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domingo, 30 de octubre de 2016

Matrimonio peligroso en Colombia: Evangélicos y Uribismo

Por. JOHN SANTIAGO ESPITIA FAJARDO, Colombia
Luego de la victoria en las urnas del NO al plebiscito el pasado 2 de octubre, el senador Álvaro Uribe expresó lo siguiente: “Reiteramos la necesidad de estimular los valores de la familia sin ponerla en riesgo, los valores de familia defendidos por nuestros líderes religiosos y pastores morales…”. Esta expresión de parte de uno de los líderes políticos más influyentes en la historia reciente de Colombia es claramente una expresión político-religiosa.  Y es una de las maneras en que fácilmente se manipulan las posturas políticas en un país tradicionalmente religioso.
El ‘voto evangélico’ fue claramente uno de los principales responsables de haber inclinado la balanza a favor del NO.  Iglesias como la del Pastor Miguel Arrázola, Ríos de Vida, en Cartagena, que cuenta con una membresía de más de 15.000 personas, o la Misión Carismática Internacional (que puede contar en su feligresía con cerca de 200.000 miembros) en cabeza de su líder César Castellanos, abiertamente han mostrado ser aliados políticos de Álvaro Uribe. A esto se suma el caso de varios políticos autodenominados cristianos como por ejemplo, el caso de la Diputada por Santander Ángela Hernández, de quien se afirma que “tiene línea directa con el ex presidente de la república Álvaro Uribe Vélez a quien considera su ‘amigo, padrino y mentor’”[i]. 
La afinidad entre muchas iglesias (principalmente de sus líderes) con el uribismo, sumada a la desinformación en las feligresías con relación a los acuerdos entre Gobierno de Colombia y FARC, tuvo un efecto político, donde el principal beneficiado fue el Centro Democrático y los más perjudicados, las víctimas del conflicto armado.
Muchas iglesias fueron manipuladas con el falso argumento de que en los acuerdos se estaba poniendo en riesgo la idea de familia a partir de la inclusión del enfoque de género en los mismos. Esto, además de mostrar que no hay comprensión en cuanto a qué es enfoque diferencial y, en este caso, enfoque de género[ii], demuestra que la política fácilmente puede usarse para manipular a unas masas que no comprenden porque no profundizan en ciertos temas.  Estas iglesias, así como otros movimientos, fácilmente vienen a ser como ‘idiotas útiles’[iii]. Pensando que ellas (las iglesias) se beneficiarán de estos resultados, en verdad, los únicos beneficiados son los líderes políticos que les están manipulando.
Los líderes políticos y religiosos tienen el poder de manipular a las masas a su antojo y, cuando estos dos poderes se unen, los resultados son catastróficos, ¿Por qué? Porque en este tipo de ‘matrimonio’ los más perjudicados son los más vulnerables, en este caso, las víctimas directas del conflicto. La relación entre la Iglesia y el Estado ha sido considerada un tema crucial desde los orígenes de la historia del cristianismo. En los primeros cristianos no se encuentra ninguna evidencia de cooperación con el Estado en sus guerras, ni en aquello que atentara contra sus valores durante los primeros 170 años[iv]. Esto por dos posibles razones: porque los cristianos querían evitar los ritos idolátricos del culto al emperador o porque los cristianos consideraban que la violencia, la matanza, así como otras prácticas eran incompatibles con el seguimiento de Jesús[v]. Cuando Constantino asumió el control del Imperio Romano y luego se ‘convirtió’ al cristianismo, durante la segunda década del siglo cuarto, marcó un cambio de actitud de los cristianos en su relación con el Estado y, por ende, hacia la guerra. En la práctica, el cristianismo se vuelve la religión estatal impuesta y se empieza a pensar que obedecer al Estado es igual que obedecer a Dios[vi].
La iglesia en la actualidad sigue con este modelo ‘constantiniano’, lo prefiere, dado que es más cómodo. El problema es que dejó a un lado el mandato de Jesús, de servir, en especial a aquellos que son víctimas de diversas formas de injusticia. ¿Qué pastores/as son los que se sientan y caminan junto a reconocidos líderes políticos? No son los pastores campesinos, indígenas, afrodescendientes de zonas vulneradas, aquellos que viven en zonas de conflicto armado, no, ellos no son.  Son principalmente, aquellos que tienen mega-iglesias y que están en las ciudades y que han generado alguna alianza o, de manera ingenua, terminan sirviendo de plataforma electoral y guiando a sus feligreses a votar por A o B candidato. Estos pastores son seguidos por miles y miles de feligreses que simplemente asienten a cada una de sus afirmaciones.
Luego del triunfo del NO, el pasado 4 de octubre se reunieron varios líderes de la iglesia cristiana evangélica con el presidente Juan Manuel Santos, de la misma forma que lo haría Álvaro Uribe al día siguiente. ¡Qué ironía, tanto en una como en la otra reunión, no había un solo representante de las víctimas del conflicto armado!… ¡Quienes estaban a la mesa, dialogando acerca de la Paz, eran los poderosos, los líderes de partidos políticos poderosos, los líderes de iglesias poderosas!... La pregunta sigue siendo: ¿dónde está la voz de las víctimas?  

