¡Vos podes ayudarnos!

---
;
Mostrando entradas con la etiqueta misionero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misionero. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de mayo de 2016

Lo creamos o no, Dios siempre obra lo imposible



Por. Óscar Margenet, España
Gracias a los teléfonos móviles y los mensajes gratuitos nos unimos en oración con otras personas. Participamos en verdaderas cadenas de oración; y resulta gratificante escuchar acerca de las respuestas del Señor a algunas de nuestras peticiones.
Pocos días atrás una activa hermana de la congregación nos contó que su madre, finalmente, había aceptado escuchar el Evangelio.
Lo más sorprendente es que no fue por la insistencia de años de su hija, sino ¡por el buen hombre que le arregla sus zapatos!
Está claro que mientras trabaja este zapatero charla con sus clientes sobre las maravillas de Dios. Y Él obra sorprendente y fielmente en sus propios y sabios tiempos.
La importancia que tiene hacer bien nuestro trabajo y con él dar testimonio de quién es nuestro Señor queda de manifiesto con esta anécdota.
Y resulta aún más atinente cuando recordamos a alguien que, siendo zapatero, se convirtió en el pionero de las misiones modernas. Me refiero a William Carey 1.
Llegó a mis manos un escrito traducido del inglés, “El padre de las misiones modernas”, publicado por la iglesia bautista en North Bergen, New Jersey, EE.UU. 2 De ellos rescato y adapto este artículo que me demandará dos entregas.
Este hombre elegido por Dios para llevar la palabra a la India y países vecinos, también ocupó mi tiempo de lectura en la infancia. Leer sobre él ahora me ayuda a comprender aún mejor por qué su obra tiene un valor incalculable para mi fe actual.
Esta primera entrega es ideal para los adolescentes y jóvenes con deseos de aprender. Comencemos:
William Carey nació en Inglaterra, en 1761. Pocos hubieran pensado que ese niño era un instrumento escogido para llevar a cabo muchas obras en el mundo, entre ellas dar a conocer el evangelio a personas de naciones que nunca habían oído en sus propias lenguas el nombre de Jesús y no sabían nada de la Palabra de Dios.
SUS PRIMEROS CATORCE AÑOS DE VIDA
Los padres de William Carey pertenecían a la Iglesia de Inglaterra, o anglicana. Su abuelo paterno, a quien William nunca conoció, fue el maestro de una escuela en la aldea mantenida por filántropos. También era empleado de la Iglesia, atendiendo asuntos administrativos (como registrar los nacimientos y bautismos, mantener las actas y otras cosas). El padre de William ocupó ambas posiciones.
Desde los años 1660 en adelante sólo los miembros de la Iglesia Anglicana podían ser empleados del gobierno, oficiales del ejército o marina y maestros de escuelas. Quienes no lo fuesen no podían graduarse en las universidades, tenían que registrar los edificios donde se reunían y limitar sus actividades públicas a esos edificios. Había tolerancia de la confesión de otros que no eran anglicanos (presbiterianos, congregacionalistas, bautistas, cuáqueros y otros “no conformistas”, “disidentes”, o “independientes”), pero sus libertades o derechos civiles fueron restringidos y ellos muchas veces fueron mirados con sospecha como potenciales enemigos del estado, revolucionarios y “terroristas”. 3
Aunque la familia de William era pobre fue criado entre privilegiados y absorbía el desdén de ellos hacia los “no conformistas”. Con todo, debido al Señor y su gracia común y también a lo que el Señor hizo en conexión con lo que se llama el “Gran Despertamiento” o “Gran Avivamiento” William nació en tiempos que sucedían algunas cosas buenas en el país a pesar del trato hacia aquellos que no pertenecían a la Iglesia de Inglaterra. Por ejemplo, la educación estaba llegando a los hijos de los pobres y William recibió 7 años de estudios con su propio padre, incluyendo los rudimentos de latín. Además, otras cosas estaban sucediendo en Inglaterra que sirvieron para preparar el camino para lo que el Señor hizo por medio de Carey y sus compañeros que apoyaban su visión misionera.
La expansión colonial había generado un nuevo punto de vista y responsabilidad internacional, abriendo comercio y viajes. La creación de mapas del mar Pacífico, islas y costas continentales, el mundo industrial y las empresas que controlaban el comercio en la India le permitieron saber de pueblos del mundo que no tenían el evangelio. Esto tocó la conciencia de algunos ingleses y los impulsó hacia el camino de la labor misionera.
Al mismo tiempo, en las colonias de América del norte, los hijos de padres puritanos daban lucha por nuevas libertades y Francia estaba en medio de una revolución para obtener más justicia. En el parlamento y en la prensa ingleses el pueblo estaba ganando campañas para tener más libertades. Los que no eran de la Iglesia de Inglaterra estaban protestando contra los estatutos que les negaban igualdad de ciudadanía con los de la iglesia “oficial”; se estaba tomando conciencia de la vergüenza del comercio de esclavos; se estaba despertando compasión hacia los enfermos y prisioneros; el gran avivamiento había demostrado el poder del evangelio predicado; los redimidos estaban alabando al Señor en poesía; el híper calvinismo estaba cediendo a un evangelio ofrecido a todos; las iglesias estaban aprendiendo a cooperar; la oración colectiva fue estimada y practicada constantemente.
