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lunes, 15 de agosto de 2011

“OCÚPATE EN LA LECTURA…”: REVELACIÓN ESCRITA Y VOLUNTAD DE DIOS

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México

El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Salmo 19.7b

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh, gran don Iosef!, docta la emprenta.
En fuga irrevocable hoye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.[1]
Francisco de Quevedo y Villegas, “Desde la Torre”

1. Un contacto permanente con la revelación escrita
Las Sagradas Escrituras dan por sentado y enseñan que Dios quiso servirse del lenguaje humano para dar a conocer su voluntad. A esto se le llama revelación especial o escrita. Los vaivenes y la arbitrariedad del lenguaje para nombrar las diversas realidades son un enorme desafío para acercarse y acceder al conocimiento de lo que Dios quiere seguir haciendo en el mundo para manifestar sus designios. El salmo 19 relaciona muy bien los dos aspectos de la revelación y la divide en general (“los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos”, v. 1) y especial, la escrita: la ley del Señor, que es capaz de hacer sabio al sencillo o ignorante (v. 7b). La segunda es muy superior a la primera, con todo y que la creación divina es capaz de expresar la grandeza del creador, pero ciertamente el lenguaje hablado, articulado y escrito le confiere una capacidad de percepción y comprensión mayor. El propio Dios, da a entender el salmo, requirió del lenguaje para transmitir su voluntad. Con ello, entró a un proceso de comunicación fluido que, con sus altas y sus bajas, se manifiesta en las Escrituras.
Llama la atención que en los salmos 19 y 119 no se insista tanto en el acto mismo de la lectura, como sucede en otros lugares. Acaso se reconocía la dificultad de que todo el pueblo tuviera acceso a esta capacidad o habilidad, por lo que se delegaba a los responsables de la dirección espiritual (sacerdotes y escribas) la responsabilidad de dar a conocer el contenido de la Ley y se confiaba, sobre todo, en la memoria y en la tradición oral para preservar y mantener viva la presencia de la Palabra divina en medio de las tribus, comunidades y familias. El primero destaca la manera en que es recibido el mensaje divino, con una actitud relacionada con el paladar, como un auténtico manjar enviado por Dios.
El salmo 119, a su vez, despliega una enorme variedad de afirmaciones, metáforas y alusiones sobre la familiaridad con que el creyente está relacionado con el mensaje divino. La figura misma de la Ley es reelaborada insistentemente, al grado de que ésta es personificada como una compañía permanente y significativa para la comunidad y sus miembros, comenzando, como plantean los vv. 9-16, desde los más jóvenes. “Guardar los dichos de Dios…” (v. 11a) es mantener esa familiaridad en un buen régimen y, además, buscar la aplicación de sus horizontes éticos en la vida diaria, atendiendo a las situaciones cambiantes de la misma.
2. Ocuparse en leer, tarea cristiana
Pablo deseaba que su discípulo Timoteo tuviera ocupada su mente y la enriqueciera con la práctica constante de la lectura, para que mientras él regresaba pudiera tener avances en su comprensión de la vida y la misión que Dios mismo le había encomendado a través de él. El apóstol resume en tres verbos la labor que el joven aspirante a pastor y líder debía desarrollar ante y al interior de la iglesia: leer, exhortar y enseñar (I Tim 4.13b), precisamente aquellas que no se han destacado necesariamente a la hora de describir las cualidades juveniles de Timoteo, aunque claro, por delante va el buen ejemplo en todas sus dimensiones (v. 12). No obstante, en el momento que Pablo se refiere a las “labores ministeriales” como tales, pone por delante la labor intelectual y cognoscitiva ligada al desarrollo de las facultades ligadas al conocimiento de las Escrituras: leer es, así, un ejercicio dinámico de apego a la revelación escrita de Dios a fin de acceder a las fuentes de la exhortación y la enseñanza.
Leer es, entonces, una tarea eminentemente espiritual, además de que es sumamente recomendable porque agiliza la mente y capacita para poder utilizar el lenguaje de la mejor manera y en toda circunstancia. Pablo desea que Timoteo tenga un magnífico “aprovechamiento” y que éste sea advertido por todos (v. 15). Practicar estas cosas lo harán un excelente “candidato al santo ministerio”, pero esto no nos debe distraer o hacer creer que únicamente los pastores/as son quienes deben leer intensa y extensamente. Por el contrario, si algo debe caracterizar a la Iglesia reformada como “Pueblo del Libro” que es, siguiendo la más genuina tradición bíblica, es la enorme familiaridad que debemos tener con la literatura, la gramática y el uso adecuado del idioma. Sólo así podremos hacernos entender con propiedad en el momento de “dar razón de nuestra esperanza”.
La literatura ha sido un ingrediente insustituible en la labor evangelizadora y misionera. Por ello, la exhortación apostólica a “estar ocupados en la lectura” no es una indicación gratuita ni una invitación irresponsable a olvidar las demás responsabilidades. Más bien, consiste en recordar que Dios se ha querido manifestar, revelar, por medio de la palabra escrita a los seres humanos y que esta realidad atraviesa también por un esfuerzo intelectual, cultural y espiritual para tener acceso, de una manera compresible y actual, a la voluntad divina con la que podemos encontrarnos en la lectura, reflexión y análisis constante de la Biblia, libro sagrado que contiene la Palabra eterna de vida y esperanza.

