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domingo, 7 de agosto de 2016

Juan Sánchez Núñez: No es pecado la homosexualidad



Por. Will Graham, España
En este segundo artículo dedicado a la ‘Ética teológica y homosexualidad’ (2015) escrito por Juan Sánchez Núñez y disponible en la página web de la Iglesia Evangélica Española (IEE), nos centraremos en el capítulo dos: “¿Cómo valorar hoy la homosexualidad?”
Seguiremos el patrón de la semana pasada cuando estudiamos el primer capítulo, ofreciendo una crítica evangélica a las propuestas de Sánchez, profesor de Ética teológica en la Facultad de Teología SEUT.
Repetimos lo que destacamos la semana pasada: con esta lectura crítica no estamos negando la importancia de amar a la comunidad gay con la compasión de Cristo. En esta línea estamos cien por cien de acuerdo con Sánchez y la IEE porque los protestantes entendemos que el Dios del Evangelio nos llama a amar a nuestro prójimo. Lo que pretendemos con estos dos estudios es simplemente sopesar las propuestas éticas de Sánchez a la luz de la fe evangélica. Además, invitamos a todos nuestros lectores a descargar y leer el documento de Sánchez por sí mismos para comprobar si las críticas aquí presentadas son justificadas. Cada crítica está apoyada con citas del libro y el número de las páginas citadas entre paréntesis.
El profesor Sánchez divide su segundo capítulo en los siguientes seis puntos: 1) La esencial aportación de las ciencias: el matrimonio homosexual; 2) De los actos homosexuales a las personas homosexuales; 3) Nueva valoración de la sexualidad: derecho a la propia identidad; 4) La persona homosexual: igual, dignidad y respeto; 5) Visión antigua de la homosexualidad; 6) Visión actual de la homosexualidad; 6) Las personas homosexuales en nuestra sociedad y en nuestras iglesias.
Haremos diez observaciones críticas sobre el contenido de este segundo capítulo.
1.- Sánchez confunde la ciencia moderna con la ética
Como señalamos la semana pasada, Sánchez cae en el error de confundir la ciencia moderna con la ética. La ciencia moderna puede deciros que si colocáis una gota de veneno en el vaso de agua de vuestro amigo que éste morirá al beberlo. No obstante, lo que la ciencia moderna no os puede decir es si es moralmente correcto o incorrecto poner el veneno en el vaso. Así que cuando Sánchez arranca su ponencia aseverando que “Hoy, sería imposible entender la homosexualidad, sin tener en cuenta la esencial aportación de las ciencias modernas al conocimiento de la misma” (18) está simplemente confundiendo categorías.
La ciencia moderna no nos puede enseñar nada sobre la esfera de la ética ya que la ciencia es moralmente neutral. Puesto que Sánchez basa toda su exposición a favor de la homosexualidad en esta presuposición errónea, el resto de su exposición carece de peso intelectual. Con razón nos exhortan las Escrituras a no construir nuestras casas sobre la arena.
2.- Sánchez sufre de esnobismo cronológico
Juan Sánchez Núñez
Otro error que predomina en el análisis de Sánchez es lo que mi paisano C.S. Lewis designó como “chronological snobbery”. Traducido al castellano, sería algo como “esnobismo cronológico”. ¿A qué se refería Lewis con este término?
A grandes rasgos es la presuposición de que el presente es mejor que el pasado. Esta convicción, apelando a la noción de progreso (otro concepto filosófico), considera que lo “antiguo” y lo “tradicional” son necesariamente inferiores al presente. Este prejuicio filosófico de Sánchez le lleva a describir todos los estudios actuales sobre la homosexualidad con vocablos cargados de sentidos positivos. Para él, la aceptación de la homosexualidad en la sociedad y en la iglesia se trata de un avance. El matrimonio homosexual es “novedoso” y “revolucionario” (18).
De todas formas, para usar la lógica de Sánchez contra su propio argumento, los cristianos sabemos que la homosexualidad es tan “antigua” y “tradicional” como Sodoma y Gomorra. Abundaba la homosexualidad en los días del Imperio Griego y luego en el Imperio Romano también. De hecho, el mismo Sánchez revela que, “un historiador, experto en el estudio del Imperio Romano, nos dice que la mayoría de los emperadores romanos tuvieron amantes masculinos” (18).
El matrimonio homosexual no es fenómeno nuevo. Fue gracias a la cristianización del Imperio Romano a partir del cuarto siglo que los matrimonios gais llegaron a ser prohibidos. En su pasión por el presente, Sánchez se olvida de lo “anticuado” que es el matrimonio gay. Si Sánchez desprecia tanto a los evangélicos clásicos por su postura “antigua”, “reduccionista” y “tradicional” tocante a la homosexualidad, tendría que mostrar la misma irreverencia hacia la homosexualidad ya que es igual de “anticuada”.
3.- Sánchez justifica la homosexualidad en base a la biogenética