UN ADOLESCENTE BRILLANTE
William Carey terminó su educación a los 14 años de edad. Gustaba de la ciencia y leer libros sobre viajeros. Por su apego por los libros sobre Cristóbal Colón recibió el mote de Columbus. A los doce años de edad ya memorizaba 60 páginas de vocabulario en latín, lo que mostraba su aptitud para los idiomas. Sus intereses se extendieron más allá de los libros. Como cerca de la aldea había campos y bosques le prestó mucha atención a las plantas, aves y animales; interés que nunca perdió gracias a un tío suyo que era jardinero.
Pero ese niño-adolescente no aprendió las verdades netamente evangélicas y de piedad, no tenía fe salvadora; y fuera del hogar juraba y mentía como todos los demás.
No puedo menos que apuntar el contraste entre la formación de William y la de los niños y adolescentes de nuestra generación; estos, atrapados largas horas frente al ordenador, la TV o con los móviles siempre en sus manos, cuando osamos ponerles límites o les apuntamos las locuras que se difunden y absorben reaccionan con gran enfado.
Para colmo de males, en las escuelas públicas se difunden teorías acuñadas e impuestas por los enemigos de Jesucristo y su pueblo fiel. Poco se aman la Creación que nos sustenta y los libros de valor educativo y motivacional que se escriben. Olvidamos que la crianza de nuestros hijos es clave para construir entre todos un mundo más sostenible 8.
EL FACTOR CLIMÁTICO PUEDE AYUDAR
Los segundos catorce años en la vida de William Carey incluyen su formación, su conversión, el desarrollo de su fe y su primer matrimonio. 9
Cuando se decidió por la botánica y la zoología el jovencito comenzó a trabajar con su tío Peter. Pero, una enfermedad de su piel que le impedía exponerse al sol, le hizo cambiar su plan. Nadie hubiese pensado que este muchacho, que no podía soportar el tibio sol de su país serviría al Señor por largos años en el tórrido clima de la India. Es evidente que todo ayuda para bien de los que aman a Dios 10.
Su padre le presentó a un fabricante de calzado en un pueblo vecino. Quería ayudarle a que se hiciese de un futuro propio en una industria que prometía mucho. El dueño de la zapatería era un hombre severo, especialmente cuando bebía, pero Carey perseveró como aprendiz en su empleo. Allí conoció a otro mayor que él, John Warr, cuyos padres le criaron en una iglesia no conformista. Como compartían cuarto y trabajo ambos discutían sobre teología y costumbres religiosas. A Carey le molestaba escucharlo y menospreció a su compañero. Pero, Dios ayudó a que John entregase su vida a Jesucristo y diese testimonio de ello a Carey, sus compañeros y patrón. Fue entonces que William comenzó a conocer el evangelio. Se esforzaba por dejar de mentir, jurar y cometer otros pecados. Hasta comenzó a asistir a los cultos de oración en la iglesia de su amigo y trataba de orar cuando estaba solo. Pero no dejaba de cumplir con religiosa asistencia dominical a la Iglesia anglicana de la parroquia. No obstante, él no había sido transformado por la gracia de Dios en Cristo Jesús. A pesar de sus esfuerzos su pecaminosidad le seguía dominando.
Un día William fue cogido en un acto de deslealtad en el empleo. Fue descubierto, denunciado y humillado públicamente. Por la misericordia divina se arrepintió, reconoció que sin Jesucristo su vida no valía el chelín que había codiciado; y conservó el empleo. De allí en adelante vio su falta de justicia propia, recibió la justicia de Cristo y vivió como un hijo de Dios, redimido, transformado y dedicado a servirle hasta su muerte. Por entonces, su atracción por el idioma griego le llevó a estudiarlo con pasión, gracias a un ejemplar del Nuevo Testamento que tenía su empleador.
Tras su conversión, William aprendió en las iglesias ‘no conformistas’ la disciplina que implica tener convicciones y prácticas de fe basadas en las enseñanzas bíblicas.
A la muerte de su patrón el joven fue recogido por alguien que se congregaba en la iglesia no conformista a la que asistía. Allí Carey conoció a Thomas Scott 5, quien tendría una fuerte influencia positiva en su vida. También conoció a seguidores extremistas de las enseñanzas místicas de William Law, autor del famoso libro ‘Una llamada seria a una vida piadosa y santa’. Carey cayó en confusión hasta que vio que solo las Escrituras son la guía segura para todo lo que debemos pensar y hacer. Dios usó a Scott y a otros en esa etapa de la vida de Carey para salvarle de la confusión y darle una seguridad bíblica. El libro ‘Ayuda para los viajeros a Sión’ del bautista Robert Hall 6 también le afirmó en la fe.
A los 20 años de edad, Carey se casó con Dorothy, hija de un líder no conformista y cuñada del dueño de la zapatería. Buena mujer, creyente fiel, como muchas mujeres de aquel entonces Dorothy no sabía leer ni escribir; pero, William le enseñó con amor. Ambos vivían felices en su hogar; él trabajando, estudiando latín y griego (Scott llamó a su casa ‘el Colegio Carey’), cuidando su huerta, adorando a Dios con los hermanos de la aldea. Nació una hija, llamada Ann; un año después William y su hija enfermaron con fiebre. La niña murió y Carey siguió con fiebre sufriendo más de año y medio, pero sin dejar de cumplir sus responsabilidades. Esa enfermedad le dejó calvo a los 22 años de edad. Además su cuñado y dueño de la zapatería murió y tocó a Carey ayudar con el cuidado de la viuda y sus 4 hijos. Los tiempos eran difíciles y le tocó sufrir la pobreza.