*John Santiago Espitia Fajardo - Teólogo, Magíster en Bioética - Bogotá, Colombia

[ii] El enfoque de género es necesario incluirlo en los acuerdos para comprender de manera diferenciada cómo el conflicto armado impacta a las mujeres y a los varones.  Esto ayuda, entre otras cosas, a reconocer a las mujeres como agentes, actores y sujetos políticos, algo que usualmente no se da.  La mujer en la guerra de Colombia merece no uno, sino muchos capítulos aparte. A ella se le ha violentado de manera particular, por tanto, su reparación también debe hacerse de manera diferenciada.
[iii] La expresión ‘idiota útil’ es usada para describir a alguien que es manipulado por un movimiento político, generalmente de tendencia extremista, haciéndole creer a la persona que ella está siendo beneficiada de algo. [iv] BAINTON, Roland. Actitudes cristianas ante la guerra y la paz. Trad. Rafael Muñoz Rojas. Tecnos, Madrid, 1963, P.67.
[v] Varios Autores. Siendo Sal y Luz: Reflexiones anabautistas sobre la responsabilidad de la iglesia frente a la sociedad y el estado. 2008, P.22 [vi] Siendo Sal y Luz P. 23 


Fuente: Protestantedigital, 2016

miércoles, 27 de julio de 2016

Teología bajo persecución: el caso de Baltasar Hubmaier



Por. Carlos Martínez García, México
Hubmaier era párroco católico romano en Waldshut (ciudad austriaca en la frontera con Suiza1), cuando inició su inclinación hacia el anabautismo. Doctor en teología, sería uno de los pocos líderes anabautistas con alta preparación académica.
Nació en 1480 o 1481, en Friburgo, Alemania. Recibió su doctorado en teología el 29 de septiembre de 1512.2
A partir de la Pascua de 1515 tuvo a su cargo la vicerrectoría de la Universidad de Ingolstadt, en la que estuvo menos de un año porque el 25 de enero de 1516 aceptó ser el predicador principal de la nueva Catedral de Regensburgo.3 Permaneció por cinco años en la ciudad, durante los cuales alcanzó fama entre el pueblo como un gran predicador. Fue parte importante del movimiento anti judío que se desató en Regensburgo, predicaba ante grandes audiencias de peregrinos en una capilla que se levantó en un terreno antes ocupado por una sinagoga. A finales de 1520, Hubmaier salió de Regensburgo para dirigirse a Waldshut.4
Hacia la primavera de 1523 inicia contactos con el reformador de Zúrich, Ulrico Zwinglio, y Ecolampadio que estaba en Basilea. El trato con ellos y la lectura constante de la Biblia que había iniciado meses antes le llevaron a poner en práctica cambios eclesiásticos y litúrgicos en Waldshut. Participó en la Segunda Disputa de Zúrich, octubre de 1523, en la que apoyó a Zwinglio sobre la “falta de apoyo bíblico para el bautismo de infantes”.5
En marzo de 1528, Hubmaier redactó 18 artículos (tesis para el debate) e invitó a clérigos de Waldshut a dialogar sobre sus propuestas bíblico/teológicas. Marcó su distancia con la Iglesia católica, hizo eco a las posturas de Zwinglio. En mayo del mismo año las tesis de Hubmaier fueron impresas y comenzaron a circular con cierta amplitud. En la última línea escribió una frase que llegó a ser su lema: “La verdad es inmortal”.6
En las postrimerías de 1524 Baltasar Hubmaier dio pasos firmes en su alejamiento del catolicismo romano: retiró de la capilla en la que predicaba cuadros e imágenes, contrajo matrimonio con Elizabeth Hügline. Presiones de Fernando I al Concejo de Waldshut para que dejara de apoyar la reforma de Hubmaier, resultaron en la salida del personaje, quien tuvo que refugiarse en Schaffhausen a partir del 1 de septiembre de 1524. Bajo persecución escribió en septiembre/octubre de 1524 el tratadito Sobre los herejes y quienes los queman, probablemente el “primer texto de la Reforma dirigido específicamente al tema de la libertad de disentir”.7