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[1] Francisco de Quevedo, Antología poética. Pról. y sel. de J.L. Borges. 2ª ed. Madrid, Alianza, 1985, p. 24.


Fuente: Enviado por el autor.

domingo, 14 de agosto de 2011

Sexualidad y género desde la perspectiva teologica

Les quiero compartir la conferencia ofrecida por la Dra Nancy Bedford, en el claustro universitario de la Facultad de Teología del Instituto Universitario ISEDET, profesora no residente de nuestra alta casa de estudios teológico superiores. El texto ha sido tomado del blog de la Biblioteca del ISEDET, podeis hacer click en el link y leer el documento titulado: Sexualidad y género desde una perspectiva teológica.

http://bibliotecaisedet.files.wordpress.com/2011/08/sexo-y-gc3a9nero-desde-una-perspectiva-teolc3b3gica.pdf

sábado, 13 de agosto de 2011

Campaña 911 enseñará a estudiantes la verdad sobre el Islam

Los organismos Concerned Citizens for the First Amendment, The Way TV y DefendChristians.Org, enviaron un boletín informativo a finales de julio pasado a diferentes sitios noticiosos, indicando que la "Campaña 911 para Defender a Nuestros Estudiantes", se iniciará lunes 5 de septiembre.
Dicha campaña continuará durante todo el año en Estados Unidos enfocándose en las comunidades donde están las mezquitas más radicales. El objetivo es hacer crecer la campaña de tal forma que todos los años en el aniversario del 11 de septiembre, todas las escuelas secundarias en Estados Unidos enseñen la verdad sobre el Islam.
José Nasralla, fundador de The Way TV, quien fuera encarcelado, torturado y casi tres veces muerto por musulmanes y huyó a EE.UU. por seguridad, indicó: "Cuando los musulmanes consiguen el poder, someten todas las demás religiones, siguen el ejemplo de Mahoma, que exigía que los no musulmanes convertidos, paguen impuestos onerosos a los musulmanes o sean asesinados. La Ideología islámica es una amenaza contra la libertad religiosa en todas partes y nuestros hijos deben estar prevenidos para que nunca tengan que soportar lo que yo viví".
"Como todos los estadounidenses patrióticos que apreciamos nuestras libertades y derechos dados por Dios, estamos comprometidos con la defensa de estos principios", dijo Steve Klein, de Concerned Citizens for the First Amendment.
"Mil cuatrocientos años violentos en la historia demuestran que el Islam es incompatible con Estados Unidos. Los musulmanes creen que son superiores y arrogantemente rechazan nuestros principios cristianos de igualdad, de derechos de minorías y justicia equitativa. Vamos a las escuelas para proteger a los estudiantes, especialmente a nuestros jóvenes, de la opresión que el Islam amenaza imponer”.
"Estamos hartos de lo ‘políticamente correcto’ que se niega en prevenir a la próxima generación de estadounidenses sobre el peligro claro y presente del Islam en Estados Unidos. Es un suicidio cultural el permanecer en silencio", dijo el Dr. Gary Cass de Defender Christians.


Fuente : CNW

jueves, 11 de agosto de 2011

Jesús es nuestro modelo: Si no existe la mirada en el otro, de nada sirve ser creyente

