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domingo, 8 de marzo de 2015

Siempre hubo mujeres valientes



Por. Isabel Pavón, España
Según Celia Amorós (La Idea de Igualdad), el patriarcado es un conjunto de prácticas reales y simbólicas. Es una organización social que se perpetúa en el tiempo. En este concepto, el hombre tiene posibilidad de realizarse en dos ámbitos: privado y público. Tiene derechos. La mujer sólo en el privado y carece de ellos. En el Antiguo Testamento (escrito bajo la perspectiva masculina, en algunas ocasiones misógina) podemos observar con claridad que las acciones de ella (obligada a estar quieta y ser modesta) estaban bajo la supervisión del padre, esposo o hermano. Nunca de sí misma. De ahí que en las Escrituras aparezcan con bastante frecuencia sin nombre propio, solo como hija de, esposa de o hermana de. Las leyes estaban enfocadas al varón ya que a la mujer no se le concede identidad propia. El lado oficial de la comunidad la constituía los hombres. Ellas simplemente pertenecían al amplio grupo familiar. Además, servían como objeto de intercambio para unir lazos entre diferentes grupos sin que pudieran opinar sobre el tema. Sus tutores eran los que daban el visto bueno a sus matrimonios y fijaban el coste. Este precio dependía de su estado, si se mantenía virgen o viuda, si estaba en edad de poder reproducirse. El padre también tenía derecho a venderla como esclava (la mayoría de las veces para ser concubinas). En el Antiguo Israel, los varones eran los únicos portadores del honor. Como comentaba en líneas anteriores, las mujeres se valoraban más si se hallaban en edad de concebir y parir hijos, sobre todo varones. Ser estéril resultaba una maldición para ellas, sus maridos, sus grupos y podían ser repudiadas. Sufrían una presión social atroz y a veces de sus propias compañeras. Para paliar esta falta, adoptaban hijos de otras (esclavas o concubinas).
Como expresa Esperanza Bautista Parejo: "las culturas patriarcales antiguas daban por supuesta la superioridad del hombre. Se pensaba que sólo el varón poseía y expresaba plenamente lo humano y, en una actitud muy cercana al corporativismo, se exaltaban como virtudes la lealtad y la amistad entre varones para confirmar así una posición social que se compartía entre iguales". Las viudas sin hijos y las repudiadas sin hijos se veían en una grave situación de pobreza, pues no tenían quien las mantuviera y si volvían a casa de sus padres se las recibía como una carga, una boca más, además, si lograban casarlas, no podían pedir la misma dote (mohar) que si fueran vírgenes. "Las mujeres de la Biblia funcionaron como profetas, maestras, visionarias, líderes, libertadoras e incluso como heroínas". "Varias devotas mujeres bíblicas desafiaron su cultura, desafiaron autoridades y aún así no hay en la Biblia una pizca de censura sobre sus acciones". "Quizás la identificación más importante de las mujeres anónimas del Antiguo Testamento son sus historias – historia que tienen un significado duradero y que va más allá de un nombre. A través de sus semblanzas vemos mujeres astutas que tuvieron encuentros con la Divinidad (Ej. la madre de Sansón), otras de admirable dignidad, piedad y fortaleza de carácter (como la hija de Jefté), las que fueron valientes (como la mujer de Baruj), las que tuvieron una fe comprometida (como la madre de Miqueas) y mujeres cuyas palabras serán recordadas en las Escrituras (como la Madre del Rey Lemuel)". (Frases tomadas de Internet, del texto "El oprobio en la mujer anónima en el Antiguo Testamento").
No obstante, algunas de estas valientes tuvieron el privilegio de aparecer con el nombre propio. Desafiaron al patriarcado para defender sus derechos: Hulda, Rajab, Ester, Rut, Tamar, Débora, Ya`el, Betsabé, entre otras. Aparecen en el Antiguo Testamento y luego, algunos nombres, reaparecen en el Nuevo (Primer capítulo del Evangelio de Mateo) en la genealogía de Jesús. Nos centraremos en un breve repaso de las vidas de Tamar, Débora Ya´el y Betsabé.
TAMAR
[Judá y Tamar (Génesis) / The Phillip Medhurst Picture Torah 179 - Gerard Hoet (Wikimedia Commons)] Judá y Tamar (Génesis) / The Phillip Medhurst Picture Torah 179 - Gerard Hoet (Wikimedia Commons) En este relato se alude a leyes del Levirato asumidas por el pueblo de Israel descritas en el libro de Deuteronomio. Un hombre debía casarse con la viuda de su hermano y si este fallecía también, otro hermano debía hacer lo mismo hasta dar descendencia al primer esposo para que su nombre no desapareciera de la tribu y los hijos no perdieran la herencia del padre ni la dote de la madre. Tamar queda viuda dos veces y Judá no le entrega a su hijo menor cuando llega a ser adulto, de ahí que se disfrace de prostituta al conocer que su suegro llegará en breve a la ciudad. Por justicia tiene derecho a engendrar descendencia. Este no la reconoce y duermen juntos.
