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jueves, 16 de marzo de 2017

¿Qué clase de “Reforma” tiene intención de hacer el Papa Francisco?



Por. Leonardo De Chirico, Italia
“Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una reforma perenne, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad” (La Alegría del Evangelio 26). Estas palabras del Papa Francisco, que son en realidad una cita del Vaticano II, reflejan una profunda convicción referente a la necesidad de una reforma continua en la iglesia. La pregunta es: ¿Qué clase de reforma tiene intención de hacer?
El reciente libro La reforma e le riforme nella Chiesa (La Reforma y las Reformas en la Iglesia) ayuda a contestar esta pregunta. Se trata de la publicación de los procedimientos de una conferencia internacional celebrada en Roma en 2015, organizada por la revista jesuita La Civiltà Cattolica sobre el tema de la reforma de la iglesia. El tamaño del libro, que contiene 30 artículos, y la proximidad de los editores al Papa (Spadaro es el jesuita editor de la revista y Galli es un teólogo argentino) contribuyen a hacer del libro una herramienta valiosa para comprender lo que piensa el Papa de la reforma.
NI UNA PALABRA NUEVA
En la iglesia occidental, las conversaciones sobre la reforma se han ido sucediendo desde los Concilios de Viena (1312), Constanza (1414-1418) y el de Letrán V (1512-1517). Por lo tanto, la palabra es parte del lenguaje de la Iglesia, incluso antes de la Reforma Protestante. El Concilio de Trento (1545-1563) lo utilizó abundantemente para promover cambios a nivel de la organización eclesiástica. En siglos posteriores se utilizó la palabra con precaución, por no decir con recelo, dado su sabor protestante. Fue con el Vaticano II (1962-1965) que empezó a circular (por ej. Lumen Gentium 4) usando también “aggiornamento” (actualizado) y renovación. Típicamente, el sentido católico de reforma es continuidad en el cambio y cambio en la continuidad. De nuevo, es el Vaticano II que establece el tono para la interpretación cuando dice que “cada renovación de la Iglesia está fundamentada esencialmente en un aumento de la fidelidad a su propia vocación” (Unitatis Redintegratio 6). Cuando se reforma, la Iglesia Católico Romana no pierde nada del pasado, sino que más bien trata de hacerse más fiel a lo que ya es. El criterio de reforma no es externo ni objetivo, como sería el caso si lo hicieran reconociéndolo en la Palabra de Dios, sino que siempre es interno y eclesial, esto es, la misma Iglesia establece los parámetros de su propia renovación.
Sobre este trasfondo, el Papa Francisco ha estado hablando sobre la reforma en el contexto de llamar a la iglesia a relanzar su ímpetu misionero. No hay a la vista ni la reforma de la doctrina ni de las devociones. En el relato papal, la reforma significa acelerar el proceso instigado por el Vaticano II.
LOS DOS EJES
La propia mentalidad de Francisco sobre la reforma de la Iglesia tiene dos pilares primordiales. El libro citado antes contiene una amplia evidencia afirmando ambos. El primero tiene que ver con el aumento de la “sinodalidad”, es decir, la participación de muchos integrantes en el proceso de la toma de decisiones. El papa quiere cambiar la forma en que se gobierna la Iglesia universal, de tal manera que la iglesia local, ya sean diócesis o conferencias episcopales, jueguen una parte mucho más importante en las decisiones que la afectan, sin cuestionar el ministerio universal del Papa. En resumen, Francisco desea acortar la distancia entre Roma y la Iglesia local, para asegurarse que todos actúan mejor juntos. En un resumen programático los editores escriben: “la reforma de la iglesia es la reforma sinodal de las iglesias locales y de la iglesia entera” (p. 12). La Reforma es, por consiguiente, una dinámica participativa que introduce algunos cambios estructurales menores en la organización interna de la iglesia.
El otro eje tiene que ver con la “revolución de la sensibilidad” de la que Francisco ha estado hablando desde su elección en 2013. Según este programa, la primacía de la misericordia necesita ser reconocida e implementada a todos los niveles. El Año de la Misericordia, recientemente terminado, ha indicado la naturaleza inclusiva y envolvente de lo que representa para el Papa insistir en la misericordia, desatendiendo a veces algunos aspectos de la enseñanza bíblica acerca del arrepentimiento de los pecados y volver sólo a Cristo para ser salvos de nuestra separación de Dios.
La sinodalidad y la misericordia son los dos índices de la reforma que el Papa tiene en mente. No hay ningún indicio de lo que la Reforma del siglo XVI significó para la iglesia, o sea, la recuperación de la autoridad suprema de la Biblia y el mensaje de salvación sólo por fe. No hay síntomas de ello en el sueño papal para una reforma. De acuerdo con el punto de vista de Francisco en el futuro de la Iglesia Católico Romana habrá espacio para más discusión y participación en los diferentes asuntos a todos los niveles y estará marcado por la omnipresencia de la misericordia. Esto es perfectamente legítimo de su parte e incluso admirable. Sin embargo, la siguiente pregunta permanece: ¿es ésta una reforma según el Evangelio? ¿Reconoce la misma realmente la primacía de Dios para llamar a la iglesia de nuevo al conjunto del consejo de Dios, arrepentirse de las desviaciones del Evangelio y renovar el compromiso de ser fiel al mismo? En sus cometidos con las estructuras y las actitudes, ¿entiende adecuadamente la necesidad de una reforma de la doctrina y la práctica según la Palabra de Dios?
Algunos evangélicos parece que están fascinados por la fenomenológica del Papa Francisco, a pesar de que no siempre entienden su visión teológica. Abordar el asunto de la “reforma” es un significativo punto de entrada en su mundo y da la oportunidad de empezar a comprenderlo. Cuando el Papa conmemora el 500º aniversario de la Reforma Protestante, lo que tiene en mente es una clase de reforma completamente diferente, es decir, una reforma que hará a su iglesia más católica y más romana; pero dudosamente más evangélica. 

