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miércoles, 14 de diciembre de 2011

¿Cuándo es válido el nuevo casamiento?

Por. Manuel Ramón de Corte García

El tema del nuevo casamiento es igualmente controversial, como casi todos los temas que se relacionan con la familia. Muchos pastores y teólogos rechazan el nuevo casamiento de forma tajante; y es sabido que muchos valiosos hermanos han sido descalificados del ministerio, porque se han casado después de un primer matrimonio. Estos hermanos pastores y las congregaciones por ellos enseñadas hacen (a mi juicio) una interpretación errada de la cláusula de 1Tim 3:2 y Tito 1:6 que dice: marido de una sola mujer. Que en realidad lo que prohíbe es la poligamia en los ministros. Dado que la Biblia establece en 1Cor 7:39 la libertad para que los viudos se casen y Pablo lo reafirma en 1Tim 5:14; considero que en este caso la Escritura autoriza explícitamente un nuevo casamiento; y lo que Dios ha autorizado el hombre no tiene derecho a prohibirlo.
Faltaría pues tratar la cuestión del nuevo casamiento en los divorciados. Aquí el debate se vuelve agudo, porque como dijimos en un artículo anterior: detrás de cada divorcio hay pecado. Veamos primero el divorcio ocurrido antes de la conversión. En este caso pienso que cuando una persona viene a Cristo y pasa a ser una nueva criatura con todos sus pecados perdonados; queda libre para casarse de nuevo si lo desea, con tal de que sea en el Señor.
Consideremos entonces el nuevo casamiento entre cristianos divorciados.
Aquí tenemos dos casos: los divorciados de un cónyuge no cristiano y dos cristianos profesantes divorciados. En el primer caso si el divorcio se produjo porque el inconverso no quiso continuar con el matrimonio, el cristiano queda libre; y a mi juicio se puede casar de nuevo en el Señor.
A estas alturas se impone la pregunta: ¿el divorcio destruye el matrimonio?
Yo creo que sí. Consideremos Dt. 24:1-2. En esta legislación, se establece que la persona divorciada puede casarse de nuevo. El matrimonio ha sido roto. Es un error creer que dos personas divorciadas continúan casadas ante Dios. El no aprueba el divorcio, pero reconoce su existencia. Además, este pecado como cualquier otro, es perdonable en Cristo, si hay arrepentimiento y confesión. En el caso de dos cristianos miembros de una iglesia; ellos disponen de recursos espirituales y eclesiales para la solución del conflicto. Si es el caso que uno de ellos se niega redondo a la reconciliación, después que la iglesia ha trabajado el caso usando a tiempo la metodología bíblica; el tal debe tenérsele por publicano y pecador. Con lo cual el otro cae en la categoría que se menciona en 1Cor7:12-15 con la misma solución.
Es imposible en tan corto espacio, tratar un tema tan complejo. Exhorto sin embargo a no considerar el divorcio como el pecado imperdonable; y no cerrar la puerta a ultranza. Recuerden a David y Betsabé, lo cual no es un ejemplo a seguir; pero si es una muestra del perdón y la restauración divinas.

www.ObreroFiel.com – Se permite reproducir este material siempre y cuando no se venda

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Recursos reproducibles:
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Es un juego de novedosos diseños para el boletín de su iglesia y presentaciones en power point para cantos y anuncios.
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Diversión familiar con historias de la Biblia
Son hojas de actividades para ayudar a los niños a aprender historias bíblicas.
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Oremos por los países africanos. Esta semana por Gabón
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martes, 13 de diciembre de 2011

Divorcios entre cristianos desde una reflexion ética y bíblica: Un aporte a la pastoral de nuestras iglesias evangélicas latinoamericanas

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina.
El tema del divorcio ha generado muchas dificultades entre los lideres, pastores y creyentes. Algunas iglesias cristianas evangélicas se han negado abordar el problema, debido a su marco fundamentalista teologico y biblico, que no permite el diálogo con otras ciencias del conocimiento, pues han tratado de mantener su doctrina “pura”, libre de cualquier contaminación. Según ellos, la teologia debe estar sometida a la Palabra, cosa que estoy de acuerdo. Pero, la Biblia misma esta construida por varias culturas, pensamientos filosóficos, teológicos, etc. Otras, en cambio, han tratado el tema y han elaborado una serie de estudios sobre el mismo. Han reflexionado desde la perspectiva ética juridica en diálogo con las ciencias bíblicas y teológicas para asumir una pastoral con los afectados.
El objetivo de este artículo no solo es para “aclarar la posición bíblica del divorcio y como ésta ha sido interpretada a través de la historia de la Iglesia. Sino también aportar luz para una posible “posición de la Iglesia hoy frente a la problemática del divorcio”. Las premisas que surgen de este tema son: ¿es permitido el divorcio desde el punto de vista bíblico? ¿Se permite a una persona divorciada casarse de nuevo? ¿Un pastor puede divorciarse y volverse a casar?, estas son preguntas difíciles de responder, porque decir algo sin tener en cuenta a las personas dentro de su contexto y situaciones difíciles, es tratar de valorar las normas éticas cristianas morales.
Nuestra posición ética y desde el evangelio debe seguir el modelo de Jesús que no se reduce a una serie de normas morales. Tampoco debe tener principios ni prejuicios sino seguir a Jesús. Esta debe ser nuestra dinámica, porque a Jesús, dice Paul Lehmann, ha de seguírsele dentro de realidades históricas y cambiantes. El Apóstol Pablo era consciente de esto. Nuestro Apóstol respondía a las diferentes situaciones que surgían en la comunidad cristiana, trataba el problema no con principios normativos sino con consejos concretos, prácticos basados en su propuesta teológica: Libertad, gracia y comunión.” Esto nos lleva a preguntarnos individualmente: ¿Qué debemos hacer como miembros de la iglesia del Señor? (1)
Ahora bien, como lideres, pastores y creyentes, miembros de la iglesia del Señor, que vivimos el problema en nuestras comunidades cristianas latinoamericanas, sentimos la necesidad de abordar el problema y dar respuesta a todas estas preguntas. Dejando de lado, el subjetivismo doctrinario, nuestras propias interpretaciones teologales y bíblicas; nos acercamos al problema desde una ética inclusiva y guiada por el evangelio enseñado por Jesús, que nos llevará a ejercer una pastoral inclusiva sobre el tema del divorcio. Esto no quiere decir que “no ignoramos las diferentes controversias que genera este tema entre nosotros y las diversas maneras de encararlo.” (2) Por lo general, siempre intentamos abordar el problema desde una reflexión bíblica para llegar a una postura acorde a nuestros principios. Es por ello, que quiero partir desde el experto (Pastor, biblista, maestro) en el manejo de los textos bíblicos y el lector común (los creyentes y el público en general) de la Biblia. Continue leyendo