No hay que fijarse en los actos homosexuales, razona Sánchez, sino en las personas homosexuales porque la persona homosexual “no es alguien que ha elegido su condición sexual” (19). La homosexualidad es un fenómeno biológico, genético.
Primero, las cosas no son tan claras como Sánchez nos quiere dar a entender. ¿Nos quiere decir que la ciencia moderna está unánimemente de acuerdo en que la homosexualidad no es una elección? Esperamos que no. Y si insiste en decir que es así, que nos comparta las fuentes de los estudios tan conclusivos que tiene en mente. En el mejor de los casos, Sánchez simplemente se ha confundido al hacer tal afirmación. En el peor de los casos, está mintiendo.
Segundo, aun en el caso dado de que la ciencia moderna concluyese que la homosexualidad fuera una condición genética o biológica, ¿qué más daría? ¿Acaso no enseña la fe cristiana que todos nacemos pecadores, malos, viles y depravados?
Yo también nací en pecado con un sinfín de deseos vergonzosos que me siguen acompañando hasta el día de hoy: lujuria, desviaciones sexuales, avaricia, codicia, odio, celos, etc. Pero según las Escrituras, ¿qué tengo que hacer con estos deseos? ¿Satisfacerlos ya que forman parte de mi constitución humana? ¿O negarlos? ¿Os imagináis si dijese yo a un juez: “No, señor juez, es que usted no entiende. Nací con un fuerte deseo de matar y violar. Por lo tanto, no me puede mandar a la cárcel por violar y matar a esa mujer inocente. Simplemente estaba siguiendo los dictados de mi ADN”?
Aunque nazcamos con ciertas predisposiciones en el corazón, esto no quiere decir que podamos dar rienda suelta a semejantes deseos a través de nuestros actos. La persona tiene que controlar sus actos. Es un agente moral responsable.
4.- La ética de Sánchez es secularista
Como observamos la semana pasada, no hay nada en la ética de Sánchez que un ateo materialista no sería capaz de enseñarnos. Es una moralidad secular, ilustrada, humanista, neo-pelagiana carente de Cristo. En vez de vivir para la gloria de Dios y gozar de Él para siempre, Sánchez nos asegura que lo más importante en cuanto a la ética teológica es la realización personal de cada uno (21). Uno tiene que desarrollarse “plenamente como persona” (22). Es una ética egocéntrica, y por lo tanto anticristiana, donde cada uno sigue los caprichos y antojos de su propio corazón.
La idea de que Dios determina qué es lo bueno y lo malo nunca se le ocurre a Sánchez. De hecho, en el primer capítulo de su obra, se mofa de tal noción. Entonces, si hay un conflicto entre la voluntad revelada de Dios en las Escrituras y la realización personal de un individuo, tiene que prevalecer el deseo de la criatura.
Es el triunfo del subjetivismo modernista. Sánchez ha descoronado al Dios de la Biblia en el nombre de la ilustración humanista. Su ética no corresponde al modelo neotestamentario de la moralidad en la cual los creyentes responden gozosamente ante el anuncio del Evangelio obedeciendo al Señor de todo corazón.
5.- Sánchez confunde el racismo y el feminismo con la homosexualidad
Uno de los argumentos más deshonestos y peor intencionados de Sánchez es cuando compara la homosexualidad con el racismo y el feminismo (20). El problema con esta analogía es que el color de la piel y el género de una persona no son cuestiones éticas, pero la homosexualidad sí lo es. Dios nunca condena a nadie por su color de piel ni por su género en las Escrituras. Sin embargo, sí censura la actividad homosexual una y otra vez.
6.- La antropología de Sánchez es secularista
Aunque Sánchez dedique su libro al tema de la ética teológica, revela que la homosexualidad es antes que nada “una cuestión antropológica” (22). “Sólo después de esta primera y fundamental valoración, que más que ética es antropológica, podemos pasar a la valoración teológica y moral de los actos homosexuales” (20).
En vez de empezar su antropología desde el relato bíblico donde Dios creó a un hombre y a una mujer, Sánchez se aferra a un concepto modernista del ser humano definido en términos de autonomía y realización personal. “Por homosexualidad no entendemos directa y exclusivamente los comportamientos homosexuales, sino la condición homosexual de un ser humano que, a través de sus comportamientos, busca la realización personal” (21).
Allí está la antropología de Sánchez: el ser humano es uno que busca la realización personal. Es decir, es aquél que hace lo que le da la gana para conseguir su propia felicidad. No hay ningún concepto de un ser humano creado para la gloria del Dios trino. En términos bíblicos, la propuesta de Sánchez es la antropología de la serpiente del Edén. El hombre se convierte en su propio dios. “Sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5).
7.- Sánchez se refiere a “situaciones desviantes”
En página 21 Sánchez escribe que “hay que descartar como formas definitorias de la homosexualidad aquellas que, dentro de la condición homosexual, son anómalas o desviantes, como por ejemplo: la pederastia, la prostitución, la violación, etc.”
