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lunes, 13 de noviembre de 2017

EL LEGADO DE LA REFORMA

Por. C. René Padilla, Argentina
El 31 de octubre del año en curso se celebró a nivel mundial el quinto centenario de la Reforma Protestante. Desde hace ya mucho tiempo, cada año se ha venido recordando que, según la tradición, en el último día de octubre de 1517 Martín Lutero clavó sus 95 Tesis en la puerta de la Iglesia de Wittemberg, Alemania. Sin embargo, cabe anotar que ese sacerdote agustino estuvo precedido por varios otros religiosos que lo antecedieron en su lucha por lograr que la Iglesia Católica Romana retomara el camino de fidelidad al Evangelio de Jesucristo sobre la base de la enseñanza bíblica. Entre ellos sobresalen el inglés John Wycliffe (1320-1384), el checo Jan Hus (1369-1415) y el florentino Girolamo Savonarola (1452-1498). Lejos de lograr su objetivo, estos tres predecesores de Lutero fueron condenados a muerte como herejes.
No hay registro de las víctimas de la intolerancia religiosa que pagaron el mismo precio por haber elegido el camino de la reforma. Los países latinoamericanos, en general, nacieron como países católicos romanos, colocados desde sus inicios bajo el signo de la Inquisición. Con alguna excepción (pienso especialmente en el Ecuador), hasta hace menos de un siglo era imposible nacer, casarse, morir y hasta ser enterrado fuera de la Iglesia Católica Romana: no había registro civil independiente, y la única manera de registrar estos acontecimientos “oficialmente” era por medio de esa Iglesia. En los siglos XVI y XVII los tribunales de la Inquisición española tomaron los recaudos necesarios para impedir que la semilla de la Reforma germinara y floreciera en términos de iglesias calificadas como “herejes”. Esta situación cambió paulatinamente como resultado de la descolonización producida por las guerras de la Independencia en el siglo XIX. Sin embargo, el nuevo capítulo de la historia del Protestantismo en América Latina que comenzó a escribirse a partir de ese entonces se escribió con sangre derramada por el fanatismo religioso católico romano al amparo de gobiernos que no incluyeron la libertad de culto en sus constituciones, casi todos ellos hasta muchos, muchos años después de la gesta emancipadora.
Con este trasfondo histórico, sorprenden los radicales cambios que han estado sucediendo en el escenario religioso de nuestro continente, especialmente en lo que atañe a la relación entre el Catolicismo Romano y el Protestantismo desde hace más o menos un siglo y especialmente desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) y el aggiornamento promovido por el Papa Juan XXIII. Poco a poco en casi todo el territorio latinoamericano ha ido despejándose la densa neblina que por varios siglos cubría la relación entre la Iglesia Católica Romana y las iglesias herederas de la Reforma Protestante. Una de las expresiones más claras de ese cambio es la Declaración conjunta luterano-católico romana sobre la doctrina de la justificación por la fe, firmada el 31 de octubre de 1999, bajo Juan Pablo II, de la cual da cuenta el panfleto publicado en castellano bajo el título Del conflicto a la comunión. Tal Declaración conjunta fue la culminación de un largo proceso de diálogo en el cual participaron no sólo católicos romanos y luteranos sino también cristianos de varias otras denominaciones evangélicas. El mismo acercamiento católico-protestante es representado y hasta profundizado por el Papa Francisco, quien ha expresado públicamente su convicción que Lutero no fue un hereje sino un reformador que, motivado por su deseo de ver el retorno de la Iglesia al evangelio de Jesucristo, dio un gran paso para poner la Palabra de Dios en manos del pueblo. Y en anticipación de la celebración de los 500 años de la Reforma, en la Catedral de Lund, Suecia, el 31 de octubre de 2016, declaró que “la experiencia espiritual de Martín Lutero nos interpela y nos recuerda que no podemos hacer nada sin Dios. ‘¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?’ Esta es la pregunta que perseguía constantemente a Lutero. En efecto, la cuestión de la justa relación con Dios es la cuestión decisiva de la vida. Como se sabe, Lutero encontró a ese Dios misericordioso en la Buena Nueva de Jesucristo encarnado, muerto y resucitado. Con el concepto de ‘sólo por la gracia divina’, se nos recuerda que Dios tiene siempre la iniciativa y que precede cualquier respuesta humana, al mismo tiempo que busca suscitar esa respuesta. La doctrina de la justificación, por tanto, expresa la esencia de la existencia humana delante de Dios”.
A la luz de este reconocimiento de la validez del énfasis central de la Reforma expresado nada menos que por la máxima autoridad de la Iglesia Católica Romana, no sorprende que este pasado 31 de octubre, al cumplir el quinto centenario de la Reforma, se realizara en la Catedral de San Isidro, Provincia de Buenos Aires, un culto de conmemoración de la Reforma Protestante organizado por el grupo ecuménico, con la participación de la mayoría de las iglesias evangélicas de la Zona Norte de Buenos Aires.
Sin embargo, no faltó la nota discordante: a la entrada a la Catedral, un grupo de militantes antiprotestantes repartió un volante con el siguiente mensaje:


Luego, durante la predicación, el grupo en mención, gritando a voz en cuello, entró al lugar donde se estaba celebrando el culto. La respuesta no violenta que recibieron los agresores fue la mejor que se les podía dar: el coro de la Cámara Santa Rita, que ya antes había cantado “Señor, ten piedad de nosotros” (de la Misa Criolla), repitió inesperadamente la misma canción y toda la numerosa congregación se puso de pie y unió sus voces a las del coro. Probablemente la oración más apropiada frente al fanatismo que a lo largo de la historia ha frustrado el diálogo y ha obstaculizado la búsqueda de la unidad en Cristo.

Fuente: El blog de René Padilla, 2017.


domingo, 12 de noviembre de 2017

“En los 500 años de la Reforma, conmemoramos lo que nos une y no lo que nos separa”: un diálogo con Wanda Deifelt