Fuente: Protestantedigital, 2017

domingo, 13 de octubre de 2013

La salvación universal y el papa Francisco

Por. Leonardo de Chirico, Italia*
Los Papas anteriores comunicaban su pensamiento únicamente mediante las páginas impresas de sus encíclicas y sus discursos oficiales. Uno de los principales cambios que está introduciendo el Papa Francisco es revertir el equilibrio; él habla más a través de la prensa. Hace poco, su respuesta al editor del periódico italiano  La Repubblica  y las entrevistas concedidas a diferentes publicaciones jesuitas demostraron esta tendencia y el interés generado entre los medios de difusión es evidente.
Cuanto más habla el Papa Francisco, más clara resulta su teología.Siempre ha dicho que los dogmas tradicionales y el Catecismo están en el fondo de lo que él afirma y que nada sustancial cambia en sus comentarios sobre la infinita misericordia de Dios y la bondad dentro de cada ser humano. Pero, esto es verdad solamente en parte.
Diferentes intérpretes católico romanos siempre han jugado con la tarea de poner distintos acentos en la misma partitura y Francisco está poniendo deliberadamente su acento preferido  -fortissimo-  en otro dogma fundamental. En vista de su marianismo y del enfoque de su mentalidad sobre la misión, ya elaborados, los dos últimos informes escritos y las entrevistas han arrojado más luz sobre su punto de vista básico de la relación entre la naturaleza y la gracia.
“UNA CERTEZA DOGMÁTICA”
Hablando a los periodistas, compañeros suyos jesuitas, procedentes de todo el mundo (19 Set.), el Papa Francisco dijo muchas cosas y estos comentarios están atrayendo una gran cantidad de reseñas positivas. A continuación nos centraremos en una en particular:
“Tengo una certeza dogmática: Dios está presente en la vida de cada una de las personas. Dios está en la vida de todos. Aun cuando la vida de una persona haya sido un desastre, incluso si está destrozada por vicios, drogas o algo más, Dios está en la vida de esta persona. Tú puedes, tú debes intentar buscar a Dios en cada vida humana. Aunque la vida de una persona es una tierra llena de espinas y maleza, siempre hay un espacio en el cual la buena semilla puede crecer”.
Este Papa no es alguien a quien le guste el lenguaje dogmático, al menos en la superficie. Sin embargo, aquí utiliza el lenguaje más enérgico posible. Realmente quiere significar lo que está diciendo. Dios está en la vida de cada uno.
Esta declaración sin reservas plantea preguntas sobre lo que piensa el Papa de la naturaleza del pecado en la vida humana y de la realidad de nuestro “alejamiento” de Dios en nuestro pecado (p.e. Romanos 3:23). Mientras enseña que los que creen en El serán salvos, la Biblia dice claramente que somos enemigos de Dios porque somos pecadores y, por lo tanto, estamos bajo su juicio. En su lugar, el Papa quiere afirmar el dogma de que Dios está presente porque siempre existe algo “bueno” residual en el hombre.
“OBEDECER A LA PROPIA CONCIENCIA”
Otro comentario efectuado por el Papa Francisco refuerza su punto de vista dogmático acerca de la inherente apertura del hombre a la presencia de Dios. En respuesta al editor de  La Repubblica  (11 Set.), escribe lo siguiente:
“Me pregunta si el Dios de los cristianos perdona a alguien que no cree y no busca la fe. Premisa de que, y esto es lo fundamental, la misericordia de Dios no tiene límites si uno vuelve a él con un corazón sincero y contrito; la cuestión para alguien que no cree en Dios radica en obedecer la propia conciencia. El pecado, también para los que no tienen fe, existe cuando se va contra la propia conciencia. Escucharla y obedecerla significa, en realidad, decidir frente a lo que se percibe como bueno o malo”.
Poniéndolo más sencillo: obedecer la propia conciencia es lo que Dios tendrá en cuenta en la concesión del perdón. Nótese que aquí el Papa no está hablando de los que nunca han oído el evangelio, sino de aquellos que no creen sabiendo lo que hacen. Aparentemente, ir contra la propia conciencia cuenta más que ir contra la revelación de Dios. A pesar de que la Biblia enseña que no hay excusa delante del justo juicio de Dios (p.e. Romanos 2:1), Francisco dice en esta ocasión que la conciencia es el último juez a quien Dios someterá a sí mismo. La conciencia humana es el factor determinante para el perdón de Dios.
EL ESQUEMA DE LA “GRACIA DENTRO DE LA NATURALEZA”
Estas dos declaraciones, o sea, que Dios está en cada persona y obedecer la propia conciencia es lo que realmente importa son, en consecuencia, parte de un “dogma” coherente de bondad humana y salvación universal. 
Lo que es importante observar no es tanto los detalles de cada afirmación, sino más bien la visión teológica general que se encuentra en su núcleo. Tradicionalmente, el catolicismo romano ha trabajado dentro del esquema naturaleza-graciadependiente en gran medida de su tradición tomista pontificalmente ratificada. Según esta metanarrativa teológica, la naturaleza, aunque defectuosa debido al pecado, es elevada por la gracia a su fin sobrenatural y el sistema sacramental de la Iglesia es la forma en que la gracia opera esta elevación.
Además, en el siglo XX, este esquema fue modificado significativamente y recibió un importante respaldo en el Vaticano II. Mientras que el esquema antiguo implicaba que la gracia necesitaba ser “adicional” a la naturaleza, la nueva versión reclama que la gracia es ya parte de la naturaleza y trabaja dentro de sí misma, no como algo extrínseco sino intrínseco a ella. La gracia es inherente a la naturaleza y a través del sistema sacramental de la Iglesia se despliega cada vez más.
Un defensor de la estructura “la gracia dentro de la naturaleza” fue Karl Rahner (1904-1984), también jesuita. Su visión del “cristiano anónimo” afirma que a cada ser humano, por el hecho de serlo, ya se le concede la gracia y por tanto es cristiano, aun cuando no sea consciente de ello o no quiera serlo.
Si bien no utiliza el idioma rahneriano, el Papa Francisco opera dentro de un marco “dogmático” similar. Dios está presente en todas las personas y la conciencia de cada uno es lo que en definitiva contará. A pesar de todo su atractivo misionero y su actitud misericordiosa, lo que Francisco dice no son buenas nuevas para las personas centradas en el Evangelio.
   
 
Fuente: Protestante Digital 2013

martes, 1 de octubre de 2013

Francisco, un jesuita de Trento.

Ecumenismo de Trento; ¿se han parado a pensar qué ecumenismo era posible con Ignacio? Pues no hay más. No es posible más. 