Ahora bien, en base a su ética y antropología humanista, ¿por qué está mal la pederastia, la prostitución o la violación? Si la ética no se define en referencia a la voz del Omnipotente registrada en las Escrituras, sino en términos de “realización”, “desarrollo personal” y el “amarse” y el “aceptarse a uno mismo”, ¿quién es Sánchez para tachar a la pederastia, etc. como algo nocivo? ¿Qué pasa, por ejemplo, si alguien cree que está genéticamente programado hacia la pornografía gay infantil y se entrega a descargar miles de imágenes obscenas con el fin de sentirse sexualmente realizado y satisfecho? ¿O qué pasa si dos hermanos o dos hermanas carnales se aman y se quieren casar con las mismas ganas de auto-realización? ¿Qué propondría la ética humanista de Sánchez ante tales situaciones?
8.- Sánchez asevera que la homosexualidad no es un pecado
Portada del libro.
Dado que Sánchez no edifica su ética teológica sobre las Escrituras sino según intereses seculares, no resulta sorprendente que acaba este segundo capítulo afirmando que la homosexualidad no es un pecado. “Hoy en día la homosexualidad no puede ser vista como una enfermedad, ni como un vicio, ni mucho menos como un pecado. Decir que es pecado ser homosexual, es como decir que es pecado ser negro, o es pecado ser mujer. No, la homosexualidad ni es pecado, ni es una enfermedad, ni es un vicio, es una condición sexual de igual dignidad y valor que la condición heterosexual” (22).
Primero, Sánchez aviva el argumento sucio de comparar la homosexualidad con el racismo y el feminismo. Ya refutamos esta analogía en nuestro quinto punto. Segundo, fijaros en la total ausencia de contenido bíblico a la hora de hacer semejante aseveración. Si Sánchez fuese un político secular dando su ponencia humanista sobre la homosexualidad, podríamos dejar que sus comentarios pasen desapercibidos.
Al fin y al cabo, el mundo es el mundo. Los incrédulos no oyen la voz del buen pastor. Pero Sánchez y los portavoces de la IEE (aunque nos consta que no todas las congregaciones de la IEE) están defendiendo la presencia de la homosexualidad en el ministerio cristiano. ¡Se están metiendo con la gloria de Dios, el Evangelio de Cristo, la santidad del Espíritu, el bienestar del pueblo de Dios y la sola scriptura! ¿Quién es Juan Sánchez Núñez para definir qué es o no es pecado? ¿Acaso es más sabio que el propio Dios?
9.- Sánchez ofrece falsa esperanza a los homosexuales
¿Qué mensaje tiene Sánchez para los homosexuales? Dice: “Yo diría que aquí, la palabra fundamental que pronuncia la teología, que le dice a la persona homosexual (lo mismo que a la persona heterosexual), que es hija de Dios, que es amada y aceptada por Dios tal y como es, y que en ese amor y en esa aceptación debe encontrar fuerzas para aceptarse y amarse a sí misma, y ser capaz de vivir con dignidad y la alegría de un hijo de Dios” (22).
Después de desarrollar su ética y antropología secularista, todo lo que Sánchez tiene que decir a los homosexuales es que son hijos e hijas de Dios. ¿Qué pasa con el llamamiento a la santificación? ¿Y el tomar la cruz y el negarse a uno mismo? ¿Acaso Dios nos ha dado el derecho de ofrecer esperanza a alguien mientras que éste siga sin fe en Cristo y sin frutos de arrepentimiento? ¿Acaso no tiene que convencernos el Espíritu Santo de que verdaderamente somos hijos de Dios? Evidentemente, apreciamos el deseo pastoral de Sánchez, pero cuestionamos la legitimidad de su propuesta por razones bíblicas.
10.- Sánchez encuentra inspiración en un pastor gay en Turín
Sánchez finaliza el segundo capítulo de su libro hablando sobre una compañera italiana suya llamada Teresa. Escribe que, “La iglesia bautista italiana, junto con la iglesia valdense y metodista, han venido trabajando el tema de la homosexualidad, y después de un proceso de discernimiento sinodal, similar al que vienen realizando las iglesias de la IEE, han aceptado que haya pastores homosexuales al frente de sus iglesias.
Sin ir más lejos, en la iglesia bautista de Turín donde el hermano de Teresa es miembro, el pastor es homosexual y vive con su pareja en la vivienda pastoral que hay encima de la iglesia” (23).
Turín es un patrón para lo que Sánchez quiere ver en España. Nos parece trágico que éste sea “el desafío” actual que Sánchez discierne para la iglesia ibérica. ¿Nos reímos o lloramos?
En vez de enfocarse en la necesidad de estar centrados en el Evangelio, la predicación expositiva, la teología bíblica y sistemática, en la apologética, en el llamamiento a la santidad, en el envío de misioneros a otros países, en el servicio de la iglesia hacia los pobres y necesitados, etc.; Sánchez se dedica a elogiar la iglesia bautista italiana por ordenar a ministros homosexuales.
Conclusión
En suma, refutamos las propuestas de Sánchez por las siguientes razones:

  • Sánchez confunde la ciencia con la ética.

  • Sánchez sufre de esnobismo cronológico.

  • Sánchez justifica la homosexualidad en base a la biogenética.

  • La ética de Sánchez es secularista

  • Sánchez confunde la homosexualidad con el racismo y el feminismo.

  • La antropología de Sánchez es secularista.

  • Sánchez se cree capaz de definir qué es una situación desviante.

  • Sánchez asevera que la homosexualidad no es un pecado.

  • Sánchez ofrece falsa esperanza a los homosexuales.
  • Sánchez encuentra inspiración en un pastor gay en Turín.

Fuente: Protestantedigital, 2016

martes, 26 de julio de 2016

Ética pro-homosexual de Juan Sánchez Núñez: 9 críticas



Por Will Graham, España.
En esta serie de dos artículos vamos a presentar una crítica evangélica al libro ‘Ética teológica y homosexualidad’ (2015) disponible en la página web de la Iglesia Evangélica Española (IEE).
Aunque prácticamente todas las denominaciones protestantes en España estén en contra de la homosexualidad, la IEE es un grupo que se ha mostrado cada vez más abierto a la teología gay, abrazando la polémica Declaración de Mamré en mayo 2015. Por esta razón creemos que es importante hacer una lectura honesta de dicho libro a fin de ver si tiene bases sólidas para apoyar el movimiento homosexual desde una perspectiva bíblica.
El documento, que tiene tres capítulos, fue redactado por Juan Sánchez Núñez, profesor de Ética teológica en la Facultad de teología SEUT. Hoy analizaremos el primer capítulo y la semana que viene, estudiaremos el segundo. Ya que el tercer capítulo no contiene nada que no esté claramente refutado de forma académica en la obra ‘La homosexualidad: compasión y claridad en el debate’ de Thomas E. Schmidt, hemos decidido que no hará falta una tercera entrega.
Antes de comenzar, sería importante recalcar que con esta lectura crítica no estamos negando la importancia de amar a la comunidad gay con la compasión de Cristo. En esta línea estamos cien por cien de acuerdo con Sánchez y la IEE porque los protestantes entendemos que el Dios del Evangelio nos llama a amar a nuestro prójimo. Lo que pretendemos con estos dos estudios es simplemente sopesar las propuestas éticas de Sánchez a la luz de la fe evangélica. Además, invitamos a todos nuestros lectores a descargar y leer el documento de Sánchez por sí mismos para comprobar si nuestras críticas aquí presentadas son justificadas. Cada crítica está apoyada con citas del libro y el número de las páginas citadas entre paréntesis.
Juan Sánchez Núñez.
Así que hoy estamos con el primer capítulo del libro: “¿Qué es la ética teológica?” Sánchez divide su primer estudio en los siguientes siete puntos: 1) Ética teológica y ética bíblica; 2) ¿Qué es la ética?; 3) De la heteronomía a la autonomía: la madurez ética; 4) La ética y la cultura; 5) La praxis ética: el conflicto de valores; 6) La ética y las ciencias modernas; y 7) La ética teológica: ¿qué aporta la teología a la ética?
Haremos nueve observaciones críticas sobre este primer capítulo del documento ‘Ética teológica y homosexualidad’.
1.- Sánchez dice que la homosexualidad no es un asunto de ética bíblica
Sánchez empieza explicando la razón por la que quería hablar sobre la homosexualidad desde la ética teológica y no desde la ética bíblica, a saber, porque “la ética teológica es mucho más amplia que la ética bíblica” (8). Nuestro autor presenta una lista de asuntos morales que no se abordan “directamente” en la ética bíblica tales como la fecundación in vitro, el DIU, la eutanasia, la dación en pago, la democracia, el capitalismo, etc. (8-9). No obstante, tal lista es una pista falsa. El libro de Sánchez se trata de un tema ético sobre el cual la Biblia habla más que claramente, esto es, la homosexualidad. Si Sánchez quisiese hablarnos sobre la fecundación in vitro o el DIU, podría haber apelado a la ética teológica; pero puesto que su tema se aborda “directamente” en las Escrituras, tendría que mantenerse dentro de la esfera de la ética bíblica.