domingo, 11 de diciembre de 2011

ANUNCIOS DE ESPERANZA EN MEDIO DE LAS CRISIS

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México

Dios mismo dictará sentencia/ contra naciones y pueblos lejanos,/ y ellos convertirán sus espadas/ en herramientas de trabajo./ Nunca más nación alguna / volverá a pelear contra otra,/ ni se entrenará para la guerra.
Miqueas 4.3, Traducción en Lenguaje Actual
1. ¿Qué nos recuerda el mensaje de Miqueas?
De manera casi uniforme, la lectura del profeta Miqueas ha estado asociada a dos fragmentos que ciertamente resumen mucho de lo que proyecta su mensaje, pero que inevitablemente reduce la comprensión de su horizonte de fe y del a coyuntura que lo produjo. “Acostumbramos usar el texto en el que se habla del contraste entre una religión de culto sacrificial y una religión de vida ética, de justicia y humildad delante de Dios [6.8: ‘Pero ya Dios les ha dicho qué es lo mejor que pueden hacer y lo que espera de ustedes. Es muy sencillo: Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios’]. Se habla también de una figura mesiánica, que vendrá de la periferia, de la menor de las aldeas de Judá y, a partir de ahí, reorganizará la vida del pueblo [5.2: ‘Pero tú, Belén Efrata,/ entre los pueblos de Judá/ eres un pueblo pequeño,/ pero llegarás a ser muy importante./ En ti nacerá un rey/ de familia muy antigua,/ que gobernará sobre Judá’]”.[1]Ambas citas reflejan la esperanza de un pueblo creyente que tuvo claridad a la hora de definir sus compromisos con Dios y la humanidad, mientras anunciaba la superioridad del reino divino sobre todos los poderes humanos. Miqueas, quien de manera similar a Isaías, afrontó el ambiente político de su época, presentó su mensaje durante el reinado de tres monarcas de Judá: Jotam, Acaz y Ezequías. La situación no era nada halagüeña:
La épo­ca de Mi­queas es­tá mar­ca­da por la pre­sen­cia de los asi­rios co­mo fuer­za de ocu­pa­ción ex­tran­je­ra. Des­de la mi­tad del si­glo VIII a.C., los asi­rios pro­mue­ven una po­lí­ti­ca de ex­pan­sión y con­quis­ta. Su ob­je­ti­vo es lle­gar al Mar Me­di­te­rrá­neo y con­tro­lar la ru­ta co­mer­cial que pa­sa por la Pla­ni­cie Li­to­rá­nea de la Tie­rra de Is­rael. Es­ta pre­sen­cia ex­tran­je­ra lle­va a los di­ri­gen­tes de Ju­dá, por su la­do, a pro­mo­ver una po­lí­ti­ca de for­ti­fi­ca­ción de sus ciu­da­des-for­ta­le­za e im­ple­men­tar una po­lí­ti­ca de al­ma­ce­na­mien­to de ali­men­tos en la ciu­dad. To­do eso a cos­ta de los cam­pe­si­nos pro­duc­to­res. Aun así, a pe­sar de es­ta po­lí­ti­ca, y tal vez jus­ta­men­te por cau­sa de ella, en el 701 a.C. el ge­ne­ral asi­rio Se­na­que­rib con­quis­ta 46 ciu­da­des de Ju­dá y lle­va más de 20.000 de­por­ta­dos.[2]
El pueblo, una vez más, requiere palabras de aliento en medio de la crisis y Miqueas pronuncia unas palabras con aliento político y espiritual, al mismo tiempo. Su defensa de los pobres es intensa y radical: “¡Ay de aquellos que aun en sus sueños/ siguen planeando maldades,/ y que al llegar el día las llevan a cabo/ porque tienen el poder en sus manos!/ Codician terrenos, y se apoderan de ellos;/ codician casas, y las roban./ Oprimen al hombre y a su familia,/ al propietario y a su herencia” (2.1-2). Igualmente su denuncia contra los gobernantes: “Escuchen ahora, gobernantes y jefes de Israel,/ ¿acaso no corresponde a ustedes/ saber lo que es la justicia?/ En cambio, odian el bien y aman el mal;/ despellejan a mi pueblo/ y le dejan los huesos pelados./ Se comen vivo a mi pueblo;/ le arrancan la piel y le rompen los huesos;/ lo tratan como si fuera carne para la olla” (3.1-2). El profeta es portador de una visión y una opción muy claras y ésa va a ser la plataforma de su “esperanza mesiánica”, reconocida siglos más tarde por el evangelio de Marcos (2.6) y Juan (7.42), pues en su palabra asimiló las necesidades y esperanzas de un pueblo pobre y oprimido.
2. Una fe renovadora desde el Israel rural
En Jeremías 26, donde se hace una durísima crítica contra el templo y la ciudad de Jerusalén, hay una referencia al mensaje de Miqueas. Esas palabras proceden de la época del rey Joaquín, quien gobernó Judá entre 605 y 598 a. C. Dice así: “Y se levantaron algunos hombres de los ancianos de la tierra y hablaron a toda la congregación del pueblo reunida: ‘Miqueas de Moreset era profeta en los días de Ezequías, rey de Judá, y dijo para todo el pueblo de Judá: ‘Así dice el Señor de los ejércitos: Sión será arada como un campo, Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte del templo, un otero de matorral.” (Jr 26.17-19)”. Un profeta que legitima a otro y que con ello se sitúa en su misma línea.
A diferencia de Isaías, afincado en la ciudad de Jerusalén, Miqueas fue un profeta del campo, con una perspectiva rural. Estamos, pues, ante el profeta de “la reforma agraria” de Israel (una nueva repartición de la tierra productiva, 2.4), es decir, aquél que se atrevió a mostrar la manera en que los habitantes de las ciudades explotaban a sus hermanos del campo. Su horizonte de anuncio-denuncia se ubica en el marco del juicio al comportamiento de las ciudades de Israel y la manera en que Yahvé reivindica a los trabajadores del campo para relanzar su esperanza y así recibir nuevas bendiciones, para superar la explotación de la que eran objeto.
Esta fe confiada toma la forma política de los retornados de Babilonia que reconstruyeron Jerusalén, en el famoso oráculo que comienza: ‘Sucederá en días futuros/ que el monte de la Casa de Yavé/ será asentado en la cima de los montes,/ y se alzará por encima de las colinas./ Y afluirán a él los pueblos,/ acudirán naciones numerosas […] Podemos observar, comparando con Is 2.1-5, que los autores del libro de Miqueas han tomado de la tradición del profeta urbano Isaías para reinterpretar el juicio a la ciudad como algo que tuvo su momento y que ha sido superado y no como algo intrínseco a su ser como ciudad.[3]
La visión mesiánica piensa y recuerda que una figura rural dirigirá al pueblo, como antes lo hizo David. De esta manera es posible entender la relación que los contemporáneos de Jesús de Nazaret encontraron entre esta figura y la anunciada por Miqueas, lo cual relanzaría también una nueva visión del “trabajo mesiánico”. En medio de los sufrimientos populares, sólo una persona así podía captar las frustraciones, ilusiones y esperanzas del pueblo sometido por las clases dominantes. El mesianismo proyectado hacia el futuro surge, así, en este momento, de unas condiciones de vida sumamente inequitativas, perversas, y resulta de una visión alternativa de la fe que es capaz de poner en tela de juicio una institución tan venerable como el templo mismo (3.12: “y el monte del templo se cubrirá de maleza”).
No obstante, la esperanza que surge de un mensaje tan directo es capaz de refundarse para comprender que Yahvé volverá a tener misericordia y el signo de la misma es precisamente que desde el pueblo de la tierra surge la profecía de un mesías que viene a reinar y a restaurar la justicia divina. Ésa es la razón de nuestra esperanza en la actualidad, tan crítica como otras. Como sintetizó el gran teólogo judío Abraham Heschel: “Junto con la palabra de destrucción, el profeta proclama la visión de la redención. Dios perdonará ‘al resto de Su herencia’ […] Entre las grandes enseñanzas que nos legó Miqueas se encuentra la de cómo aceptar y soportar la ira divina […] y […] la certidumbre de que la ira no significa que Dios haya abandonado al hombre para siempre. Su ira pasa, pero Su fidelidad perdura eternamente”.[4]