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
Wanda Deifelt es brasileña, doctora en Teología (por el Seminario Garrett y la Universidad del Noroteste, Illinois) pastora de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana y doctora Honoris causa por la Universidad de Oslo, Noruega. Luego de varios años como profesora en la Escuela Superior de Teología de su país (1991-2004), actualmente ejerce la docencia en el Seminario Lutero, de Decorah, Iowa, donde ofrece cursos sobre luteranismo. Ha sido profesora visitante en India y Canadá, colaboradora en varias instancias internacionales de su confesión (participó directamente en la época en que se redactó el documento conjunto católico-luterano sobre la doctrina de la justificación por la fe, en 1999) y fue miembro del consejo consultivo del Instituto Ecuménico de Bossey, del Consejo Mundial de Iglesias (1994-2003). Es autora de diversos artículos y ensayos, y editó el volumen Market and margins. Lutheran perspectives (2014).
En el año de la celebración del quinto centenario de la Reforma Protestante, ¿cómo aprecia usted el estado de salud de las iglesias y comunidades que reivindican esa herencia, en sus diversas manifestaciones en el mundo y, particularmente en América Latina?
La presencia protestante en América Latina se dio a través de la misión o la inmigración y, durante mucho tiempo, esta identidade estuvo marcada por su antagonismo hacia el catolicismo. En gran medida, ser protestante era ser lo que los católicos no eran, o no ser lo que los católicos eran. Pero la conmemoración de la Reforma, en 2017, sucede en otro momento histórico. Por primera vez, la Reforma es conmemorada de modo ecuménico, es decir, sin enfatizar lo que nos separa como denominaciones, sino lo que nos une. Esto se debe, em gran parte, a los câmbios que ocurrieron dentro de l ala iglesia católica. El Concilio Vaticano Segundo (1962-1965) trajo consigo una apertura ecuménica e interreligiosa. Este aggiornamento del catolicismo, –tomando prestado el término italiano utilizado y popularizado por el papa Juan XXIII para designar la actualización de la iglesia católica– represento también una apertura para el diálogo com otras iglesias.
¿Considera usted que las comunidades cristianas actuales aún encarnan los ideales y prácticas derivados de la lucha de Lutero y los/as demás reformadores/as?
Sí y no. Los ideales de la Reforma continúan fuertes em lo relativo al uso de la Biblia, la centralidade de la predicación de la Palabra de Dios, el acceso a la educación (incluyendo la formación teológica) la importancia de la música, así como el sacerdocio universal com su énfasis em la participación de las personas laicas en la vida comunitaria. Felizmente, hay un distanciamento de la postura beligerante de Lutero en favor de una postura de mayor diálogo. Este distanciamento también se dio, dentro de las iglesias luteranas, a través de la crítica a los escritos de Lutero contra los judíos y los anabautistas. Un momento marcante fue cuando, en la asamblea de la Federación Luterana Mundial, em Stuttgart, Alemania (en 2010), la comunión de las iglesias luteranas pidió perdón a las comunidades menonitas por haberlas perseguido por causa de su teología del bautismo. De la misma manera, muchas iglesias luteranas se distanciaron y criticaron abiertamente los escritos de Lutero contra los judíos. Creo que estos ejemplos son testimonio de que la iglesia es y debe estar siempre en estado de reforma (ecclesia semper reformanda).
¿Qué avances y/o retrocesos se han manifestado en los últimos 20 años en relación con la herencia protestante en América Latina?
En América Latina, y especialmente en Brasil, pienso que muchos avances se dieron em el área formativa, en las publicaciones y en la inserción social. Un ejemplo de cambio y actualización fu ela ordenación de mujeres. Esto llevó a uma reflexión tanto sobre el significado del ministério ordenado dentro de las iglesias, como de sus implicaciones sobre los estereotipos de género también en la sociedad. La ordenación de mujeres no sucedió solamente en las iglesias luteranas sino también em otras confesiones protestantes (metodista, anglicana y presbiteriana, por ejemplo). Esta nueva realidade llevó a uma movilización entre pastoras y mujeres estudiantes de teología, pues se crearon redes de apoyo y discusión. Encuentros ecuménicos de mujeres (pastoras y estudantes) propiciaron compartir experiencias, ensayar nuevas liturgias y lecturas bíblicas, además de fomentar la actualización teológica (mediante conferencias no sólo teológicas sino también de sociología, derecho, economía, psicología, etcétera). En Brasil, los primeros encuentros sucedieron al inicio de los años 80, organizados por pastoras y estudiantes metodistas, que ampliaron la invitación para estudiantes luteranas. En 1983, se realizó el primer encuentro de pastoras y estudiantes luteranas de teología, en São Leopoldo. Esta práctica ecuménica fue muy oportuna y propició el intercambio de personas e ideas.
¿La imagen de Lutero, desde una lectura teológica feminista como la suya, sigue siendo útil o vigente para los cristianismos liberadores de la actualidad?
Lutero forma parte de un movimiento de reforma. No fue el primero en articular protestas contra los abusos cometidos, en la época, por la iglesia católica y tampoco fue el único en hacerlo. Es importante recordar que la reforma fue y sigue siendo un movimiento colectivo, donde funciona el principio protestante. Podría decirse que las teologías contextuales –y entre ellas, la teología feminista– forman parte de este movimiento, como intentos por traducir el mensaje del Evangelio a la realidad de nuestro tiempo y a partir del lugar donde nos encontramos.
A la virgen María ha usted intentado “rehabilitarla” como una “santa protestante”. ¿Es viable esa recuperación para las mujeres de hoy, protestantes o no?
María es un personaje muy valorado en la espiritualidad y en la cultura latinoamericana porque representa la cercanía con la realidad, la experiencia de las personas sometidas y sufrientes. Sin entrar en detalles de los debates dogmáticos y teológicos, María tiene un papel bastante limitado dentro del protestantismo, lo cual es lamentable, si se recuerda que el propio Lutero era muy aficionado a María. En su comentario sobre el Magnificat, por ejemplo, identifica su cántico como modelo de ética, especialmente para los gobernantes y para quienes ejercen cargos públicos. (Lutero dedicó su comentario al joven duque Juan Federico, en 1521, estimulándolo para ser un gobernante justo.) Para él, la voz profética de María en el Magnificat resume el mensaje cristiano. Pero para cada quien hay una consecuencia distinta: los poderosos son derrumbados y los humildes, exaltados, quien tenga hambre será saciado y los ricos serán enviados con las manos vacías. Por eso, María es un modelo no sólo para las mujeres, sino para todas las personas.
¿Qué sugiere usted plantear, reflexionar y hacer, desde las bases eclesiales, para celebrar adecuadamente los 500 años de la Reforma Protestante que se avecinan?
Necesitamos darnos cuenta de que hay más cosas que nos unen que las que nos separan. Después de 50 años de diálogo bilateral entre luteranos y católicos conseguimos superar los antagonismos y destacar el diálogo. Un ejemplo es la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación, firmada el 31 de octubre de 1999 por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos de la Iglesia Católica y por representantes de la Federación Luterana Mundial. Este documento estableció un consenso en “verdades básicas” sobre la justificación –el asunto que dividió a la iglesia en la época– y declara que las condenas mutuas del siglo XVI ya no están vigentes. En 2006, la Conferencia Mundial Metodista y, en 2017, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas firmaron también el documento, ampliando la comunión ecuménica. De la misma forma, el documento Del conflicto a la comunión invita a las iglesias católica y protestantes a conmemorar el 2017 contando la historia de lo que sucedió en estos últimos 500 años, reconociendo que ninguna de las partes está libre de errores. A partir de esto es posible colocarnos bajo la gracia de Dios y comprometernos a caminar juntos y juntas.

Fuente: ALCNOTICIAS, 2017.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Iglesia reformada, siempre reformándose

Por. Maximiliano Heusser, Argentina
Los reformadores, Lutero (en Alemania), Calvino (en Ginebra), Zwinglio (en Suiza), no quisieron nunca cortar relaciones con su Iglesia madre. Sin embargo, con diferentes matices y por distintas razones, todos terminaron creando movimientos reformadores que finalmente se independizaron.
Los cambios que propusieron en su Iglesia de origen no fueron bien recibidos, ni entendidos como una búsqueda de fidelidad a la Palabra de Dios. Por el contrario, como en el caso de Lutero, terminan provocando que éste reciba la bula de excomunión, quedando fuera de la Iglesia.
