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miércoles, 10 de enero de 2018

Feminismo radical, ideología de género y manipulación política

Por. Alex Roig, España
Suena siniestro leer que tras la ideología de género se encuentra el marxismo cultural y el feminismo radical, amén de otros agentes, empeñados en acabar con la familia tradicional y el mundo occidental tal como lo conocemos.
¿En relación a qué es “radical” el feminismo así calificado? Según sus críticos es “radical” en relación al feminismo moderado o tradicional de las primeras feministas, las cuales fueron buenas chicas que portaron el estandarte de la liberación femenina con justas reivindicaciones sociales como un salario digno o acceso a profesiones consideradas exclusivamente de hombres. Un feminismo al cual nada se puede objetar, sino todo lo contrario. Pero a finales de los años sesenta surge en Estados Unidos un grupo de feministas radicales que empieza a desmarcarse de lo que hasta ese momento había sido el movimiento feminista reivindicativo en todo el mundo, dando lugar al feminismo agresivo contra el hombre y toda su cultura patriarcal, cuyo germen debe buscarse en la nueva izquierda surgida después de mayo del 68[1]. “El corpus de esta ideología totalitaria incluye el sexo libre, el aborto, y la desaparición del matrimonio, la familia y la religión por ser instituciones opresoras”[2].
A juzgar por lo extremado de las afirmaciones de algunas de sus representados es fácil satanizar el feminismo radical, sin pararse a pensar en sus causas y razones reivindicativas, tras las que se esconden muchas experiencias de dolor, como la de, por ejemplo, la escritora estadounidense y activista Andrea Dworkin, cuya vida es todo un rosario de abusos. Para empezar, abusos por parte de su padre, abusos de su primer marido. A los 18 años fue arrestada durante una protesta contra la guerra del Vietnam y estuvo en la cárcel de mujeres del Village, donde sufrió abusos de dos médicos. Todos estos factores dominaron sus batallas subsiguientes contra toda forma de violencia contra la mujer. Tras licenciarse en Literatura en 1968 por el Bennington College, dedicó todas sus fuerzas a la lucha feminista. Básicamente, fueron batallas contra la pornografía, la pedofilia, la violencia contra la mujer y la conducta sexual del hombre como referente de la desigualdad imperante, ahondando en la utilización del sexo por el hombre como vehículo del poder patriarcal. En 1999, a los 53 años, fue drogada y violada en un hotel de París, un suceso que le hizo un daño enorme, agravado, además, porque hubo quien no creyó su historia[3].
Es evidente que muchas mujeres no han llegado al feminismo radical por pura teoría ni por promover caprichosamente una ideología de género, sino sencillamente como consecuencia de su propia experiencia de vejación y dolor. Se entiende perfectamente que sea una mujer, monja y teóloga católica, Ivone Gebara, la que pueda escribir una teodicea teológica hasta aquí no tratada por ningún teólogo o filósofo masculino, me refiero a El rostro oculto del mal. Una teología desde la experiencia de las mujeres (Trotta, Madrid 2002)[4].
Ciertamente, la experiencia de violencia sexual o machista no justifica necesariamente las posiciones extremas o radicales, pero ayuda a comprenderlas y obliga a buscar otras perspectivas y hermenéuticas más comprensivas, según el principio cristiano destacado por San Ignacio, de que antes de condenar la posición contraria, hay que intentar salvarla. Así es como se es fiel a aquel que dijo, “no he venido a condenar al mundo, sino a salvarlo” (Jn 12, 47).
Cuando cada día somos testigos del abuso de la mujer, que en estos últimos meses ha tenido por protagonista a la industria del espectáculo de Hollywood, pero que es una realidad cotidiana que muchas niñas —y niños— llevan sufriendo desde la más tierna infancia en el seno mismo de su familia[5]. Es triste comprobar que la violencia contra la mujer está presente en tanto en ámbitos privados como públicos; en el hogar y en trabajo; en la economía canalla de la prostitución, la pornografía y la trata de blancas; en la violencia física directa; en los feminicidios[6], que muchas veces quedan impunes.
Los que señalan los años ’60 como génesis de la ideología de género, deben recordar que aquellos fueron marcados no solo por el movimiento feminista radical, sino también por protestas internacionales contra la guerra en Vietnam y contra la aceptación y hasta el apoyo de brutales dictaduras en Latinoamérica. Parte de aquella juventud se radicalizó al no ver posibilidades de eliminar esta violencia institucional. Protestaba por igual contra la violencia política y todo tipo de violencias, entre ellas la violencia de género.
Dicho esto, hay que aclarar que este tipo feminismo radical de los años 60-70 ya apenas si existe, excepto en Estados Unidos, donde siempre ha contado con grandes representantes, cuyo pensamiento fluctuó entre lo radical y lo moderado. Hoy muchas feministas abogan más por la cooperación que por la confrontación. En la actualidad, se puede decir con María Blanco, que «nadie tiene el monopolio de lo que piensan las mujeres, ni del feminismo auténtico, ni de la feminidad» (Afrodita desenmascarada. Una defensa del feminismo liberal. Deusto Ediciones, Barcelona, 2017).
Cathy Young, escribiendo a mediados del 2016 para The Washington Post, afirmaba que casi nadie niega la realidad histórica de la dominación masculina, pero la solución al problema, que ha creado un gran fractura en nuestra cultura, pasa no sólo por la guerra entre sexos. “Para formar parte de la curación, el feminismo debe incluir a los hombres, no sólo como aliados sino como socios, con una misma voz y una misma humanidad”[7].
Después de una década complicada, la Conferencia Episcopal Española reconocía que el tiempo transcurrido desde la publicación Directorio de la Pastoral Familiar en España (2003), donde los obispos llamaban la atención sobre las nuevas circunstancias en las que se desarrollaba la vida familiar, y la presencia en la legislación española de presupuestos que devaluaban el matrimonio, en la actualidad “permite advertir que, desde entonces, no son pocos los motivos para la esperanza. Junto a otros factores se advierte, cada vez más extendida en amplios sectores de la sociedad, la valoración positiva del bien de la vida y de la familia; abundan los testimonios de entrega y santidad de muchos matrimonios y se constata el papel fundamental que están suponiendo las familias para el sostenimiento de tantas personas, y de la sociedad misma, en estos tiempos de crisis”[8].
Los múltiples desafíos al concepto cristiano de la sexualidad y la familia están ahí, pero para responder a esta problemática, amplia y compleja, a la Iglesia no le queda otra vía que volver a reflexionar las viejas creencias a la luz de las nuevas realidades. Su labor es la búsqueda de la paz y el bien en cada nuevo contexto y en cada nuevo momento de la historia, sanar el egoísmo visceral que nos lleva a preferir siempre nuestros intereses en detrimento de los demás. El ser humano, debido a lo arraigado de su pecado, ha construido una sociedad injusta y discriminadora, donde las esclavitudes antiguas da lugar a nuevos tipos de esclavitud, donde en última instancia todo se reduzca a mantener la diferencia entre los de arriba y los de abajo, entre la élite y la no-élite; entre los nuestros y los otros. “Establecemos —como dice Ivone Gebara—, colores y etnias superiores unas a otras, sexos superiores a otros, orientaciones sexuales más normales que otras. Y quien está del lado del poder y de la normalidad no duda en mantener relaciones excluyentes y culpabilizar a «los diferentes» por muchos males del mundo”.
La Iglesia no es inmune a estos combates históricos entre la igualdad y la desigualdad, lo que en la Biblia se describe como “acepción de personas”, intolerable para el creyente. La Iglesia tiene miedo de las feministas radicales y la feministas tienen miedo de la Iglesia. “Las feministas —escribía Alicia Miyares—, sabemos que los valores, tanto morales como políticos, de la igualdad y la libertad son falazmente cuestionados por discursos religiosos que pretenden interrumpir de continuo la marcha de la humanidad hacia modelos de democracia más perfectos” (“Que Dios nos coja confesadas).
Los últimos papas, comenzando por Juan Pablo II, pasando por Benedicto XVI y llegando a Francisco, se han pronunciado inequívocamente contra la “ideología de género”, esto no se puede negar. En la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia sobre el amor a la familia, publicada en marzo de 2016, el Papa Francisco advierte: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo” (n. 86). Con ello no hace sino defender la enseñanza sustentada en la Escritura y la Tradición sobre las relaciones hombre-mujer y el matrimonio.
Pero, téngase en cuenta una nota importante. Para Francisco, denunciar la ideología de género no implica negar ayuda o compañía a los homosexuales, no cierra los ojos a la urgencia de una teología pastoral adecuada, sensible y atenta a la realidad.