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[1] Haroldo Reimer, “Ruina y reorganización. El conflicto campo-ciudad en Miqueas 1”, en RIBLA, núm. 26, http://claiweb.org/ribla/ribla26/ruina%20y%20reorganizacion.html.

[2] Idem.
[3] J. Pixley, “Miqueas el libro y Miqueas el profeta”, en RIBLA, núm. 35-36,
http://claiweb.org/ribla/ribla35-36/miqueas%20el%20libro.html.

[4] A. Heschel, Los profetas I. El hombre y su vocación. Buenos Aires, Paidós, 1973, p. 94.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Suiza reaviva su carácter protestante gracias a las iglesias pentecostales

La soledad de la gente en "nuestra sociedad individualizada" y "el estilo moderno de adoración" ayudan a crecer el modelo carismático de iglesia.
Alrededor de un tercio de los 7,8 millones de personas en Suiza son miembros registrados de la Iglesia Reformada Suiza. Pero son las iglesias evangélicas -especialmente las pentecostales- quienes crecen, más que las protestantes tradicionales en Suiza.
“Estas iglesias carismáticas entienden las necesidades de la gente y, por lo tanto, atraen los domingos el doble de fieles”, dice Olivier Favre, un pastor carismático que es también sociólogo de la religión.
"El punto fuerte del movimiento pentecostal es la idea de que Dios interviene en la vida cotidiana de las personas", afirma Favre, que pastorea de dos iglesias carismáticas, en Payerne y Neuchâtel respectivamente.
Este pastor, que desempeña su labor como sociólogo de la religión en la Universidad de Lausana, atribuye el crecimiento de las iglesias evangélicas entre otros factores a la relación fraternal que existe en su seno frente a la soledad de las personas en "nuestra sociedad muy individualizada", y "el estilo moderno de la adoración" que hace que la gente se acer.
Favre destaca que la idea de una relación personal y real con Dios, la creencia de que Él contesta verdaderamente las oraciones, que puede sanar a los enfermos y obrar milagros responde a una necesidad espiritual. Por otra parte, “el estilo de adoración atrae a los jóvenes”, dice al tiempo que reconoce que las personas que viven con inseguridad pueden sentirse más atraídos por este estilo de vida y valores que nacen de una experiencia con Dios.
INMIGRANTES
Las poblaciones inmigrantes, especialmente africanos y sudamericanos, también han contribuido al crecimiento de las iglesias evangélicas suizas, afirma Favre, que ejerce también la labor de pastor en la Iglesia Bautista Reformada de Lausana desde hace 14 años. “Las iglesias carismáticas ofrecen un apoyo fundamental (a los inmigrantes), así como el lenguaje y la música de sus países de origen”.
El pastor, que ha estudiado y documentado el aumento de las iglesias evangélicas en Suiza, afirma que el lenguaje evangélico está evolucionando y adaptándose a las “necesidades reales”, poniendo menos énfasis en el pecado y el arrepentimiento que en la necesidad de crecimiento y desarrollo personal.
Sin embargo, aclaró que un movimiento cristiano tiene que ser siempre equilibrado y arraigado en la verdad revelada en la Biblia. "Si se adapta demasiado a la sociedad se enfría, pierden su fervor y surgen dificultades para sobrevivir sin apoyo estatal. Por otro lado, si el movimiento es demasiado fundamentalista se aisla del resto de la sociedad".

