¡Vos podes ayudarnos!

---
;

sábado, 19 de marzo de 2011

LO MÁS PERFECTO ES EL AMOR

Por. P. Gregorio Iriarte o.m.i.

“Ahora nos quedan tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor” (1 Cor 13 1-14)

* La autoridad sin amor se vuelve tiranía.
* El trabajo sin amor se vuelve esclavitud.
* La amistad sin amor se vuelve engaño.
* La oración sin amor se vuelve hipocresía.
* El matrimonio sin amor se vuelve convivencia
* La limosna sin amor se vuelve asistencialismo
* El altruismo sin amor se vuelve limosnerismo
*Comprar sin necesidad real es consumismo
* El hogar sin amor se vuelve hospedería
* La comunidad sin amor se vuelve asociación
* La educación sin amor se vuelve instrucción.
* El culto sin amor se vuelve beatería.
* La revolución sin amor se vuelve “Golpe de Estado”
* La justicia sin amor se vuelve rigorismo.
*El enamoramiento sin amor se vuelve pura pasión
* El servicio médico sin amor se vuelve negocio
* El éxito sin amor se vuelve arrogancia.
* La obediencia sin amor se vuelve legalismo.
* La fe sin amor se vuelve fanatismo.
* El apostolado sin amor se vuelve proselitismo.
* La esperanza sin amor se vuelve utopía.
* La riqueza sin amor se vuelve avaricia.
* La política sin amor se vuelve corrupción.
* La ciencia sin amor se vuelve vanidad.
* La santidad sin amor es una total contradicción
* La vida sin amor se vuelve en algo sin sentido.
Ahora tenemos la Fe, la Esperanza y el Amor pero la más grande de todas es el AMOR”(1 Cor.13)
----------------------------------------------------------------
Noticias alrededor del mundo

Norteamérica/ La iglesia hoy:
Asociación evangelística Billy Graham y Samaritan´s Purse socorren a Japón
Europa / Ciencia / Salud:
Inventan una retina artificial que devuelve la vista a los ciegos
África / Política:
Batalla final en Misrata
Asia / Economía:
La emergencia nueclear en Japón y sus secuelas financieras
Mundial / Salud:
Lo cierto y lo falso de las píldoras antiradiación
Europa / Ciencia / Tecnología: Nace la primera fundación para convertir humanos en ciborgs

viernes, 18 de marzo de 2011

Violencia de género, un gran desafío para la misión de la iglesia

Graciela B. De Celis, Argentina.

El hombre de la seguridad nos miraba curioso. ¡Trabajando, un día feriado, para conmemorar el día de la mujer! Los cuadros y las fotos se colgaron en paneles para la exposición. Cuando todo estuvo listo, miramos satisfechos/as y festejamos con alegría cómo había quedado la presentación. El guardia daba vueltas alrededor nuestro, y cuando ya no pudo más nos lanzó su comentario: “Tanto día de la mujer ¿para qué?, ¿acaso los hombres tenemos un día?”.
Me sonreí, casi irónicamente, y por supuesto no dejé de contestar que los hombres no necesitan un día porque todos los días son de ellos, que el mundo está hecho por y para los hombres. Le expliqué, tomándome todo el tiempo necesario, para que me entendiera que siempre que hay “un día “ de algo, es porque ese algo ha sido marginado, excluido o han sido vulnerados sus derechos. El guardia me seguía mirando con curiosidad. “Piense en el día del niño, día del aborigen, día del discapacitado, día de la lucha contra la violencia de género, día del medio ambiente, día del agua, y así le podría nombrar muchos más. Estos días existen para remarcar un tema o a un grupo de personas que han sido dejadas de lado por la sociedad”, le contesté.
No se si mis argumentos lo convencieron, pero sí estoy segura que nos merecemos este día de la mujer. No para que nos regalen una flor o para que las organizaciones no agasajen con un te, sino porque nos merecemos tomarnos un espacio para reflexionar, para analizar en qué espejos nos estamos mirando para construir nuestra feminidad en este siglo XXI, en que espejos se deben comenzar a mirar los hombres para construir una nueva masculinidad. Una masculinidad que no nos someta, sino que nos permita caminar juntos en este proceso de surgimiento y construcción de la vida. Los espejos en los que nos hemos mirado en el pasado, salvo raras excepciones, entre ellas la de Jesús, no nos han servido.
Miren lo que esta sucediendo. Se dice que este siglo, es el siglo de los derechos y qué paradoja, la sociedad argentina se ha visto sacudida por el alarmante aumento de homicidios de mujeres. Según datos de la Corte suprema de justicia, en dos años ha habido 11.000 casos denunciados de violencia contra la mujer y estamos dando en estas cifras los casos que llegan a la justicias, porque muchos quedan escondidos, invisibles, ya sea por miedo o por vergüenza de las víctimas. De los 11.000 casos denunciados, sólo 9.000 hombres han sido acusados (eso no significa que hayan sido condenados). La impunidad de los agresores es espeluznante. Me sale de las entrañas gritar mundo de hombres, hecho solo para hombres. Es interesante analizar los fundamentos de los dictámenes que hacen los jueces, justificando la violencia ejercida hacia las mujeres.
En julio del 2010 se reglamentó Ley contra la Violencia de Género. En esta, se protege no solo de la violencia física, sino también de la psicológica, sexual y económica, tanto en el ámbito familiar como en el institucional, laboral o mediático. Sin embargo, y lo decimos con tristeza, los casos que se conocen diariamente y los datos oficiales demuestran que el problema está muy lejos de resolverse. Hasta podemos decir que hemos retrocedido. Es que ya sabemos que se necesita mucho más que una ley. Se necesita un cambio cultural, cambio que nos llevará bastante tiempo porque significa cambiar costumbres y conceptos erráticos sobre el ser humano.
Con dolor, reconocemos que la religión ha sido usada como instrumento de exclusión y sometimiento, en algunos casos a niveles aberrantes. La quema de mujeres no es una moda. Ha existido desde tiempos antiguos. La quema de “brujas” era una lección magistral para toda mujer que osara pensar diferente o no se sometiera a los designios de los hombres, por lo general escudados en un pretexto supuestamente de inspiración divina. El cristianismo no ha escapado a esto. Como mujer cristiana he tenido que lidiar entre lo que la iglesia me imponía en sus tradiciones y lo que yo entendía que decía el texto bíblico.
Creo que uno de los desafíos de la iglesia en este siglo XXI es que hombres y mujeres hagamos una relectura de la Biblia, con el sincero deseo de encontrar lo que Dios nos quiere decir, buscando la verdad y el camino que el Señor quiere que sigamos, como personas creadas (hombre y mujer) a imagen y semejanza de El. Que podamos discernir qué es tradición cristiana y qué es Palabra de Dios. Hagámonos preguntas, hagámosle preguntas al texto. El Señor Jesús no le tenía miedo a las preguntas. Como dice siempre el Dr. René Padilla, la pregunta era el método pedagógico de Jesús.
Cuando a partir del texto bíblico (Gn 1-3 y los Evangelios) podamos pensar en nuevas formas de relacionarnos entre hombres y mujeres, entonces estaremos en condiciones de comenzar a definir qué es ser femenino y qué es el ser masculino en este siglo, siguiendo el ejemplo de Jesús y las políticas de su reino.
El otro desafío que veo para la iglesia en este siglo es cuál va a ser nuestro rol en el tema de la violencia de género (mujeres y niñas). ¿Nos quedaremos mirando con horror y acusación el pecado de la sociedad (del que nosotros también somos parte), o asumiremos el compromiso que Dios nos pide ante el sufriente y su rol profético ante la sociedad?
“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Y a se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios! Miqueas 6.8