En la habitual conferencia de prensa que concede en el retorno de sus viajes internacionales, específicamente en el vuelo de Azerbaiyán a Roma, el Papa señaló que “las personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. Cuando una persona que tiene esta condición llega hasta Jesús, Jesús no le dirá seguramente vete porque eres homosexual. No. Lo que yo he dicho, es esa maldad que hoy se hace en el adoctrinamiento de la teoría del género”. “Antes que nada, yo he acompañado en mi vida como sacerdote, obispo y también como Papa, he acompañado personas con tendencia homosexual y también con prácticas homosexuales. He acompañado, los he acercado al Señor, algunos no podían, pero yo he acompañado y nunca he abandonado a nadie, esto que quede claro”.
Anteriormente, el 26 junio 2016, Francisco se había atrevido a decir que la Iglesia católica debería disculparse con las personas gays por la forma en que las ha tratado. Fue durante el vuelo de regreso al Vaticano tras su visita a Armenia. El Papa hizo estas declaraciones cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con los comentarios del cardenal alemán Reinhard Marx, quien dijo que la Iglesia debía disculparse con los homosexuales por haberlos “marginado”. Francisco respondió literalmente: “Creo que la Iglesia no sólo debe pedir disculpas a una persona homosexual que ofendió, sino que hay que pedir perdón a los pobres, a las mujeres que han sido explotadas, a los niños obligados a trabajar, pedir perdón por haber bendecido tantas armas”.
Por si fuera poco, el 3 de octubre de 2016, de nuevo a bordo de un avión, de regreso de su viaje a Georgia y Azerbaiyán, Francisco aseguró que Jesús no abandonaría a un homosexual o un transexual. Fue en respuesta a la pregunta sobre qué opinaba de las personas transexuales, de aquellas con disfunciones hormonales o aquellas que cambiaban de sexo porque no aceptaban su cuerpo de hombre o mujer. “Cuando una persona con esta condición llega delante de Jesús, nunca le dirá vete porque eres homosexual”, dijo y agregó: “A las personas hay que acompañarlas cómo hace Jesús siempre”.
A la luz de estas declaraciones “en vuelo”, no es de extrañar que el Papa Francisco haya sido reconocido por la comunidad gay como el papa más “clemente” de los últimos años. El escritor colombiano Giuseppe Caputo, aunque no cree que es para echar las campanas al vuelo, reconoce que “ha habido un cambio, dentro del estrecho margen de cambio que un discurso de derecha como el católico puede tener: el suyo es un gesto sutil, muy sutil, pero ha demostrado ser simbólico y, sobre todo, beneficioso. Definitivamente no es lo mismo que una institución con tanto poder de influencia hable de hogueras y penalización a que pida abiertamente que los gays no sean marginados. Que la extrema derecha rechace las declaraciones de Francisco, evidencia que ha habido un giro: las personas homosexuales, señores creyentes, no pueden ser discriminadas ni tratadas con violencia, lo pide el papa”[9].
Esta es lo diferencia de la crítica papal de la “ideología de género” de la crítica de los que la instrumentalizan para sus intereses particulares, principalmente políticos. En todos los países latinoamericanos, con nula educación política en general, muchos políticos debeladores de la “ideología de género” la utilizan interesadamente como un instrumento muy importante para ganarse la voluntad que pueblo, siempre dispuesto a defender la moral tradicional y sus creencias religiosas, al tiempo que también, cómo no, excitan los prejuicios, odios y fobias populares, con el fin de conseguir su voto, o al menos, el rechazo de aquellos partidos zurdos señalados como defensores de la subversiva “ideología de género”. Muchos pastores, principalmente de las iglesias evangélicas fundamentalistas, pentecostales y carismáticas, se suman a con tal fervor a este discurso que arrastran tras de sí a toda su congregación, llegando a traspasar el límite del rechazo a la homosexualidad por causas doctrinales, para caer en el odio más visceral al que es tildado de abominable y digno de la pena de muerte, según la ley de Moisés. Imagino que aderezado con amor por la salvación del alma.
En estos casos, la “ideología de género” se convierte en una nube de humo que no solo oculta los problemas del pueblo de carácter social y económico, y desvía la atención del subdesarrollo y la corrupción política, sino lo que es mucho más grave, oculta por completo el mensaje evangélico de gracia y misericordia. El humo generado por muchos críticos de la “ideología de género” impide ver el sentido cristiano de la gracia y la reconciliación. En lugar de ser portadores de esperanza, se convierten en mensajeros de odio y miedo. Han pisado el umbral de la gracia, sí, pero se han quedado en la antesala de ley; pertenecen más en la escuela del Juan Bautista tronante que del apacible Jesús de Nazaret. Amelia Valcárcel, desde su posición de observadora, estos predicadores evangélicos pentecostistas son más veterotestamentarios que neotestamentarios; son capaces de sacar enseñanzas de los versículos más abstrusos del Antiguo Testamento, por el que tienen especial predilección. Los Evangelios se escuchan poco, pero JosuéJueces, Esdras, Reyes, o Ezequiel son citados de continuo[10].
Lamentablemente, los rigoristas e integristas, “convierten la defensa de la moral, de la vida y familia en una ideología e ideologización que les lleva a despreocuparse o legitimar, al mismo tiempo, otros males e injusticias sociales-globales. Como son el hambre y la pobreza, la precariedad (explotación) laboral, el trabajo basura e indecente y el paro, la pena de muerte, las guerras, armas e industria militar, las violencias y destrucción ecológica.
”Es la parcialización e ideologización de la fe y la moral que cae en la moralina burguesa e individualista, obsesionada por las cuestiones personales como la familia o la sexualidad. Sin enmarcarlas y responsabilizarse por las otras cuestiones sociales y éticas, que o bien no les preocupan o quieren justificar dichas injusticias sociales. Para ser una moral coherente, hay que defender la vida en todas sus fases, dimensiones y aspectos, desde el inicio con la concepción-fecundación, durante toda la existencia humana con el bien común, la dignidad y derechos de las personas hasta el final de la misma”[11].
En la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, publicada en 1986 durante el papado de Juan Pablo II y que estuvo a cargo del cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se afirma con rotundidad que los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados” y que en ningún caso pueden recibir aprobación — enseñanza que recogía la anterior declaración sobre la “Persona humana” y la ética sexual, del 29 de diciembre de 1975—, sin embargo en dicha carta el cardenal Ratzinger, advierte con no menos énfasis, que “es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen” (n. 10). Importante nota pastoral que muchos parecen ignorar. Lo grave es que aquí no están en juego ciertas doctrinas o ideas, sino las personas, las mismas que estamos llamados a servir con amor y diligencia.
Seguiremos.
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[1] Mario Cely, Ideología de género y feminismo radical (CLIR, Costa Rica 2016); Clementino Martínez Cejudo, La ideología de género y la crisis de Occidente (Ediciones De Buena Tinta, 2015); Francisco Serrano, La Dictadura de Género (Almuzara, Córdoba 2012); Jesús Trillo-Figueroa, La ideología de género (LIBROSLIBRES, Madrid 2009); Juan Varela, Origen y desarrollo de la Ideología de Género, Alianza Evangélica Española, Barcelona 2017.
[2] Magdalena del Amo, “Feminismo de género, una ideología totalitaria”, http://blogs.periodistadigital.com/opinion.php/2011/07/15/feminismo-de-genero-una-ideologia-totali
[3] Isel Rivero, “Andrea Dworkin, feminista polémica”, https://elpais.com/diario/2005/04/13/agenda/1113343209_850215.html
[4] En esta obra se analiza el mal en sus diversas manifestaciones, oculto en la familia, en los hogares, en los prostíbulos, en los conventos, en las Iglesias y en las teologías. Este mal no sólo sale aquí a la luz pública, sino que se convierte en objeto de investigación científica e irrumpe en el mundo académico.
[5] A este respecto es de felicitar la publicación del libro Rompamos el silencio. Prevención y tratamiento de la violencia en la familia, de María Elena Mamarian (Kairós, Bs. As. 2010), donde alza la voz y pone una luz en la oscuridad de las relaciones violentas en la familia.
[7] C. Young, “Las feministas tratan mal a los hombres” https://elpais.com/elpais/2016/07/04/opinion/1467635693_524761.html.
[8] “La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”, XCIC Asamblea Plenaria de la CEE, Madrid, 26 de abril de 2012.
[9] G. Caputo, “El papa Francisco y el arcoíris”
[10] Amelia Valcárcel, “Religiones, sectas y ganancias morales. El atractivo del fundamentalismo y la desconfianza hacia el feminismo, en Feminismo, género e igualdad, Pensamiento Iberoamericano, p. 212. Madrid, Septiembre 2011.
[11] Agustín Ortega, “Con Francisco y su moral liberadora ante el rigorismo e integrismo”, http://blogs.periodistadigital.com/accion-formacion.php/2017/10/23/con-francisco-y-su-moral-liberadora-ante