A pesar de la carga pesada y sus luchas doctrinales y espirituales, Carey siempre fue activo en el servicio del Señor. Cuando tenía 21 años asistió a una reunión de una asociación de iglesias bautistas, celebrada en un pueblo cercano. Como no le conocían fue ignorado y ese día lo pasó sin comer. Pero oyó tres excelentes sermones inolvidables que le fueron de gran ayuda. Uno de ellos, por Andrew Fuller 7, un hombre que influiría positivamente en el resto de su vida.
En junio de ese año, junto con otro hermano, comenzó a ayudar con la predicación, cada quince días, en una iglesia bautista que no tenía pastor. Además, la gente no conformista de la aldea pidió que les predicara también a ellos. Aceptó ir una vez al mes. Así pudo visitar a sus padres y hermanas, a los cuales quiso ver convertidos y sirviendo en una iglesia de creyentes en vez de estar en la iglesia anglicana. Sus hermanas recordarían tiempo después su celo y su deseo de “derrumbar todos los altares de Baal a una vez”.8
A los 22 años de edad William escuchó un sermón sobre el bautismo de los creyentes que le inquietó. Estudió el Nuevo Testamento cuidadosamente y llegó a la conclusión que el bautismo no es para los bebés sino una ordenanza dada por Dios para los conscientes de su fe 9. Habló con el bautista calvinista John Ryland sobre el asunto. Este le bautizó en el rio Nene 10, un domingo a las 6 de la mañana.
La lectura de los apuntes de Cook 11 despertó en su ser un fuerte deseó de llevar el evangelio a los paganos. Contrariamente a la negativa opinión de Cook sobre los paganos, Carey no solo deseaba la salvación de los paganos de otros países, sino que predicó el evangelio en su propio país y buscó la salvación de sus parientes.
Como leeremos en la segunda entrega, el Señor llenó con experiencias formativas la vida de este joven. Resumiendo hasta aquí, William aprendió su oficio de zapatero; aprendió griego; descubrió su naturaleza pecadora y a su Salvador personal; aceptó el reproche de pertenecer a iglesias no conformistas; llegó a convicciones propias y bíblicas sobre la fe y doctrinas de Jesucristo; conoció lo bueno de estar casado y tener un hogar; experimentó el gozo de ser padre y también la angustia de perder una hija y la dura vida en la pobreza. Trabajó en enseñar, dio testimonio cristiano, se unió a una iglesia, predicó su primer sermón, obedeció la ordenanza del bautismo, sintió profundamente la condición perdida de los paganos y llevó a sus hermanas al Señor y a su servicio hasta el fin de sus vidas.
El Señor nos ayude a tomar en cuenta esta biografía de alguien que puso su vida por amor de Jesucristo y sus semejantes en su generación12. En la próxima repasaremos lo que hizo en la India y su influencia en las generaciones futuras, hasta el día de hoy.
Quiera Dios bendecir esta modesta crónica.
Notas
Ilustraciones: Colegio de Serampore, India. Fundado por misioneros cristianos pioneros en la India. William Carey (1761-1834) Joshua Marshman (1768-1837) y William Ward (1869-1823). Edificado en la comunidad danesa, se convirtió en el centro de instrucción en el cristianismo y las ciencias para la juventud india.
Retrato de William Carey, calvo desde los 22 años de edad.
01. Nació el17 de agosto de 1761, en Paulerspury, Reino Unido y murió el 9 de junio de 1834, en Serampore, India.
03. Compárese con el tratamiento que reciben actualmente los cristianos evangélicos por parte de fundamentalistas de la ICAR en países latinoamericanos (especialmente en México) e islámicos (IS) en países árabes asiáticos y africanos, y por gobiernos dictatoriales como los de Vietnam del Norte y China.
04. Entre los años 1775 a 1784.
05. Conocido del autor de himnos John Newton, y autor de ‘La fuerza de la verdad’ (1779).
06. Nacido en 1764 y muerto en 1831, es autor de libros revolucionarios en su época, y que resultan sumamente actuales, como: ‘El cristianismo consistente con el amor por la libertad’; ‘Apología de la libertad de prensa’; ‘La infidelidad moderna’, ‘Reflexiones sobre la guerra’; ‘Sentimientos propios de la crisis actual’; entre otros.
07. 1754-1815. Pastor y autor bautista, escribió acerca de la absurda creencia deísta, una crónica sobre las misiones en la India, comentarios sobre los libros de Génesis y Apocalipsis, entre muchas otras obras muy leídas.
08. Comparar con 2ª Reyes 23 y con todos los reyes que hicieron lo bueno delante de Jehová, derribando altares.
09. Marcos 16:16.
10. Vaya paradoja: quien había sido bautizado de párvulo reconoce de adulto el bautismo evangélico por inmersión y es bautizado en las aguas de un río inglés con ese nombre.
11. James Cook, 1728 – 1779, navegante, explorador y cartógrafo inglés. El motín del Bounty ha dado lugar a numerosas películas e interpretaciones sobre la vida en el mar y el comercio imperial en aquella época.
12. Hechos 13:36, en referencia a que David murió después de servir a los de su propia generación.