Fuentes: MundoCristianotv

viernes, 9 de diciembre de 2011

El Evangelio según Los Simpson

Por. José de Segovia Barrón, España
El Reverendo Lovejoy es un claro representante de lo peor de la religión organizada

Después de tantos años, Los Simpson siguen siendo el programa de televisión más visto en todo el mundo. Su filosofía es ahora objeto de estudio en muchas universidades . El libro del periodista judío Mark A. Pinsky, El evangelio según Los Simpson , investiga la dimensión religiosa de esta serie animada . La obra fue traducida a nuestro idioma por la editorial mexicana Selector en 2010.
Este título pertenece a una popular serie de libros en lengua inglesa, que publica una editorial protestante llamada Westminster-John Knox , que tiene una amplia distribución general en Estados Unidos. La colección comenzó en 1965 con la obra de un pastor evangélico presbiteriano fallecido hace dos años, Robert L. Short (1932-2009). Su libro The Gospel According to Peanuts comentaba las tiras cómicas en periódicos de personajes como Charlie Brown o Snoopy, que hacía un dibujante llamado Schulz (1922-2000), perteneciente a una de las denominaciones pentecostales americanas que lleva el nombre de Iglesia de Dios.
El siguiente libro más conocido de la serie es tal vez El evangelio según los Simpson , que tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación norteamericanos. Su autor es un periodista judío que ha trabajado para el Ejército israelí y está especializado en información religiosa. Aunque no es cristiano, Pinsky conoce muy bien a los evangélicos , sobre los que ha escrito un libro mostrando la complejidad y pluralidad de este movimiento. Tiene otro título en esta colección sobre El evangelio según Disney, que no ha sido todavía traducido al castellano.
INTERESANTE SERIE
El único volumen de esta serie que se ha publicado en España es El Evangelio según Hollywood, escrito por Greg Garrett, un profesor episcopal de la universidad protestante más importante de Estados Unidos –Baylor, un centro de origen bautista que hay en Waco, Texas–. La obra traducida por la editorial católica Sal Terrae en Santander el año 2008, es la única que hay disponible en nuestro país de un catálogo que abarca estudios sobre El Evangelio según América , Bruce Springsteen , Harry Potter, Oprah , la ciencia - ficción , Star Wars, los Beatles o Tolkien .
Es cierto que no todos los escritores son siempre evangélicos en el sentido conservador del término –ya que hay judíos como Pinsky, pero también unitarios universalistas como Symynkywicz, que escribió un libro sobre Springsteen–, pero hay títulos con mucha claridad sobre la fe cristiana –como el del británico Steve Turner acerca de los Beatles –, que merecerían ser traducidos al castellano.
IMAGEN PROVOCATIVA
Cuando el creador de Los Simpson , Matt Groening, era boy-scout , cuenta en una entrevista que robó una Biblia de la habitación de un hotel, y subrayó todo aquello que le parecía sucio. Cuando lo descubrió su jefe de exploradores, Groening dijo que para aplacar su furia le contó que había dicho a Dios: "Sé que me perdonarás por no creer en Ti". La imagen provocativa de esta serie de animación contrasta con sus continuas referencias a la iglesia, la oración y la Biblia. Pero ¿en qué consiste el evangelio según Los Simpson ?
Para entender el Evangelio según Los Simpson hay que darse cuenta que abarca desde la sanidad por fe hasta las misiones, pasando por el unitarismo o los parques de atracciones cristianos. Esta curiosa mezcla de fascinación y sospecha está muy bien reflejada en los dos personajes que representan más claramente la religión en la serie: Ned Flanders y el Reverendo Lovejoy...
¿SAN FLANDERS?
Flanders es un irritante evangélico que vive al lado de los Simpson. A pesar de ser algo reprimido (“di cualquier cosa, que no lo habré hecho”), y a menudo fanático (“yo guardo hasta la comida kosher , por si acaso”), Ned es un verdadero cristiano , que muestra su fe por sus obras. Homer le describió una vez como alguien “más santo que Jesús”. El Reverendo Lovejoy es, sin embargo, un pastor que representa casi todas las denominaciones en su Primera Iglesia de Springfield, donde van los Flanders, los Simpson, y casi todo el pueblo. Tiene el aspecto pomposo y sedante de un tele-evangelista del valium . Su fundamentalismo es a veces incendiario (“la ciencia ha fracasado de nuevo ante las aplastantes evidencias de la religión”), pero otras frío y profesional (“hago lo que puedo con un material como éste”). Homer le ha descrito en una ocasión como “el tipo que da esos sermones en la iglesia, capitán cómo-se-llame”...
Cuando, en un episodio, Flanders tiene que adoptar a los hijos de los Simpson, descubre que todavía no han sido bautizados, por lo que llama angustiado al Reverendo. Éste, irritado por haber sido molestado cuando estaba disfrutando de sus trenes en miniatura, responde con desprecio: “Ned, ¿has pensado en alguna de las otras principales religiones? Son prácticamente lo mismo”. Inmediatamente su tren se estrella, soltando humo. Ned coloca entonces un cartel en la puerta que dice “nos hemos ido a bautizar”, y se dirige al río. Allí los niños son finalmente “rescatados” por Homer, que logra evitar que el agua caiga de un cáliz dorado. Aunque el intento de Ned de un bautismo forzado es poco admirable, sin embargo, es interesante que su sinceridad nunca se pone en cuestión. Es una persona auténtica, que a veces se muestra fuerte, pero también tiene sus debilidades...
El Reverendo Lovejoy, sin embargo, es un claro representante de lo peor de la religión organizada . Su fe es algo nominal y vacío. Se enorgullece de haber vuelto a poner la maqueta en el vestíbulo de la iglesia, como uno de sus grandes actos de fe. Y cuando un cometa amenaza destruir Springfield, Homer se lamenta diciendo: “En momentos así me gustaría que fuera un hombre religioso”. Pero el Reverendo corre histérico por la calle, gritando: “¡Se acaba todo!, ¡ya no hay más rezos!”. Sin embargo, Ned ha construido un refugio al que invita a todo el pueblo. Y cuando está tan lleno que no se puede cerrar la puerta, se ofrece como mártir. Le dice entonces a su hijo: “Si me vuelvo loco de miedo, quiero que dispares a papá si intenta volver adentro”. La gente sale entonces avergonzada, y lo único que destruye el cometa es el refugio...
LA OFENSA DE LA CRUZ
Para uno de los autores de Los Simpson , Steve Tompkins, “la calidad del humor está en proporción indirecta con las verdaderas creencias de la persona”. Ya que “cuánto más se muestren, menos divertido resulta”. Su papel es provocar, dice Mark Pinsky –el escritor de este libro, que ha grabado todos los episodios de la serie y mantenido entrevistas con varios de sus autores–. Uno de ellos, Al Jean, dice que se considera “alguien que cree en las enseñanzas de Jesucristo, pero no es un gran aficionado de la religión organizada”. Él comenzó a trabajar en la serie en 1989, por lo que ha escrito con Reiss más de doscientos episodios. “Desde muy temprano mostramos a los personajes yendo a la iglesia”, dice. Pero “la gente es muy sensible con estas cosas”, por lo que evitan siempre las imágenes de Cristo, sobre todo en la cruz.
Marge dice a los niños que deben ir a la iglesia para “aprender moral y decencia”. Así sabrán “cómo amar a su prójimo”. Pero la escena siguiente muestra al Reverendo en el púlpito con una cita apócrifa del Antiguo Testamento, llena de violencia sangrienta. Ya que el evangelio según Los Simpson es eso: la necesidad de vivir en paz y amor con tus vecinos… Pero la realidad es otra. Y es ahí de donde parte el verdadero Evangelio. No de bonitos deseos y buenas obras, sino de la impotencia del hecho de que no podemos vivir como debiéramos.
El cristianismo no consiste por lo tanto en los sacrificios de Flanders, ni en la vida cómoda del Reverendo, sino en el sacrificio que Cristo hizo una vez y para siempre. Esa es la única buena obra que nos salva. Por lo que no se trata de ser buenos, sino nuevos. Y eso es algo que sólo el Espíritu de Dios puede hacer por medio de nuestra confianza en la justicia de otro, Cristo Jesús, que llevó nuestras contradicciones bajo el peso de esa cruz que no pueden mostrar Los Simpson , porque su mensaje sigue siendo demasiado ofensivo.