2.- Sánchez confunde la ética con la ciencia
Sánchez cree que “la ética teológica tendrá que dejarse ilustrar por las ciencias modernas” olvidándose de que la ciencia moderna es moralmente neutral (9). El estudio científico no tiene nada que ver con la esfera de los valores éticos. Os ponemos un ejemplo. Si ponéis una gota de veneno en un vaso de agua que vuestro amigo está bebiendo, la ciencia os puede decir que al beber el agua, vuestro amigo morirá. Sin embargo, la ciencia moderna no os puede decir si es moralmente correcto o incorrecto colocar el veneno en su vaso. ¿Veis la diferencia? Cuando Sánchez apela a la ciencia para resolver un asunto moral, está confundiendo dos disciplinas académicas. La ciencia moderna y la filosofía son dos campos diferentes. La ética pertenece a la esfera de la metaciencia o la metafísica. En respuesta a la propuesta de Sánchez, los evangélicos decimos que la ética teológica tendrá que dejarse ilustrar por el Evangelio de Jesucristo.
3.- La ética de Sánchez no es cristiana sino secularista
La ética está de Sánchez está totalmente dominada por intereses seculares y humanistas, carente del Evangelio de Cristo. No hay nada en su definición de la ética que un ateo materialista no sabría decirnos. Divide el quehacer ético en los siguientes dos bloques: “-Un proyecto personal: cuya meta sería la felicidad. Pretende desarrollar personas libres, autónomas, responsables, etc., que viven con dignidad, etc. –Un proyecto de convivencia: cuya meta sería la justicia. Pretende desarrollar ciudadanos libres y responsables, conscientes del bien común, de la solidaridad, etc.” (11) 
Nos preguntamos: ¿dónde están las demandas explícitas de Cristo en estos dos proyectos? Sánchez define el concepto de vivir éticamente como vivir de acuerdo a “esas metas de felicidad y de justicia, y rechazar todo lo que nos aleje de las mismas” (11). No se trata de una ética cristiana en lo más mínimo. Falta un celo evangélico por la gloria de Dios y el nombre de Cristo. En el sistema de Sánchez, Dios se convierte en una especie de “experiencia” ambigua de amor que nos “impulsa a vivir en plenitud”, a “vivir la altura de ese amor recibido” (15). Es la fuente de autoafirmación que potencia nuestra autonomía moral. En otras palabras, Dios es el siervo; nosotros, los señores. Ya no tomamos decisiones en base la voluntad de Dios, sino a raíz de nuestra propia autonomía y dignidad humana.
4.- Sánchez cree que obedecer a Dios es “infantil”
Según Sánchez, vivir de acuerdo según lo que está mandado por Dios y su Palabra equivale a una “fase infantil” (12). Es difícil saber cómo un profesor evangélico podría hacer semejante aseveración tan osadamente. Y más sorprendente aun es entender cómo su denominación, la IEE, podría haber dado su respaldo institucional a la publicación del estudio. 
Aquí estamos ante la ética neo-pelagiana con la cual Kant inauguró la ilustración y su total independencia del Dios del Evangelio. Lo que Sánchez propone es vivir cómo nos da la gana con tal de que alcancemos nuestra realización plena. Incluso se mete con la idea de que Dios sea quien determine cómo uno debe vivir (12). “El peligro de la moral infantil es que, lo que debería ser una etapa pasajera, se convierta en algo estable; y entonces, el ser humano, no alcanza jamás la madurez moral, la autonomía ética” (11-12). De nuevo, es secularismo: una ética divorciada del Evangelio. Sánchez anima a sus lectores a avanzar hacia la autonomía ética independientemente de Dios. Nos acordamos de una serpiente que sugirió algo parecido en el Edén.