Fuente: Lupaprotestante, 2018.

sábado, 6 de enero de 2018

El abuso espiritual

Por. Alfonso Ranchal, España
Hablar de abuso en el contexto de la iglesia es casi como entrar en un territorio virgen o inexplorado y no debido a que se desconozcan casos sino porque los mismos parecen silenciarse siendo considerado este tema una especie de tabú. Enormemente significativo es, además, que determinadas clases de pensamiento, o estructuras eclesiales, se basan precisamente en algún tipo de abuso haciendo del mismo una forma de vivir la fe incurriendo de esta manera en su normalización. Con esto último quiero significar que lejos de ser detectados, y consecuentemente denunciados, lo que ocurre es que esta forma de proceder se presenta como cristiana y, entonces, el desastre está servido.
“Después de trabajar cuarenta años como guía espiritual, me aterrorizan los enormes sufrimientos que causan los dictadores espirituales a personas, grupos y congregaciones cristianas. Al mismo tiempo, me causa consternación el hecho de que rara vez se habla con claridad acerca de esto, aún entre los cristianos y los especialistas en este campo”.
Edin Lövas[1].
Cuando hablamos de abuso lo que posiblemente nos viene primero a la mente es el de tipo sexual o psicológico pero la realidad es que los hay de variadas clases y el que se puede dar en el seno de una determinada congregación no necesariamente puede parecer escandaloso pero produce un daño de la misma intensidad y repercusiones, para la persona que lo sufre, como los dos anteriores. Por tanto, sin duda podemos hablar de abuso espiritual el cual se puede estar dando sutilmente, de forma consciente o no, en no pocas congregaciones y que supone para la persona que lo padece un gran sufrimiento.
El abuso espiritual consiste, precisamente en maltratar a una persona que necesita ayuda, apoyo o mayor crecimiento espiritual, lo cual debilita, sabotea o disminuye el desarrollo espiritual de esa persona.
David Johnson y Jeff Van Vonderen[2].
Uno de los casos más llamativos y comunes es el que se basa en la supuesta autoridad de un pastor o cuerpo dirigente y en donde no se está permitida la discrepancia. Algunos creyentes son sistemáticamente silenciados o ignorados cuando tienen una opinión diferente en temas doctrinales, de organización o de orientación para la iglesia.
Sostenidos en esta supuesta autoridad divina que él o ellos representan se mira con desdén, se pone en tela de juicio la espiritualidad del creyente, o sencillamente se le llama al orden. Este creyente, que puede tener una sensibilidad diferente o tal vez ha leído otras posturas posibles frente a determinados temas o pasajes bíblicos, será considerado como molesto, poco espiritual y muy posiblemente tachado de pretender estar por encima de lo que Dios dice y que equivale exactamente a lo que ellos enseñan. Es un tipo de abuso que se puede llamar de posiciónya que son ellos los escogidos divinamente y se ven legitimados para actuar de esta forma.
Con esto no pretendo decir que no se den casos en donde un cristiano por su cuenta y riesgo quiere imponer algo que puede estar claramente equivocado o tener una mala actitud o incluso soberbia. Estoy hablando de otra cosa.
Es sobre esta posición elevada que los dirigentes, supuestamente espirituales, coaccionan, presionan e incluso colocan un interrogante a la integridad moral del que se ha atrevido a mostrar su disconformidad. Al creyente sensible esta situación le producirá un profundo malestar, podrá confundirlo e incluso puede que se calle de allí en adelante y que viva sus dudas y preguntas en su interior.
Es importante tener presente que podemos hablar de abuso espiritual cuando un cristiano que necesita orientación, comprensión o tener claras determinadas cuestiones de fe es silenciada. Para ello se puede recurrir a la manipulación, como ya hemos apuntado, y así es debilitada y disminuido su desarrollo como persona, como creyente. Los que están en posiciones de autoridad podrán incluso hablar de él como alguien problemático y que debe abandonar el ministerio que puede estar desarrollando o, sencillamente, dejarlo de lado para que así produzca la menor molestia posible en el futuro y, por supuesto, excluirlo de cara a una futura labor eclesial.
Esto también tiene una variante en la presente era de las redes sociales. Así y desde las mismas, es que se apunta a los que supuestamente no están en la “ortodoxia”. Se llama a que cuantos más conozcan la deriva de ese creyente mejor, se trata de difundir su nombre, de manchar su testimonio. Por supuesto la ortodoxia la marca el acusador (que no suele tener dudas casi de nada, a sus ojos él mismo está sobre la montaña de la verdad desde la que puede divisar todo tipo de error) pero en estos casos ya se ha pasado del abuso al acoso ya que el supuesto hereje está fuera de su área de influencia física. Bajo una máscara de piedad pretende actuar en nombre de Dios pero el daño que causa en absoluto puede provenir del Padre celestial.
Otro tipo de abuso muy común es el basado en el legalismo. Al creyente se le coacciona de diferentes formas para que se comporte siguiendo un patrón establecido el cual puede llegar incluso al cómo vestirse ya que de lo contrario es considerado como pecador o mundano. Es una manera de entender el cristianismo fijado en lo externo y descuidando en sobremanera lo interno.
Realizan una rígida división entre lo que pertenece “al mundo” y lo relacionado con Dios. Así, ir al cine o al teatro se podría considerar carnal, lo mismo que acudir a determinados espectáculos, escuchar un tipo de música o el reunirse con una serie de personas no creyentes. En claro contraste, lo bueno y aceptable por Dios sería todo aquello relacionado con la congregación y que ellos se encargan de programar.
