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viernes, 2 de agosto de 2013

‘Mi marido me pega lo normal’, violencia de género

Repaso seis libros en torno al tema. Puede ser una guía para aquellas personas que deseen profundizar en esta lacra de la sociedad moderna.
En los primeros días de junio tuvo lugar en Madrid una exposición de obras sobre la llamada violencia de género o maltrato de mujeres. Ana María Pérez del Campo, presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas dijo en la inauguración: “hay que hablar desde el arte de lo que está ocurriendo en este mundo nuestro en el que empezamos a retroceder hacia el año 36”.
Algunos temas de la muestra reflejaban los problemas de la violencia contra las mujeres: ¿cómo se justifica el maltrato?, ¿cómo viven los niños las diferencias sexistas, ¿cómo se ocultan las heridas?, ¿cómo es posible que queden impunes declaraciones de determinados políticos?
El 20 de diciembre de 1993 las Naciones Unidas ratificaron la “Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer”. Según esa Declaración, por “violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico contra la mujer, así como las amenazas a tales actos, la coacción o privación arbitraria de la liberad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.
Desgraciadamente, el hombre de hoy no se rige por los principios de la Declaración. Los maltratos a las mujeres constituyen una epidemia que se extiende por todos los países del mundo, en unos más que en otros
En un informe de las propias Naciones Unidas se afirma que una de cada tres mujeres en el mundo sufre maltrato físico y sicológico por parte de los hombres. El mismo informe añade que este tipo de maltrato es la primera causa de muerte o invalidez en mujeres entre 15 y 44 años.
En este artículo repaso seis libros en torno al tema. Puede ser una guía para aquellas personas que deseen profundizar en esta lacra de la sociedad moderna.
 LAS SEMILLAS DE LA VIOLENCIA, por Luis Rojas Marcos, Editorial Espasa Calpe, Madrid, 228 páginas. Rojas Marcos, nacido en Sevilla, es profesor de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York. Dice que el objetivo de su libro es explorar la violencia entre las personas. Cree que la agresión sádica, repetida y prolongada se produce en los matrimonios y en las familias, “donde se manifiestan las hostilidades, las rivalidades y los más amargos conflictos”.
Rojas Marcos encuentra la semilla de la violencia en la génesis de la civilización, cuando Caín se alzó contra su hermano Abel y le arrebató la vida. Fue el principio del mal. Desde entonces, la violencia deviene una condición humana omnipresente e inevitable. En la sociedad actual, aparentemente pacífica, piadosa y de sólidos principios, la violencia está más arraigada que en tiempos pasados, especialmente la que se manifiesta en el maltrato a las mujeres, que con frecuencia suele llegar al crimen.
TRAUMA Y RECUPERACIÓN, por Judith Hernán, Editorial Espasa Calpe, Madrid 378 páginas. Un mensaje directo al corazón de la mujer maltratada. ¿Qué hacer para vencer las atrocidades de la violencia física? ¿Cómo sobreponerse a los malos tratos recibidos? ¿Por dónde empezar la curación? ¿A quién acudir?
La recuperación de los traumas que se padecen a casusa de los maltratos recibidos pueden tener varias fases: matar los recuerdos desagradables. Que la mujer esté segura de lo que quiere y de lo que hace. Compartir los problemas con otras mujeres que hayan tenido las mismas experiencias. Compartir experiencias e información puede ayudar. No encerrarse en sí misma. Tomar el control de la propia vida. Recuperar el control del cuerpo –dice Judith Hernán, profesora de psiquiatría en la prestigiosa Universidad de Harvard y autora de este libro – “supone centrarse en los ritmos biológicos: la alimentación, el sueño, las actividades diarias, los amigos, los familiares, la vida social”.