Un lema de las Iglesias herederas de la Reforma Protestante del 1516 es “iglesia reformada siempre reformándose”[1]. La frase original en latín parece ser “Ecclesia reformata semper reformanda est secundum verbum Dei”. La frase completa en latín nos recuerda las últimas  palabras que suelen ser olvidadas. La Iglesia reformada que siempre debe reformarse, debe hacerlo siguiendo la Palabra de Dios, o en la búsqueda de fidelidad a la Palabra de Dios. De esta manera, queda claro que no es reformarse por el sólo hecho de reformarse, sino en la búsqueda de entender lo que el Espíritu nos quiere hacer entender en la Palabra en el tiempo que nos toca vivir.
El Apóstol Pablo utiliza en su carta a los Romanos una expresión sumamente interesante que vale la pena recordar en este sentido: “Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir, cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Ro 12:2, BJ).
Aquí Pablo utiliza el término griego μεταμόρφωσις, traducido “transfórmense”. Literalmente  significa cambio de forma: μετα- (meta-), “cambio” + μορφή (morfe) “forma”.
Pablo instala la idea de transformación, de esto no puede caber duda alguna. Sí podemos interrogarnos acerca de a qué se refiere con no acomodarse al mundo presente, porque la transformación es lo opuesto a ese concepto de mundo presente. Para intentar responder esa pregunta, debemos recordar que se cree que esta Carta a los Romanos es el último escrito de Pablo, que no es sólo una carta, sino que es su obra escrita más extensa y de mayor desarrollo teológico. En este sentido, algunos de los temas allí presentes podremos encontrarlos -o tendrán relación- con otros presentes en sus cartas anteriores.
Un tema recurrente contra el que el Apóstol tuvo que enfrentase en varias oportunidades es el que también está presente en su carta a los Gálatas. Allí menciona que hay personas entre los creyentes que perturban y alteran el Evangelio de Cristo (Gál 1:7), y que existen falsos hermanos que se introducen en la comunidad a escondidas para espiar la libertad que se tiene en Cristo Jesús, para volver a reducirlos a la esclavitud (Gál 2:4). Pablo se enfrenta así a aquellas personas o grupos que pretendían que los creyentes gentiles adquirieran las prácticas judías. Esta fue la discusión que mantuvo fuertemente con Pedro, también relatada por el Apóstol en la misma carta a los Gálatas (Gál 2:11ss).
De esta manera, podríamos animarnos a postular que “el mundo presente” no tiene necesariamente que ver con lo que solemos llamar el “mundo secular”, como algunos han interpretado, o el “mundo externo”, sino por el contrario, con el “mundo interno” de la misma comunidad cristiana. Siguiendo esta línea, Pablo no estaría cuestionando la vinculación de la comunidad cristiana con el mundo externo, sino la existencia de grupos y personas que querían volver a los creyentes a creencias y prácticas anteriores, antiguas, esclavizantes, judaizantes. Esas personas y grupos serían los cristianos conservadores de origen judío.
El pastor Raúl Sosa (Metodista, Uruguayo), afirma hablando de Pablo y su predicación en Atenas (Hechos 17:16ss):
“este hombre con un temperamento tan apasionado y con convicciones tan firmes, al punto tal de “enardecerse” en la discusión (v.16s.), no es sordo ni ciego a los demás, observa cómo viven, detecta lo que les interesa y les preocupa, intercambia puntos de vista y opiniones, por más diferentes que sean de las de él. Y en ese intercambio, a partir de esa apertura a los demás, el apóstol recoge y valora todo aquello que puede constituir un aporte. En este caso en particular, recoge algo de la tradición religiosa de los atenienses y lo conecta con el evangelio, lo incorpora a su visión de Dios. Tan radical es esta apertura al otro, esta inclusividad del evangelio, esta inclinación al diálogo, que tal vez algunos de nosotros lo consideraríamos demasiado riesgoso, porque llega a poner en juego la “pureza” del evangelio. Precisamente ése era el temor que tenían los cristianos judaizantes con la evangelización de los gentiles, y por eso trataron de imponer la práctica de la circuncisión a todo gentil que se convirtiera”[2].
Ahora bien, como venimos afirmando, este no era el temor del Apóstol. Era el temor de aquellas personas que no estaban dispuestas a dialogar con los diferentes. Que no estaban dispuestas a incorporar elementos ajenos a la tradición y religiosidad judía. Pablo anuncia el Evangelio buscando dialogar con estas realidades diferentes para que el Evangelio tenga llegada, para que pueda ser recibido y las personas puedan encontrar al Señor. A los Gálatas les dice que no vuelvan a caer en la esclavitud, que permanezcan en la libertad que tienen en Cristo Jesús. De esta manera, se advierte el desafío de anunciar un Evangelio contextual y pertinente al tiempo y a las personas que lo escucharán.
Las Iglesias herederas de la Reforma Protestante nos hemos encargado de fosilizar ideas, de fijar criterios teológicos inamovibles, de postular dogmas inmutables, de encerrarnos en una manera de pensar. Cada Iglesia, según su tradición, en mayor o menor medida, ha hecho esto.
Aquel lema que invocábamos al comienzo es una linda frase que no ha vuelto a hacerse realidad. No hemos asumido el desafío del Apóstol Pablo, de no acomodarnos al mundo presente (a nuestras seguridades, a lo conocido, a lo instituido, a lo permitido), y de aceptar transformarnos por la renovación de nuestra mente para distinguir la buena voluntad de Dios.
Alguno, quizás, podrá afirmar que han habido muchísimos cambios. Que hemos dejado de ser tan serios en nuestros cultos. Que hemos permitido que otros instrumentos participen de la música en nuestros servicios. Que hemos aceptado cantar canciones y no sólo himnos. En algunos casos hasta proyectamos letras para cantar en pantallas.
Si bien es verdad que estos son cambios reales, como afirma el pastor Pablo Chacón (costarricense), son cambios superficiales, estéticos, temporales y falsos[3]. No son cambios profundos. En lo personal, he escuchado personas que quieren que la Iglesia se “modernice”, y de esta manera proponen incorporar canciones cristianas que han escuchado de artistas evangélicos (Marcos Witt, Jesús Adrián Romero, Marcos Vidal, Marcela Gándara, Hillson, etc.). En la misma línea, otras personas proponen cambiar bancos por sillas, incluso animarnos a invitar a pastores de otras tradiciones (que no son las nuestras). Pero, cuando se propone –por ejemplo- repensar un postulado teológico tradicional, aparecen las mayores resistencias. No les importa demasiado si los pastores o pastoras se visten con ropa clerical. Incluso, algunas personas sostienen que esa costumbre les parece antigua.
Parecen grandes innovadores, pero a la hora de repensar la teología, la forma de ser comunidad, los alcances del Evangelio en este tiempo, la pertinencia de ciertas verdades “incuestionables” en este tiempo, no están dispuestos ni siquiera a conversarlas.
Estas personas deciden quedarse con los cambios estéticos, superficiales, temporarios, falsos. Son cambios para realmente no cambiar. Estas personas pueden ser hoy, aquellas a las que se refiere el Apóstol Pablo en su carta a los Gálatas. Quienes siendo parte de la comunidad, perturban y alteran el sentido profundo del Evangelio, trabajando contra la libertad que se tiene en Cristo Jesús. Estas son las personas que no están dispuestas a transformarse mediante la renovación de la mente, buscando distinguir la buena voluntad de Dios (Romanos 12:2). Prefieren permanecer y acomodarse al “mundo presente” interno de la Iglesia, en el sentido anteriormente expuesto, sin dejar que soplen vientos de cambio, apertura, transformación y libertad.
El desafío que tenemos las Iglesias en este 500° aniversario de la Reforma Protestante, es animarnos a repensar aquellos postulados teológicos que consideramos indubitables. Repensarlos no significa bastardearlos, sino ponerlos en diálogo. Especialmente, animarnos en ese ejercicio dialógico con los ajenos a nuestras Iglesias, como hizo el Apóstol Pablo con los atenienses, poniendo en diálogo nuestra fe y creencias con los aportes y puntos de vista que pueden enriquecer nuestra mirada.
Ser Iglesias herederas de la reforma en este tiempo, implica animarnos a pensar diferente, a reconocer nuestros errores y temores y a seguir en la búsqueda de fidelidad a la Palabra de Dios. Buscando discernir lo que Dios nos quiere decir en este tiempo, que seguramente va a ser pertinente y necesario.
Es mi deseo y oración, que el mismo Espíritu que inspiró e iluminó a los reformadores, y a los pre refromadores antes de ellos, nos inspire e ilumine a nosotros hoy también, para que nosotros y nuestras iglesias sigamos en la búsqueda de fidelidad a nuestro Dios.

