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martes, 17 de octubre de 2017

500 años de reformas – mujeres y hombres en servicio conjunto



Por Marianne GOLDSCHMIDT- Francia
En el contexto del quingentésimo aniversario de las Reformas en el siglo XVI, seguimos soñando con las evoluciones que nuestras iglesias necesitarían. Sin lugar a dudas, podemos reconocer que en el curso de la historia de estos años, de manera muy diferente según los círculos de la Iglesia, cierto feminismo ha encontrado su lugar en las comunidades de fe en Jesucristo. ¿Cómo podemos garantizar un beneficio justo para todos, y todas, si no queremos que sea a expensas de nuestros hermanos? ¿Cómo podemos avanzar juntos hombres y mujeres en la vida de nuestras Iglesias que buscan ser testigos de Jesús?
Algunos consideran que hablar del feminismo religioso es antinómico. Por definición, las religiones monoteístas han promovido el poder de los hombres y su dominio sobre las mujeres. No es que la ley o los textos religiosos sean misóginos en la base – más de una mujer, sin ser una feminista, encuentra una fuente de liberación y consuelo. Liliane Vana [1], talmudista y filólogo, especialista en Halakha, ley judía, está fascinada por los textos de la Torá, deplorando que esta ley no se aplique.
Sin embargo, reconocemos, citado por Michel Rocard Irène Frachon: “El protestantismo me ha aparecido a menudo como una de las religiones menos culpables en la esclavitud de los hombres y, en particular, en mayor criterio, para las mujeres [2] ”
¿Qué pasa con nuestras iglesias menonitas?
Sin duda hemos experimentado una evolución en la acogida de las mujeres en la vida de la Iglesia a nivel de todos los ministerios. Las mujeres, las esposas, las solteras, las madres, las abuelas, son pastoras, maestras, trabajadoras juveniles, pastoras itinerantes, lo que sugiere que hay intencionalidad y creatividad para adaptar una posición a las habilidades y el carisma de la persona en cuestión. Una hermosa evolución para las mujeres de mi generación que veían nuestros caminos divergir con los de nuestros colegas responsables de grupos de jóvenes: para ellos, el destino fue armado para la función de ancianos, pero nosotras teníamos que probarnos… Escuchamos los textos bíblicos, probablemente también sufrieron las influencias culturales alentadoras en esta dirección, y recibimos el aval de nuestros hermanos para probarnos en diferentes campos.
No sucedió suavemente o sin dolor. El camino abierto por nuestras hermanas pioneras en el ministerio de docentes en el Bienenberg, entre otros, es una fuente de inspiración y gratitud.
A pesar de que vemos en algunas iglesias el deseo de no ceder con el desarrollo de ministerios de la mujer, en general tenemos un viento favorable, el soplo del Espíritu, para llegar al trabajo y servicio.
Parece que todavía tenemos que trabajar por la estima de nosotras mismas, la falta de confianza que nos caracteriza y que a veces complica la colaboración con nuestros colegas masculinos. Además, ¿nos preocupábamos por lo que les ocurrió a nuestros hermanos en todos estos procesos de cambio? Puede ser oído, no sólo en el círculo de hombres, cierto pesar sobre el marco exclusivo para ciertos cultos por un equipo de mujeres, la feminización de nuestras liturgias, el despertar de nuestras canciones … Algunos (s) se preguntan: donde están los hombres?
¿Dónde están los hombres?
Ansiedad verdadera o falsa, dentro de nuestras iglesias, no queremos dejar a nadie bajo la baldosa, y nuestra misión en la Iglesia es avanzar juntos hombres y mujeres, iguales ante Dios, llamados unos a otros a raíz de Jesús -Cristo. Esta consideración mutua no está en sintonía con los tiempos: la voz del abogado de María Plard, que aboga por el padre en dificultades con su trabajo “tabú: paternidad impuesta” [3], parece llorar en el desierto. ¿Cómo podemos trabajar juntos para asegurar que el respeto por los hombres y las mujeres se refresque en nuestras relaciones? ¿Para que no sólo declinemos nuestras relaciones en el modo de dominación o seducción? ¿Para que la liberación de algunos no cierre el proyecto de ley a los demás? ¿Y que la reanudación en manos de uno no excluya otra vez a los/as demás? Probemos algunas pistas.

