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viernes, 16 de septiembre de 2011

Estados Unidos se divide ante el matrimonio gay, dice una encuesta

Los norteamericanos manifiestan estar a favor y en contra del matrimonio homosexual, según una encuesta nacional realizada por Associated Press y National Constitution Center, publica la AP.
El 53% de los 1,000 adultos entrevistados telefónicamente cree que el gobierno debería dar reconocimiento legal a los casamientos entre homosexuales, una cifra aproximadamente igual que el año pasado, lo que indica que las opiniones de los estadounidenses están profundamente divididas respecto a este tema polémico.
También EEUU, está dividido sobre qué debería hacer el gobierno al respecto.
El apoyo al reconocimiento legal del matrimonio homosexual ha variado en los últimos años, desde una oposición por escaso margen en el 2009 a una aprobación por escaso margen ahora. El cambio se debe en parte a una brecha generacional, ya que según la nueva encuesta, la mayoría de los consultados menores de 65 años favorecen el reconocimiento legal de los matrimonios gay y una mayoría de los mayores de esa edad se opone.
En algunos sitios, el gobierno ha tomado la iniciativa. En julio, Nueva York se convirtió en el sexto estado -junto con el Distrito de Columbia- en legalizarlo. El tema desempeñó un papel especial en elección de ayer en la ciudad de Nueva York para reemplazar al representante Anthony Weiner. El apoyo del demócrata David Weprin por el casamiento homosexual le costó el apoyo entre los judíos ortodoxos y perdió ante el republicano Bob Turner.
Los legisladores de Carolina del Norte, el único estado del sudeste que no tiene un pasaje en su constitución que prohíba el casamiento gay, votó ayer martes, para poner el tema en una elección en el 2012. La mayoría de los estadounidenses que viven en estados donde el casamiento gay no es legal dicen que es improbable que su estado apruebe una ley para legitimarlo; apenas un 20% cree probable que se llegue a convertir en ley en su gobierno

Fuente Noticia Cristiana

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Respuestas para jóvenes:
¿Eres feliz?

Tiene que haber algo más que esto… (No siempre estoy feliz) En algún momento de nuestras vidas, llegamos a un lugar donde nos preguntamos de qué se trata todo esto. ¡Tal vez sea donde te encuentres ahora! En un lugar donde estás insatisfecho con tus relaciones, con tu situación escolar, con tu familia, y no puedes imaginarte porqué nada parece ser como debería. Es claro que falta algo, pero con puedes señalarlo con tu dedo. Es algo que no puedes ver. Algo que puede ser muy pequeño pero que en realidad es ENORME. Continue leyendo...

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Cita célebre:
No quiero hacer lo correcto

“Las pautas morales son opresivas y legalistas sólo a los que todavía aman su pecado. Por ejemplo, la única razón que la integridad debe ser una carga para usted es si usted disfruta ser deshonesto…La obediencia a los mandamientos justos de Dios es fácil para aquellos cuyos corazones han sido presa de la gracia y cuyas vidas se encuentran empoderadas por la gracia. (Dt. 30:11;. Mt 11:29-30;. 1 Jn 5:3).”
Sam Storms

Preguntas de reflexión: ¿Sí evaluamos nuestras vidas y corazones qué descubrimos? ¿Por la gracia de Dios estamos cumpliendo con sus mandamientos sin que estos sean una carga para nosotros? ¿Sí las pautas morales son una carga fuerte a nuestra vida qué podemos hacer? Para compartir sus respuestas favor.

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jueves, 15 de septiembre de 2011

