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viernes, 21 de mayo de 2010

Mujeres de fe: Hablan de su papel en la religión y la sociedad (II)

Sarina Raquel Vitas
Rabina
En Paraná se respiran aires de provincia. Tiene sus tiempos. Sus horarios. Y tiene un circuito por donde circula Sarina Raquel Vitas, la primera rabina latinoamericana a cargo de una congregación, una mujer de 36 años, casada, con un hijo de tres y otro en camino.
Los vecinos la reconocen y la saludan. Ella va de la Asociación Israelita de Paraná a la sinagoga, de la sinagoga al jardín de infantes de su hijo, Dan; de allí a su casa y luego a dar clases en la escuela Martín Buber.
Nos instalamos a charlar en la sinagoga de Paraná, lugar donde –cuenta Sarina– después de muchos años han logrado reunirse los judíos de origen askenazí (aquellos que vinieron de la zona de Rusia, Polonia, Alemania), y los de origen sefardí (los del norte de Africa, Arabia Saudita, Turquía, Líbano y Siria). Son unas 450 familias que conforman una sola comunidad.
–¿Cómo impactó su llegada a Paraná?
–Lo tomaron naturalmente. En ningún momento me hicieron notar una diferencia por ser mujer.
–¿Cuáles son los símbolos tradicionalmente masculinos que usted ha incorporado en su tarea de rabina?
–La kipá (sombrerito redondo para cubrir la cabeza), que habitualmente se colocan los varones. Es algo que me llevó tiempo adoptar. Y esto tuvo que ver con mis convicciones y mis sentimientos. La mujer no está obligada a llevarla, pero encontré que usar esta kipá también tenía que ver conmigo.
–¿Cómo se viste para oficiar una ceremonia?
–Tengo mi propia ropa. Por las mañanas uso el talit, que es el manto de rezos que nos colocamos para estar rodeados, cubiertos y contenidos por los preceptos, que están representados en los flecos principales, que se llaman tzit tzit. Toda la comunidad está vestida de la misma manera para rezar.
–¿Cómo se le ocurrió ser rabina? ¿Viene de una familia muy religiosa?
–Para nada. Vengo de una familia tradicionalista, sobre todo por parte de mi papá, que es de origen sefardí. Cuando se casaron, mis padres fueron a vivir a Belgrano y me mandaron al jardín de infantes más cercano de mi casa, que era el de Bet-El.
–¿Cómo era su vida familiar?
–En mi casa se respetaba el shabat. Mi papá ayunaba el Día del Perdón, y lo más hermoso eran las mesas enormes y largas de Pésaj, donde los hombres (hasta que yo crecí) llevaban adelante el relato de la Hagadá, o sea, la liturgia de Pascua.
–¿Qué esperaban de usted?
–Ese es todo un tema. Todavía me sigo peleando con mi papá, que es ingeniero y quería que su hija fuera contadora. Yo entré en la UBA y empecé tres veces Ciencias Económicas, hasta que abandoné. No era lo mío.
–¿A qué edad decidió ser rabina?
–Fue parte de mi propio crecimiento. Digámoslo así: mi vida era el estudio judaico y el marco comunitario. Empecé a trabajar en una comunidad a los 17 años.
–¿Quién la marcó en su camino de judía practicante?
–Marshall Meyer revolucionó el judaísmo contemporáneo en la Argentina. El marcó el quiebre respecto de aquellas comunidades que comenzaban a decaer porque no tenían la posibilidad de atraer a la juventud. Con su carisma, sus ideales, su forma de ver la vida, su práctica, cambió la historia del judaísmo en la Argentina, y en especial la participación de la mujer.
–¿Es cierto que en los sectores ortodoxos hay libros sagrados que no pueden ser leídos por las mujeres?
–Ese es un prejuicio ya viejo. Sin embargo, en ciertos sectores ortodoxos la mujer tiene menos participación en los espacios de estudio. Pero no es que no estudien. Hay mujeres ortodoxas que estudian muchísimo, e incluso están doctoradas.
–Pero tienen un techo…
–Esa fue la frase de mis padres: "Tus estudios o tu carrera judaica tienen un techo". Pero hoy no es así ni en los ámbitos ortodoxos. En Israel hay movimientos de mujeres ortodoxas que empiezan a tener una fuerte impronta. En la Argentina, la integración de la mujer ortodoxa en la sociedad secular y religiosa activa es más limitada.
–¿Hay que estudiar mucho para ser rabina?
–Fueron siete años de estudio, y sigo estudiando. Además, hay que hacer una carrera universitaria. En el movimiento conservador, en la Argentina, todos los rabinos tenemos un título universitario. Se trata de socializar, de no estar encerrado.
–En lo personal, ¿qué vino a decirle la religión?
–No creo que el judaísmo sea específicamente una religión. Es una forma de vida. No está únicamente relacionada con mi conexión con la divinidad, sino con mi ser dentro de la sociedad, con mi rol como educadora, con mi intimidad, con mi identidad.
–En lo privado, ¿cómo tomó su marido su decisión de ser rabina?
–En aquel momento éramos novios. Me dijo: "Si a vos te gusta, hacelo". Creo que nunca pensó que se iba a casar conmigo (se ríe fuerte). Pero él sabía de qué se trataba. Hoy me sigue apoyando plenamente.
–¿De qué vive?
–A mí me contrató la congregación de Paraná. Tengo un sueldo y ésa es mi fuente de trabajo, porque no tengo espacio para ejercer una profesión en otro ámbito. La demanda comunitaria te exige una dedicación full time. Aquí no existen ni fines de semana ni feriados.
–¿Qué opina usted, como rabina, del control de la natalidad?
–Respecto de la sexualidad, en nuestra tradición, la procreación es uno de los preceptos más importantes para llevar adelante. Pero la sexualidad no está limitada sólo a la procreación: es muy importante el placer en la sexualidad. Los intérpretes de la Torá, los exégetas, dicen que el precepto de la procreación está ordenado al hombre. A Adán, al primer hombre. Dado que el hombre es quien debe cumplir el precepto de la procreación, tiene prohibido cuidarse. No puede usar, por ejemplo, profilácticos. Sin embargo, las tendencias más liberales dicen que las mujeres sí tienen permitido el cuidado y la anticoncepción.
–¿Cómo considera la homosexualidad?
–Legalmente, según la Torá, está prohibido. Para la tradición, el hecho de que aparezca una pareja homosexual es disfuncional para el tipo de sociedad bíblica que nosotros leemos. Ahora bien, la realidad es que hoy no es así. Las comunidades están abiertas a la integración, a la contención, a la participación de los homosexuales como miembros activos de la comunidad a la cual pertenecen. De todos modos, no están habilitados ni legalizados los casamientos.
–¿La religión judía acepta el divorcio?
–Desde la época bíblica. En eso, yo creo que el judaísmo es muy pragmático: entiende que dos personas pueden haberse casado creyendo que eran el uno para el otro, y que la vida, los años, la cotidianidad, la convivencia, les hayan dado a entender que no es así.
–Hay adolescentes en esta comunidad. ¿Qué hacen con el tema del sida?
–Yo creo que la base es la educación, el compromiso, la responsabilidad respecto del cuidado del propio cuerpo, y la responsabilidad sobre la sexualidad. Y si bien la sexualidad para los adolescentes es el tema por excelencia, están la comunidad y la familia para intentar contener y acompañar.
–La difusión de la Cábala por parte de Madonna, ¿ayuda a entender el judaísmo?
–No. Yo creo que confunde. Mucha gente quiere estudiar Cábala porque la relaciona con adivinar el futuro, y la Cábala no es eso. Es un estilo de interpretación de los textos sagrados.
–A partir de su presencia en Paraná, ¿hay chicas que tienen deseos de ser rabina?
–No, creo que todavía no. Pero quizás hay una impronta de mayor identificación. Lo que se modificó es la comprensión, por parte de la comunidad, de que el rabino está todo el tiempo. Está cuando lo necesitás. Lo ves en la escuela, con los chicos del jardín, cantando; está para una entrevista, para una visita y tiene su casa siempre abierta.
–¿Hay un rabino o autoridad ante la que tenga que rendir cuentas?
–No. Sólo tengo que rendir cuentas por mi tarea ante la comisión directiva de la comunidad.
Perfil
Sarina Raquel Vitas es la primera rabina latinoamericana a cargo de una congregación. Tiene 36 años y es la actual rabina de la ciudad de Paraná, Entre Ríos. Vitas cursó estudios rabínicos en el Instituto Heschell, de la Argentina, y los continuó en Israel. Es licenciada en Relaciones Públicas por la Universidad Argentina de la Empresa y –antes– coordinó, dentro de la comunidad judía, grupos de estudio para adultos. Casada con Alejandro Rosenberg, tiene un hijo, Dan, y está embarazada del segundo.
Fuente: Revista de la Nación, Argentina.