5.- Sánchez cree que la Biblia nos desconcierta
Sánchez propone otra razón por la cual no hacer caso a los mandatos éticos de la Biblia. Dice que la “misma Biblia nos desconcierta” (13) refiriéndose al sexto mandamiento –no matarás- y a otros textos donde la Biblia prescribe la pena de muerte como castigo de gran número de delitos. ¡Aquí hay una clara contradicción en las Escrituras!
Resulta muy difícil creer cómo un experimentado profesor evangélico podría estar tan equivocado en algo tan hermenéuticamente sencillo. El sexto mandamiento prohíbe que el pueblo tome la ley en sus propias manos, dejando que el gobierno teocrático de Israel se encargue de ejecutar a los impíos según lo estipulado en el Tora. En otras palabras, la Biblia no nos desconcierta. Es otra pista falsa de Sánchez. Simplemente hay que saber leer las Escrituras en su contexto y no distorsionarlas con el fin de promover la homosexualidad a través de una ética secularizada.
6.- Sánchez quiere que la ética teológica sea acogida por la sociedad
Sánchez puede deshacerse de la Biblia y de una ética basada en los mandatos de Dios porque para él lo más importante de la ética sexual cristiana es que sea “aceptable” y “acogida por la sociedad” (14). Si la ética no se fundamenta en la ciencia moderna, “corre el riesgo de proponer una valoración o una orientación que nadie comprenda y nadie siga” (14).
¿Dónde vemos esta preocupación en los escritos bíblicos? ¿Acaso Dios solamente dicta leyes que sean agradables al paladar popular? ¿Qué diremos sobre el ministerio de los profetas, Juan el Bautista, Cristo y los apóstoles? ¿En algún momento se dejaron guiar por la voluntad del pueblo? ¡Desde luego que no! Predicaron a una sola voz: “¡Arrepentíos! ¡Huid de la ira venidera!” Lastimosamente, Sánchez no empieza su ética desde las Escrituras sino desde los caprichos y antojos de la sociedad. Tal mensaje es una clara negación de la cruz de Cristo. Por cierto, ‘arrepentimiento’ es una palabra que no aparece por ningún lado en la propuesta ética de Sánchez.
7.- Sánchez cree que la Biblia está histórica y culturalmente condicionada
Sánchez pone en tela de juicio la ética bíblica ya que refleja “la época histórica en la que ha surgido, y la cultura en la que nació” (15). Su lógica sería: si la Biblia está cultural y históricamente condicionada, entonces no hay que hacerle caso. Es decir, la Biblia condena la homosexualidad porque en aquel entonces todos creían que era algo malo.
Primero, esta aseveración de Sánchez es manifiestamente falsa. Si leemos bien el contexto de los mandatos divinos en Levítico 18 y 20 contra la homosexualidad, veremos que el Señor mandó lo que mandó para que los hebreos fuesen en contra de las prácticas homosexuales que prevalecían en las culturas vecinas. A la luz de la perversión sexual en otras naciones paganas, Dios llamó su pueblo a la santidad. El mandato de Dios entonces no afirmó la cultura sino que la detuvo. Dios se opuso a la cultura gay. Evidentemente no todos creían que la homosexualidad era mala.
Segundo, si seguimos la lógica de Sánchez, no tenemos porqué hacerle caso a él tampoco. ¿Por qué no? Porque el razonamiento de Sánchez es que no hace falta hacer caso a la Biblia porque está histórica y culturalmente condicionada. Pero Juan Sánchez Núñez también está histórica y culturalmente condicionado por valores humanistas e ilustrados, por lo tanto, no hay que hacerle caso a él tampoco. Sánchez, sin saberlo, se dispara en el pie filosóficamente.
