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lunes, 18 de noviembre de 2013

Educación teológica y misión

Por. Eliseo Casal, España*
Hay que entender la función de la educación teológica en la iglesia no como mera transmisión de conocimiento o doctrinas, sino como la preparación de las personas, discípulos de Cristo, para vivir su existencia en el seguimiento de Jesucristo, siguiendo su ejemplo, viviendo para glorificarle.
La educación teológica debe tomar como punto de partida la Gran Comisión, que expresa con claridad el propósito de Jesucristo de edificar su iglesia por medio de “hacer discípulos”, lo que supone la proclamación del evangelio, la incorporación a la iglesia, y la integración de la enseñanza de Jesús en la vida de cada discípulo. Llevar a cabo la Gran Comisión en un mundo plural, cambiante y posmoderno, supone un reto doble: la fidelidad en la transmisión de los contenidos y la claridad en la comunicación de los mismos a una generación posmoderna que, como alguien ha definido, escucha con la vista.
El libro misionero por excelencia, Hechos, coloca en un lugar central -para el desarrollo de la misión- la fundamentación de la iglesia en la doctrina de los apóstoles. Hechos es una segunda parte de la obra de Lucas que tiene en su inicio la declaración de propósito “para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido” (Lc. 1:4), es decir, “has sido discipulado”. En los albores de la iglesia, un elemento fundamental de su vida era perseverar en la doctrina de los apóstoles (Hch. 2:42). La evangelización y la educación teológica van de esta manera de la mano. La enseñanza bíblica no es una actividad accesoria, superflua, que se pueda obviar, es una necesidad y una responsabilidad de la iglesia si quiere ser fiel al llamado de Jesucristo y consecuente con la misión que le ha sido encomendada, y esta enseñanza debe enfocarse en la formación y transformación de las personas en discípulos de Cristo.
Una primera consecuencia es entender la función de la educación teológica en la iglesia no como mera transmisión de conocimiento o doctrinas, sino como la preparación de las personas, discípulos de Cristo, para vivir su existencia en el seguimiento de Jesucristo, siguiendo su ejemplo, viviendo para glorificarle.
CENTRANDO EL OBJETIVO DE LA EDUCACIÓN TEOLÓGICA
No se pude superar en la formación teológica cristiana el objetivo que marcan las mismas Escrituras: llevar a los cristianos al crecimiento “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:13). Cristo debe ser el referente de la educación teológica.
Este objetivo abarca a todos los creyentes, no a un grupo especial o selecto. La idea de que la teología es solo para algunos, probablemente tiene como base un enfoque muy centrado en la parte intelectual y no en la dimensión práctica. La formación teológica es la base para el desenvolvimiento de la vida del cristiano en el mundo de acuerdo a los parámetros de Dios.
Cada vez que se expone la Palabra, bien o mal, se desarrolla una teología, una visión de Dios y del mundo que afecta a la vida positiva o negativamente, afianzando en la verdad bíblica o desviando de la correcta interpretación a los oyentes. Por ello, un aspecto clave para una buena educación teológica será la buena preparación de los líderes que han de comunicar la enseñanza a las iglesias.
LA FUNCIÓN DEL LIDERAZGO
La formación teológica debe comenzar con aquellos que tienen la responsabilidad del liderazgo en las iglesias, siguiendo los principios del discipulado tal como aparecen en la carta a Timoteo: encargar a personas fieles que sean idóneas para enseñar también a otros. La importancia clave de esta preparación la podemos observar en el mismo proceso que siguió Jesucristo con sus discípulos: tres años de convivencia con una dedicación continuada para formarlos a fin de que estuviesen capacitados para llevar a cabo la misión de extender el evangelio. Una formación intensiva que incluía tanto clases magistrales en las que exponía con concisión y claridad los principios de la vida a sus discípulos, momentos de discusión y preguntas, una apologética sobre la marcha respondiendo a los opositores religiosos, como realizaciones prácticas que servían no solo de experiencia, sino que además avanzaba el reino y permitía corregir conceptos distorsionados.
El modelo demanda que los líderes no sean meros transmisores de información doctrinal o bíblica. La formación teológica debe incluir, como parte del discipulado, la relación entre discipulador y discípulo. Esto requiere de líderes vocacionales, con el llamamiento y el reconocimiento de la iglesia; que comuniquen con su vida los valores que enseñan, que no se limiten a clases magistrales sino que se puedan convertir en referentes, en su humana debilidad, para otros. Deben, por tanto, aunar la necesaria capacitación teológica para el buen desarrollo de su labor capacitadora y educativa, con una vida íntegra. La falta de cualquiera de estos dos aspectos llevará al fracaso en la transmisión de la esencia de la educación teológica.