Autores:José de Segovia Barrón

©Protestante Digital 2011

jueves, 8 de diciembre de 2011

Crisis global: Este mundo necesita un Jubileo

La brecha entre ricos y pobres llega al nivel más alto en 30 años
La desigualdad ha crecido en los países de la OCDE, que une a la grandes economías y las potencias emergentes, hasta alcanzar el nivel más alto en 30 años. Los ingresos medios del 10% más rico de la población es nueve veces el promedio del 10% de los más pobles, según el informe que acaba de hacer público la OCDE.
La brecha entre ricos y pobres ha crecido incluso en países tradicionalmente igualitarios. Esta situación, al margen de los diversos factores que la producen, supone una carga desproporcionada sobre unos y otros. Llegados a este punto, no es una utopía recordar el principio que Dios estableció en relación con las riquezas acumuladas: el Jubileo. No entraremos en cuestiones de simbolismo espiritual, sino en sus aplicaciones prácticas.
EL JUBILEO
El Jubileo se producía cada 50 años, y era un año sabático. Era una norma divina en la que se proclamaba libertad por toda la tierra. Por ser un año sabático, se proclamaba de manera especial la libertad en todo Israel. Libertad para los israelitas que se habían vendido como esclavos por hallarse endeudados, libertad para que todas las tierras heredadas que habían sido vendidas por problemas de dinero retornaran a sus dueños (familias) originales (Levítico 25). El concepto y el valor de la libertad era lo que Dios deseaba enseñar a los israelitas por medio del Jubileo. De la esclavitud del trabajo por el trabajo, de las deudas acumuladas que iban gravando no sólo a las personas, sino a las familias y descendientes. Libertad de las situaciones de injusticia y desigualdad, de hipotecas heredadas, pudiendo partir todos de cero en las mismas condiciones. También de austeridad, pues se debía vivir con lo ahorrado en años anteriores durante este periodo.
Si la nación observaba debidamente el Jubileo, el pueblo quedaba restaurado por completo, con un gobierno estable, con una economía nacional también estable y un pueblo sin deudas. El Jubileo proporcionaba además una norma equilibrada para los precios de compra y venta de las tierras, impedía una deuda interna pesada, un falso sentido de prosperidad, y los problemas de inflación, deflación y comerciales permanentes. En pocas palabras: el Jubileo, como provisión divina, era una muestra de sabiduría de parte de Dios, porque impediría que la nación cayera en una división de clases sociales y económicas: los muy ricos, y los muy pobres. Justo lo contrario a lo que está corriendo en nuestro tiempo y sociedad.
¿Y AHORA?
Si aplican estos principios e ideas a la actualidad, no hace falta mucho esfuerzo para entender que este mundo y esta Tierra nuestra precisan un Jubileo. De hecho, los problemas que plantea evitar el Jubileo parecen escritos para este momento, sacados de un medio informativo de nuestro tiempo. El problema es que las leyes de las naciones y sociedades actuales tienen poco que ver con las de Dios; sino que son las leyes del mercado puro y duro: el consumismo, el poder acumulado de los ricos, las deudas y esclavitudes económicas adquiridas o heredadas. En definitiva, las leyes que impone la adoración al dios Mammón.
Habría que pensar en qué manera aplicar a nuestro tiempo el Jubileo. Por ejemplo a los hipotecados que pierden sus empleos y casas, y tienen que seguir pagando la hipoteca. Pero lo primero sería volverse de corazón a Dios para estar dispuestos a reconstruir nuestra vida y sociedad acorde a los principios de Dios, incluyendo el del Jubileo. Y en esto no están exentos aquellos que nos llamamos cristianos.
Nota Editorial
Fuente: © Protestante Digital 2011

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Un itinerario espiritual de la literatura argentina

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz , México


Prólogo a Te busca y te nombra. Dios en la narrativa argentina, de Alberto F. Roldán
Que muy pocos discurran sobre teología para que los demás acaten su saber más allá de las palabras. [1] Carlos Monsiváis