Por una carta que le escribió a Ecolampadio se sabe que estaba en franco camino hacia posiciones anabautistas. En la misiva del 16 de enero de 1525, Hubmaier daba a conocer que enseñaba públicamente “que los niños no deben ser bautizados. ¿Por qué hemos estado bautizando a los niños? El bautismo, dicen ellos [Zwinglio y León Jud], es un mero signo [de inclusión en la alianza]. ¿A qué tanto afanarse por un signo? Ciertamente el bautismo es un signo y un símbolo, instituido por Cristo con estas palabras augustas, preñadas de sentido: ‘En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’ [Mateo 28:19]. Todos cuantos atenúan ese signo, o de cualquier otra manera hacen mal uso de él, están haciendo violencia a las palabras de Cristo pronunciadas en el momento de instituir esta acción simbólica, puesto que el significado de ese signo y de ese símbolo es un compromiso mediante el cual se obliga uno para con Dios, bajo el impulso de la fe, y en la esperanza de la resurrección a una vida futura, de manera que la acción interior no debe llevarse a cabo con menos seriedad que el signo exterior. Este significado no tiene nada que ver con los niños recién nacidos; por lo tanto, el bautismo de los infantes no tiene realidad alguna […] En vez de celebrar el bautismo [de infantes], hago que los fieles se congreguen en la iglesia y que los padres presenten al niño, y explico en alemán el Evangelio”.8
En su respuesta Ecolampadio externó desacuerdo con las enseñanzas de Hubmaier. Éste dio un paso decisivo con el bautismo de creyentes cuando lo recibió a manos de Guillermo Reublin, quien llevó noticias a Waldshut de lo acontecido en Zúrich unos cuantos días después del día en que Hubmaier había escrito la carta que he mencionado. Reublin formó parte de los discípulos de Zwinglio, entre ellos estaban Conrado Grebel y Félix Mantz, que tuvieron discrepancias con su mentor sobre el bautismo de infantes y la simbiosis Estado-Iglesia en Zúrich. La ruptura con Zwinglio tuvo un punto de quiebre el 21 de enero de 1525, cuando Grebel, Mantz y Jorge Cajacob, entre otros, llevaron a cabo el bautismo de creyentes, iniciando así las congregaciones anabautistas.
Reublin bautizó en Waldshut a Baltasar Hubmaier y otras sesenta personas el 16 de abril de 1525 (domingo de Resurrección).9 El anabautismo tuvo un importante número de integrantes en Waldshut. Días después de haber sido bautizado por Reublin, Hubmaier impartió el bautismo a más de trescientas personas.
Aunque Hubmaier, como anota John Howard Yoder,10 produjo una obra numerosa y sobre distintos aspectos de la vida cristiana, “su preocupación principal […] fue el del orden de una iglesia renovada: bautismo, santa cena, catequesis, disciplina”. Éste interés en los mencionados tópicos lo muestra nítidamente en Suma de la vida cristiana, “fue escrito a fines de 1525. Representa así la primera expresión de Hubmaier como anabautista y, por lo tanto, el primer texto impreso de todo el anabautismo”.11
El escrito de Baltasar Hubmaier fue dirigido a tres iglesias, localizadas en Ratisbona, Ingolstadt y Friburgo. Lo inició reconociendo que antes, como sacerdote católico, había tenido una vida disoluta y enseñado una “doctrina falsa, sin fundamento e impía”. Confesaba que “como Pablo, haberlo hecho por ignorancia”. Había dejado atrás todo lo que consideraba falso y con nuevas convicciones procedió a elaborar un resumen de lo que implicaba ser cristiano.
