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domingo, 28 de agosto de 2016

El punto de Dios y la Neuroteología



Por. Raúl García Pérez
Los recientes conocimientos aportados por la neurociencia se han aplicado a diferentes campos, uno de ellos es la neuroteología que se define como el estudio estrictamente neurocientífico de aspectos de la experiencia religiosa.
Un poco de historia
Haciendo historia fue en los años sesenta del siglo pasado cuando se relacionó la parte del cerebro denominada lóbulo temporal con un interés exagerado por la religiosidad y la aparición de fenómenos religiosos en las personas que padecía epilepsia del lóbulo temporal.
Esta línea de pensamiento llevó a postular que la religiosidad podría localizarse en el lóbulo temporal y que estimulando dicho lóbulo con débiles descargas electromágneticasse podría poner en evidencia la zona cerebral de la religiosidad.
Fue Michel Persingerel neurólogo que diseñó un casco de motocicleta modificado que estimulaba las zonas temporales y parietales adyacentes y recogía las sensaciones que manifestaban los que se sometían a dicho experimento.
¿Qué narraban los que se sometían a esta prueba? Pues contaban la sensación de una “presencia extraña” que Persinger llamó la “presencia sentida”.Esta presencia podría ser la base fenomenológica de la que se derivan las experiencias de dioses, ángeles y otras entidades.
Según este investigador, el agente sobrenatural en la experiencia religiosa no es sino un “yo” que el cerebro derecho no logra representar de manera adecuada, y que resulta en una experiencia espacialmente externa. Se sabe que en el lóbulo temporal y en el parietal derecho radica la conciencia espacial, por lo tanto este fenómeno descrito no se trataría de una capacidad exclusivamente religiosa.
Solo señalar que “la presencia extraña” parece ser un aspecto neurocognitivo de índole general y universal, ya que se han inducido tales experiencias en personas con diferentes esquemas de creencia e incluso arreligiosas (aunque el conocido ateo, Richard Dawkins, que se sometió a la prueba, no percibió ninguna experiencia mística).
V. Ramanchandran, neurocientífico de la Universidad de California también considera el lóbulo temporal como el centro del contacto con Dios o la experiencia de unirse al cosmos. Él observó experiencias de hiperreligiosidad en pacientes epilépticos cuyo foco radicaba en el lóbulo temporal, más concretamente las epilepsias temporo-límbicas. Según Ramachandran, tales ataques epilépticos inducen neuroconexiones entre entre el cortex temporal y la amígdala cerebral, lo que dota de un significado emocional a objetos y eventos. Según este científico esta y no otra sería la base neuronal de la religiosidad.
Fue a partir de los trabajos de Persinger y Ramachandran, a finales de los noventa, que se popularizó lo que un periodista llamó el módulo, o punto de Dios (“God’s spot”). Estos estudios científicos se interpretaron de maneras opuestas. Mientras que algunos los utilizaron para descartar la experiencia religiosa como mera ‘ilusión’ y subproducto del ¿mal? funcionamiento de ciertas zonas del cerebro, otros los recibieron con entusiasmo como confirmatorios de una base neuronal de la creencia religiosa, y evidencia de haber sido creados “para creer”.
Desde un punto de vista científico, estos experimentos avalarían las hipótesis localizacionistas cerebrales pero hay otros experimentos que evidenciarían un modelo neurocognitivo más extenso de la experiencia religiosa.
Experimentos  posteriores no confirmaron a esta zona cerebral como único centro de la religiosidad sino que ésta se encuentra, como muchas actividades mentales, distribuida en una red que abarca a todo el cerebro.
Hipótesis de funcionamiento más general
En estudios más recientes utilizando la neuroimagen se observó a 15 monjas carmelitas en un estado de “unión con Dios”encontrándose al menos 12 regiones cerebrales activadas durante esta experiencia, la mayoría correspondientes al llamado “cerebro social”, que se activaban también cuando se les pedía que recordasen el sentimiento más intenso de unión con una persona.
Durante estos episodios místicos se activaron en sus cerebros la corteza orbitofrontal, parietal y cingulada anterior, y los núcleos caudados del estriado.Este patrón se parecía mucho a los registrados en las personas enamoradas al enseñarles una fotografía de su amado.
Esos experimentos echaban por tierra el llamado “punto de Dios” y abrían el camino a una visión más amplia de la experiencia religiosa, que se vincula a redes más que a un único punto o zona de fines ‘religiosos’.
¿Qué se puede decir respecto de la religiosidad en base a estos experimentos?
Hoy en día se sabe que el cerebro humano funciona globalmente con módulos interconectados en contra de lo que se pensaba hace tiempo, cuando se imaginaban localizaciones rígidas de funciones. Por lo tanto, empeñarse en buscar un único “punto”de Dios está condenado al fracaso.
El Neuropsicólogo británico M. Jeeves, nos refiere que en la época en la que imperaba la Frenología se buscaban a través de la forma que presentaba el cráneo las diferencias de funcionamiento cerebral.De ello se seguía, por ejemplo,que había personas que tenían más desarrollada la imaginación, el razonamiento, la voluntad, etc. de la misma manera hoy en día, se pretende demostrar que hay cerebros más predispuestos a desarrollar creencias o experiencias espirituales que otros, basados en localizaciones cerebrales por estimulación o por imagen.
Sin embargo, lo que ocurre es que en realidad todos los cerebros, o mejor las personas, pueden desarrollar experiencias espirituales poniendo en funcionamiento las capacidades emocionales, racionales, o sensitivo-perceptivas que todos poseemos.
Autor:Raúl García Pérez es licenciado en Teología y doctor en Medicina (especializado en Psiquiatría).Además de sus actividades profesionales en el campo de la medicina, es profesor de Teología Pastoral en laFacultad de Teología SEUT(C/. Bravo Murillo 85, Madrid) ycolaborador del Centro de Ciencia y Fe (Fundación Federico Fliedner, Madrid).