jueves, 20 de mayo de 2010

Mujeres de fe: Hablan de su papel en la religión y la sociedad (I)

Cinco devotas de distintos credos -católico, judío, islámico, protestante y budista- hablan del lugar de la mujer en la religión y cuentan por qué la sensibilidad femenina puede traer paz al mundo.
Esta nota surgió a raíz de una búsqueda personal, de un viaje interno que seguramente tiene lugar en un momento de la vida en que desaceleramos para detenernos a reflexionar. Cuando ante tanto estímulo exterior se produce un mecanismo de defensa y la respuesta es una mirada más espiritual. Chicas católicas, de Casey Curtí, una obra de teatro que dirigió Alicia Zanca en el Picadilly, me resultó inspiradora. El Código Da Vinci, de Dan Brown, me disparó algunas dudas. Y un domingo a la tarde me atrapó en el canal A&E Mundo una película sobre la última gira de Madonna en la que se mostraba su relación con la religión, con el estudio de la Cábala, y se la veía en Israel pronunciando un discurso por la paz. Me pregunté por el lugar de la religión en mi vida, y pensé en investigar qué territorio ocupamos las mujeres en la religión.
Marita Fontanarossa, impulsora del Diálogo Intercultural en la UBA, me envió un texto del teólogo Raimon Panikkar: “Las lenguas modernas –dice– están impregnadas de patriarcalismo. Es hora de superarlo. El término latino homo significa ser humano y no hombre ni mujer”. En el diario El País de Madrid, por su parte, Juan José Tamayo escribió: “Esto no es ficción: María Magdalena fue una pionera”.
Entre lecturas y charlas con otras mujeres, vino a mi mente otra cuestión: la del pensamiento estratégico que, en realidad, está ligado a una idea de futuro. ¿Habría ejemplos claros de la relación entre la religión y la estrategia? Si la religión da respuestas a corto y a largo plazo, la fe acompaña a quien se entregue a ella en la idea de futuro.
En Hannah y sus hermanas, Woody Allen expresaba: “Nunca voy a encontrar la felicidad buscando respuestas”. Sin embargo, formular preguntas puede hacernos felices. Los diálogos con las mujeres de esta nota confirmaron la vieja sospecha de que hay cosas que históricamente las mujeres no sabíamos... por el solo hecho de ser mujeres. Por ejemplo, para los judíos ortodoxos, hay partes de los libros sagrados que las mujeres no están capacitadas para leer. Una podría preguntarse por qué Madonna anda por el mundo estudiando la Cábala y las judías más comprometidas no pueden hacerlo. Otro ejemplo: la enseñanza de la teología para las mujeres católicas es algo relativamente nuevo, surgida a partir de Concilio Vaticano II.
Las mujeres de esta nota dieron un argumento sólido a su fe. Ellas son la rabina Sarina Raquel Vitas, la teóloga católica Andrea Sánchez Ruiz, la profesora protestante Diana Rocco, la joven musulmana Fátima Yohayna Hesain y la lama Consuelo Navarro Campos. En cada charla se coló una mención a los hijos, al marido, a una madre, a la familia. La metáfora más maravillosa de las mujeres y la religión: lo abstracto y lo concreto de las cosas cotidianas.
La fe tiene mucho que aportar en un mundo lleno de tecnología que en algún punto nos informa, pero nos deja solos. Si la modernidad apunta a lo individual, la dimensión religiosa genera solidaridades. Y las solidaridades encarnadas en mujeres quizá sean las generadoras de un mundo más pacífico.