En nuestro contexto occidental hemos de reconocer que la enseñanza y la reflexión teológica han estado muy enfocadas hacia la parte intelectual, quedando en muchas ocasiones en la esfera de la especulación y la investigación teórica pero sin una conexión clara con la praxis cristiana y el vivir lo cotidiano. Es necesario reunir de nuevo ambos aspectos, la profundización en el mensaje de la Biblia, pero, a la vez, destacando su aplicabilidad a la vida. La enseñanza debe equipar a los creyentes para enfrentar los retos de la sociedad en la que viven y darles herramientas para tener la capacidad de defender su fe tal como exhorta el apóstol Pedro. De esta manera se cumplirá la función de los líderes de capacitar a los santos para la obra del ministerio (Ef. 4:12).
FUNCIÓN DE LAS ENTIDADES EDUCATIVAS CRISTIANAS
Un liderazgo sin una buena base bíblica no podrá fortalecer la iglesia para conocer y vivir la verdad revelada en la Palabra. Esta referencia a la Biblia es básica en nuestro contexto histórico cuando la diversidad de opiniones y las extravagancias de algunos predicadores producen una sensación de confusión respecto a los verdaderos contenidos de la fe cristiana. La exposición del mensaje de la Biblia debe ser tarea principal en la educación teológica.
Seminarios y escuelas bíblicas tienen una parte clave en la educación teológica, es parte esencial de su misión. Pero ¿cuál es el enfoque? En la práctica, la principal función de las instituciones docentes evangélicas ha estado centrada en la comunicación de contenidos bíblico-teológicos y la formación de líderes. Por parte de los estudiantes, una de las intenciones puede ser tener un título que acredite unos conocimientos para el desarrollo de un ministerio cristiano. Es evidente que es necesario un currículo completo, pero la educación teológica no debe perder su objetivo de formar el carácter de aquellos que han de ser los líderes que formarán a otras personas. Son centro de formación de formadores, de personas que van a influenciar sistemáticamente en cientos de personas.
Hay dos aspectos en los que se puede incidir desde las instituciones dedicadas a la docencia bíblica. El primero, es una revisión de nuestros currículos en los que se equilibre la dimensión teológica y la práctica. Un buen ejemplo bíblico de este quehacer son las mismas cartas de Pablo que encontramos en las Escrituras, en la mayoría de los casos contemplan una primera parte que provee la base teológica y, una segunda parte, que expresa con claridad y practicidad las líneas de actuación concreta que pueden y deben seguir los creyentes.
El segundo aspecto es que el contenido de cada materia debería incluir, así mismo, una parte práctica importante. Tomo como ejemplo la cristología. Es posible abordar la cristología desde la dimensión histórica del desarrollo doctrinal, incluir las conclusiones sobre la investigación de la persona de Jesús, entrar en el campo de los distintos modelos cristológicos, y pasar por alto temas tan relevantes y necesarios como el seguimiento de Jesús (discipulado) y la conformación de nuestra vida y carácter según su modelo. En otras palabras, podemos quedarnos en los énfasis doctrinales y especulativos, y no abordar el propósito por el cual tenemos esta revelación: la transformación de nuestra propia vida. Esta perspectiva debe impregnar también la enseñanza en la iglesia y la predicación. No debemos quedarnos en una prédica que esté enfocada en transmitir información, sino que debemos enfocarnos en la transformación y la capacitación de los creyentes para la misión que comienza con el ser y saber ser iglesia, ser un modelo de vida y de relaciones que expresen los valores del Reino de Dios y sirvan de referente en una sociedad que está en tinieblas espirituales.
Una interacción más fluida entre las instituciones y las iglesias, para formar personas con las aptitudes adecuadas y para los ministerios que se desarrollarán en estas últimas, será de gran ayuda para el avance de la obra en España.
RESPONSABILIDAD DE CADA CREYENTE
Hoy tenemos más escuelas y más posibilidades de aprendizaje, existe un nivel más alto de formación bíblica. Pero también es verdad que el interés por el estudio y conocimiento de la Biblia está concentrado básicamente en aquellas personas que tienen ministerios.
No somos, en la práctica y como antaño se nos llamaba, el pueblo del libro; la lectura sistemática y reflexiva no es una tarea mayoritaria en los creyentes. Es necesario recuperar la importancia del estudio y el examen personal de la Palabra, y no como un ejercicio intelectual para el conocer, sino desde la perspectiva del crecimiento en la piedad.
REFLEXIÓN TEOLÓGICA CONTEXTUAL
Si la formación teológica ha de ser capacitación para tener líderes discipuladores y creyentes que vivan el cristianismo en la sociedad que les envuelve, la simple repetición de conceptos no es suficiente, se hace necesaria la reflexión teológica en nuestro marco cultural.
La teología no debe tener por objeto la especulación acerca de Dios, sino la comunicación de su ser y sus demandas para nuestra generación. Una buena base bíblica nos permitirá interconectar, con criterios adecuados, los principios bíblicos y su aplicación a la vida familiar, laboral, eclesial, social, etc. La misión debe entenderse desde la propia vida, desde la existencia, no es una acción puntual, sino la vida concreta que expresamos con nuestras palabras, acciones y reacciones.
La enseñanza bíblica tiene el reto de equipar a la gente para la vida y no solo para pasar el examen del conocimiento o desarrollar un determinado ministerio en el marco de las actividades eclesiales.    