Tamar pide a Judá unos depósitos que son las pruebas valiosas que necesitaba para demostrar, en caso de quedar embarazada, que era el padre de su hijo. De otro modo, nadie la habría creído. Para Tamar fue importante tener las prendas porque así salvaría su vida del fuego frente a la acusación de fornicación. Por otro lado, lograría reinsertarse en el sistema del que había quedado fuera. De este modo vuelve al clan y tiene patrimonio natural para los herederos del propio padre de la tribu, Judá. El relato transcurre de esta manera para exigir justicia. Las mujeres se valieron de este u otro tipo de argucias para no quedar fuera de la sociedad en la que vivían. Génesis, 38.
DÉBORA
[Deborah (Wikimedia Commons)] Deborah (Wikimedia Commons) La historia de Débora (la abeja) transcurre al norte de Israel, en el entorno de Galilea. Ejerce con ejemplaridad un puesto de poder que estaba permitido antes de la consolidación del pueblo de Israel como tal. No solo hacían de jueces sino que eran considerados una especie de gobernantes de tribus o sociedades. Ser juez era un cargo que se le otorgaba a los ancianos. Se nombraban cuando surgía un problema particular que había que solucionar con la aportación de estos. Como decía, Débora era profetiza y jueza. El pueblo estaba acostumbrado a acudir a ella para recibir su sabiduría y resolver sus pleitos. Aunque el cargo de juez correspondía a los varones, a Débora le otorgaron esa autoridad sin que se sospeche ningún problema. Gobernó en un tiempo difícil de crueldad y opresión, donde no había rey. Fue la misma que llamó a Baraq (o Barac, el Relámpago) para que buscara guerreros. Obró como promotora de la hazaña, la que envió hombres a la lucha en nombre del Señor. Algunas tribus acudieron a su llamada, seis de las diez que formaban Israel en aquel tiempo. Baraq, el guerrero, representa la de Neftalí.
En aquellas sociedades se nombraba al mejor guerrero o cazador para comandar alguna causa concreta. Débora fue levantada ante el pueblo como medio de perdón entre Dios y los israelitas y Baraq como luchador. Débora, Yael y Baraq juntos protagonizaron el desafío a las tropas de Jabín. En el canto de Débora como mujer vencedora y Barác, capítulo 5 de Jueces, aparece con el apelativo de madre de los hijos de Israel. Faltaban varones y Jefes y este nombre de "madre" lo califica Rafael Sanz Carrera como algo singular, pues da a entender el lugar que ocupaba entre las tribus y la consideración que le tenían. Por añadir algo más, Baraq se niega a ir si Débora no va, la necesita y ella accede. No fue Baraq quien asesinó a su enemigo Sísara sino una mujer valiente, Jael (o Yael) cuando este se refugió en su casa. Jueces, 4.
YA'EL
Yael, la victoriosa, mató al general cananeo Sísara cuando se encontraba vencido y huía de Baraq. Su nombre se vincula al de Débora porque juntas consiguieron la victoria. Su nombre significa Cabra de Monte y estaba emparentada con los israelitas a los que decidió ayudar rompiendo el pacto que su familia tenía con Sísara. Sin embargo, pertenecía a los kenitas. Aunque está casada con Jeber actúa de forma intuitiva sin consultar con su esposo. Tiene autoridad sobre su tienda, tribu o grupo. Jueces, 5.
David ya es rey de todo Israel. Ha conquistado Jerusalén y ha creado su propio harén. Ve bañarse a Betsabé, posiblemente hitita como su esposo Urías, la manda llamar y se acuestan. Al quedar embarazada quiere hacer parecer que es hijo del marido, lo trae para que duerma con su esposa, pero este ardid no da resultado y le envía a los lugares más peligrosos de la guerra consiguiendo que muera, casándose a continuación con Betsabé. El hijo nacido, muere al séptimo día. Es el profeta del rey, Natán, quien anuncia el castigo. Salomón no era el primogénito de David. Tenía hijos mayores de otras esposas y había que justificar su llegada al trono. Betsabé, con la ayuda del profeta Natán que le recuerda que David había prometido hacer sucesor del trono a Salomón, eliminará a los rivales de su hijo y hará que su padre le corone como rey de todo Israel. Esta gestión le depara a Betsabé un futuro tranquilo y protegido como reina madre. 2 Samuel, 11.
CONCLUSIÓN:
Siempre hubo mujeres valientes en las sociedades patriarcales antiguas, aunque apenas se las resalte y se les dé el mérito que les corresponde. En la actualidad, en las comunidades eclesiales se prefiere elegir textos en los que aparecen hombres grandiosamente fieles a Dios para ponerlos como ejemplo y se dejan fuera aquellos donde las mujeres, por su fe y valentía, ejercitan tus dones. Desgraciadamente esto ha ocurrido a través de los tiempos y llega hasta hoy mismo. No obstante, las mencionadas supieron conseguir sus derechos y nos enseñan, como maestras experimentadas, a ser valientes y reclamar los nuestros. Este artículo va por ellas. También por nosotras.
BIBLIOGRAFÍA:
Curso Desafiando el Patriarcalismo (Dra. Diana Rocco Tedesco).
El cordón de grana (Historia de mujeres en la narrativa bíblica). S. Stuart Park. Ed. Andamio.
El Oprobio de la Mujer Anónima en el Antiguo Testamento
Esperanza Bautista Parejo: Texto tomado del libro La mujer en los orígenes del cristianismo. Desclée de Brouwer.
Mujeres de la Biblia Judía. eB estudios bíblicos. Xabier Pikaza.

