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domingo, 28 de agosto de 2016

El punto de Dios y la Neuroteología



Por. Raúl García Pérez
Los recientes conocimientos aportados por la neurociencia se han aplicado a diferentes campos, uno de ellos es la neuroteología que se define como el estudio estrictamente neurocientífico de aspectos de la experiencia religiosa.
Un poco de historia
Haciendo historia fue en los años sesenta del siglo pasado cuando se relacionó la parte del cerebro denominada lóbulo temporal con un interés exagerado por la religiosidad y la aparición de fenómenos religiosos en las personas que padecía epilepsia del lóbulo temporal.
Esta línea de pensamiento llevó a postular que la religiosidad podría localizarse en el lóbulo temporal y que estimulando dicho lóbulo con débiles descargas electromágneticasse podría poner en evidencia la zona cerebral de la religiosidad.
Fue Michel Persingerel neurólogo que diseñó un casco de motocicleta modificado que estimulaba las zonas temporales y parietales adyacentes y recogía las sensaciones que manifestaban los que se sometían a dicho experimento.
¿Qué narraban los que se sometían a esta prueba? Pues contaban la sensación de una “presencia extraña” que Persinger llamó la “presencia sentida”.Esta presencia podría ser la base fenomenológica de la que se derivan las experiencias de dioses, ángeles y otras entidades.
Según este investigador, el agente sobrenatural en la experiencia religiosa no es sino un “yo” que el cerebro derecho no logra representar de manera adecuada, y que resulta en una experiencia espacialmente externa. Se sabe que en el lóbulo temporal y en el parietal derecho radica la conciencia espacial, por lo tanto este fenómeno descrito no se trataría de una capacidad exclusivamente religiosa.
Solo señalar que “la presencia extraña” parece ser un aspecto neurocognitivo de índole general y universal, ya que se han inducido tales experiencias en personas con diferentes esquemas de creencia e incluso arreligiosas (aunque el conocido ateo, Richard Dawkins, que se sometió a la prueba, no percibió ninguna experiencia mística).
V. Ramanchandran, neurocientífico de la Universidad de California también considera el lóbulo temporal como el centro del contacto con Dios o la experiencia de unirse al cosmos. Él observó experiencias de hiperreligiosidad en pacientes epilépticos cuyo foco radicaba en el lóbulo temporal, más concretamente las epilepsias temporo-límbicas. Según Ramachandran, tales ataques epilépticos inducen neuroconexiones entre entre el cortex temporal y la amígdala cerebral, lo que dota de un significado emocional a objetos y eventos. Según este científico esta y no otra sería la base neuronal de la religiosidad.
Fue a partir de los trabajos de Persinger y Ramachandran, a finales de los noventa, que se popularizó lo que un periodista llamó el módulo, o punto de Dios (“God’s spot”). Estos estudios científicos se interpretaron de maneras opuestas. Mientras que algunos los utilizaron para descartar la experiencia religiosa como mera ‘ilusión’ y subproducto del ¿mal? funcionamiento de ciertas zonas del cerebro, otros los recibieron con entusiasmo como confirmatorios de una base neuronal de la creencia religiosa, y evidencia de haber sido creados “para creer”.
Desde un punto de vista científico, estos experimentos avalarían las hipótesis localizacionistas cerebrales pero hay otros experimentos que evidenciarían un modelo neurocognitivo más extenso de la experiencia religiosa.
Experimentos  posteriores no confirmaron a esta zona cerebral como único centro de la religiosidad sino que ésta se encuentra, como muchas actividades mentales, distribuida en una red que abarca a todo el cerebro.
Hipótesis de funcionamiento más general
En estudios más recientes utilizando la neuroimagen se observó a 15 monjas carmelitas en un estado de “unión con Dios”encontrándose al menos 12 regiones cerebrales activadas durante esta experiencia, la mayoría correspondientes al llamado “cerebro social”, que se activaban también cuando se les pedía que recordasen el sentimiento más intenso de unión con una persona.
Durante estos episodios místicos se activaron en sus cerebros la corteza orbitofrontal, parietal y cingulada anterior, y los núcleos caudados del estriado.Este patrón se parecía mucho a los registrados en las personas enamoradas al enseñarles una fotografía de su amado.
Esos experimentos echaban por tierra el llamado “punto de Dios” y abrían el camino a una visión más amplia de la experiencia religiosa, que se vincula a redes más que a un único punto o zona de fines ‘religiosos’.
¿Qué se puede decir respecto de la religiosidad en base a estos experimentos?
Hoy en día se sabe que el cerebro humano funciona globalmente con módulos interconectados en contra de lo que se pensaba hace tiempo, cuando se imaginaban localizaciones rígidas de funciones. Por lo tanto, empeñarse en buscar un único “punto”de Dios está condenado al fracaso.
El Neuropsicólogo británico M. Jeeves, nos refiere que en la época en la que imperaba la Frenología se buscaban a través de la forma que presentaba el cráneo las diferencias de funcionamiento cerebral.De ello se seguía, por ejemplo,que había personas que tenían más desarrollada la imaginación, el razonamiento, la voluntad, etc. de la misma manera hoy en día, se pretende demostrar que hay cerebros más predispuestos a desarrollar creencias o experiencias espirituales que otros, basados en localizaciones cerebrales por estimulación o por imagen.
Sin embargo, lo que ocurre es que en realidad todos los cerebros, o mejor las personas, pueden desarrollar experiencias espirituales poniendo en funcionamiento las capacidades emocionales, racionales, o sensitivo-perceptivas que todos poseemos.
Autor:Raúl García Pérez es licenciado en Teología y doctor en Medicina (especializado en Psiquiatría).Además de sus actividades profesionales en el campo de la medicina, es profesor de Teología Pastoral en laFacultad de Teología SEUT(C/. Bravo Murillo 85, Madrid) ycolaborador del Centro de Ciencia y Fe (Fundación Federico Fliedner, Madrid).

Persinger, M.A., et al. (2010). The Electromagnetic Induction of Mystical and Altered States Within the Laboratory. Journal of Consciousness Exploration & Research1 (7): 808-830.

Ramachandran, V.S., encolaboración con Blakeslee,S.Phantoms in the Brain: Probing the Mysteries of the Human Mind. William Morrow/HarperCollins, 1998.

Beauregard, M. y Paquette, V. (2006). Neural correlates of a mystical experience in Carmelite Nuns. Neuroscience Letters 405 (3): 186–190.

Jeeves, M. y Brown, W.S. Neurociencia, psicología y religión. VerboDivino, 2010.

Fuente: Protestantedigital, 2016

sábado, 9 de julio de 2011

Entrevista al sociólogo Hilario Wynarczyk

Por Nicolás Panotto, Argentina*

Hilario Wynarczyk es el sociólogo argentino que más exhaustivamente ha estudiado a los evangélicos. Hilario es doctor en sociología (Universidad Católica Argentina), máster en ciencia política (U. Federal de Minas Gerais, Brasil), licenciado en sociología (U. de Buenos Aires). Pertenece a varias asociaciones académicas especializadas en temas del campo religioso y sus relaciones con la sociedad, la política y el Estado, en calidad de socio directivo y asesor. Sus aportes bibliográficos más importantes son Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina 1980-2001, (UNSAM EDITA, sello editorial de la Universidad Nacional de San Martín, 391 páginas, octubre del 2009) y Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política en la Argentina 1980-2001 (Instituto Di Tella y Siglo XXI Editora, 222 páginas, octubre del 2010).
En esta oportunidad, Hilario nos ayuda a pensar sobre diversos temas en torno a la relación entre política y religión, especialmente en el contexto argentino.
¿Cómo ves, desde el punto de vista de la dinámica sociológica, las relaciones entre la religión y la política?
Todos los procesos de movilización social colectiva necesitan un marco de ideas capaz de orientar la acción, si la acción será sostenida en el tiempo. Los marcos brindan una descripción del escenario de la acción, los objetivos, las estrategias, la clasificación de los aliados y los adversarios, y de las tácticas en buenas e inaceptables. Siempre los marcos son articulados por líderes.
Estos marcos pueden nutrirse de diferentes reservorios ideológicos, filosóficos, teológicos o de creencias religiosas en general. Movimientos de rebelión nativista como la que protagonizaron los tobas en el Chaco en 1924, dramáticamente aplastados a balazos, pueden hallarse encuadrados como de hecho sucedió en creencias de tipo religioso. Así fue en las Cruzadas; así fue con el avance de las tribus del tronco de Abraham sobre territorios y culturas politeístas; así con el Destino Manifiesto americano; y así con las revueltas de la Reforma Radical, a las que Martín Lutero, de la Reforma Oficial, les respondió con un contra-marco que legitimó el aplastamiento de las “salvajes hordas campesinas”.
Los marcos de la acción colectiva tienen fases de consolidación. En el caso que nos interesa, los dirigentes que los articulan toman elementos del pensamiento religioso. Luego los convierten en dogmas, legitimados por un supuesto poder sobrenatural y por la autoridad carismática de quienes los articulan y difunden.
Me gustaría aplicar tu razonamiento en un caso práctico. ¿A vos te parece que en tiempos de la primera y la segunda presidencia de Juan Domingo Perón el Justicialismo constituyó un marco que podríamos considerar como católico o algo semejante?
El caso de la Doctrina Justicialista es muy especial en el sentido en que vos lo decís, porque parece un intento de crear una doctrina paralela al catolicismo e independiente del catolicismo a mediados del siglo XX.
De hecho el Justicialismo tenía un núcleo en la Doctrina de la Tercera Posición, pretendidamente equidistante del capitalismo y el comunismo, y una fuente de poder carismático que emanaba del caudillo. También contaba el sistema con una mediadora femenina que recibía el carisma y lo bajaba a “los descamisados de Evita”.
Este marco constituía a los obreros en un sujeto, encuadrado para la acción colectiva en el sistema de los sindicatos con sus propios líderes. En ese momento no había masas de marginados como en este momento en las villas y por consiguiente el marco interpretativo se refería a los obreros.
Con un criterio parecido ¿te parece que es posible distinguir algunos marcos de acción colectiva en las iglesias evangélicas en la Argentina?
Creo que podemos hablar de una sucesión de marcos principales. Hay otros marcos menores pero ahora no tenemos espacio para hablar de ellos. Creo que hubo un primer marco desarrollado entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX sobre las ideas de la laicidad republicana. Su núcleo era la separación de la religión y el Estado y el avance salvacionista como el avance de la luz sobre la oscuridad. Este marco logró buena simpatía con las ideas liberales y socialistas al tiempo que mantenía el eje en la acción religiosa. El conversionismo partía del supuesto de que el bautismo generalizado en la religión católica no garantizaba que la nación estuviese formada por personas que hubiesen tenido un encuentro personal con Jesucristo.
A partir de los 60 hubo dos marcos que en cierta manera pugnaban dentro de las iglesias evangélicas. Uno era el marco conservador bíblico orientado a la acción colectiva de tipo estrictamente religioso para llevar las almas a Jesús. En general se trataba de un marco basado en la idea dualista radical de calumnia del mundo (en términos de Nietzsche) y rechazo de la política como un ámbito pecaminoso. El otro era el marco orientado hacia el énfasis en la justicia social y las relaciones ecuménicas, que a rigor no eran sino las relaciones con el sector progresista de la Iglesia Católica. Para el catolicismo como movimiento social no había un desafío, porque el segmento progresista del protestantismo no buscaba prosélitos. Todo esto tenía mucho que ver con la geopolítica de la Guerra Fría.
En la década de los 90 hubo una confluencia de los evangélicos conservadores bíblicos y los progresistas alrededor del marco de la unidad de la iglesia que partía de la idea de la injusticia, porque el derecho eclesiástico del Estado las colocaba a las iglesias evangélicas en una posición de víctimas del privilegio concedido a la Iglesia Católica. Para entonces un acontecimiento crucial en la cristalización de este marco fue que los evangélicos habían crecido hasta unos cuatro millones de personas y más de diez mil congregaciones. Los dirigentes lo sabían, no estaban dispuestos a tolerar malos tratos, y la reforma Constitucional de mediados de los 90 creaba un clima adecuado para la queja cívica.
El marco de la unidad tenía la finalidad práctica de movilizar el colectivo de las iglesias por medio de sus federaciones aglutinadas en una sola gran federación que tuvo unos años de efectiva vigencia, para abolir la ley de culto y crear otra. Todo esto alcanzó su punto de auge durante el gobierno de Fernando de la Rúa, entre 1999 y 2001, y yo fui testigo porque pertenecía al Consejo Asesor en Materia de Libertad Religiosa de la Secretaría de Culto de la Nación, que existió durante ese mismo lapso aproximadamente.
Entonces los conservadores bíblicos aportaron su notable experiencia de movilización y los progresistas su capacidad intelectual y sensibilidad social para construir un discurso que no fuese tan endogámico como el de los conservadores bíblicos, y sobre todo los pentecostales, tan dirigido solamente a defender los intereses de las iglesias evangélicas, y tan basado únicamente en una retórica que podía tener resonancia en las iglesias pero poca en la arena de la sociedad civil. El discurso se expandió hasta referirse también a los problemas de la sociedad argentina en general. Así trascendió el tema de la igualdad de culto, que en manos de algunos dirigentes evangélicos parecía una causa corporativa, similar a la del clero más conservador católico (y capaz de producir un efecto de empate o suma cero).
Asimismo en los 90 hubo un intento de crear un marco de acción colectiva por parte de laicos y pastores de segunda línea (en este caso hablo de pastores pentecostales). Estos activistas tendían a subvertir el encuadre teológico conservador bíblico y su calumnia del mundo. Sostenían que la política es una actividad noble si está guiada por valores adecuados. Algunos llegaron a sostener que Dios podía levantar ministerios políticos así como levantaba ministerios pastorales. De haber prosperado, hubieran legitimado con un marco de origen teológico su condición de políticos cristianos para juntar votos dentro de las congregaciones y constituirse en una imaginaria sal y luz de la vida cívica.
Este marco encuadró intentos sucesivos tanto de crear un partido político llamado Movimiento Cristiano Independiente, como de organizar fracciones evangélicas que, con el nombre de Movimiento Reformador, se incluían sucesivamente dentro de la Alianza, la Democracia Cristiana y el Polo Social del Padre Luis Farinello. De los primeros intentos a lo largo de este proceso (antes todavía de la consolidación del Movimiento Cristiano Independiente) surgieron líderes de clase media con educación universitaria que pasaron al Partido Demócrata Progresista. Algunos asumieron posiciones afines a las del liberalismo económico radical de la UCEDÉ. Pero el partido evangélico y las fracciones si bien en ciertos momentos movilizaron miles de votos no alcanzaron a colocar ningún evangélico en un cargo del Estado.
¿Por qué fracasaron los intentos?
En primer término porque enfocaban la procura de seguidores en las congregaciones. Pero los pastores no eran muy proclives a dejar que la política dividiese las congregaciones. Posiblemente albergaban el temor de que otros líderes disputasen su capacidad de definir la realidad en términos teológicos. En segundo lugar, sucedió que esos activistas progresivamente se vincularon con católicos de la democracia cristiana que confluían en el peronismo anti-menemista. Por consiguiente se alejaron de la queja social de las iglesias evangélicas por la discriminación del Estado, administrada por los líderes del pastorado. Y en tercer término, estos evangélicos creían que la religión determina el voto, el evangélico debería votar al evangélico. Pero la mayoría de los constituyentes del campo evangélico pertenecen a sectores populares y sus entradas a las iglesias pentecostales, principalmente, tuvieron lugar en la adultez. Estas personas por su origen en la estructura social se hallarían más proclives a votar hacia el Partido Justicialista de acuerdo con una mentalidad estructurada fuera de las iglesias. Al mismo tiempo es válido suponer que otros constituyentes de sectores evangelicales numerosos de clase media (bautistas, hermanos libres) sintonizasen con partidos como la Unión Cívica Radical o variantes socialistas democráticas y liberales.
Yendo ahora a la actualidad, entre los conservadores bíblicos podríamos decir que hay un marco orientado a lograr que las iglesias adquieran influencia en la sociedad argentina, pero también una pulsión hacia la búsqueda de reconocimiento público de los organismos del Estado. Desde tiempos de Perón esta pulsión los constituye a algunos pastores en targets políticos en momentos de tensión entre la Iglesia Católica y el Estado.
De todas maneras sus articuladores no alcanzan todavía un discurso con impacto social notable. En general se advierte cierta falta de experiencia detrás de esta retórica, y unas marcas históricas convergentes. Por un lado es posible distinguir en tal sentido una vigente conexión con la teología del rechazo del mundo (que no es sino una metáfora de la sociedad y la cultura), nutrida de impulsos antimodernos, adversos al relativismo de las teologías críticas, que no tomaban la Biblia en sentido literal. Por otra parte, las marcas de una experiencia cortada de la reflexión histórica y social, a causa del crecimiento evangélico a través de líneas de clase y las capas de menor instrucción.
Por este camino los dirigentes llegan a asumir de hecho posiciones afines con la agenda pública de sectores católicos conservadores en materia de bioética, sin levantar una voz (como en cambio lo hacen los dirigentes católicos a su modo) frente al espectáculo de la multitud de personas que duermen en las calles y las que viven de la basura, o los niños sucios que mendigan en los subterráneos.
Sin embargo, no llega a haber explícitamente, un fenómeno de confluencia más o menos institucionalizada, como en los Estados Unidos, donde la Nueva Derecha Cristiana aglutinó en una misma agenda pública, elementos del catolicismo y las iglesias evangélicas.
Por otra parte, esta descripción va perdiendo su validez. Las dirigencias de este sector evangélico en la Argentina comienzan a ejercer un rol de crítica profética de la moral política e institucional.
Y en cualquiera de las variantes, los pentecostales sobre todo, cumplen una función de agrupamiento de personas y afirmación de identidades colectivas, que es bueno para la nación porque contribuye a la diversidad.
Mientras tanto los sectores progresistas del campo evangélico han incorporado a su enfoque liberacionista (que nunca abandonaron desde la década de los 60), el discurso contra la discriminación de género. Un segmento, minoritario pero bien articulado intelectual y socialmente, asume posturas radicales contra el modelo conservador y patriarcal de la sociedad.-
(*) Nicolás Panotto, Director de GEMRIP, Grupo de Estudios Multidisciplinarios Sobre Religión e Incidencia Pública. Es Licenciado en Teología por el Instituto Universitario ISEDET. Cursa posgrado en Antropología Social en FLACSO, sede Buenos Aires.

Fuente: GEMRIP/Hilario W

martes, 18 de agosto de 2009

ENTREVISTA: UN CEREBRO CENTENARIO Rita Levi-Montalcini PREMIO NOBEL DE MEDICINA

"Cuando ya no pueda pensar, quiero que me ayuden a morir con dignidad" Rita Levi - Montalcini

Por Miguel Mora, El País.

El 22 de abril cumple 100 años Rita Levi-Montalcini. La científica italiana, premio Nobel de Medicina, soltera y feminista perpetua -"yo soy mi propio marido", dijo siempre- y senadora vitalicia produce todavía más fascinación cuando se la conoce de cerca. Apenas oye y ve con dificultad, pero no para: investiga, da conferencias, ayuda a los menos favorecidos, y conversa y recuerda con lucidez asombrosa.
Sobrada de carácter, deja ver su coquetería en las preciosas joyas que luce, un brazalete que hizo ella misma para su gemela Paola, el anillo de pedida de su madre, un espléndido broche también diseñado por ella. Desde sus ojos verdes vivísimos, Levi-Montalcini escruta a un reducido grupo de periodistas en la sede de su fundación romana, donde cada tarde impulsa programas de educación para las mujeres africanas.
Por las mañanas visita el European Brain Research Institute, el instituto que creó en Roma, y supervisa los experimentos de "un grupo de estupendas científicas jóvenes, todas mujeres", que siguen aprendiendo cosas sobre la molécula proteica llamada Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que ella descubrió en 1951 y que juega un papel esencial en la multiplicación de las células, y sobre el cerebro, su gran especialidad. "Son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental", dice.
Con ella está, desde hace 40 años, su mano derecha, Giuseppina Tripodi, con quien acaba de publicar un libro de memorias, La clepsidra de una vida, síntesis de su apasionante historia: su nacimiento en Turín dentro de una familia de origen sefardí, la decisión precoz de estudiar y no casarse para no repetir el modelo de su madre, sometida al "dominio victoriano" del padre; el fascismo y las leyes raciales de Mussolini que le obligaron a huir a Bélgica y a dejar la universidad; sus años de trabajo como zoóloga en Misuri (Estados Unidos), el premio en Estocolmo -"ese asunto que me hizo feliz pero famosa"-, sus lecturas y sus amigos (Kafka, Calvino, el íntimo Primo Levi), hasta llegar al presente.
Sigue viviendo a fondo, come una sola vez al día y duerme tres horas. Su actitud científica y vital sigue siendo de izquierdas. Pura cuestión de raciocinio, explica, porque la culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. "Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente".
Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. "Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo". Para su centenario, la profesora no quiere regalos, fiestas ni honores. Ese día dará una conferencia sobre el cerebro.
Pregunta: ¿Cómo es la vida a los cien años?
Respuesta.
Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve.
P. ¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?
R. No. Era adolescente cuando decidí que nunca me casaría. Nunca habría obedecido a un hombre como mi madre obedecía a mi padre.
P. ¿Recuerda el momento en que decidió estudiar? ¿Qué dijo su padre?
R. Era el periodo victoriano. Mi padre era una persona de gran valor intelectual y moral, pero un victoriano. Desde niña estaba contra eso, porque veía a mi padre dominar todo, y decidí que no quería estar en un segundo plano como mi madre, a la que adoraba. Ella no mandaba. Dije a mi padre que no quería ser ni madre ni esposa, que quería ser científica y dedicarme a los otros, utilizar las poquísimas capacidades que tenía para ayudar a los que necesitaban. Que quería ser médica y ayudar a los que sufrían. Él me dijo: "No lo apruebo pero no puedo impedírtelo".
P. ¿Qué momentos de su vida han sido más emocionantes?
R. El descubrimiento que hice, que hoy es más importante que entonces. Cuando cada experimento confirmaba mi hipótesis, que iba completamente contra los dogmas de ese tiempo, viví momentos emocionantes. Quizás el más emocionante. Por el resto, el reconocimiento de Estocolmo me dio mucho placer, claro, pero fue menos emocionante.
P. Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.
R. Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta. Hoy puede ser el fin de la humanidad. En todas las grandes tragedias se camufla la inteligencia y el razonamiento con ese instinto de bajo nivel. Los regímenes totalitarios de Mussolini, Hitler y Stalin convencieron a las poblaciones con ese raciocinio, que es puro instinto y surge en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento. El peligro es que aquello que salvó al australopithecus cuando bajó del árbol siga predominando.
P. En cien años usted ha conocido esos totalitarismos. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?
R. Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía.
P. ¿Qué aprendió de sus padres? ¿Qué valores le transmitieron?
R. Lo más importante era comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo. No existía la idea del cielo y el infierno. Éramos religiosos, pero la actitud ante la vida no tenía que ver con la religión. Existía el sentido del deber, pero sin compensación post mortem. Debíamos comportarnos bien, eso era una obligación. Entonces no se hablaba de genética, pero era ese espíritu. Sin premio ni miedo.
P. Su origen es sefardí. ¿Hablaban español en casa?
R. No, nunca tuvimos mucha relación con esa lengua. Sabíamos que veníamos de la parte sefardí y no de la askenazi, pero no se hablaba de ello, no nos importaba mucho ser de una u otra. Spinoza me hacía feliz, era un gran referente cultural, y todo lo que sabíamos procedía de los grandes pensadores hebreos, pero no había un sentido de orgullo, de ser mejores, nunca pensamos así.
P. ¿Basta un siglo para comprender a Italia?
R. Es un país maravilloso, por el clima, por la historia del Renacimiento, y por sus enormes contribuciones, su historia formidable de capacidad y descubrimientos. Me sentí siempre judía e italiana, las dos cosas al 100%. No veía dificultad en eso.
P. ¿Cómo ve a Italia hoy?
R. Tiene un fortísimo capital humano, capacidad innovadora y de convivencia, orgullo del pasado, y no se siente demasiado afectada por las cosas negativas, como la mafia. Siempre sentí que era un país del que era una suerte formar parte y haber nacido. Ser italianos era parte de nosotros, nadie nos preguntaba si éramos italianos o no. También era una suerte ser judía. No conocí la Biblia, no tuve una educación religiosa, y me reflejaba en el capital artístico y moral italiano y judío. No pertenecí a una pequeña minoría perseguida, sabía que eso ocurría, pero no me sentía parte de ello. Desde niña me sentía igual que los demás. Cuando me preguntaban "¿cuál es tu religión?", contestaba: "Yo, librepensadora", y nadie sabía qué era eso. Y tu padre qué es: ingeniero.
P. ¿Cómo vivió el fascismo?
R. No siento rencor personal. Sin las leyes raciales, que determinaron que los judíos éramos una raza inferior, no hubiera tenido que recluirme en mi habitación para trabajar, en Turín y luego en Asti. Pero nunca me sentí inferior.
P. ¿Así que no sintió miedo?
R. Miedo, no; desprecio y odio sí, netamente por Mussolini. A mi profesor Giuseppe Levi lo seguí paso a paso y era feliz por lo que él valientemente osaba hacer y decir. Nunca sentí la persecución porque mis compañeros de universidad católicos me consideraban igual. Y no tuve sensación de peligro. Cuando empezaron las persecuciones, eran tan inmundas las cosas que se decían que no me daba por aludida. Estaba ya licenciada en 1936, había estudiado con Renato Dulbecco, católico, y Salvatore Luria, judío, y no tenía sensación de ser distinta.
P. ¿Cree que hay peligro de que vuelva el fascismo?
R. Sí, en los momentos críticos prevalece más la componente instintiva del cerebro, que se camufla de raciocinio y anima a los jóvenes a razonar como si fueran parte de una raza superior.
P. ¿Ha seguido la polémica sobre el Papa, los preservativos y el sida?
R. No comparto lo que ha dicho.
P. ¿Y qué piensa del poder que tiene la Iglesia? ¿Es demasiado?
R. Sí. Fui la primera mujer admitida en la Academia Pontificia y tuve una buena relación con Pablo VI y con Wojtyla, también con Ratzinger, aunque menos profunda que con Pablo VI, al que estimaba mucho. No la tuve en cambio con aquel considerado el Papa Bueno, Roncalli (Juan XXIII), que para mí no era bueno, porque era muy amigo de Mussolini y cuando comenzaron las leyes antifascistas dijo que había hecho un gran bien a Italia.
P. ¿Ha cambiado mucho su pensamiento a lo largo de la vida?
R. Poco, poco. Siempre pensé que la mujer estaba destruida porque el hombre imponía su poder por la fuerza física y no por la mental. Y con la fuerza física puedes ser maletero, pero no un genio. Lo pienso todavía.
P. ¿Le importó alguna vez la gloria?
R. Para mí, la medicina era la forma de ayudar a los que no tenían la suerte de vivir en una familia de alto nivel cultural como la mía. Esa línea recta no ha cambiado. La actividad científica y la social son la misma cosa. La ayuda a las mujeres africanas y la medicina son lo mismo.
P. ¿El cerebro sigue siendo un misterio?
R. No. Ahora es mucho menos misterioso. El desarrollo de la ciencia es formidable, sabemos cómo funciona desde el lado científico y tecnológico. Su estudio ya no es un privilegio de los expertos en anatomía, fisiología o comportamiento. Los anatomistas no han hecho gran cosa, quitando algunos. Ahora ya no hay barreras. Físicos, matemáticos, informáticos, bioquímicos y biomoleculares, todos aportan cosas nuevas. Y eso abre posibilidades a nuevos descubrimientos cada día. Yo misma, a los 100 años, sigo haciendo descubrimientos que creo importantes sobre el funcionamiento del factor que descubrí hace más de 50 años.
P. ¿Hará fiesta de cumpleaños?
R. No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir...
P. Díganos el secreto.
R. La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.
P. ¿Está preparada?
R. No hace falta. Morir es lógico.
P. ¿Cuánto desearía vivir?
R. El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana.
Esta entrevista pertenece al suplemento Domingo del 19 de abril de 2009

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Fuente: www.e-mujeres.net