EL ROMPECABEZAS, por Miguel Lorente Acosta, Editorial Crítica, 304 páginas. Miguel Lorente disecciona en este libro los motivos y anatomía del maltratador, si bien aclara que no existe un perfil único de agresor. Para el maltratador, todos pueden ser argumentos suficientes con tal de justificar la demostración de poder y violencia que impone a la mujer.
Miguel Lorente es doctor en Medicina y Cirugía, profesor asociado en la Universidad de Granada y director del Instituto de Medicina Legal de esa misma ciudad andaluza. Según este autor, el hombre suele anteponer sus propias circunstancias a las de la mujer, “convirtiéndola más en un objeto de su posesión que en una compañera con la que compartir las emociones de los sentimientos y las realidades de la vida”.
Circula la idea de que el agresor es un hombre de nivel sociocultural bajo, con una educación deficiente, que abusa del alcohol o de otras sustancias tóxicas. No obstante, estudios modernos concluyen que el maltrato físico y sicológico a las mujeres se da también en las capas altas de la sociedad por hombres cultos no influenciados por el alcohol ni por las drogas.
MI MARIDO ME PEGA LO NORMAL, por Miguel Lorente Acosta, Editorial Planeta, Barcelona, 315 páginas. Un segundo libro del mismo autor. Aquí, Miguel Lorente sostiene que, por muy increíble que parezca, hay mujeres que sufren malos tratos y lo consideran como una consecuencia normal de la vida en común. Y pregunta: “¿cómo ha llegado a anidar en sus conciencias una noción de normalidad tan perversa?”.
El libro se abre con un prólogo de Victoria Camps. Dice la ilustre filósofa que “el maltrato corporal es la afrenta más vejatoria que puede ocurrirle a una persona. Consecuencias del maltrato son la destrucción de la confianza en uno mismo, la imposibilidad del auto-respeto y la pérdida de la autoestima”.
Siendo esto verdad, ¿cómo se explica que existan mujeres que como consecuencia de los mensajes que le manda el hombre en cada y entre cada agresión lleguen a pensar que el maltrato es normal y que se tienen merecido lo que les está pasando? En estas mujeres, la personalidad queda empequeñecida como un bonsái, permitiendo al hombre llevarla y traerla, ponerla y quitarla según su voluntad.
GRITOS SILENCIOSOS, por Paula Zubiaur, Ediciones Ámbar, Barcelona, 313 páginas. Ilustra la portada de este libro la fotografía realizada por Pau Guasch de una mujer de grandes ojos sorprendentemente abiertos, espantados casi, y un ancho esparadrapo cubriéndole toda la boca y parte superior de la barbilla. La imagen alude a los gritos del corazón procedentes de una mujer maltratada, gritos que nadie oye y de los que apenas se habla.
Este es un libro diferente. Un libro testimonio escrito por una mujer, Paula Zubiaur, sufriendo maltrato dentro de un matrimonio aparentemente perfecto. Ya en las primeras páginas la autora se confiesa: “fui torturada por mi marido de forma continuada a lo largo de interminables años. Ahora que todo ese sufrimiento queda ya tan lejos me decido a contarlo, a dejar testimonio escrito de lo que ocurrió y de cómo ocurrió”. Zubiaur escribe este libro para que los lectores comprendan cómo se siente una mujer maltratada.
APUNTES SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO, por Raquel Osborne, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 187 páginas. Otro libro sobre violencia de género escrito por una mujer. Raquel Osborne es doctora en Sociología y posee un Master en la misma materia por la Universidad de Nueva York. Enseña Sociología del Género en el departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
Osborne pone el énfasis en el maltrato y la violencia sexual como forma de control de las mujeres. Entiende que en la violación se conjugan dos elementos: la agresión y el sexo. Se da por sabido que las agresiones sexuales suelen resultar devastadoras para las mujeres que las padecen, hasta el punto de poder impedirles desarrollar con normalidad su vida cotidiana.
El hombre machista llega a creer que la violación y el maltrato deben ser aceptados sin rechistar. Una canción canaria del siglo pasado viene a confirmar esta aberración:
 Si tu marido te pega
 no llores, Lola,
 vale más llevar palo
 que dormir sola.