Mujeres y hombres juntos
  1. Como seres sexuados, nos necesitamos el uno al otro. Uno de los efectos buscados por los teóricos del género es poder elegir su sexo, incluso sus sucesivas sexualidades. ¿Podría ser una manera de buscar la autosuficiencia, de concentrar en sí misma la plenitud? El ideal que los medios quieren que soñemos es el unisex, el andrógino, incluso el transgénero, que de hecho abarca todo lo posible. Queremos reafirmar nuestra interdependencia, nuestra necesidad el uno para el otro como seres limitados marcados por la finitud. El Señor que nos creó hombre y mujer a su imagen, nos desea esta perspectiva de intercambios relacionales que Jesús vivió en la tierra con su Padre.
  2. Las diferencias de valor como lugar de aprendizaje y disfrute, más que tensiones, competiciones y rivalidades. Como Valérie Duval Poujol dice: “El lugar dado a las mujeres en nuestra sociedad es en realidad un marcador de la capacidad de un sistema para hacer espacio para el” otro “diferente de mí. Nuestras reuniones, nuestras reflexiones, nuestros ministerios ganan en riqueza, en sabores, en alegría con nuestras diversidades combinadas. Las reuniones en verdad nos liberan de estereotipos de géneros que esclavizan nuestros intercambios. Una mujer tiene el derecho de razonar sin ser maravillada y un hombre puede prestar atención a su apariencia sin ser ofendido …
  3. Evitemos asignar un género a los valores: dulzura, generosidad, escucha serían las cualidades femeninas y la fuerza, la violencia, la autoafirmación sería puramente masculina y a huir … Juntos hombres y mujeres tienen que descubrir cómo encarnar los frutos del Espíritu. Que en nuestras iglesias, la ternura por lo masculino pueda ser bienvenida y la presidencia por lo femenino sea apreciada. Los estudios de masculinidad y feminidad muestran una gran diversidad en la expresión de los mismos sentimientos y habilidades. Bajo una mirada benevolente, nos damos cuenta de que estamos cincelados/as con rasgos femeninos y masculinos.
  4. Nuestra misión para todos los hombres y mujeres es transmitir la vida, hacer emerger nuevas formas, inventar nuevas respuestas a los desafíos de nuestro tiempo. Si las mujeres tienen el poder de transmitir la vida de un ser humano (y para muchos, el machismo sería una respuesta a esta injusticia básica!), Hacen bien en recordar que su papel no es exclusivo en este historia y no sólo en sus comienzos! Cualquiera que sean los llamados a un cambio en las leyes sobre la bioética, debemos estar juntos hombre y mujer para procrear! La participación del hombre puede resultar muy congruente en la historia de como un niño va a nacer, pero lo que es frágil requiere nuestra atención particular.  Reconozcamos la reciprocidad.
Si en los últimos años nuestras iglesias han sido un lugar de liberación para las mujeres, permanezcamos vigilantes: como la Palabra de Dios en un mundo hostil, nuestras diferencias entre hombres y mujeres se han vuelto frágiles y tenues. Queremos seguir incluyendo a hombres y mujeres en el gran plan de Dios para que vivamos esta palabra fundadora: “Dios creó a los humanos a Su imagen: Él los creó a la imagen de Dios; hombre y mujer los creó. (Ge 1,27). Y en respuesta al llamado de Jesús, queremos que hombres y mujeres hagan conocer la vida eterna.
Notas:
[1] Le Monde des religions, Ces femmes qui bousculent les religions, n° 84, juillet-août 2017, p. 46.