Se hace hincapié en la continuada lectura de la Biblia, en la oración sin cesar, en la asistencia a los cultos, a las reuniones de grupo, etc. Para esta mentalidad tiene toda la preeminencia las actividades de iglesia frente a cualquier otra aunque ésta última sea familiar, entre amigos o laboral. Si el creyente no se atiene a estas normas, muchas de ellas tácitas, se le considera en pecado, descarriado, y llegará el momento en el que se le llame al orden.
Esto suele crear una conciencia de culpabilidad que se traducirá en no saber reconocer la libertad a que Cristo nos llamó. Es una manipulación en toda regla que quiere hacerse con el control de la vida y de la alegría de esa persona. Acabarán concibiendo a Dios como un juez cruel que siempre está atento a cualquier falta para castigarla. Un Padre celestial que ante todo es vengativo y apático y que para defender su santidad coarta las vidas de sus hijos.
Parece que el creyente que sabe que ha sido salvado por gracia ahora tiene que hacer tal cantidad de méritos que acaba ahogado en el intento. Sí, la salvación fue gratuita pero ahora su vida cristiana se sostiene en un hacer y en un evitar para no despertar la desaprobación divina. Dios los liberó pero este tipo de iglesias los vuelve a atar con cargas más pesadas.
Cuando una persona ha sufrido este tipo de abuso espiritual las consecuencias que aparecen en ella son comunes a otros tipos de abusos. De hecho, si llegan a salir de esta clase de congregaciones quedan marcadas y casi incapaces de confiar en otras personas que sí poseen una genuina autoridad que no es otra que la sostenida en el servicio entregado y desinteresado. También se acercarán a las Escrituras sin poder entender qué significa la gracia de Dios. Llegan a experimentar una profunda soledad y desilusión ante lo que ellos pensaban que era la vida de fe.
Si la persona no es tratada puede quedar atrapada en una mentalidad propia de las abusadas tomando características enfermizas lo que la predispone para nuevos abusos en el futuro, sean del tipo que sean.
Puede llegar incluso a creer que el problema es ella misma y que si Dios está airado es por culpa suya, a eso se debe su infelicidad, su tristeza interior, jamás está a la altura.
A la persona atrapada en el abuso le es muy difícil salir del mismo. Las razones son variadas y así es frecuente la vergüenza, esto es ser señalada en el seno de esa comunidad e identificada como conflictiva e incluso destinada a la perdición; el miedo, ya que ha pertenecido al grupo por un considerable espacio de años y no sabe qué hacer fuera del mismo, a lo que se le une el temor a dejar familiares y amigos de toda una vida o incluso pánico a que algunas facetas de su vida se conozcan al haberse sincerado con alguien, en momentos concretos, buscando orientación.
Son cadenas que la persona abusada arrastra y que la hacen sentirse cansada, triste y exhausta y es posible que ni siquiera lo aparente al vivirlo todo ello en secreto.
Otro tipo de abuso se da cuando se utiliza la Biblia para silenciar, apartar o incluso como una especie de garrote con el que se golpea al creyente. Así los líderes que creen tener la última palabra pueden usar una serie de versículos para apoyar su posición y mantenerse por encima del creyente común. El legalismo, del que ya hemos hablado más arriba, puede ser defendido de acuerdo a otra serie de versículos tomados fuera de contexto y usados como si Dios mismo estuviera manteniendo lo que ellos enseñan. El Antiguo Testamento es especialmente citado para este fin. Allí, gracias a una mezcla de ignorancia y mala fe, se pueden encontrar textos que apoyen casi cualquier idea. Por supuesto esconden lo que Jesús podría haber dicho al respecto y así algo ya superado por el Maestro se trae a otro contexto y tiempo defendiendo su plena actualidad.
Un caso especialmente hiriente para con las mujeres es la idea de que éstas deben estar sometidas a sus esposos aun cuando los mismos se equivoquen y sean, de esta forma, obligadas a acatar los deseos y directrices de ellos. Incluso puede darse un maltrato psicológico y físico y aún así haber líderes que le aconsejen, en nombre de Dios, que regresen a su hogar, que oren y que soporten todo aquello como una ocasión para crecer. Frases como poner la otra mejilla, respetar en todo al marido, que él es la cabeza del hogar creyente o que Dios tiene un propósito en todo, son usadas para perpetuar el sufrimiento de la esposa.
Esto, digámoslo claro, es una aberración de lo que Dios desea para todos sus hijos. Nadie tiene el derecho de condenar a estas mujeres a un sufrimiento de tal calado, muy al contrario deben ser escuchadas, sostenidas e incluso aconsejadas a que denuncien a sus maridos en los casos de gravedad. No es cierto que las mujeres deban aceptar y acatar esto como proveniente de Dios sino todo lo contrario. Es más, deberían plantearse si sus esposos son realmente cristianos y si la situación es muy seria pensar en disolver el matrimonio. Ellas estarían en perfecto derecho de rehacer sus vidas a todos los niveles.
El abuso espiritual es un hecho que se da en no pocas congregaciones. No sirve de nada mirar para otro lado como si no ocurriera. Se trata de poner en evidencia a los lobos que han sido colocados para cuidar del rebaño. Jesús fue muy duro con aquellos religiosos de su tiempo que habían ahogado la verdadera fe en un mar de legalismo, que usaban las Escrituras para su propio fin, que creían estar por sobre todos o los que consideraban a la mujer como personas de tercera fila. Fue él el que dijo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los presos y dar vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año del favor del Señor.” Lucas 4:18-19.

