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viernes, 9 de octubre de 2015

LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 2



Por. Emilio Monti, Argentina
LA ACCIÓN EVANGELIZADORA
Interrelación de los ministerios en la misión evangelizadora.
Todo cuanto hemos caracterizado como “llamado”, “proclamación”, “acompañamiento” y “presencia”, son “medios de gracia”, por los cuales obra el Espíritu del Señor. Estos medios de gracia se expresan en diferentes “ministerios”, de acuerdo con los dones que Dios da a cada uno, capacitándonos para el complimiento de la misión, para el crecimiento de la comunidad de la fe, a fin de que alcancemos la plenitud del amor en Jesucristo (Efesios 4.11-16).
Podemos distinguir estos ministerios entre si por su modalidad, pero constituyen una totalidad como dimensiones de la misma misión. Aunque frecuentemente se presenten como momentos exclusivos o privilegiados, incluso confrontados entre si, ninguno puede estar completo sin los otros. De otra manera, pierden su visión y, en el mejor de los casos, presentan un evangelio incompleto. Tan solo cuando se unen en el propósito de crecer en el discipulado, “en la unidad de la fe y del conocimiento”, pueden comunicar la plenitud del evangelio (Efesios 4.13).
Al hablar de estos ministerios, estamos hablando de la “evangelización”; sin embargo, dijimos que ninguno de ellos es “la evangelización”. Aclarémoslo así: la evangelización no es “ninguno” de estos ministerios, “la” evangelización son “todos” estos ministerios. Ninguno es “evangelización”, si se presenta como el modo exclusivo o el momento privilegiado de la proclamación del evangelio. Todos son “evangelización”, si los entendemos como distintos modos y momentos indispensables en el camino del discipulado. La evangelización es la tarea de una comunidad de quienes están ya en el camino del discipulado, dirigida a quienes están llamados por el Señor al mismo camino. Es la tarea de una comunidad que comparte su fe, creando las condiciones necesarias y mas efectivas para que todos los seres humanos tengan la oportunidad real de decidir libremente ser “nuevos discípulos” o seguidores de Jesús. Esto es, confiar en él como Señor y Salvador, aceptar su mensaje como fundamento de fe y practica; recibir y vivir la nueva vida del Espíritu, en la comunión de fe; y asumir una responsabilidad ante el mundo con amor. (1)
Evangelizar es llamar a una decisión por Jesucristo llevando a las personas a un encuentro personal, confiando en él como Señor y Salvador. Experiencia que se manifiesta en el culto (“liturgia”), mediante la adoración y la alabanza, compartiendo la Palabra y la oración.
Evangelizar es ayudar a las personas a comprender el mensaje de la Palabra de Dios, para afirmar el fundamento de su fe y crecer en la plenitud de vida nueva. Mensaje que se expresa en la predicación y enseñanza (“kerigma”), como “confesión de fe y vida”.
Evangelizar es ayudar a descubrir la acción del Dios en la vida de las personas, creciendo juntos en el camino de la santificación, en la comunidad de fe, bajo la acción renovadora del Espíritu. Comunión (“koinonia”) que se expresa en el acompañamiento pastoral de la mutua exhortación y consuelo, fortalecidos por la Palabra y la oración.
Evangelizar es compartir el testimonio de amor, mediante la presencia y compromiso de la Iglesia en el mundo. Testimonio que realizamos mediante el ministerio (“diakonía”) de la proclamación y el servicio.
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  1. Ser discípulo es “volverse”: 1) a Cristo, 2) al mensaje y a la ética cristiana, 3) a la congregación cristiana y 4) al mundo en amor y misión, estas cuatro cosas en cualquier orden” (George Hunter, The Contagious Cogregation. Frontiers in Evangelism and Church Growth, Nashville, Abingdon, 1979; con prólogo de Donald McGavran, pp. 30-31). El autor cita, en el mismo lugar, definiciones similares: ser discípulo es “volverse 1) a Cristo, 2) a las ideas y ideales cristianos y 3) a alguna forma de congregación cristiana (D.T. Niles), y “volverse 1) a Jesucristo, 2) a alguna iglesia y 3) a la visión de un mundo cristiano y a una pasión por él” (Stephen Neill). De acuerdo con esto, “la iglesia esta llamada: 1) a proclamar, enseñar y dramatizar el evangelio, 2) a ofrecer oportunidades para una contagiosa comunión cristiana, y 3) a servir a las personas y al mundo, proveyendo oportunidades para unirse en el servicio (, p.32).