LA VIDA ES UN DON DE DIOS

La Comisión de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Argentina difundió hoy el “Compromiso por la Vida”, una reflexión conjunta sobre el “don de la vida”, suscripta por el presidente de dicha Comisión, Mons. Carlos Malfa, y representantes de diferentes confesiones cristianas.
En ella señalan que la vida es un don de Dios que merece una “recepción agradecida”. Un don valioso y frágil que hay que cuidar cuando se ve amenazada. Un don que debe ser simultáneamente entrega. Un don que se “desarrolla en comunión”. Un don que hay que administrar formando a las futuras generaciones para la vida familiar. La vida, afirman, es, antes que nada, “un don para contemplar”.
Como personas que aman “la vida que Dios nos ha regalado”, se comprometen a “sostener y promover el valor del derecho a la vida y de su dignidad” y “a cuidar siempre la vida y a colaborar para que tanto el niño como la madre sean respetados”.
Invocan finalmente “la protección de Dios, fuente de la vida, para que ilumine a los legisladores y a todos los que tenemos la responsabilidad de proteger cada vida humana”.
A continuación el texto completo del comunicado:
COMPROMISO POR LA VIDA
Reflexionando como pastores y representantes de diferentes confesiones cristianas queremos aportar lo que nuestras Iglesias y comunidades vienen trabajando y expresar conjuntamente nuestra convicción del valor de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural e invitar a todos a sumarse a esta convocatoria por la vida.
En la cultura de nuestro pueblo siempre ha estado claro el valor inalienable de cada vida humana. También quienes no conocen a Dios o no creen en Él, perciben lo sagrado a través del milagro de la vida. La vida propia y ajena, la vida en sus diferentes formas, permite intuir la presencia de una realidad trascendente. En Argentina tienen jerarquía constitucional tratados internacionales que protegen el derecho del niño a la vida en el seno materno desde el primer momento de la concepción.
No obstante, observamos con dolor situaciones de nuestra vida social en las que no se está promoviendo el valor del derecho a la vida y del don de la vida.
Hoy la vida está muy amenazada por los diferentes tipos de adicciones, por la pobreza y la marginalidad, y por diversas formas de violencia en las que muchas personas ven en peligro su existencia, particularmente, el aborto que amenaza la vida recién concebida. Queremos afirmar juntos: cuando una mujer está en estado de gravidez, no es solamente una vida la que hay que proteger, sino dos, la de la madre y la de su hijo o hija en gestación. Ambas deben ser preservadas y respetadas.
Todos podemos estar de acuerdo con esta percepción: la vida es un DON. Señalamos algunos aspectos que creemos necesario tener en cuenta.
La vida es un don para:
· Recibir. No nos damos la vida solos, fundamentalmente la recibimos. Ni la conquistamos, ni la merecemos, ni la compramos: la recibimos. Es propio del corazón del discípulo saber recibir y acoger la vida como un regalo que se agradece, el Magnificat (Lc 1, 46ss) y la oración de Jesús (Lc 10, 21ss), marcan la recepción agradecida del don. Dios, nos entregó la vida para ser felices disfrutándola. Él ama nuestra felicidad “...nos provee de todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Tim 6, 17). La vida que el Señor nos regala está llamada a ser VIDA PLENA en el encuentro con Jesucristo como dice en Jn 10, 10 “Yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia”. Cada vida humana participa de un misterio que nos supera porque es imagen de Dios y desde el primer instante de su concepción lleva la huella de la Trinidad. De allí que nuestras Iglesias y comunidades han defendido siempre la aceptación de la vida cualquiera sean las circunstancias que rodeen su existencia.
Cuidar. La vida, don valioso, es sin embargo un don frágil, para cuidar, y que pasa por etapas en las que se ve amenazada. Necesita del cuidado amoroso conjunto del padre y de la madre y de la protección necesaria en atención a su vulnerabilidad y pequeñez. Recordemos el testimonio de las parteras hebreas cuyos nombres conserva el texto sagrado. Estas mujeres son modelo del cuidado de la vida particularmente amenazada y son reflejo de la protección del Señor, origen y garantía de la existencia y subsistencia de su pueblo. (Ex 1, 7. 15-22)
Entregar. Al mismo tiempo, la vida es un don para entregar, como dice Jn 10,11 “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas” y en Jn 15, 13 “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos…”.
Compartir. Así es: La vida se acrecienta y se disfruta dándola, compartiéndola y se debilita en el aislamiento. La vida es además, un don para compartir, que solo alcanza su pleno sentido cuando se desarrolla en comunión.
Administrar..La vida es un don para administrar, por lo que es indispensable la formación de los niños y jóvenes, varones y mujeres, para la vida familiar estable y el ejercicio de una paternidad y maternidad responsable y generosa. El crecimiento y desarrollo personal, debe incluir el conocimiento de la sexualidad y de la fertilidad para integrar en la afectividad y el amor.
Contemplar. La vida es, antes y después, de todo lo expuesto, un don para contemplar. Esto lo presentimos cuando va pasando el tiempo y la función del recuerdo se desarrolla de un modo muy vívido. Las personas mayores suelen verse contemplando su propia historia desde una perspectiva diferente. “Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes” (Sal 27,13) También la profecía de Zacarías nos entrega una perspectiva de vida plena: “los ancianos y las ancianas se sentarán de nuevo en las plazas de Jerusalén, cada uno con su bastón en la mano a causa de sus muchos años. Las plazas de la ciudad se llenarán de niños y niñas, que jugarán en ellas”. (Zac 8, 4-5). Esta actitud contemplativa nos induce también a la admiración hacia el milagro de la vida y a honrarla allí donde se manifieste, con especial atención a las situaciones de amenaza o fragilidad.
Como creyentes queremos sostener y promover el valor del derecho a la vida y de su dignidad. Lo hacemos apoyados en nuestra fe en diálogo con la ciencia, como personas que amamos la vida que Dios nos ha regalado; y en consonancia con iniciativas cristianas e interreligiosas a favor de la vida en nuestro continente.
Celebramos todas las medidas adoptadas acerca del cuidado de las mujeres embarazadas, en particular las que se encuentran en estado de marginalidad o dificultad grave para asumir su situación. Nos comprometemos a cuidar siempre la vida y a colaborar para que tanto el niño como la madre sean respetados.
Invocamos la protección de Dios, fuente de la vida, para que ilumine a los legisladores y a todos los que tenemos la responsabilidad de proteger cada vida humana.
15 de septiembre 2011. Buenos Aires – Argentina.
FIRMAN:
Rev. Dr. Juan Carlos Agostinacchio por FE.C.E.P - FEDERACION CONFRATERNIDAD EVANGELICA PENTECOSTAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA, Secretario Ejecutivo de Relaciones Interreligiosas y Ecuménicas.
Pastor Miguel Angel Carrillo por Unión Pastoral Sur (UPASUR - Pentescostal)
Pastor Raúl Oscar García, Profesor Menonita y Coordinador PUEB, Zona Oeste Pcia. Bs. As.y La Pampa
Pastor Jorge H. Himitian por la Iglesia Comunidad Cristiana
Pastor Julio César López por la Iglesia Presbiteriana de San Andrés
Pastor Tomás Mackey por la Asociación Bautista Argentina
Mons. Carlos H. Malfa, Obispo de Chascomús y Presidente de la Comisión de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones de la Conferencia Episcopal Argentina de la Iglesia Católica..
Arzobispo Nicolaos Matti Abd Alahad de la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía.
Pastor Ángel Negro por la Iglesia Comunidad Cristiana
Metropolita Platón de Argentina y Sudamérica, de la Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú.
Rev. Rubén Oscar Salomone por FE.C.E.P - FEDERACION CONFRATERNIDAD EVANGELICA PENTECOSTAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA, Presidente.
Metropolita Siluan Arzobispo de Buenos Aires y toda la Argentina de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquia.
Monseñor Tarasios, Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires y Exarca de Sudamérica, por la Iglesia Ortodoxa Griega del Patriarcado de Constantinopla
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NOTIVIDA, Año XI, Nº 772, 15 de septiembre de 2011
Editores: Lic. Mónica del Río y Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja
Página web: www.notivida.org
Email: notivida@hotmail.com

domingo, 11 de septiembre de 2011

La Palabra, el texto en su contexto. La Palabra, el mensaje de Dios para mí

Por. José Luis Andavert, España


La Palabra, el mensaje de Dios para mí es la nueva traducción de la Biblia auspiciada por la Sociedad Bíblica de España - Sociedades Bíblicas Unidas (*). Se presenta en dos versiones diferenciadas por el uso del español propio de España y de Hispanoamérica.
La traducción está teniendo una muy buena acogida según va siendo conocida por creyentes e iglesias de todo el espectro evangélico en España y América. La primera edición, lanzada en 2010, fue de 60.000 ejemplares.En estos momentos está en producción una segunda edición en la que ya se han corregido erratas y, teniendo en cuenta las reacciones de los lectores, se han introducido algunas notas que dan razón de la traducción de algunos pasajes concretos. Además, se han incluido también, en algunos modelos, un amplio vocabulario bíblico y mapas a color.

