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sábado, 30 de marzo de 2013

Tres tareas del papa Francisco

Por. Leonardo de Chirico, Italia*
 La elección del Cardenal Bergoglio al papado responde a tres asuntos fundamentales que el cónclave consideró que era necesario abordar. Estos argumentos ayudaron a dibujar el perfil del nuevo Papa y el Cardenal Bergoglio encajaba en el mismo.  En su primer y corto discurso frente a la multitud que le aplaudía en la Plaza de San Pedro, la figura más citada fue la de la Virgen María a quien se encomendó él y su predecesor.
Su primera cita en su primer día de papado fue una visita a la basílica mariana de Sta. María la Mayor de Roma para pedir a María su guía y su ayuda. Una manera más jesuítica que franciscana de empezar un papado.
LA TAREA TRANSICIONAL
Nadie en la curia dirá nunca que el reinado de Benedicto XVI fue un fracaso. Sin embargo, la impresión es que la elección del Papa Bergoglio es un reconocimiento implícito de que el papado anterior no logró todo lo que de él se esperaba, especialmente en lo referente al principal punto de la agenda, es decir, las relaciones con el Occidente laico. Tras ocho años de reinado de Benedicto, el Occidente secular se ha vuelto más distante de la Iglesia y también más crítico con la misma. Además, la Iglesia curial ha dado el más pobre resultado en términos de falta de normas cristianas. Por consiguiente, la Iglesia necesitaba un Papa diferente.
Entre el tradicional y todavía secularizado Occidente y el vibrante, aunque todavía “joven”, Sur Global, el cónclave ha escogido la clásica “via media”, o “camino del medio”.
El Papa Bergoglio nació en Argentina en el seno de una familia italiana. Es latino americano pero con orígenes europeos. Encarna la transición entre el “establishment” occidental y el fervor de los habitantes del Sur. Tal vez el cónclave creyó que si elegía a un Papa africano o asiático habría resultado un tramo demasiado largo e injustificado. Por otra parte, adherirse a otro Papa europeo habría sido demasiado de un movimiento geopolítico conservador que la Iglesia no puede soportar. El Papa Bergoglio es una figura intermedia. Diferente pero no extraña. Parecida pero no es una réplica.
También es una figura de transición en cuanto a su edad(76 años). No es un Papa “joven” con la expectativa de un papado largo, ni es tampoco un Papa “anciano” con poco tiempo por delante. Su papado pondrá a prueba la voluntad de la Iglesia de Roma
de ir más allá de la posición inmovilista de los años recientes, pero puede que no tenga el tiempo suficiente para ver realizados los cambios. El cónclave no encomienda largos papados a la Iglesia Católica (como el de Juan Pablo II), pero en cambio ha optado por mantener el futuro a la vista, a la espera de ver como se desarrollará este papado. Al mismo tiempo la jerarquía se reserva el derecho de hacer cambios si lo considera necesario.
Al Papa Bergoglio se le presenta como un “outsider”, pero en realidad no lo es. Apoyado por el Cardenal Martini, Bergoglio fue finalista en el cónclave de 2005, en el que Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI. Es bien conocido por los cardenales y fue aparentemente considerado “fiable” por el cónclave.
En la lista de los principales candidatos antes del cónclave estaba el brasileño Scherer, otra figura transicional. A Scherer, no obstante, se le percibía al parecer muy implicado en la política de la curia romana para ser capaz de liberarse de sus maniobras. Bergoglio está integrado pero no está vinculado corporativamente con el mundo curial.
LA TAREA APOLOGÉTICA
El nombre escogido por el Papa Jesuita es Francisco. Mencionó que Francisco es una referencia a Francisco de Asís (1181-1226). La prensa internacional acentuó mucho este simbolismo franciscano y, por lo visto, le gustó. Aparentemente combinará la agudeza jesuita con el énfasis en la pobreza y la austeridad. Esta decisión tiene que ver con la voluntad de marcar una transición apologética tratando de conquistar el mundo moderno.