Fuente: Protestantedigital, 2015.

domingo, 8 de febrero de 2015

Una mujer puede aprender, pero no enseñar



Por. Isabel Pavón, España
Hay creyentes que se saben un par de versículos de memoria sacados de contexto para afianzarse en contra de sacar a la luz los dones de las mujeres y olvidan aprenderse otros que están a favor.
Hay varones que se dedican a enseñar en las diferentes congregaciones. En estos eventos, ya sean gratis o por mediación de pago, están admitidas las mujeres. Ellas estudian los mismos temas que los varones, hacen los mismos ejercicios e intervienen en los mismos debates. En el caso de hacer exámenes, igual que los hombres, sacan sobresalientes en las diferentes materias.
No obstante, algunos de estos maestros, incongruentemente están en contra de que las mujeres enseñen a otros adultos (sí a los más pequeños, discriminando a estos también). Cuando están preparadas no permiten que transmitan esos conocimientos, esconden su verdadero sentir y dicen que es Dios quien lo prohíbe. Me pregunto qué sentido tiene, cuál es el fin de enseñarles si después no pueden compartir con los demás lo que han aprendido. Son discriminadas, se ven amordazadas ante los fieles y si alguien no está de acuerdo, mira para otro lado para no señalarse.
Por otro lado me consta que cuando algunos de estos que menciono asisten a actos, se salen fuera si ven que predica una mujer. Prefieren esperar en la calle, ya sea con frío o con calor, a que termine para que ninguna de sus palabras les entre en los oídos y les confunda. ¿Por qué tanto temor? ¿O será desprecio a la obra de Dios en el género femenino? ¿Cómo puede alguien enseñar primero y marcharse después si, por ejemplo, una de sus alumnas comparte las enseñanzas que él mismo le ha impartido antes?
Hay creyentes que se saben un par de versículos de memoria sacados de contexto para afianzarse en contra de sacar a la luz los dones de las mujeres y olvidan aprenderse otros que están a favor.
En el sobre de un azucarillo leí la siguiente frase atribuida a Platón: El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra. Aquí se describe bien el sentido de lo que quiero expresar aunque yo lo redactaría de la siguiente manera: La que aprende y aprende y no puede practicar con otros lo que sabe, es como la que desea arar y arar para sembrar y no puede porque hay quienes le ponen cercas al campo para que no entre.