[1] Para esta ponencia fue significativo el artículo de Leopoldo Cervantes Ortiz “Metamorfosis: La Reforma Protestante aquí y ahora” Parte I y II, FTL (Fraternidad Teológica Latinoamericana), disponible en: ftl-al.com/reforma-protestante-i
[2] Raúl Sosa “Dones y ministerios para una misión integral”, Documento inédito, p. 6
[3] José Pablo Chacón “¿Una iglesia reformada, que siempre se reforma?”, Disponible en Facebook, 2017.


Fuente: ALCNOTICIAS, 2017.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Halloween (para no anglosajones)

Por. Osías Segura  , Nicaragua
La celebración del día de Halloween ha sido adaptada en nuestras culturas latinoamericanas, casi desplazando la importancia del Día de los Muertos. Sin embargo poco sabemos de dónde o cuándo surge este conjunto de actividades que se realizan en la noche del 31 de octubre, víspera de la fiesta de Todos los Santos que se celebra el 1 de noviembre, y la conmemoración de los Fieles Difuntos el 2 de noviembre
¿Cómo podemos entender el Halloween nosotros los cristianos latinoamericanos? Halloween, como toda tradición cultural, debe ser entendida en su ambiente cultural que la explica. De lo contrario nos prestamos a prejuicios y malos entendidos. Igualmente, toda tradición cultural debe ser entendida en las transformaciones que ha sufrido a través del tiempo. Es decir, una definición de diccionario no sirve de mucho. Así que como se entendía Halloween en la Europa medieval es muy diferente de cómo se entiende hoy, en el siglo XXI, en América Latina. Sin conocer la razón o significado por la cual alguna persona pueda celebrar esta actividad, no podemos ejercer un juicio detallado. Muchas personas celebran este evento, y todos muy posiblemente con significados muy variados. Esto significa que no podemos juzgar de pecadores, impíos, y paganos a aquellos europeos o norteamericanos, o aun algunos latinoamericanos que celebran Halloween en el siglo XXI.
A grandes rasgos quiero mencionar que hay 4 razones por las cuales las personas celebran estos días del 31 octubre. Al 1 de Noviembre, alrededor del Halloween. A) Celebran Halloween como una fiesta secular (sin valor religioso alguno) con mascarada y baile. B) Celebran Halloween como una fiesta religiosa diabólica. C) Celebran Halloween como una fiesta religiosa cristiana de recordar a los difuntos. D) Celebran Halloween como una fiesta religiosa cristiana para compartir el evangelio.
¿Qué significa la palabra Halloween?
Halloween es una contracción de las palabras “All Hallow’s eve”. Hallow es una vieja palabra del inglés que significa “Santo” o consagrado. Antes de tomar tal significado, estos días del otoño tenían un contenido diferente pero siempre ligado a los muertos. Por ejemplo, en países que experimentan las cuatro estaciones (del hemisferio norte), en vez de países tropicales como los nuestros que experimentan solamente 2 estaciones al año.
Podríamos entender Halloween como el día a la víspera de los Santos. Pero veamos un poquito la historia. El papa Bonifacio IV reconsagró el Panteón en Roma en el año 613, y estableció el día de los mártires el 13 de mayo. Luego el papa Gregorio III cambio ese día al 1 noviembre al dedicar la capilla de San Pedro. Así durante el siglo 9 de nuestra era, la iglesia Católico-Romana designo el 1 noviembre como un día festivo para recordar y honrar a todos aquellos que habían sido canonizados, y a todos los muertos santos. Honrar a aquellos que han muerto y compartieron la fe. Entonces, All Hallow’s day, el día de los santos difuntos es el 1 Noviembre. El día, 31 de Octubre se conoce como el Hallow’s eve day. Ese Hallow’s eve, el día antes del día de los santo difuntos, se llegó o transformar popularmente al nombre del Halloween.
¿Por qué tiene más sentido Halloween en países de Europa y Norteamérica?
En el hemisferio norte, el otoño significa el tiempo de la cosecha. El inicio del otoño significa que el invierno se acerca y todo va a morir. Por ejemplo, los arboles pierden sus hojas, y otras plantas se secan. Los días largos de luz del verano son reemplazados por los días cortos de oscuridad. Muchas culturas primitivas creían que con el año viejo todo literalmente moría, y con el año nuevo todo literalmente volvía a nacer. Para los Celtas druidos, por ejemplo, creían que entre el 31 de octubre y el primero de noviembre a la media noche (Samhain) se generaba una grieta en el tiempo, y los buenos y malos espíritus visitaban a los vivos. Así que los druidos hacían grandes fogatas (simbolizaban belleza, santidad) para espantar a los malos espíritus, y atraer a los buenos.
Al llegar el Cristianismo a los pueblos célticos, la tradición del Samhain de los druidos no desaparece, pese a los esfuerzos realizados por la Iglesia Católica para eliminar supersticiones paganas que pudieran entroncar con el satanismo. Sin embargo la fiesta del Samhain sufre alguna transformación. En el calendario gregoriano, el 1 de noviembre pasó a ser el día de Todos los Santos; el Samhain, la víspera de Todos los Santos, pasó a denominarse All-hallows Eve y, actualmente, por contracción de la expresión, Halloween; y por su parte, el Día de los Todos los Difuntos o Día de Todas las Almas pasó a ser el 2 de noviembre. Las tres celebraciones juntas, “Eve of All Saints”, “Day of All Saints”, and “Day of All Souls”, se denominan en la tradición irlandesa Hallowmas.
Durante la edad media, en diferentes partes de Europa se empezaron a celebrar diferentes prácticas durante el inicio del invierno, según el final de la cosecha. Las personas dejaban ofrendas de comida al frente a sus puertas, para los buenos espíritus, y para espantar a los malos espíritus. Con el tiempo la gente empezó a vestirse con trajes para imitar los buenos o malos espíritus, y comerse esas ofrendas, o pedir comida. Así la gente que daba ofrendas de comida y recibían bendición, los que no, recibían maldición. Por eso aún existe la tradición de los niños disfrazarse y pedir dulces de casa en casa. Si reciben un dulce bendicen el hogar, de lo contrario maldicen el hogar o hacen un daño.
¿Cómo nos llegó esa tradición a países como los nuestros?
Los medios de comunicación, y Hollywood son los responsable. Recuerdo por primera vez en los años 80’s escuchar de discotecas organizando bailes de disfraces, tipo halloween. Para ello las películas, la televisión por cable, han sido de gran influencia en nuestra cultura para que Halloween sea una práctica secular aceptada, como pretexto para organizar una fiesta vacilona.
Hablemos de las 4 razones por las cuales las personas celebran Halloween. Veamos cada una de ellas con ejemplos:
1. Encontramos el primer grupo que celebra Halloween como una fiesta secular (sin valor religioso alguno). Personas que se apuntan al baile, y la fiesta. Pueden incluir fiesteros y neopaganos. Esta es una celebración que ha estado en aumento en los últimos 20 años. Cabe agregar que es una noche de parranda, pero también de abusos y robos. Pues algunos se disfrazan para hacer de las suyas y no ser identificados. No es un día muy aconsejable para salir. O bien, los perros bravos se alteran mucho a ver tanta mascara irreconocible.
2. Personas que celebran Halloween como una fiesta religiosa diabólica. Grupos satánicos, que ven este día como un día poderoso. Muchos de estos participantes adoptan animales, y roban animales y hasta niños, principalmente gatos negros para sacrificarlos, o bien exhuman cuerpos de cementerios.
3. Celebran estos días del 31 octubre al 2 noviembre como una actividad religiosa cristiana de recordar a los difuntos, y asistir al cementerio.
4. Celebran Halloween como una actividad religiosa cristiana para compartir el evangelio. Por ejemplo, la Iglesia Anglicana de Inglaterra lanzó una campaña nacional para repropiarse de los festejos de Halloween, y quitarle las connotaciones terroríficas y de sustos. El obispo de Bolton, el reverendo protestante David Gillett, dirigió la campaña y escribió a los principales supermercados de Gran Bretaña, para que en lugar de vender máscaras y trajes de terror ante la llegada de Halloween, pongan a la venta en su lugar elementos “positivos y alegres” de esos festejos. Según el religioso, la fecha de la Noche de Brujas es utilizada por muchos niños para experimentar o celebrar el ocultismo. “La idea es desasociar a Halloween con estas temáticas oscurantistas, y atraer temas como la luz, la risa, y el triunfo del bien sobre el mal”, destacó Gillett. En ese sentido, Justin King, director ejecutivo de la cadena de supermercados Sainsbury’s, declaró que tras el pedido del obispo incluirán en la línea de productos otros objetos alternativos para los festejos. En tanto, Trevor Bish-Jones, presidente del conglomerado Woolworth’s, aclaró que “pensará seriamente” en la propuesta del reverendo, mientras que la cadena Asda, una de las más populares del país, dijo que “sólo venderá lo que los niños quieren usar”.
Tal y como podemos ver, hay maneras como nuestras iglesias, sin celebrar Halloween, pueden provocar un cambio positivo en la sociedad, sin acusaciones, ni reprimendas, sino reconociendo que se puede rescatar lo poco bueno, y modificar lo mucho malo de este festival. ¿Qué vamos a hacer este Hallowen? ¡Irnos a la cama temprano, orar, y esperar que la tormenta pase, o afectar nuestra sociedad de forma positiva?

*El autor es un misionólogo costarricense. Después de cinco años de enseñanza en el Seminario ESEPA en Costa Rica, se trasladó a California donde fue profesor del Seminario Teológico Fuller. En la actualidad está radicado en Nicaragua como misionero de la General Board of Global Ministries.


Fuente: ALCNOTICIAS, 2017.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Cómo las ideas de Martín Lutero duraron 500 años