Concedió el Papa una entrevista, larga, a la revista de la casa  Civilización Católica. No suelo leer documentos ni encíclicas, al menos hasta donde no se afirme desde el Vaticano un rechazo absoluto de sus pretensiones y posiciones basadas en fraudes (donación de Constantino, donación de Pedro, etc.). Sin eso, todo es más de lo mismo, con lenguaje adaptado para engañar.
Sin embargo, esta entrevista, lo que de ella se publica (27 pág.), por curiosidad he querido leerla por los comentarios que sobre la misma se han vertido. Resulta que este papa es un reformador, uno que viene a cambiar la maquinaria del Vaticano, así lo han presentado. Y en la lectura lo que queda es un jesuita tridentino, con su lenguaje adaptado, cuyas respuestas son de manual jesuita. Puse las siguientes notas sobre la marcha, pues se trata de una explicación de los  ejercicios , eso sí, no por un director cualquiera. Nada de reformas o cambios, los  ejercicios , sin más. Se trata de “tú eres Trento, y sobre ti edificaré el Vaticano I y el II, y no habrá reforma ni cambio que pueda prevalecer sobre tu naturaleza”, que le dijo su  Cristo .
El primer paso del manual es conceder la entrevista a la revista de la casa. Todo jesuita debe prestigiar la casa como un fin principal. Son los mejores y tiene que quedar claro. Claro que también quedan al descubierto las sonrisas espontáneas y felices de las otras instancias de la Iglesia romana ante el privilegio otorgado a los de la casa. Seguro que, por ejemplo, están sonriendo los dominicos. “Santo Padre, ¿qué le movió a tomar la decisión de entrar en la Compañía de Jesús? ¿Qué le llamaba la atención en la Orden de los jesuitas?”. “Quería algo más. Pero no sabía qué era.” Algo más, ¿se dan cuenta?, y esto en el mismo inicio de la entrevista. Algo más, claro, los jesuitas son “algo más”. Sigue, “me atraían los dominicos y tenía amigos dominicos. Pero al fin he elegido la Compañía”.
El acto previo es igualmente modelo jesuita; va a mostrar opiniones sobre temas diversos, eso está bien, pero se  asume  su condición de papa sin objetar nada, es lógico, pero conviene que lo que viene luego no oculte lo anterior (tampoco esto es peculiar, es común al discurso de la Iglesia romana). Los que han mencionado las virtudes, o faltas, de la entrevista, ¿tienen en cuenta que se acepta todo el modelo papal como algo incontestable? Cuando se dice que este papa, o antes otro, u otro, va a cambiar la vida del Vaticano, ¿se cae en la cuenta de que todo presupone el discurso previo de aceptación de la institución? Sucesor de Pedro y vicario de Cristo en la tierra. El problema no son los actos específicos, con todo lo grave que sean, sino la propia estructura. Efectivamente el papa es “un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos”. Suena bonito. Eso de pecador, es jesuita hasta la médula. Un pecador, claro, pero que logra “convertirse”, transformarse, por medio, ahí de nuevo están, los métodos, la técnica de Ignacio. Si los “religiosos son profetas”, que “eligieron un modo de seguir a Jesús que imita su vida con la obediencia al Padre, la pobreza, la vida de comunidad y la castidad”, este es el espacio donde el “pecador” alcanza la perfección evangélica. El otro espacio es el de las obras, que procuran bajo tutela de la jerarquía y de esos que están en la institución de perfección en la imitación de Cristo, que procuran como pago y penitencia por los pecados que comenten; no es un espacio de perfección, solo de compensación.
Admitir que ha sido “mirado por Jesús” es imposible. Cristo no mira ni elige a ningún papa. Son su opuesto, usurpan su lugar. Otra cosa es que esa elección la traslademos a la esfera de la soberanía absoluta de Cristo, en ese caso, también eligió a Judas.
Vean que en todas las preguntas aparece Ignacio y sus técnicas de perfección. En las respuestas, igual. Estamos en Trento. Pero con el discurso jesuita de adaptación, de frontera, de encontrarse con la gente aquí y ahora, en el presente con su contexto. Ese contexto presupone encontrarse con los divorciados, los matrimonios no canónicos, etc. Pero es el contexto, no la esencia. Se trata de poner a Trento, sin cambiarlo, en el siglo XXI. Esto es lo que hacen los jesuitas en toda su historia. Siempre Trento, cambian los discursos y los espacios. Esto es lo que hace este papa.