Persinger, M.A., et al. (2010). The Electromagnetic Induction of Mystical and Altered States Within the Laboratory. Journal of Consciousness Exploration & Research1 (7): 808-830.

Ramachandran, V.S., encolaboración con Blakeslee,S.Phantoms in the Brain: Probing the Mysteries of the Human Mind. William Morrow/HarperCollins, 1998.

Beauregard, M. y Paquette, V. (2006). Neural correlates of a mystical experience in Carmelite Nuns. Neuroscience Letters 405 (3): 186–190.

Jeeves, M. y Brown, W.S. Neurociencia, psicología y religión. VerboDivino, 2010.

Fuente: Protestantedigital, 2016

sábado, 27 de agosto de 2016

Magda Goebbels, la mujer ideal del Tercer Reich, era judía



Magda Goebbels fue la esposa del fanático ministro de Propaganda del Führer, nominada como "mujer aria ideal" y modelo a ser imitado por las mujeres del país.
nació el 11 de noviembre de 1901, fue registrada con los nombres de Johanna Maria Magdalena y con el apellido de su madre soltera, Behrendt.
El padre biológico de Magda era el comerciante judío Richard Friedländer, que se casó con su madre en 1908, nueve años después de haber iniciado su relación en Berlín y de la que probablemente nació Magda.
Ha sido gracias a un descubrimiento casual del historiador Oliver Hilmes en los archivos de Berlín que el país se ha enterado de que Friedländer, el padre de la esposa de uno de los líderes nazis más importantes del Tercer Reich, era judío.
UNA SOSPECHA CONFIRMADA
Durante años, la prensa alemana sospechó que la que se convirtió en esposa de Joseph Goebbels había escondido toda su vida un secreto que la habría condenado a muerte en el país de la bandera de la cruz gamada.
Su padre fue arrestado en Bruselas y enviado al campo de concentración de Buchenwald, donde murió en 1938.
Su hija Magda, que tenía los medios para haberle librado de la muerte, nunca lo intentó. aquello no se supo más. Hasta hoy.
UN MATRIMONIO OSCURO
Magda Goebbels estuvo casada con el jerarca nazi desde enero de 1932 hasta el 30 de abril de 1945, cuando ella envenenó a los seis hijos del matrimonio y a continuación se suicidó junto a su esposo en el búnker que poseían en Berlín.
¿Conocía realmente Joseph Goebbels el secreto de su esposa? Al menos algo oscuro fue mencionado por su esposo en sus diarios de vida. Así, en 1934, Goebbels escribió que su esposa había descubierto algo "horrible" relacionado con su biografía, un comentario sorprendente en un líder del nacionalsocialismo.
Lo que es seguro es que las nuevas revelaciones sobre la paternidad de Magda dejan en ridículo, con varias décadas de retraso, a la poderosa propaganda nazi, que idealizó al matrimonio Goebbels como la "familia aria ideal" y a Magda como modelo a ser imitada por las mujeres de su país.