Fuente: Protestantedigital, 2016.

jueves, 6 de marzo de 2014

¿Es bíblico tener apóstoles hoy?

Por. Juan Stam, Costa Rica*
Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente “enviar”. Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan “los mensajeros de las iglesias” (apostoloi ekklêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa “misionero”, que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, “enviar”). En este sentido Jesucristo es el “misionero” enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era “apóstol” en el mismo sentido que los doce, sino como “enviado” y “misionero” del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre).  El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por “los apóstoles”, como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría significar un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.[1]
Dados estos diversos sentidos de la palabra “apóstol”, es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su ” sucesión apostólica” a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.
El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9).  El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc.  Eran comunes las fórmulas legales como “el que te recibe a ti me recibe a mí”, “lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo” y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.
El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel.  Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba” para que “uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.
Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15).  Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es “apostólica” cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su “apostolado” misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).
Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo.  Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de ningún otro sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2).  El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14.  Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.
Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos los “apóstoles” de  nuestros tiempos modernos.
El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio.[2]  Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19).  En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol: “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.”
A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).
En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar “los testigos autorizados de la resurrección” (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo.  Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.
Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús.  El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es “apareció”, y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales.  Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo como el último sino “como un abortivo” (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol “nacido fuera del tiempo normal”.  No puede haber otros apóstoles después de él.
Otros apóstoles: Este pasaje habla de “todos los apóstoles”, además de los doce y Pablo (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama “apóstol”. No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas “apóstol” podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de “misioneros” o de “delegados congregacionales”.
Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección.  De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica.  Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.
Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado “movimiento apostólico” apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
El que descendió, es el  mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.
El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18).  Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando “tomaste dones” (Sal. 68:18) en “dio dones” (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y a la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo y el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.
El verbo “constituyó” (4:11, edôken, “dio”) es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales.  Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), “Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después”.
De otros pasajes, como hemos visto, resulta evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros textos dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.
Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de “falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de “superapóstoles” (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).
Conclusión: Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, “al pie de la cruz, todos somos párvulos”.
Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, “Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto.” ¡Al contrario! Si el título “pastor” les queda corto a ellos, ellos se quedan demasiado cortos para el título de pastor.

[1] Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como “el Apóstol” para todos los cubanos. En ese contexto, “apóstol” suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles.
[2] Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.

* Juan Stam, Costarricense, Doctor en teología por la Universidad de Basilea, Suiza. Por muchos años fue profesor del Seminario Bíblico Latinoamericano (hoy UBL), de la Universidad Nacional Autónoma de Costa Rica, y de otras instituciones teológicas en San José. Es autor de muchos artículos y varios libros, en especial, el comentario a Apocalipsis de la serie Comentario Bíblico Iberoamericano.

Fuente: Lupaprotestante, 2014.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Misión Sin Conquista en Pueblo Qom