*Autores: Eliseo Casal
©Protestante Digital 2013

sábado, 25 de mayo de 2013

Creer, ver y cuestionar. Testimonio de un educador teológico

Por. Matthias Preiswerk,  Bolivia*
Las y los educadores teológicos latinoamericanos de una y otra manera fuimos influidos por la famosa trilogía de la revisión de vida acuñada por la mitad del siglo XX en tierras europeas: ver, juzgar y actuar. La usamos, abusamos, adaptamos, trivializamos a nivel pastoral, teológico y educativo. Dejamos frecuentemente de considerar que el ver está profundamente condicionado por nuestras fes, deseos o premisas epistemológicas. Por otra parte cuando nos asaltan dudas sobre la salud de nuestras apuestas, esperanzas y creencias, resulta saludable recordar y expresar convicciones sólidas, visualizar esperanzas persistentes y, paralelamente, desechar lo que perdió sabor y sentido.
Para que esos credos salgan de la esfera meramente individual resulta necesario contrastarlos con la realidad empírica, percibir en qué intersticios incógnitos alojarlos para que sobrevivan y crezcan. La confrontación entre el creer y el ver lleva, río arriba, a un cuestionamiento más general sobre las prácticas de las que somos partícipes, el agotamiento de algunas, la reserva de sentido de otras, lo inédito de muchas. Me expondré a este ejercicio dentro del campo de acción que más me ocupa: la Educación Teológica (ET).
Creo
Nuestros pisos teológicos, ideológicos y políticos no terminan de moverse y de resignificarse, algunos se decantan o pulen también.
- Creo en la necesidad de la teología como reflexión sobre la fe dentro de un mundo confrontado a las guerras, a la exclusión, a la opresión, al empobrecimiento y a la destrucción del medio ambiente. Una teología hecha entre diferentes y capaz de discernir la vida dentro de la muerte.
- Creo en una teología al servicio de la Iglesia entendida como comunión de servicio transformador, de celebración contemplativa y de aprendizaje. Una teología en constante recreación capaz de confrontar sus raíces propias con las otras religiones, espiritualidades, culturas y ciencias.
- Creo que las y los creyentes son todos teólogos en la medida en que buscan dar razón de su fe. Teólogas y teólogos son: la madre o padre de familia cuando explican a sus hijos cómo y porqué orar; la o el creyente que busca y da sentido a su vida; la o el militante que, interpelado por sus compañeros de lucha, comparte por qué su fe lo impulsó a abrazar aquel compromiso medioambiental, social o político; la o el pastor que acompaña a su comunidad, dirige un estudio bíblico o predica; la o el teólogo profesional que investiga, traduce e interpreta tal pasaje bíblico, tema doctrinal, ético; que escudriña la realidad desde la fe con todas las herramientas posibles de análisis e interpretación de la realidad.
Todas y todos son teólogos aunque no con el mismo grado de especialización.
- Creo que todos los tipos de teólogas y teólogos mencionados son todos, a su vez, educadores teológicos; por lo tanto requieren de formación y de herramientas específicas para desempeñar su función propia. La formación de una o un teólogo profesional es diferente de la del pastor y esta difiere de la del militante de base. Si cualquier teólogo requiere una experiencia existencial de fe, no por ello el teólogo profesional tiene que ser pastor, ni este teólogo académico.
- Creo en la necesidad de una ET abierta al silencio y al misterio, solidaria con el destino de las personas, crítica frente a los poderes sexistas, religiosos, políticos y económicos.
- Creo en una ET contextual e interculturada que, a pesar de las condiciones de subordinación en las que se encuentra en AL, tenga voluntad y capacidad para compartir y en su caso confrontarse con las teologías dominantes y universalizantes.
- Creo que la o el teólogo profesional requiere una formación extremadamente amplia que le permita aprender y dialogar con todas las expresiones de la humanidad: del arte a la física, de la ciencia a la sexualidad, de la religión a la ecología.