Como los anabautistas de Zúrich, con quienes mantenía contacto y conversaciones, Hubmaier consideraba esencial tener en claro que el seguimiento de Cristo iniciaba con la conversión. Las personas no nacían cristianas, sino que debían decidir en algún momento seguir o no el Evangelio proclamado por Jesús. La conversión implicaba comprender que antes de la misma habían tenido lugar seguimiento de ideas y prácticas distintas a los principios normados por Jesucristo para quienes querían ser sus discípulos.
Después de renunciar a la antigua vida y nacer a una nueva en Cristo, argumentaba Hubmaier, correspondía dar testimonio público de la conversión. La demostración del cambio interno, espiritual, debía hacerse mediante el bautismo de creyentes, por lo que el converso/conversa “se hace bautizar con el aguan exterior, con lo cual da público testimonio de su fe e intención: de que cree que tiene un Dios y Padre clemente, benigno y misericordioso, en el cielo, a través de Jesucristo; de que está conforme y satisfecho con eso; de que se ha propuesto y se ha comprometido ya interiormente a enmendar y perfeccionar su vida en adelante”.
La confesión de compromiso con una nueva vida y recibir el bautismo debían tener lugar para Hubmaier en una comunidad de creyentes. La decisión personal no era individualista y sin conexiones con otros/otras que habían tomado el mismo compromiso, sino un acto libre que marcaba el inicio del caminar colectivo con quienes sostenían la convicción de seguir a Cristo en los términos propuestos por él.
Ya que Jesús había instituido también la conocida como Última Cena, Hubmaier instaba a sus destinatarios para que examinaran el significado de esta ordenanza. El propósito era, subrayaba, recordar lo realizado por Jesús en su ministerio. Frente a quienes sostenían que en la Cena del Señor celebrada en las comunidades cristianas acontecía la transubstanciación o consubstanciación, Baltasar Hubmaier afirmaba “que el pan no es el cuerpo de Cristo sino una rememoración del mismo. De igual manera, el vino no es la sangre de Cristo, sino también un recuerdo de que él derramo su sangre y la repartió en la cruz para lavar los pecados de todos los fieles”.
La comunidad de fe, a la que se ingresaba voluntariamente y en la cual la norma era la ética de Cristo, debía contrastar con la sociedad en que estaba inmersa. Por ello para los anabautistas, y por ser uno de ellos para Hubmaier, un resultado del compromiso radical con el Evangelio era “la persecución, la cruz y todas las tribulaciones en el mundo, a causa del Evangelio porque el mundo odia la luz y ama las tinieblas”.
Antes de identificarse con el anabautismo Hubmaier simpatizó con las propuestas de los campesinos por ir más allá de una reforma religiosa y hacer también la reforma de la sociedad en lo político y lo económico. Como se sabe, la Guerra de los Campesinos (1524-1525) terminó trágicamente y a favor de las autoridades gubernamentales que reprimieron bárbaramente a los participantes en el movimiento. Hubmaier, en su pastorado en Waldshut, impulsó reformas sociales y algunos anabautistas de esta ciudad hicieron alianza con los campesinos sublevados.12
Entre los bautizados por Hubmaier en Waldshut estuvo la mayoría de la población, incluso varios integrantes del Concejo de la ciudad. Entonces Waldshut llegó a ser conocida como una ciudad anabautista.13 A diferencia del grupo anabautista de Zúrich, liderado por Conrado Grebel y Félix Mantz, comprometido con el pacifismo, Baltasar Hubmaier apoyó la participación de ciudadanos de Waldshut en la Guerra de los Campesinos. Dejó constancia de su desacuerdo con la vía impulsada por los anabautistas de Zúrich en un escrito titulado Sobre la espada (24 de junio de 1527).14 Este escrito de Hubmaier en el que concuerda en el uso de la espada para defender causas justas, es el único en el anabautismo inicial que propuso tal posibilidad.15