LA PALABRA , EL TEXTO EN SU CONTEXTO

Dicen algunoslingüistas y traductólogosque traducir es una tarea imposible. Sin llegar a ese extremo, sí es cierto que traducir no es tarea fácil.La religión cristiana es una religión traducida. Nace en Oriente, con mentalidad semítica, de matriz judía –otra religión–, con pensamiento, usos y costumbres muy diferentesde los del Occidente de aquella época y, por si fuera poco, han pasado dos mil años desde su nacimiento hasta el día de hoy.

Poco después de su nacimiento, el cristianismo comienza a ser “traducido”, pues tiene vocación universal. En primer lugar, de los judíos llega a los “gentiles” (de lo que dan testimonio las mismas Escrituras), se difunde por el imperio romano y traspasa fronteras. En este proceso se va traduciendo y cala por dondequiera que pasa, a pesar de todas las distancias: temporales y espaciales, lingüísticas y culturales. Esque el Dios cristiano que se hace presente en la persona de Jesucristo, se “traduce” a toda persona y lugar , porque se identifica con la realidad más profunda de todo ser humano, sin distingos de ninguna clase y sin perder, en ese proceso, la esencia del mensaje divino.

Al hablar de la traductibilidad de la religión cristiana hemos de hablar irremediablemente de la traductibilidad del libro de esa fe, la Biblia: la Palabra de Dios en palabras humanas. Ellanos comunica el mensaje del Reino de Dios, fundamentadoen la vida (incluidoshechos y palabras ) , muerte y resurrección de Jesús el Cristo. En fin, la Biblia, como Palabra de Dios, es el testimonio fidedigno de la Palabra encarnada, Jesucristo.

El reto al traducir la Biblia es traducir no solo palabras sino sentidos y significados. Por eso,toda traducción es una interpretación, expresada en otra lengua, del sentido que el texto tiene en el idioma fuente. Este proceso encierra muchasdificultades y tiene muchas implicaciones, pues lo que se busca es que el lector comprenda el mensaje original.

Aquí están incluidos conocimientos no solo degramática, sintaxis y morfología (de las lenguas originales y dela lengua receptora), sino también de lingüística, semántica, antropología cultural, sociología, hermenéutica aplicada a la traducción, teología bíblica y ciencias bíblicas en general. Siendo este un ejercicio académico realizado con “temor y temblor”, pues tratamos con la Palabra de Dios, debemos hacerlo con todo rigor y honestidad intelectual. Y debe hacersesin perder la esencia del mensaje. Para ello confiamos en la dirección del Espíritu Santo.

En La Palabra , el mensaje de Dios para mí, los traductores han tenido en cuenta todos estos aspectos , a fin de ofrecer la mejor traducción posible al lector de habla hispana del siglo XXI. En próximos artículos de esta serieanalizaremoscómo se han traducido diversos pasajes de especial interés para los creyentes. Entre tanto, esperamos quesigan disfrutando de la lectura de La Palabra y que nos hagan llegar sus impresiones.__

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(*) La Palabra está disponible en la Sociedad Bíblica de su país. Más información en www.biblialapalabra.com