Fuente: Protestantedigital, 2015.

sábado, 4 de agosto de 2012

Woman is beautiful (Iglesia y patriarcado)

Por. Isabel Pavón, España*
Creo que existen iglesias donde se maltrata a la mujer. Ser negada es ser maltratada.

Género es la asignación que se le otorga a los seres humanos según su sexo. No obstante, existen diferentes definiciones para el concepto de género, todas ellas implicadas con la realidad de mujeres y hombres a lo largo de la historia y sus relaciones sociales. En cada una de ellas podemos descubrir que el patriarcado está fuertemente arraigado, el dominio pacifico o violento, que considera a la mujer, ya sea de manera individual o colectiva, un ser inferior al que se debe guiar, guardar, corregir, gestionar sus bienes, paralizar sus iniciativas y ejercer contra ella su fuerza, ya sea física o psíquica, en el ámbito familiar, social o religioso, hasta hacer de ella un producto destinado para el servicio al varón.
A la mujer se la ha domesticado y oprimido. En muchas sociedades está recluida a ser esposa, madre, hija o cualquiera de los roles que el varón le asigna. Según sea la sociedad y la época, el poder que ejerce el patriarcado puede tener origen "divino", familiar o fundarse en acuerdos de voluntades entre los propios varones. En ellos prevalece el dominio del hombre sobre la mujer, impidiendo que esta se realice como sujeto.
A través de los libros de la Biblia podemos destacar el patriarcado reinando con claridad en los pueblos antiguos. Esta herencia la han acogido con gusto un número considerable de iglesias y aún no la han soltado , pues asumen a la mujer como un ser menor e incompleto que debe actuar de la manera que se le dicta. Salvo excepciones que también podemos encontrar en la Biblia y en algunos documentos históricos fiables, ha sucedido así a lo largo de la historia.
A la mujer, por su sexo, se le marcan normas y prohíben acciones. Se la encorseta. Desde el púlpito no se reconocen estas acciones, no se mencionan estas negativas, pues se actúa de manera, casi siempre, no explícita.
Pongo pequeños ejemplos :
La prohibición de la mujer a enseñar a los varones adultos, teniendo permitido enseñar a los niños, dando por hecho que lo segundo es menos importante, obviando que es en los niños donde mejor se puede sembrar la palabra de Dios.
Otra muestra podría ser el denominado "tiempo de alabanza" (entrecomillado por no estar de acuerdo una servidora con este concepto de considerar las canciones como único modo de alabanza). En este periodo de la liturgia que abre el culto a Dios, hay lugares en los que los hombres tocan ciertos instrumentos apropiándoselos como masculinos. Ellas, a veces, tienen los suyos, productores de melodías más suaves.
La mujer que profetiza (según el contexto denominacional) es tildada de alocada e inmadura. El varón puede hacerlo con total normalidad y autoridad. Una mujer no puede escribir reflexiones bíblicas y compartirlas en público. El varón puede hacerlo y además es considerado alguien espiritual, entregado a Dios.
La mujer que desea participar activamente en la congregación puede ser considerada, en algunas comunidades, como entrometida, chismosa y se duda de su formación.
Existe algo curioso y es que igual que en otros ámbitos, dentro de ciertas iglesias, la mujer está encargada de las obras sociales, de la ayuda al marginado, de visitar a los enfermos, de cuidar las flores, de lavar lo que se ensucia y atender niños. Aún así, estos trabajos se consideran neutros frente al que realizan los varones. La mujer cuida la iglesia como le han enseñado a hacer en su propia casa. La mujer prepara la comida en actos especiales.
La mujer no podrá criticar los actos, las palabras, los consejos, las predicaciones y enseñanzas del varón. Trabaja a expensas de él. Bajo la supervisión de él. Con el permiso de él. Cualquier iniciativa queda bajo inspección patriarcal. A veces parece que se la escucha, que se le da oportunidades para avanzar. Sin embargo, no se tienen en cuenta sus palabras . Ocurre que, en la vida eclesial, hombres y mujeres se convierten en seres no complementarios sino opuestos. Incongruentemente, fuera del templo, la mujer puede ser jefa del gabinete donde estos varones trabajan ocho horas diarias bajo sus órdenes, pero en la iglesia, el hombre aparece como la parte activa. La mujer, ocupa la pasiva.