Veo
Tengo el privilegio de recorrer muchas experiencias e instituciones de ET a lo largo y ancho de América latina y el Caribe y confieso que, en varios casos, mis creencias chocan con la realidad.
- Veo que muchas iglesias, independientemente de su tamaño y de sus recursos se afanan en crear su propia institución de ET en vez de compartir esa responsabilidad con otras.
- Veo que el afán denominacionalista de muchas iglesias empobrece la ET que buscan o reproducen.
- Veo espacios exitosos de ET que desconocen tanto su propia tradición como el contexto y las culturas en las que se desempeñan.
- Veo programas de ET cuya teología y eclesiología siguen apuntando a una iglesia que se piensa y se sirve a sí misma.
- Veo una ET en muchos casos monocultural a pesar de la extraordinaria diversidad de sus actores, y en contra de la polisemia del Evangelio.
- Veo dentro de la ET un déficit pedagógico y didáctico como si las verdades teológicas -¿por reflejar a “la Verdad”?- pudieran transmitirse por sí solas.
- Veo instituciones de ET que tuvieron que abandonar su condición universitaria porque no cumplieron con los requisitos oficiales y mantuvieron un funcionamiento doméstico dentro del modelo del seminario.
- Veo instituciones que abandonaron su proyecto ecuménico y su alcance latinoamericano por falta de apertura y de capacidad de negociar espacios alternativos y autónomos.
- Veo que por falta de referentes y de compromisos políticos mayores y externos, los conflictos interpersonales se agudizan hasta volverse el centro de la atención de la ET misma.
- Veo que las propuestas de ET parten más de necesidades y “sabidurías” de directivos y docentes que de las creencias, demandas y expectativas de las y los educandos del Pueblo de Dios.
Cuestiono
Como los evangelios sinópticos nos lo recuerdan, en medio de la tempestad, el contrario de la fe es el miedo y no la duda. Por ello no vacilo en plantear mis dudas bajo la forma de preguntas. Sé que muchas respuestas obligaran a replantear el credo inicial.
- ¿Cuáles son los espacios educativos donde las y los cristianos de a pie, las y los pastores, las y los teólogos profesionales pueden formarse teológicamente? ¿Cómo hacer para que estos tres tipos diferentes de formación teológica tengan puentes entre sí y se enriquezcan mutuamente?
- ¿Para qué pretende cada espacio eclesial crear su propio centro de formación teológica cuando existe un tronco teológico común entre iglesias, denominaciones y confesiones? ¿Qué mecanismos desarrollar para que la teología preste servicios profesionales específicos a las iglesias y a la sociedad sin ser condicionada por esas?
- ¿Qué tienen que hacer las y los educadores teológicos para re-encantarse con la Iglesia y qué tiene que hacer la Iglesia para encantarse con la teología? ¿Quién le quitará soberbia a los teólogos profesionales y quién le restará arbitrariedad a los poderes eclesiásticos?
- ¿Cómo transitar de la cultura del seminario de iglesia a la cultura de la universidad privada y de la administración pública? ¿Cómo instalar en el mundo universitario y en la sociedad el debate entre teología, ciencias de la religión y otras disciplinas?
- ¿Es posible imaginar proyectos de ET superior con altas exigencias académicas que no estén integrados a las estructuras universitarias tradicionales? ¿Quiénes los acreditarán a nivel global?
- ¿Cómo descolonizar y despatriarcalizar la ET en América Latina y el Caribe? ¿Cómo salir del imperialismo epistemológico dominante para que la ET se vuelva intercultural?
- ¿Cuáles son los frutos que ha dejado la corriente de la Teología de la Liberación en el campo de la formación teológica? ¿Dónde están sus huellas dentro de la ET realmente existente en América Latina y el Caribe?
- ¿Cómo recuperar, sistematizar o reconstruir en la coyuntura actual los proyectos latinoamericanos de ET que fueron los más significativos y liberadores?
Creer, ver y cuestionar: un círculo diferente pero tan virtuoso como el ver, juzgar y actuar.
 