Baltasar Hubmaier, confiado en lo alcanzado en Waldshut, buscó extender los principios anabautistas hacia otras ciudades cercanas. Por ello escribió al reformador de Zúrich, Ulrico Zwinglio, retándole a un debate entre ambos. Esta acción de Hubmaier muestra que o conocía escasamente lo sucedido con los anabautistas en Zúrich o eran muchas sus esperanzas de que el ayuntamiento de esa ciudad obligara a Zwinglio para que debatiera con él. Las autoridades de Zúrich habían decretado que sus ciudadanos comprometidos con el anabautismo fueran encarcelados, y los extranjeros involucrados en la causa fueron expulsados, como en el caso de Guillermo Reublin.
Waldshut cayó en manos de las tropas imperiales y Hubmaier anduvo peregrinando por varias partes hasta encontrar refugio en Nicholsburg (Moravia), a donde también llegaron otros anabautistas huyendo de sus perseguidores. Hubmaier se instaló en Nicholsburg en julio de 1526, y tras unos meses logró que la ciudad orientada hacia principios reformados zwinglianos se transformara en bastión anabautista. Bautizó a cerca de dos mil personas, entre ellas al gobernante de la población, Leonhard von Liechtenstein.16
En julio de 1527 Baltasar Hubmaier fue arrestado por autoridades católicas austriacas, juzgado y condenado a muerte fue llevado a la hoguera en Viena el 10 de marzo de 1528. En Sobre los herejes y quienes los queman, Hubmaier había escrito que la fe no puede ser impuesta ni condenado a muerte quien no comparte la fe oficial de un determinado territorio: “Quemar a un hereje es aparentemente confesar a Cristo (Tito 1). Pero en realidad es negarlo y ser más detestable que Joacim, rey de Judá (Jeremías 36)”.17 Tres días después Elisabeth, su esposa, fue ahogada por los verdugos en el río Danubio.
Habían pasado tres décadas y media de la ejecución de Hubmaier cuando el Índice de libros prohibidos por el Concilio de Trento lo condenó a él y a sus escritos y prohibió su lectura. La prohibición fue reforzada, cincuenta y seis años después, en el Índice de libros vedados por la Inquisición española, el que se aplicó rigurosamente en la Nueva España (México).18 Aquí llegó el conocimiento de Hubmaier mediante sus perseguidores, cuando lo catalogaron en la lista de los que consideraban herejes.
En el siglo XVI la reacción de la Iglesia católica romana contra los movimientos de las distintas reformas tuvo lugar en variadas formas. Una de éstas fue proscribir la circulación y lectura de literatura considerada herética por los censores de la mencionada institución religiosa.
En 1520 fueron vetadas oficialmente por Roma las 95 tesis contra las indulgencias de Martín Lutero. La censura católica arreció y el Concilio de Trento (1545-1563) publicó un Índice de diez reglas que debían cumplirse para evitar que fuesen leídas obras contrarias a los dogmas aceptados por Roma.
En el Índice tridentino se estableció (Regla I) la prohibición contra “todos los libros que los sumos Pontífices o los Concilios Ecuménicos censuraron antes del año de 1515”. La Regla II proscribía “completamente los libros que existan de los heresiarcas, tanto los que después de dicho año inventaron o renovaron herejías, como de quienes fueron guías de herejes, o de quienes son o fueron jefes, como Lutero, Zwinglio, Calvino, Baltasar Hubmaier, Schwenckfeld y similares a estos”.
