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domingo, 28 de febrero de 2016

¿Damos demasiada importancia a las emociones en el púlpito y en la alabanza evangélica? Me siento, siento, siento evangélico



Por. Will Graham, España
Me siento, siento, siento evangélico
Las emociones no tienen porqué ser malas. Nos fueron dadas por Dios por lo tanto pueden ser buenas.
Según las Escrituras, las emociones buenas son aquéllas que surgen a partir de un amor profundo por Dios y el prójimo mientras que las malas se basan en el egocentrismo humano. Las emociones, pues, son moralmente neutrales. Para poner un ejemplo, la ira puede ser buena o mala.
Enfadarse por razones carnales tales como el orgullo o la pereza es pecado; pero airarse por amor a la gloria de nuestro Padre celestial es algo bien loable (el caso de Jesús en el templo). Las emociones, entonces, pueden ser tanto buenas como malas. Todo depende de la raíz. El Señor pesa los espíritus.
Ahora bien, al mismo tiempo que reconocemos la importancia de nuestras emociones, hay que tener cuidado con deificarlas. Si en algo nos ha ayudado el posmodernismo, ha sido su énfasis en el peligro moderno de deificar la razón. No obstante, su talón de Aquiles es caer en el error opuesto, a saber, glorificar las emociones subjetivas hasta tal punto que se convierten en la piedra angular de una nueva clase de religión occidental.
Tristemente, este tipo de pensamiento ya se viene dando en el ámbito evangélico sobre todo en determinados sectores donde la iglesia ya no gira en torno a las Escrituras sino en torno a las impresiones, sensaciones y emociones humanas.
I.- Emociones en la alabanza
Esta nueva mentalidad posmoderna o emergente produce un estilo de alabanza dominical basado en los sentimientos y acciones del adorador. La famosa canción ‘Cuando levanto mis manos’ sería una buena ilustración. ¿Dónde se percibe la gloria de Dios en aquél canto? Es un canto sobre el cantante y sus sentimientos religiosos subjetivos; no una alabanza dirigida al Señor.
Sí, provoca lágrimas; pero para que una canción de adoración sea teológicamente correcta, necesita hacer algo más que tocar a la gente emocionalmente. ¡Tiene que ser bíblica!
Esta nueva forma de adoración posmoderna ha generado una larga lista de cantantes y grupos de adoración cada vez más enfocados en las sensaciones que en la verdad. Como regla general, lo que importa en nuestra generación ya no es el contenido bíblico de los cantos, sino las luces brillantes, el ritmo, el volumen de las altavoces, el talento musical y el culto a la personalidad.
Es casi imposible asistir a un retiro de jóvenes en nuestros días sin acabar el tiempo de la alabanza con un dolor de cabeza impresionante. ¡Ni puedes oír tu voz mientras cantas! Esto no es el plan de Dios. Semejantes ministerios no se pueden justificar escrituralmente.
Felizmente, en medio de toda esta porquería actual, hay hermanos y hermanas que no se están rindiendo ante la seducción del éxito y la popularidad, optando por permanecer anclados en las Escrituras con una buena ética musical, componiendo canciones en el temor de Dios y aferrándose a la sana doctrina.
Tal camino no es fácil porque a lo mejor significa que no vayan a conseguir esos 50.000 seguidores en Facebook que tantos otros cantantes cristianos ya tienen; o tal vez que no vayan a ser invitados a ministrar en la próxima conferencia evangélica a nivel nacional.
Pero allí están. Fieles como el Señor mandó, glorificándole conforme a los dones que Él les ha otorgado. El Padre les recompensará grandemente aunque no experimenten gloria mundana.
Ahora bien, la música cristiana no es la única área del cristianismo amenazada por el monstruo del emocionalismo. También está el púlpito protestante.
II.- Emociones en la predicación
Los predicadores, aunque no lo creas, también sentimos presión. Y la gran tentación para el heraldo de Cristo de hoy es ser guay, relevante y cercano.
Todo esto produce una nueva forma de predicación fundamentada en las emociones humanas. A diferencia de los reformadores protestantes, los puritanos y de otros gigantes del púlpito tales como Whitefield, Edwards, Ryle, Spurgeon y Lloyd Jones, ahora todo se trata aplicación, aplicación, aplicación.
En vez de acercarse al texto bíblico preguntándose, “¿Qué es lo que el Señor pretende enseñar a los suyos a través de este versículo/ párrafo?”, el predicador actual corre el peligro de caer bajo el espíritu de los gurús posmodernos diciendo, “¿Qué versículo bíblico puedo usar para impactar más a la iglesia? ¿Qué cuento les podré contar para que se quebranten? ¿Qué testimonio o ilustración podré usar para que más personas salgan al altar cuando haga el llamado?” Su preparación gira en torno a los efectos producidos en la congregación; no en la verdad del texto bíblico en sí.
En vez de un enfoque teocéntrico –el cual, por cierto, siempre alimentará a las verdaderas ovejas del Señor- la tendencia presente es el enfoque hombrecéntrico o antropocéntrico. Como en el tema de la música, el éxito ya no se mide en base a la verdad de la Palabra sino en las reacciones emocionales desencadenadas a partir de ciertos tipos de mensajes.
A lo largo de los años no sé cuántas veces habré oído versículos como “Todo lo puedo en Cristo” o “Yo sé los planes que tengo para vosotros” propagados con un espíritu triunfalista y emocionante sin ningún tipo de explicación contextual. ¡Es infidelidad a la Palabra! Sí, esta manera de predicar levanta los espíritus de la gente momentáneamente pero no deja de ser una distorsión de la voz de Dios.
III.- Emociones en la historia del protestantismo
Nuestra situación, sin embargo, no es nueva. El padre de este movimiento emocionalista se llama Federico Schleiermacher. En su obra de teología sistemática La fe cristiana (1822) redefine el cristianismo en términos de las emociones y sentimientos humanos. La religión cristiana, según su análisis, es vivir con “la experiencia de una absoluta dependencia de Dios”. A partir de esta experiencia humana, Schleiermacher prosigue a hacer teología.
El problema, claro está, es que ya no estaba escribiendo un tratado de teología sino antropología. En vez de empezar con la revelación de Dios en la faz de Cristo, Schleiermacher usa la fe humana como su punto de partida.
¿Cuáles fueron las consecuencias de tal método teológico? ¡Desastre tras desastre! Nació la teología liberal, la cual –siguiendo las pisadas de Schleiermacher- negó más o menos todas las doctrinas cristianas clave: la Trinidad, la doble naturaleza de Cristo, su obra expiatoria y la personalidad del Espíritu Santo además de un sinfín de herejías más. Con razón algunos le han llamado el “Judas Iscariote del siglo XIX”. ¡Todo esto por engrandecer las emociones humanas en detrimento de la Palabra!
Lo que quiero decir con todo lo antedicho es que la situación que estamos presenciando no es para nada nueva. La historia se está repitiendo ante nuestros ojos. Tarde o temprano todos estos teólogos y cantantes posmodernos que tanto admiramos van a negar la fe en su afán por ser relevantes, populares y ‘auténticos’ (cosas, por cierto, que la Palabra nunca elogia).
Si no me crees, lee la biografía de cualquier teólogo emergente en los Estados Unidos y mira por dónde acabaron (Brian MacLaren, Doug Pagitt, Scot McKnight, Rob Bell, etc.). Cuando colocamos cualquier cosa encima de la Palabra de Dios, la iglesia siempre sale perjudicada.
Aplicación
Aprendamos de estos errores, hermanos y hermanas, no vaya a ser que la misma basura que paralizó una gran parte de la iglesia británica y americana haga lo mismo con nosotros aquí en la península ibérica.
¡Tengamos cuidado con los artistas musicales y predicadores que sólo se centran en las emociones y las experiencias sin solidez doctrinal! Tal forma de ministrar no es fiel al espíritu del protestantismo clásico.
La verdad de Dios importa.
La doctrina de Dios importa.
La teología importa.
Y nuestras emociones no deben prevalecer contra ellas; sino más bien sujetarse a las mismas.

Fuente: Protestantedigital,2016

miércoles, 15 de julio de 2015

¿Qué pasa con el púlpito evangélico?



Un problema serio es que en muchos lugares el púlpito se ha vuelto frívolo, para repartir como confites opiniones interesantes en vez de proclamar la Palabra de Dios.
Por. Juan Stam, Costa Rica.
Hay una crisis de insensatez en el púlpito evangélico hoy, sobre todo en los medios de comunicación masiva. No podemos negar que muchos siervos del Señor están exponiendo la Palabra fielmente semana tras semana, pero probablemente son minoría y poco reconocidos. Un monitoreo de la predicación en los medios de comunicación masiva (televisión, radio y casetes) nos da mucho de qué preocuparnos. Por ejemplo, un predicador centroamericano bastante famoso predicó sobre Génesis 15:6, "Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia" (cf. Ro 4:3; Gál 3:6; Stg 2:23). Comenzó su sermón diciendo, "Esta mañana oré mucho, y pedí al Espíritu Santo revelarme la palabra precisa para explicar este texto hoy, y me dio la palabra 'derecho'". En seguida interpretó el texto como "la fe le fue contada por derecho", en el sentido moderno de ese término. Pero ¡qué raro! Difícilmente podría haber peor manera de malentender ese texto. O el Espíritu Santo se equivocó, o el distinguido predicador oyó mal la voz divina, y compartió su confusión con millones de televidentes.
Es siempre peligroso atribuir al Espíritu Santo nuestras interpretaciones del texto bíblico, para terminar culpando al Espíritu divino por nuestros errores humanos. Una vez escuché a un pastor decir, "He hablado lenguas, he profetizado, y ahora estoy pidiendo al Señor el don carismático de la exégesis". ¡No, hermano! El Espíritu da muchos dones carismáticos, pero la exégesis no es uno de ellos. El don de la exégesis viene por escudriñar las escrituras y examinarlo todo según los mejores métodos de la interpretación. En eso el Espíritu de Dios nos acompaña y nos ilumina, pero no nos desplaza como para hacer él las tareas que nos tocan a nosotros, ni mucho menos de otorgar infalibilidad divina a nuestros desvaríos. Escuché a ese mismo predicador exponer la parábola de los talentos (Mat 25:14-30). ¡El punto central que sacó del texto era algo que ni aparece en el texto! "La igualdad", dijo, "de que tanto hablan los comunistas, no es un concepto bíblico. El Creador de la desigualdad es Dios, porque no da lo mismo a todos". Pero la parábola no atribuye a Dios las desigualdades de esta vida, ni hace ninguna correlación entre Dios y el amo de la parábola. La primera ley para la interpretación de parábolas es interpretarlas desde su mensaje central y no desde sus detalles aislados. Si interpretáramos de esa misma manera la parábola del mayordomo injusto, sacaríamos conclusiones nefastas. La parábola de los talentos es un llamado a la mayordomía, no una defensa de la desigualdad, un mal que condenan muchos otros pasajes de la Biblia.
Un problema serio es que en muchos lugares el púlpito se ha vuelto frívolo, para repartir como confites opiniones interesantes en vez de proclamar la Palabra de Dios. En otro sermón el mismo predicador ya mencionado se permitió opinar, "Noten que el corazón está a la derecha. Tal vez algunos de ustedes son de la derecha y otros de la izquierda. El corazón está a la derecha y es fuente de sabiduría. Aparte de los zurdos, hacemos todo mejor con la mano derecha". En otra ocasión dio una apología sui géneris del infierno: "Alguien me preguntó una vez, ¿cómo puede Dios echar afuera gente que él creó y ama? Le contesté: si tu ser más querido se muere, Usted no quiere guardar su cadáver dentro de la casa, porque está muerto y comienza a oler malDios tampoco quiere tener muertos en su casa". ¡Qué vergüenza pensar que sermones tan descabellados lleguen a millones de televidentes!
En algunos casos, estas aberraciones homiléticas son menos absurdas sino parecen ser inferencias lógicas del texto. Un caso es la consigna, ampliamente difundida por el coreano Yonggi Cho, que si Cristo entregó las llaves a nosotros, entonces ya no las tiene él. ¡Perfectamente lógico! Lo que regaló a otros ya no me queda a mí. Puede ser lógico, pero no es bíblico. Los testigos de Jehová concluyen, muy lógicamente, que si Dios dice "tú eres mi hijo, hoy te he engendrado", entonces antes el Hijo no existía. Para hacer tal inferencia lógica, tienen que hacer caso omiso del contexto, del trasfondo de la frase en Salmo 2 y de muchos detalles más, muy importantes para la exégesis.
En general, los heréticos son muy lógicos, pero nada bíblicos. No toda inferencia lógica del texto es fiel al sentido de él y al mensaje que el Espíritu Santo inspiró. No hace mucho otro predicar hizo una exégesis muy lógica de Hechos 2:17, "derramaré mi Espíritu sobre toda carne". Pues bien, los animales también son carne, por lo que podemos entender que Dios promete derramar su Espíritu sobre nuestros ganados y mascotas, y debemos orar por la sanidad divina de ellos. Es perfectamente lógico, pero lamentablemente, no tiene nada que ver con el sentido del texto. Los impíos e incrédulos son carne también, Hitler y Somoza y Pinochet eran "carne". Así entendido, el Pentecostés no significaría nada.
Es curioso que en esta nueva ola homilética, que es claramente anti-intelectual, hay un prurito irresistible de aclararnos "el sentido del griego (o hebreo) original". Los autores bíblicos se sorprenderían mucho al descubrir lo que ellos querían decir "en la versión original". El más común de estos abusos consiste en apelar a etimologías fantasiosas, como "sin-cera" para "sincero" o "dinamita" para dúnamis, que son puros inventos que nada tienen que ver con el mensaje original del texto. Toda la especulación sobre la supuesta diferencia entre "Rhema" y "Logos" carece de base confiable en la semántica de texto original. Son incontables las "maravillas" que estos predicadores pretenden sacar de los idiomas originales, que sólo dejan evidente que ellos no conocen esos idiomas y que las más de las veces han sacado sus maravillas no del texto original sino de comentarios en el inglés. Su uso de palabras griegas muestra que no las entienden gramaticalmente, por ejemplo cuando el "Apóstol" Maldonado trata palabras como neanískos y bréfos como si fueran plurales, sólo porque terminan en la letra "ese". Constantemente se equivocan con el acento de las palabras, como cuando dicen "metanóia" en vez de metánoia. "dunámis" en vez de dúnamis, "parabásis" en vez de parábasis, "anóthen" en vez de ánwthen, "paidión+ por paidíon, "teknón"por téknon y ""wee-os" por huiós (con la "h" pronunciada). La evidencia más chistosa de esta fraude linguística que he oído ocurrió cuando un predicador pronunció la palabra arjé ("principio", con la jota fuerte de algunas partes de España) como "Arché" (como en "Che" del castellano), porque en el inglés el "ch" es la transliteración del duro "ji" del griego. No es necesario, para nada, ni en general bueno, que los predicadores aluden al hebreo y el griego. Pero si lo van a hacer, por lo menos que lo hagan responsablemente, con el debido conocimiento del idioma.
Debe preocuparnos también el alto nivel de manipulación en la predicación hoy. No es inocente estar preguntando frecuentemente, "¿Cuántos dicen Amén?", para inducir un consenso forzado. Produce un proceso de corto circuito en el pensamiento del oyente. Es curiosa la invariable pregunta, "¿Cuántos están felices esta tarde?". "¿Cuántos dan gloria a Dios?", siempre "¿cuántos?", como si se tratara de una encuesta de opinión popular. Aún peor es la fiebre ahora de "Repitan conmigo" con cualquier cosa, para controlar lo que han de decir y pensar los oyentes. Recién escuché a un predicador decir, "Digan todos conmigo, Ay, Ay, Ay". Estoy esperando escuchar cualquier día que un predicador salga con "Repitan después de mí, ¡Wow!".
Para terminar con una nota jocosa, a veces son simpáticos los lapsos de los predicadores. No hace tanto un predicador muy dado a los ex abruptos piadosos exclamó, para defender los gritos en el culto, "Cuando Saprisa mete un gol, gritan en todo el barrio, Alabado sea Dios". Otro sermón terminó con la oración, "Enséñanos tus enseñanzas, valga la redundancia, Señor". Hace unos años escuche a un locutor exclamar, "Que Dios te bendiga a ti y a toda tu esposa". ¡Amén, hermano! Bueno, podría pasar a cualquiera. Errare humanum est. Con toda razón dice Silvio Rodríguez, en su canción Alabanzas, que la voz de las antenas va sustituyendo a Dios. Cuando finalice la mutación, nueva edad media habrá”. Creo que es hora de preocuparnos muy seriamente por el púlpito evangélico, antes de que pierda para siempre toda racionalidad y coherencia.

Fuente: Protestantedigital, 2015.