I La teología y la literatura no tienen caminos dispares. Si el cristianismo es una “religión del libro”, resulta natural que lo literario, aun cuando en otras épocas representó una práctica cultural elitista, hoy sea un enfoque insustituible a la hora de buscar nuevos caminos de sentido y actualización del mensaje. Además, si se recuerda la observación de Jorge Luis Borges en el sentido de que la teología “es la perfección del género” de la literatura fantástica, se podrá advertir que los horizontes de ambas, aunque a veces parezcan lejanos, se juntan con suma frecuencia. Por ello, cada ejercicio creativo que las reúne conscientemente y que abreva sin rubor en sus fuentes comunes constituye una experiencia renovadora de la visión, incluso para quienes sin fe trasponen el umbral de la religión para solazarse en sus intuiciones y hallazgos sobre la vida humana, pues más allá de la búsqueda de propuestas o esquemas edificantes, la lectura, también en el sentido de interpretación, sugiere vastos caminos de luminosidad que de otra manera permanecerían muy áridos de no ser por el artificio y la ficción.
Han pasado ya los tiempos en los que resultaba extraño o incluso blasfemo relacionar la fe con las creaciones literarias consideradas inferiores y deudoras de los monumentos doctrinales o teológicos, pues ni siquiera la Biblia podía ser analizada desde una lectura literaria. Algunos biblistas vislumbraron las posibilidades interminables de esta lectura, que se ha desarrollado en trabajos como los de Northrop Frye, Alfred Kazin, Harold Bloom o Jack Miles, a tal grado que se ha dicho que de la afición bíblica de los dos últimos brota, incluso, una nueva imagen bíblica de Dios. En ese sentido, el Prefacio a la Biblia Hebrea, de George Steiner (Siruela, 2004), es una lección de respeto, rigor y empatía hacia la literatura sagrada desde una lengua moderna: “Nuestra poesía, nuestro drama, nuestra ficción serían irreconocibles si omitiésemos la continua presencia de la Biblia. […] Se extiende desde el inmenso volumen de paráfrasis bíblicas hasta la más tangencial o encubierta de las alusiones. Comprende todos los modos de intertextualidad, de incorporación entre líneas y dentro de ellas”. Las perspectivas actuales, dominadas por un enfoque interdisciplinario, proponen que, mientras más densa y arriesgada sea una obra literaria, además de que exponga con intensidad las contradicciones humanas, mayor es el desafío estético e interpretativo.
En un esfuerzo pionero por clarificar estas posibilidades de desarrollo mutuo, la revista Concilium propuso, desde 1976, el diálogo serio entre las dos disciplinas y lo logró ampliamente, pues plataformas metodológicas para trabajos que se desarrollarían más tarde. Los editores fueron J.-P. Jossua y J.B. Metz y colaboraron nombres tan relevantes como J.L. Aranguren y el propio Metz, quienes se ocuparon, respectivamente, del teatro de Tirso de Molina y de “la teología como biografía”. [2] De Juan Carlos Scannone (único latinoamericano) se incluye un estudio sobre el Martín Fierro y la teología de la liberación. Delineando la temática, H. Rousseau escribió: “…se establece una relación entre la teología y la literatura, en tanto que ésta es ante todo expresión de una experiencia viva, aunque sólo sea por medio de la imaginación. Si la teología acierta a ocupar un puesto privilegiado en esta experiencia, ¿no podrá representar por su parte la literatura un lugar teológico esencial en tanto que es capaz de expresar la experiencia cristiana mejor que la teología dialecticista?”. [3]
Además, desde los intentos de gran alcance como el de Charles Möeller ( Cristianismo y literatura del siglo XX) o los esbozos de Gustavo Gutiérrez acerca de la obra de José María Arguedas (mucho tiempo antes de ingresar a la Academia Peruana de la Lengua) hasta llegar a los trabajos de Pedro Trigo, Antonio Manzotto o Luis Rivera-Pagán, se ha demostrado que la riqueza del diálogo entre teología y literatura es capaz de abrir ventanas vastísimas de conocimiento. En Brasil, Antonio [Carlos de Melo] Magalhães es quien mejor ha sistematizado, hasta el momento, esas relaciones ( Dios en el espejo de las palabras. Teología y literatura en diálogo, 2000).
II. Si bien Roberto E. Ríos desde Argentina había adelantado un acercamiento en 1969 con La novela y el hombre hispanoamericano, un estudio en el que pasó revista a 10 autores, sólo en fechas más recientes se consolidaría el encuentro entre estos dos campos. El ya citado crítico Alfred Kazin acometió la lectura teológica de los grandes nombres estadunidenses (Melville, Twain, Dickinson, Faulkner…) en una fecha tan reciente como 1997 y los estudiosos latinoamericanos en los mismos años produjeron textos que vinieron a subsanar las quejas de otros años por parte de teólogos como Jürgen Moltmann, José Míguez Bonino y Rubem Alves. A principios de los 80, Alves reclamaba amargamente a los escasos escritores protestantes brasileños por qué seguían ofreciendo “sermones trasvestidos”, en vez de expresarse con un lenguaje más creativo que superase el predecible final feliz. Reinerio Arce, con su estudio sobre Martí, y Rivera-Pagán con sus ensayos sobre diversos narradores y poetas, han continuado la exploración de una literatura que se presta enormemente para profundizar en su vertiente espiritual y existencial, algo que incluso algunos iniciadores de la teología de la liberación despreciaron en su momento.
Alberto F. Roldán, con el notable esfuerzo de estudiar a siete narradores de su país, viene a sumarse a estas voces con una indagación apasionada sobre siete autores argentinos. La delectación con que expone sus motivos, entretelones y características se comparte progresivamente mediante la lectura atenta de cada ensayo, colocado cuidadosamente en una contigüidad creativa que invita a acompañarlo en su esfuerzo hermenéutico. Ciertamente, ha restringido su estudio a la prosa narrativa, aunque dos de los autores (Murena y Martínez Estrada) son más reconocidos como ensayistas, y otros dos, Marechal y de nuevo Martínez Estrada, practicaron la poesía con calidad, reconocida incluso por Borges. (No debe olvidarse que incluyó la poesía completa del autor de Radiografía de la pampa en su “Biblioteca personal”.) Pero más allá de los géneros, y sin que esto implique una reducción en el enfoque o la visión del autor, hay que destacar que el horizonte interpretativo de Roldán muestra un eclecticismo tal que permite asomarse suficientemente a las obras estudiadas. Asimismo, el libro es un ejemplo de superación de los clichés o estereotipos relacionados con la supuesta “orientación metafísica” de la literatura argentina. La especificidad de cada autor le permite al autor adentrarse en el diálogo propio de las obras con lo sagrado o religioso.
De este modo, otro acierto del libro consiste en poner en primer lugar la que acaso sea la obra más provocativa en el contexto de un diálogo teológico-literario, El pecado original de América (1965) , de Héctor Murena (1923-1975), un autor poco divulgado, quien osciló entre un lenguaje metafórico-teológico y un simbolismo religioso que le permitió referirse a la experiencia latinoamericana mediante categorías escasamente utilizadas por otros estudiosos del tema. Y justamente esa perspectiva, criticada en su propio país, proyecta la obra hacia alturas casi mitológicas en donde la doctrina cristiana sobre el pecado se desdobla provocadoramente al exponer la manera en que, la cultura argentina ha entendido su lugar en el mundo, pues El pecado original de América aterriza muchas de las ideas esbozadas desde escritos anteriores, particularmente en “La metáfora de lo sagrado”, donde subrayó el origen teológico del arte. Para Murena, explica Roldán, “Dios es quieto y móvil, presente y ausente, visible pero invisible”. El escritor bonaerense presenta a América como el lugar del exilio por el pecado para los europeos y eso complica el esquema de una nueva “historia de salvación apócrifa”, es verdad, pero profundamente intuitiva en su búsqueda de sentido y orientación para la acción. Desde su enfoque personal, calificado por él mismo de transobjetividad, el mundo “se ha trascendido como tal y se convirtió no ya en algo que está frente a nuestra conciencia Estamos, con ello frente a una refundación mítica de América desde una mirada ético-teológica.
Al abordar Los siete locos (1929) , de Roberto Arlt (1900-1942), se asiste, mediante el análisis de Roldán, a la revisión de una obra abiertamente provocadora y cuyo lenguaje religioso le otorga un nivel teológico crítico, en la medida que expone, desdobladas, reflexiones profundas sobre los misterios de la salvación. Los binomios bien-mal, Dios-ser humano y vida-muerte, le sirven a Roldán para entrar en un relato atravesado, como el resto de la obra arltiana, de sugerencias vivaces sobre aspectos religiosos centrales. La manera en que el también autor de El juguete rabioso estudia los “estados de conciencia” y se sumerge en ellos para salir, por decirlo así, a la superficie para testificar sobre ellos, conduce a los personajes a situaciones límite en los que no hay resoluciones morales sino, más bien, espacios de experiencia humana, definidos por uno de ellos, por poner un caso, como “la zona de la angustia”, esto es, una materialización física ubicada unos metros encima de la superficie urbana. Se trata de una especie de “somatización existencial” de los horrores de la vida, capaces de alcanzar la visibilidad fáctica. Las citas que encuentra Roldán resumen muy bien la forma en que Arlt ficcionalizó algunos aspectos vividos, porque como señala el analista, si esta narrativa da por sentada por momentos la piedad divina, hay otros en los que “el amor angélico de Dios” brilla por su ausencia, lo mismo que la fe, con un efecto demoledor: “Si usted creyera en Dios no habría pasado esa vida endemoniada, si yo creyera en Dios no estaría escuchando su propuesta de asesinar a un prójimo”. Roldán sigue muy bien la perspectiva alegórica (y casi nietzscheana) con que trabajó Arlt y concluye refiriéndose a la presencia de una revelación cristológica en la novela: el farmacéutico Ergueta se arrodilla ante el Nazareno, como parte de una visión en la que la sublimidad, por fin, lo alcanza. Lo grotesco, en suma, no está peleado con alguna forma de epifanía.