[1] Lövas, E. (1991). Dictador espiritual. Terrasa: Clie, p. 11.
[2]                  Johnson, D. y Van Vonderen, J. (1995). El poder sutil del abuso espiritual. Miami: Editorial Unilit, p. 22

Fuente: Lupaprotestante, 2018


jueves, 4 de enero de 2018

Marxismo, ideología de género y la Santa Alianza

Por. Alex Roig, España
Aunque la Alianza Evangélica Española (AEE) no es la Conferencia Episcopal Española (CEE), juega a serlo. Con la reciente publicación del documento Origen y desarrollo de la Ideología de Género, escrito por Juan Varela, de la Comisión de Familia, la AEE pretende ofrecer al lector evangélico un manual breve que de forma sencilla y asequible informe de los peligros que nos acechan en medio de una sociedad cada vez más alejada de los principios de la Palabra, donde poderosos agentes sociales están imponiendo la ideología de género en las políticas de la mayoría de sus países occidentales.
El autor no pretende ser alarmista, sin embargo afirma que las doctrinas impositivas de los colectivos LGTBI se está cebando principalmente en la población cristiana y particularmente en la familia natural a la que se quiere destruir, como parte de una corriente de pensamiento totalitario dentro del nuevo orden mundial. Tan grave es la situación, dice, que supera cualquier otro tiempo anterior. “Nunca en la historia de la humanidad, ni siquiera las ideologías nazis o los regímenes comunistas más severos, se había logrado imponer a extremos como los que hoy empezamos a vivir, una ideología con pretensiones de destruir al ser humano en sus bases ontológicas y crear una nueva civilización de seres mutantes capaces de redefinirse y reinventarse al capricho objetivo de cada individuo” (Varela, p. 4).
Para el autor, no hay duda que “la ideología de género es una ideología política de corte neomarxista y sesgo totalitario, que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de la obviedad anatómica y biológica, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son construcciones culturales y convencionales, que responden a roles y estereotipos que a lo largo de la historia la sociedad ha ido creando” (p. 8). Varela coincide en su diagnóstico con muchos otros autores y colectivos conservadores y recalcitrantes que señalan el marxismo como origen de este nuevo mal que va absorbiendo la mente de nuestros pueblos. Hace par de años, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla presidía, proclamó que la “ideología de género” no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada, mayoritaria en Occidente.
A principios de siglo José Ángel Agejas, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria, administrada por los Legionarios de Cristo, asentó. “Se puede comprobar fácilmente cómo la dialéctica marxista de supresión de la diferencia por la lucha se aplica, paso por paso, a este caso del género”[1]. Es a esta tesis a la que se suma el Sr. Varela: “Se sustituyó la lucha de clases por la lucha de sexos, y la lucha contra el capitalismo burgués por la lucha contra el sistema familiar tradicional” (p. 9). “El marxismo cultural ha invadido todos los aspectos de las sociedades democráticas occidentales actuales. Hoy observamos con asombro y estupor cómo la estrategia se redefine y reinventa a lo largo de la historia: del obsoleto comunismo del s. XIX, se pasa al marxismo cultural del s. XX, y de ahí evoluciona a la ideología de género del s. XXI” (Varela, p. 14).
La identificación de la llamada ideología de género con la izquierda marxista, a la que se añade el feminismo “radical”, y otros, como el presidente de Hazte Oir, Ignacio Arsuaga, incluyen la masonería más esotérica[2], e incluso el judaísmo sionista, da mucho que pensar. Obedece al pensamiento integrista que durante siglos lleva considerando el desarrollo de la historia moderna como una conspiración de élites destructivas que operan en las sombras[3]. Y sorprende más todavía que la Gran Conspiración se centre ahora en la ideología de género, como última maniobra contra la sociedad tradicional. “Aquí se producen las reivindicaciones de los lobbys LGTBI, la legalización del matrimonio homosexual, la cultura del aborto, los intereses de organizaciones internacionales preocupadas por el control de la natalidad y los recursos alimenticios, junto con diversos intereses comerciales. Todo ello, como ya se ha mencionado, financiado por poderosas asociaciones y fundaciones filantrópicas” (Varela, p. 12).
Para completar el cuadro, el abogado argentino Nicolás Márquez y el escritor y politólogo Agustín Laje, lanzan su libro El libro negro de la nueva izquierda: Ideología de género o subversión cultural, donde hablan de la transformación que ha llevado a la izquierda a dejar de reclutar obreros explotados porque estos habían encontrado oportunidades en el desarrollo capitalista de sus países, para dedicarse a capturar “almas atormentadas o marginales” a fin de lanzarlas contra el orden establecido. A la postre, este marxismo cultural es el origen del movimiento ecológico, el feminismo radical, el indigenismo militante y de la actual ideología de género que es el centro de los debates en varios países del mundo.
Aquí aparece un nuevo personaje en la escena conspiracionista: “el movimiento ecológico”, bestia negra del capitalismo mundial y de todos los negacionistas del cambio climático. Y en medio de este bestiario apocalíptico moderno, la “ideología de género”, el agente de cambio más subversivo de todos. “Su contenido constituye la prioridad militante en esta izquierda desarmada que resolvió canalizar su odio por medio de grupos marginales o conflictuados que aquella captura y adoctrina para sí, con el fin de vehiculizarlos de manera funcional a su causa y, de esta forma, dominar la academia, hegemonizar la literatura, monopolizar las artes, manipular los modos del habla, modificar hábitos e influir en los medios de comunicación. La nueva izquierda no busca más secuestrar empresarios sino el sentido común; no persigue tomar una fábrica sino la cátedra, y no se trata de confiscar cuentas bancarias sino la manera de pensar: «todo lo demás vendrá por añadidura», vaticinan sus cultores”[4].