Fuente: El País & Protestantedigital.

viernes, 26 de agosto de 2016

Misión cristocéntrica (III)



Por. Carlos Martínez García, México
Su enfrentamiento teológico representó dos concepciones misionológicas opuestas. En la conocida como controversia de Valladolid en 1550, Bartolomé de Las Casas expuso una y otra vez que la colonización española del Nuevo Mundo era una empresa imperial ajena al espíritu de Cristo. En tanto que Juan Ginés de Sepúlveda justificó el trato esclavizante dado a los pobladores originales del conocido después como Continente Americano.
Durante su obispado en Chiapas, que dejó en 1547 para viajar a España con el fin de difundir las atrocidades cometidas por los españoles en la supuesta evangelización de la población indígena, Las Casas había insistido en que los colonizadores “solamente podían ser confesados bajo ciertas normas que él mismo había establecido. Éstas incluían entre otras la de restituir a los indios los bienes que les habían sido injustamente arrebatados […] El método que él proponía era la persuasión” (Lewis Hanke, La humanidad es una, Fondo de Cultura Económica, México, 1985, p. 82).
Juan Ginés de Sepúlveda nació en 1489 o 1490. Estudió humanidades en Córdoba, más tarde artes en la Universidad de Alcalá y teología en el Colegio de San Antonio, en Sigüenza. En Italia se unió al Colegio Español de San Clemente (Bolonia), donde es atraído por el humanismo renacentista. Tradujo obras de Aristóteles, como la Política (que dedicó al príncipe Felipe, posterior rey de España). Colaboró con el cardenal Cayetano (fiero adversario de Martín Lutero) en la enseñanza del Nuevo Testamento. En 1536, el emperador Carlos V lo designó su cronista y capellán (datos aportados por Mauricio Beuchot, La querella de la Conquista, una polémica del siglo XVI, Siglo Veintiuno Editores, México, 1992, p. 51).
Ginés de Sepúlveda tenía conocimiento de Martín Lutero y el movimiento que desató en Europa. Se sumó a la polémica que siguió al publicar Erasmo de Róterdam, en septiembre de 1524, Diatribe seu collatio de libero arbitrio (Sobre la diatriba del libre albedrío). Lutero, ocupado en otras controversias y acontecimientos tardó poco más de un año en dar a conocer su respuesta, la que fue publicada en diciembre de 1525 y titulada De servo arbitrio (versión en castellano: La voluntad determinada, refutación a Erasmo, Editorial Concordia, St. Louis, Missouri, 2006). Sepúlveda criticó duramente la posición del reformador alemán, de quien se ocupó en 1526 en la obra De fato et libero arbitrio contra Lutherum.
La suma de los principios sostenidos por Juan Ginés de Sepúlveda sobre la licitud en el uso de la violencia para “cristianizar” a los indígenas está contenida en Apologia pro libro de iustis belli causis, editada en 1550 en Roma. Esta pequeña obra fue publicada en castellano bajo el título Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, Fondo de Cultura Económica, México, 1979.
Sepúlveda sostenía desde las primeras líneas de su escrito la disyuntiva a la que daría respuesta: “Si es justa o injusta la guerra con que los Reyes de España y nuestros compatriotas han sometido y procuran someter a su dominación aquellas gentes bárbaras que habitan las tierras occidentales y australes, y a quienes la lengua española comúnmente llama indios: y en qué razón de derecho puede fundarse el imperio sobre estas gentes” (op. cit., p. 45).