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*


“La drogadicción es un problema conocido pero no asumido”. Es un problema que nos afecta a todos, que no tiene que ver con la sustancia sino con el sujeto que la consume, afirma Horacio Reyser (1). Es un juego cuyo fin, es matar a sus consumidores. Creo que todos nos hemos hecho esta pregunta ¿Por qué una persona cae en la droga? Existen muchas razones, pero lo que hay en el fondo es un problema existencial, un vacio en mundo de injusticia, de desigualdades sociales, de egoísmo, de insensibilidad, del desprecio, de la xenofobia, de explotación, de exclusión, de hacer del sujeto un objeto de mercancía.
Una sociedad así, donde solo importa mi individualidad, donde el otro no cuenta, no esta dentro de mi plan, donde solo predomina la “viveza criolla latinoamericana” aprovecharse de la situación del otro, explotarlo, sacarle el último centavo abusando de la buena de fe de ellos, no importando que lo mate con mis medias verdades, ofreciéndole desde lo espiritual una salvación al estilo de la indulgencia: siembra, pacta, etc., invierte todo lo material para recibir un karma diferente, porque invirtiendo en la fe se logra el exitismo, la buena vida de seres humanos de fe bendecidos siempre en el lujo… No dudamos que Dios cumple sus promesas, pero eso no es todo el plan de Dios en Su Palabra. Pero, si todo falla, como le sucedió al pastor de nuestra Iglesia VEsperanza, en una vigilia dijo que el Señor le había confesado que el edificio de al lado seria de ellos. Eso motivó a los hermanos caer en la astucia del pastor y el resultado fue lo contrario el edificio fue vendido a una empresa. Este es un ejemplo de muchos otros que no comparto por el espacio de este artículo. Estas cosas han llevado a esas personas no cristianas y cristianas a perder la esperanza y darle sentido a la existencia…
En este mundo de barrera, de fronteras invisibles y visibles es difícil encontrar una salida para aquellos que desean salir de su problema existencial. Se necesita que alguien les ayude a encontrar el camino para salir del problema. Nosotros los creyentes tenemos un rol como embajadores de Cristo, un embajador es aquella persona que no lleva su plan sino la agenda del gobierno de turno. De la misma forma el seguidor de Cristo debe llevar a cabo las demandas del Reino y cumplir con la gran comisión de Ir y hacer discípulos, enseñándoles… (Mt. 28: 19 – 20), debemos compartir con los otros las buenas noticias con las personas que sufren por diferentes motivos como la droga, la soledad, la marginación, la exclusión, la xenofobia, la explotación, etc. necesitamos socializar el mensaje de Cristo (ir, hacer y enseñar), que nos lleve a pensar y mirar al otro, que no esta dentro de la iglesia, sino al de afuera, que esta tirado en la vereda, en los tugurios, aquellos que viven este problema.
Jesús nos invita a mirar al otro como así mismo, ellos también son imágenes de Dios. “Si esta la mirada del otro” (2), naturalmente no se produce desprecio, ni marginación, ni exclusión, ni odio, ni xenofobia. Porque nadie se odia así mismo, ni se margina, no hay desprecio. De igual manera, “Si no existe la mirada del otro”, por más oración, mas Biblia lea, mas diezme, mas ayune, etc. seguirá el problema, avanzará el mal debido al silencio de los buenos. Jesús nos da un ejemplo, él para vivir entre nosotros se hizo hombre, como vos y como yo, era totalmente hombre, dice la Biblia, que él se vacio de todo sus poderes y demás atributos como ser divino, para poder cumplir con el mandato de su Padre. Lo hizo para comprender la naturaleza del género humano, para comprender el dolor del ser humano, tuvo la mirada puesta en los otros, en los que estaban afuera del sistema religioso y judicial de la época. Esta era una de las causas del por que no lo querían la jerarquía del poder religiosos, mientras ellos tenían la mirada puesta hacia adentro, Jesús se fijo tanto adentro como los que estaban afuera, había que hacer algo por ellos.
Esta experiencia de vaciamiento de Jesús, es un modelo a seguir, él nos invita a vaciarnos de todo los prejuicios que tenemos de culturas, etnias, de inmigrantes de ciertos lugares, de egoísmo, de dualismo, de los drogadictos, los homosexuales, etc. Cuando esto ocurre podemos llenarnos del otro, entonces, vamos a comprender y por que no decir a sentir lo que el otro sufre y saldrá un sentimiento natural (llamados por los psicólogos empatía) que viene de nuestro corazón y que dice: “¡Ay, como duele,” como duele la marginación, el desprecio…! Volvamos la mirada hacia el otro; Jesús es nuestro modelo, si no hay la mirada en el otro, de nada sirve ser creyentes, porque su mensaje es transformador de vida y esperanzador, si nosotros no hemos sido transformado por su mensaje, no podemos ser sus embajadores eficaces, para ello necesitamos estar convertido y no convencido de sus enseñanzas, su mensaje iluminador esta lleno de esperanza que a pesar de los dolores, las angustias y tristezas, hay también, alegría y sueños por realizar que se puede salir de cualquier problema incluyendo a los espirituales…

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Referencias bibliográficas
(1). Horacio Reyser, “La drogadicción es un problema conocido pero no asumido”, entrevistado por Romina Ryan y José María Poirier, en Revista Criterio, mayo # 2370 (2011), p. 33.
(2). Takayoshi Makino, “Ay, cómo duele”, en Revista Criterio, mayo # 2370 (2011), pp. 30 – 31.