Existen ellos como la nota normal dentro de los vivos, y las mujeres como "lo otro", como si más que hijas de Dios, fuésemos un híbrido fallido de su obra, un error que hoy día todavía no sabemos componer y que aún no se ha podido eliminar de la faz de la tierra. Para muchos somos las eternas adolescentes, las falta de talento, las no capaces de discernir entre el bien y el mal. Somos las Evas que incitan a pecar a los santos varones y necesitamos supervisión constante, consejos, ayudas, correcciones, guías.
Estas características de dominio hacia la mujer dentro de la iglesia, la expulsa del ámbito de participación por causa de su sexo. No se le otorga autoridad ni se le valoran las responsabilidades. Su función a los ojos de muchos es insignificante. Lo que no se logra entender es cómo, en estas iglesias a las que me refiero, se predica el mensaje de Dios "según dice la Biblia" y se actúa de manera tan diferente y mezquina en la práctica.
El patriarcado no permite que las mujeres se salgan del canon establecido por ellos. Hay varones que cuando una mujer predica salen indignados del templo para no oírlas y las critican. Consideran que es mejor esperar en la puerta a que salgan sus esposas que poner sus oídos a disposición de estas enseñanzas. Me pregunto: Si las mujeres enseñan algo indebido, ¿cómo dejan que sus esposas se contagien dejándolas dentro?
Estos hombres echan en cara a las mujeres preparadas que no tienen la suficiente humildad como para quedarse sentadas con la boca cerrada. En contrapartida, están convencidos de que el hombre que predica ejerce la humildad, pues es un medio usado por Dios para darnos su mensaje. A las mujeres que cultivan sus dones les dan la espalda. Las hacen invisibles y transparentes. Por desgracia es otra forma de exteriorizar que no piensan perder su posición.
Una forma subliminal de invasión a la mujer por parte del patriarcado es alentarlas a tener sus propios grupos para que se "distraigan", evitando así mezclarse con los temas que a ellas les interesan. Esta propuesta, aún teniendo su parte positiva, lleva trampa, ya que las obligan a alimentarse fuera del grupo que debería estar compuesto por todos. Los hombres a los que me refiero están convencidos de que el cerebro de la mujer es más pequeño y, por lo tanto, sufren taras. No están capacitadas para realizar cualquier trabajo con éxito.
En los grupos de mujeres comparten y se enseñan unas a otras, a veces bajo la convicción errónea de que son cristianas de segunda clase. En los actos especiales de estas reuniones se suele invitar a un varón para que les enseñen, las instruyan, les expliquen la Palabra, las conduzcan, las exhorten, las encaucen... En casos así asumen de nuevo su papel de inferioridad pasiva a causa de su sexo y realzan el patriarcado aunque el varón les esté enseñando un concepto insustancial. Este tipo de hombres se sienten privilegiados cuando son invitados a los actos porque asumen la labor de evangelizar que desde el podium se le concede a su narcisismo, viéndolas a ellas en un nivel muy inferior. Ellos "por mérito propio, porque se lo merecen", dan gracias a Dios por la oportunidad que tienen de salvar y conducir almas tan pobres y por poder ofrecer un poco de su tiempo en ofrecerles alimentos blandos ya que son incapaces de consumir algo sólido. Son los eternos padres. Ellas, hijas para siempre. Las que no madurarán jamás.
Otros hay que, queriendo aparentar seguridad, al leer los textos bíblicos que se consideran discriminatorios para nuestro sexo, agarran la Biblia y la levantan con efusividad para mostrar que no son palabras suyas sino de Dios mismo, y que Dios no habla a la mujer sino a través del hombre. Y claro, ¿quién se atreve a discutir con el mismísimo Dios y llevarle la contraria? ¡Cuánta superstición existe en el pueblo de Dios y no se admite! En ese momento, el patriarca se monta en el trono divino y desde allí actúa, otro símbolo de invasión o anulación al hacer uso de tal autoridad. Para mantener su situación no se preocupan en estudiar las normas sociales incluidas en los relatos bíblicos que quedaron obsoletas siglos atrás y se colocan como mediadores entre Jesús y las mujeres.