“¿Cómo entiende el servicio a la Iglesia universal, que Ud. ha sidollamado a desempeñar, a la luz de la religiosidad ignaciana?”. Respuesta de manual, dice que se trata del “discernimiento”. Esto es lo corresponde a la primera semana de los  ejercicios.  El “discernimiento de espíritu” que se logra con la adecuada dirección y técnica en la primera etapa, para seguir en la segunda pudiendo escoger entre “las dos banderas”. Se debe colocar el sujeto para “sentir” las cosas de Dios desde el punto de vista de Dios. Trento, Trento. Este Dios es el que ha establecido a la Iglesia Jerárquica, a la que se debe servir y obedecer. No es el que habló con Pedro. Ahora estos que usurpan el lugar de nuestro Pedro, hablan de su propio “Dios” y lo colocan como el de Pedro. Trento, Trento.
Se reitera en la otra pregunta, que tiene a la Compañía de Jesús, por si alguien no sabía de qué iba el asunto, incluso como título. “El discernimiento es, por tanto un pilar de la espiritualidad del Papa. Esto es algo que expresa de forma especial su identidad de jesuita… ¿cómo puede la Compañía de Jesús servir a la Iglesia de hoy?”. De manual. Pregunten a cualquier director de ejercicios espirituales. La Compañía debe de tener delante aquello de a mayor gloria de Dios, pero eso dentro de la “Iglesia Esposa Verdadera”. Trento, Trento. Apocalipsis lo pone al descubierto. Esposa, esposa, depende de quien lo defina. “Cristo Rey que nos conquista y al que ofrecemos nuestra persona y todos nuestros esfuerzos, aunque seamos poco adecuados vasos de arcilla”. De manual; parece que algunos evangélicos copiaron el manual. Somos la élite de la perfección evangélica, de la que tuvo que ser pregonero Ignacio, todo gloria humana, pero con “humildad”, vasos de arcilla.
Trento en el siglo XXI. Sigue el papa, “el instrumento que hace verdaderamente fuerte a una Compañía descentrada es la realidad, a la vez paterna y materna, de la ‘cuenta de conciencia’, y precisamente porque le ayuda a comprender mejor la misión”. El entrevistador explica algo de esto. Es realmente diabólico. Se trata de la confesión, a la que se da tanta importancia, pero una confesión especial. Se tiene que revelar todo lo que está en el alma, pero no a Cristo, sino al superior, al director. Todo; sean gracias o tentaciones. Lo humano aplastado; esclavos de los hombres. Esta “cuenta de conciencia” se tiene que renovar cada año (¿ante quién lo hará el papa?), así el superior puede manejarlos y enviarlos. Todo para estar en misión, para servir a la Iglesia, entendida como “pueblo de Dios” y “santa madre Iglesia Jerárquica” (Trento, Trento. Ignacio, Ignacio).
El modelo del papa, pues Pedro Fabro (Pierre Favre). Encontrarse en la frontera, incluso con el adversario. Ecumenismo de Trento; ¿se han parado a pensar qué ecumenismo era posible con Ignacio? Pues no hay más. No es posible más.
El papa y el entrevistador siguen con su manual. Tienen ahora que “mostrarnos” el “verdadero rostro del fundador”. Una “reforma del Vaticano” con Ignacio, esto es lo que hay. No busquen otra cosa; si la quieren, adelante. Se tendrá que convenir en “sentir con la Iglesia” (esa Jerárquica), como lo” describe Ignacio en sus  Ejercicios Espirituales ”. En esa comunidad: jerarquía, sacramentos, es donde se mueve el Espíritu Santo y la guía, por supuesto (que estamos en la frontera) también “la gente”.
La condición actual “de la gente” requiere que las “acompañemos con misericordia”. Trento, Trento. Esa misericordia es la confesión, la penitencia, el purgatorio. Tanta publicidad con los divorciados, los homosexuales, etc., y se trata de la confesión, eso sí, “el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”.
Que la mujer es importante en la Iglesia. Claro, y está en la Compañía, como todos saben. En la “frontera” te encuentras con todos, te acercas sonriendo, y los metes en Trento en cuanto se descuiden. Eso es de lo que se trata. No hay más.
No sigo más. Pero sí quiero resaltar el aspecto que el papa propone como “confirmación” del “discernimiento de espíritus”, se trata de la “consolación espiritual”. Así lo dice sobre su elección como papa. Su consolación le dijo que su discernimiento de su momento, su persona en su nueva situación, era de Dios. Esto es copia de Ignacio. Mucho “diálogo, discernimiento y frontera”, para empezar y terminar en Trento. No hay otro lugar donde posar el pie. Incluso en la oración, donde la frontera se hace más compleja, el papa propone “la memoria de que habla san Ignacio en la primera Semana de los Ejercicios, en el encuentro misericordioso con Cristo Crucificado. Y me pregunto: ‘¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo?’”. Bueno, ya no sé si esto es típico jesuita, o típico de un modelo de “protestantismo”.