* Luís Eduardo Cantero, es Teólogo y Filósofo, pastor bautista, docente universitario. Dirige el programa a distancia del Seminario Teológico ISETI. Actualmente es Doctorando del Departamento de Historia de la Iglesia del Instituto Universitario ISEDET, Bs. As. Argentina.
www.luiseduardocantero.visitame.es

martes, 9 de agosto de 2011

Job y el drama humano (I)

Quien se interese por la Biblia y la literatura acabará dando vueltas en torno al libro de Job como un satélite. Northrop Frye (A la memoria de Marina Ramírez)

No cabe duda de que cada nuevo acercamiento a la figura de Job, desde la fe o fuera de ella, resulta en una multitud de nuevas iluminaciones sobre el drama humano que encarnó como pocos.

Para ello tampoco importa demasiado la perspectiva ideológica con que se aborde el relato de este libro bíblico sapiencial, clasificado así por la tradición religiosa a la que pertenece para tratar de hacerlo más inteligible en el marco de la fe judía y que lo coloca al lado de otro libro particularmente complicado como es el llamado Qohélet o Eclesiástés, cuya proyección rebasa los linderos de la ortodoxia. La fascinación que ha ejercido sobre una amplia gama de espíritus disímbolos como Goethe, Byron, Chesterton, Carl G. Jung, María Zambrano, Octavio Paz, Fernando Savater y Elie Wiesel, entre otros, se explica por la manera en que procesa el problema humano del sufrimiento sin causa. La historia de Job y la incomprensión de sus amigos ha llenado miles de páginas de análisis y reflexión. Además, la apuesta que Dios hace al principio con el Satán sobre la integridad del protagonista del libro (en la primera sección en prosa) y la manera en que es refutada la teoría religiosa de la retribución divina son, quizá, los aspectos más complejos de una trama que no encaja con la imagen piadosa tradicional que se tiene de Job. Su énfasis en la manera en que éste exige una respuesta divina tampoco es fácil de digerir, si es que se está acostumbrado a ver en los personajes bíblicos una práctica religiosa gris o plana.

El austriaco Joseph Roth, inspirado en la historia, la actualizó en una novela inquietante, editada originalmente en 1930. [1] De los autores que escriben en español, Zambrano escribió un texto ya clásico sobre el tema, “El libro de Job y el pájaro”. [2] Paz, por su parte, en el discurso con que recibió el Premio Jerusalén en 1977, resumió de esta manera el dilema del libro (citando versículos de la versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera):

El diálogo que entabla Job con Dios no es un diálogo entre dos leyes sino entre dos libertades. Job no niega su miseria ontológica -Dios es el ser y el hombre está roído por la nada- pero desde su misma insignificancia afirma el carácter irreductible y singular de su persona. Job es Job y reclama el reconocimiento de su particularidad. En esta exigencia, simultáneamente justa e insensata, reside el fundamento de la libertad y su carácter indefinible: la libertad es lo particular frente a lo general, la partícula de ser que escapa a todas los determinismos; el residuo irreductible y que no podemos medir. El verdadero misterio no está en la omnipotencia divina sino en la libertad humana. [3]

Paz dialoga notablemente con el texto bíblico y traslada sus observaciones al terreno de la discusión sobre la libertad, un tema que lo apasionó siempre. De Savater es Diario de Job, de1983, una novela que traslada las angustias del personaje bíblico al mundo moderno. Desde México, en El lado oscuro de Dios, obra muy sugerente, otra filósofa, Isabel Cabrera, dedica una sección completa al Dios de Job y, luego de unas páginas sobrecogedoras sobre el episodio del sacrificio de Isaac por parte de Abraham, escribe cosas como éstas: A pesar de su aparente sencillez, el texto está poblado de inquietudes: ¿es la fe un disfraz del temor o del interés personal?, ¿hasta qué punto Dios es responsable de lo que sucede a los hombres?, ¿por qué sufren quienes no merecen sufrir?, ¿qué sentido tiene la vida cuando es sólo sufrimiento?; de cara a la muerte, ¿no es la vida un afán inútil? […]... el dios de Job no es tan remoto; Job lo padece y lo tiene encima, lo reconoce en sus males, Yahveh es quien lo “hiere”, lo “atormenta” y lo “aplasta”. Y, al final, es Yahveh quien, desde la tormenta, le señala una dirección en la cual mirar. El dios de Job calla, pero no por eso se ausenta, es un dios de silencios elocuentes. […]

El Job de la prosa es un Job paciente que se resigna frente a un dios del que sólo ha oído hablar; el de la parte poética, en cambio, es un Job impaciente que se enfrenta a Dios con la dignidad que le da su inocencia y que no calla hasta quedar convencido.[…]… Job merece la bendición de este dios y padece su maldición, su grito es un reclamo porque Yahveh está violando el pacto, su alianza con el hombre. En este sentido, Job es sobre todo un rebelde que se alza contra un dios que no respeta el dogma heredado, que no garantiza la ecuación “virtud-felicidad, culpa-sufrimiento”. En efecto, Job es un texto profundamente crítico que pone en duda y socava —quizá de manera irreversible— la concepción tradicional sobre la justicia de Dios y la obediencia de los hombres. […]