Por Any Ventura, Argentina.
Fotos: Graciela Calabrese y Martín Lucesole


Andrea Sánchez Ruiz
Teóloga
Está casada y tiene tres hijos jóvenes. Pero lo que define a esta mujer de 46 años es una opción de vida que asume en cada gesto. Andrea Sánchez Ruiz es miembro de la Institución Teresiana, una asociación privada de fieles. Cursa la licenciatura con especialización en teología sistemática en la Universidad Católica Argentina, donde enseña, precisamente, teología. Es, además, catequista de niños, adolescentes y adultos, y profesora de enseñanza primaria en el instituto Pedro Poveda.
Un viernes a la tarde llegamos a su casa de Olivos y la acompañamos en su recorrido cotidiano. La seguimos hasta el lugar donde da clases, la Escuela Diocesana de Catequesis de San Isidro, institución que también dirige; hasta la parroquia de la que forma parte, la Asunción de la Virgen, de Olivos, y por último de vuelta hasta su casa, lugar de encuentro con su familia, donde mantuvimos la siguiente charla.
–¿Por qué decidió estudiar teología?
–Siempre fui muy inquieta intelectualmente, y no me satisfacían las respuestas a algunas de las preguntas que yo hacía en torno a temas religiosos. Concretamente, a la Biblia. Cuando terminé la secundaria, elegí el magisterio y a la vez empecé a estudiar para ser catequista. Esto despertó en mí una inquietud cada vez más fuerte. Una vez que me recibí de maestra, decidí seguir estudiando y apunté a la teología para seguir profundizando, buscando respuestas y esperando poder decir una palabra.
–¿Cuáles eran esas preguntas que se hacía y cuyas respuestas no le satisfacían?
–Eran, sobre todo, en torno a temas bíblicos; lecturas de textos que nos narraban como si fueran historias de cuentos: yo no los podía creer así. Me resistía a creerlos así.
–¿Recuerda alguno en especial?
–El relato del paraíso, por ejemplo. Siempre me pareció sospechoso que los hechos hubieran ocurrido de esa manera. Yo me decía: esto no puede ser así; tiene que tener otra explicación. Y como no encontraba las respuestas, las busqué en ámbitos de estudio
–¿Cómo es vivir esta vida esperando la otra? ¿Cuál es la idea del paraíso que le resultaba sospechosa? ¿El lugar del placer?
–Yo tengo ahora el momento del placer. No espero el más allá como algo que no tenga más acá. Es decir, lo anhelamos, por supuesto, y vivimos en la esperanza; pero eso no quiere decir que no gustemos ya, desde ahora, de los bienes que se nos prometen: la alegría, el gozo, la vida comunitaria, los sacramentos, son anticipos de este don de Dios que ya empezamos a gustar. El mismo amor que compartimos lo es.
Hasta hace unos años, las mujeres no podían estudiar teología. Las que querían avanzar en sus conocimientos seguían filosofía. ¿Hay un techo en esa búsqueda?
–Sí, pero ese techo no estaba en el orden asistemático. Muchas mujeres han profundizado, han leído autores y autoras, pero sin una carrera sistemática y sin acceder a un título. Esto es nuevo, y es posible a partir del Concilio Vaticano Segundo.
–¿Hay muchas mujeres teólogas?
–Las mujeres que nos dedicamos a la teología solemos reunirnos. Somos unas cuantas, y cada vez comienzan a estudiar más. Algunas son ya licenciadas y otras, doctoras. Las que superan los sesenta años son las menos.
–¿Alguna vez pensó en tomar los hábitos?
–Sí, pero el tema vocacional no pasa por lo intelectual, sino por otro lado, por lo menos en mi propia historia. En un momento de mi vida me pregunté qué era lo que Dios quería de mí. ¿Cuál es el proyecto que tiene para mí, para ser realmente feliz? En ese momento, estando de novia y contenta con mi noviazgo, pensé si era el matrimonio lo que Dios quería para mí. Fue una encrucijada. Ahora, ya hace veinticinco años que estoy casada.
Hay quienes sostienen que la religión no da respuesta a lo que uno quiere, sino a lo que uno necesita. ¿Puede identificar que le pasa a usted?
–En realidad, más que la religión yo diría que es Dios el que en mi vida personal me colma. Trato de que mi querer coincida con su querer.
–¿A veces no coinciden?
–Hay momentos de oscuridad en que uno tiene proyectos que no se concretan, y se pregunta: acá, ¿por dónde anda Dios que no lo encuentro? Y sin embargo, con el correr del tiempo, una va descubriendo el sentido de las cosas.
–¿Por qué cree que el Código Da Vinci despierta inquietud, más allá de que la película pueda considerarse floja y el libro, mal escrito?
–Yo me quedé pensando mucho en el fenómeno del Código Da Vinci. Me da la sensación de que, para nosotros, los creyentes, es un desafío más que una inquietud. Un desafío por conocer más, por aprender, por estar informados y formados. Y es un desafío en cuanto a sostener que nuestra fe no pasa por una novela, sino por profundizar más en lo que creemos y buscar respuestas. Porque las respuestas están: hay que encontrarlas.
La gran pregunta es acerca del rol de María Magdalena. ¿Era una pecadora, una prostituta, según el común de la gente, o una estudiosa seguidora de Jesús, es decir, una intelectual?
–Para acercarnos a María Magdalena, los textos que están en los Evangelios ya nos dicen mucho. En primer lugar, no nos dicen que era una prostituta, sino una discípula, una seguidora de Jesús. Y en segundo lugar, sobre todo, nos dicen que María Magdalena fue la primera testigo de la resurrección: que se encontró con Jesús y lo vio resucitado. Ella fue la que les anunció después a los demás lo que había visto y conocido. Entonces, es discípula, es testigo. Con eso nos alcanza. El hecho de que, en un contexto en que no era creíble el testimonio de las mujeres, ella haya podido anunciar a los que estaban allí reunidos que Jesús había resucitado ya es de una gran riqueza. Y eso nunca se ha ocultado. Ahora bien, si de las personas no se cuenta todo, o se cuentan parcialmente sus hechos para que no aparezcan en todo su esplendor, ya es cosa que está al margen de los textos evangélicos.
–En el Código Da Vinci y en algunos otros libros se habla de la relación amorosa entre María Magdalena y Jesús. ¿Eso cambiaría mucho la historia? ¿Sería grave que Jesús se hubiera enamorado?
–A mí, personalmente, no me cambiaría a Jesús. De hecho, pensar un Jesús que haya tenido amigas; que, de hecho, fue a una boda; que vivió la vida de cualquier hombre de su época es lo que tenemos en los Evangelios: un varón que, en lo cotidiano, vivía como cualquier varón de su época.
–Entonces, ¿eso no le cambia su imagen de Jesús?
–No, pero de hecho no me lo imagino así porque no es lo que he leído en los Evangelios desde que era chica. Por otro lado, no veo por qué un vínculo de amor como el matrimonio tuviera que afectar negativamente a la figura de Jesús como para necesitar ocultarlo.
–¿Por qué cree que hay una lectura de los textos sagrados que deja afuera a las mujeres?
–En la época, que una mujer fuera discípula era algo inusitado. Magdalena, de hecho, fue discípula; y María se sentó a los pies del maestro para escuchar sus enseñanzas. Ya todo esto era una novedad. Creo que hay que recuperar de la Biblia a muchas mujeres que, a pesar de estar en sus páginas, resultaron invisibles. Tenemos que hacerlas visibles y aprender de ellas. En momentos en que otras figuras prevalecen en la historia que se narra, el hecho de rescatar estas mujeres también es fuente de vida para otras mujeres, y también para los varones.