No deja de ser sospechoso que Agustín Laje recibiera una beca para estudiar contraterrorismo en el Center of Hemispheric Defense Studies de la National Defense University (Washington DC), que es una institución de educación mayor del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, cuya meta es facilitar la formación de alto nivel, educación y desarrollo de estrategias de seguridad nacional y políticas de gobierno. La misión de dicha universidad es preparar a los líderes militares y civiles de los Estados Unidos y otros países para abordar los desafíos nacionales e internacionales de seguridad[5].
Una vez más, todo esto de la “ideología de género” nos suena a una cortina de humo creada por la ideología liberal-conservadora de la extrema derecha estadounidense que busca manipular los prejuicios y odios de cierto sector de la población para desviar la atención de los verdaderos problemas del pueblo, que no coinciden, precisamente, con esa ideología del neoliberalismo económico.
¿Qué hay de verdad en eso de que el marxismo cultural, o como quiera llamársele, está en el origen de la “ideología de género”?
En el escrito de la Alianza Evangélica Española se nos dice que “cuando Marx, desde su modelo de lucha de clases, proclama que la religión es el opio del pueblo, Engels publica El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, y Nietzsche, desde el nihilismo sentencia la “muerte de Dios”, se constata el resquebrajamiento de los fundamentos sociales, morales y éticos que contenían principios normativos y universales” (Valera, p. 9). Esta misma referencia al Engels de El origen de la familia, aparece las páginas web de este estilo de plataformas, pero sin referencias concretas y ciertamente sin haber leído la obra culpable del delito. Los más ilustrados mencionan la siguiente frase: “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”[6]. Si aquí hay algún indicio de “ideología de género”, que venga Dios y lo vea.
Los hechos son los hechos, y es un hecho que Karl Marx apenas trató el tema de la sexualidad. En la correspondencia privada entre Marx y Engels a menudo dicen cosas muy crudas sobre el tema, que reflejan los prejuicios sexistas y racistas de sus contemporáneos. Cuando Karl Heinz Ulrichs (1825-1895) escribió la primera defensa de la homosexualidad que conocemos, en un libro que envió a Marx y Engels, esperando encontrar apoyo en ellos, Marx no le prestó atención y Engels, más familiarizado con temas culturales, lo calificó de “suciedad convertida en teoría”[7].
A nivel político, muchos estados socialistas consideraron que la homosexualidad era el resultado de la decadencia de la sociedad capitalista burguesa. La homosexualidad fue un delito común en algunas Repúblicas soviéticas durante los años 1920. En 1933 Stalin añadió el Artículo 121 al código penal de toda la Unión Soviética, que hizo de la homosexualidad masculina un delito punible con hasta cinco años de prisión y trabajos forzados. A los homosexuales les fue denegada la afiliación o fueron expulsados de partidos comunistas de muchos países del mundo durante gran parte del siglo XX, como fue el caso de Jaime Gil de Biedma o Pier Paolo Pasolini.
Para concluir este punto. La Santa Sede, igual que hace la santa Alianza Evangélica, defiende un concepto casi idéntico del matrimonio y las relaciones sexuales, y en la cuestión de la homosexualidad el Catecismo de la Iglesia católica dice expresamente: “Apoyándose en la sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados». Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (n. 2357). Sin embargo, la Santa Sede no olvida de añadir una nota positiva, pastoral: “Los hombres y mujeres con atracción sexual hacia el mismo sexo deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (2358).
Es esta misma nota pastoral la que hemos echado en falta en el documento de la Alianza Evangélica Española, una falta total de visión cristiana, de pastoral elemental, de generosidad humana, de simpatía hacia todas aquellas personas que por su orientación sexual han sido y siguen siendo discriminados, violentados, asesinados; todos aquellos y aquellas que sufren en silencio un calvario personal que en muchos casos termina en suicidio.
¿Es que el cristianismo no es una fuerza liberadora; acaso no está el evangelio por la promoción de la persona subsumida en la persona de Cristo, el Nuevo Ser que hace nuevas todas las cosas? ¿Va el cristianismo a aliarse con las fuerzas recalcitrantes y opresoras de este mundo sin pararse a pensar en esa fuerza de la gracia que se caracteriza por la ruptura de velos, muros y vallas que dividen y enfrentan a los seres humanos? ¿Acaso es tan miope el cristianismo que no es capaz de ejercer su propia crítica, desde la fe de Jesús, y ofrecer una respuesta desde sus mismos planteamientos de amor y aceptación?
Seguiremos.
_____________
[1] José Ángel Agejas Esteban, “La ideología de género en la opinión pública”, en María Lacalle Noriega y Patricia Martínez Peroni, coordinadoras, La ideología de género. Reflexiones críticas, p. 193. Ciudadela, Madrid 2009.
[2] La Dra. Margaret Welge, filósofa y teóloga argentina asegura que “en 1717 un grupo ocultista, incluyendo a los masones, se propusieron desconstruir la sociedad: atacar a la Iglesia con la ideología de género”. http://argentinatoday.org/2017/03/07/el-origen-de-la-ideologia-de-genero/
[3] “Como ya ha ocurrido con todas las teorías que han asaltado la civilización natural y cristiana —y sus principios básicos de Tradición, Familia y Propiedad— desde el Renacimiento y el Protestantismo (pasando por la Revolución francesa, el comunismo y la revolución cultural del 68), también en este caso nos hallamos frente a una masificación de ideas que en su origen estaban reservadas a un restringido círculo de personas” (Ángel Expósito Correa, “La ideología de género al asalto de la civilización natural y cristiana”, http://www.arbil.org/119expo.htm).
[4] Nicolás Márquez y Agustín Laje, El libro negro de la nueva izquierda: Ideología de género o subversión cultural. Grupo Unión, Madrid 2016. Cf. María Isabel Magaña, “Un investigador afirma que la ideología de género reclama campos de concentración para hombres”, https://www.actuall.com/entrevista/familia/la-ideologia-de-genero-reclama-legalizar-la-pedofilia-o-campos-de-concentracion-para-hombres/
[6] Friedrich Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, p. 30. Alianza Editorial, Madrid 2008 (original 1884).
[7] Engels, Homophobia and the Left, http://www.columbia.edu/~lnp3/mydocs/sex_gender/engels_homophobia.htmSobre Ulrichs, véase Hubert Kennedy, Ulrichs: The Life and Works of Karl Heinrich Ulrichs, Pioneer of the Modern Gay Movement (Alyson, Boston 1988).