Compartelo

jueves, 17 de marzo de 2011

Madre alemana en prisión por rechazar educación sexual del Estado para sus hijos

Irene Wiens, 43 días en prisión, respaldada por asociaciones de 9 países y 4 continentes en una campaña a su favor.
WESTFALIA
El caso de Irene Wiens, la madre alemana de Salzkotten (Renania del Norte-Westfalia) que ha sido condenada a prisión por 43 días por negarse a que sus hijos asistiesen a las clases de educación sexual estatal en la escuela primaria, ha conmovido y movilizado a la opinión pública europea.
La defensa jurídica del caso Wiens está en manos de Alliance Defense Fund (ADF), una entidad especializada en la protección de libertad religiosa y de conciencia. El asesor legal de ADF, Roger Kiska, explica que “son los padres, no el Gobierno, los responsables últimos de la educación de sus hijos. Encarcelar a unos padres por ejercer derechos universalmente aceptados es impensable”.
Kiska argumenta que la familia Wiens fundamenta sus derechos en la Convención Europea de Derechos Humanos, que protege el derecho de los padres a transmitir a sus hijos la visión de la sexualidad que esté de acuerdo con sus creencias. “Por tanto, es perfectamente legal que los padres decidan no llevar a sus hijos a las clases y actividades de la educación estatal. Irene Wiens está encarcelada por proteger a sus 4 hijos (entre 10 y 16 años) de una educación sexual interactiva que no coincide con su visión de la sexualidad”, afirma.
NO ES UN CASO AISLADO
Desde 2006 ADF haya contabilizado en Alemania 35 casos de padres condenados por no llevar a sus hijos a este tipo de actividades estatales.Las condenas van desde multas que oscilan entre los 200 y os 1.200 euros, hasta la prisión.
Días atrás, la Asociación de Profesionales por la Ética difundió una Declaración por el reconocimiento del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones en la que califica de inaceptable la represión sufrida por esta madre alemana y recuerda que la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales y la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, así como el pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos garantizan el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones.
El respaldo a la declaración viene siendo contundente: además de los miles de ciudadanos anónimos, se están sumando en su apoyo asociaciones de 9 países y 4 continentes (Europa, África, Asia y América).
“Esta declaración”, explica Leonor Tamayo, responsable del Área Internacional de Profesionales por la Ética, “será enviada al Gobierno federal alemán y a los gobiernos de los diferentes estados alemanes, al resto de gobiernos de países de la UE y a las instituciones europeas con competencia en derechos y libertades fundamentales. La libertad de educación está siendo dramáticamente vulnerada en Europa, el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones no se respeta en España desde el año 2007 cuando se implantó Educación para la Ciudadanía, y hace años ya que tampoco se respeta en Alemania donde, además, los padres que se niegan a aceptar la intromisión del Estado en la educación de sus hijos tienen que pagar elevadas multas o ir a la cárcel”.
ADHESIONES
Las entidades que se han adherido a la declaración son Profesionales por la Ética, Red Europea del Instituto de Política Familiar, Castellón Educa en Libertad, Asociación de Docentes Sto. Tomás de Aquino, Hazte Oir, Madrid Educa en Libertad, Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza. ADVCE; Chequeescolar.org, Asociación Cultural “Unión en Defensa de la Familia” (UDEFA), VAEL, Asociación Católica de Maestros de Valencia, Fundació Acció Per L’Educació, periódico La Esfera Digital, Periodistas en Acción, Plataforma de padres por la libertad Objetores.org, Fundación Mujer, Familia y Trabajo, Federación Educación y Desarrollo en Libertad (FEDEL) (España); FICH- Unum Omnes (Italia); International Alliance of Catholic Knights (Irlanda), New Women for Europe (Bélgica); World Youth Alliance (EEUU, Kenya, Bélgica Mexico y Filipinas).
Para adherirse a la declaración (ciudadanos): Entrar en www.profesionalesetica.org y pinchar en el banner “Apoya a la madre alemana encarcelada”.