Ratzinger se dirigió al mismo dando conferencias como un profesor, pero a Occidente no le gustan los maestros individualistas y verticalistas. Ratzinger argumentaba sus posiciones de una forma muy hábil e intelectual, pero Occidente prefiere las celebridades que puedan encender su imaginación. Ratzinger denunciaba el relativismo moral de nuestros días, pero a Occidente no le gusta la gente que no practica lo “políticamente correcto” de aceptarlo todo. La estrategia de Ratzinger terminó en inmovilismo.
El Papa Francisco comenzó su papado con un estilo apologético muy diferente. Accesible, normal, corriente, le gusta estar con la gente, hablar su lenguaje y hacer su mensaje sencillo. Ratzinger subrayaba “la fe y la razón”, en cambio Francisco es probable que ponga el énfasis en “la misericordia y la sencillez”. Ratzinger se dirigía a Occidente como teólogo; Francisco es posible que insista en la humanidad común de todos. La diferencia es significativa.
¿Llegará la Iglesia a ser pobre y mansa? ¿Dará prioridad a un estilo de vida más sencillo? ¿Pondrá un mayor énfasis en sus labores espirituales que en sus intereses seglares?
Una cosa que debe recordarse es que Francisco de Asís no quería reformar toda la Iglesia, sino que deseaba obtener el derecho, por parte de la iglesia oficial, de vivir en la pobreza con su círculo de amigos. Anhelaba un lugar apropiado para proseguir con sus ideales evangélicos, dejando intacto el aparato de la iglesia imperial. La Iglesia de su tiempo le dio de buena gana lo que quería porque no se sentía amenazada por él.
Veremos si el Papa Francisco conseguirá que la pobreza evangélica deje de ser un lugar de unos pocos idealistas y se convierta en el estándar de la Iglesia mundial. Si es éste el caso, tendrá que examinar a Pedro Valdo (1140-1218) a quien le gustaba que Francisco practicara la pobreza evangélica, pero desafió a la iglesia oficial a hacer lo mismo. Francisco fue integrado y Valdo fue perseguido.
LA TAREA GEOPOLÍTICA
Un pensamiento final sobre el significado geopolítico de la elección. El Papa Bergoglio viene de un país donde, en las últimas décadas, el statu quo secular , que vio el catolicismo romano siendo la religión dominante, ha sido sacudido por el crecimiento de las iglesias evangélicas y nuevos movimientos religiosos de varias clases.
Este fenómeno diseña una nueva geografía espiritual del país. Lo mismo puede decirse de otros países latinoamericanos. Es interesante que la Iglesia Católica elija un Papa procedente de América Latina y le encomiende la misión de supervisar y presidir este espacio religioso continental que ha llegado a ser diluido por no decir débil. La respuesta tradicional al crecimiento numérico de los evangélicos ha sido etiquetarlos como “sectas” y “cultos”, pero este enfoque despectivo no detiene a los millones de personas que abandonan la Iglesia Católica. Ahora, el mismo Papa estará directamente implicado en rescatar el continente.
Algo importante está sucediendo en América Latina y el riesgo de perder el continente hizo que se considerara la necesidad de encauzarlo al más alto nivel.
El Papa Francisco es una figura de transición. El tiempo demostrará de qué forma será latinoamericano, curial, jesuita y franciscano.

Traducción: Rosa Gubianas
©Protestante Digital 2013
 
EL PAPA FRANCISCO REZA A LA VIRGEN CON BENEDICTO XVI

jueves, 28 de febrero de 2013

La elección de un nuevo papa y el Espíritu Santo

Por. Ivone Gebara, Brasil*
Después de la encomiable actitud del anciano Benedicto XVI renunciando al gobierno de la Iglesia Católica Romana han aparecido entrevistas con algunos obispos y sacerdotes en estaciones de radio y televisión en todo el Brasil. Sin duda, un evento de tanta importancia para la Iglesia Católica Romana es noticia y conduce a predicciones, elucubraciones de todo tipo, principalmente de sospechas, intrigas y conflictos dentro de los muros del Vaticano, que habrían acelerado la decisión del Papa.