[2] Hebdomadaire Réforme, n° 3687 du 5 janvier 2017.
[3] Mary Plard, Paternités imposées :  un sujet tabou, Les liens qui libèrent, 2013.
[4] Hebdomadaire Réforme, n° 3687 du 5 janvier 2017.
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Marianne Goldschmidt, Iglesia de Saint-Genis / Bellegarde
Publicado el 26 septiembre 2017  En 500 Años de las Reformas , Blog http://www.editions-mennonites.fr/
Es el Noveno artículo de una serie, que aboga por un lugar adecuado para mujeres y hombres en la Iglesia.

Traducción-adaptación: Claudia Florentin para ALC Noticias

lunes, 16 de octubre de 2017

La mujer en la Reforma protestante y el sacerdocio de todos los creyentes



Por. Susana Sánchez- República Dominicana
Cuando se ve a la mujer desde el punto de vista sociológico surge una pregunta. ¿Quién es la mujer? Es evidente que la pregunta sorprende, pues en muchas interpretaciones de la narrativa bíblica de Génesis 2:22-23, la mujer no es considerada desde el punto de vista sociológico, sino que la infraestructura del carácter femenino se remite a una definición  hecha desde el punto de vista biológico. Esta prospectiva de ver a  la mujer, la reduce al papel de hembra, dedicada a la reproducción, al cuidado de  los hijos  y subordinación al varón. Sin embargo en la perspectiva del Creador, Eva no es creada en segundo lugar porque Adán estaba solo, sino como parte del plan diseñado por Dios en la creación. Por, lo tanto, ellos son iguales, diferentes y complementarios. Parte del diseño original.
A lo largo de la historia, la condición de las mujeres ha sido de sumisión y opresión. El siglo XVI no fue la excepción, continúa la historia de sumisión a valores y normas masculinas. Sin embargo, hubo varios destellos que pudieron provocar cambios en esta situación. Estos fueron pocos, pero significativos para la época: concientización con respecto a la idea que tenían de sí mismas, la revalorización de la mujer casada, mayor libertad para las mujeres cultas, como el caso de grandes escritoras, reformadoras religiosas y reinas.
La Reforma protestante no ayudó en la práctica a reivindicar el papel de sumisión que tenía la mujer, limitándola al marco doméstico sin poder acceder al marco eclesiástico en el reconocimiento de sus ministerios o la ordenación a los mismos. Pero sentó las bases de doctrinas tales como el sacerdocio universal de los creyentes y la soberanía de Dios. Mismas que dejan de lado la tradición patriarcal opositora del reconocimiento y ordenación de la mujer.
Así, también, hemos escuchado por años los nombres de Jan Hus, Lutero, Melanchton, Calvino, Farel, Zwinglio. Pero al lado de ellos debemos poner nombre como: Margarita de Navarra que desarrolló actividad política, reinas como, Juana de Albret, Marie Dentière, Argula von Grumbach, Catarina Von Bora, entre otras. Mujeres que se entregaron por completo a la obra reformadora.
Creo que es fundamental que en la búsqueda de la esencia de nuestra identidad como nuevas criaturas, hombres y mujeres, leamos a Pablo a partir de Jesús y no a Jesús a partir de Pablo recordando que los evangelios se redactan a excepción de Marcos, cronológicamente después de la redacción de los escritos paulinos.
Es fundamental ver los énfasis que proponen los evangelios a las iglesias que ya estaban funcionando. Jesús escandalizó a la sociedad de su tiempo rompiendo las barreras entre hombres y mujeres, entre judíos y gentiles, entre ricos y pobres. Habla con una mujer samaritana, alaba la actitud impropia de María como mujer judía, permitió que mujeres le siguieran en su ministerio itinerante, derramó su Espíritu a mujeres y hombres por igual en Pentecostés.
Creo que no hay en Jesús, ni en Pablo, ni en las escrituras un apoyo para hacer del cuerpo de Cristo hoy día, una iglesia mutilada, un cuerpo mutilado, en el que solo la mitad de la iglesia (los varones), participen activamente en los distintos ministerios, relegando al resto las mujeres al mutismo y la marginalidad.