Por Hilario Wynarczyk, Argentina

El sello editorial de la Fundación Kairos publicó, recientemente en 2° edición: “Misión sin conquista, acompañamiento de comunidades indígenas autóctonas con práctica misionera alternativa”.
El libro de 336 páginas es una colección de artículos organizada por misioneros menonitas. Willis Horst es estadounidense mientras que Ute Mueller-Eckhardt y su marido Frank Paul son alemanes. Todos ellos con sus familias se retiraron ya de la misión entre los años 2008 y 2009. Este libro coronan una extensa experiencia en las provincias del Chaco y Formosa acompañando pastoralmente a las comunidades de indígenas tobas (así conocidos históricamente por el público argentino) y en la actualidad comúnmente denominados “Pueblo Qom”.
La palabras “acompañar” en calidad de “obreros fraternales” adquieren un significado muy particular en el contexto de esta comunidad misionera cuyos fundadores en el norte argentino, ya en la década del 50 (como lo testimonian los artículos de Alberto Buckwalter y su esposa Loida incluidos en esta colección) aprendieron que no tenía ningún sentido querer establecer “iglesias menonitas” entre los toba-Qom. Y sí en cambio, expandir su concepto cristiano a través del apoyo a esta nación originaria en el manejo de sus propias comunidades religiosas evangélicas, que habían adquirido tempranamente rasgos pentecostales, y en la adquisición de herramientas, principalmente el manejo de la palabra escrita en su propia lengua.
La Fundación Kairós, que tomó a su cargo la edición, es una institución estrechamente ligada con la historia de la Fraternidad Teológica Latinoamericana y la militancia intelectual de varios pastores y teólogos, entre los cuales es preciso destacar a René Padilla, histórico dirigente de la FTL en la Argentina. René Padilla tuvo a su cargo el prólogo de este valioso aporte bibliográfico.
La experiencia de 70 años de presencia de los menonitas entre los nativos Qom en la región chaqueña fue marcada por una paradoja que, sorprendidos, luego alcanzaron a interpretar gracias al aporte de un notable lingüista y antropólogo, William Reyburn, también misionero, hasta convertir el fruto de este curso de su historia en la piedra angular de un concepto diferente de trabajo a partir de 1954.
Lo que los pastores presenciaron, es que los Qom habían evolucionado merced a un proceso colectivo propio, golpeados por una situación desesperada a mediados del siglo XX, hacia las formas pentecostales de la religión evangélica, obviamente diferentes de la herencia y los hábitos religiosos de los menonitas.
En este encuentro de culturas los misioneros reinterpretaron sus propias experiencias de aproximación y convivencia con esta rama de la familia lingüística de guaycurúes (así llamados para las ciencias sociales), un conjunto del que también formaban parte otros pueblos originarios, los pilagás y los movocovíes, de escasa o nula presencia demográfica en la actualidad.
A partir de entonces los menonitas hicieron importantes aportes a la constitución de la identidad de los Qom, con la formación de su propia Iglesia Evangélica Unida, que en 1958 tuvo su primera convención, en 1961 obtuvo su propia inscripción en el Registro Nacional de Cultos No Católicos, y en 1974 se afilió a la FAIE, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas.
Además fue muy valioso su aporte en el terreno de la lingüística, al contribuir a la formulación escrita del idioma de los toba-Qom y la traducción de la Biblia. Hoy esta herramienta, la palabra escrita en la propia lengua, es muy importante en el desenvolvimiento del colectivo Qom, la formación de sus propios maestros, comunicadores sociales y recuperadores de sus tradiciones orales, entre los cuales hay que destacar a Orlando Sánchez, pastor evangélico y maestro de escuela, adscripto al sistema educativo de la Provincia del Chaco.
En efecto, la palabra escrita en el propio idioma jugó un papel en la particular forma de inserción en la sociedad de la Argentina. Alrededor de este mismo tema, un análisis extendido (que se sitúa afuera del libro que estamos comentando) necesitaría incluir las vinculaciones de los tobas-Qom con los programas sociales de la iglesias protestantes asociadas en la FAIE, básicamente la Junta Unida de Misiones, el Estado de la Provincia del Chaco con su propia agencia especializada en temas de los indígenas, el IDACH, y la política de la provincia marcada en los sectores populares y entre los tobas asimismo, por la influencia del movimiento justicialismo peronista.