En el contexto de las primeras noticias, lo que me llamó la atención fue algo a primera vista pequeño e insignificante para los analistas que tratan asuntos del Vaticano. Se trata de la forma como algunos sacerdotes entrevistados, o sacerdotes conductores de programas de televisión, respondieron cuando se les preguntó sobre quién sería el nuevo Papa, saliendo por la tangente. Se referían a la inspiración del Espíritu Santo, o a su voluntad, como si fuera el elemento del que dependería la elección del nuevo romano pontífice. Nada de pensar en personas específicas para responder a las situaciones mundiales desafiantes, nada para despertar una reflexión en la comunidad, nada de hablar de los problemas actuales de la Iglesia que la han llevado a un significativo marasmo, nada de escuchar los clamores de la comunidad católica por la democratización de las estructuras anacrónicas que sostienen a la iglesia institucional.
La formación teológica de estos sacerdotes comunicadores no les permite salir de un discurso trivial y abstracto, ya bien conocido, que continúa recurriendo, como explicación, a fuerzas ocultas, y así, en cierta forma, confirman su propio poder. La continua referencia al Espíritu Santo a partir de un misterioso modelo jerárquico es una forma de camuflar los verdaderos problemas de la Iglesia y una forma de retórica religiosa para no revelar conflictos internos que ha vivido la institución.
La teología del Espíritu Santo continúa siendo para ellos mágica; expresa explicaciones que ya no pueden hablar a los corazones y a las conciencias de muchas personas que valoran el legado del Movimiento de Jesús de Nazaret. Es una teología que sigue provocando la pasividad del pueblo creyente ante las múltiples dominaciones, incluída la manipulación religiosa. Continúan repitiendo fórmulas... como si éstas satisficiesen a la mayoría de la gente.
Me entristece el hecho de comprobar una vez más que los religiosos y algunos laicos que trabajan en los medios de comunicación no perciben que estamos en un mundo en el que los discursos tienen que ser más asertivos, y que tienen que basarse en referencias filosóficas consistentes, más allá de la tradicional escolástica. Un referencial humanista los haría mucho más comprensibles para el común de las personas, incluidos los no católicos y no religiosos. La responsabilidad de los medios de comunicación religiosos es enorme e incluye la importancia de mostrar cómo la historia de la Iglesia depende de las relaciones e interferencias de todas las historias de los países y de las personas individuales.
Ya es tiempo de abandonar ese lenguaje metafísico y abstracto, como si un Dios fuese a ocuparse especialmente de elegir al nuevo Papa, independientemente de los conflictos, desafíos, iniquidades y cualidades humanas. Ya es hora de afrontar un cristianismo que admita el conflicto de las voluntades humanas. Es hora de reconocer que, al final de un proceso electivo, no siempre la elección realizada puede ser considerada como la mejor para el conjunto. Hay que afrontar la historia de la Iglesia como una historia construida por nosotros, todos y todas, y de testimoniar respeto para nosotros mismos/as mostrando la responsabilidad que tenemos todas/os los que nos consideramos miembros de la comunidad católica.
La elección de un nuevo Papa es algo que tiene que ver con el conjunto de las comunidades católicas esparcidas por todo el mundo y no sólo con una élite de edad avanzada, minoritaria y masculina. Por lo tanto, es necesario ir más allá de un discurso justificativo del poder papal, y enfrentarse a los problemas y desafíos reales que estamos viviendo. Sin duda, para esto las dificultades son muchas, y abordarlas requiere nuevas convicciones y un deseo real de promover cambios que favorezcan la convivencia humana.