8.- Sánchez define la teología como una “experiencia”
Sánchez sigue el espíritu liberal cuando define la teología en términos de “experiencia” en vez de doctrina. Fue Federico Schleiermacher –el Judas Iscariote de los siglos XVIII y XIX- el que fue el primer en definir la teología como “experiencia”. A pesar de ser un predicador reformado, Schleiermacher no había nacido de nuevo. Escribió una carta a su padre el 21 de enero 1787 confesando que había perdido su fe y añadió, “No puedo creer que el que se llamaba a sí mismo el Hijo del hombre sea el Dios verdadero y eterno, no puedo creer que su muerte fue una expiación vicaria”.
Schleiermacher soñaba con un nuevo método teológico pos-kantiano, esto es, uno que no se basaría en la revelación de Dios según las Sagradas Escrituras sino en la experiencia humana. El producto fue su magnum opus ‘La fe cristiana’ publicada en 1821. Así nació la teología liberal, izquierdista. No sabemos si Sánchez está intencionadamente siguiendo las pisadas de Schleiermacher; pero necesita saber que la plaga liberal engendrada por aquel pensador prusiano vació las iglesias protestantes de Alemania, Suiza, Holanda y el Reino Unido
La única manera en que Sánchez y su denominación (la IEE) podrían apoyar la homosexualidad a nivel nacional aquí en España sería si consiguiesen reemplazar las Escrituras con la “experiencia espiritual” y esto es precisamente lo que Sánchez está proponiendo. ¡La historia se repite ante nuestros ojos! Una vez que la teología y la ética se basan en el carácter “progresivo” de la experiencia del creyente, la ética bíblica se viene para abajo (16). Por eso los evangélicos rechazamos la propuesta de Sánchez en el nombre de la sola scriptura. ¡Somos los hijos de la Reforma protestante! Sánchez no nos robará la primogenitura. 
9.- Sánchez afirma que Jesucristo es la palabra última y definitiva de Dios
Finalmente, Sánchez razona que Jesucristo es la “palabra última y definitiva” de Dios (16). En esto, le damos toda la razón. 
No obstante, es precisamente este Jesús de las Escrituras el que citó Génesis 2 cuando definió el matrimonio entre un hombre y una mujer. Dijo el Señor, “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:4-6). Jesús ofreció una interpretación explícita y exclusivamente heterosexual del matrimonio. Si hubiese querido reformar la revelación de Dios tocante al matrimonio, podría haberlo hecho. Pero no lo hizo. Jesús confirmó lo que su Padre ya había establecido en el principio: el matrimonio es para un hombre y una mujer hasta que la muerte los separe.
Con todo, el apelar a la autoridad de Jesucristo resulta contraproducente para el programa ética de Sánchez.
Conclusión
Después de haber estudiado el primer capítulo del libro de Juan Sánchez sobre la ética teológica, rechazamos su propuesta por las siguientes razones:

  • Sánchez se olvida de que la homosexualidad es un asunto de ética bíblica.
  • Sánchez confunde la ciencia con la ética.
  • La ética de Sánchez no es cristiana sino secularista.
  • Sánchez cree que obedecer a Dios es “infantil”.
  • Sánchez pone en tela de juicio la autoridad bíblica.
  • Sánchez quiere una ética que sea aceptada por la sociedad.
  • Sánchez define la teología como una “experiencia”.
  • Sánchez no toma en consideración que Jesús se posicionó a favor del matrimonio heterosexual.

La semana que viene:
10 críticas a la teología pro-gay de Juan Sánchez Núñez

Fuente: Protestantedigital, 2016.