Creo que la mujer tiene licencia y respaldo tanto espiritual como escritural para realizar aquel servicio para el que el Espíritu la capacite con los dones requeridos, sea éste la enseñanza, el servicio, la evangelización, el diaconado, el pastorado.
Creo que la iglesia debería volver a organizarse según los carismas y dones, dejando a un lado los caprichos de interpretación doctrinal. Pero Pablo  deja caer semillas de esperanza al manifestar la igualdad que disfrutamos como coherederos de una misma promesa (Gal.3:28).
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La autora es PHD en teología, Psicóloga Clínica, terapeuta familiar. En la actualidad es Presbítera de la Iglesia Evangélica Dominicana, de donde es pastora por 27 años.  En Presidenta Nacional de educación cristiana de su denominación.  Presidente y fundadora del Consejo Nacional de la Juventud cristiana de la República Dominicana.   Ha sido Gerente de Compromiso Cristiano de Visión Mundial República Dominicana. Es  Directora de la Escuela de Teología de la Universidad Nacional Evangélica y Catedrática. Licenciada en teología (UNEV). Maestría en divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico. Doctorado en teología (PHD) de la Universidad de Oxford Inglaterra, doctorado en ministerio, Master en Educación Mención Gestión Educativa, Capellanía.
Entre sus Obras se encuentran: “Quisqueya Cuenta su Historia y Celebra su Fe: Puerto Plata y Samaná cuna del Protestantismo Dominicano y Caribeño”, “La  “El buen Humor de Dios”, “Gozo en Medio de Prueba y el, La soledad en busca de compañía, Sufrimiento”, y la novela “La soledad en busca de Compañía”. Novela ha Muerto la violencia, libro de texto introducción a la ética cristiana y profesional;  pastoral de la paz y la ternura con la niñez y la adolescencia: Una teología de la niñez  de cara a los 500 años de la reforma. Entre otros escritos.

Fuente: ALCNOTICIAS, 2017

domingo, 15 de octubre de 2017

“La homofobia no está en la Biblia, sino en sus intérpretes”



Por. Renato Lings, España
El Dr. Renato Lings es traductor e interprete; doctor en Teología y escritor. Ha trabajado entre otras cosas como intérprete en el Parlamento Europeo, como profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana o investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education. En 2011 publicó: “Biblia y homosexualidad; ¿se equivocaron los traductores?”. Reproducimos la entrevista de blog Homoprotestantes-Carlos Osma.
Empecemos por el principio. Naciste en Dinamarca dentro de una familia evangélica muy activa dentro de la Iglesia, de hecho tu padre era maestro y encargado parroquial. ¿Cómo fue para ti descubrir tu homosexualidad en ese contexto? ¿Y para tu familia?
Descubrir mi homosexualidad fue una experiencia muy extraña. A partir de los once años aproximadamente me fui dando cuenta que algunos varones me atraían poderosamente. Al mismo tiempo no me atrevía a mostrarles ningún afecto especial. Crecía en un ambiente rural cerrado y represivo en el que era peligroso “pasarse” y reinaba la conformidad en todo. La homosexualidad era un tema tabú y, como medida de autoprotección, yo guardaba instintivamente mi secreto. Durante toda mi adolescencia, nadie se enteró de mi vida sentimental.
¿Cómo era el Dios que tenías dentro del armario? ¿Cambió en algo cuando finalmente pudiste salir de allí?