–A medida que usted profundizaba en sus estudios, ¿cuál fue la figura femenina que le interesó más?
–Una figura que me parece muy atrayente es Santa Teresa de Avila. Y en cuanto a las mujeres bíblicas, siempre me gustó la amiga de Jesús, Marta. Marta tiene voz, hace preguntas, cuestiona, sale de lo privado y aparece en público como una gran teóloga que lo reconoce a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, y su significado de resurrección y vida. Esa mujer siempre me acompaña. Y Teresa de Avila también es una gran compañera de ruta, por lo que significó en su contexto, y por lo que sigue significando hoy para muchas mujeres, dado que está lejos del estereotipo de una mujer sumisa. Ella, por el contrario, era una mujer fundadora, caminante, dinámica y al mismo tiempo orante. Para mí, la síntesis de Santa Teresa es la activa contemplación, un dinamismo orante.
–En la oración, ¿hay cosas que se le pueden pedir a Dios y cosas que no?
–Yo creo que si la oración es un diálogo con alguien que es nuestro amigo, en ese compartir la vida con Dios uno conversa de todo.
–¿Le molesta que las mujeres no lleguen a determinadas jerarquías en la Iglesia?
–Creo que si la Iglesia es pueblo de Dios llamado a vivir en comunión, todos tenemos que ser y sentirnos partícipes. En muchos lugares de nuestro país hay muchas mujeres que, aunque no presidan la eucaristía, están acompañando a las comunidades muy comprometidamente.
–No le interesa el lugar del poder.
–Jesús nos dijo que el que tiene autoridad tiene que ser servidor. Me interesa este servicio evangelizador para toda la Iglesia: poder cambiar la injusticia, incluir a los excluidos, a las excluidas. Creo que sí es importante que las voces de las mujeres sean escuchadas y tenidas en cuenta. Me parece importante para las mujeres que su papel sea también la toma de decisiones y no sólo el desarrollar iniciativas de los demás.
–¿Su marido la acompaña en su trabajo?
–Nosotros dos somos compañeros el uno del otro. No es que él me tenga que acompañar. Cuando nosotros nos casamos, el proyecto era compartir tanto los gustos e intereses de él como los míos.
–La vida de ustedes está construida alrededor de la parroquia...
–Y la de los chicos también. Consideramos la vida de la parroquia como la de una comunidad. Tenemos actividades pastorales. Por ejemplo, con Jorge y con otras parejas, damos desde hace muchos años las charlas para los novios que se quieren casar. Jorge es ministro de la eucaristía. Y además de compartir esta actividad con los novios, tenemos grupos de matrimonios en la parroquia con los que nos reunimos para charlar distintos temas. Nuestra vida tiene la amistad de la comunidad. Y nuestros amigos también han surgido de la actividad de la comunidad.
–Ahora bien, hay un momento en que irrumpe lo cotidiano: el tema del divorcio, el de las chicas adolescentes que se quedan embarazadas. Hay que resolver los problemas de todos los días.
–Desde mi punto de vista, como miembro de la Iglesia y como cristiana, si bien tengo convicciones claras, también tengo que acompañar al otro que está en el dolor. No se trata sólo de decir esto me parece bien, esto otro me parece mal, sino de resolver: ante esta realidad, ¿qué hago?, ¿cómo me involucro?, ¿doy una indicación o acompaño al otro? Me pongo a su lado y trato de ver cómo resolver eso. La palabra de consuelo es muy importante, pero nunca lo es la palabra que acusa, o la que pone de relieve el error. La que importa es la palabra de misericordia. Y, a veces, cuando la palabra es casi vacía porque no hay nada que decir, hay que estar.
–¿Es más fácil creer sin saber?
–Yo creo que eso depende de cada persona. Para mí, la fe tiene que buscar entender. Creer inconsistentemente no es responsable. Tenemos que intentar entender, la fe no es algo irracional.
–¿No alcanza con la fe? ¿Hay que usar la cabeza para llenar la fe de contenido?
–La fe tiene que estar asentada en la razón porque, si no, estaríamos en otro orden, y no en el de la fe. Tiene que haber consistencia en el mensaje que predicamos, y tiene que estar adecuado a la dignidad de la persona. En ese sentido, creo que tiene que haber toda una lógica interna que asuma la dignidad humana en el anuncio del Evangelio.
–¿A usted la escuchan de manera distinta desde que se recibió?
–Me doy cuenta de que, en algunos ámbitos, el haber estudiado le da a uno una expresión más autorizada. Porque he dedicado el tiempo y la vida a profundizar. Entonces, obviamente, cualquier persona que ha estudiado un tema sabe más sobre ello que aquel que no lo ha estudiado.
–¿La confesión elimina la culpa?
–No sólo esta dimensión en la confesión es importante; también, que nos dejemos acompañar. Porque a veces se entiende que se trata sólo de ir y decir lo que uno ha hecho mal en su vida cotidiana. En cambio, la experiencia del que se confiesa es también la de aquel que no sólo se siente perdonado, sino de quien realmente se ha encontrado con Dios en ese gesto del perdón. En esto es fundamental un sacerdote que testimonie con su vida la misericordia; el reconocer el perdón es reconocer a Dios, en quien sea; el encuentro con uno mismo y con Dios, que es el que nos perdona.
–¿Participa del diálogo interreligioso?
–Más que interreligioso, ecuménico. Estoy en un proyecto de estudio, investigación y publicaciones que se llama Teologanda, del cual participamos varias mujeres que están en formación teológica o que ya son teólogas, doctoras o licenciadas, y muchas de las participantes son de diversas denominaciones cristianas: bautistas, luteranas.
–¿Cuál es la idea de pecado que le pega en el estómago?
–Lo más fuerte, lo que más me lleva al arrepentimiento, es faltar a la caridad, faltar al amor. Puede tratarse de un gesto concreto que hiera a otro, que lastime a otro. Y lo pongo también desde otro lado, diciendo: tendría que amar, pero me cuesta tanto que no lo hago; no me lanzo al desafío de entregarme y comprometerme plenamente.
–Pertenecer a una Iglesia, tener una religión, hace que el futuro se vea menos ambiguo o abstracto. ¿A través de la fe se puede construir un pensamiento estratégico?
–Nunca lo había pensado así. Yo lo pienso, en cambio, desde la certeza de un Dios maternal, un Dios paternal, un Dios que me ama y me cuida. Entonces, no puedo sentir que estoy abandonada. Es lo mismo que si tus hijas dudaran de que vos vayas a hacer todo lo posible por estar ahí cuando te necesiten, aunque no les puedas resolver los problemas porque ellas los ven de otro modo. Pero nunca pensé la religión como una estrategia. Al contrario, lo veo como una relación personal y comunitaria que le da sentido a mi vida.
Perfil
Andrea Sánchez Ruiz es profesora de Teología en la UCA y profesora de Sagrada Escritura y Sacramentos en el profesorado de Ciencias Sagradas del Instituto Padre Elizalde, de Ciudadela. Desde 2001 se de­sempeña como directora de la Escuela Diocesana de Catequesis de San Isidro. Y como profesora de catequesis y teología en diversas entidades educativas. Además, coordina actividades pastorales en la parroquia La Asunción de la Virgen, de Olivos.Tiene 46 años, está casada con Jorge Welch y tiene tres hijos: Patricio, de 23; Santiago, de 20, y Mariano, de 19.
Continuará...
Fuente: Revista la Nación, Argentina.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Predicar en contra la homosexualidad: ¿Es discriminación o un derecho de la libertad de culto?