*Matthias Preiswerk, Suizo boliviano con identidad protestante y práctica ecuménica. Teólogo y pedagogo inserto en los campos de la educación religiosa escolar, de la educación popular y de la educación teológica. Doctor en Teología por la Universidad de Lausanne, Suiza. Fundador en Bolivia del Centro de Teología Popular, del Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología y de Servicios Pedagógicos y Teológicos. Autor de Teología de la Liberación y Educación Popular (DEI: San José 1994) y Contrato intercultural. Crisis y refundación de la Educación Teológica (Plural, Visión Mundial, CLAI/Sinodal, Universidad Carlos III 2011)

Fuente: Lupaprotestante, 2013

lunes, 11 de marzo de 2013

Aunque la mona se vista de seda ... mona se queda: Títulos teológicos y ministeriales sin teología

Por. Osias Segura, EE.UU
En los últimos 10 años América Latina ha sido invadida por instituciones teológicas hispanas ubicadas en los Estados Unidos que son de muy dudosa calidad académica. De pronto vemos un creciente interés por parte de pastores y pastores para obtener una acreditación. Algunos que hace unas décadas ridiculizaban el estudio teológico, hoy sienten la necesidad de estudiar para obtener un título. Unas ofrecen títulos baratos y rápidos por internet, y otras sin un campus ofrecen sus cursos en iglesias locales alrededor de América Latina. Veamos lo que al menos a llegado a Costa Rica. Si sabe de otras organizaciones en su país, ¡Comparta su experiencia con nosotros!"Latin University of Theology" ofrece “títulos universitarios” a distancia y en campus, según ellos “en una manera acelerada no tradicional”, por ejemplo los estudiantes deben pasar “144 horas en clases más trabajo en casa y exámenes” aunque no especifican cual grado académico se obtiene por este leve esfuerzo. Esta institución llegó años atrás al país ofreciendo títulos doctorales honorarios a cambio de cierta suma de dinero. Algunos pastores evangélicos que con costos terminaron su secundaria, pagaban el papeleo, y hoy exigen que entre sus muchos prefijos se les llame “doctores.
Otra institución es "Miami International Seminary" que ofrece sus cómodos títulos por internet, y también dispone de muchas sedes alrededor del mundo. En mi contacto con ellos, al preguntarles si su institución tiene acreditación universitaria, su respuesta fue negativa. Es decir, una maestría o cualquier otro grado académico del "MINTS" no es reconocido en ninguna universidad pública como la Universidad de la Florida, ni en ningún país del mundo.
También tenemos la Asociación Internacional Hispanoamericana de Capellanes (AIHCA) con su sede principal en Alabama, EE.UU. Y con representación en 27 países. En tan sólo 4 meses intensivos por internet el estudiante se gradúa, con el costo de $300 USD, y una membresía extra de aproximadamente $7 USD mensuales. Y según parece cualquiera puede estudiar, sin importar el haber terminado la secundaria.