Era un Dios contradictorio. Por un lado me enseñaron en la escuela dominical la importancia de Juan 3,16, versículo que dice: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna.” Es una afirmación hermosísima que me ha permitido conservar mi fe cristiana hasta la fecha. Al mismo tiempo, sin embargo, el Dios que reinaba en mi ambiente familiar tenía bastante de dictador porque muchas cosas nos estaban prohibidas. Por ejemplo, a mí y a mis hermanas y hermanos no nos permitían aprender a bailar y no podíamos leer libros y revistas con contenido erótico. A los 18 años intenté salir del armario acudiendo al médico de cabecera pero él me remitió a un psiquiatra bastante retrógrado que me aconsejó esperar algunos años más. Fue una etapa dura y depresiva, de una gran soledad. Sólo conseguí liberarme del armario cuando cumplía 24 años. Fue una auténtica experiencia liberadora. Empecé a entender a Dios de otra manera, aceptándolo como Creador de todo el universo y, por tanto, de la sexualidad humana.
Tus primeros estudios a mediados de los años sesenta fueron “Literatura y Cristianismo” y “Filosofía, griego y hebreo”… interpreto que tenías interés por conocer más profundamente la Biblia. En aquel momento, ¿Qué significaba para ti la Biblia? ¿Era una fuente de liberación o de condena?
Durante mi adolescencia llegó a aburrirme la Biblia hasta el punto de saciedad debido a la manera autoritaria en que nos la imponían. Para una persona joven como yo era prácticamente un documento fosilizado. Además, no me permitían cuestionar nada. Cuando tenía 21 años escuché una charla en que un teólogo analizaba el pecado de Sodoma y Gomorra. Terminó su reflexión afirmando que este relato bíblico condenaba “la homosexualidad”. Eso me asustó y aquel día la Biblia empezó a preocuparme de verdad. A partir de aquella experiencia me he esforzado por entender la naturaleza de la supuesta condena bíblica y desde entonces busco el lado liberador de las escrituras.
Si nos centramos ahora en los textos bíblicos que tradicionalmente son utilizados por los cristianos conservadores para condenar a las personas homosexuales, me pareció interesante la propuesta de tu artículo “Los –yaceres- de una mujer”[1] en la que afirmabas que Levítico 18,22 se puede traducir como.“No cometerás actos de incesto con varones”. Nos puedes explicar brevemente, y para que podamos entenderlo, las razones de esta traducción y sus implicaciones.
Es muy interesante el versículo 18,22 del Levítico. El lenguaje hebreo del texto original es opaco, muy difícil de entender. Por eso vienen acumulándose, desde tiempos antiguos, diferentes interpretaciones. Actualmente mis investigaciones bíblicas me permiten catalogar 14 lecturas distintas de Lev 18,22. ¿Cuál es la correcta? La respuesta es sencilla: “No sabemos”. La lectura menos probable es la que pretende presentar el versículo como una condena de “la homosexualidad”. Hace años que esta lectura está de moda porque a los traductores les facilita grandemente su trabajo. No obstante, es un anacronismo atribuir al redactor del texto hebreo actitudes “homófobas”. Este versículo no aporta ningún dato de interés para la gente LGTB de nuestros días. Si nos valemos de criterios literarios y lingüísticos a la hora de analizarlo, la clave interpretativa aparecerá por otro lado. Hasta tiempos muy recientes los estudiosos han hecho caso omiso del tema del incesto. No obstante, una amplia parte del capítulo 18 habla justamente de ese problema. Por tanto, recomiendo que tengamos en cuenta el tema del incesto a la hora de reflexionar sobre Lev 18,22.
En otro de tus artículos, “Sodoma, escenario de un choque cultural”[2] afirmas que dramas como el de Sodoma pueden convertirse en instrumentos de liberación para las personas LGTB. ¿Puedes ponernos un ejemplo? ¿Cómo podemos acercarnos a esta historia bíblica desde nuestra realidad lgtb y sentirnos liberados?