Me preocupa, una vez más, que no se discuta más abiertamente el hecho de que el gobierno de la Iglesia institucional sea entregado a personas ancianas que, a pesar de sus cualidades y sabiduría, ya no son capaces de hacer frente con vigor y desenvoltura los desafíos que estas funciones demandan. ¿Hasta cuando la gerontocracia masculina papal será como un doble de la imagen de un Dios, blanco, anciano y de barbas blancas? ¿Habría alguna posibilidad de salir de este esquema, o al menos de iniciar una discusión de cara a una futura organización diferente? ¿Habría alguna posibilidad de abrir esta discusión en las comunidades cristianas populares que tienen derecho a la información y a una formación cristiana más ajustada a nuestros tiempos?
Sabemos en qué medida la fuerza de la religión depende de desafíos y comportamientos que son fruto de convicciones capaces de sostener la vida de muchos grupos. Sin embargo, las convicciones religiosas no pueden reducirse a una visión estática de las tradiciones, ni a una visión deliberadamente ingenua de las relaciones humanas. Las convicciones religiosas, igualmente, no pueden reducirse a la ola de las más variadas devociones que se propagan a través de los medios de comunicación. Es más, no podemos seguir tratando al pueblo como ignorante e incapaz de formular preguntas inteligentes y astutas en relación con la Iglesia. Sin embargo, estos sacerdotes comunicadores creen estar tratando con personas pasivas, entre ellas muchos jóvenes que mantienen un culto romántico alrededor de la figura del papa. Los religiosos mantienen esta situación, a menudo cómoda, por ignorancia o avidez de poder. Probar la interferencia divina en decisiones que la Iglesia Católica Jerárquica, prescindiendo de la voluntad de las comunidades cristianas esparcidas por todo el mundo es un ejemplo flagrante de esta situación. Es como si quisieran reafirmar erróneamente que la Iglesia es, en primer lugar, el clero y las autoridades cardenalicias a las cuales habría conferido el poder de elegir un nuevo papa, y que ésa es la voluntad de Dios. A los millones de fieles les corresponde sólo orar para que el Espíritu Santo escoja al mejor, y esperar a que el humo blanco anuncie una vez más el habemus papam.
De manera hábil, por el recurso a fuerzas superiores que dirigirían la historia y, la Iglesia siempre están tratando de hacer que los fieles ignoren la verdadera historia, y que no puedan plantearse su responsabilidad colectiva. Es una lástima que estos formadores de opinión pública estén viviendo todavía en un mundo que es teológicamente, y tal vez incluso históricamente, pre-moderno, donde lo sagrado parece separarse del mundo real y situarse en una esfera superior de poderes a la que sólo unos pocos tienen acceso directo. Es desolador ver cómo la conciencia crítica en relación a sus propias creencias infantiles no haya sido despertada, para su bien personal y en beneficio de la comunidad cristiana. Parece que hasta rescatamos los muchos obscurantismos religiosos de épocas pasadas, mientras que el Evangelio de Jesús, por el contrario, continuamente convoca a la responsabilidad común de unos con los otros.
Conociendo las muchas dificultades afrentadas por el Papa Benedicto XVI durante su corto ministerio papal, las empresas de comunicación católica sólo destacan sus cualidades, su entrega a la Iglesia, su inteligencia teológica, su pensamiento vigoroso, como si quisieran, una vez más, ocultar los límites de su personalidad y de su postura política, no sólo como Pontífice, sino también, como presidente por muchos años de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio. No permiten que las contradicciones humanas del hombre Joseph Ratzinger aparezcan, y que su intransigencia legalista o el trato castigdor que caracterizaron parcialmente su persona sean recordadas. Hablan desde su elección, principalmente como un papado de transición. No hay duda que es así. Pero, ¿transición hacia dónde?
Me gustaría que la encomiable actitud de renuncia de Benedicto XVI pudiese ser vivida como un momento privilegiado para convidar a las comunidades católicas a repensar sus estructuras de gobierno y los privilegios medievales que esta estructura conlleva. Estos privilegios, tanto del punto de vista económico, como político y socio-cultural, hacen aparecer al papado y al Vaticano como un Estado masculino aparte. Pero un Estado masculino con representación diplomática influyente y servido por miles de mujeres en todo el mundo, en las diferentes instancias de su organización. Este hecho nos invita también a reflexionar sobre el tipo de relaciones sociales de género que este Estado continua manteniendo en la historia social y política actual.