Finalmente, tenemos la "Universidad Nuestro Pacto Internacional". UNPI llegó a Costa Rica hace unos pocos meses reconociendo los “años de experiencia” de los pastores, y ofrecen unos cursos de nivelación. Así, un pastor con estudios secundarios puede optar por una licenciatura a cambio dinero, y de un examen de algunas pocas horas sobre “doctrina bíblica”. Personalmente contacté la oficina de lo que sería el "CONESUP” en el estado de la Florida, para averiguar sobre la acreditación universitaria de estas dos últimas instituciones. En el caso de UNPI, en el Estado de la Florida, está reconocida por la Comisión de Educación Independiente (por eso dicen que está “acreditada”) por tanto no está sujeta a supervisión gubernamental.
En simples palabras, ninguna de estas instituciones tiene acreditación universitaria, aunque tenga acreditación educativa. Es decir, si alguien obtiene una licenciatura, o maestría, o doctorado en estas instituciones, (1) Nunca podrá enseñar en una institución teológico-universitaria reconocida o en vías de ser reconocida como en el caso de Costa Rica el CONESUP (Consejo Nacional de Educación Superior, oficina estatal en Costa Rica que regula universidades), (2) y nunca un “titulo” de alguna de esas organizaciones será reconocido o convalidado a nivel universitario en Costa Rica, o en ningún país latinoamericano a un nivel universitario. Estas instituciones ofrecen títulos universitarios sin ser universidades. En pocas palabras, todas estas instituciones engañan a muchos pues "dicen estar acreditadas" por ser asociaciones educativas, pero no están acreditadas a nivel universitario. Así que hay líderes religiosos evangélicos licenciados, "masters", y hasta doctores a quienes les regalaron los títulos, y otros con poco estudio y sin nunca saber lo que es escribir una tesis, o un trabajo de investigación, hoy disponen de un título pero de “mentirillas”. ¿Afecta esto a la iglesia en América Latina?
Esta mediocridad académica nos demuestra la situación en la que la iglesia evangélica se encuentra. Es difícil entender que para la medicina, odontología, psicología, leyes, finanzas, etc. requerimos profesionales graduados. Pero en algunas iglesias evangélicas “cualquiera” con carisma, aunque sin formación profesional se convierten en líderes de congregaciones. ¿Cuál es el problema? A estos líderes les visitan personas con profundas necesidades emocionales y espirituales, gente que espera semanalmente palabras de orientación y formación espiritual. En cambio, algunos lo que reciben son promesas de prosperidad y terminan siendo estafados con una mala formación profesional. Qué lástima que a nivel comunal, estos líderes religiosos no deseen capacitarse a un nivel universitario formal. En vez de querer servir a otros pareciera que desean servirse a sí mismos comprando sus “títulos” mediocres, en vez de seriamente esforzarse como muchos latinoamericanos lo hacen todos los días.

Sobre el autor:
El Dr. Osías Segura es un misionólogo costarricense. Osías, después de cinco años de enseñanza en el Seminario ESEPA en Costa Rica, se trasladó a California; hoy está radicado en en Pasadena donde es profesor asociado, en inglés y español, del Seminario Teológico Fuller
 
Fuente: El blog de Bernabé, 2012

lunes, 19 de noviembre de 2012

Educación teológica y género: desafío a las instituciones teológicas latinoamericanas evangélicas.