La Inquisición española adoptó y amplió el Índice tridentino y “más tarde, en 1583-1584, […] el tribunal español estableció 16 reglas en las que sintetizó las características de los textos que no debían leerse”19 tanto en España como en sus posesiones en el Nuevo Mundo. El Novissimus Librorum et Expurgandorum Index, en su Regla III reprobaba las obras de los siguientes personajes, castellanizando sus nombres: “Martín Lutero, Huldrico Zuvinglio, Juan Calvino, Baltasar Pacimontano [Hubmaier], Gaspar Schuvencfeldio, y otros semejantes de cualquier título, o argumento, se prohíben del todo, mas no se prohíben los libros de católicos, en que andan, y están insertos fragmentos, o tratados de heresiarcas, pues para refutar sus errores se permite nombrarlos, como también en los libros de historia, lo cual se declara para evitar escrúpulos”.20
La mención de Hubmaier tanto en el Índice tridentino como en el Índice español demuestra la acuciosidad de los inquisidores para detectar escritos de quienes llamaban heresiarcas. No es de sorprender que apareciesen prohibidos los escritos de conocidos reformadores protestantes, Lutero y Calvino preponderantemente, pero sí llama la atención que estuviera en el listado alguien como Baltasar Hubmaier, personaje sin tanta influencia en Europa como la que sí tuvieron Lutero y Calvino.
Baltasar Hubmaier fue considerado heresiarca tanto en el Índice de libros prohibidos elaborado por el Concilio de Trento (1545-1563) como por el Índice de la Inquisición española (1583-1584). Al igual que muchos otros en busca de la reforma/restitución del cristianismo, Hubmaier fue sacerdote católico romano y la lectura de la Biblia le llevó a coincidir con los postulados de otros anabautistas sobre el libre acceso a la Palabra y el derecho a interpretarla.21 Perseguido en vida en Europa terminó condenado a muerte en la hoguera. En el Nuevo Mundo la persecución fue contra sus escritos. Ni allá, ni acá lograron silenciarlo, porque como él mismo escribió, “la verdad es inmortal”.
Notas bibliográficas
1. John Howard Yoder, Textos escogidos de la Reforma radical, Editorial La Aurora, Buenos Aires, 1976, p. 21.
2.William R. Estep, La historia de los anabaptistas, revolucionarios del siglo XVI, Publicadora Lámpara y Luz, Farmington, New Mexico, 2008, p. 87-88.
3. Ibíd., p. 89.
4.H. Wayne Pipkin y John H. Yoder (traductores y editores), Balthasar Hubmaier, Theologian of Anabaptism, Herald Press, Scottdale, PA, 1989, p. 16.
5.William R. Estep, op. cit., p. 91. Texto de la participación de Hubmaier en la Disputa lo reproducen Pipkin y Yoder, op. cit., pp. 21-29.
6. Pipkin y Yoder, incluyen completo el documento, pp. 30-34.
7. Ibíd., p. 58. El tratado completo en la misma obra pp. 58-66
8. George H. Williams, La Reforma radical, Fondo de Cultura Económica, México, 1983, pp. 162-16
9. Ibíd., p. 164.
10. Textos escogidos de la Reforma radical, Editorial La Aurora, Buenos Aires, 1976, pp. 179-180.
11. Ibíd., p. 180.
12. C. Arnold Snyder, Anabaptist History and Theology, Pandora Press, Waterloo, Ontario, 2002, pp. 32 y 51.
13. Ibíd., p. 56.
14. Ibíd., p. 58.
15. Pipkin y Yoder, p. 493. El escrito se localiza en las páginas 494-523.
16. C. Arnold Snyder, op. cit., p. 118.
17. William R. Estep,
18.José Abel Ramos Soriano, Los delincuentes de papel, Inquisición y libros en la Nueva España (1571-1820), Instituto Nacional de Antropología e Historia-Fondo de Cultura Económica, México, 2011
19.José Abel Ramos Soriano, Los delincuentes de papel, Inquisición y libros en la Nueva España (1571-1820), Instituto Nacional de Antropología e Historia-Fondo de Cultura Económica, México, 2011, p. 46.
20. Ibid., p. 328. 21[1] Stuart Murray, Biblical Interpretation in the Anabaptist Tradition, Pandora Press, Waterloo, Ontario, 2000, p. 37.