Fuentes: ReL P+D, protestantedigital

miércoles, 16 de marzo de 2011

¿Ayunar salva a los pobres de su ayuno?

Justo comenzamos este Miércoles de Ceniza la estación litúrgica de Cuaresma, enmarcada en los cuarenta días previos a la Pascua de Resurrección, estos cuarenta días motivados por el ejemplo de Jesús en el que, justo antes de comenzar su ministerio público y a raíz de su bautismo, pasó 40 días en el desierto ayunando, según dicen las Escrituras.

Por. Eduardo González Hernández (*)
Es bueno saber que el ayuno como práctica no es algo original del cristianismo, ni tan siquiera del judaísmo, otras religiones más antiguas que éstas también han tenido el abstenerse de comida como practica religiosa.
Aunque muchos atribuyen a la Biblia la responsabilidad de esta experiencia, las Escrituras no ordenan que los cristianos ayunen. No es algo que Dios requiera o demande de los cristianos. Pero, al mismo tiempo, la Biblia presenta el ayuno como algo que es bueno, beneficioso y esperado.
El libro de Hechos registra el ayuno de creyentes antes de hacer decisiones importantes (Hechos 13:4; 14:23). El ayuno con frecuencia va ligado a la oración (Lucas 2:37; 5:33). Creemos casi siempre que el objetivo del ayuno es la falta de alimento. En cambio, el propósito del ayuno, según los más fundamentalistas de nosotros, debe ser quitar tus ojos de las cosas de este mundo y concentrarte en Dios, una manera de demostrar a Dios, y a ti mismo, que tomas en serio tu relación con Él. El ayuno, según algunos, te ayuda a obtener una nueva perspectiva y una renovada confianza hacia Dios.
Como si Dios necesitara eso, como si fuera de esa forma en que, de verdad, se llega a una relación con el Padre. Hasta pudiera decir que resultaría todo más fácil. El ayuno, como todas las demás prácticas rituales de las religiones han sido observadas, es un mecanismo o medio de cambio a través del cual podemos lograr “cosas” que necesitamos de Dios.
Pero el abstenerse de comida no nos cambia a nosotros. El ayuno no nos hace más devotos o espirituales que otros.
Los grandes profetas judíos entendieron y explicaron, de modo magistral, el sentido verdadero de esta práctica (Is. 58; Miq. 6,8...). Y Jesús, nuestro Maestro, nos enseñó con su doctrina y su praxis que lo que entra por la boca no mancha al hombre; que no se debe ayunar en un banquete de bodas, cuando el novio está presente; que se debe ayunar en cambio de todo egoísmo, de toda injusticia, de toda avaricia, de toda maldad (Mc. 2,18-22; 7,15-23). Si el ayunar fuera un mérito, tendríamos que canonizar a todos los millones de hambrientos de la tierra. No es el comer o el ayunar lo que importa, sino el espíritu con que se come, se ayuna y sobre todo se vive.
Jesús ayunó como el mayor de los ascetas y compartió la mesa de los ricos y los pobres, de los justos y los pecadores, hasta granjearse el calificativo de «comilón y borracho» (Mt. ll,l9).
Tradicionalmente, el Miércoles de Ceniza y en la Cuaresma toda, los cristianos como práctica “espiritual” ayunan. Habría que ver qué tanto por ciento. Pero, ¿a qué se reduce ese día de ayuno? ¿Por qué y para qué y cómo ayunamos? ¿Para cumplir o para hacer obras buenas? ¿Para imitar a Cristo en el desierto? No sé si ganaremos méritos, ¿pero ganan algo los pobres con nuestro ayuno? ¿Dejan de ayunar por eso los hambrientos del mundo? Porque éste es el problema; si el hambre es el mayor castigo y el mayor pecado de nuestro tiempo, ¿no resulta ridículo y hasta burlesco el que ayunemos un día, para seguir tranquilos sintiéndonos buenos cristianos el resto del tiempo? ¿Es caso el ayuno adoración o servicio?