Las estructuras pre-modernas que todavía conserva este poder religioso necesitan ser confrontadas con los anhelos democráticos de nuestros pueblos en la búsqueda de nuevas formas de organización que se correspondan mejor con los tiempos y grupos plurales de hoy. Ess estructuras deben ser confrontadas con las luchas de las mujeres, de las minorías y las mayorías raciales, de personas de diversas orientaciones sexuales y opciones, de pensadores, científicos y trabajadores de las más variadas profesiones. Necesitan ser reelaboradas en la perspectiva de un mayor y más fructífero diálogo con otros credos religiosos y con las sabidurías esparcidas por todo el mundo.
Y, para terminar, quiero volver al Espíritu Santo, a este Viento que sopla en cada una/o de nosotros. Este aliento en nosotros es más grande que nosotros. Nos aproxima y nos hace interdependientes con todos los vivientes. Un soplo de muchas formas, colores, sabores e intensidades. Soplo de compasión y de ternura, soplo de igualdad y de diferencia. Este aliento o soplo no puede ser utilizado para justificar y mantener estructuras privilegiadas de poder y tradiciones antiguas o medievales, como si se tratara de una ley o una norma indiscutible e inmutable.
El viento, el aire, el espíritu sopla donde quiere y nadie debe atreverse a querer ser ni por una sola vez su dueño. El espíritu es la fuerza que nos acerca a unos con otros, es la atracción que permite nos reconozcamos como semejantes y diferentes, como amigas y amigos, y que juntos/as busquemos caminos de convivencia, de paz y de justicia.
Estos caminos del espíritu son los que nos permiten reaccionar ante las fuerzas opresivas que nacen de nuestra propia humanidad, los que nos llevan a denunciar a las fuerzas que impiden la circulación de la savia de la vida, quienes nos llevan a des-cubrir los secretos ocultos de los poderosos. Por tanto, el espíritu se muestra en las acciones de misericordia, en el pan compartido, en el poder compartido, en la cura de las heridas, en la reforma agraria, en el comercio justo, en las armas transformadas en arados, en fin, en la vida en abundancia para todas/os. Éste parece ser el poder del espíritu en nosotros, poder que necesita ser despertado en cada nuevo momento de nuestra historia, y ser despertado en nosotros/as, entre nosotros/as y para nosotros/as.

Fuente: Koinonia, # 125, 2013.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Benedicto XVI acepta la `justificación por la fe´ de Martín Lutero

ROMA, 23/11/2008 (Efe/ACPress.net)
En la catequesis del pasado miércoles, Benedicto XVI trató la doctrina de la justificación. El Papa analizó de manera positiva la teología de Martín Lutero de la “Sola fe” (justificación por la fe), lo que ha suscitado comentarios favorables por parte de las iglesias luteranas. Así, el decano de la Iglesia Evangélica Luterana en Italia, Holger Milkau, ha expresado: `siempre es un gusto escuchar al Papa hablar de Lutero, sobre todo si afronta argumentos que se comparten´.