Job es un predecesor de Cristo y el texto que narra sus quejas pertenece a una fase inferior de la evolución de una religión superior, el cristianismo. […] La auténtica fe religiosa, dice Kant, debe incluir la creencia en otra vida, sólo esto salva la doctrina de la retribución, y sólo salvando la doctrina de la retribución podemos salvar a Dios. Un dios que no recompense al justo no merece existir, el dios de Job tiene que cambiar. [4]

Se trata de un abordaje intenso y apasionado, no obstante su talante reflexivo y analítico. A su vez, los exegetas y teólogos, como parte de su labor de profundización en el mensaje bíblico, han trabajado su contenido de maneras muy variadas. Luis Alonso Schökel le dedicó un comentario amplio, así como Jorge Pixley y Gustavo Gutiérrez, ambos desde la vertiente de la teología de la liberación. [5]

Todo ello (y más) viene a la mente a la hora de acercarse al más reciente estudio del erudito español Julio Trebolle Barrera y de Susana Pottecher (Madrid, Trotta, 2011), quienes previamente han publicado Libro de los Salmos. Himnos y lamentaciones (2001). Él es muy conocido por su monumental trabajo La Biblia judía y la Biblia cristiana (1993) , reeditado varias veces. La primera parte es una nueva versión completa del libro y el primer capítulo se ocupa del personaje en varios de sus aspectos más llamativos. Dos de ellos, la tradicional “paciencia” de Job y la disputa sobre la doctrina de la retribución, hacen que esa sección sea especialmente atendible. Sobre la primera, aclara que el verbo con que la carta de Santiago (5.11) alaba la supuesta actitud paciente de Job ( hypoménein ), en realidad se refiere a su resistencia y entereza para soportar la adversidad. Job sería, entonces, “un ‘resistente esperanzado’ frente a sus propias confesiones, en las que dice esperar sólo la muerte y el Seól y en las que parodia el significado del símbolo del árbol, que no es ya el vivo y robusto que simboliza el renacer continuo de la vida, sino el talado y muerto que revela el destino final del ser humano. Esta contraposición entre la resistencia esperanzada del Job de la prosa y la rebelde desesperanza del Job de la poesía mantiene en tensión las dos partes de la obra”. [6]

Sobre la doctrina de la retribución, se subraya que los amigos de Job representan el apego a la creencia tradicional y que Job espera una recompensa en esta vida, no en otra. La doctrina citada, esto es, la esperanza en que Dios tratará siempre al justo como corresponde, es puesta en entredicho por los males sucedidos a Job, paradigma de la rectitud: “el mal provoca un dolor incompatible con la bondad y la omnipotencia divinas” (p. 108). Ese conflicto moral es uno de los puntos más álgidos de todo el libro.
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[1] J. Roth, Job. Barcelona, Acantilado, 2007.
[2] M. Zambrano, “El Libro de Job y el pájaro”, Papeles de Son Armadans, año XIV, tomo LV, núm. CLXV, pp. 249-276. Recogido en El hombre y lo sagrado. México, FCE, 1973.
[3] O. Paz, “Discurso de Jerusalén”, en Obras completas. Vol. 10, México, Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 647. Disponible en la hemeroteca virtual de la revista Letras Libres: www.letraslibres.com
[4] I. Cabrera, El lado oscuro de Dios. México, Paidós-UNAM/Facultad de Filosofía y Letras, 1998, pp. 83, 85, 87-88, 89. Énfasis agregado.
[5] Cf. L.A. Schökel y J.L. Sicre, Job. Comentario teológico y literario. Madrid, Cristiandad, 1983; J. Pixley, El libro de Job. Comentario bíblico latinoamericano. San José, Seminario Bíblico Latinoamericano, 1982; y G. Gutiérrez, Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Una reflñexi+ón sobre el libro de Job. Salamanca, Sígueme, 1986 (Pedal, 183).
[6] J. Trebolle Barrera y S. Pottecher, Job. Madrid, Trotta, 2011, p. 99.

Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz
©Protestante Digital 2011

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Para el siempre polémico, pero notable crítico literario Harold Bloom, gran aficionado a los temas religiosos (hay que recordar sus libros sobre la tradición yahvista, la literatura sapiencial y La religión en Estados Unidos, así como su magnífica edición de textos críticos sobre la Biblia, entre otros), dos de los mejores analistas del libro de Job y el drama ahí expuesto han sido “dos protestantes convencidos”: Siga leyendo la segunda parte de Job y el drama humano (II)

lunes, 8 de agosto de 2011

“BIENAVENTURADO EL QUE LEE”: EL MILAGRO DE LA LECTURA

Leopoldo Cervantes-Ortiz

Toda mi vida modifica el libro que estoy leyendo.[1]
Jorge Luis Borges

Aparte de la poesía, memorizar fragmentos de la Biblia fue para mí un ejercicio indispensable [recita]: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, y el Espíritu de Dios se movía, aleteaba, por encima de las aguas”. Todo esto tenía para mí muchísimo sentido, y yo creo que lo que introdujo la Biblia en mi vida es la belleza de la sonoridad del lenguaje; el lenguaje como un instrumento, al principio, de placer acústico, y luego del reconocimiento de la belleza que sólo radica en la palabra.[2]
Carlos Monsiváis
1. La Biblia y la lectura: un reconocimiento humano y espiritual
Una pregunta resulta forzosa (y forzada) en el momento de abordar este asunto: ¿queremos seguir honrando la tradición evangélica y protestante (lo uno por lo otro…) de apego irrestricto a la lectura de la Biblia? Y otra más que se desprende, irremediablemente, de ella: ¿o deseamos engrosar las estadísticas educativas y culturales que exhiben nuestra pertenencia a un país que lee muy poco o casi nada?, pues como dice H.J. Martin: “El libro ya no ejerce el poder que antes tenía, ya no es más el señor de nuestro razonamiento o de nuestros sentimientos, debido a los nuevos medios de información y comunicación de que ahora disponemos”.[3] ¡Bendita sea la memorización! ¡Bienaventurados los/as que memorizaron porque de ellos ha sido propiedad el contenido de las Sagradas Escrituras! Es verdad, aunque según el testimonio de la propia Escritura, Dios no quiere lectores/as de un solo libro, aunque sea el suyo… La lectura, y no sólo la bíblica, hace pensar, abre universos, permite dialogar con el pensamiento de los diversos autores y permite, además, afrontar la vida de otra manera. Nada menos. Leemos la Biblia y ella, inevitablemente también, nos lee, nos deconstruye como seres humanos, nos devuelve un mundo nuevo y quiere devolvernos al mundo transfigurados en mejores personas para transformarlo en un espacio mejor para vivir según la voluntad de Dios.[4] Las iglesias siempre han sido talleres de lectura sin estar muy conscientes de ello y han tenido que surgir, a veces fuera de ella y, a contracorriente de sus ímpetus autoritarios, iniciativas que coloquen la lectura como una tarea placentera y al mismo tiempo formativa. De ahí el interés por rescatar las frases bíblicas dedicadas a ella: “Bienaventurado el que lee”, “Ocúpate en leer”, “¿Entiendes lo que lees?” y “Me comí el libro”, entre otras, que resumen la manera en que el acceso a la literatura sagrada es la posibilidad de trasponer el umbral de una experiencia insustituible.
Varios libros de la Biblia se refieren a la lectura como acto humano, cultural y religioso. En la historia de la lectura, el acceso a los documentos sagrados siempre planteó que las palabras e incluso las letras tenían una capacidad casi mágica para transmitir la voluntad divina y que habían sido dictadas por la divinidad, de ahí que el trato con las palabras y el mensaje que éstas transmitían entraba a un espacio casi metafísico y, al mismo tiempo, a un proceso en el que no se distinguía entre hablar y leer. Como explica Alberto Manguel: “Los idiomas primordiales de la Biblia —arameo y hebreo— no distinguen entre el acto de leer y el de hablar y designan a los dos con la misma palabra”.[5] Jorge Paredes resume bien el origen de la lectura en un ambiente relacionado también con el origen del pueblo elegido: “La frase es de Proust: la lectura es un fructífero milagro de comunicación en medio de la soledad. Un celebrado acto solitario que no es innato, sino aprendido, y que el ser humano comenzó a desarrollar hace por lo menos 5 300 años en la antigua Mesopotamia cuando aparecieron los primeros sistemas de escritura”.[6]
2. La bienaventuranza y el milagro de la lectura en la Biblia
Las primeras menciones de la lectura están ligadas a al pacto y a la Ley: “Después tomó el libro del pacto y se lo leyó a los israelitas. Entonces ellos dijeron: ‘Cumpliremos todo lo que Dios nos ha ordenado’” (Éx 24.7). La lectura se ligó, desde entonces, al compromiso comunitario de una relación con Dios basada en la obediencia. E incluso ante los ajustes socio-políticos, quedaba en la esfera del poder también esa responsabilidad para cuestionar proféticamente su origen: “Cuando el rey que ustedes nombren comience a reinar, ordenará que le hagan una copia del libro que contiene los mandamientos de Dios. Esa copia quedará bajo su cuidado, y deberá leerla todos los días. Así el rey jamás se sentirá superior a los demás israelitas, sino que aprenderá a obedecer a Dios y a respetar todos sus mandamientos” (Dt 17.18-19). Esa misma perspectiva revisionista se acerca a los cambios que la sociedad requería para restablecer la igualdad: “Luego les dio esta orden: ‘Cada siete años se celebrará el año del perdón de deudas. Cuando llegue ese año, y todos los israelitas estén reunidos en el santuario de Dios para celebrar la fiesta de las enramadas, se leerán estas enseñanzas’” (Dt 31.11).
Ya en otra época, la lectura de la voluntad divina expresada en la Ley adquirió otros tonos y resonancias, todos ellos en términos de la vida comunitaria deseada por Yahvé: “Luego, Josué leyó en voz alta todo lo que está escrito en el libro de la Ley, incluyendo las bendiciones y las maldiciones. Todos los israelitas estaban presentes: hombres, mujeres, niños y extranjeros” (Jos 8.34). Como se ve, se confiaba en la lectura para despertar los sentimientos del pueblo en relación con la memoria histórica de la salvación obrada por Dios en la historia, lo cual no era poca cosa. La lectura, con su capacidad de vocación, invocación (apelación), convocación (hacer presente), evocación (recuerdo) e incluso revocación (suspensión o anulación),[7] debía resultar también en una provocación profética, que actualizara la eficacia de la Palabra divina en la vida del pueblo, para resistir las influencias de todo tipo que lo acechaban y lo seducían para alejarse de los planes originales de Dios.
Al replantear el problema de la lectura de la Biblia en las iglesias, enfrentamos el mismo problema educativo y cultural que se vive en nuestro país de manera general: se supone que tenemos “malos hábitos de lectura”, que deben ser mejorados.[8] Esta forma tan simplista de exponer el asunto requiere matizarse y profundizarse para encontrar ya no digamos algunas vías de solución sino apenas para tratar de entender las razones del desapego por la letra escrita. En el medio evangélico se ha aceptado como normativa y casi exclusiva, una cierta manera “fundamentalista” de la oralidad, que se ha impuesto con el peso de la fuerza de ciertas tradiciones religiosas nuevas que identifican los textos escritos con el intelectualismo y la racionalidad. Pero el texto apocalíptico dice que es dichoso quien lee, es decir, quien se acerca, mediante un código común con los escritores/as a descifrar el mensaje y aprender a aplicarlo en la realidad. En suma, seremos felices al leer, según Apocalipsis 1.3, cuando nos dejemos re-educar por la Palabra en todos los sentidos: desde la reconstrucción de nuestro imaginario y nuestros valores, hasta la instalación de prioridades nuevas, es decir, aquellas que Dios mismo desea que funcionen como motor de nuestra existencia completa. “Escuchar” y “guardar” las palabras de esa profecía y, por extensión, de la totalidad de la enseñanza bíblica, es la intención divina acerca de su Iglesia como un pueblo lector. Dios quiere producir lectores (“oidores”) y “practicantes” de su Palabra (Stg 1.22). Y para ello no solamente se sirve de las iglesias sino de todos los agentes divulgadores posible, aunque esta afirmación sea dolorosa para ellas… Por eso afirmamos que “la lectura es un milagro que se resiste a ser vicio”.