Por Helis Barraza Díaz- Colombia.
«Se hablará mucho de revolución en 2017» anunciaba Daniel Franklin, director del anuario de prospectiva del Economist, a mediados de noviembre. «No solo por el centenario de la toma del poder por los bolcheviques en Rusia. Se cumplen también ciento cincuenta años de la publicación del primer volumen de El Capital, de Karl Marx, y cincuenta de la muerte del Che Guevara… También es el 500 aniversario de las noventa y cinco tesis de Martin Lutero que condujeron a la reforma protestante». 1  The World in 2017. The Economist, p. 11.
No será difícil descubrir similitudes entre las condiciones que dieron lugar a aquellos cambios históricos y los vientos de rebelión y de ruptura de hoy.
«Me considero un optimista, pero 2017 es el año de mayor riesgo político desde la Segunda Guerra Mundial» (I like to think I’m an optimistic guy, but 2017 is the most signi cant year for political risk since World War II), escribía en un tuit el 30 de enero Ian Bremmer, de Eurasia Group.
Las fuentes o causas de este riesgo tan elevado son, en su opinión, la elección de Trump, la posible reacción de China a sus excesos y/o provocaciones, el debilitamiento previsible de Merkel, la ralentización de las reformas estructurales necesarias, tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes, la fragmentación y crisis en el Oriente Medio por la guerra, el terrorismo y las consecuencias de la revolución tecnológica (energía, conectividad, cibernética, automatización y demanda creciente de trasparencia), las presiones políticas sobre los bancos centrales, la confrontación entre la Casa Blanca y Silicon Valley, la incertidumbre política y volatilidad económica en Turquía, todos los riesgos asociados con un régimen nuclearizado como el de Corea del Norte frente a unos Estados Unidos imprevisibles y una Corea del Sur en plena crisis política, y la desestabilización del sur de África por los enfrentamientos internos en Sudáfrica.
Podemos afirmar, que los cambios intelectuales, sociales y espirituales que se estaban gestando en el siglo XIV y XV definieron, por así decirlo el contexto a través del cual el desarrollo de la Reforma del siglo XVI sería abordado y enfocado. Fue un período más que de desintegración, de extraordinario desarrollo que puso en escena la Reforma misma.
Los siglos XIV y XV fueron tiempos agitados de transiciones importantes en Europa occidental. Fue la época de la Muerte Negra, la guerra de los Cien Años, y el gran Cisma de Occidente donde en cierto momento tres papas rivales competían por gobernar la cristiandad.
El fervor religioso pareció superar cada vez más el aparato central de la iglesia. Europa era todavía la cristiandad.  Dentro de sus fronteras, casi toda la vida estaba determinada por la religión. Ello se debía a que para la mayoría de hombres y mujeres el único registrador y autentificador de los grandes momentos de su existencia: el matrimonio, el nacimiento, el bautismo de sus hijos y hasta el evento de la muerte era la iglesia misma.
La enseñanza, la caridad, la administración, la justicia y enormes segmentos de la vida económica se inscribían en el ámbito y regulación de la religión. Fuera de la iglesia, la comunidad de todos los creyentes, solo estaba el paganismo. El diablo, concebido en aquel tiempo de una forma sumamente material, acechaba a quienes se desviaban del camino de la gracia. La flaqueza humana no podía poner en peligro la concepción religiosa de la vida. Nos encontramos ante una civilización profundamente religiosa. J.M.Roberts. Historia antigua desde las primeras civilizaciones hasta el renacimiento (Barcelona 2005)
La Reforma se da en medio de dos grandes épocas de la humanidad la Edad Media, la cual estaba prácticamente extinguiéndose y aquella que comenzaba a amanecer La Edad Moderna.
El renacimiento complicaría las cosas, un nuevo ambiente cultural de libertad, educación y arte, estaba inundando las sociedades exclusivas de Europa.
En ese contexto las 95 tesis de Lutero sacudieron los cimientos de la política y el poder en toda Europa y continúan afectando nuestras vidas en la actualidad, desde el lenguaje, el arte y la música hasta nuestro concepto de libertad.
La principal atracción la iglesia del castillo en la ciudad alemana de Wittenberg son las puertas donde Martin Lutero se dice que ha clavado sus 95 tesis, hace 500 años, el 31 de octubre de 1517. El documento disputaba la venta de “indulgencias” de la iglesia, certificados que prometían la salvación en la otra vida, cuestionando creencias y prácticas de siglos de antigüedad.
Sin embargo, las puertas que ocupan hoy el Portal Norte no son las de madera originales de la época de Lutero, que fueron destruidas por un incendio en 1760 durante la Guerra de los Siete Años. En su lugar, soportan sólidas puertas de bronce, en relieve con las palabras latinas de las 95 Tesis de Lutero. Las palabras son sólidas, fijas en el lugar, incuestionables. Pero como el propio Lutero reconoció, las palabras tienen la capacidad de moverse. Justo cuando se conmovió al leer la Biblia para cuestionar el orden establecido, sus palabras a su vez salieron de esta pequeña ciudad, creando una nueva autoconciencia religiosa que dividió a la iglesia y sacudió Europa, extendiéndose en el mundo.
Lutero no fue la única figura de la Reforma; fue parte de una conversación en curso, una que continúa hasta el día de hoy.
Estuve en Alemania como delegado de la Iglesia Presbiteriana de Colombia a la 26 Asamblea General de la WCRC: del 29 de junio al 7 de julio de 2017, en Leipzig, Alemania
El lema de dicha Asamblea Dios de vida, renueva y transfórmanos—centró la Asamblea alrededor del Dios de vida y desafío a los participantes a renovarse ellos mismos y a la Iglesia para que el mundo pueda ser transformado.
En la Asamblea de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas tuvimos la oportunidad de visitar a Wittemberg, y mientras caminaba por Wittenberg, me pregunté cómo un lugar tan pequeño podría haber tenido un impacto tan tremendo.
¿Cómo desde ese lugar se había gestado un movimiento que cambiaría la historia? fue en parte por el tamaño de Wittenberg que las ideas de Lutero pudieron florecer. La gran concentración de grandes mentes en esta pequeña ciudad universitaria significó que las personas con frecuencia chocaban entre sí e intercambiaban ideas.
Lutero pudo utilizar las nuevas herramientas de medios de su tiempo, como la imprenta, para difundir sus ideas más allá de Wittenberg. John T McQuillen, curador adjunto de libros impresos y encuadernaciones en Morgan Library & Museum de Nueva York, explicó que “Lutero escribió sus ideas en textos breves y concisos, panfletos de ocho o 16 páginas, que podrían imprimirse rápidamente y distribuirse fácilmente. Sin la imprenta, la Reforma nunca hubiera sido el evento histórico que fue “.
A Lutero se le podría atribuir la creación de la primera revolución de los medios. Lutero se dio cuenta rápidamente de cómo usar el lenguaje, la música y las imágenes para difundir sus mensajes. Él publicó cada vez más sus escritos en alemán (en lugar de en latín), a menudo con imágenes, y sus himnos pegadizos y vernáculos ayudaron a la Reforma. Sus contribuciones musicales incluso lo llevaron a ser llamado el padre de la canción de protesta.
No solo su uso del lenguaje cotidiano ayudó a difundir sus ideas, sino que su uso en asuntos religiosos fue esencial para la idea revolucionaria de Lutero de que la salvación podía alcanzarse solo mediante la fe personal. Por lo tanto, él quería que todos pudieran leer la Biblia ellos mismos. En 1534, Lutero publicó su traducción del libro sagrado, usando un lenguaje vívido y simple que sería comprensible para todos. Para hacer esto, tuvo que unir los diferentes dialectos alemanes para crear un alemán estandarizado, esencialmente formando el idioma alemán tal como lo conocemos hoy.
Este nuevo énfasis en la lengua vernácula también afectó el desarrollo de otros idiomas. Los misioneros protestantes de Europa y América del Norte que fueron a África en la segunda mitad del siglo XIX creyeron, como Lutero, que la Biblia debería traducirse a las lenguas vernáculas. “Esto, por supuesto, incluía hacer que el lenguaje fuera adecuado, es decir, inventar sistemas de escritura donde no existía ninguno y encontrar términos que consideraban adecuados para Dios, el diablo, el pecado, la salvación, etc.”, Dr. Jörg Haustein, conferenciantes de Religiones en África en SOAS, University de Londres.
El objetivo de Lutero era unir a todos bajo una sola iglesia reformada, pero sus ideas tenían implicaciones que iban más allá de lo que él quería o podía haber imaginado.
“Lutero unificó el idioma alemán, pero sus ideas religiosas también crearon divisiones que todavía se sienten dolorosamente hoy. La guerra de las palabras fue seguida por la guerra religiosa “, dijo el Dr. Alexander Weber del departamento de Culturas e Idiomas en el Birkbeck College en Londres, refiriéndose a los conflictos inducidos por la religión que se libraron en Europa entre 1524 y 1648. En lugar de una sola iglesia, ahora había reclamos de reforma en competencia. Las alianzas políticas a menudo se formaron sobre la base de la unidad confesional, y las minorías fueron perseguidas por todas las confesiones. Esto dio lugar a olas de migración, como los protestantes franceses que huyeron a Inglaterra, Escocia, Dinamarca y Suecia, así como en el extranjero, o los puritanos ingleses que abordaron a América del Norte.
El efecto de Lutero ha sido tan amplio que se ha filtrado a la cultura contemporánea. Por ejemplo, la convicción de Lutero y su celo por difundir sus palabras para convencer a otros es un precursor del evangelismo hoy, ya sea teleevangelización o programas de radio como The Lutheran Hour, el programa de radio de alcance cristiano más antiguo del mundo que comenzó a transmitirse en 1930 y tiene más de un millón de oyentes. En 1966, Martin Luther King se hizo eco del acto realizado en Wittenberg por el hombre al que le dieron su nombre cuando publicó una lista de demandas en la puerta del Ayuntamiento de Chicago.
Incluso se pueden trazar paralelismos entre Lutero y el denunciante estadounidense Edward Snowden, quienes establecieron sus propias conciencias por encima de todo y desafiaron a los superpoderes de su época utilizando los últimos medios de comunicación para denunciar los abusos de poder.
Las palabras e ideas que se originaron en Wittenberg se extendieron al mundo, Lo que comenzó en Wittenberg se ha visto para influir en las ideas del liberalismo moderno, el capitalismo, la democracia, el individualismo, el subjetivismo, el secularismo y más.
“Cuando el origen del sentido y la autoridad se trasladaron del cielo a los sentimientos humanos, la naturaleza de todo el cosmos cambió. El universo exterior, que hasta entonces había estado lleno de dioses, musas, hadas y espíritus malignos, se convirtió en un espacio vacío. El mundo interior, que hasta entonces había sido un enclave insignificante de pasiones vulgares, se hizo desmesuradamente profundo y rico. Ángeles y demonios dejaron de ser entidades reales que deambulaban por los bosques y desiertos del mundo para transformarse en fuerzas interiores de nuestra propia psique.
El cielo y el infierno dejaron también de ser lugares reales situados en algún lugar por encima de las nubes y por debajo de los volcanes, respectivamente, y pasaron a interpretarse como estados mentales internos. Experimentamos el infierno cada vez que encendemos los fuegos de la ira y el odio en nuestro corazón, y gozamos de la dicha celestial cada vez que perdonamos a nuestros enemigos, nos arrepentimos de nuestras fechorías y compartimos nuestra riqueza con los pobres”. Yuval Noah Harari. Homo Deus.
Podemos decir que la esencia del protestantismo no es tanto una doctrina cuanto una nueva manera de ser en el mundo, una nueva concepción de lo que significa ser iglesia, lo que tiene implicaciones revolucionarias para todas las instituciones de la sociedad civil.
Los reformados lo expresaron con una frase en latín, Ecclesia Reformata Semper Reformanda.Lo que denota que la Reforma es una tarea inconclusa Semper Reformanda, es ser capaz de enfrentar los desafíos de nuestro tiempo y dar respuesta a ellos desde la fe.
Hoy al igual que en los tiempos de Lutero vivimos un panorama que aparece como desesperanzador, en medio del cual desarrollamos nuestra tarea de la educación teológica.
Nos preguntamos ¿puede una educación teológica Reformada ser pertinente para este contexto? Sí, en la medida en que se atreva a responder de una manera creativa al reto presentado por las nuevas situaciones históricas, en la medida en que no se aferra a un pasado para responder a las demandas que surgen del futuro.
Richard Shaull nos dice que cuando los protestantes viven su herencia de fe, inevitablemente se convierten en agentes de transformación de la sociedad. Richard Shaull, La Reforma y la Teología de la liberación, (SanJose,CR: DEI 1993).
Podríamos concluir enunciando algunos de los desafíos y compromisos que surgen de nuestro intento de ser relevantes a partir de nuestra identidad reformada:
  • Formar ¨Profetas¨ hombres y mujeres que asuman el principio protestante y lo apliquen a la sociedad.
  • Reforzar la tarea ecuménica con la inclusión de los nuevos sujetos históricos, es decir un nuevo lugar desde el cual elaborar nuestra teología.
  •  Una Relectura bíblica que haga pertinente el mensaje del Evangelio.
  •  Presentar alternativas al monopolio del conocimiento que posee el norte blanco, rico, protestante y anglosajón, significa la tarea de compartir recursos y talentos.
  • Nuestros estudiantes se involucren más en la construcción de comunidades  solidarias que permitan sanar las heridas del pueblo y ser alternativa ética frente a un mundo globalizado, injusto y pecaminoso.
«Dar respuesta a los fundados temores de la ciudadanía es tal vez el reto más importante al que se enfrentan los países occidentales. La deriva nacionalista, proteccionista, xenófoba y autoritaria de los nuevos planteamientos de muchos de los partidos antiestablishment debería ser combatida atendiendo a las causas que las originan. Mirar para otro lado esperando que capeara el temporal, como se ha venido haciendo en los últimos años, es una receta para el fracaso. Desarrollar mejores políticas de integración de los emigrantes y refugiados es clave en este sentido.
También es necesario redistribuir mejor los enormes niveles de riqueza que genera la globalización subrayar las ventajas de la diversidad y preparar a la ciudadanía para el cambio tecnológico dándole los medios necesarios para adaptarse.
No se trata tanto de proteger de los efectos de la globalización como de empoderar a los ciudadanos para que puedan aprovecharla lo máximo posible.
Finalmente, también hay que explicar mejor los límites a los que se enfrenta el estado del bienestar y qué reformas necesita para poder ser sostenible y abrir nuevos espacios y canales públicos para que la ciudadanía pueda sentirse más y mejor representada» OTERO, Miguel, y STEINBERG, Federico, «Causas del rechazo a la globalización: más allá de la desigualdad y la xenofobia». ARI 81/2016
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El autor es Rector general en Corporación Universitaria Reformada de Barranquilla, Colombia.
Ponencia dada en UCEL- Rosario, Argentina, el 30 de octubre de 2017.


