H.Dodd, Interpretación del Cuarto Evangelio. Madrid, Cristiandad, 1978, p. 360.

[3] Idem. Énfasis agregado.