Por Alejandro Riff
Hay múltiples noticias en Internet que hablan acerca de los problemas que han tenido algunos cristianos evangélicos por predicar en contra de la homosexualidad.
Algunos pastores han tenido multas, demandas judiciales y otros hasta un mes de cárcel por predicar en contra de este pecado. Creo que hay que dejar en claro a las autoridades de los diferentes países que es “Predicar en contra de la homosexualidad” con un mensaje Bíblico. Es imposible que un sistema democrático, prohíba o sancione este tipo de manifestación de libertad de expresión, al menos que ocurran dos cosas.
1) Malinterpretar una ley y aplicarla en forma errónea.
2) Que el que predica transgreda alguna ley democrática.
Los casos que se han visto en Europa y América al parecer son más por el caso uno que por el caso dos.
¿Qué es una predicación cristiana correcta en contra de la homosexualidad?
En primera instancia se deja en claro que el cristiano, no trata al homosexual en forma discriminatoria, en el sentido que le niegue ayuda humanitaria,
La Biblia dice: Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber (Romanos 12:20) De esta forma nos dice que no podemos negar a nadie ayuda, y no creo que predicar en contra de la homosexualidad estemos afectando este tipo de derecho humano.
Tampoco una actitud cristiana es odiar al homosexual.
Odiamos el pecado porque a Dios le desagrada, pero amamos al pecador porque procuramos su salvación.
El Señor Jesús dijo: Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; (Mateo 5:44) O sea que desde el punto de vista humano, amamos la persona y no le negamos nuestra ayuda humanitaria.
¿Entonces que es lo el mundo considera mal?
Considera mal decir que la homosexualidad es un pecado, y que lo que practican tales actos no entrarán al cielo, sino que les espera un infierno. Pero vamos a transcribir los que dice la Biblia, la Palabra autoritativa de Dios en cuanto a la homosexualidad: ¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios. (1Co 6:9,10)
26Por esto Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza;
27 y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino a su extravío.
28 Y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene, (Romanos 1:26 al 28)
Que el homosexualismo es una condición en contra de la naturaleza, que es un pecado, y que es una depravación del ser humano LO DICE LA BIBLIA.
La ley de Dios está en contra de las sodomía:
9 conociendo esto, que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los malos y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y perjuros, y si hay alguna otra cosa contraria a la sana doctrina;(1Timoteo 1:9 y 10)
Estos textos como otros más están en la Biblia hace 2000 años.
Quizá un homosexual o una lesbiana, se enojen, denuncien esto como discriminación, pero tienen que saber que eso es lo que dice la Palabra de Dios, ni más ni menos. Pero hagamos una pregunta: ¿En qué consiste la supuesta discriminación?
¿En decir que son pecadores?
¿En advertirles que si no se arrepienten irán al infierno?
Pues si no les gusta eso, en vano rechinan sus dientes contra el Creador. El pecado de la homosexualidad es una pecado en la lista de muchos pecados que nombra la Biblia. ¿Acaso un cristiano debería de dejar de predicar en contra de las relaciones heterosexuales ilícitas? Claro que no. ¿Debería dejar de predicar cualquier pecado que La Biblia denuncia, solo por el hecho que “ofende” a determinados sectores de la sociedad? Desde luego que no. El verdadero cristiano siempre va a predicar lo que la Biblia dice.
Un verdadero cristiano es una persona pacífica (Mateo 5:9)
Que respeta las autoridades (1Pe 2:17)
Y un ejemplo de vida en este mundo.
para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo; (Filipenses 2:15)
¿PUEDE CONSIDERARSE LA UNION HOMOSEXUAL UN MATRIMONIO?
Desde el punto de vista Bìblico no. El matrimonio según Dios es entre un hombre y una mujer, así lo determinó desde el principio de la creación. El Señor Jesús nos recuerda el Génesis: …pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios ( Marcos 10:6) Por lo tanto podemos decir que un matrimonio delante de los ojos del DIOS DE LA BIBLIA es entre un hombre y una mujer. De allí se desprende el concepto de familia (Génesis 1:28). Por tanto sería antinatural también la adopción de niños por parte de un “supuesto matrimonio homosexual”.
Dios y su Palabra, no aprueban esto. La comunidad homosexual ha expresa su desagrado en contra de la predicación Bíblica diciendo que los que predican esto abusan de la libertad religiosa: "la libertad religiosa no debería utilizarse para ofender a las personas".
Que quede muy en claro que bajo un sistema democrático uno puede expresar sus ideas, y que en este caso las ideas no son propias sino que parten un libro, al Biblia, que para el creyente es la Palabra de Dios. Si lo que dice la Biblia les ofende esto corre por su cuenta. No podemos reescribir una Biblia que consienta su pecado, como tampoco podemos cerrar la Biblia, para no expresar nuestra fe.
En resumen:
Predicar en contra de la homosexualidad, es una cuestión de fe en la Biblia y de obediencia a Dios que la inspiró. Mientras en cada país halla un sistema de libre expresión, esto no será en modo alguno un delito. Estas son las reglas de juego dadas. Ahora si un país determina por decreto constitucional, que predicar en contra de la homosexualidad es un delito, está automáticamente fuera del sistema democrático (o en tal caso un sistema engañoso) y ya las reglas de juego son distintas. Pero este mundo tiene que saber que el creyente en Cristo, nunca cerrará las tapas de la Biblia. Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5:29)
Cierro el presente artículo con un mensaje Bíblico a cualquier homosexual o lesbiana que pudiera leer el mismo.
¿DISCRIMINACION?
Mateo 25:31 Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. 32 Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
Hoy en día se habla mucho de "la discriminación".
Según el diccionario DISCRIMINAR significa dos cosas:
1) Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, de sexo, de clase social o casta u otros motivos ideológicos: discriminar a una persona por cualquier motivo es un acto inconstitucional.
2) Separar, diferenciar una cosa de otra: discriminar lo verdadero de lo falso. Con respecto al significado número uno podemos decir que la Biblia no hace discriminación, ya Dios trata a todos igualmente, y le ofrece la salvación en Cristo a todo aquel que quiera aceptarla, sin importar: Nacionalidad, Sexo o Raza
Colosenses 3:11 Donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni Scytha, siervo ni libre; mas Cristo es el todo, y en todos.
Gálatas:3:28: No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Pero desde el segundo significado de esta palabra, Dios, sí discrimina, en el sentido que tiene que hacer una diferencia. ¿Y cual es la diferencia que tiene que hacer Dios entre los seres humanos.?
El diferencia entre aquellos que aman el pecado y persisten en el, de aquellos que se han arrepentido de sus maldades y han confiado en Cristo como su salvador. Veamos esta lista de pecados según el siguiente pasaje de la Biblia: 1Corintios 6:9 ¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,10: Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios.
Es muy claro: estos... NO HEREDARAN EL REINO DE DIOS. ¿Es esto discriminación? ¡Hay muchas personas aquí en la tierra que cuando se les predica el arrepentimiento de pecados y la fe en Cristo, gritan: discriminación, discriminación.!
¿Predicar en contra de la homosexualidad es discriminación?
¿Desenmascarar aquellas creencias que llevan engañadas a las almas al infierno es discriminación?
¿Denunciar los pecados de esta humanidad es discriminar?
Tienes que saber que no puedes ocultarte de tu creador, ni aún con la excusa de "discriminación".
EL, porque te amó, envió a su Hijo a morir en la cruz. Ahora tu tienes que "discriminar" entre la vida y la muerte, entre tus pecados y la salvación que en Cristo se te ofrece. Hay salvación para drogadictos, alcohólicos, homosexuales, lesbianas, ladrones, asesinos, etc, si este se arrepiente. No importa cuan grande sean tus pecados, Dios no te discrimina por eso, en el sentido que sea imposible ir a Él.
El te recibe, pero si tu te arrepientes de tus pecados y pones la fe en Cristo como tu salvador. Ahora Dios un día discriminará ante su trono de gloria aquellos que han creído en Cristo, de aquellos que le han rechazado. Esto es una justa discriminación. El destino de alma depende de lo que discrimines hoy.
¿Cual es tu elección?
Deuteronomio 30:19: A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas...