PRÓXIMAS ENTREGAS
LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 3
LO QUE DIOS HACE | CUATRO PUERTAS DE LA IGLESIA
LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 4
JUNTOS EN EL DISCIPULADO

Fuente: Cordialmentepxg.com  

Emilio Monti
Pastor metodista.
Licenciado en Teología.
Profesor de Filosofía y Pedagogía.
Doctorando en Ciencias Humanas y Arte.
Profesor Emérito del Instituto Universitario ISEDET
Ex Decano y Profesor de Teología Práctica del Instituto Universitario ISEDET
Ex Profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Capellán y Vicerrector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano de Rosario (UCEL)
Trabajó activamente en ayuda a Refugiados (CAREF) y en defensa de los Derechos Humanos (MEDH) y en la acción ecuménica (FAIE)
Integró a nombre de las iglesias evangélicas el Consejo Nacional de Políticas Sociales del Gobierno de la Nación

sábado, 3 de octubre de 2015

LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 1



Por. Emilio Monti, Argentina*
LA ACCION DE LA COMUNIDAD EVANGELIZADORA
El mensaje que debemos predicar en este tiempo, cumplirá su objetivo si es presentado en la forma correcta. En cuatro notas analizaremos la importancia del mensaje predicado con las palabras y con los hechos.
El Señor nos envía a “anunciar el evangelio” (Marcos 16.15) y “hacer discípulos en todas las naciones, enseñándoles que guarden todas las cosas que él nos ha mandado” (Mateo 28.19-20), como sus “testigos hasta la ultimo de la tierra” (Lucas 24.48; Hechos 1.8). La visión y la misión son claras en el envió de Jesús.
En la Iglesia, llamamos “evangelización”, anuncio, predicación o proclamación del evangelio, a esta misión de “hacer discípulos”. En este sentido, la evangelización es el “testimonio” de la comunidad creyente, en la que se manifiesta el Espíritu del Señor, para llamar a otras personas a la fe y a la relación personal con Jesucristo. La evangelización comienza así con la “confesión de fe”, con el propósito de llevar a otras personas a que hagan su propia “confesión de fe”.
Considero que hasta aquí, como en todo criterio general, la evangelización, como tarea de una “comunidad evangelizadora”, se presenta claramente. Sin embargo, cuando encara concretamente la tarea, la comunidad evangelizadora tiene que plantearse en que consiste específicamente la evangelización.
Son muchas las respuestas dadas a tal pregunta, bíblicamente fundadas y probadas en la experiencia de la Iglesia. Tratare de resumir los énfasis más compartidos, al menos en nuestro ámbito evangélico, utilizando cuatro palabras claves: “llamado”, “proclamación”, “acompañamiento” y “presencia”. Estas, representan diversos ministerios, cuya valide ha sido fundada y hasta defendida con exclusividad.

  1. LLAMADO
El primer lugar, sin que esto indique prioridad, aunque para muchos es la característica fundamental, se afirma que la evangelización es un “llamado a la decisión por Cristo”. Esto esta suficientemente claro en los mucho “envíos” que Jesús hace a sus discípulos. Además, para aquellos que han vivido la experiencia del “encuentro personal con Jesucristo”, tomando la decisión de ser sus seguidores, es una tendencia casi “natural” e irresistible hablar de ella a otras personas para que puedan experimentar lo mismo. Se suele referir al propósito de este ministerio, como el “ganar almas para Cristo” o “hacer que se entreguen al Señor”.
Ciertamente, esta experiencia es muy fuerte, porque está enraizada en los afectos y sentimientos más profundos y porque produce cambios evidentes para la persona que lo vive. Es una experiencia que hace “sentir”, “apasionadamente”, la presencia de Dios, en Jesucristo, por su Espíritu. Es por lo mismo, una experiencia que mueve de tal manera, que normalmente no alcanzan las palabras para expresar lo vivido. Es por esta razón que frecuentemente tal experiencia se expresa en el “testimonio personal” y en gestos litúrgicos como el acto de adoración a Dios, el canto de alabanza, la oración a veces incomprensible (1 Corintios 14.2) o el arrebato que hace pensar a otros que quien lo tiene “no anda bien” (Hechos 2.13). Esto no es casualidad, la poesía y el canto, y aun “las palabras y los actos incomprensibles”, constituyen el lenguaje primigenio de la experiencia religiosa. Por otra parte, esto explica por que “el culto”, “el servicio que rendimos a Dios” o “liturgia”, ocupa un lugar central en la vida y la misión de la Iglesia.
Esto esta muy bien fundado en la Palabra de Dios y en la experiencia, tema tan querido por la tradición “evangélica” que heredamos.
Sin embargo esto no es la evangelización.
  1. PROCLAMACIÓN
En segundo lugar, se afirma que la evangelización es la “proclamación del Evangelio”, lisa y llana, que confronta a toda persona con la revelación de la Palabra en Jesucristo. Esta proclamación debe ser “profética”, por lo cual requiere comprensión y entendimiento (1º de Corintios 14:14-15). La evangelización, se afirma en contraposición, no puede ser tan solo una experiencia personal, “sentimental” y “emotiva”. Por lo mismo, su expresión no puede acabar en un acto de culto del que se puede participar sin mucha comprensión; ni en el testimonio subjetivo o la repetición de una experiencia personal estereotipada que se pretende presentar como el paradigma de todas las experiencias; ni en la mera “alabanza” sin contenidos (aunque nada existe “sin contenido”).
La evangelización requiere una “base firme” en la Palabra, mediante la predicación y la enseñanza, de tal manera que pueda brindar, a quien la recibe, un profundo cimiento doctrinal y ético para vivir “una nueva vida en Cristo”. El contenido de la predicación y la enseñanza es “la Palabra que nos a sido dada y transmitimos” (el “kerigma”), que constituye el corazón de nuestra fe (1º Corintios 15:3; 11:23). Esto esta suficientemente claro en el propio envió de Jesús a sus discípulos: “vayan”, “testifiquen”, “prediquen”, “enseñen”.
Esto está muy bien fundado en la Palabra de Dios y avalado por la tarea de la iglesia y sus “grandes” predicadores, un ministerio tan privilegiado por la tradición “evangélica” que heredamos.
Sin embargo, esto no es la evangelización.