Yo puedo alabar a Dios si me privo de un alimento y puedo alabar a Dios si tomo un alimento, pero alabo mejor a Dios si comparto el alimento. Un vaso de agua bebido y agradecido es un acto virtuoso; un vaso de agua esparcido en la tierra como ofrenda a Dios es también un acto virtuoso, pero no necesariamente más que el primero. Y aún existe otra alternativa mejor: dar ese vaso de agua al prójimo que lo necesita. Ese vaso sí que lo bebe Dios. Sea éste nuestro ayuno. No el ayuno que me impone una ley, sino el que me pide la solidaridad y la necesidad del otro y la otra.
Estamos en Cuaresma. ¡Ayunemos desde la solidaridad, desde nuestra preocupación por este planeta y los seres que en él vivimos, a los que estamos exterminando con el uso desmedido y egoísta que hacemos de los recursos naturales! Hoy sólo se puede hablar de ayuno gritando la injusticia en que vivimos. Hoy sólo se puede ayunar luchando para que otros no tengan que ayunar por obligación. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor, la impotencia y la rabia de los millones de hambrientos.
Sin lugar a dudas, ayunar es amar. Pero el ayuno que Dios quiere sigue siendo el de partir tu pan con el necesitado, el privarte no sólo de los bienes superfluos, sino aún de los necesarios en favor de los que tienen menos, el dar aliento al que no tiene esperanza o ayudar a solucionar el problema del que quedó sin fuente de subsistencia, el curar a los que están enfermos de cuerpo o de espíritu, el liberar al alcohólico, al drogadicto o prevenir su caída, el denunciar toda injusticia, el dar amor al que está solo y a todo el que se te acerca.
Ayunar es amar. No demos importancia a la comida de la que se priva un satisfecho. Demos importancia a la comida que posibilitamos alguien con el estómago vacío. No importa quedarnos nosotros un día sin comer. Sí importa dar a Dios un día de comer. Pues como dice Jesús, el paradigma de nuestro vivir, en Juan 4:34: “Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y que acabe su obra.”
Sea, pues, nuestro ayuno voluntario el impedir los ayunos obligados de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar. Ayunemos para saber decir no a la oferta seductora de las cosas que nos llevan a invertir nuestros talentos y esfuerzos en causas y cosas que nada construyen. Ayunemos se más libres y dar libertad. Y ayunemos para la austeridad. Ayunemos de sembrar cizaña y división para que haya paz, ayunemos de acaparar cosas que no necesitamos para que los que verdaderamente las necesiten no tengan que ayunar de ellas por obligación.
Ayunar no es una virtud, aunque nos puede hacer virtuosos según San Juan Crisóstomo
Cuando dijo: “Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande.”
Por eso en esta Cuaresma, hermanos y hermanas, hagamos del ayunar una virtud:
Ayunemos de palabras hirientes y transmitamos palabras bondadosas.
Ayunemos de descontento y llenémonos de gratitud.
Ayunemos de enojos y llenémonos de mansedumbre y paciencia.
Ayunemos de pesimismo y llenémonos de esperanza y optimismo.
Ayunemos de preocupaciones y llenémonos de confianza en Dios.
Ayunemos de quejas y llenémonos de las cosas sencillas de la vida.
Ayunemos de presiones y llenémonos de oración.
Ayunemos de juzgar a otros y descubramos a Jesús que vive en ellos.
Ayunemos de tristeza y amargura y llenémonos de alegría el corazón.
Ayunemos de egoísmos y llenémonos de solidaridad con los demás.
Ayunemos de falta de perdón y llenémonos de actitudes de reconciliación.
Ayunemos de palabras y llenémonos de silencio y de escuchar a otros para encontrar en la experiencia, no solo de estos cuarenta días, sino del diario vivir la virtud de ser como aquél que se dio a sí mismo por amor a los demás.
(*) Pastor de la Iglesia Bautista “Enmanuel” en Ciego de Ávila, Cuba
y coordinador general de la Coordinación Obrero-Estudiantil Bautista de Cuba (COEBAC)