Autores: José Luis Andavert
©Protestante Digital 2011

jueves, 8 de septiembre de 2011

Por un mundo sin violencia

Por C. René Padilla, Argentina

La paz es un bien deseable tanto para los individuos como para las naciones. El corazón humano anhela la paz, y ésta, por lo tanto, se impone como un objetivo político prioritario que ningún gobierno responsable puede descuidar. Sea en el Este o en el Oeste, en el Norte o en el Sur, la visión profética de un mundo en el cual las espadas sean convertidas en arados y las lanzas en hoces suscita una respuesta positiva.
Sin embargo, la paz tiene sus condiciones. A menos que se cumplan, el ideal de la paz no pasa de ser un mero deseo sin posibilidades de realización. ¿Cuáles son las condiciones de la paz?
Isaías 32.7 señala la más importante de ellas: la justicia. «Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre». La paz se relaciona con la justicia como el fruto con el árbol que lo produce. Donde no hay justicia, no puede haber paz. La injusticia y la paz no pueden coexistir.
Recordemos que el profeta Isaías habla desde una situaci6n de injusticia y opresión. Las clases dirigentes se han corrompido y están usando su poder para explotar a los pobres. Son «rebeldes y amigos de bandidos. Todos se dejan comprar con dinero y buscan que les hagan regalos» (Is 1.23). Su tarea, dada por Dios, es hacer el bien, esforzarse en hacer lo que es justo, ayudar al oprimido, hacer justicia al huérfano, defender los derechos de la viuda (cf. 1.17). En lugar de ello, están ocupados comprando casas y acumulando tierras «hasta no dejar a nadie más… como si fueran los únicos en el país» (Is 5.8). Han reemplazado el respeto a la ley de Dios por asesinatos, y la justicia por gritos de dolor (cf. Is 5.7). Han dictado leyes injustas y decretos intolerables, y «no hacen justicia a los débiles ni reconocen los derechos de los pobres… explotan a las viudas y roban a los huérfanos» (cf. Is 10.1). Y no se puede esperar justicia del sistema judicial, ya que «acusan de crímenes a otros, y ponen trampas al juez, y con engaños niegan justicia al inocente» (Is 29.21).
La injusticia es pan de cada día. Sin embargo, la injusticia no viene sola. Donde hay olvido de la justicia, reina la anarquía. «La situación será tal en el pueblo, que unos a otros, aun entre amigos se atacarán. Los jóvenes la emprenderán contra los viejos, los despreciados contra la gente importante» (Is 3.5). La ley y el orden son esenciales para el bienestar de cualquier sociedad. Pero cuando se los invoca para defender intereses creados, la ilegalidad y el desorden se institucionalizan y, como resultado, se destruyen los fundamentos morales de la sociedad. Como racionalizaciones para justificar a los opresores, la ley y el orden inevitablemente pierden el respecto de parte de los oprimidos, las víctimas del sistema que los invoca. Los valores éticos pierden entonces vigencia y se crea una situación como aquella que el profeta describe cuando dice: «¡Ay de ustedes, que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno; que convierten la luz en oscuridad, y la oscuridad en luz; que convierten lo amargo en dulce, y lo dulce en amargo!» (Is 5.20). Se pierde toda noción del bien y el mal, y el caos social toma control de la situación.
Para complicar el problema todavía más, en el tiempo de Isaías el pueblo de Israel está satisfecho, inconsciente de su pecado. El mensaje del profeta, por lo tanto, encuentra oídos sordos. A causa de su rebelión —dice el profeta—, Asiria, una nación pagana, será usada como vara de la ira de Dios; por no querer entender, irán al exilio, «todo el pueblo, con sus jefes, morirá de hambre y de sed» (Is 5.13). Su advertencia, sin embargo, es recibida con burla e indiferencia. El sonido de la destrucción está en el aire, pero en lugar de arrepentimiento y lamentación, «lo que hay es diversión y alegría, matar vacas y ovejas, comer carne y beber vino. ‘Comamos y bebamos, que mañana moriremos’, dicen» (Is 22.13). El hedonismo va de la mano con la falsa seguridad.
La falsa seguridad de los líderes de Israel en tiempos de Isaías es una expresión de confianza en el poder militar de Egipto. En vez de arrepentirse y confiar en el Dios de justicia, han hecho alianza con el Faraón, olvidándose que «los egipcios son hombres, no dioses; sus caballos son de carne, no espíritus» (Is 31.3). ¡Qué advertencia para quienes inclusive hoy día buscan la paz y la seguridad por medio de la fuerza bruta, pero no muestran preocupación por la justicia!
El capítulo 32, en que aparece nuestro texto, comienza con la promesa de un reino en el cual «habrá un rey que reinará con rectitud y gobernantes que gobernarán con justicia» (v. 1). En contraste con la situación de violencia institucionalizada que actualmente existe en Jerusalén, en ese reino venidero «la gente no llamará noble al canalla ni tratará al pícaro como persona de importancia»; el hambriento no volverá con las manos vacías o el sediento sin agua, ni los pobres serán perjudicados con mentiras (vv. 5-8). Jerusalén, «la ciudad amiga de las diversiones», va a ser destruida. Las mujeres despreocupadas que la habitan, por lo tanto, son exhortadas a dejar de lado su falsa seguridad y reconocer el juicio que se avecina (vv. 9-13).
Después de esta exhortación, el profeta vuelve sus ojos a los cambios que se van a llevar a cabo cuando el juicio de Dios se cumpla. El Espíritu de Dios —dice— será derramado y surgirá una nueva sociedad y una nueva creación. «La rectitud y la justicia reinarán en todos los lugares del país. El efecto de la justicia será la paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Mi pueblo vivirá en un lugar pacífico, en habitaciones seguras, en residencias tranquilas, aunque el bosque sea talado y humillada la ciudad. Ustedes vivirán felices, con riego abundante para sus sembrados y pastos seguros para el burro y el buey» (vv. 16-20).
Para entender mejor esta visión profética de un mundo de paz hay que verla en contraste con la situación caótica descrita anteriormente. La paz a la cual se hace referencia aquí no es una mera ausencia de guerra, sino shalom, es decir, armonía, bienestar, integridad, abundancia, prosperidad, salud, felicidad, plenitud tanto para los individuos como para la sociedad. Nuestro texto la relaciona con tranquilidad, quietud o reposo (sheket) y con confianza o seguridad (batah). En medio de una situación de injusticia a la vez que de tensión social e inseguridad, el profeta vislumbra una nueva era en la historia de su nación, y la describe en términos que nos recuerdan el Año del Jubileo según Levítico 25: «En este año de liberación todos ustedes volverán a tomar posesión de sus tierras… No abuse nadie de nadie. Muestren reverencia por su Dios, pues yo soy el Señor su Dios. Cumplan mis leyes, pongan en práctica mis decretos. Cúmplanlos y vivirán tranquilos en el país; la tierra dará frutos, y ustedes vivirán tranquilamente en ella y comerán de sus frutos hasta quedar satisfechos» (vv. 13, 17-19). La relación que Isaías ve entre la justicia y la paz, entre la obediencia a la ley de Dios y la seguridad, aparece ya en la antigua revelación dada a Moisés en el Monte Sinaí, según la tradición.
El anhelo de un mundo en que la gente disfrute de la vida en todas sus dimensiones, sin verse amenazados por la violencia o el infortunio, es una característica común de la humanidad. No es de sorprenderse, por lo tanto, que la promesa de paz y seguridad sea frecuentemente un importante elemento de la retórica política en todos los países. Sin embargo, nuestro texto, en línea con la revelaci6n mosaica, coloca la justicia y la paz en una relación de causa y efecto: «el efecto —o resultado— de la justicia será la paz».
La justicia (tzedaká) a que se refiere el profeta no es ni más ni menos que la justicia de Dios: la justicia que Él ama y Él demanda; no meramente una convención social o un valor humano, sino un mandato divino. «No es sólo una relación entre el hombre y su prójimo, es un acto que implica a Dios, una necesidad divina»(1). Y está íntimamente vinculada a la compasión por los oprimidos, los débiles, los marginados. Es una «opción por los pobres». Tiene que ver con la preocupación especial de Dios por los necesitados y desheredados. Porque Él es un Dios de justicia, es pecaminoso permanecer indiferentes hacia quienes sufren por causas ajenas a su propio control.
