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sábado, 12 de junio de 2010

CARTA DE UN NIÑO QUE NO LLEGÓ A NACER...

Mamá, aunque tú no quisiste que naciera, yo no puedo dejar de decirte “mamá”...
Te escribo desde el cielo para explicarte lo feliz que yo estaba desde que comencé a vivir en tu vientre... Yo deseaba nacer para conocerte, pensaba que algún día llegaría a ser un niño alegre, soñaba con ir a la escuela y ser un hombre importante, yo creía que cuando se cumplieran los nueve meses de estar junto a tu corazón y naciera, todos se iban a alegrar en la casa con mi nacimiento.
Pero tú no pensabas igual que yo, ¿verdad mamá? Y un día, cuando yo estaba tan contento junto a tu corazón, sentí algo tan extraño que no sabría explicártelo, algo que me hizo temblar: ¡sentí que me quitaban la vida...! Yo quise defenderme, mamá, pero no pude; era tan chiquito y tan débil que no tuve fuerzas ni para quejarme... La muerte criminal me sorprendió cuando yo jugaba contento en tu vientre y pensaba en nacer para quererte...
Entonces, no llegué a saber quién me quitó la vida. Dime tú mamá, ¿quién podría atreverse a entrar dentro de ti, donde yo estaba, para matarme...?, ¿quién sabía que yo estaba allí tan guardadito...?, ¿quién fue, mamá...?, ¿dónde estabas tú, que no me defendiste...?
No sé lo que llegué a pensar... Perdóname, mamá, pero por un momento pensé que sólo pudiste ser tú... Pero, no; perdona, perdona mi mal pensamiento... ¿Cómo iba yo a comprender que una mamá matara a su propio hijo tan pequeñito e indefenso...? No podía pensar que pudiera estorbar un hijo, cuando en la casa no estorban ni el gato ni el televisor.
Ahora, mamá, ya lo sé todo. Estoy aquí en otro mundo, y un compañerito mío —que tuvo igual fortuna que yo— me ha asegurado que sí fuiste tú, porque dice él que hay madres que matan a sus hijos antes de nacer.
Mamá, ¿cómo puede ser esto...?, ¿cómo pudiste matarme...?, ¿pensabas, acaso, comprar la nevera con los gastos que yo ocasionaría, o te avergonzabas de mí porque yo no era hijo de tu esposo...?, ¿alguien te aconsejó y escuchaste su consejo más que a tu corazón...? ¡Yo tenía tantas ilusiones... y tú me las quitaste todas! Yo pude ser ingeniero, o médico, o poeta..., pero tú me lo quitaste todo.
¿Sabes una cosa, mamá? Ayer estuve hablando con Dios y le pedí por favor que me aclarara la verdad sobre mi muerte... Él me abrazó con cariño y me dijo tantas cosas..., las palabras más alentadoras que jamás he escuchado.
Me dijo también que sólo Él es el dueño de la vida y nadie tiene poder para quitarla... Por mis ojos caían ríos de lágrimas, pero Dios me estrechó contra su pecho y me dijo tiernamente: “pequeñito mío, si tú no tienes madre, yo seré para ti tu padre y tu madre...”
Mi mamá de la tierra me rechazó, pero ahora tengo a Dios como padre y madre en el cielo.
Mamá, me despido de ti con mucho cariño, pidiéndote que te arrepientas de lo que hiciste conmigo. Confiesa tu pecado y no vuelvas a hacerlo más.
Te lo pide... tu hijo que nunca nació.

Fuente: Autor desconocido

sábado, 27 de febrero de 2010

Falacias sobre el aborto

Por. Wenceslao Calvo, España*

El presidente del Consejo Evangélico de Madrid, Máximo García Ruiz, ha enviado una carta a las iglesias que constituyen tal organismo, en la que adjunta un documento sobre el aborto que hizo público en Internet y sobre el que se han vertido acusaciones, por causa de la postura que en el mismo defiende. Algunas de las afirmaciones que realiza en dicho documento carecen de fundamento histórico y teológico, hasta el punto de que o son producto de la ignorancia o bien de una tendenciosa predisposición, por la que quiere hacer decir a la historia y a la teología lo que él quiere que digan.
En el terreno de la historia es sorprendente su afirmación de que hubo una ´cierta vaguedad a lo largo de la historia hasta que en el siglo XX, dentro del seno de la Iglesia católica especialmente, se elabora una doctrina de total rechazo.´ Y a continuación añade: ´Hasta la celebración del poco ortodoxo Concilio de Viena en el año 1312, la Iglesia no consideraba el aborto como un asesinato…´ Pero cuando todavía no he salido de mi estupor ante semejante declaración, leo unas líneas más abajo otra que va más allá, cuando dice: ´Si, como algunas corrientes propugnan, lo que se pretende es aproximarse a la práctica de la Iglesia primitiva, constatamos que no fue otra que la del Imperio romano, que aceptaba el aborto como un método de control de natalidad, tema absolutamente irrelevante dentro de la cultura romana.´
Me propongo, basándome en documentos históricos, refutar esas tesis, que considero muy peligrosas si son dadas por buenas, sin antes haberlas sometido al escrutinio de la investigación. Haré uso del material histórico que está a disposición de cualquiera que quiera tomarse el trabajo de contrastarlo.
En el siglo II circuló entre las iglesias un escrito al que se ha denominado Epístola de Bernabé, cuya fecha de composición ha sido situada por eruditos católicos y protestantes a inicios del siglo II o, como muy tarde, a mediados de dicho siglo. En cualquier caso, nos encontramos ante uno de los escritos cristianos más antiguos, después de los del Nuevo Testamento.
Por supuesto su autor no fue Bernabé y tampoco tiene autoridad canónica, aunque hubo algunos, como Orígenes, que se la atribuyeron. Pero de lo que aquí se trata no es de dilucidar ni su autoría ni su autoridad, sino simplemente constatar que en una fecha tan temprana, que está a la vuelta de la esquina de la edad apostólica, ya aparece un pasaje en el que sin paliativos se condena el aborto. Cuando se describe el ´camino de la luz´, entre otros mandatos se especifica el siguiente: ´No matarás a tu hijo en el seno de la madre ni, una vez nacido, le quitarás la vida.´(1) En contraste, cuando se describe el camino opuesto, el del maligno (literalmente ´del Negro´), una de sus características es que los que andan en el mismo son ´…matadores de sus hijos por el aborto, destructores de la obra de Dios…´(2) Podemos pensar lo que queramos sobre tales enseñanzas, pero una cosa es innegable: Ya están ahí en ambientes cristianos hacia el año 100 o como mucho 150.
Otro escrito, compuesto entres los años 125 y 150, es el Apocalipsis de Pedro, que tuvo también sus partidarios para que fuera incluido en el canon, apareciendo de hecho en la lista del Fragmento Muratoriano, aunque con la advertencia: ´Algunos no quieren que se lea en la Iglesia´. Pues bien, en este escrito, al estilo de la Divina Comedia de Dante, hay una descripción de los tormentos de los condenados, figurando entre los tales ´...las que habían concebido fuera del matrimonio y se habían procurado aborto.´(3) Otra vez, podremos pensar lo que queramos de semejante condena, pero, de nuevo, la evidencia es incontestable: El aborto, lejos de ser aceptado en la Iglesia primitiva, como sugiere Máximo García, es rotundamente condenado.
Un tercer escrito, cuya fecha de composición, a decir de los eruditos, no es posterior al año 120, es la Doctrina de los doce apóstoles, o Didaché, cuyo contenido refleja la vida y práctica de las comunidades cristianas de esa época, donde el vigor y la sencillez de la fe aletea por todo el documento. Se trata de un pequeño tratado, de menor extensión que el Sermón del Monte, que gozó de bastante reputación en los primeros siglos, hasta el punto de que en algunas iglesias era considerado canónico. Pues bien, en el mismo se señala, respecto al aborto, lo siguiente: ´…no matarás al hijo en el seno de su madre.´(4)
Si continuamos nuestro periplo por el siglo II nos encontramos con Atenágoras, un apologista griego que escribió su Súplica a favor de los cristianos hacia el año 177, dirigida al emperador Marco Aurelio. Atenágoras no es ningún fanático, pues el tono de su escrito es moderado; tampoco es alguien que desconozca las corrientes filosóficas e ideológicas de su tiempo, pues cita a los autores paganos contemporáneos.
Al defender a los cristianos de la acusación de que en sus cultos cometían crímenes rituales, razona de la siguiente manera: ´Nosotros afirmamos que los que intentan el aborto cometen un homicidio y tendrán que dar cuenta a Dios; entonces, ¿por qué razón habíamos de matar a nadie? Porque no se puede pensar a la vez que lo que lleva la mujer en el vientre es un ser viviente y objeto de la providencia de Dios y matar luego al que ya ha avanzado en la vida.´(5) Es decir, para desmontar la acusación de crimen ritual lanzada calumniosamente contra los cristianos, Atenágoras recurre al argumento de que los cristianos, al revés que el Derecho romano, conciben al no nacido como un ser humano, siendo la conclusión evidente: si respetan la vida del no nacido, ¿cómo no van a respetar la vida de cualquier ser humano ya nacido? ¿cómo van a participar en crímenes hacia nacidos si tienen por homicidio el aborto? Luego lo que el Derecho romano toleraba, era condenable para los cristianos.
La conclusión, tras este examen documental de la literatura cristiana del siglo II, es contundente: El aborto no es algo ambiguo ni aceptable, sino totalmente rechazable para los cristianos de entonces.

En los siglos III y IV la valoración no cambiará… (continuará)

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1) Epístola de Bernabé, 19:5
2) Op. cit. 20:2
3) Apocalipsis de Pedro, 25
4) Didaché, 2
5) Súplica a favor de los cristianos, 35

*Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid
Fuente: © W. Calvo, ProtestanteDigital.com (España, 2010).