De acuerdo, es muy buena la pregunta porque a primera vista mi propuesta tal vez pueda parecer contradictoria. Si nos atenemos estrictamente a la tradición cristiana, el drama de Sodoma y Gomorra es opresor y violento. Ahí está el origen de toda nuestra vía crucis. Ahora bien, hay otra manera muy distinta de acercarnos al relato bíblico. Si deseamos respetar el testimonio que nos presenta la Biblia hebrea, ahí tenemos a los profetas Isaías, Ezequiel, Jeremías, y otros. Históricamente son los primeros intérpretes del drama de Sodoma. Según esta corriente interpretativa, el pecado de la ciudad no tiene nada que ver con supuestos delitos sexuales. Todas las voces proféticas utilizan el nombre de Sodoma como metáfora para criticar sin pelos en la lengua a los gobernantes y políticos de su época, tildándoles de idólatras, egoístas, arrogantes, opresores y violentos. Por ejemplo, léete el capítulo 1 de Isaías, fijándote en los versículos 10-17. También vale la pena estudiar Ezequiel capítulo 16, versículos 46-51. Si aprendemos a escuchar a los profetas para que nos enseñen a interpretar bíblicamente el drama de Sodoma, el proceso nos ayudará a liberarnos a nosotros mismos, a denunciar la injusticia y a ser solidarios con los desfavorecidos que malviven en nuestro entorno.
Y si vamos al Nuevo Testamento y a las cartas Paulinas, por ejemplo en textos como Rm 1:26-27 o 1 Cor 6:9-10, podríamos interpretar que el Apóstol se posiciona en contra de las relaciones sexuales entre dos hombres. ¿Crees que es así? ¿Cómo deberíamos acercarnos las cristianas y cristianos de hoy a esos textos?
Bueno, son textos muy curiosos y cada uno tiene sus complejidades. Te sugiero que vayamos por partes. Si nos acercamos primero a 1 Cor 6:9-10, te diré que muchos traductores se equivocan a la hora de interpretar dos vocablos griegos como son malakoi y arsenokoitai. Por su parte, malakoi significa “blandos”, “blandengues” o “débiles”, mientras que no se sabe prácticamente nada de arsenokoitai. Literalmente vendría a significar “varones-cama” o “varones que se acuestan”. Posiblemente la palabra tenga que ver con los burdeles y con el tráfico ilegal de prostitutas y de prostitutos jóvenes, negocio muy lucrativo en el imperio romano. Insisto, sabemos muy poco de este vocablo. Es importante darse cuenta que no aparece en la literatura erótica redactada en griego. Por esta razón no podemos interpretarlo como referencia a varones homosexuales. Debemos rechazar enérgicamente las traducciones equivocadas, de las que hay, lamentablemente, unas cuantas.
En cuanto a Rom 1:26-27 la situación es distinta. Según la tradición cristiana, Pablo critica allí a las personas homosexuales. Sin embargo, si sometemos estos versículos a un cuidadoso análisis literario, veremos que todos los verbos principales aparecen en tiempo pasado indicando que el apóstol se refiere a sucesos históricos conocidos. Algunos traductores de nuestra época se han atrevido a modificar los verbos convirtiéndolos en tiempo presente, tal vez para herir a la gente LGTB de hoy, pero se equivocan gravemente. El apóstol cita hechos ocurridos en el pasado remoto. Con respecto al versículo 26, se refiere probablemente a un grupo de mujeres que se prestó, en un momento determinado, para dedicarse a actividades sexuales “antinaturales” con varones. En tiempos antiguos, lo de “antinatural” quiere decir que sucede al margen del coito vaginal. Puede tratarse del sexo oral o anal. Los varones descritos en el versículo 27 parecen haber participado activamente en orgías, tal vez dedicadas a la Cibeles, diosa originaria de Asia Menor. En todo caso, el discurso de Pablo en este pasaje se inspira grandemente en el Libro de la Sabiduría que contiene una larga serie de denuncias de las prácticas idolátricas y de los excesos que acarrean. Ante todo, las críticas de Pablo se centran en la idolatría. Enningún momento le interesa condenar a dos personas que viven en pareja. La gente a que se refiere el apóstol en este pasaje no es cristiana sino pagana. Es absurdo aplicar esta polémica puntual, que surge en un debate ocurrido hace dos mil años, a las personas LGTB cristianas de nuestro tiempo que vivimos en una realidad muy distinta.