Fuente: Lupaprotestante, 2018

lunes, 1 de enero de 2018

Un virus recorre las iglesias evangélicas, aquí y allá

Por. Ignacio Simal, España
Si eres un disidente, normalmente te ignoran. 
Si no pueden ignorarte y no pueden responderte, 
te desacreditan.” 
Noam Chomsky
Triste, lamentable la falta de apertura al diálogo teológico que recorre instituciones e iglesias tanto en España como allende los mares. Todos nos parapetamos en la trinchera de la verdad que creemos poseer, y desde ella disparamos a todo lo que se mueve fuera de los ámbitos de nuestras certezas. Triste y lamentable.
Muchos nombres podría citar que han sufrido los ataques inmisericordes de los “profetas” y “profetisas” de una pretendida ortodoxia que no siempre ha sido en la historia del pueblo de Dios. En los últimos tiempos hemos visto como personas queridas y respetadas han sido vilipendiadas públicamente por supuestas herejías. Triste y lamentable.
Hoy recibo un carta de un buen amigo, Ángel Manzo, ya exrector del Seminario Bíblico Alianza (Ecuador), en la que explica que le acaban de comunicar su despido del puesto desde el que ha servido a la Iglesia, como él mismo expresa, “con fuerza, entrega, pasión y energía”, y un servidor añade, y lo ha hecho ¡con alegría! Esa alegría de la que ha hecho partícipe a todos los que le conocemos. Triste y lamentable.
Un virus recorre las iglesias evangélicas aquí y allá, en España y en América Latina, y parece que no encontramos un antídoto lo suficientemente eficaz para eliminar la belicosidad del fundamentalismo evangélico. Un virus de creación humana, no divina, a la que se añade un potenciador de malignidad a través de medios de comunicación que lo propagan entre hombres y mujeres de buena fe. Triste y lamentable.
Cuando fundé Lupa Protestante tenía la intención de dar voz a aquellas ideas y reflexiones a las que se niega su difusión en otros medios. Siempre desde una línea progresista que no condena al “infierno” a nadie, sea conservador o progresista. Eso sí, guardando un escrupuloso respeto a los Derechos Humanos en todo lo que se publica, hemos alentado, y lo seguimos haciendo, la diversidad de pensamiento, la tolerancia y el respeto. Decimos, remedando a John Wesley, aunque su frase la descontextualicemos, que “pensamos y dejamos pensar” ¡faltaría más!
Nuestra pasión, como la de todas aquellas personas defenestradas por pensar diferente y atreverse a expresarlo y vivirlo, es el Evangelio de la asombrosa gracia de Dios que a todos y a todas nos abraza. Mi deseo para el año que vamos a iniciar en pocos días es que descubramos una vacuna eficaz para el malvado virus que recorre las iglesias evangélicas aquí y allá.
Mi abrazo más que solidario a mi amigo y hermano Ángel Manzo, y para todas las personas que en los últimos tiempos han sufrido los zarpazos del virus de los partidarios y partidarias del pensamiento único y la intolerancia hacia los que piensan y hacen diferente.
Soli Deo Gloria