Para Ginés de Sepúlveda estaba muy claro que no solamente era legítimo el uso de la violencia para conquistar a la población indígena, sino que incluso tal empresa era por el propio bien de los habitantes del Nuevo Mundo. No solamente el derecho natural estaba de parte de los conquistadores, sino que éstos tenían, incluso, el deber moral de civilizar a culturas vistas por él como notoriamente menores y salvajes.
En su horizonte hermenéutico, Sepúlveda consideraba que “todo lo que se hace por derecho o ley natural, se puede hacer también por derecho divino y ley evangélica” (Luis Patiño Palafox, Ginés de Sepúlveda y su pensamiento imperialista, Los libros de Homero, México, 2007, p. 230). En esta visión, los indios estaban destinados a servir a sus conquistadores, y al resistirse aquéllos, los españoles tenían el derecho y deber de someterles por medios violentos, ya que la resistencia no era solamente contraria a los colonizadores sino, principalmente, contra Dios.
En la controversia de Valladolid, Bartolomé de Las Casas sostuvo que los indígenas también tenían la imagen de Dios, por lo cual no debían ser tratados como bestias. Si rendían culto a divinidades y naturaleza, Las Casas consideraba que ello no era motivo para violentarles, porque “los que adoran a los ídolos, al menos tal y como sucede con los indios, acerca de quienes se ha levantado este debate, nunca han conocido las enseñanzas de la verdad cristiana ni de oídas, así que pecan menos que los judíos o sarracenos, ya que la ignorancia puede tomarse como disculpa” (Lewis Hanke, op. cit., p. 117).
La misión, para Las Casas, tenía que ceñirse al ejemplo de Cristo. Ante éste no cabía recurrir a las armas para imponer la fe. Refutó la señalada depravación de los indios por parte de Sepúlveda como argumento para hacerles la guerra: “No hay crimen tan horrible, sea el de la idolatría o el de la sodomía, o cualquier otra clase, como para recurrir que el Evangelio sea predicado por la primera vez en algún otro modo que no sea el que estableció Cristo, esto es, con un espíritu de amor fraternal, ofreciendo perdón a los pecados y exhortando a los hombres al arrepentimiento”. Además, apuntó el fraile dominico, “no ha investigado [Ginés de Sepúlveda] las Escrituras con suficiente detenimiento o seguramente no las ha comprendido bastante para aplicarlas, ya que en esta era de gracia y piedad, insiste en aplicar los principios rígidos del Viejo Testamento, que fueron dados para circunstancias especiales y así allana para los tiranos y los pillos la invasión cruel, la opresión, la explotación y la esclavitud de naciones sin defensa” (Hanke, pp. 118-119).
Ya en De unico vocationis modo omnium gentium ad veram religionem, (Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión, de 1534), Las Casas había dejado preguntas de hondas repercusiones para la forma de hacer misión: “¿Qué tiene que hacer el Evangelio con las armas de fuego? ¿qué tienen que hacer los heraldos del Evangelio con ladrones armados?” Simplemente responder a la manera de Cristo, siempre buscando la paz y la reconciliación.
El cuestionamiento que hizo Las Casas en Valladolid al teólogo imperial Juan Ginés de Sepúlveda, y a todos quienes todavía en nuestros tiempos coinciden con él respecto a usar la coerción para que las personas se hagan cristianas, sigue resonando hoy: “¿Cómo se compagina el ejemplo de Cristo con el hecho de repartir lanzadas entre los indios desconocidos antes de predicarles el Evangelio, y aterrorizar sin medida a personas totalmente inocentes por medio de un despliegue de arrogancia y de la furia de la guerra y obligarlos a escoger entre la muerte y la huida?”

Fuente: Protestantedigital, 2016