Para entender mejor a Pablo en la Carta a los Romanos, hay que leer la carta entera hasta llegar al capítulo 16. Demasiados lectores se limitan a estudiar algunos versículos del capítulo 1, ignorando que el texto continúa y que sirve para criticar a una persona determinada que vive en Roma. Esa persona aparece en el capítulo 2. En tiempos del apóstol no existía la división en capítulos que conocemos nosotros. Las denuncias expresadas en el capítulo 1 desembocan en el capítulo siguiente donde Pablo castiga verbalmente al “instructor” de origen judío que siembra la confusión en la comunidad cristiana recién constituida. Hacia el final de la carta (16:17) Pablo previene a sus lectores contra quienes predican doctrinas que le son ajenas: “Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido”.
Para estudiar este contexto, recomiendo las obras de los teólogos James Alison y Douglas Campbell. Este último intuye que la diatriba expresada en el capítulo 1 de la carta pertenece realmente al instructor judío y que Pablo la cita para después rechazarla enérgicamente. O sea, las opiniones vertidas en los versículos 1,26-27 no las comparte el apóstol sino todo lo contrario. Leída así, la carta comienza a tener una coherencia profunda, permitiéndonos apreciar mejor cuál es la misión principal del Apóstol de los Gentiles. Como él mismo dice en Rom 1:1 y 1:3, su cometido es anunciar y compartir el evangelio de Cristo Jesús.
Si analizamos hoy el camino andado durante varias décadas por muchos cristianos y cristianas lgtb intentando aclarar o reinterpretar los textos bíblicos que los conservadores utilizan para condenarlos… ¿No te parece que intentar siempre justificarnos sólo muestra que no nos hemos liberado realmente de la homofobia? ¿Qué todavía les estamos intentando pedir que nos acepten en sus iglesias y en su mundo? ¿No te parece que esa dinámica siempre sitúa a las personas LGTB como las que tienen que justificarse y a las heterosexuales las que tienen que ser convencidas para dar su visto bueno?
Es muy importante esa pregunta. Reconozco de plano que yo mismo caigo a veces en la postura defensiva viéndome obligado a justificar mi compromiso cristiano y mi derecho de pertenecer a una iglesia determinada. Hace tantos años que nos tienen acostumbrados a esta rutina que nos cuesta una barbaridad salir de ella, por muy incómoda y desagradable que sea. Yo he dedicado los últimos diez años de mi vida a reinterpretar los textos bíblicos explicándolos como mensajes que no condenan a las personas LGTB. Ya estoy seguro, completamente convencido, de que la Biblia no es enemiga sino una gran amiga nuestra. Pero todos necesitamos educarnos y estudiar mucho, tanto heterosexuales como las y los que nos definimos de otro modo. Llevamos encima una larga tradición eclesiástica que nos ha amargado la vida. Seamos claros: el problema está en la tradición y no en las escrituras. Volviendo a tu pregunta inicial, me parece que ya es hora que nos acostumbremos a interrogar y cuestionar a los que quieren condenarnos para conocer el motivo de tales actitudes. Ellos piensan tener a su lado la Biblia y la realidad es muy otra. Y, desde luego, insisto y repito que nos urge aprender a analizar las traducciones de la Biblia que usamos habitualmente para poder exponer y denunciar los fallos y errores que cometen los traductores con escalofriante frecuencia. A nosotros nos toca demostrarle al mundo lo que significa amar los escritos bíblicos.
Supongo que hay muchos textos bíblicos en los que has reconocido a un Dios que te habla como cristiano y gay. Textos que te han liberado, dado fuerzas, te han consolado o dado esperanza… pero sin tener que dejar tu orientación sexual fuera. ¿Podrías compartir brevemente uno de ellos?