Por otra parte, de las filas misioneras surgió asimismo la contribución al logro de algunos estudios etnográficos y sociológicos acerca de los Qom. De estos estudios el más significativo, en mi particular perspectiva, fue sin dudas el de Elmer Miller acerca de la acción colectiva de 1924. Entonces los tobas se sublevaron en el centro del la provincia del Chaco, movilizados por sus sistema de creencias propias de tipo animista. Miller aplicó la teoría sociológica de las movilizaciones colectivas que para la década del 60 había logrado su casi pleno desarrollo. La secuencia dramática terminó en una matanza de indígenas que trabajaban en los algodonales y querían contar con la libertad de poder migrar temporariamente a trabajar en los ingenios de las provincias del NOA como cosecheros de caña de azúcar. La tesis doctoral de Miller aprobada en 1967 con el título “El pentecostalismo entre los tobas argentinos”, fue publicada en Buenos Aires en 1979 por Siglo XXI Editora.
“Misión sin conquista” es un aporte de lectura importantísima para poner al día la cuestión del funcionamiento de la religiosidad evangélica entre los Qom, la evolución de los misioneros de extracción menonita, y diversos procesos actuales en las comunidades Qom.
El libro no agota estas cuestiones, así como no enfoca otras dimensiones que antes hicimos notar en este mismo artículo, pero constituye un aporte de lectura imprescindible. La colección de artículos permite para otras aproximaciones de investigación, tanto sociológicas como de teoría de las misiones, contar con una vía de llegada hacia el pensamiento de estos pastores y su propio modo de insertarse en la experiencia, leerla y re-interpretarla.
Un aspecto muy importante de este libro es que incluye tramos de testimonios orales y escritos de los propios menonitas y de personas del pueblo Qom, anexos cronológicos y un apéndice fotográfico de 16 páginas, donde el lector puede conocer a los Qom y varias parejas de misioneros con sus familias.
No obstante, todas esas dimensiones del encuentro de la nación de los toba-Qom con otros sistemas de la sociedad, están atravesadas por la construcción de una identidad del colectivo, en la cual el aglutinamiento religioso y el herramental idiomático apoyados por los menonitas, jugaron un rol fundamental.
Por otra parte, de las filas misioneras surgió asimismo la contribución al logro de algunos estudios etnográficos y sociológicos acerca de los Qom. De estos estudios el más significativo, en mi particular perspectiva, fue sin dudas el de Elmer Miller acerca de la acción colectiva de 1924. Entonces los tobas se sublevaron en el centro del la provincia del Chaco, movilizados por sus sistema de creencias propias de tipo animista. Miller aplicó la teoría sociológica de las movilizaciones colectivas que para la década del 60 había logrado su casi pleno desarrollo. La secuencia dramática terminó en una matanza de indígenas que trabajaban en los algodonales y querían contar con la libertad de poder migrar temporariamente a trabajar en los ingenios de las provincias del NOA como cosecheros de caña de azúcar. La tesis doctoral de Miller aprobada en 1967 con el título “El pentecostalismo entre los tobas argentinos”, fue publicada en Buenos Aires en 1979 por Siglo XXI Editora.
“Misión sin conquista” es un aporte de lectura importantísima para poner al día la cuestión del funcionamiento de la religiosidad evangélica entre los Qom, la evolución de los misioneros de extracción menonita, y diversos procesos actuales en las comunidades Qom.
El libro no agota estas cuestiones, así como no enfoca otras dimensiones que antes hicimos notar en este mismo artículo, pero constituye un aporte de lectura imprescindible. La colección de artículos permite para otras aproximaciones de investigación, tanto sociológicas como de teoría de las misiones, contar con una vía de llegada hacia el pensamiento de estos pastores y su propio modo de insertarse en la experiencia, leerla y re-interpretarla.
Un aspecto muy importante de este libro es que incluye tramos de testimonios orales y escritos de los propios menonitas y de personas del pueblo Qom, anexos cronológicos y un apéndice fotográfico de 16 páginas, donde el lector puede conocer a los Qom y varias parejas de misioneros con sus familias.
Los interesados en adquirir ejemplares deben tomar contacto con los responsables de la oficina distribuidora de Ediciones Kairós, Conrado Scheider y Abel Riera, conrado@kairos.org.ar, abel@kairos.org.ar + (PE)