Fuente: Publicado por Alejandro Riff - www.PalabraFiel.org

martes, 18 de mayo de 2010

Ex-Travesti, transformado por el poder de Dios - Testimonio Imperdible



Les invito a ver este hermoso testimonio de un ex-travesti, homosexualidad. La homosexualidad no es un tercer sexo, es un invento raro de los perversos de este mundo. La homosexualidad es producto del pecado de Adan y Eva. Fijese en este testimonio y saque sus conclusiones...

Primera parte:

Segunda parte:

Tercera parte:

Cuarta parte:

Quinta parte:

Sexta parte:

Septima parte:

Octava parte:

lunes, 17 de mayo de 2010

¡Ah, las madres, esa suma de patrias personales!

Por. José Aurelio Paz
Uno mira al abismo y no ve nada. Solo oscuridad. Pero un imperceptible rayo puede penetrar la más profunda de las tinieblas y tocar la semilla. Es el momento exacto en que la luz hace el milagro.
Ella, la semilla, perpleja, siente estremecerse allá en lo oculto. Algo ha comenzado a romperse en su interior, pero de una manera dulce. Rasga, entonces, la tierra y enseña un punto verde que, después, permite estirar su primera hojita, y luego otra y otra, hasta que un robusto tallo comienza a mutar, de casi amarillo al verde, y asciende, en medio de la oscuridad cómplice, para llegar a la superficie y mostrar su flor.
Así comienza a nacer el hijo. Así nace la madre, esa cuna universal que nunca deja de mecernos; esos labios que no cesan en la multiplicidad de las nanas; latido que nos da sosiego hasta en los momentos más terribles, aunque ya no esté presente en su materialidad, porque como Lezama, digo que siempre es esa bahía en medio del naufragio.
Su piedad, ese perfume sagrado que ni los mejores perfumistas han logrado descubrir. Su entrega tiene el bouquet de la mansedumbre del roble, cuando se doblega a ser paredes de los odres para que el vino sea vino y no vinagre; la más viajera, según un poeta, porque vuela del botón de una camisa a otra camisa; la cancerbera del amor que abre las puertas secretas llevando escondidas, en su falda, todas las llaves de la vida. La cubre-francos predilecta de los ángeles.
“¡Me muero por volver a verte!”, dirán muchos desde una lejana geografía y los menos dichosos desde donde ya no hay mapa. Y es que su partida siempre está marcada a otro abismo donde el sol no llega, mas desde allí, también, instaura primavera en medio de la soledad que más duele.
¡Ah, ese pavor a quedarnos solos sin su aliento! La lluvia llueve dentro de los propios barquitos de mi infancia. Los cielos sin ella es cofre de fieltro vacío que ya no hace música para la diminuta bailarina. El beso, ya no es el beso, sino solo un simulacro en la estrategia cotidiana.
Banco de ternuras que nunca quiebra. Bolsa de valores que no fluctúa. Herencia de donde lo que sacamos se multiplica. Forja donde toda ternura de mujer se perfecciona.
¡Ah, las madres, esa suma de patrias personales que hacen una sola, amorosa y santa…!
¡Regálame una flor, te digo, que quiero sostenerla con el dolor de la alegría, para colocarla ante sus ojos, desde este altar de papel donde el amor le ofrenda sin límites!
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Fuente: ALCNOTICIAS

domingo, 16 de mayo de 2010

FAMILIAS DEL N.T.: REINO DE DIOS Y CONVIVENCIA FILIAL

Leopoldo Cervantes-Ortiz, México.