Tzedaká es una condición esencial para la existencia de shalom. Sin justicia, no hay paz. La justicia y la paz son inseparables; están indisolublemente unidas. En palabras del salmista: «El amor y la verdad se darán cita; la paz y la justicia se besarán» (Sal 85.10).
En ausencia de la justicia sólo es posible una paz espuria. La falsa seguridad de los opresores, basada en la coerción, o la modorra de los oprimidos, resultante del temor, pero no una paz real. La paz de un cementerio, o de un campo de concentración, o de un país bajo ocupación militar, pero no una paz genuina y duradera.
Shalom nunca puede ser la experiencia de una sociedad corrompida, de una sociedad materialista obsesionada por la riqueza e indiferente a la situación de los pobres, de una sociedad hedonista orientada hacia la satisfacción de necesidades creadas artificialmente y ciega al sufrimiento de las masas empobrecidas, de una sociedad de consumo entregada a la idolatría de las modas y dura frente a la miseria de los marginados, de una sociedad de desperdicio puesta al servicio de la ideología del crecimiento económico ilimitado y sin compasión por las multitudes hambrientas.
Tampoco shalom puede ser una realidad en un mundo caracterizado por la injusticia a nivel internacional, un mundo dominado por la ambición de poder político y olvidadizo de los derechos humanos, un mundo en que se arrebata el pan de la boca de los menesterosos a fin de engordar a una elite con problemas de obesidad, un mundo en que las futuras generaciones de las naciones pobres nacen ya hipotecadas por los países ricos.
La única «paz» posible en esta clase de sociedad y esta clase de mundo es la paz impuesta por los gobiernos de seguridad nacional, una paz que depende totalmente de la persecución y el exilio, el arresto arbitrario y la tortura, las desapariciones forzadas, las mutilaciones y los asesinatos, una falsa paz desafiada para una elite privilegiada, comprada con la sangre de los oprimidos, una falsa paz que los pobres aborrecen y los ricos no pueden disfrutar totalmente, una paz que amenaza destruir totalmente la civilización moderna.
Si el fruto de la justicia es la paz, el fruto de la injusticia es la violencia y el caos social, la enemistad y la inseguridad, el odio y el temor. Cada injusticia que se comete contra los pobres lleva en sí la semilla de la subversión. La justicia conduce a la vida, la injusticia desemboca en la muerte. La injusticia no es meramente una violación de los derechos humanos sino también un pecado contra el Dios vivo. Por lo tanto, quienes persisten en la injusticia se colocan bajo el juicio de Dios. «El que se burla del pobre ofende a su Creador; el que se alegra de su desgracia no quedará sin castigo» (Pr 17.5).
La manera más eficiente de trabajar contra la paz es trabajar por la injusticia. Siembra injusticia y cosecharás violencia. En palabras de Robert Kennedy, «quienes imposibilitan la revolución pacífica, hacen inevitable la revolución violenta».
Dondequiera, cuando explota la violencia, la explicación común de parte de quienes son beneficiados por el sistema es que los causantes de los problemas son agitadores ajenos a la situación. La pregunta que debe plantearse a los defensores del statu quo es: ¿Qué lograrían tales agitadores si no fuese porque el terreno está ya abonado por el resentimiento y el odio causados por la injusticia?
América Latina es una buena ilustración del problema. Parecería que, a lo largo de su historia, nuestros países estuvieran atados a un círculo vicioso de empobrecimiento de las masas, seguido por explosión social, seguida por represión, seguida por un mayor empobrecimiento de las masas, seguido por una mayor explosión social, seguida por una mayor represión, y así sucesivamente. Cada vez que se repite el ciclo, aumenta el costo social. ¿Hay salida, especialmente si se toma en cuenta que cada intento de cambio es de inmediato convertido en el blanco de las sospechas de quienes mantienen el control de las estructuras de poder?
La situación se complica todavía más en vista del juego de intereses económicos a nivel internacional. La política externa de los Estados Unidos funciona en base al presupuesto que la democracia y la libertad son valores que deben preservarse a toda costa en todo el mundo. El hecho innegable es, sin embargo, que en tiempos de la Guerra Fría, el gobierno de los Estados Unidos fue siempre compañero de cama de los gobiernos más represivos en la historia de la humanidad.
¿Qué explicación tenia esta espantosa contradicción? Por lo menos parte de la respuesta era que los dictadores latinoamericanos habían aprendido bien cómo funcionaban los mecanismos del poder. Su fórmula era sencilla:
1. Convencer al gobierno de Estados Unidos que ellos también valoraban la democracia y la libertad; que ellos también estaban involucrados en la batalla cósmica contra el marxismo, y que todas las violaciones de los derechos humanos eran sólo una medida temporaria para impedir el avance de los comunistas y evitar que desterraran para siempre a la democracia y la libertad, no sólo de sus respectivos países sino de todo el continente y de todo el mundo.
2. Proteger los intereses económicos de Estados Unidos y, ¡por supuesto!, los intereses privados de los gobernantes locales. ¡De este modo se mantenía feliz al elefante! Por cierto, el elefante quedaba feliz, pero no nos engañemos: ese camino conducía a la destrucción porque dejaba sin resolver el problema de la injusticia, y donde hay injusticia no puede haber paz.
Hoy la situación es otra. Quedó atrás la era de la Guerra Fría. Por lo menos en América Latina, ya no tenemos dictaduras militares. Pero no nos engañemos: hoy más que nunca, el poder económico está concentrado en grandes corporaciones transnacionales al servicio del nefasto sistema neoliberal, un sistema de injusticia que beneficia a una elite —la «clase transnacional»— a costilla de las grandes mayorías. De la era de la Guerra Fría hemos pasado a la era de la Guerra contra el Terrorismo. Cualquiera que esté en desacuerdo con el sistema, ya no es un subversivo o un «cómplice de la subversión» sino que corre el riesgo de ser tildado de terrorista. Y, por supuesto, si queremos que haya paz, ¡tenemos que acabar con los terroristas!
En contraste, la manera más eficiente de trabajar por la paz es luchar contra la injusticia. ¿Anhelas la paz? Entonces, «que fluya como agua la justicia, y la honradez como un manantial inagotable» (Am 5.24). ¿Anhelas «reposo y seguridad para siempre»? Entonces, «¡no más violencia y explotación! ¡Actúen con justicia y rectitud!» (Ez 45.9). ¿Deseas vivir «en un lugar pacífico, en habitaciones seguras, en residencias tranquila» Entonces, «el Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios» (Mi 6.8).
Emil Brunner ha observado correctamente que si las naciones no están dispuestas a poner de lado sus intereses egoístas por causa de la justicia, por lo menos podría esperarse que cumplan los requisitos mínimos de la justicia internacional por causa de la paz:
Sería fantástico y utópico contar con la posibilidad de que naciones y estados, que por miles de años en sus relaciones internacionales han sido guiados por el egoísta principio del poder, de pronto se conviertan en convencidos adherentes del principio de la justicia. Pero no es fantástico creer en la posibilidad de que, en vista de los horrores de una guerra total, las naciones y los estados estén dispuestos a hacer sacrificios a fin de preservar la paz, que no den por sentado el egoísta punto de vista del poder sino que, en la distribución de la tierra, de los intereses y beneficios económicos, de la influencia política, dejen espacio para las necesidades y los derechos de otros. Quien condene esta posibilidad como utópica debe darse cuenta que está declarando que la siguiente guerra mundial es inevitable. (2)
Tales palabras mantienen ciertamente su vigencia. El dilema frente al cual se encuentra América Latina no es o el capitalismo y la libertad por un lado, o el socialismo y el totalitarismo por otro lado, como si el capitalismo y el socialismo fuesen realidades últimas. El dilema es, más bien, o la justicia y la paz por un lado, o la injusticia y la violencia por otro lado. Por causa de la paz, rechacemos el mito de que puede haber paz sin justicia, y sigamos a Jesús de Nazaret, que fue ungido para proclamar buenas nuevas a los pobres, libertad a los cautivos, vista a los ciegos y liberación a los oprimidos (cf. Lc 4.16-21). «Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre».