Por otro lado, está la manera de vestir. No todas las modas femeninas están permitidas en estos grupos (a veces con razón, pero no siempre). Se anima a que la mujer cubra sus brazos sea cual sea la temporada del año. Se le alienta a usar falda larga, velo, zapato plano. Esto las lleva a tener dos maneras de actuar, incluso a esconderse, pues visten a gusto del patriarcado para entrar en la iglesia y a gusto de ellas -que por lo general también es un gusto impuesto desde el patriarcado- cuando salen del templo. El varón puede ir con pantalón corto, sin afeitar, sin corbata, sin ducharse y puede adoptar cualquier postura que se le antoje... La mujer no puede tintarse el pelo ni ir maquillada porque esto supone provocar a los hombres de manera obscena. El perfume es sensual. Los tacones provocativos.
Existen lugares de culto donde las mujeres se sientan separadas de los hombres, aunque sean sus propios esposos los que están al otro lado del pasillo y duerman en la misma cama todas las noches. Pero con Dios como excusa se marca la distancia, se separan. La mujer está obligada a recibir al clero en el reino de su casa y ponerle todo cuanto necesite al alcance de su mano. A veces puede interpretarse por parte de ellos como "aquí vengo y tomo posición este día y a esta hora", soy el rey.
En la iglesia ellas están obligadas a sonreír. Aceptar, si se produce, el maltrato psicológico al que se le somete como algo que se merece ya que fue quien indujo a pecar al varón y siente esta culpa esclavizante. Por cierto, si Dios perdona, ¿cuándo perdonará el hombre? Y por cierto otra vez, si fue el varón quien cometió el primer crimen, ¿por qué no se considera a todos los hombres criminales, fraticidas?
Se las persuade a convivir con maridos borrachos, mujeriegos e irresponsables porque tienen que demostrar que son buenas esposas y que es el Señor quien las ha puesto en ese ambiente para ayudar al hombre, al suyo, y si le abandona ella será responsable de su condena (siendo la mujer tan poca cosa como dicen que es, vean aquí cual grande es su empresa).
Tienen prohibido quejarse, pues esto se considera murmuración y la murmuración es pecado ante los ojos de Dios, ¿qué es murmuración para Dios, qué es desahogo, qué es denuncia justa? ¿Es necesario el consuelo o debemos guardarnos todos nuestros sentimientos sin expresarlos jamás? ¿No son necesarias las denuncias para el buen funcionamiento de la congregación? ¿No consideramos el don de discernimiento? ¿No se reúnen los varones en los despachos para hacer esto mismo?
Por su sexo, a las mujeres se les tapa la boca. Se les venda los ojos. Se les ata con cuerda corta. La opresión que sufren las lleva a ser victimistas, necesitando en muchos casos ayuda psicológica para volver a recuperar su autoestima, su deseo de identidad para sentir que existen y habitan. Muchas no llegan a conseguirlo, quizás por oír predicaciones en las que se dice que no hay nada que contenga más maldad que la mente femenina.
La mujer, tratada como la eterna inmadura es manipulada por muchos hombres que usan para ello la Biblia, convirtiendo en palabra de Dios las costumbres sociales de la época en la que se escribieron los libros. Se usan textos bíblicos desvirtuando su sentido original, o que se escribieron por un motivo específico y se generalizan, o se añadieron después de un tiempo y que nos dañan, nos mantienen en el estatus de total sumisión y sacrificio, pues conservando el concepto de que no somos capaces de hacer nada bien, al mismo tiempo somos responsables de todos los males.
En 1ª Cor 14, 34-35, las mujeres deben guardar silencio en las reuniones de la iglesia, porque no les está permitido hablar. Deben estar sometidas a sus esposos, como manda la ley de Dios. Si quieren saber algo, que se lo pregunten a ellos en casa, porque no está bien que una mujer hable en las reuniones de la iglesia. Esto se predica apartando a la mujer de la congregación, sin tener en cuenta los versículos que le anteceden y hablan en general a todos los creyentes, 1 Cor 14, 26-33:
“ En resumen, hermanos, cuando os reunáis, unos podéis cantar salmos y otros enseñar, o comunicar lo que Dios os haya revelado, o hablar en lenguas, o interpretarlas. Pero que todo sea para vuestra edificación. Y cuando se trate de hablar en lenguas extrañas, que hablen dos personas, o tres como mucho, y por turno. Además, alguien debe interpretar esas lenguas. Y si no hay nadie en la iglesia capaz de interpretarlas, mejor será no hablar en lenguas, sino que cada uno hable consigo mismo y con Dios. Igualmente, si hay profetas, que hablen dos o tres, y que los demás consideren lo que ellos hayan dicho. Pero si Dios le revela algo a otro de los que allí están sentados, entonces el primero deberá dejar de hablar. De este modo, todos, por turno, podréis comunicar mensajes proféticos, para que todos aprendan y se animen. Ahora bien, el espíritu profético ha de estar sometido al control de los profetas, porque Dios es Dios de paz y no de confusión.”
