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jueves, 19 de noviembre de 2015

Moi aussi, Je suis Paris



Por. Juan María Tellería, España
Ni que decir tiene que nada estaba más lejos de nuestra intención ayer por la noche, cuando nos entregábamos a los brazos de Morfeo, que el redactar esta reflexión. Teníamos otra in mente, pero la compartiremos con nuestros amables lectores en otro momento. Esta mañana del sábado 14 de noviembre de 2015 se impone un giro a nuestro pensamiento y nuestras intenciones. Por desgracia.
Nada justifica un asesinato. Ya de entrada. Aunque desde los tiempos del bíblico Caín la humanidad se haya visto constantemente manchada con su propia sangre derramada por ella misma, no encontramos motivo alguno que pueda explicar de forma convincente el porqué de tales atrocidades. Primitivismo, dirán algunos; animalidad latente que nos obliga a delimitar y defender territorios, proteger clanes o familias… Ni por ésas. Y, desde luego, no tiene cabida alguna el subterfugio de que se puede (¡o se debe!) matar en nombre de Dios.
Acabamos de leer que alguno de los yijadistas responsables de la masacre de París se había lanzado al ataque al grito de “Alá es grande” (Allah hu akbar). Sin duda que lo es; una declaración semejante forma parte de los axiomas que nadie puede negar; pero resulta enorme la temeridad de quienes empañan el nombre de Dios con sangre humana. Sin entrar en disquisiciones sobre si el islam debe o no ser considerado una religión de paz, lo cierto es que quienes asesinan proclamando la grandeza de Dios —Alá es el nombre que se da en árabe al Dios de Abraham, de eso nadie tiene que tener duda alguna[1]— deben catalogarse como criminales, independientemente de cuál sea su credo religioso, y criminales tanto más peligrosos cuanto que consideran sus hazañas como guerra santa, esto es, guerra justa y necesaria, por no decir de obligatoria participación. En el momento en que un individuo, cualesquiera que sean las circunstancias que lo rodeen, llega a la conclusión de que eliminar vidas humanas es algo positivo si se efectúa en el nombre de Dios, ha perdido de inmediato su característica distintiva de persona racional, y no faltarán quienes digan que incluso de persona como tal; no lo vamos a discutir. Borrar del mapa a un miembro de nuestra especie es el mayor atentado que se puede perpetrar, precisamente, contra Dios, dado que al haber sido creados a su imagen, conforme a su semejanza (Gn 1,26-27; 5,1-2; 9,6), todos los representantes de la gran familia humana constituimos reflejos suyos en el mundo, proyecciones de su majestad y señorío en medio de la creación.
Los asesinos han de asumir sus responsabilidades ante la ley. Los asesinos en el nombre de Dios, también. Pero en este último caso no se debiera olvidar a quienes están detrás de ellos, quienes captan y adoctrinan hombres y mujeres, jóvenes en buena parte, para llevar a cabo tales carnicerías. En una palabra, quienes asumen el cometido de convertir personas en seres irracionales y sanguinarios. Nos vienen a la mente y a la tecla, una vez más, aquellas palabras de Tito Lucrecio Caro, el poeta romano que en el primer libro de su obra De rerum natura[2] afirmó sin ambages: Tantum religio potuit suadere malorum, es decir, “¡Tantos horrores pudo aconsejar la superstición!”[3] Pues no nos debe caber la más mínima duda: religión más ignorancia, igual a superstición, igual a fanatismo, igual a lo que venga después, que nunca será nada bueno.
Hoy le ha tocado el turno a París. Antes fueron otras ciudades. Mañana, no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que frente al crimen sólo hay un arma posible: la ley con todo su rigor. Y frente a la superstición y el fanatismo que incitan el asesinato ideológico o religioso, así como a tantas otras cosas, la instrucción, algo que todos necesitamos en gran medida, musulmanes, judíos y cristianos.
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[1] Salimos así al paso de quienes, llevados por prejuicios viscerales frente al mundo islámico en general, y árabe en particular, afirman que Alá es un dios diferente. Aunque a muchos les moleste, o les ofenda, lo cierto es que la imagen de Dios que emana del Corán es muy similar a la que hallamos en ciertos textos del Antiguo Testamento, especialmente en aquéllos que reflejan tradiciones más antiguas y más rudas. No ha de extrañarnos: tanto el uno como los otros proceden de una misma raíz cultural semítica, con idénticos presupuestos de pensamiento y de concepción de la divinidad ancestral.
[2] La naturaleza. Citamos de la edición de Akal preparada por Ismael Roca Meliá, de quien tuvimos el privilegio de ser alumno en la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia.
[3] Nos parece mucho más ajustada la traducción de Ismael Roca que las que en ocasiones se ofrecen en ciertos medios (“¡A tantos crímenes pudo inducir la religión!”). Lucrecio no habla de lo que hoy entendemos por religión, sino por superstición.