Con Leopoldo Marechal (1900-1970), el autor practica una exégesis apasionada que, como en los demás casos, sitúa al autor en el contexto ideológico y cultural. Con un estilo claramente distinguible, Marechal, peronista convencido y después converso al pentecostalismo (por lo que quizá fue el primer autor evangélico latinoamericano, en el sentido confesional), desarrolla una linealidad narrativa que va de Adán Buenosayres (1948) a El banquete de Severo Arcángelo (1965) retomando la clave bíblica desde el título de la primera, para cerrar en la segunda con la creación de un mundo dominado por su nueva visión religiosa. Así, se corresponden plenamente las alusiones al drama cristológico en la estructura de Adán Buenosayres (y su concepción beatífica de un lugar con nombre simbólico, Philadelphia ) con la visión apocalíptica de El banquete… Marechal atisba, y acaso anticipa, en el primer momento, el estado de gracia al que llegará cuando la fe cristiana lo impregne al momento de escribir el segundo libro. En esta ruta, el encuentro de Adán con el Cristo de la Mano Rota es el momento crucial de la historia. Buenos Aires, la Biblia y los clásicos se encuentran en un diálogo mítico y desesperado. El banquete…, a su vez, es una muestra de virtuosismo en el arte de desdoblar la realidad para proyectarla estéticamente, pues como señala Graciela Maturo, citada por Roldán, estamos ante “el paso de la vida ordinaria a la vida extraordinaria, al conexión con el plan de la Providencia, encarnado en un operativo de redención y reconstrucción por parte de Farías-Marechal”. La gracia trabajando a marchas forzadas.
Radiografía de la pampa (1933),el ensayo de Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964), es trabajado desde la dualidad religión-fe. Si Martínez E. escribió sobre la pampa “pensando en América”, Roldán acompaña al autor estudiado en su feroz retrato que buscó desentrañar la “ontología de lo argentino en sus raíces más autóctonas”, para encontrar la vacuidad espiritual y un cierto sentido de anomia implantado burdamente por la conquista española. La pampa es para Martínez E. un sitio de contemplación, un páramo propicio para la meditación y, al mismo tiempo, la imagen misma de la desolación, “el desdoblamiento de un infinito interior”. Un equivalente del desierto en la Biblia. El también poeta suena muy evangélico al distinguir, en la práctica, entre religiosidad externa e interna, para valorar mayormente la segunda, a partir de una crítica dura hacia “la ostentación de la piedad, tan contraria a su esencia misma de la fe. Sin arraigo en la fe verdadera quedó una falsa estructura más”. La presencia del cristianismo quedó reducida al eco de sus peores transformaciones. España y Portugal dejaron aquí su peor reflejo. Ese libro de 1933 es, como concluyen bellamente las palabras de Roldán, “un instrumento del lenguaje que, a la manera de rayos X, detecta los alvéolos espirituales que sólo pueden funcionar con el pneuma divino”.
Al sumergirse en El libro de arena (1975) , del “exacto” e “irónico” Jorge Luis Borges (1899-1986), Roldán hace a un lado el método dialéctico que ha venido utilizando para exponer la manera en que los tres aspectos elegidos ( cronos , jamartía y thanatos ) se entrecruzan en una trama inevitablemente metafísica informada, como se sabe, por un buen conocimiento bíblico y filosófico. Si la primera categoría, el tiempo, es capaz de definir casi en su totalidad la laberíntica obra de Borges, Roldán, al tomarla como brújula inicial para el viaje interpretativo, basándose en una frase dicha casi al paso (“…pero le pesaban más los domingos”) por el personaje de nombre Arredondo, “lector no entusiasta de la Biblia”, encuentra nuevamente la huella del vacío espiritual, pues la idea de “llenar el domingo” alude, casi sin remedio, a alguna forma de religiosidad o liturgia, algo de lo que el personaje carece. El pecado, a su vez, se manifiesta narrativamente en lo contenido en un manuscrito antiguo acerca de lo aludido por Jesús en el Sermón del Monte sobre cómo al mirarla es posible codiciar a una mujer y, con ello, adulterar en el corazón (“consejo inequívoco de pureza”, califica Borges). Definir el pecado, ése es el dilema verdadero, pues el acto de mirar moviliza al pecado y lo coloca en el borde de la acción, así sea simbólica o gestual. Roldán teje entonces, mediante una cadena de digresiones, una argumentación teológico-filosófica que toma los relatos para fortalecer su expresividad de orientación kierkegaardiana: “He querido el mal y hago el bien” (“El Congreso”). Un apóstol Pablo al revés.
Y, sobre la muerte, aunque de mención escasa, no puede el exegeta dejar de concentrarse en un relato particular, “La secta de los treinta”, y sobre todo la cita de las palabras del Maestro (“Deja que los muertos entierren a sus muertos”), como parte de una historia en donde los personajes manifiestan diversas posturas sobre el momento supremo de la existencia.
Historia de una pasión argentina (1937), de Eduardo Mallea (1903-1982), representó el momento del “deber moral” para Roldán, argentino confeso. La visión antropológicamente optimista del libro (genéricamente muy indefinido por el propio Mallea) hizo que su intérprete encontrase las notorias afinidades de esa idea con las enseñanzas bíblicas. Obligación ética y espiritual. Surge el teólogo-académico que se enfrasca con una obra y la obliga a decir lo que espera, no tergiversándola, obviamente, sino más bien leyéndose a sí mismo en la obra de otro (algo que su querido Ricœur aplaudiría) comparte la pasión que expone, desde el fervor textual y teológico. Si Mallea no teme referirse a las razas, tampoco deja de percibir las brutales diferencias entre la Argentina “visible” y la invisible”, que se corresponden también con las dos clases de hombres, aquí ligado también el pensamiento a la visión paulina sobre esa nueva humanidad. Sin proyecto concreto, pero con claridad en la mirada utópica, el Mallea de Roldán es un “dualista” que aprecia claramente los dos “biotipos espirituales” y lanza su red sobre la realidad argentina. Es el viejo sueño nacionalista e individualizado, a la vez, pero profundamente idealista. Hay que salir de las apariencias para vivir auténticamente.
Ricardo Rojas (1882-1957), por último, autor de El Cristo invisible (1927), es analizado como merece: desde una sólida plataforma cristológica que advierte los tres niveles de la obra: la efigie, la palabra y el espíritu de Jesucristo. Sustentado en una lectura de los místicos, Rojas intenta acceder a una suerte de “alta cristología”, pues su destino ideal es el corazón de las personas: “El Cristo invisible que el vulgo adora en efigie, yace inhumano en el corazón de cada hombre, esperando su resurrección”. Las imágenes de Cristo, muchas tergiversadas, esperan una actitud iconoclasta (y un tanto romántica) para recobrar su vitalidad. La conclusión del primer diálogo, en ese rumbo, es de antología: “La Cruz de Cristo […] es la figura de sombra que proyecta en la Tierra, bajo la luz del Cielo, el cuerpo del Hombre con los brazos abiertos para el sacrificio del amor”. La palabra de Cristo, ligada rotundamente a la verdad, tan pocas veces atendida, es la “imagen espiritual” del Salvador, su efecto redentor como tal. Rojas resalta la enseñanza de Jesús y su vitalidad incorruptible, enérgicamente anti-nietzscheana: “Cristo predica la esperanza, no la debilidad; el estoicismo, no la cobardía”. Lo que sigue es un discurso muy positivo en torno a la labor salvífica. Ya sobre el espíritu de Cristo, un personaje alude a la importancia de la lectura de los Evangelios en Estados Unidos, país protestante por excelencia, pero también se recupera al cristianismo como movimiento libre, más allá de lo confesional, que es donde también está presente ese espíritu. La búsqueda cristológica de esta obra polémica y densa, finaliza, Roldán, se consuma en un diálogo “con la religión, la cultura y la historia para actualizar el mensaje cristiano en nuestro suelo”. Una contextualización tan urgente como sincera, en la que no faltan los acentos venidos de la cristología protestante de Juan A. Mackay.
Con todo esto, Te busca y te nombra logra ser un ejercicio teológico y literario, lo uno por lo otro, en el cual la materia estudiada como parte del proyecto rector en mente se transforma en un conjunto analítico sólido que consigue hacerle justicia a los autores en cuestión y, al mismo tiempo, encuentra los vasos comunicantes de una preocupación espiritual no tan evidente para algunos, pero que ahora, llevados de su mano, muchos lectores disfrutarán y comprenderán ampliamente.