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(1). Abraham J. Heschel, Los profetas: II. Concepciones históricas y teológicas, Editorial Paidós, Buenos Aires 1973, p. 75.
(2). Justice and the Social Order, Harper and Brothers, New York and London, 1945, p. 238.


Artículo de la Revista Kairós Nro. 22, año 2008.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Estrella de TV en Chile Camiroaga, horas antes de morir, oró con Vujicic en su programa en TVN

Nick Vujicic dió testimonio de su fe en Jesús a Felipe Camiroaga en la última entrevista del presentador, poco antes de morir en un accidente de avión en Isla Fernández.

05 DE DE 2011, CHILE


El viernes pasado (2 de septiembre), Nick Vujicic estuvo como invitado en el conocido programa "Buenos días a todos" de TVN (Televisión Nacional de Chile). Su conductor Felipe Camiroaga quedó realmente maravillado con las palabras de Nick Vujicic, manifestando un deseo por tener a Dios en su vida.
NICK VUJICIC
Vujicic, un cristiano evangélico, es internacionalmente conocido por su libro y su mensaje "Sin límites". En su caso estas palabras se quedan cortas, ya que él nació sin brazos ni piernas, y sin embargo hace una vida funcionalmente casi normal. Y lo que es más importante, mantiene un espíritu de superación, de alegría y de fe y agradecimiento a Dios que son un testimonio que ha llevado a todos los lugares del mundo.
Como personaje famoso que es, la mañana del viernes pasado fue invitado al programa que presenta la estrella de la cadena TVN, Felipe Camiroaga.
Lo que no sabía Vujicic es que sus palabras eran de las últimas que iba a escuchar con vida su entrevistador . Horas después, esa misma tarde, se estrellaría en un avión en la Isla Juan Fernández. Viajaba Camiroaga junto con otras personas que le acompañaban para hacer un reportaje.
LA ENTREVISTA
La entrevista, que les ofrecemos íntegramente en video, cobra así una dimensión especial, sobrecogedora.
En ella, Vujicic da un testimonio claro de su fe en Jesús y del Evangelio. Le habla de la muerte y la eternidad, y en un momento le dice a Camioraga "nadie sabe qué va a pasar mañana con nosotros"; y finalmente pide hacer una oración en la que pone al programa, la televisión y el país en manos de Dios. Felipe Camioraga dice "Amén".
Lo que es cierto es que en aquellas últimas horas de su vida, el presentador de televisión tuvo un momento muy especial en el que Dios le habló con claridad y profundidad. A partir de ahí y hasta el instante del accidente aéreo en que falleció, nadie sabe lo que pasó por su mente y su corazón. Salvo él y Dios.
Lo que también es público es que tras la entrevista a Vujicic, Carolina de Moras (la copresentadora) cuenta que "Ese día andaba muy cariñoso... me abrazó y me dijo: 'Carola, que tengas un muy buen fin de semana'. Yo (al hablar) con Nick me doy cuenta de que soy completamrente feliz, lo tengo todo para estar en una vida que siempre soñé y no necesito nada más".
TRAS EL ACCIDENTE
"Para mi es un honor haber sido el último entrevistado de Felipe Camiroaga. Me siento muy privilegiado de haber estado allí. Cuando estuve con él, me di cuenta de que mientras yo hablaba él tenía lagrimas en sus ojos", ha declarado Vujicic.
El australiano de 29 años recordó que, durante la entrevista, Camiroaga se sorprendió cuando le expuso su visión de la muerte y la eternidad. "Yo dije que quiero vivir para siempre y creo que se sorprendió un poco cuando le dije eso. Le dije que soy avaro, porque 90 años en esta tierra no es suficiente", afirma Vujicic.
Nick envió su apoyo a las familias afectadas por la tragedia y a todos los chilenos que sufren por la muerte de las 21 víctimas. "Mis condolencias a todos, no sola a la familia de Felipe, sino que a todos, la pérdida es una pérdida, el dolor es dolor, y creo que perder a un ser amado es peor que no tener brazos y piernas", afirmó.