Trento en lenguaje del siglo XXI. Sin cambios.
 
©Protestante Digital 2013

sábado, 30 de marzo de 2013

Tres tareas del papa Francisco

Por. Leonardo de Chirico, Italia*
 La elección del Cardenal Bergoglio al papado responde a tres asuntos fundamentales que el cónclave consideró que era necesario abordar. Estos argumentos ayudaron a dibujar el perfil del nuevo Papa y el Cardenal Bergoglio encajaba en el mismo.  En su primer y corto discurso frente a la multitud que le aplaudía en la Plaza de San Pedro, la figura más citada fue la de la Virgen María a quien se encomendó él y su predecesor.
Su primera cita en su primer día de papado fue una visita a la basílica mariana de Sta. María la Mayor de Roma para pedir a María su guía y su ayuda. Una manera más jesuítica que franciscana de empezar un papado.
LA TAREA TRANSICIONAL
Nadie en la curia dirá nunca que el reinado de Benedicto XVI fue un fracaso. Sin embargo, la impresión es que la elección del Papa Bergoglio es un reconocimiento implícito de que el papado anterior no logró todo lo que de él se esperaba, especialmente en lo referente al principal punto de la agenda, es decir, las relaciones con el Occidente laico. Tras ocho años de reinado de Benedicto, el Occidente secular se ha vuelto más distante de la Iglesia y también más crítico con la misma. Además, la Iglesia curial ha dado el más pobre resultado en términos de falta de normas cristianas. Por consiguiente, la Iglesia necesitaba un Papa diferente.
Entre el tradicional y todavía secularizado Occidente y el vibrante, aunque todavía “joven”, Sur Global, el cónclave ha escogido la clásica “via media”, o “camino del medio”.
El Papa Bergoglio nació en Argentina en el seno de una familia italiana. Es latino americano pero con orígenes europeos. Encarna la transición entre el “establishment” occidental y el fervor de los habitantes del Sur. Tal vez el cónclave creyó que si elegía a un Papa africano o asiático habría resultado un tramo demasiado largo e injustificado. Por otra parte, adherirse a otro Papa europeo habría sido demasiado de un movimiento geopolítico conservador que la Iglesia no puede soportar. El Papa Bergoglio es una figura intermedia. Diferente pero no extraña. Parecida pero no es una réplica.
También es una figura de transición en cuanto a su edad(76 años). No es un Papa “joven” con la expectativa de un papado largo, ni es tampoco un Papa “anciano” con poco tiempo por delante. Su papado pondrá a prueba la voluntad de la Iglesia de Roma
de ir más allá de la posición inmovilista de los años recientes, pero puede que no tenga el tiempo suficiente para ver realizados los cambios. El cónclave no encomienda largos papados a la Iglesia Católica (como el de Juan Pablo II), pero en cambio ha optado por mantener el futuro a la vista, a la espera de ver como se desarrollará este papado. Al mismo tiempo la jerarquía se reserva el derecho de hacer cambios si lo considera necesario.
Al Papa Bergoglio se le presenta como un “outsider”, pero en realidad no lo es. Apoyado por el Cardenal Martini, Bergoglio fue finalista en el cónclave de 2005, en el que Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI. Es bien conocido por los cardenales y fue aparentemente considerado “fiable” por el cónclave.
En la lista de los principales candidatos antes del cónclave estaba el brasileño Scherer, otra figura transicional. A Scherer, no obstante, se le percibía al parecer muy implicado en la política de la curia romana para ser capaz de liberarse de sus maniobras. Bergoglio está integrado pero no está vinculado corporativamente con el mundo curial.
LA TAREA APOLOGÉTICA