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Resumen
La investigación se enmarca en el análisis colombiano; aquí el autor analiza la realidad social, política, religiosa y educativa en las instituciones  teológicas y su impacto en la iglesia.  También, intenta ser una propuesta a un asunto que el autor considera una limitante en los sistemas educativos de educación teológica en América Latina: La omisión de la perspectiva de género en los programas de Educación teológica. El objetivo final del autor, es que esta experiencia vivida en su país sirva para otras instituciones evangélicas de América Latina. Ya que sus aportes son útiles en la reflexión teológica, bíblica y pastoral, no solo para las mujeres, sino también para nosotros los varones.
Introducción
El presente artículo intenta ser una propuesta a un asunto que podríamos considerarlo una limitante en los sistemas educativos de educación teológica en nuestro país: La omisión de la perspectiva de género en los currículos de programas de nivel universitario y por debajo de este nivel. En esta investigación, vamos hacer un análisis de la realidad social y política de Colombia, como un factor de influencia directa en los/las alumnos/as que asisten a nuestras instituciones educativas, con el objetivo de formarse en esta disciplina del saber. Y una panorámica general de la situación de la educación teológica en el ámbito de las instituciones teológicas evangélicas. Lo anterior, nos cuestiona las concepciones y modelo de educación teológica en relación con los cambios que ha venido afrontando la educación evangélica en América Latina. Por ende, analizaremos los programas educativos de las Fundaciones Universitaria Teológicas, Seminarios e Institutos bíblicos de Colombia, en adelante Facultad Evangélica de Colombia (FUTECOL). Haremos un recuento histórico de su trayectoria, filosofía y propósito, para luego plantear alternativas de  acuerdo a los desafíos actuales que nos presentan la relación entre teología y género. El autor de esta investigación considera esta reflexión como una preocupación propia, pero de interés general al mismo tiempo, que surge en principio de sus  estudios doctorales en  el Instituto Universitario  ISEDET de Buenos Aires,
Argentina, considerando importante tratar de incorporar la experiencia vivida en la misma en los programas de teología de las instituciones teológicas colombianas.
Cabe recordar que la educación teológica en América Latina a través de los años ha vivido procesos de cambios, encaminados a la búsqueda de modelos contextualizados que hagan más accesible la participación de los miembros de las iglesias. Estos cambios buscan ser más coherente con la predicación del evangelio en nuestros países1
. Algunos cambios  pueden ser  dolorosos, como nos ha sucedido a nosotros mismos: nos ha tocado sufrir un proceso de marginación y opresión de parte de  algunos lideres fundamentalistas, carismáticos y conservadores de la obra evangélica colombiana,  entre ellos: profesores, laicos y pastores. Pero  nuestra vocación docente y profética es fundamentalmente la de dar luz, tal como escribe el filósofo Mario Albarrán Vázquez:
“Sócrates creía en el poder de la palabra hablada por eso su arte es semejante al de su madre, que era partera. Sócrates tiene como oficio dar luz al conocimiento. Porque está convencido de que, mediante su método se llega a una idea clara de las cosas y a una doctrina moral que oriente y regule la convivencia social del pueblo.”2
Hay que aclarar además, que no siempre los cambios propuestos han sido exitosos, pero, por lo menos el reto es además de estimulante, desafiante. Y de eso se trata cuando se quiere se puede, por eso queremos proponer aquí un análisis  crítico de nuestra currícula colombiana, para dar a luz una nueva forma de hacer teología  en nuestro contexto, con rasgos menos dogmáticos, fundamentalistas y excluyentes.
Esta nueva forma de encarar los estudios teológicos debiera incorporar las realidades de los sujetos sociales reales que la encarnan: varones y mujeres considerados como partícipes de un mismo proyecto de liberación. La educación debe guiar a un proceso de liberación mediante el análisis crítico de la realidad. Por esta razón, nuestras instituciones de formación teológicas consideramos que debieran estar abiertas a una reformulación constante de su filosofía educativa y de su opción teológica, así como también buscar una articulación lógica entre los diversos contenidos y enfoques de manera que  podamos cumplir con el mandato de producir los procesos de cambio que tanto necesitan  nuestras iglesias y los diferentes sectores de la sociedad colombiana.....Continúe leyendo
 
*Luis Eduardo Cantero, es Doctorando en Historia de América Latina, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España. Pastor y docente universitario y teológico.
 

Fuente: Publicado en la Revista Teologia y Cultura, año 9, vol. 14 (noviembre 2012)
ISSN 1668-6233