México, D.F., octubre de 2011
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[1] C. Monsiváis, “Danos hoy nuestra teología cotidiana”, en Revista de la Universidad de México, núm. 62, abril de 2009, p. 7, www.revistadelauniversidad.unam.mx/6209/6209/pdfs/62monsivais.pdf
[2] Cf. Co ncilium. Revista Internacional de Teología, año XII, núm. 115, Madrid, 1976, sitio de la Biblioteca de la Universidad Rafael Landívar, de Guatemala: www.url.edu.gt/PortalURL/Biblioteca/Contenido.aspx?o=3779&s=49 .
[3] H. Rousseau, “Posibilidades teológicasde la literatura”, en Concilium , op. cit., p. 163.

Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz

Fuente: Enviado por su autor Dr. Alberto F. Roldán, Argentina.

EDITORIAL PRONOMBE Y TRANSFORMANDO VIDA hacen intensiva la invitación a la presentación del nuevo libro del Dr. Alberto F. Roldán:
TE BUSCA Y TE NOMBRA. Dios en la narrativa argentina.
El autor recorre los textos de Jorge L. Borges, Roberto Arlt, Leopoldo Marechal, Eduardo Mallea, Héctor Murena, Martínez Estrada y Ricardo Rojas.
Miércoles 14 de diciembre a las 19.30 hs.,

Auditorio Kraft, de Florida 681,

primer subsuelo,

Ciudad de Buenos Aires,

con entrada libre y gratuita.

Al término de la presentación el autor firmará ejemplares.