El nombre escogido por el Papa Jesuita es Francisco. Mencionó que Francisco es una referencia a Francisco de Asís (1181-1226). La prensa internacional acentuó mucho este simbolismo franciscano y, por lo visto, le gustó. Aparentemente combinará la agudeza jesuita con el énfasis en la pobreza y la austeridad. Esta decisión tiene que ver con la voluntad de marcar una transición apologética tratando de conquistar el mundo moderno.
Ratzinger se dirigió al mismo dando conferencias como un profesor, pero a Occidente no le gustan los maestros individualistas y verticalistas. Ratzinger argumentaba sus posiciones de una forma muy hábil e intelectual, pero Occidente prefiere las celebridades que puedan encender su imaginación. Ratzinger denunciaba el relativismo moral de nuestros días, pero a Occidente no le gusta la gente que no practica lo “políticamente correcto” de aceptarlo todo. La estrategia de Ratzinger terminó en inmovilismo.
El Papa Francisco comenzó su papado con un estilo apologético muy diferente. Accesible, normal, corriente, le gusta estar con la gente, hablar su lenguaje y hacer su mensaje sencillo. Ratzinger subrayaba “la fe y la razón”, en cambio Francisco es probable que ponga el énfasis en “la misericordia y la sencillez”. Ratzinger se dirigía a Occidente como teólogo; Francisco es posible que insista en la humanidad común de todos. La diferencia es significativa.
¿Llegará la Iglesia a ser pobre y mansa? ¿Dará prioridad a un estilo de vida más sencillo? ¿Pondrá un mayor énfasis en sus labores espirituales que en sus intereses seglares?
Una cosa que debe recordarse es que Francisco de Asís no quería reformar toda la Iglesia, sino que deseaba obtener el derecho, por parte de la iglesia oficial, de vivir en la pobreza con su círculo de amigos. Anhelaba un lugar apropiado para proseguir con sus ideales evangélicos, dejando intacto el aparato de la iglesia imperial. La Iglesia de su tiempo le dio de buena gana lo que quería porque no se sentía amenazada por él.
Veremos si el Papa Francisco conseguirá que la pobreza evangélica deje de ser un lugar de unos pocos idealistas y se convierta en el estándar de la Iglesia mundial. Si es éste el caso, tendrá que examinar a Pedro Valdo (1140-1218) a quien le gustaba que Francisco practicara la pobreza evangélica, pero desafió a la iglesia oficial a hacer lo mismo. Francisco fue integrado y Valdo fue perseguido.
LA TAREA GEOPOLÍTICA
Un pensamiento final sobre el significado geopolítico de la elección. El Papa Bergoglio viene de un país donde, en las últimas décadas, el statu quo secular , que vio el catolicismo romano siendo la religión dominante, ha sido sacudido por el crecimiento de las iglesias evangélicas y nuevos movimientos religiosos de varias clases.
Este fenómeno diseña una nueva geografía espiritual del país. Lo mismo puede decirse de otros países latinoamericanos. Es interesante que la Iglesia Católica elija un Papa procedente de América Latina y le encomiende la misión de supervisar y presidir este espacio religioso continental que ha llegado a ser diluido por no decir débil. La respuesta tradicional al crecimiento numérico de los evangélicos ha sido etiquetarlos como “sectas” y “cultos”, pero este enfoque despectivo no detiene a los millones de personas que abandonan la Iglesia Católica. Ahora, el mismo Papa estará directamente implicado en rescatar el continente.
Algo importante está sucediendo en América Latina y el riesgo de perder el continente hizo que se considerara la necesidad de encauzarlo al más alto nivel.
El Papa Francisco es una figura de transición. El tiempo demostrará de qué forma será latinoamericano, curial, jesuita y franciscano.

Traducción: Rosa Gubianas
©Protestante Digital 2013
 
EL PAPA FRANCISCO REZA A LA VIRGEN CON BENEDICTO XVI