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[1] Conferencia sobre la Cábala, Montevideo, Uruguay, 14 de diciembre de 1981, cit. por Lisa Block de Behar, Una retórica del silencio. Funcionesa del lector y procedimientos de la lectura literaria. 2ª ed. México, Siglo XXI, 1994, p. 36.
[2] Juan Domingo Argüelles, Historias de lecturas y lectores. Los caminos de los que sí leen. México, Paidós, 2005 (Croma, 31),pp. 255-256.
[3] H.J. Martin, “Le message écrit: la réception”, conferencia presentada en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, París, 1993.
[4] Eduardo Arens, La Biblia sin mitos. Una introducción crítica. 3ª ed. Lima, Paulinas-CEP,2006, p. 84: “Yo interpreto la Biblia desde el momento en que la leo, ¡y ella también me interpreta a mí! Pero la Biblia misma ya viene interpretada, pues el texto que leo es producto de un autor que interpretó lo que recibió como tradición, o al menos los acontecimientos y circunstancias sobre las cuales escribió”. Cf C. Martínez García, “Teología de la lectura. Breves notas (II)”, en Magacín, supl. de Protestante Digital, 7 de agosto de 2011, www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/4017/Teologia-de-la-lectura-breves-notas-ii.
[5] A. Manguel, Una historia de la lectura. Trad. de J.L. López Muñoz. Bogotá, Norma, p. 69.
[6] Jorge Paredes, “Lectura, plan lector, Internet y el milagro de leer”, en http://caobac.blogspot.com/2008/11/lectura-plan-lector-internet-y-el.html.
[7] Lisa Block de Behar, op. cit., p. 90.
[8] Cf. Gregorio Hernández Zamora, “Encuesta nacional de lectura: ¿hacia un país de lectores?”, en D. Goldin, ed., Encuesta Nacional de Lectura. Informes y evaluaciones. México, unam-Conaculta, 2006, pp. 216-217: “Mientras en México se sigue planteando el asunto en términos de “deficiencias en los hábitos de lectura” (lo que implica un diagnóstico a priori: “hay malos hábitos”, y una solución: “mejorar los hábitos”), a nivel internacional la investigación sobre las prácticas de lectura reconoció desde hace décadas el carácter de la lectura como una práctica social diversa (en géneros, propósitos, contextos, modos) e inseparable de prácticas sociales más amplias (trabajo, comercio, religión, política, derecho, periodismo, arte, ocio, educación). En este sentido, sabemos desde hace décadas, que el ejercicio de prácticas culturales como leer o escribir, no depende de hábitos puramente psicológicos e individuales, sino del lugar que las personas (los lectores) ocupan en las relaciones sociales, institucionales y culturales, que son las que hacen accesibles o restringen ciertas prácticas de leer, escribir, hablar y pensar”. (Énfasis agregado.) También: G. Hernández Zamora: “La vida no es color de rosa. Las mentiras sobre la lectura”, en Masiosare, supl. de La Jornada, 4 de mayo de 2003, www.jornada.unam.mx/2003/05/04/mas-gregorio.html: “La visión predominante u oficial sobre la lectura en nuestro país se basa en ideas implícitas, según las cuales leer es un proceso individual y asocial (el lector aislado de relaciones e identidades sociales), conductista (lectura como "hábito"), lingüísticamente incompleto (formar lectores, es decir, consumidores y no productores de textos), restringido a un género y tipo de material (texto literario/libro) y prescriptivo en cuanto a su significado y función (sólo es lector quien lee "por gusto y placer").”
Fuente: Enviado por su autor Leopoldo C, Teólogo, poeta y escritor mexicano.