Autores: Juan Antonio Monroy

©Protestante Digital 2013

viernes, 18 de marzo de 2011

Violencia de género, un gran desafío para la misión de la iglesia

Graciela B. De Celis, Argentina.

El hombre de la seguridad nos miraba curioso. ¡Trabajando, un día feriado, para conmemorar el día de la mujer! Los cuadros y las fotos se colgaron en paneles para la exposición. Cuando todo estuvo listo, miramos satisfechos/as y festejamos con alegría cómo había quedado la presentación. El guardia daba vueltas alrededor nuestro, y cuando ya no pudo más nos lanzó su comentario: “Tanto día de la mujer ¿para qué?, ¿acaso los hombres tenemos un día?”.
Me sonreí, casi irónicamente, y por supuesto no dejé de contestar que los hombres no necesitan un día porque todos los días son de ellos, que el mundo está hecho por y para los hombres. Le expliqué, tomándome todo el tiempo necesario, para que me entendiera que siempre que hay “un día “ de algo, es porque ese algo ha sido marginado, excluido o han sido vulnerados sus derechos. El guardia me seguía mirando con curiosidad. “Piense en el día del niño, día del aborigen, día del discapacitado, día de la lucha contra la violencia de género, día del medio ambiente, día del agua, y así le podría nombrar muchos más. Estos días existen para remarcar un tema o a un grupo de personas que han sido dejadas de lado por la sociedad”, le contesté.
No se si mis argumentos lo convencieron, pero sí estoy segura que nos merecemos este día de la mujer. No para que nos regalen una flor o para que las organizaciones no agasajen con un te, sino porque nos merecemos tomarnos un espacio para reflexionar, para analizar en qué espejos nos estamos mirando para construir nuestra feminidad en este siglo XXI, en que espejos se deben comenzar a mirar los hombres para construir una nueva masculinidad. Una masculinidad que no nos someta, sino que nos permita caminar juntos en este proceso de surgimiento y construcción de la vida. Los espejos en los que nos hemos mirado en el pasado, salvo raras excepciones, entre ellas la de Jesús, no nos han servido.
Miren lo que esta sucediendo. Se dice que este siglo, es el siglo de los derechos y qué paradoja, la sociedad argentina se ha visto sacudida por el alarmante aumento de homicidios de mujeres. Según datos de la Corte suprema de justicia, en dos años ha habido 11.000 casos denunciados de violencia contra la mujer y estamos dando en estas cifras los casos que llegan a la justicias, porque muchos quedan escondidos, invisibles, ya sea por miedo o por vergüenza de las víctimas. De los 11.000 casos denunciados, sólo 9.000 hombres han sido acusados (eso no significa que hayan sido condenados). La impunidad de los agresores es espeluznante. Me sale de las entrañas gritar mundo de hombres, hecho solo para hombres. Es interesante analizar los fundamentos de los dictámenes que hacen los jueces, justificando la violencia ejercida hacia las mujeres.
En julio del 2010 se reglamentó Ley contra la Violencia de Género. En esta, se protege no solo de la violencia física, sino también de la psicológica, sexual y económica, tanto en el ámbito familiar como en el institucional, laboral o mediático. Sin embargo, y lo decimos con tristeza, los casos que se conocen diariamente y los datos oficiales demuestran que el problema está muy lejos de resolverse. Hasta podemos decir que hemos retrocedido. Es que ya sabemos que se necesita mucho más que una ley. Se necesita un cambio cultural, cambio que nos llevará bastante tiempo porque significa cambiar costumbres y conceptos erráticos sobre el ser humano.
Con dolor, reconocemos que la religión ha sido usada como instrumento de exclusión y sometimiento, en algunos casos a niveles aberrantes. La quema de mujeres no es una moda. Ha existido desde tiempos antiguos. La quema de “brujas” era una lección magistral para toda mujer que osara pensar diferente o no se sometiera a los designios de los hombres, por lo general escudados en un pretexto supuestamente de inspiración divina. El cristianismo no ha escapado a esto. Como mujer cristiana he tenido que lidiar entre lo que la iglesia me imponía en sus tradiciones y lo que yo entendía que decía el texto bíblico.
Creo que uno de los desafíos de la iglesia en este siglo XXI es que hombres y mujeres hagamos una relectura de la Biblia, con el sincero deseo de encontrar lo que Dios nos quiere decir, buscando la verdad y el camino que el Señor quiere que sigamos, como personas creadas (hombre y mujer) a imagen y semejanza de El. Que podamos discernir qué es tradición cristiana y qué es Palabra de Dios. Hagámonos preguntas, hagámosle preguntas al texto. El Señor Jesús no le tenía miedo a las preguntas. Como dice siempre el Dr. René Padilla, la pregunta era el método pedagógico de Jesús.
Cuando a partir del texto bíblico (Gn 1-3 y los Evangelios) podamos pensar en nuevas formas de relacionarnos entre hombres y mujeres, entonces estaremos en condiciones de comenzar a definir qué es ser femenino y qué es el ser masculino en este siglo, siguiendo el ejemplo de Jesús y las políticas de su reino.
El otro desafío que veo para la iglesia en este siglo es cuál va a ser nuestro rol en el tema de la violencia de género (mujeres y niñas). ¿Nos quedaremos mirando con horror y acusación el pecado de la sociedad (del que nosotros también somos parte), o asumiremos el compromiso que Dios nos pide ante el sufriente y su rol profético ante la sociedad?
“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Y a se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios! Miqueas 6.8

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