Fuente: Lupaprotestante, 2015.

jueves, 4 de octubre de 2012

Cursos en una iglesia en Costa Rica: Restaurándose de la teología de la prosperidad

La llamada teología de la prosperidad y los modelos de iglecrecimiento han producido que muchas personas sean abusadas espiritualmente y salgan de las iglesias muy lastimadas, según los pastores promotores de los cursos de desculturalización religiosa.
Por. Verónica Rossato, España*

“Desculturización religiosa” es el término usado por Eduardo Campos y su esposa Yorlen Jiménez, pastores de la iglesia "Fraternidad Cristiana Jesucristo Pan de Vida", para el curso que vienen desarrollando en esta comunidad de fe, ubicada al sur de la capital de Costa Rica. La finalidad es la restauración de personas que han sufrido abuso espiritual.
Eduardo Campos, tiene 44 años y desde hace 10 fue llamado al pastorado. Empezó a tiempo completo como pastor asociado en una mega iglesia. Su área de servicio fue la consejería.“Ambos fuimos pastores de esa iglesia y salimos de la misma atendiendo una indicación de parte de Dios”, relata Yorlen, de 39 años y formación en Psicología.
En septiembre de 2007 comenzaron a reunirse con un grupito de personas, a partir del cual se fue desarrollando lo que hoy es una comunidad de fe enfocada “en la gente” y no en números, infraestructura o planes. “Creemos que como iglesia debemos ser facilitadores para que las personas puedan ser discípulos de Jesús, logrando el desarrollo de una espiritualidad cristiana basada en la Palabra”, afirman Eduardo y Yorlen.
ABUSO ESPIRITUAL
Con un genuino deseo de hacer iglesia con un enfoque de Reino y, sobre todo, con énfasis en restauración, estos pastores se han dedicado a ministrar gente herida, abusada espiritualmente. “La llamada ´teología de la prosperidad´ y los modelos de iglecrecimiento han producido que muchas personas sean abusadas espiritualmente y salgan de las iglesias muy lastimadas. En el mejor de los casos se van a otra congregación, pero la mayoría se alejaba de la vida congregacional y algunos hasta del cristianismo”, explican.
Al referirse de manera más amplia al abuso espiritual, Yorlen Jiménez expresa este fenómeno que se ve favorecido por “la manipulación y el uso del poder que realizan los líderes religiosos que, con un discurso de contenido ´bíblico´, legitiman mensajes que las personas no cuestionan ni valoran a la luz de la Palabra de Dios. Esto se relaciona con la poca enseñanza bíblica que existe. El contenido del mensaje –por cierto, bañado de un aspecto muy ´espiritual´- es triunfalista y egocéntrico, lo que estimula mucho a la audiencia que busca conseguir prosperidad, unción, realización”.
En cuanto a las consecuencias de tal situación, la pastora señala que “las personas tienen una cosmovisión distorsionada de lo que es el verdadero cristianismo y sus principios. Por ejemplo, el mensaje de la cruz parece estar poco en las plataformas y eso hace que en el cristianismo posmoderno no se conciba el sufrimiento como un proceso que es parte del discipulado, y se vea más bien como maldición o signo de pecados ocultos”.
SANIDAD Y CRECIMIENTO
Ante esta lamentable realidad, los pastores Eduardo y Yorlen propician la sanidad en las relaciones y brindan espacios de crecimiento a partir de la enseñanza. “Creemos que la enseñanza en el contexto del discipulado son clave para fomentar una espiritualidad cristiana sana, que movilice a cada persona a seguir a Cristo, a encontrar su propósito en Dios, conociendo sus dones y talentos y activándolos en las áreas de servicio acorde con ellos. Es poner énfasis en ser y hacer. A veces, se fomenta mucho el ´hacer´ (activismo) en detrimento de ´ser´”, explican.
Para desarrollar esta tarea pastoral han ideado el curso de "Desculturalización religiosa", el cual consta de10 lecciones referidas a los temas que ellos consideran principales en relación al desarrollo de una religiosidad evangélica. “Está planteado a manera de taller, donde analizamos un tema y lo contrastamos con la posición bíblica. La idea es que con el trabajo que hacemos sesión a sesión, las personas puedan analizar una realidad inmediata en contraste con lo que indica la Biblia”.
Cada una de las lecciones tiene la meta de evidenciar que mucho de lo que hacemos (y somos) es religiosidad. “Ignoramos el origen o el por qué de muchas cosas que practicamos o creemos y las asumimos como parte del ´ser evangélico´. Esto limita el desarrollo de nuestra espiritualidad, ya que ni las tradiciones, ni prácticas carentes de sentido fomentan una verdadera espiritualidad cristiana”, explica Yorlen.
LIBRES POR LA PALABRA
Como dice Juan 8:32: “ y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” . “Ha sido un gozo ver la transformación de mentalidad y la libertad que ha traído el curso. Las personas van descubriendo que mucho de su vida cristiana se ha basado en tradición, liturgia, ritos o prácticas que poco tienen que ver con la Biblia. En otros casos ha habido una lectura inadecuada de la misma”.
Cuando las personas logran acceder de una manera vivencial y en un espacio de confianza y contención, a una verdad bíblica, se dan las condiciones para que una falsa creencia comience a ser destruida. “Creemos que esto les ayuda a desarrollar una espiritualidad sana y vivir su cristianismo conociendo la libertad que Cristo nos dio, sin el peso de la religiosidad, tradición o ritualismo”, enfatiza la pastora.
Eduardo y Yorlen quieren bendecir a otras congregaciones con la publicación un manual del Curso de Desculturización. “Somos conscientes que no es un producto terminado, y por eso, lo hemos sometido a la lectura de pastores y profesores de teología en el contexto del Seminario ESEPA. Queremos que ellos nos retroalimenten y puedan enriquecer el material. Las primeras reacciones han sido altamente positivas”, dicen.
No todas las personas restauradas se quedan en la Fraternidad Cristiana Jesucristo Pan de Vida, pero se van bien equipados. “Quienes por diversas situaciones no pueden seguir con nosotros buscan una congregación que tenga una posición equilibrada y exposición sana de la Palabra. Ahora cuentan con mayores elementos de juicio para protegerse de contextos abusadores y culturas religiosas avasallantes”, concluye Yarlen Jiménez.


Fuente: Protestante Digital 2012
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Las posesiones diabólicas