Fuente: ALC

martes, 15 de marzo de 2011

Iglesia Y Estado. Qué Piensa La Gente En La Argentina.

Por Hilario Wynarczyk. (*) Buenos Aires., Argentina.
“Usted puede tener tres clases de relaciones con príncipes, gobernadores, y opresores. La primera y peor es que usted los visite a ellos, la segunda y la mejor es que ellos lo visiten a usted, y la tercera y la más segura, que permanezca lejos de ellos, de tal modo que ni usted los vea a ellos ni ellos lo vean a usted”. Abu Hamid Muhammad al-Ghazzali. (**)
Al hablar de laicidad del Estado en la Argentina, la influencia de la Iglesia Católica Romana es el problema recurrente, enfocado por lo general como una situación de monopolio dentro del campo de fuerzas constituido por el conjunto de las religiones presentes en el país. Al mismo tiempo los líderes evangélicos, sobre todo los conservadores bíblicos (la inmensa mayoría de un colectivo que tal vez supera los cuatro millones de personas), saben que el movimiento religioso que protagonizan es importante, y por momentos parece que algunos de ellos desearían gozar del estatus de actores de un duopolio, en vez de un monopolio.
El punto de origen de este problema de asimetrías se encuentra, desde el punto de vista jurídico, en la Constitución Nacional. Indica la Carta Magna en el primero de sus artículos que la nación es una República, y en el siguiente, afirma que la República sostiene al culto católico apostólico romano.
Ambas definiciones parecen el resultado de una transacción entre sistemas filosóficos en competencia a la hora de discutir la Constitución en los albores de la segunda mitad del siglo XIX, cada uno con su correlativo andamiaje político. Más tarde la perspectiva se extiende y amplifica en el derecho positivo hasta el artículo 33 del código civil, la Ley de Culto y el Registro Nacional de Cultos, que organizan un estatus jurídico privilegiado para la Iglesia Católica, y un estatus de organizaciones religiosas de segunda clase para las demás.
Dentro de ese panorama tiene sentido preguntar cuál es la opinión del público.
Pocas informaciones tenemos para darle una respuesta a esa pregunta, pero datos recientes, extraídos de la investigación de la Consultora Poliarquía (realizada por encargo del diario La Nación en septiembre del año 2010), son ilustrativos y brindan algunas pistas para la comprensión de un panorama que demandaría estudios más específicos. Las estadísticas a las que tuve acceso provienen de un artículo firmado por Laura Oliva en la Sección “Enfoques” del diario La Nación del domingo 24 de octubre de 2010. Pero el análisis que aquí expongo es independiente por completo del que hizo esa periodista.
Aunque la encuesta de Poliarquía no nos permite saber si la gente está de acuerdo con la existencia de un estatus jurídico asimétrico en favor del culto católico, pone de manifiesto que tan sólo el 12 % de la muestra consultada opina a favor de que el Estado le brinde asistencia económica a la Iglesia Católica Romana.
En un punto intermedio, existe un número significativo, del 41%, que piensa que el Estado debería ayudar a todas las religiones.
En el otro extremo, un 42 % se pronuncia en contra de que el Estado asista con dinero a las religiones.
Para decirlo de un modo breve, esto significa que a la gente consultada en esta muestra no le interesa mayormente que el Estado sostenga religiones. Y, observado en particular, el interés en que el Estado asuma el sostén de la Iglesia Católica Romana es muy escaso (una de cada diez personas consultadas se inclina en esa dirección).
Hasta ahí hablamos de la contribución al sustento económico de un culto determinado, cuya gravitación social depende en realidad de otros nexos históricos con organizaciones del Estado, la sociedad y la cultura, a través de méritos propios bastante claros en el rubro de la educación. Desde esta perspectiva que va más allá de lo jurídico, es notorio por ejemplo, que los obispos de la Iglesia Católica Romana logran una notable presencia crítica en temas de justicia social y han sabido en los últimos tiempos actualizar su lenguaje poniéndolo en consonancia con el paradigma del sistema democrático y la defensa de las instituciones que lo articulan.
Sin embargo los datos de la misma encuesta permiten saber que un alto porcentaje de los consultados está de acuerdo, aunque este acuerdo varía en niveles de intensidad, con la idea de que las autoridades religiosas no deberían intentar influir en lo que la gente vota en las elecciones (78%) ni en las decisiones de gobierno (77%). El dato es llamativo, pese a que ignoramos el formato que realmente tenía la pregunta al ser planteada a los encuestados.
En definitiva, aunque son muy básicas, estas cifras contribuyen a desacreditar la idea de que en la Argentina existe un poder religioso hegemónico y parecen poner de manifiesto cierto grado de consenso a favor de la clara separación entre las esferas del Estado y la religión.
Si es así, estas informaciones desafían cualquier pretensión de ejercicio de influencias de la religión sobre el Estado y la vida cívica, si está formulada con intenciones hegemónicas, que no distan en última instancia de ser derivaciones de una matriz autoritaria.
Aparentemente habría un espacio abierto en la sociedad para la cooperación entre las religiones y el Estado, en un clima de pluralismo responsable capaz de contribuir a darle una nueva forma a la nación en el curso de su historia.+ (PE)

(*) El autor es Doctor en sociología y se especializa en la investigación de temas del campo evangélico.
(**) Cita extraída del libro de José Casanova, “Public religions in the Modern World”, publicado por The University of Chicago Press, 1994. Página 48.
PreNot 9392




Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
54 291 4526309. Belgrano 367.
Cel. 2914191623
Bahía Blanca. Argentina.
www.ecupres.com.ar
asicardi@ecupres.com.ar