Un texto bíblico que me ha inspirado grandemente es el libro de Rut. Se trata de una perla literaria y teológica. El narrador demuestra cómo una joven mujer pobre, viuda y extranjera (Rut) es aceptada por toda la comunidad de Belén, y bendecida por el Dios de Israel, gracias a su amor incondicional por una mujer israelita (Noemí). Cuando Rut ha dado a luz a Obed, su primogénito, todas las vecinas llevan al bebé al regazo de Noemí diciendo: “A Noemí le ha nacido un hijo”. De esta manera celebran públicamente el vínculo afectivo que existe entre ambas mujeres.
La experiencia nos confirma que la homofobia no puede tener nada que ver con el evangelio de Jesús, ni con el amor de Dios. ¿Puedes compartir también un texto bíblico que muestre la incompatibilidad del seguimiento de Jesús y la homofobia?
La homofobia es excluyente. Las personas que Jesús critica más a menudo son aquellas que excluyen y desprecian al prójimo. Jesús no tiene nada de homófobo. En Mateo 19:12 habla de los “eunucos”, término que abarca a personas que nacen asexuales o sin ganas de casarse heterosexualmente, por el motivo que sea. Es posible que esté incluida la gente LGTB. De todas maneras el texto pone en evidencia que Jesús se refiere a estos grupos con respeto. Recordemos también al centurión romano (Lucas 7 y Mateo 8). El diálogo que este oficial mantiene con Jesús nos demuestra que cualquiera que se acerque al Maestro con sinceridad y humildad será escuchado, por muy diferente que sea de la mayoría y a pesar de ser, como en este caso, representante de nada menos que la odiada ocupación militar romana. Por otra parte, es probable que el centurión lleve una relación de afecto especial con el joven siervo moribundo y que es justamente ese amor el que lo motiva a solicitar la intervención de Jesús. El Maestro celebra la gran fe del oficial y lo bendice en términos prácticos sanando inmediatamente al criado amado. También en esta situación cabemos, de alguna manera, las personas LGTB, si nos identificamos con el centurión y su pareja. Por último, he de señalar la relación de afecto que existe entre Jesús y el discípulo amado como la plantea repetidamente Juan Evangelista a partir del capítulo 11. AJesús no le inquietan en lo más mínimo las relaciones entrañables entre dos personas del mismo sexo sino que las acepta en la práctica. Tanto es así que él mismo se nutre de la ternura especial que lo une a un discípulo muy querido.
Actualmente los cambios sociales están haciendo que las iglesias tengan que posicionarse respecto a las personas LGTB. Vemos como algunas iglesias en Europa abren sus puertas para ellas, pero otras, como en el caso de España, todavía las tienen cerradas. Todo eso se traduce en tensiones y enfrentamientos…. ¿Qué papel puede tener la Biblia para superar todo esto? ¿Cómo deberíamos acercarnos a ella para que fuera un lugar donde buscar luz y no un ladrillo que lanzarnos a la cabeza?
La persecución homófoba que orquestan algunas iglesias poderosas se basa ante todo en el prejuicio y en unos pocos textos bíblicos interpretados erróneamente. El problema no está en la Biblia sino en sus intérpretes. Estos hechos vienen documentándose cada año más como lo demuestran, por ejemplo, algunos libros míos. La documentación más amplia de esta temática se encuentra en mi última obra en inglés titulada Love Lost in Translation. Todo mi trabajo teológico lo dedico a dos esfuerzos: (1) reinterpretar la Biblia y (2) denunciar los múltiples errores cometidos por los traductores, quienes actúan así no por maldad sino por ignorancia y debido a su formación en el seno de una larga tradición eclesiástica de índole homófoba y misógina. Y mientras yo viva no me cansaré de hablar de la gran riqueza psicológica y teológica que contiene la Biblia para toda la gente LGTBque quiera profundizar su fe y crecer espiritualmente. El mejor guía para el viaje es el que nos llama diciendo: “Sígueme”.


Fuente: ALCNOTICIAS, 2017