`Cristo nos hace justos´, dijo el Papa. `Ser justo quiere simplemente decir estar con Cristo y en Cristo. Esto basta. No hacen falta otras observancias´. Milkau aprueba este enunciado del pontífice, aplaudiendo también la interpretación que hizo de uno de los puntos centrales de la doctrina de Martí Lutero (1483-1546): la doctrina de la `justificación por la fe´. Lutero, interpretando la carta a los Romanos, se convenció de que el cristiano se salvaría `sólo por la fe´ y no por las `obras´ que realiza. Benedicto XVI explicó que `la expresión `sola fe´ de Lutero es verdadera, si no se opone a la fe y a la caridad, al amor´. Según el decano luterano, `para los protestantes no hay problema a la hora de afirmar que el ágape es realización en la comunión con Cristo´. Ahora bien, siguiendo sus propias fuentes teológicas, Milkau propone con una visión protestante ampliar `esta reflexión también al problema de la iglesia. Las palabras del Papa podrían también significar que para estar en Cristo no hace falta pertenecer a la misma iglesia, pues el ágape es el elemento esencial de la comunión con Cristo´. Y sigue diciendo: `la justificación por la fe y no por las obras ha sido acogida y aceptada ya como base del credo cristiano. El Papa, sin embargo, ha expresado un “si”, y no podía ser de otro modo. Este `si´ lo ve en el peligro del libertinaje que niega Pablo y, con él, también Lutero. La fe tiene que tener una consecuencia, que, según los luteranos, se expresa en el compromiso por la libertad del prójimo, compromiso a veces difícil y lleno de sufrimiento´. `Desde nuestro punto de vista -dice Milkau-, no es por tanto suficiente definir por decreto lo que es bueno y condenar lo que no lo es. Por el contrario, hay que incentivar la capacidad de juicio para ser cada vez más autónomos y responsables, pero al mismo tiempo conscientes de ser falibles también en el amor. “Sola fide” no significa no fiarse de los propios poderes, sino esperar todo de Dios´.
LAS DECLARACIONES DEL PAPA
Benedicto XVI habló de la `Doctrina de la Justificación´, uno de los temas más controvertidos de la reforma protestante, y dijo que su compatriota Lutero no se equivocaba cuando decía que `nos salva sólo la fe´, pero matizó que siempre que esa fe `no se oponga a la caridad y al amor´. Ante unas 20.000 personas que asistieron en la plaza de San Pedro a la audiencia pública, el Papa dedicó la catequesis a cómo el ser humano se convierte en justo a los ojos de Dios, tema central en las cartas de San Pablo y uno de los asuntos que durante más de cuatro siglos han separado a protestantes y católicos. El Pontífice resaltó que el Apóstol Pablo -cuyos escritos inspiraron profundamente a Lutero- afirmaba en sus cartas a los cristianos de Roma que `el hombre es justificado por la fe con independencia de las obras de la ley´. Lutero interpretó `justificados por la sola fe´, manifestó el Papa, que añadió que `la palabra ´sola fide´ (sólo la fe) de Lutero es verdadera si no se opone a la caridad, al amor´. Ser justo, aseguró el Papa, significa `sencillamente estar con Cristo, por lo que los otros preceptos ya no son necesarios´.
LA GRAN CUESTIÓN PENDIENTE
Ya el 31 de octubre de 1999, luteranos y católicos firmaron en Augusta (Alemania) una declaración sobre la Doctrina de la Justificación, considerada un importante paso en el camino ecuménico. Sin embargo, y siendo un paso sin duda positivo este reciente acercamiento en palabras de Benedicto XVI a un aspecto básico de la teología de Lutero, queda pendiente –entre otras- una importante cuestión: ¿quién administra esta gracia de Dios que viene por la fe en Jesús? Porque según la teología católica, esa gracia es administrada a través de “la” Iglesia (católica) desde el bautismo, pasando por los sacramentos (confesión, comunión), hasta llegar a la extrema unción y la intercesión por los difuntos. Es decir, se admite que existe una línea telefónica que la gracia de Dios da al hombre por la fe en Jesús, pero la centralita la lleva la jerarquía católica, que es la que interpreta, dicta, decide y hace de intermediaria permanente en la relación del hombre con Dios. El protestantismo entiende sin embargo que el cristianismo bíblico sólo admite a Jesús como intermediario “porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (2ª carta a Timoteo 2:5). Además, a esta cuestión de la "Sola fe", habría que hablar de la "sola gracia" y "sola Escritura". Pero, de momento, en estas cuestiones Benedicto XVI no ha entrado, así que quedan en el archivo de "pendientes".
Fuente: Efe. Redacción: ACPress.net