domingo, 7 de agosto de 2011

El ser humano, construido para creer en lo trascendente

Según un estudio en 20 países, el ser humano está hecho para creer en la vida tras la muerte y la existencia del alma.

REINO UNIDO
Los resultados de un proyecto internacional de investigación de tres años de duración, realizado en 20 países y dirigido por dos académicos de la Universidad de Oxford sugieren que el ser humano tendría una tendencia natural a creer en dioses o agentes sobrenaturales, así como en la vida después de la muerte.
Estudios realizados con niños y adultos revelaron, por ejemplo, que personas de muchas culturas distintas creen instintivamente que su mente, su espíritu y su alma seguirán existiendo después de morir. A raíz de estos hallazgos , los investigadores concluyen que la religiosidad existe para favorecer la cooperación social y que nunca será fácil erradicarla , porque en ella hunde sus raíces el pensamiento humano.
Un proyecto internacional de investigación de tres años de duración y dirigido por dos académicos de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, ha descubierto que el ser humano tiene una tendencia natural a creer en dioses o agentes sobrenaturales, así como en la vida después de la muerte.
Según publica la propia Universidad de Oxford en un comunicado , el proyecto implicó a 57 investigadores, que realizaron más de 40 estudios independientes, en un total de 20 países . Los países escogidos eran representantes tanto de sociedades tradicionalmente religiosas como de sociedades generalmente ateas. De esta forma, la investigación ha abarcado un amplio espectro de culturas y perspectivas.
CREENCIA EN LA DIVINIDAD
A partir de los resultados obtenidos en dichos estudios (que fueron tanto analíticos como empíricos), los científicos concluyen que los seres humanos están predispuestos a creer en un dios o dioses y en la vida después de la muerte, y que tanto la teología como el ateísmo son respuestas razonadas a un impulso que es básico en la mente humana.
Los investigadores señalan que el proyecto no fue realizado para probar la existencia o no de Dios, sino para tratar de comprender si conceptos como el de la divinidad o la vida después de la muerte pueden ser enseñados o, por el contrario, son expresiones básicas de la naturaleza humana.
Con esta finalidad, “The Cognition, Religion and Theology Project”, como fue bautizada la iniciativa, aplicó una metodología multidisciplinar. La investigación ha combinado así en su desarrollo la antropología, la psicología, la filosofía y la teología. Los hallazgos obtenidos serán publicados en dos libros escritos por Justin Barrett, investigador del Centre of Antrophology and Mind de la Universidad de Oxford y co-director del proyecto.

Fuentes: tendencias21
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