1. Las familias, telón de fondo y estructura social
Los textos del Nuevo Testamento, y en especial los Evangelios, tienen como telón de fondo las estructuras sociales, algunas de las cuales ocasionalmente aparecen cerca o en el centro de las narraciones encaminadas a presentar el mensaje cristiano. En el caso de las familias, éstas desempeñan, como siempre, un papel formativo y estructural ante el cual varias de las transformaciones anunciadas por Jesús mismo suenan sumamente agresivas. Especialmente cuando Jesús dice: “No penséis que he venido a traer la paz a la tierra. No he venido a traer la paz sino la espada. Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su misma casa. Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10.34-38. Estas palabras, dentro del proyecto de introducción del Reino de Dios en el mundo, parecen un ataque violento a la institución familiar y muestran uno de los aspectos radicales del mensaje de Jesús, al identificar con extrema claridad los peligros de los afectos y las comodidades instituidos como entidades inamovibles o intocables.
Pero lo cierto es que Jesús está confrontando la fuerza de los vínculos tradicionales con los nuevos que produce el apego al Reino de Dios como reestructuración humana y social, es decir, como aquella posibilidad efectiva de replantearse los afectos, la consanguinidad y la cercanía cotidiana con base en los valores que aporta la venida de esta nueva realidad de vida y esperanza. La familia inevitablemente se vería afectada por esta presencia impactante del Reino de Dios, en medio de estructuras que Jesús consideraba francamente caducas. Él se aplicó a sí mismo semejante radicalidad, al grado de que llegó a preguntarse quiénes eran realmente sus familiares lo cual se explica, como escribe René Luneau, porque Jesús era el primogénito de su familia y utilizó las prerrogativas tradicionales de esa situación para después “transgredir” lo que se esperaba de un núcleo consanguíneo:
Si el ‘prójimo’, según Jesús, se parece muy poco al que creían conocer perfectamente teniendo por referencia la tradición, sigue siendo ‘el hermano’ aquel a quien nos unen los lazos más fuertes que pueden existir, los de sangre? […] Los evangelios no sólo no incluyen ningún elogio sobre la familia en cuanto tal, sino que no dudan en recordar, cuando hace falta, las relaciones conflictivas que Jesús tuvo con sus hermanos y sus parientes.[1]
El Reino de Dios aparece como aquello ante lo cual hay que tomar una decisión, distante o cercana, pero que no puede posponerse. La familia es el espacio del lazo estrecho, de los compromisos innegociables y que, por su naturaleza ligada a la tradición, más podía poner en entredicho nuevos compromisos sociales, ideológicos o culturales. Jesús enfrenta esta estructura tradicional al reto de sostenerse ante una realidad que la supera y la subordina, pues como le mostró a los saduceos ante una pregunta capciosa, en el Reino de Dios no existirán esas estructuras marcadas por la sumisión negativa y la superioridad que planteaba la supuesta posesión de las personas (). Reconocer a Dios como padre, en el marco del Reino, debía producir una auténtica transformación de las relaciones sociales, incluidas las familiares.[2]
2. La familia de Pedro y el anuncio del Reino de Dios
En esta historia estamos, nada menos, que ante el primer milagro de Jesús según el primer evangelista. Jesús inicia su trabajo al servicio del Reino y uno de sus primeros seguidores tiene a su suegra (pénthera) enferma. Su familia nuclear estaba complementada con una presencia adicional. El relato de Marcos (1.29-31) es escueto, lo mismo que sus paralelos en Mateo y Lucas. No obstante, la sustancia del pasaje radica en lo que Jesús hace y en el resultado de su labor: la mujer sanada se levanta inmediatamente y “les servía”. Sobre esto hay que puntualizar lo que destaca Eliseo Pérez:
Para el gusto de algunos biblistas, la suegra de Pedro marca la referencia a la primera mujer en el Evangelio y lo hace jugando un papel muy tradicional al asumir una actitud servil. Como dicen, ¡Jesús la sanó a tiempo para cenar! (Lc 17.34-35). […] ¿Estamos entonces frente al llamado de la primera discípula? O la acción de servir es simplemente la confirmación de su entero restablecimiento?
También es importante resaltar el hecho de que esta mujer muy probablemente era viuda y ahora en su calidad de suegra de Pedro, poseía un valor dependiente de su yerno.[3]
Según I Corintios 9.5, el apóstol Pedro llevaba consigo a su esposa en sus labores eclesiásticas, lo cual manifiesta que, al menos para él, no había impedimento entre armonizar su llamamiento con la institución conyugal y familiar. Como un hombre casado, a quien encontró Jesús así y a quien no obligó a deshacer esos compromisos, Pedro asumió una responsabilidad de compartir con la madre de su esposa los beneficios de la presencia del Reino de Dios en su vida. Esta característica marcaría para siempre su trabajo espiritual. Más allá de cualquier alusión a la buena o mala relación con las suegras, el pasaje subraya cómo, ante la cercanía de Jesús, no se hace a un lado el interés por compartir los beneficios de la nueva realidad traída por Jesús: la tradicional marginación de la mujer es superada por la posibilidad de levantarla de su condición. Pedro, por decirlo así, tuvo la oportunidad de “evangelizar” a su suegra acompañado por la figura primordial del Reino de Dios en el mundo, algo que jamás hubiera imaginado y que seguramente marcó para siempre su relación.
La familia, como estructura funcional para los fines de sometimiento y control, puede ser transformada por los valores del Reino de Dios para introducir en ella una manera diferente de actuar y situarse ante la vida. Pedro y los demás apóstoles tenían que aprender a dejar de marginar a los débiles, pues el acceso de éstos a los beneficios de la acción de Dios en el mundo estaba limitado precisamente por las instituciones intermediarias que, supuestamente, administraban la gracia divina, pero que dejaban mucho que desear a la hora de llegar a sus verdaderos destinatarios. La familia, como espacio privilegiado de convivencia filial, debe revisar los resortes de sus afectos, sus propósitos formativos y la manera en que contribuye a la humanización permanente de las personas. Los evangelios la acercan, de esta manera, a una crítica basada en los criterios establecidos por Jesús para normar la coexistencia humana a la luz del Reino de Dios.

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[1] R. Luneau, Jesús, el hombre que “evangelizó” a Dios. Santander, Sal Terrae, 2000 (Presencia teológica, 107), p. 99.
[2] Cf. El análisis mesurado de José Luis Caravias, Matrimonio y familia a la luz de la Biblia, en www.supercable.es/~caridad/nfami.htm.
[3] Eliseo Pérez-Álvarez, Marcos. Minneapolis, Augsburg Fortress, 2007 (Conozca su Biblia), p. 19.
Fuente: Leopoldo Cervantes - Ortiz, Teólogo mexicano, médico, poeta y escritor.

sábado, 15 de mayo de 2010

Del refugio de las masas al neopentecostalismo empresarial- (El aporte de Christian Lalive D’Epinay)

Carmelo Alvarez, Chicago. EE.UU.