Nota de PE/Ecupres.
Hilario Wynarczyk es doctor en sociología. Trabajó para el Programa Toba de la Junta Unida de Misiones entre 1986 y 1993. En ese lapso editó las dos primeras versiones de los “Antiguos relatos tobas” compilados y traducidos por Orlando Sánchez en formato bilingüe (Junta Unida de Misiones, 1987) y escribió “Los tobas. Un estudio de tres comunidades”, publicado en dos partes por la Universidad Católica de Asunción del Paraguay en “Suplemento Antropológico” (volúmenes 31 y 32, 1996 y 1997).
También "Religión evangélica, secularización y desarrollo entre los tobas" en “Revista De Todos” (Federación Argentina de Iglesias Evangélicas, FAIE, 1993) y series de artículos sobre los toba-Qom en El Estandarte Evangélico, de la Iglesia Metodista Argentina. Acompañó en la mesa de disertación a Elmer Miller en su presentación acerca de la experiencia de los toba-Qom, en ISEDET, Instituto Superior Evangélico de Educación Teológica, y Casa del Chaco en Buenos Aires, en 1987.

Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
54 291 4526309. Belgrano 367.
Cel. 2914191623
Bahía Blanca. Argentina.
www.ecupres.com.ar
asicardi@ecupres.com.ar