Fuente: ALCNOTICIAS, 2017.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Superar la tradición, el gran conflicto de la iglesia en el Libro de los Hechos

Por. Carlos Valle, Argentina
"Todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe”. Martin Buber
Nunca he trabajado buscando premios. Hago tanto por recibir premios como por ir a la cárcel, pero no me consideren desagradecido hacia este honor; es sólo que ni premios ni cárcel podrán nunca apartarme del camino que me he trazado. Lech Walesa
La historia del viaje de Pablo a Roma vuelve a relatarla directamente el escritor de Hechos. Pablo, junto a un número no determinado de presos, es embarcado en una nave en Adramitio, un pequeño pueblo costero de Misia. Es sabido que, en aquellos tiempos, los barcos no cruzaban en forma directa el Mediterráneo. Aquellas embarcaciones debían evitar encontrarse con un mar que podía ser bravío, y era conveniente navegar cerca de los puertos. Pablo inicia su complejo viaje hacia Roma recibiendo un trato preferencial, lo que le permite llevar a un amigo llamado Aristarco, de quien no se da mayor información, y al redactor en esta etapa de Los Hechos.
El desarrollo de este viaje, en el que abordan varias naves y recorren un buen número de puertos, se destaca por algunos episodios a señalarse. El primero, ocurre en el puerto de Sido donde el centurión Julio, que comandaba la nave le permite a Pablo (27:3) visitar a sus amigos. Esto da a entender que, si bien Pablo era un prisionero como los otros que llevaba en la nave, el hecho de ser Pablo un ciudadano romano debe de haber influido en las gentilezas del centurión. Aunque es cierto que no se explicitan las razones del centurión para favorecer de esta manera a Pablo.
Posteriormente, ya en Mira, se embarcan en una nave alejandrina que se dirigía a Italia. Posiblemente una de aquellas naves que transportaban granos. El viaje empieza a ser azaroso a causa de los fuertes vientos, y con dificultad llegan a un lugar llamado Buenos Puertos. Allí quedan retenidos por un largo tiempo, porque las condiciones para la navegación no mejoraban. Ese es el momento en que interviene Pablo alertando sobre los peligros que los amenazan si continúan con la navegación, porque puede producir no solo perdida de cargamento sino de vidas humanas.
No tenemos información de que Pablo tuviera habilidades marítimas para hacer esas tajantes aseveraciones y cuestionar la decisión del piloto. Allí, el centurión no está de acuerdo con Pablo y quiere seguir los consejos del piloto y del dueño de la nave que, seguramente, tendría interés en preservar el cargamento y llegar pronto a Italia. Les parecía que era posible encarar el viaje, pero pronto se vieron enfrentados a un fuerte viento huracanado. Frente al peligro, arriaron las velas y quedaron a la deriva. Pasaban los días y la tormenta no cejaba, y “ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.” (27:20).
Nuevamente Pablo les recrimina que no lo hubiesen escuchado, y ahora deberán enfrentar “perjuicio y pérdida”. No obstante, no deja de animarlos y anunciarles que no habrá ninguna pérdida humana sino solo la nave. Ratifica sus dichos con la promesa que recibió del “ángel de Dios” que no debía temer, porque es necesario que comparezca ante César y así, tampoco les pasará nada a los demás porque él confía en Dios. Diciendo esto les indica que es necesario alcanzar alguna isla.
Aquí Pablo cambia lo que se había indicado como el propósito de su viaje. Ahora ya no reclama que, acepta ser enviado a Roma por ser ciudadano romano, sino que este viaje se ha tornado en una decisión divina, lo que garantiza su vida hasta llegar ante Cesar. Pablo había entendido que el pedido Dios era que testificara en Roma como lo había hecho en Jerusalén (23:11). Busca garantizar el anuncio del “ángel de Dios”, que ya le había indicado que no tuviera temor. Hay que destacar que, a pesar de esas afirmaciones, Hechos, como se verá, no indica que ese encuentro se hubiese llevado a cabo. El largo tiempo que se registra sobre su presencia en Roma no hace mención a ningún proceso que demostrara que se hubiese desarrollado el pedido de juicio que Pablo mismo había requerido.
La difícil travesía
La búsqueda de esa necesaria isla no es cosa fácil. Durante catorce días son “llevados a través de mar Adriático” (27:27) hasta que todo daba a entender que estaban cerca de alcanzar tierra, pero en una zona plena de escollos. Los marineros tratan de salvar sus vidas fingiendo que están ocupándose de las anclas, mientras al mismo tiempo buscan soltar los botes. Pablo alerta al centurión que es necesario que los marineros permanezcan en la nave, porque de otra manera todos perecerían. El centurión corta las sogas que sostienen al bote y lo deja perderse, evitando así el escape de los marineros.
Para Pablo, ahora ha llegado el tiempo para comer el pan que parte, lo que anima a alimentarse a todos los demás. Un gesto cargado de simbolismos que no se explicitan. Allí, nos enteramos el número exacto de las personas que iban en la nave: doscientos setenta y seis y, dada su situación precaria, solo les queda una decisión: echar el trigo al mar.
Cuando amanece buscan la mejor manera de llegar a tierra seca. Encallan la nave dejando que la proa quede inmóvil, mientras la popa se partía por la violencia del mar. En esta situación, los soldados acuerdan matar a los presos para que ninguno intente fugarse. La huida de presos podía acarrear fuertes penas para los soldados. Se recuerda el temor del carcelero de Filipos que intentó quitarse la vida porque creyó que los presos se habían escapado (Hechos 16:25-28). El centurión lo sabe y, además, está llevando a un preso, que debe preservar. Para evitar mayores complicaciones, impide que los soldados cumplan sus deseos, indicándoles que comiencen a nadar para ganar la orilla, o que lo hagan aferrándose a las tablas de la nave. De una u otra manera, todos se salvan y ponen sus pies en tierra seca.
Su paso por la isla de Malta
Han llegado a la isla de Malta Cap. 28), la que originalmente, había sido una colonia fenicia, muy importante como centro marítimo comercial. Allí, “los naturales” o “indígenas” los tratan muy bien. Encienden un fuego al que Pablo quiere añadir unos leños. Una víbora se sube a su mano y causa el espanto de la gente, porque creen que así se demuestra que se trata de un homicida que “la justicia no deja vivir”. Pero Pablo sacude su mano y arroja la víbora al fuego y nada le sucede. Ahora, la reacción es otra, pasan de considerarlo un homicida a pensar que se trata de un dios.
Aun, aceptando que se trata del relato mítico, lo que sucede, ya sea porque se trate de un pueblo politeísta o simplemente supersticioso, este cambio radical de opinión se presenta en la vida de muchas comunidades sin que sean una u otra cosa. A veces, hechos reales, o la apariencia de ellos, generan opiniones que pueden favorecer o condenar personas. Lo que pasa en Malta no es muy lejano a lo que ocurre en la historia en general.
Uno de los principales del lugar, llamado Publio, por tres días, los recibe en su casa. Durante ese tiempo se menciona que Pablo curó al padre de Publio y a muchos otros que vinieron a verle. En agradecimiento, les ofrecieron todo lo necesario para emprender la continuación de su viaje. Se mencionan solo los tres días que los hospedó Publio, pero la permanencia en la isla fue por tres meses, hasta que zarparon en una nave de Alejandría que había estado allí durante todo el invierno, que llevaba por enseña a Cástor y Polux, los hijos de Zeus, que eran para los romanos los patrones de los marineros.
Pasan por Regio, bordeando el suroeste de Italia, para luego llegar a Poteoli, principal centro de importadores de cereales de Roma en la bahía de Nápoles. Allí encontraron a hermanos que les pidieron que se quedaran siete días con ellos y después partieron hacia Roma donde otros creyentes les dieron la bienvenida en el inicio de la importante Vía Apia, ya muy cerca de la gran ciudad.
Estando en Roma, nuevamente aparece en escena el centurión y los presos, los cuales son entregados al prefecto militar, salvo a Pablo, a quien se le permite vivir aparte custodiado por un soldado. No se sabe qué es lo que pasó con el centurión y los presos cuando arribaron a Malta. Todo da a entender que Pablo y sus acompañantes se movían con mucha libertad. Por otra parte, no hay mención de que hubieran intercambiado una palabra entre ellos, ni que Pablo hubiese intentado predicar a los presos. El relato está muy concentrado en destacar la acción prominente de Pablo en todo el trayecto de ese azaroso viaje.
Encuentro y desencuentro con los judíos
Pasado solo tres días de su permanencia en Roma, Pablo parece haberse recobrado de la travesía. Así, invita a una reunión con la participación de los principales de los judíos. Hechos hace un resumen de la presentación que ofreció Pablo, donde menciona no haber hecho nada contra el pueblo, “ni con las costumbres de nuestros padres”, y que fue puesto preso en Jerusalén en manos de los romanos. Los romanos no encontraban en él ninguna causa de muerte, y querían soltarlo, pero los judíos se oponían. No habiendo otra salida dice: “me vi obligado a apelar al Cesar” (28:19), pero eso no significa “que tenga que acusar a mi nación”. Entonces ¿por qué está en Roma? “por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena”.