Fuente: Lupaprotestante

domingo, 31 de diciembre de 2017

Creatividad teológica, peregrinaje y voz profética

Por. Luis Rivera-Pagan, Puerto Rico
Discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa en Divinas Letras, conferido por el Seminario Evangélico de Puerto Rico el 4 de junio de 2016
“Despierto en cada sueño
con el sueño con que Alguien
sueña el mundo.
Es víspera de Dios.
Está uniendo en nosotros sus pedazos.”
Los juegos peligrosos (1962)
Olga Orozco
A Justo L. González y Jorge Pixley
Agradezco a la junta de directores, a la facultad y a la presidencia del Seminario Evangélico de Puerto Rico la distinción que hoy me confieren al otorgarme un Doctorado Honoris Causa en Divinas Letras. Un saludo muy afectuoso a la clase graduanda del 2016, que hoy culmina con éxito sus estudios, y también a mi clase graduanda de 1966, que hace 50 años celebramos con alegría una ceremonia similar.
Mis años de estudios en el Seminario fueron decisivos en mi formación personal y profesional. Dos profesores fueron especialmente significativos.
Con Justo González aprendí a estudiar con minuciosa atención las tradiciones teológicas. Fue en gran medida por su inspiración que seguí estudios doctorales, primero en la Universidad de Yale y luego en la de Tubinga, Alemania, dedicándome a la investigación de la historia del pensamiento cristiano. Esa etapa culminó en una disertación sobre los intensos debates doctrinales en el siglo segundo, desde la perspectiva de uno de los más importantes teólogos de ese momento, Ireneo de Lyon.
Jorge Pixley, por su parte, me inculcó el análisis cuidadoso y crítico de las escrituras sagradas y las diversas corrientes exegéticas y hermenéuticas, en complejo y desafiante diálogo con las penurias y los agravios de la realidad latinoamericana y caribeña. Pixley dedicó más de tres décadas a la formación bíblico/teológica de generaciones de seminaristas de Puerto Rico, México y Nicaragua, además de dar múltiples conferencias y cursos por toda América Latina y el Caribe.
Honrar honra, por eso dedico esta distinción que hoy me otorga el Seminario Evangélico a esos dos insignes profesores de la década de los sesenta.
Esas experiencias como estudiante de esta institución tuvo varias consecuencias importantes en mi vida personal y profesional. En primer lugar, tomar en serio la creatividad teológica como una actividad de máxima excelencia académica. Todos mis escritos, en sus múltiples temas – los debates en el siglo dieciséis sobre la conquista y cristianización de América, los sustratos apocalípticos de los armamentos nucleares, los desafíos del ecumenismo en el siglo veintiuno, las convergencias entre la literatura y las religiosidades latinoamericanas y caribeñas, los laberínticos esfuerzos en la España del siglo dieciséis por traducir la Biblia al castellano, los diversos senderos de la teología protestante puertorriqueña, las variadas perspectivas de las teologías de liberación, la descolonización de la teología como pensamiento subalterno y transgresor, el diálogo entre las voces teológicas y las culturas sociales, la voz profética como solidaridad con las comunidades oprimidas y menospreciadas, las estrategias hermenéuticas en los conflictos entre Israel y Palestina, los lamentos y resistencias de la mujer en las tragedias bélicas, los imperativos teológicos de las modernas oleadas migratorias, la crítica a la misoginia y a la homofobia como expresiones distintas pero concurrentes de exclusión, entre otros asuntos – han exigido un esfuerzo conceptual e intelectual intenso y riguroso. Como bien afirmó el gran escritor cubano José Lezama Lima en su fascinante libro La expresión americana(1957): “Sólo lo difícil es estimulante.”
Ha sido una labor de creatividad teológica que se inició con un artículo publicado en 1965, en Puerto Rico Evangélico, en aquellos años la principal revista protestante puertorriqueña, titulado “Ágape y resistencia no-violenta en Martin Luther King, hijo” y culmina cinco décadas después en la reciente publicación de los libros Ensayos teológicos desde el Caribe (2013), Peregrinajes teológicos y literarios (2013) y Essays from the Margins (2014).
Un segundo elemento prioritario de mi vida ha sido el contante peregrinaje. La mayoría de los ensayos publicados en mis libros proceden de conferencias previamente dictadas en México, Nicaragua, Ecuador, Argentina, Chile, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Brasil, Cuba, República Dominicana, Trinidad Tobago, Jamaica, Barbados, Hungría, Checoslovaquia, Rusia, Suiza, España, Alemania, India, Palestina, El Líbano, Malasia y los Estados Unidos. Es un peregrinaje que pretende hacerle saber al mundo que en Puerto Rico, la colonia más antigua del mundo, como nos llamó el eminente jurista José Trías Monge, leemos, pensamos, hablamos, escribimos, dialogamos y debatimos. En resumen, somos capaces de enunciar nuestra propia palabra. Ha sido una romería continua que aspira a cultivar la memoria de un pueblo irredento, pero que se niega a renunciar a su identidad propia. Como bien argumenta Eduardo Lalo, en su laureada novela Simone (2011), la invisibilización de Puerto Rico es una de las lacras más lamentables de nuestra subordinación colonial.
Pero mi vida no ha consistido solo en escribir y dar conferencias en diversas partes de nuestro mundo ancho y ajeno, como lo tildase el escritor peruano Ciro Alegría. También fui marcado de manera indeleble por las vigorosas voces proféticas que caracterizaron la década de los sesenta. Los biblistas latinoamericanos nos enseñaron que es imposible leer cuidadosamente la Biblia sin percibir en ella el predominio de la convocatoria profética a la solidaridad con los menesterosos y marginados. “Abre tu boca en favor de quien no tiene voz y en defensa de todos los desamparados… defiende la causa del desvalido y del pobre” (Proverbios 31:8-9); “¡Haced justicia al oprimido y al pobre, librad al débil y al indigente, rescátenlos del poder de los impíos!” (Salmo 82:3-4).
Las frecuentes censuras en las sagradas escrituras se dirigen, en su gran mayoría, contra quienes usan el poder público – político, económico y religioso – para la injusticia y la opresión. Ejemplo destacado es el amargo juicio que emite el profeta Miqueas (Miqueas 3:1-4), al increpar a los gobernantes de Israel:
“Oíd ahora… jefes de la casa de Israel… que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos; que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para el caldero, y como carnes en olla. Entonces clamaréis a Yahvé, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro…”
¿Qué ha significado esa voz profética para este puertorriqueño que estudió en el Seminario Evangélico, prosiguió el doctorado en Yale y Tubinga y concluyó su vida docente como catedrático en el Seminario Teológico de Princeton?
Primero, cerciorarme que la Biblia versa sobre un pueblo pequeño y marginado, como el nuestro, sujeto continuamente a la avaricia imperial de grandes potencias – Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Macedonia, Roma – pero cultivando siempre una profunda e irrenunciable esperanza de liberación. El pertenecer a una nación pequeña, a la merced de las ambiciones de dominio de un imperio, pero sin claudicar jamás el perenne sueño de libertad, ha sido uno de los elementos claves de la voz profética. Es también un rasgo distintivo de la historia de nuestra nación puertorriqueña. No pocas veces en mis constantes peregrinajes me vienen a la mente los versos de una de mis poetas preferidas, la mexicana Rosario Castellanos,
“Alguien, yo arrodillada: rasgué mis vestiduras
Y colmé de cenizas mi cabeza.
Lloro por esa patria que no he tenido nunca,
La patria que edifica la angustia en el desierto…”
Segundo, la voz profética es implacable contra toda clase de discrimen, marginación u opresión social, sea a causa de las penurias económicas, las diversidades étnicas, raciales, culturales, religiosas o de género. Ejemplo destacado es el acerbo juicio que Jeremías hace de la conducta de Joaquín, rey de Judá (Jeremías 22: 13-17):
“!Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo!… Tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, para derramar sangre inocente y para oprimir…”
Y quienes se jactan de pasar largas horas en ayuno y devoción, no deben olvidar la amonestación de Isaías (58:6-7):
“El ayuno que yo escogí,
¿no es más bien… soltar las cargas de opresión,
dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo?
¿No es que compartas tu pan con el hambriento,
que a los pobres errantes albergues en casa…?”
La voz profética destaca también aquellos cuyos derechos humanos son menoscabados. El profeta Jeremías en su vigorosa denuncia de quienes cumplían con las normas cúlticas especificadas en los textos sagrados hebreos, pero desligadas de la solidaridad con los excluidos, asevera:
“No fiéis en palabras de mentira, diciendo: ‘¡Templo de Jehová… es éste!’ Pero… si en verdad practicáis la justicia… y no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramáis la sangre inocente… yo os haré habitar… en la tierra que di a vuestros padres para siempre.” (Jeremías 7:4-7)
Los extranjeros inmigrantes eran, y son todavía hoy, marginados por sus orígenes étnicos, raciales o culturales, las viudas y sus hijos huérfanos por vivir en una sociedad patriarcal y androcéntrica.
La discusión actual en Puerto Rico sobre equidad de género involucra dos asuntos distintos pero íntimamente vinculados. El primero tiene que ver con el pleno respeto a los derechos humanos de la mujer. Lograrlo exige desligarse de una longeva tradición cultural de sumisión femenina. El patriarcado androcéntrico es un legado lamentable que debemos superar. El segundo asunto, la homofobia, se refiere al discrimen contra las personas de diversa identidad de género y orientación sexual. Su marginación social es tan censurable como el racismo, la xenofobia o la misoginia. La inequidad y la iniquidad son hermanas gemelas.
No es asunto únicamente de una perspectiva académica. Requiere la inserción en la larga e inacabable historia de las esperanzas y luchas de liberación de las comunidades marginadas y maltratadas. Se trata de lo que la teología latinoamericana tildó de praxis, como matriz inseparable de la teoría. Es algo que hemos aprendido en el surgimiento vigoroso de teologías liberacionistas de múltiple cuño: latinoamericanas, feministas, mujeristas, afroamericanas, indígenas, tercermundistas, gais y queer. Nos topamos aquí con un alegre carnaval de la inteligencia de la fe. O un concierto barroco, como lo llamaría el escritor cubano Alejo Carpentier.
Concluyo.
La creatividad teológica en diálogo con la academia y la cultura, el peregrinaje por el mundo ancho y ajeno para que la voz puertorriqueña se reconozca y valore, la adhesión a la voz profética. Todo esto lo aprendí en mis años de estudio en el Seminario Evangélico de Puerto Rico. Con mucha gratitud en el corazón acepto este reconocimiento que hoy se me otorga y felicito muy profundamente a la clase graduada de 2016.
¡Muchas gracias y que Dios les bendiga!


Fuente: Lupaprotestante