© Protestante Digital 2011


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martes, 6 de septiembre de 2011

¿Están prevenidos para enfrentar los conflictos en la vida?

Por.


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Me gusta mucho los refranes. Captan verdades profundas en pocas palabras. Vemos a un hijo imitando a su papá y sonreímos:“De tal palo, tal astilla”; notamos a una persona felizmente persistiendo en un hábito destructivo y pensamos con pesar: “Sarna con gusto no pica”, y al ver a alguien bien preparado para cualquier situación comentamos: “hombre prevenido vale por dos.”
Esto de estar prevenido (o precavido) sí es una cualidad importante. Hay personas que parecen siempre estar listas para cada situación, pero la mayoría de nosotros podemos recordar momentos al contrario. Hemos pasado la vergüenza de encontrarnos en una situación sin estar preparados. ¿ Ha llegado al cajero solo para darse cuenta que no tiene ni efectivo ni una tarjeta para pagar por sus compras? ¿Ha estado fuera de la casa en su mejor ropa cuando ha caído una tormenta, y su paraguas se le quedó en la casa? ¿Ha estado sentado en un aula de clases para darse cuenta que hoy hay un examen?
Sería más fácil ser prevenido si pudiéramos ver el futuro, ¿verdad? Sabiendo lo que nos queda a la vuelta de la esquina pudiéramos estar siempre listos para cualquier circunstancia que aparezca, sea una compra imprevista, un chubasco repentino o un examen no anunciado. Pero la vida, por lo general, tiende a sorprendernos. Eso es lo que nos pasó a mi esposo y a mi hace varios años. Estábamos felicemente trabajando en un ministerio cuando de repente nos encontramos en un conflicto. No era un conflicto pequeño sino uno que cambió completamente nuestro rumbo.
El conflicto me agarró de sorpresa. Sabía los versículos bíblicos relacionados al tema del conflicto, pero mis esfuerzos a aplicarlos eran torpes y temerosos. Me sentí destrozada y fracasada. El desanimo me siguió por meses. No estaba preparada para enfrentar un conflicto profundo. Por fin, decidí profundizarme en el tema de paz y conflicto. Quería entender el corazón de Dios y sacar algo de provecho al dolor que estaba sintiendo.
Lo que resultó de mi odisea es una serie de estudios para enseñar los valores y principios bíblicos acerca de la paz. En primer lugar, Dios quiere que vivamos en paz los unos con los otros. Cristo es nuestro Príncipe de Paz,: reconciliándonos a Dios y formando un nuevo pueblo. Jesús vino a “encaminar nuestros pies en camino de paz.” (Lucas 1:79RV60) Entonces, la primera meta de los estudios es ayudarnos a construir una cultura de paz en nuestros hogares, iglesias o en cualquier otro contexto que impactamos. Pero, a la vez, es claro en las Escrituras que los conflictos son parte de la vida. No deben cogernos por sorpresa. Tarde o temprano, vamos a encontrarnos con un conflicto que nos cuesta resolver. Por eso, la segunda meta de los estudios es de enseñarnos cómo aplicar los principios bíblicos a los conflictos de la vida. ¿Cómo podemos agradara a Dios en medio de los problemas que vienen en nuestro trato con otras personas?
Cada capítulo consiste de 3 o 4 lecciones, entonces no es una vista relámpago a la materia. Si no dispone de mucho tiempo para tocar el contenido, puede escoger los temas que desea usar, pero vale la pena tomar el tiempo para reflexionar profundamente sobre las ideas relacionadas a la paz y el conflicto. Al aplicar los principios de una cultura de paz a nosotros mismos y en nuestras relaciones, creo que estaríamos llegando al centro de la voluntad de Dios para nuestras vidas.
Hubiera querido aprender estos principios mucho antes en la vida, entonces decidí escribir los estudios con un enfoque a la juventud. Intenté hacer las lecciones dinámicas además de bíblicas. Han sido usadas en varios contextos y funcionan bien con grupos de adolescentes, jóvenes o adultos. ¡Los adultos también aprendemos bien cuando ponemos en uso todos los cinco sentidos!
Romanos 12:18 puede ser el refrán de uno que busca el corazón de Dios en relación de las relaciones con otros. “Si es posible, en cuanto dependa de nosotros, estad en paz con todos los hombres.” Si un hombre prevenido vale por dos, ¿cuánto valdrá una familia preparada para vivir en paz y enfrentar en buena manera los conflictos de la vida? ¿O un grupo de jóvenes? ¿O su iglesia?

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COMO CREAR UNA CULTURA DE PAZ

lunes, 5 de septiembre de 2011

UN DIOS COMPROMETIDO CON LA HISTORIA HUMANA

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México


Desde este punto de vista no se puede menos de decir que la Encarnación de Jesucristo guarda analogía con la creación. Una vez más, Dios actúa como creador, pero ahora no crea de la nada, sino que entra en escena y crea dentro de la creación un nuevo comienzo, tanto de la la historia en general como de la historia de Israel en particular. Dentro de la continuidad de la historia humana, ahora se hace visible un punto en el que Dios mismo se apresura a socorrer a la criatura y se hace una sola cosa con ella. Dios se hace hombre. Así comienza esta historia.[1] Karl Barth