  1. ACOMPAÑAMINETO
En tercer lugar, se afirma que la evangelización es una tarea de “acompañamiento pastoral para ayudar a descubrir la acción del Espíritu” en la propia vida. No basta con decirle a la gente lo que debe creer y como debe vivir de una manera general, esperando que luego se arreglen como bien les pareciere. El “conocimiento inoperante” vale tan poco como el “sentimiento vacío”. ¿Qué seguridad tenemos de que lo predicado y enseñado llegue a ser una realidad en la de esas personas, para ser “nuevas criaturas en Cristo”? Para ellos es necesaria una continua orientación en el camino de la fe, una guía para aquellos que están en el “seguimiento de Jesús”, especialmente en sus “primeros pasos”. Por ello, aunque la fe es una experiencia “personal” necesita ser vivida en una “comunidad de fe”.
En la comunión (koinonia”) viva de las y los creyentes con Jesucristo y entre si, bajo la inspiración del Espíritu Santo, sus miembros se acompañan mutuamente, se exhortan y consuelan unos a otros y se fortalecen con la Palabra y la oración, en el camino de la santificación (2º Corintios 1.3-4). La comunidad, mediante muchas “mediadoras y mediadores de la Palabra”, tiene un lugar importante en la evangelización. En encuestas realizadas personalmente, coincidentes con otras, constatamos que la gran mayoría habla de su “conversión” como un largo proceso, en el cual tuvieron un papel preponderante el testimonio, el consejo y el acompañamiento de muchas hermanas y hermanos, más que una experiencia repentina sin intervención directa de otras personas.
Esto está bien fundado en la Palabra de Dios y probado en la práctica evangelizadora de la Iglesia, especialmente en la tradición “evangélica” que heredamos.
Sin embargo, es no es la evangelización. 

  1. TESTIMONIO
En cuarto lugar, se afirma que la evangelización es el “testimonio mediante la presencia y compromiso en el mundo”, manifestando el amor de Dios hacia las personas. La gente tiene que poder “ver” lo que la obra de Dios es capaz de hacer en quienes creen. Se llega incluso a afirmar que no son necesarias las palabras, pues una acción de amor habla mucho más que mil discursos. ¿Cómo podemos decir que “amamos a Dios”, “si no amamos a nuestros semejantes”? (1º de Juan 4.20-21). ¿Qué valor pueden tener las palabras, si no van acompañadas de señales? (Mateo 5.16; Marcos 16.16-18). Debemos simplemente “testificar con nuestras vidas” y el Espíritu hará el resto. No se trata solamente de un propósito de “santidad personal”, sino también de una “presencia” de amor que ayude a la transformación, tanto de la comunidad y de la sociedad toda, como de la vida personal (lo que Juan Wesley llama “sanidad social).
Es claro que el servicio (“diakonia”), como una señal del amor de Dios revelado en Jesucristo, responde a la naturaleza misma del evangelio (Mateo 20.26-28). La comunidad creyente tiene que ser también una comunidad sirviente, como “sierva” del “Siervo”, para servir en su nombre (Hechos 3.6).
Esto está muy bien fundado en la Palabra de Dios y sostenido en la práctica de la Iglesia, como lo representa una fuerte línea de la tradición “evangélica” que heredamos.
Sin embargo, esto no es la evangelización.

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JUNTOS EN EL DISCIPULADO

*Emilio Monti
Pastor metodista.
Licenciado en Teología.
Profesor de Filosofía y Pedagogía.
Doctorando en Ciencias Humanas y Arte.
Profesor Emérito del Instituto Universitario ISEDET
Ex Decano y Profesor de Teología Práctica del Instituto Universitario ISEDET
Ex Profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Capellán y Vicerrector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano de Rosario (UCEL)
Trabajó activamente en ayuda a Refugiados (CAREF) y en defensa de los Derechos Humanos (MEDH) y en la acción ecuménica (FAIE) Integró a nombre de las iglesias evangélicas el Consejo Nacional de Políticas Sociales del Gobierno de la Nación

Fuente: Cordialmentepxg.com