La reacción de los judíos es llamativa. Primero, porque dicen no haber recibido ninguna carta de Jerusalén, nadie lo ha denunciado ni ha hablado mal de él. Sin embargo, ellos saben que sobre esa “secta” “en todas partes se habla contra ella.”(28:22) Lo que da a entender, que no están tan ajenos a lo que Pablo les cuenta. Después, acuerdan escucharán de Pablo todo lo que él quiera compartirles. Brevemente, se indica que les habla del Reino de Dios, buscando persuadirlos acerca de Jesús, “tanto por la ley de Moisés como por los profetas”. Pablo reitera aquí su interés por convencer a los judíos, al integrar su mensaje como una continuación y culminación de todo la historia de las promesas, que finalmente ha llegado a cumplirse.
Discuten durante todo un día, pero hay disensión entre ellos. Como no logran ponerse de acuerdo, Pablo tiene una fuerte reacción como si no pudiera aceptar que no reciban su mensaje, y les responde con la recriminación que Isaías le hace al pueblo por su ceguera, ya que por estar oscurecida su mente, no pueden entender. Pablo, de esta manera, quiere asentar que el rechazo que está recibiendo de los judíos de Roma, no es un rechazo a su persona sino a la propia tradición. Es a partir de allí, como un desafío, que les anuncia que ese mensaje que ellos rechazan, ahora será dirigido a los gentiles, y que ellos sí van a oír. Al escuchar estas palabras, los judíos dan por terminado su encuentro con Pablo.
Este brusco final de la relación con los judíos no tiene comentarios posteriores, ni mención alguna sobre si existió un trato posterior con ellos, si es que hubo alguno, especialmente porque se habla de la permanencia de Pablo en Roma en un tiempo que no se especifica, salvo los dos años que pasó en una casa alquilada.
Actividades de Pablo en Roma
“Recibía a todos los que a él venían” y predicaba el reino de Dios, abiertamente y sin impedimentos. Con estas palabras Hechos pone punto final a su relato, dejando muchas preguntas sin resolver, amén de dar una imagen un tanto confusa de todo lo relacionado con la situación y proceso de este ciudadano romano. Hechos ha compartido en detalle el itinerario hasta llegar a Roma. En el trayecto cuenta algunos sucesos que ponen color a la complicada travesía, porque se esperaba que la llegada y permanencia de Pablo en Roma iría a darle al narrador una oportunidad muy clara para ampliar con cierta minuciosidad lo que estaba compartiendo. Solo dice que Pablo seguía encarcelado en Roma, a pesar del trato preferencial que le habían otorgado. Pero, no se detiene siquiera a esbozar pasos que pudieran llevar a modificar o resolver esa situación.
No se sabe si finalmente Pablo llegó a estar frente al Cesar, o si se pensaba que el caso se resolvería o estaba en vías de serlo, sin llegar a esa instancia. El cierre del relato de Hechos es muy abrupto, Se pueden imaginar muchas posibles razones para trazar ese final, las que no se puedan constatar. Se podría argumentar, por ejemplo, que el texto programado era más largo y comprensivo, pero su autor u otras manos le pusieron aquí su punto final, ya sea porque no tenían constancia de sucesos posteriores, porque reservaron material para una nueva publicación, o sencillamente no quisieron contar lo que finalmente sucedió.
Los registros históricos de esa época no aportan información que ayude a hacer deducciones fidedignas. La imaginería religiosa trazó escenarios que no pueden sustentarse históricamente pero que pintaron cuadros que alimentaron la piedad de la iglesia y su andamiaje religioso.
¿Cuál fue la relación de Pablo con los cristianos en Roma?
La relación de Pablo con los cristianos en Roma aparece en su Carta a los Romanos donde expresa su deseo de visitar la ciudad “para comunicarles algún don espiritual” (Rom. 1:11).
Después de compartirles su visión teológica, considerada por el reformador Melanchthon como “un resumen de toda la doctrina cristiana”, vuelve sobre el final a insistir en su deseo de visitarles en viaje a España. Les solicita que rueguen por él para “que sea librado de los rebeldes que están en Judea”, y que la ofrenda, que lleva “para los pobres que hay entre los santos”, sea bien recibida en Jerusalén, ya que básicamente es para los gentiles. Por último, escribe un extenso párrafo dedicado a enviar saludos a un gran número de personas y familias (Rom.16) como muy cercanas a él y a su ministerio. Hechos ha mostrado que los planes originales de Pablo no llegan a cumplirse. Él va a Roma, por su propio requerimiento, ya no como parte de su plan misionero sino como prisionero de Cesar. De todas maneras, a lo imprevisto Pablo lo presenta como una instrucción divina: ”es necesario que testifiques también en Roma” (23:11).
Entre el envío de su Carta y lo que sucede en Roma, ha pasado, seguramente, una larga década. No obstante, no hay un registro en Hechos de que su obligado viaje haya producido una conmoción en la vida de la comunidad cristiana. Si bien es cierto, que van a su encuentro cuando se enteran que está llegando a Roma, no se dice que fuera hospedado por ellos, sino que vivió al menos dos años en una propiedad alquilada. Tampoco se indica quien o quienes se hicieron responsables del alquiler y sostén de Pablo.
Los misterios de Hechos
No bien llegado a Roma solicita una reunión con los “principales de los judíos” quienes, como se ha indicado, comienzan por hacerse los desentendidos, aunque reconocen que alguna información les ha llegado. Se sabe que la reunión termina con la decisión de Pablo de dedicarse solo a los gentiles. Todo da a entender que hay una distancia apreciable entre lo que ha comunicado con su Carta, la mención pormenorizada de hermanos de Roma, y su permanencia en estas tierras.
¿Conocían en Roma lo que Pablo había escrito en su Carta? ¿Por qué ninguno de los nombres mencionados en la Carta aparecen en Hechos? Este, seguramente, es uno de los misterios que ronda el final tan escueto y abrupto de Hechos. A todo esto, hay que agregar que, en Hechos, nunca se indica ningún escrito de Pablo, ni una mención de las, al menos, sietes carta que le han sido adjudicadas como auténticas.
Por otra parte, la manifiesta enemistad de Pablo con los judíos, como se ha dicho, no produjo, después una larga jornada de discusión, ningún tipo de reflexión posterior. Al mismo tiempo, no se registra que en los dos años que pasó Pablo en esa casa alquilada, a la cual visitaron muchas personas para escucharlo, diera como resultado que algunos de ellos se añadieran a la comunidad de creyentes. En todos los otros casos en que se predicaba el evangelio siempre se indica en Hechos resultados muchas veces significativos, dado que en número considerable se integraban a la naciente iglesia. Tampoco hay ninguna mención de que Pablo siguiese relacionado con las iglesias con las cuales tuvo tanto contacto y que se recuerdan por las cartas que les hizo llegar.
Otro misterio en esta historia es la total ausencia de algún tipo de contacto con los apóstoles. Ya se indicó como la figura de Pedro en un momento se diluye y no se llega a saber nada más acerca de él o de los otros apóstoles, salvo una mención de un encuentro con Jacobo en Jerusalén (21:18). Hechos se inicia con una introducción que parece determinar el carácter de toda la historia. Comienza con un resumen de quién es ese Jesús, su elevación y la promesa del Espíritu Santo que será el poder que moviliza su predicación. Son esos apóstoles los primeros testigos. Como resultado de su predicación se van integrando nuevos adeptos a esa incipiente comunidad. Esta es la base de la historia que se propone tratar. La creación de los grupos que pronto se organizan adquiere la característica de comunidades de participación de bienes, sin ninguna estructura que evidenciara la presencia de autoridades eclesiásticas.
De la comunidad a la institución
Quizás, se deba comenzar por preguntar si los relatos en Hechos hablan de una realidad lejana a la concepción más tradicional de lo que hoy se entiende por una iglesia. Cuando Hechos menciona la partida de Jesús de este mundo anuncia la venida del Espíritu Santo, con cuya presencia y poder contarán sus testigos hasta lo último de la tierra.
No hay mención de la creación de una institución llamada iglesia sino de un poder que será la fuerza de los apóstoles para ser testigos de Jesús. No se los reviste de una autoridad especial separada de los demás creyentes. Llamarlos apóstoles es reconocerles que ellos han estado con Jesús, que “comieron y bebieron” con él antes de su partida. Ese el poder que los sustenta, pero no los coloca en un escalón superior en la comunidad. La presencia y ministerio de Pablo, cuya insistencia en ser considerado apóstol ya ha sido tratado, no oscurece el hecho de que se indica una marcada libertad de acción que puede, en algunos casos, ser considerara como excesiva.