Fuente: Protestantedigital, 2016

martes, 31 de mayo de 2016

La tensión entre “vivir en” y “no ser” del mundo



Por.  Antonio Cruz, España
Es evidente que Cristo pronunció sus bienaventuranzas pensando no sólo en los apóstoles y demás personas que estaban allí presentes escuchándole, sino también en todos los demás discípulos cristianos que, a lo largo de los tiempos, conocerían tales palabras y se las aplicarían a sus vidas en cada época. Las bienaventuranzas son como un retrato típico del cristianismo constituido por ocho colores diferentes, cada uno de los cuales presenta un matiz distinto y, a la vez, todos se complementan entre sí. 
En ellas descubrimos ciertos aspectos del discípulo de Jesús que tienen que ver con algo muy importante para la vida diaria. Se trata de cómo reaccionamos ante la persecución, la crítica, la difamación, el acoso, los problemas generados por enemigos, etc., pero siempre sólo y exclusivamente causados por el deseo de identificarnos con el reino de Cristo.
El cristiano, aunque viva en sociedad como el resto de la gente, aunque trabaje, consuma, pague sus impuestos a la hacienda pública y una hipoteca por su vivienda o genere residuos como todo hijo de vecino, en realidad, desde el punto de vista bíblico, no pertenece al mundo. No es como los demás porque posee una naturaleza espiritual diferente. Es lo que el Señor Jesús le dice al Padre en oración: Yo les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció; porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo (Jn 17:14). Ahora bien, esta tensión entre “vivir” en el mundo y “no ser” del mundo genera inevitablemente problemas de relación con nuestros semejantes que no son cristianos. También Cristo nos advirtió claramente de esta situación: No penséis que he venido para traer paz a la tierra. No he venido para traer paz sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos de un hombre serán los de su propia casa (Mt 10:34-36). 
El evangelio crea tarde o temprano división acentuada entre los cristianos y aquellos que no lo son. Dicha división de criterios, valores y formas de entender la realidad es el germen de la persecución. A lo largo de la historia siempre ha sido así y aunque hoy, principalmente en el mundo occidental, se abogue por la tolerancia y el respeto a la pluralidad, lo cierto es que la persecución nunca ha dejado de existir. El no cristiano tiende a burlarse, difamar o acosar al cristiano, sencillamente porque éste es diferente. 
La vida del creyente sincero se caracteriza por el deseo de lealtad a Jesucristo. Se trata de experimentar esa preocupación constante por vivir y hacerlo todo por Cristo, por que sea él quien domine o dirija toda la existencia del individuo, y no la propia persona. Esta es precisamente una de las razones por las que se le persigue, porque imita a Jesús y vive por él. El cristiano resulta molesto al mundo por causa de Cristo. De ahí que nuestro deseo constante debe ser vivir para Jesús y para glorificar su nombre, aunque en ocasiones fracasemos como humanos.
Nuestra vida debería estar más dirigida por el más allá y menos por el más acá. Me explico. Tendríamos que pensar con mayor asiduidad en el cielo y en la vida venidera; intentar que nuestra existencia terrenal estuviera más dirigida por pensamientos trascendentes, por ideas de eternidad y no sólo por lo material, inmanente, cotidiano y finito. A veces, los árboles no nos dejan ver el bosque. Los problemas prácticos de cada día roban ese tiempo precioso en el cual podemos analizar nuestra historia en la perspectiva del destino eterno. El ruido no nos permite, en ocasiones, escuchar la maravillosa sinfonía a la que estamos convidados. Pero la fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven, como bien escribió el autor de la epístola a los Hebreos.
Los hombres y mujeres mencionados en el capítulo once de dicha epístola tuvieron un denominador común en sus vidas que los unía a todos y los proyectaba como una saeta esperanzada hacia el futuro. Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, José, Moisés y todos los demás, anduvieron siempre errantes por los desiertos, montañas y cuevas de la tierra sin construir nunca habitáculos sólidos y duraderos, sin echar raíces, sino sabiendo que este mundo no era digno de ellos. Preferían la tienda nómada hecha de pelo negro de cabra al castillo de roca, porque sabían que su verdadera habitación no estaba en este lugar temporal. Su techo era el firmamento repleto de estrellas que podían contemplar durante la noche. Esto les permitía pensar en el más allá y en la ciudad celestial cuyo arquitecto es el Creador. Tal era su gran secreto.
He aquí otra diferencia fundamental entre el cristiano y quien no lo es. El incrédulo hace verdaderos esfuerzos por no pensar nunca en la muerte ni en lo que hay detrás de ella. Esta costumbre de la negación de la realidad de la muerte que se experimenta hoy, quizás con más intensidad que en otros tiempos, está detrás de la ansiosa búsqueda de evasiones y placeres que caracteriza al mundo actual. El ser humano no quiere pensar en el mundo venidero, por eso camufla la cesación de la vida. Vive como si nunca tuviera que morir. A los niños en las escuelas se les explica muy bien, con todo lujo de detalles, cómo vienen sus hermanitos al mundo, pero nadie se encarga de decirles cómo desaparecen sus abuelos o adonde van a parar. La muerte es hoy un asunto tabú para la sociedad occidental. El hombre contemporáneo no está tan preparado para morir como el de otras épocas, de ahí la necesidad de evitar el tema del sufrimiento y la muerte. En vez de enfrentarse a ella cara a cara o de asumir la temporalidad humana, a veces se eligen soluciones fáciles y evasivas como la eutanasia.
Sin embargo, este no querer pensar en la finitud de la vida no parece que haga más feliz al ser humano. Al contrario, lo incapacita para su existencia terrena porque aprender a morir implica también descubrir el valor de la propia vida. Esta puede ser también una causa sutil de persecución contra los cristianos ya que nosotros hablamos mucho de tales asuntos.

Fuente: Protestantedigital, 2016