¿Por qué se suprimen estos versículos o se tergiversan y sólo se le da importancia a los que nos humillan? ¿Por qué se eliminan los textos que van dirigidos a ambos sexos?: 1ª de Pedro 4, 10-11 dice:
Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de vosotros sirva a los demás según el don que haya recibido. Si alguien habla, sean sus palabras como palabras de Dios. Si alguien presta un servicio, préstelo con las fuerzas que Dios le da. Todo lo que hagáis, hacedlo para que Dios sea alabado por medio de Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el poder para siempre. Amén.
Para Dios, la mujer es admitida a la par que el hombre. Tenemos buen ejemplo de ello en el comportamiento de Jesús con las mujeres.
Hay dos casos en los que en estas comunidades que comento hay trato igualitario. El primero es al pasar la ofrenda , incluyen hombres y mujeres pues el dinero es valioso. El segundo es en aumentar el número de inscritos . A partir de aquí, la mujer es un simple concepto teórico, no personal. Son cautivas de la sujeción por parte del patriarcado con la excusa del deseo divino que les impide ser sujetos activos.
En algunas iglesias, igual que en algunas sociedades, hay división sexual del trabajo. Se margina a la mujer a ejercer papeles secundarios y terciarios. Se eliminan los dones y esto se asume como algo legítimo por parte de todos. Esto nos coloca en un papel suplicante y de agradecimiento cada vez que nos permiten actuar. Y lo más grave, lo peor, no son los amenes que se escuchan emotivos, sino los que ellas pronuncian bajito con la aceptación amarga de estos conceptos, como si no hubiera otra salida distinta a la que se muestra. ¿La hay?
Deseo añadir que, por supuesto, no todos los varones discriminan a las mujeres, pero teniendo en cuenta que el género es una construcción social y cultural a partir de las diferencias sexuales hay mucho trabajo por delante.
Antes de que las normas terminen con nuestra existencia y nuestro quehacer, debemos plantearnos un nuevo modelo de roles en el que el sexo, ya sea el injustamente llamado débil o el nefastamente llamado fuerte, no sea lo que prime sino la gracia de Dios derramada en nosotros tal como le plazca.
¿Es necesario que para que el hombre ocupe su lugar, dejemos nosotras de tomar el nuestro? ¿Qué ilusión nos dejan? ¿Por qué esa lucha entre ambos? ¿Por qué si la mujer se sitúa parece que le roba al hombre su identidad? ¿Dónde está la nuestra?
Creo que existen iglesias donde se maltrata a la mujer. Ser negada es ser maltratada. Nos toman como propiedad y llegamos a sentirnos como propiedad, subordinadas, con nuestra autoestima invadida por seres extraños a nosotras. Este estatus se reproduce por los siglos de los siglos. Deberíamos unirnos para protestar por elloy evitar que los varones usen en nombre de Dios como excusa y lo pongan enarbolando esa bandera.
Si muchas no estamos locas por todas las variantes que nos han inculcado es por pura gracia de Dios. ¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿Cuál es nuestra identidad? ¿Quién nos la da? ¿Cuál nuestro estatus? ¿Cuánto valemos? ¿Para quién? ¿Qué han hecho de nosotras? ¿Cómo salir de estos roles? ¿Hacia dónde nos conducen? ¿Por qué? Es necesario respondernos estas preguntas y deducir de las respuestas qué clase de sujetos somos y a quien o quienes nos queremos sujetar.
Silenciadas durante siglos por el hecho de ser mujeres nos subimos al escenario reclamando la palabra, la voz y el voto. Que se cumpla en nosotras lo que dice Prov. 13,12: Esperanza frustrada, corazón afligido; pero el deseo cumplido es como un árbol de vida. Veintisiete veces se menciona la fe en Hebreos 11. Se efectúe por fe la esperanza que tenemos. Que el deseo de servir al Señor que habita en nosotras no se malogre. Seguiremos en la tarea. Del mismo modo que el movimiento por los derechos de los negros en USA tenía como eslogan black is beautiful , no dejaremos de pensar que woman is beautiful , pues lo es.

Autores:Isabel Pavón

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