lunes, 14 de marzo de 2011

Testimonio personal: Reencuentro milagroso con Dios en una patera

Por. Beatriz Garrido, Daniel Hofkamp, España*
El cristiano ghanés Emmanuel Yawson reencuentra la fe tras perderla y embarcarse en un endeble cayuco buscando la muerte.
La historia de Emmanuel Yawson comienza en Ghana. Su familia iba regularmente a una iglesia pentecostal, donde aprendió a conocer a Dios de una forma real y personal. El joven Emmanuel tenía sueños por cumplir y se fue del país, a Gambia, buscando un futuro más próspero. Pero lo que allí vivió le obligó a cambiar todos sus planes.
“En Gambia estuve viviendo tres años. Cuando llegué me integré, conseguí empleo como delineante en una empresa constructora”, cuenta Emmanuel, que reconoce que allí se integró en una iglesia e intentaba ayudar a las personas con más necesidades de la comunidad. “Iba bien, daba muchos ingresos”, hasta que “surgieron problemas. Mis socios me estafaron, quedándose con mi mercancía y vendiéndosela a otros”.
La frustración se apoderó de un joven que había trabajado muy duro para verse, repentinamente, sin nada. “Me preguntaba ¿por qué Dios permitió que me pasara esto? Empecé a dudar sobre la existencia de Dios”, explica sincero. “Nadie me daba respuestas. Te preguntas ¿dónde está Dios, el que debería protegerte o cuidar de tus intereses? Empecé a creer que este Dios no existía. Dejé de ir a la iglesia”.
A la necesidad materuial se unió otra más profunda, la necesidad de respuestas, una necesidad profundamente espiritual. “En el momento de la rabia, del enfado, de todo culpaba a Dios. Yo pensé 'Si este Dios existe y él juzgará a todos los muertos, la muerte es la única forma de comprobar si existe de verdad". Como no tenía valor para matarse, "me junté a unos chicos que me contaron que viajaban a España. Iban en cayuco. Uno de ellos me dijo que en el anterior viaje, ese mismo cayuco se había partido en dos”.
Emmanuel embarcó en un cayuco junto a otras 123 personas, todos hombres. “No entiendes por qué estás ahí. No crees que llegarás a esto”, confiesa. La realidad es que el viaje en patera se desarrolla tal y como él imaginaba: lleno de peligros.
LA FIEREZA DEL MAR
“Estuvimos once días en el mar. Hubo muchos sucesos. El día 9 estábamos en el mar de Marruecos, cruzando a Europa, y hubo una tormenta muy fuerte. El cayuco se rompía, se estaba abriendo en dos. Tiramos cuerdas para intentar sujetarlo. El barco medía unos quince metros”, detalla Emmanuel en una entrevista en Protestante Digital.
El barco seguía resquebrajándose en medio de la tormenta. Emmanuel recuerda cómo se organizaban para luchar por sobrevivir: “Había seis personas recogiendo el agua que estaba entrando. Había agujeros y no teníamos como taparlos. Nos quedaba poco para que se hundiera el barco”.
Con el paso de las horas, la frustración comenzó a hacer mella en los pasajeros. Hasta los líderes de la embarcación admitían que “no llegaríamos a nuestro destino”. Una situación extrema que llevó al capitán a pedir a sus pasajeros que orasen, cada uno a sus dioses. “Empezaron los nativos haciendo rituales con una bebida alcohólica, pidiendo a la madre naturaleza que nos salvara. Luego, los senegaleses musulmanes cantaban, creo que en árabe, y todo seguía igual, todo se rompía”.
“Finalmente – recuerda Emmanuel – nos tocó a los cristianos. Yo, con todo lo que me había pasado, lo último que quería era orar a Jesús. Me metí en un agujero a descansar, con frío. Por unos minutos nadie decía nada. Entonces alguien empezó a tirar de mí mientras decía 'este es un pastor, le conozco, su padre es un pastor'. Y antes de decirles nada ya estaba allí en medio”. La situación era desesperada para todos. “Todo el mundo estaba allí llorando. A la hora de morir todos están desesperados. Es una escena muy triste, caras que nunca se olvidan”.
Emmanuel entendió en ese momento que no tenía más renmedio que orar. “Subí al medio y empecé a orar. Oré con enfado. Antes de orar dije que sabía que todos iban a morir igual. Yo pensaba que nadie se iba a salvar”. Sin embargo, venció su incredulidad y se puso a orar.
“Algo curioso pasó – cuenta Emmanuel -. Mis oraciones en casa no duran mucho. Pero aquel día estuve más de seis minutos orando. Sabía lo que decía, y escuchaba a la gente diciendo 'amén'. Escuchabas el viento y el mar. Y en medio de la oración escucho al que llevaba la máquina: estamos a flote, Dios nos ha salvado. En aquel momento, todo el mar estaba en calma alrededor del barco, era como si la tormenta se hubiera parado de golpe”. “Yo en aquel momento no lo creía”, se sincera Emmanuel, que había huido buscando a Dios a través de la muerte y era éste quien le estaba buscando a él.
UNA VIDA TRANSFORMADA
Tras la tormenta y el reflote del barco, el viaje continuaba, aunque sin demasiadas esperanzas aún. “Estuvimos dos días más viajando, hasta que llegamos al mar de Canarias, cuando nos quedaban unos 80 km para llegar. La comida se acabó, el agua también, lo mismo la gasolina”. Una vez más la situación se volvía extrema, cuando “apareció un avión del ejército, que sacó unas fotos. Sobre las nueve de la noche vino el barco de salvamento marítimo. Nos recogieron a nosotros y hundieron el barco”, recuerda Emmanuel. “Todos se salvaron”.
Ya en España, Emmanuel pudo reconciliarse con Dios. “Encontré trabajo, pude pagar las deudas, comencé a pensar con mucha claridad. Cuando era joven preguntaba a mis padres ¿por qué vamos a la iglesia? Yo no quería ir porque ellos fueran. Yo buscaba un motivo para que Dios fuese mi Dios. Todo este incidente del robo, del cayuco, me demostró que hay un Dios que vive. Cuando yo oré, pasó algo. Creo que Dios me quería decir algo, que no tengo que morir para saber que él está ahí”.
Emmanuel Yawson vive ahora en Pontevedra, donde se congrega en una iglesia. Hasta canta en el grupo de alabanza cada domingo. “Mi relación con Dios es mucho mejor ahora. Mejor que hace años. Toda la experiencia que tuve, tenía que superarla para poder llegar a otro nivel en mi vida cristiana. Uno tiene que pasar por pruebas para llegar a la siguiente fase. Pude terminar en la iglesia adecuada. He aprendido muchísimo, aprendiendo lo que he vivido con estas personas, sabiendo lo que Dios es capaz de hacer en nuestros momentos más difíciles”.
Y su experiencia también le ha dejado un mensaje que compartir con los demás. “Cuando pasas por estas cosas, solo piensas en el dolor, a veces en la venganza. Pero una persona tiene que ser capaz de mirar un poco más allá, y poner su fe en Dios. A menudo no hacer preguntas como ¿por qué?, sino ¿para qué? Las preguntas deben hacerse y en el momento debido Dios las responde”.
MULTIMEDIA

Cristiano ghanés reencuentra a Dios en un cayuco from Protestante Digital on Vimeo.