1. Dios actúa en la historia, no fuera de ella
La gran premisa con que trabajaron los autores de los textos sagrados a la hora de plantarse frente al pueblo ante quien debían dar testimonio de la realidad del pacto de Dios con él era que éste mantenía una relación activa con la historia, porque si es verdad que desde el momento mismo de la creación de la humanidad otorgó la libertad para moverse en ella, el encuentro con él estaría marcado siempre por una dinámica de interacción entre ambas libertades, la humana y la divina. También es verdad que algunos niegan que la intervención Dios en la historia humana respete la libertad humana y hasta hay quienes, incluso desde el campo de la fe, se atreven a desligar las realidades humanas en general (sociales, económicas, políticas, culturales) de cualquier interés divino en influir sobre ellas. Como si la indiferencia hacia lo humano fuera una de las características predominantes del Dios cristiano. Tendríamos que estar hablando, en todo caso, de otro tipo de divinidad, no del Dios de la Biblia, quien en la encarnación humana de Jesucristo manifestó y sigue manifestando no solamente interés por lo que sucede en los procesos humanos sino una auténtica pasión, un celo, un acompañamiento hacia algunas causas y luchas que merecen alcanzar su plenitud dignificadora y anunciadora de la presencia de su Reino en el mundo.
De otra manera estaríamos, una vez más, ante la “proclamación negativa” de un “Dios a-pático”, es decir, de un Dios que se niega a padecer o a vivir intensamente los sucesos que acontecen en el devenir complejo y muchas veces contradictorio de la existencia humana. Y es que, para empezar, la misma doctrina bíblica de la creación es una muestra de cómo Dios quiso hacerse presente de otra manera en el comienzo mismo de la historia, porque no debemos olvidar que toda afirmación sobre los orígenes de un pueblo o de una cultura, mientras más universal sea, contiene un potencial más liberador para la comprensión del papel de esa comunidad en el mundo. De esta manera, la creencia en un Dios que creó todas las cosas, comenzando con el cosmos, coloca a la fe bíblica en un plano de acercamiento global a la humanidad sin olvidar que, en efecto, al centralizar en un pueblo la elección divina, este enfoque tendría que aterrizar en una mirada que abarcase a todos los seres humanos.
Dios actúa en la historia suscitándola en medio de las tendencias a focalizar o colocar la atención únicamente en los espacios comunitarios reducidos y a producir espiritualidades sectarias con escasa vocación de diálogo con todos los ambientes en donde Dios desea estar presente para que los valores de su Reino resulte visible y efectivamente transformador. Así, es posible, hablar de cómo desde el Antiguo Testamento se pugna por establecer una religión anti-fetichista que no se deje dominar por los impulsos del momento y que no idolatre a los poderosos de turno para seguir viendo a Dios como el autor, dueño y conductor de la historia.[2] Esta visión advierte que Dios propicia los esfuerzos humanos para superar las espiritualidades desencarnadas y para hacer que la práctica derivada de esa religión liberadora tenga los resultados que Él desea.
2. Dios se compromete con los procesos sociales
…el Dios infraestructural conduce a la lucha, parte de la lucha, siempre con una finalidad concreta: la construcción del pueblo. Como exclamaba el párroco José María Morelos, el Espíritu Santo “sacó la venda de nuestros ojos y transformó la vergonzosa apatía en que yacíamos en una beligerante y terrible furor”.[3]
Amós 9 da testimonio de cómo en un momento crítico de la historia de Israel, el siglo VIII a.C., cuando la asimetría entre clases sociales hacía mella en el pueblo, existió la conciencia de que Dios había dirigido, estimulado o acompañado (¿qué nos gusta más?) diversos procesos liberadores que no siempre fueron reconocidos como obra suya. La negativa a reconocer las acciones de Dios a favor de otros pueblos siempre fue un signo de incomprensión hacia la universalidad con que Dios se comportó en la historia. Con demasiada frecuencia, el interés de los dirigentes religiosos y políticos de Israel consistió en hacer creer al pueblo que su carácter de comunidad elegida los colocaba en un grado de superioridad en relación con las demás naciones y culturas. Dura es la forma en que el propio Yahvé deberá aclarar que su amor rebasa las fronteras nacionales y que va más allá de la mera contemplación de las necesidades de los demás pueblos y del, engreimiento de las comunidades que se sentían dueñas del favor divino para la eternidad y bajo cualquier circunstancia. Las palabras del profeta anuncian, simultáneamente, un juicio a la tendencia sentirse los únicos poseedores del apoyo sagrado (2.4-16) y la posibilidad de ser redimidos si hay arrepentimiento.
Por todo ello, la respuesta de la clase sacerdotal contra Amós fue brutal (7.10-17), pues atentó contra varias de las seguridades institucionales aceptadas por todos.[4] ¿Cómo se comportó Yahvé ante los procesos populares del propio Israel? ¿Tomó partido alguna vez? Lo hizo, por ejemplo, cuando una fracción del pueblo decidió romper con la casa de David, al final de la vida de Salomón y cuando Roboam mostró una enorme insensibilidad. El grito popular de “¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡A tus tiendas Israel!” (I Reyes 12.16) fue respaldado por Yahvé en la figura de un profeta que acompañó la resistencia. A fin de cuentas, si Él ha tomado partido tantas veces, ¿quiénes somos nosotros para dejar de arriesgarnos en nombre de falsas premisas y conclusiones apresuradas?
¿Cómo estuvo y está presente el Dios de Jesús en los procesos y luchas populares de hoy? Es evidente que la apuesta divina ante los procesos históricos humanos está signada por el hecho de que “él nunca se equivoca” en sus preferencias, a diferencia de los actores humanos quienes, debido a la complejidad y las contradicciones inherentes a los procesos mismos y a la falta de visión y proyección cronológica de las coyunturas enfrentan los riesgos normales de fallar y responder de manera errónea, aunque con la posibilidad siempre latente de acertar y conectarse, así, con la voluntad divina de avance y consolidación de los cambios requeridos para mantener como verdaderamente humana la presencia de sus criaturas en el mundo (Paul Lehmann). Si el Dios predicado por Jesús se ha comprometido con las luchas humanas, también sus seguidores redimidos pueden hacerlo a partir de una comprensión mínima de las coyunturas entre las cuales se mueven. Somos llamados, en pocas palabras, al discernimiento espiritual de nuestra presencia social en el mundo y su papel ante los cambios provocados por el Señor de la historia.

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[1] K. Barth, Esbozo de dogmática. Santander, Sal Terrae, 2000 (Presencia teológica, 108), p. 114.
[2] Cf. Rui Manuel Grácio das Neves, Dios resucita en la periferia. Salamanca, San Esteban, 1991, pp. 137-156.
[3] Ibid., p. 141
[4] Cf. H.W. Wolff, La hora de Amós. Salamanca., Sígueme, 1984.


Fuente: Enviado por su autor, Leopoldo Cervantes - Ortiz