Recientemente ha sido reeditado un estudio histórico-sociológico sobre el pentecostalismo chileno. Se trata de El refugio de las masas. Estudio sociológico del protestantismo chileno, reeditado por el Centro de Estudios Pentecostales en Concepción, Chile (ceep@ceep.cl) Su autor es el Dr. Christian Lalive d’Epinay, un sociólogo de la religión suizo, que trabajó muchos años en Latinoamérica y el Caribe La obra fue publicada originalmente en 1968, provocando una oleada de reacciones a través de todo el mundo, siendo considerada un aporte pionero y valioso a la sociología de la religión del siglo XX. Hay una versión inglesa, The Haven of the Masses, que también impactó al mundo académico de Norteamérica y Europa.
Quisiera compartir unos comentarios muy personales que han provocado una nueva lectura de la obra y la lectura de algunos comentarios de sociólogos de la religión sobre la misma.
Mi primera experiencia con los escritos de Christian Lalive y la significación histórica de su trabajo me llegó de primera mano. Siendo estudiante del Seminario Evangélico de Puerto Rico, y por vinculaciones con la FUMEC (Federación Universal del Movimiento Estudiantil Cristiano), pude compartir en una amplia charla bastante informal, pero sumamente entusiasta y enriquecedora, donde Christian Lalive compartió el trasfondo, la razón, las dudas y los tropiezos que experimentó en esa ardua investigación que se plasmó en El refugio de las masas. Eso fue en 1969. Tuvimos, además, el privilegio de compartir en un diálogo más íntimo con Christian Lalive, hasta altas horas de la noche, con miembros del capítulo de la FUMEC en Puerto Rico. Esa conversación estuvo más dirigida al panorama político y religioso de América Latina y el Caribe, en aquellos tiempos aciagos y desafiantes.
Ese libro, El refugio de las masas, fue un estudio fundamental en mi acercamiento al movimiento pentecostal en América Latina y el Caribe. Yo provengo de una “iglesia histórica” que en Puerto Rico pasó por un avivamiento carismático, conocido como el Avivamiento del 33, que conmocionó la denominación y llevó a una seria confrontación con la “iglesia-madre” en Estados Unidos. La lectura del libro de Lalive me ayudó a comprender muchas cosas, aunque su estudio se refería más a Sur América que a nuestra realidad eclesial y religiosa en el Caribe. En la década del 70 cuando fui misionero en Centroamérica y México, y más tarde en Chile, como profesor visitante en la Comunidad Teológica de Chile, la relectura del libro volvió a ser una herramienta muy útil e indispensable.
La tesis fundamental de Lalive es que el movimiento pentecostal chileno es una sociedad sustitutiva de la participación social, convirtiéndose en refugio de las masas. Es una negación radical del mundo como huelga social que sustituye la sociedad civil. Ante el mundo hostil las iglesias pentecostales ofrecen un hábitat protector y seguro para las personas creyentes. Esa expresión religiosa paraliza las masas proletarias en busca de liberación. Haría falta una transformación de su conciencia para que su “apocalipticismo trascendente” llegara a ser una acción revolucionaria. Este cambio debe surgir de las prácticas sociales concretas.
Christian Lalive, llega a la conclusión que la presencia del pentecostalismo chileno refuerza el patrón cultural hacendatario, que es transferido a la comunidad creyente pentecostal. Este patrón cultural de la hacienda se nutrió de la cultura popular católica, particularmente en las áreas rurales de Chile.
Recuerdo, además, que Christian Lalive ofreció una serie de conferencias públicas en la capilla del Seminario Evangélico de Puerto Rico, que causaron gran sensación e impacto en líderes de las iglesias de nuestra Isla del Encanto. Las conferencias fueron publicadas bajo el título, Religión e ideología en una perspectiva sociológica (1973). Aquí ampliaba algunos temas tratados sobre todo en las Fichas de ISAL.
Hay que recalcar que el trabajo intelectual de Christian Lalive realmente fue el aporte de un intelectual orgánico, que asumió riesgos y abrió pistas en los campos de la sociología de la religión y la historia. No se pueden olvidar las fichas de ISAL, publicadas por Iglesia y Sociedad en América Latina, un organismo ecuménico que también fue pionero en ofrecer estudios de corte profético sobre temas cruciales que abrieron nuevos caminos para lo que llegó a ser la teología de la liberación.
Las voces pioneras en el movimiento fueron sociólogos y teólogos de la estatura de Hugo Assmann, Julio Barreiro, Hiber Conteris, Pedro Negre Rigol, Anibal Guzmán y Julio de Santa Ana, entre otros. La revista Cristianismo y Sociedad fue en su época la revista teológica y de sociología de la religión más influyente en el mundo de habla hispana. Christian Lalive ofreció en ambas publicaciones importantes observaciones que son todavía pertinentes para acercarnos a lo que acontecía teológica y sociológicamente en el continente. Con ISAL Christian Lalive recorrió la América Latina y el Caribe y acumuló un conocimiento y una experiencia que ha quedado plasmada en su trabajo intelectual.
Retomar este aporte de Christian Lalive también nos debe ubicar en la realidad que vivimos hoy en relación con ese movimiento pentecostal y las iglesias pentecostales en él. La diversidad y la complejidad del movimiento son mucho más evidentes en el 2008 que en 1968. Ello nos desafía a buscar nuevas pistas y seguir elaborando nuevas interpretaciones para lograr una mejor comprensión de lo que acontece en esos movimientos tan dinámicos. Los llamados grupos neopentecostales como la Iglesia Universal del Reino de Dios de Brasil y las mega iglesias en casi todas las ciudades de América y el Caribe (¡incluyendo La Habana, Cuba!) son fenómenos que, influidos por la teología de la prosperidad, la guerra espiritual, la centralidad de la alabanza, el concepto de la autoridad y poder de los apóstoles y apóstolas, y el modelo del héroe-empresario como figura carismático-pastoral, nos desafían a intentar desarrollar estudios nuevos con categorías nuevas en el campo sociológico, histórico y teológico. El aporte pionero de Christian Lalive seguirá siendo un acicate y una clave hermenéutica indispensable, sujeto a ser superado, pero jamás podrá ser obviado.
Agradecemos la reedición de esta obra magna y las interpretaciones que la actualizan y la mantienen vigente. A Christian Lalive D’Epinay le agradecemos profundamente el habernos aportado su creatividad, energía y honestidad intelectual.
Fuente: ALCNOTICIAS
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