Autores: Beatriz Garrido, Daniel Hofkamp*
© Protestante Digital 2011

domingo, 13 de marzo de 2011

LA ESPIRITUALIDAD DEL REINO DE DIOS (EN JESÚS Y EN NOSOTROS)

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México.

Cuando doy de comer al pobre me dicen que soy un santo; cuando pregunto por qué pasa hambre, me acusan de comunista. Hélder Cámara

1. El reino de Dios, utopía y proyecto de Jesús
Puede decirse, con apego al testimonio de los Evangelios (sobre todo los tres primeros) que la gran utopía de Jesús fue el reino de Dios, al que dedicó todas sus fuerzas y pensamientos, pues además se ser su utopía también fue el proyecto que promovió en palabra y en obra, el cual, por estar en marcha fue la razón que lo llevó a la cruz. En otras palabras, la fidelidad de Jesús al proyecto del Reino de Dios lo condujo a la muerte. Y todavía más: la espiritualidad con que asumió ese plan divino, la espiritualidad del Reino de Dios, fue lo que lo sostuvo y mantuvo en medio de la incomprensión y el rechazo. De ahí que a la hora de sentar las bases espirituales requeridas para asumir el compromiso con esta nueva manera de entender y vivir la acción de Dios en la historia en el famosísimo “Sermón del Monte” (aunque en la versión del evangelio de Lucas es más bien el “sermón del valle”), Jesús estableció no sólo formas de comportamiento y obediencia acordes con las exigencias del Reino de Dios sino también, y de manera más extensiva, una espiritualidad y una ética consecuentes con el horizonte utópico demandado por la esperanza y la práctica de las nuevas condiciones de vida anunciadas por él. El desafío para nosotros hoy, según la formulación de José María Vigil, es “creer como Jesús creyó en el Reino”, es decir, hacer nuestra la plataforma espiritual con que Jesús de Nazaret asumió la tarea de vivir de acuerdo con los lineamientos del Reino de Dios ya presente en el mundo, aunque siempre de manera conflictiva: “Creer hoy, nosotros, en nuestro mundo actual, como Jesús creyó en medio de aquel mundo de la imperial pax romana. Eso es ser cristiano, ser seguidor de Jesús. Y, por eso, porque se trata de creer como él, ha de hacerse con su mismo Espíritu, con aquella su ‘espiritualidad del Reino’”.[1]
El “Sermón del Monte” es la nueva carta magna del Reino de Dios para la vida de los seguidores, hombres y mujeres, de Jesús, y el anuncio profético de las nuevas condiciones mediante las cuales se da la presencia de ese reino en el mundo, a contracorriente de las tendencias ideológicas predominantes. En primer lugar, hay que preguntarse sobre cuál es la imagen de Dios, del Dios del Reino, que brota de ese mensaje de Jesús. Como resume Vigil:
Muchos creen en Dios, pero son ya menos los que creen en el Dios de Jesús, o lo que es lo mismo, son menos los que creen en Dios «como creyó Jesús». El no creyó en un Dios ajeno a la historia, ni creyó en él como algo en sí mismo, de lo que se pudiera hablar como separado de nosotros. El Dios de Jesús es un Dios del que hay que hablar siempre como de una realidad dual: Dios y el Reino. Dios del Reino, y Reino de Dios. Un Dios sin Reino (lamentablemente tan común entre cristianos) nada tiene que ver con la fe de Jesús […]
Si una vivencia religiosa o un texto (aunque sea un documento eclesiástico) hablan de Dios sin hablar del Reino, no reflejan la espiritualidad de Jesús […]
El Dios de Jesús es siempre un Dios con una voluntad, con un proyecto, con una utopía: Dios “sueña” un mundo distinto, nuevo, renovado, digno del ser humano y digno de Dios. Y ese proyecto, esa utopía se llama -en las mismísimas palabras de la boca aramea de Jesús- malkuta Yahvé, Reinado de Dios.[2]
Jesús enseña en este gran “sermón” a conectar la existencia con una manera nueva y libre de ver y vivir a Dios ya no como una “realidad doctrinal”, pues se trata más bien de experimentarlo como un Dios activo y actuante en el mundo conflictivo para instaurar su Reino de paz, justicia y armonía, como verdadera utopía divina: “Un cristianismo sin el Reino como utopía, como Causa por la que vivir y por la que morir, un cristianismo que crea que las utopías -o la historia- ya llegaron a su final... poco o nada tiene que ver con Jesús. Él creyó muy de otra manera” (Idem).
2. Una espiritualidad del Reino en acción
Si, en efecto, el Reino de Dios, centro de la fe y acción de Jesús, “no era de este mundo” (Jn 19.36), eso no significa que no deba hacerse realidad en la historia y en la existencia humanas, ya se encuentra en medio del mundo impulsando procesos emancipadores en distintos niveles y en todos los aspectos. Jesús se refirió a eso cuando dijo: “Si expulso los demonios es que el Reino de Dios ha llegado y está en medio de ustedes” (Mt 12.28; Lc 7.18-23). Al retrato de quienes desean vivir según los valores del Reino de Dios esbozado en las llamadas “bienaventuranzas” (Mt 5.1-12), le sigue la afirmación del sabor y la luz que deben dar al mundo, a la sociedad que resiste la acción bienhechora de Dios (5.13-16).
Los cristianos no podemos pronunciar las bienaventuranzas sin preguntarnos cómo somos instrumentos de paz, desde dónde luchamos por el reino de Dios y su justicia, cómo compartimos con los pobres o en qué se traduce la persecución del mundo que el evangelio nos asegura a los seguidores de Jesús. Estos temas no son algo accesorio del cristianismo; no son menos espirituales que el tratar de la oración, de la limosna o los ayunos; constituyen un reto, una tarea y una interpelación que llama al discernimiento personal y eclesial.[3]