Si hay una cualidad que pudiera caracterizar al cristianismo, según lo que cuenta Hechos, es que se está frente a un movimiento, no frente a una organización que se va integrando. Es reconocido que todo movimiento llega un momento en el que, inevitablemente, necesita dar lugar a un tipo de organización. Este proceso no está predeterminado para que llegue a asumir un particular esquema, al que necesariamente tenía que arribar la comunidad cristiana. El desarrollo de comunidades con estructuras jerárquicas que se irán afianzando, mayormente, a partir de la era constantiniana.
Los vaivenes del conflicto
La predicación cristiana viene a desafiar a la autoridad religiosa judía de aquel tiempo, que no reconoce en ese Jesús el cumplimiento de los tiempos proféticos Lo cierto es que los apóstoles, hijos de su tiempo, se aferran a su tradición y quieren demostrar que ese nuevo tiempo es la culminación de la larga esperanza del pueblo de Israel.
Este es uno de los aspectos del conflicto que se agranda cuando el mensaje se dirige a los gentiles a quienes no se les exige ajustarse enteramente a la tradición judía. Esta dimensión universal del mensaje, ya se encuentra desarrollada en la época que se escribe Hechos. Sin embargo, aquí no se obvia el conflicto porque no todos los seguidores de la tradición judía quieren aceptar la entrada de gentiles sin pasar por la ciudadanía religiosa judía. Es este el mayor conflicto que atraviesa todo el libro de Hechos al cual no se le encuentra una solución definitiva.
Los primeros misioneros consideraron la tradición de Israel como central en la comprensión de su predicación, y es en esta tradición que hay que descubrir su dimensión universal. Pero la visión del mundo helenístico, que no tiene a la tradición judía como propia, aparece como un observador no muy interesado en un conflicto que le es ajeno. Al mismo tiempo, la comunidad no parece considerarse sujeta a la autoridad romana, la que siempre intenta permanecer al margen de este conflicto. Las autoridades romanas actúan de oficio, evitando la confrontación con los judíos.
La falta de interés con que los atenienses reciben en el areópago la arenga de Pablo sobre la resurrección es otra muestra de que, en aquel momento, la cultura de aquellas tierras estaba muy ausente de lo que pasaba en el mundo judío. El final del libro pone una marca muy terminante de separación en el latente conflicto presente en la comunidad, como se ha mencionado repetidamente. Aquí, Pablo abandona todo contacto con los judíos, y se los anuncia, para concentrarse en la predicación a los gentiles. Pone así una nota de fractura que deja en suspenso cualquier posibilidad de reencuentro.
De todas maneras, esta ruptura no modifica los contenidos tradicionales sobre los que sostiene el desarrollo de esta incipiente comunidad cristiana. Su característica de movimiento, está apegada a la tradición judía, no solo porque es la herencia de su pasado, sino porque tenderá a seguir aferrada a ese pasado.
Un poder que prevalece
Al mismo tiempo, este movimiento, que no tiene una estructura determinada, irrumpe en un mundo que ha definido determinadas estructuras políticas y religiosas. Ha establecido sus reglas y el alcance de su propia autoridad. En ningún momento se plantea lo que significa el dominio romano en Israel, ni los movimientos que pujan por su liberación.
Es llamativo que, dado los frecuentes encuentros con las autoridades romanas, y su relación tan fluida con las judías en diversas partes, Hechos no hubiera procurado una explicación más explícita de su importancia. Por momentos, da la impresión de que la predicación cristiana, muchas veces acosada y maltratada, sigue su camino con un cierto desapego de la realidad de la sociedad en la cual se manifiesta. Es posible pensar que se trata de una estrategia que procura evitar el debilitamiento de su desarrollo.
La saliente característica que prevalece en Hechos es la libre proclamación sin condicionamientos de ningún tipo, con un sello en todo el relato: la presencia de lo que se denomina el Espíritu Santo. En ningún momento se describe o indica qué significa ese espíritu, pero sí el poder que provoca en quienes llegan a recibirlo. Es una forma de decir que no se establecen autoridades porque el poder, que es un poder inmaterial, solo es dado con un propósito que es el de anunciar el evangelio. De todas maneras, el poder siempre está en manos de ese Espíritu.
Reflexión final
¿De qué manera lo desarrollado sobre las bases de la comunidad cristiana ha ido definiendo la vida de las nuevas comunidades a lo largo de los años? Se piensa que los paradigmas fundacionales se han tornado abstractos y las estructuras institucionales han prevalecido y los han oscurecido.
Esta situación no es nueva y fue motivo de larga discusiones y controversias. A principios del siglo pasado, por ejemplo, se manifestó en un debate entre dos teólogos europeos: Rudolf Schom y Adolf Harnack, que recoge Rudolf Bultmann en su “Teología del Nuevo Testamento” (pág.317).
Según Schom algo así como “una ley eclesiástica” está en abierta contradicción con la naturaleza de la Iglesia. Lo que en verdad era la tarea del Espíritu Santo, es ahora detentado por las personas en el ministerio eclesiástico, que se trasforma en la autoridad del oficio. La institución suplanta al Espíritu Santo. Esto, cree él, es lo que desacredita a la Iglesia, Por su parte, Harnack intenta probar, por el contrario, que desde el comienzo hubo en la iglesia primitiva regulaciones que tuvieron el carácter de ley y que, necesariamente, se desarrollaron en regulaciones plenamente legales, y que tales regulaciones de ninguna manera necesitaban contradecir la naturaleza de la Iglesia. Harnack centra su atención en la iglesia como un fenómeno histórico. Schom lo mira desde el punto de vista de su autocomprensión.
Pero, ¿Hasta qué punto la autocomprensión de la iglesia es en sí misma un factor que ha determinado su forma y su historia? Bultmann, que considera ambas posiciones, llega a la conclusión de que los dos están hablando de cosas diferentes, las cuales no hay que excluir. El error está justamente en parcializarse por el lado de la disciplina, el orden, o por el lado de lo que significa la iglesia como lugar donde rige el Espíritu Santo.
La iglesia es un fenómeno histórico, sujeto a las leyes a las que todos los fenómenos históricos están sujetos, ya sean sociológicos, psicológicos y demás. Al mismo tiempo, la iglesia se reconoce a sí misma, entre otras cosas, como “los convocados”, no atribuyendo el ingreso a la iglesia a una libre decisión sino al llamado de Dios y regida por el Espíritu Santo. Una participación que no se agota en sí misma, sino que llama a ser testigos “hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:7) + (PE)
Capítulo XII de El libro de los Hechos, una mirada desde la comunicación, de Carlos Valle, que se edita juntamente con Prensa Ecuménica
Arte. “Estallido”, “Campo y cielo” “Luna en el campo” de Katia De Vita. Nació en Sarandí, Gran Buenos Aire. Contrajo matrimonio con Miguel Brun, pastor de la Iglesia Metodista en Uruguay.  Se trasladó al país hermano donde nacieron sus tres hijos. Durante la Dictadura Cívico-Militar de Uruguay, Katia y su esposo Miguel fueron detenidos Estuvieron encarcelados por 11 meses. Lograda la libertad condicional, “los militares nos empujaron al exilio y Francia nos acogió” comenta Katia. Allí fueron recibidos por la Iglesia Reformada donde Miguel trabajó como pastor y Katia especialmente con niños y mujeres. Actualmente Katia vive en Montevideo. Integra el taller de pintura de Juan José Montands. La técnica que emplea es el óleo. En el cuadro “Campo y cielo” utilizó acrílico y óleo superpuesto.

El autor es Teólogo, con estudios en Alemania y Suiza. Pastor (j) de la Iglesia Metodista Argentina. Director del Departamento de Comunicaciones del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET), Buenos Aires, 1975-1986. Presidente de Interfilm, 1981-1985. Secretario General de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), Londres, 1986-2001. Autor de los libros Fe en tiempos difíciles (982) Comunicación es evento (1988); Comunicación: modelo para armar (1990); Comunicación y Misión; En el laberinto de la globalización (2002) y Emancipación de la Religión (2017)


Fuente: ALCNOTICIAS, 2017.