Inmediatamente, Jesús se sitúa frente a la Ley antigua con toda libertad (5.17-20), como todos/as después de él también, a fin de denunciar proféticamente el abismo existente entre la doctrina y la práctica por parte de los representantes de la religión organizada. A partir de allí, Jesús va a radicalizar la ley mediante la fuerza intrínseca de la fraternidad profunda (5.21-26), al grado de que, cuando confronta esta radicalidad con las exigencias espirituales del Reino de Dios, no vacila en proponer una “espiritualidad desde la discapacidad voluntaria”, con tal de acceder a la aplicación de los valores de ese proyecto (5.27-32).
Sobre los juramentos (la verificación de la autenticidad de palabras y acciones), Jesús también es radical: la verbalización expresa la fidelidad a la verdad (5.33-37). Y en su relectura ética y espiritual de la Ley, tampoco cede espacio a la venganza, pues propone, ya desde ese momento, “un camino más excelente”, el de la humanización absoluta, sin margen para negociaciones: es la “ley del amor” (5.38-48), adonde Jesús se planta ante el Levítico y plantea la superación de una fraternidad restringida para subrayar la hermandad universal y concreta, lo cual ya es un esbozo de programa de acción para el ejercicio del amor cristiano: “La convergencia cristiana entre Dios y el prójimo exige pasar de la caridad con el individuo a la solidaridad colectiva, e integrar la justicia como mediación fundamental de la paz y del orden social. Hay que pasar de la caridad asistencial y puntual, siempre necesaria, a la estructural; del prójimo individuo al prójimo colectivo; de la denuncia de los pecados a la lucha contra las cristalizaciones del pecado en la sociedad”.[4]
En otras palabras, el Reino de Dios nos demanda más imaginación y solidaridad con las causas humanas auténticas para así lograr desmitificar la imagen de una religiosidad inoperante y pasiva, que existe sólo para adormecer voluntades y producir falsas seguridades. La espiritualidad del Reino nos exige sumarnos a las luchas y procesos que contribuyan a la humanización más plena. Por ello Jesús denuncia la espiritualidad exterior y sugiere una búsqueda de Dios que produzca verdaderos “solitarios solidarios” desde la experiencia de la oración del Reino, porque eso es el llamado “Padre Nuestro” (6.1-5) y el verdadero ayuno tampoco debe ser un acto de presunción espiritual (6.16-18), en la línea de la crítica profética de Isaías 58.3-7. Ya con la mente en la necesidad de dar instrucciones histórico-escatológicas para los discípulos/as en su peregrinaje por el mundo, Jesús exhorta a no preocuparse demasiado por las posesiones ni por el dinero (6.19-21), y en lenguaje simbólico, los llama a ser verdadera luz en el mundo (6.22-23).
Finalmente, la preocupación existencial exagerada (merimna, en griego) sería como el mal de nuestro tiempo, causante del estrés, algunas formas de depresión e incluso del trabajolismo (por los trabajólicos o “adictos al trabajo”) es aludida directamente por Jesús en la sección final del cap. 6 (vv. 24-34). La espiritualidad del Reino, debido al tipo de prioridades que coloca en nuestras vidas, es capaz de ayudarnos a salir de esta ansiedad. Si “los afanes de este mundo” (y no los del otro, los del mundo deseado por Dios) dominan nuestra conciencia, se restará en gran medida nuestra capacidad para acceder a los designios divinos para el crecimiento de los signos de su reino en el mundo y también para ser verdaderos y constantes promotores de dicha presencia. Si se busca, como principal preocupación el Reino de Dios (6.33) todo lo demás encuentra su lugar en una nueva escala de valores, igual que Jesús puso ese criterio en primer lugar para fundar su fe, su espiritualidad y, sobre todo, su práctica cotidiana. Por lo demás, el sabor a literatura sapiencial en las palabras de Jesús es inconfundible.
El sermón cierra con una serie de exhortaciones para vivir con la llamada “regla de oro” como premisa básica (7.7-14), a atender los signos de los tiempos en el discernimiento de los falsos profetas (7.15-20) y a fundamentar la vida entera en la roca que, una vez más, son los valores expuestos previamente, los del Reino del Dios de la vida, todo ello para instalar un cambio en las relaciones humanas, aunque ahora nos vengan a decir que Jesús fue todo, menos un revolucionario.[5]
[1] J.M. Vigil, “Creer como Jesús: la espiritualidad del Reino. Elementos fundantes de nuestra espiritualidad latinoamericana”, en Rebista Electrónica Latinoamericana de Teología, http://www.servicioskoinonia.org/relat/191.htm.
[2] Idem.
[3] J.M. Castillo, La espiritualidad de los laicos: en una iglesia de comunión. Madrid, Paulinas, 1992, p. 283. Énfasis agregado.
[4] Ibid., p. 282.
[5] Cf. M. Mora, “El Papa combate en su nuevo libro la idea de un Jesús revolucionario”, en El País, 11 de marzo de 2011, www.elpais.com/articulo/sociedad/Papa/combate/nuevo/libro/idea/Jesus/revolucionario/elpepisoc/20110311elpepisoc_6/Tes. El título del libro es: Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección.