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miércoles, 15 de agosto de 2012

Un simposio teológico ¿“raro”?

Por Juan Fonseca, Perú*

“Playados”, ambiguos, “buracos” (orificio), maricas, indecentes, queer, etc. ¿Qué tienen que ver estos irreverentes conceptos con la teología? ¿Son una muestra del fin de los tiempos? ¿O tal vez el inicio de tiempos novedosos? ¿Cómo hacer teología desde los márgenes? ¿Qué reflexión teológica se puede hacer desde las sexualidades diversas? Fueron palabras y preguntas que revolotearon en uno de los eventos más singulares y trascendentes en la historia de la teología latinoamericana: el primer Simposio de Teología Queer, organizado por el Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) en San José, Costa Rica.
Para quienes son teólogos profesionales, fue la primera oportunidad en nuestro continente de compartir los avances que se están realizando en América Latina en ese campo. Para quienes no lo somos, fue una oportunidad de familiarizarnos con esta novedosa y refrescante forma de hacer teología. Para la Iglesia en general, creo que podría significar un punto de inflexión en el proceso de “aggiornar” el pensamiento teológico y los paradigmas de misión en un continente tan ricamente diverso como el nuestro.
¿Por qué un simposio raro? Porque justamente lo queer apela a aquella extravagancia creativa que la teología autodenominada ortodoxa ha excluido de su producción. Y eso es lo que justamente André Musskopf, el teólogo queer más prolífico de Latinoamérica, nos hizo recordar en la ponencia inicial del Simposio: lo queer como un paradigma de teoría y praxis que propicia la construcción crítica, la inconformidad creativa, la fluidez identitaria, la sospecha de las fijezas, la sacralidad de lo cotidiano, la teologización de lo raro, la validación de lo excéntrico, con el fin de deconstruir los parámetros tradicionales de aquella teología basada en identidades consolidadas por el discurso médico, político y religioso y, sobre esa base, “articular un discurso teológico desde la fluidez, la movilidad, la ambigüedad, la multiciplicidad en el campo de las identidades sexuales y de género, sin perder su carácter político de transformación social” (Musskopf 2012, p. 209).
La riqueza reflexiva de André se nos regaló poco después a través de la presentación de su último libro: Viagems teológicas. Itinerarios para uma teología queer no Brasil (2012). Valioso recurso para quienes deseen profundizar en el ámbito de la teología queer (en adelante TQ) en nuestro continente.
A lo largo de los días que duró el evento, pudimos escuchar con creciente interés a diversos teólogos y científicos sociales quienes plantearon ideas sugerentes en ponencias de notable solidez académica y metodología novedosa. No hay espacio para reseñarlos a todos y todas, así que, apelando a la reivindicación del itinerario individual como método de reflexión, resaltaré aquellos que me estimularon con mayor intensidad. Por ejemplo, la teóloga brasileña Genilma Boehler sintetizando las singularidades del método queer para la teología y resaltando la teología de la encarnación como un espacio de construcción productiva de lo queer, nos emocionó al invitar al colombiano Hugo Otero a leer un bello poema del colombiano Hugo Otero sobre la vivencia de una persona trans.
También me deleité cuando otra brasileña, la excelsa teóloga y biblista Nancy Cardoso, planteó la importancia de vincular la producción teológica queer a la tradición crítica de la teología latinoamericana y del necesario diálogo con las vivencias de las masas excluidas de América, y lo hizo brillantemente a través del análisis de personajes literarios mágico-realistas del escritor peruano Manuel Scorza. Nancy reivindicó aquella dimensión extática y lo institucionalizada de la religiosidad latinoamericana que muestra cotidianamente su riqueza creativa, y que ha sido injustamente ignorada por los teólogos y líderes cristianos. La performance de Nancy se completó con una magistral conferencia sobre el imaginario religioso presente en el Levítico. Para quienes siempre vimos con sospecha la rigidez” legal de dicho texto, fue un descubrimiento maravilloso verlo desde las claves de la biopolítica y el afán disciplinador de la corporalidad, en especial de los “buracos” (orificios) en donde se producen los procesos de tránsito y fluidez del cuerpo humano. Su metodología expositiva, combinando humor y música, erudición y cotidianidad, encandiló a todos y todas, incluyendo a un entusiasta Pablo Richard, quien desde la audiencia, aplaudió vivamente a Nancy.
Entre otros, también resaltó Hugo Córdova, rutilante académico argentino, presentando una exquisita síntesis de las TQ en el mundo asiático, con las cuales la TQ latinoamericana está llamada a dialogar.
Asimismo, la chilena Loreto Fernández y su desafiante exposición sobre las dificultades de “ser quien uno es” al interior de las comunidades cristianas. Y otros y otras investigadores jóvenes y alguna/os más experimentados, quienes presentaron ponencias que seguramente impactarán luego de la publicación de las memorias del Simposio: oral Herrera, Daniel Fernández, Wendy Mallete, Marisol Fournier, Lars Bedurke, Darío García y José Vaz Magalhaes.
Hubo dos mesas que intentaron articular la riqueza conceptual de las ponencias académicas con la experiencia eclesial y social. En una mesa sobre experiencias pastorales alrededor de las sexualidades diversas en América latina, cuatro líderes de comunidades o programas cristianos inclusivos mostraron las maneras cómo se están construyendo experiencias de inclusión en los bordes del cristianismo establecido. Así, Daniel Jones relató el proceso de articulación de las iglesias cristianas progresistas durante el proceso de aprobación del matrimonio igualitario en Argentina, y Abel Moya mostró los avances en la pastoral de inclusión en la Iglesia Luterana Costarricense.
Luego, Cruz Torres, maravilloso líder salvadoreño, contó cómo se ha posicionado la pastoral inclusiva en la diócesis anglicana de su país; y quien esto relata, como presidente de la Comunidad Cristiana Ecuménica Inclusiva “El Camino” del Perú, reflexionó sobre los retos en el caminar de esta experiencia de Iglesia y misión en Lima. En estas exposiciones se notó la necesidad de seguir trabajando en la articulación de la academia con la Iglesia, pues la producción novedosa de los teólogos académicos aun no se nota de manera clara en las acciones de misión de las comunidades inclusivas o que trabajan con la diversidad sexual. Aun queda camino por recorrer en este aspecto.
La segunda mesa de articulación teoría-praxis fue el diálogo público que se realizó en los ambientes de la Asamblea Legislativa del Estado costarricense entre los obispos Martín Barahona (Iglesia Anglicana de El Salvador), Melvin Jiménez (Iglesia Luterana Costarricense), Héctor Gutiérrez (Iglesia de la Comunidad Metropolitana de México) y la teóloga chilena Loreto Fernández, quien representó a la comunión católica, simbólicamente desde el margen dada su condición de mujer dentro de la Iglesia Católico romana. La mesa abrió al debate temas diversos en relación a la necesidad de articular la diversidad sexual con los procesos más amplios de promoción de los derechos humanos.
El evento culminó con un diálogo abierto sobre la agenda de continuación de este primer simposio. El consenso de continuar construyendo un espacio común para la reflexión y la acción desde la TQ fue absoluto. El DEI, a través de su directora, una afabilísima Silvia Regina, ofreció seguir apoyando el proceso. La invitación de José Vaz Magalhaes para realizar el siguiente evento en Brasil recibió calurosos aplausos de los participantes, pues nada mejor que el calor y la alegría del Brasil nordestino para seguir queerizando. Asimismo, se asumieron compromisos para continuar el diálogo a través de medios virtuales, como el facebook, y también la probable formación de redes de comunidades inclusivas en el continente.
Finalmente, debo señalar que, además del programa formal, el espacio de la informalidad fue sumamente rico. En los diálogos a la hora del café o en medio del humo de la legión de teólogos(as) fumadores (por algo el café y el cigarrillo se asocian con la creatividad), las ideas siguieron fluyendo. Pero lo mejor estuvo en una espontánea performance de medianoche a la que solo accedieron los más osados exponentes queer, que, según cuenta los privilegiados que la vieron, fue un extravagante derroche de transgresión creativa. El final adecuado para un evento que nos dejó el reto de cuestionarlo todo y atrevernos a crear desde aquella indecencia que Marcella Althaus-Reid, la teóloga más nombrada en el encuentro, recuperó en sus escritos.
De manera personal me quedaron muchas preguntas, tal vez más de las que tenía antes de venir. ¿Cómo seguir performando una praxis que se plantea la sospecha de las identidades fijas cuando muchas de ellas son las fundamentan las demandas reivindicativas de los grupos excluidos? ¿Qué peligros existen en la relativización de los grandes proyectos a favor de la teologización de las microexperiencias? ¿Cómo conciliar la recuperación teológica de la sexualidad y la corporalidad con las espiritualidades intuitivas y piadosas de las greyes? Y muchas preguntas más.
Pero si algo me quedó claro es que el camino se sigue construyendo, y que la TQ nos puede ayudar mucho en hacer que en ese caminar siempre sospechemos de nuestros propios discursos, pues por más progresistas que parezcan, siempre tropezarán con la seducción del poder y la búsqueda de objetivaciones que congelan la creatividad y el carisma. Y también me quedó el desafío de teologizar desde lo cotidiano y atrevernos a reflexionar sobre la experiencia de la fe desde los contextos más íntimos de las vivencias individuales y sociales.
Al llegar a mi casa, vienen a mi mente imágenes de días y noches en los que no solo pensamos, sino también vivimos como en una cápsula de tiempo en que lo ambiguo y lo indecente se hermanaron con el humor, la libertad, la honestidad, la fraternidad y la dulce vivencia del amor. Y como motor implícito y vital de todo, la seguridad de que con todo esto estábamos haciendo que al menos algo nunca sea deconstruido: la justicia.

*El autor es historiador

Foto: Facebook del autor

Fuente: ALCNOTICIAS.ORG

jueves, 12 de julio de 2012

CLADE V y las ausencias en el discurso misionológico evangélico latinoamericano

Por Juan Fonseca, Lima*

Desde sus inicios, los CLADES y, a partir de ellos, la FTL se han constituido en espacios privilegiados para la formulación de los grandes derroteros del protestantismo evangélico latinoamericano. Los CLADEs han marcado tendencias importantes dentro del quehacer teológico del gran sector evangélico, que es el mayoritario dentro del protestantismo latinoamericano. A la vez, los CLADEs también son excelentes espacios de referencia para vislumbrar por dónde está yendo el pensamiento teológico latinoamericano. De ahí su trascendencia para comprender la historia de la Iglesia en nuestro continente y, mucho más crucial, avizorar sus tendencias futuras.
Para ser honestos, tampoco debemos sobredimensionar la influencia de los CLADEs. Finalmente es una expresión minoritaria de la elite teológicamente articulada y socialmente comprometida del evangelicalismo latinoamericano. Pero, justamente por esas características, su capacidad de influencia en el resto de la comunidad evangélica continental ha sido hasta ahora importante. De hecho que la hegemonización de ciertas categorías dentro del discurso teológico y eclesial latinoamericano, como “misión integral” o “Reino de Dios”, es responsabilidad principal de la FTL y los CLADEs. Ahora, la manera concreta como ambas se han comprendido y aplicado por las comunidades cristianas es otro aspecto a estudiar, pues creo que la multivocidad de esas categorías se ha convertido en un paraguas para incluir a una plétora de manifestaciones misioneras, incluso dentro de los sectores más conservadores del evangelicalismo. No sorprende ahora que incluso iglesias carismáticas de teología intuitiva hayan asumido el discurso de la misión integral, aunque resignificándolo a partir de sus propios presupuestos.
A partir de esta comprobación, me atrevería a sugerir a la brillante concurrencia de tan magno Congreso, a considerar o reconsiderar algunos puntos que, creo, no están suficientemente diáfanos en el discurso de CLADE. Para ello, he revisado con mucha atención (además de haberlo realmente disfrutado) el Cuaderno Sigamos a Jesús en su Reino de Vida. Este material, muy didáctico, maravillosamente sintetizado y con un esfuerzo interesante de aggiornamento de la pragmática evangélica del continente, creo que expresa las tendencias a partir de las cuales se desarrollará CLADE. A riesgo de ser injusto con la riqueza conceptual que plantea, y de no estar suficientemente enterado de la interacción que ha tenido el documento con los varios foros teológicos que se han desarrollado, me atrevo a sugerir tres aspectos sobre los cuales, creo que los CLADistas deberían reflexionar con más profundidad.
Las otredades en el discurso
Una de las características del discurso teológico, en tanto una variante del discurso académico, es su pretensión de objetividad y alejamiento necesario del objeto de su estudio. Sobre la base de ese discurso, académico y formalista, se construye el discurso misionológico. En esta forma discursiva, las categorías teológicas ya no buscan la precisión conceptual sino que se transforman en categorías funcionales y propiciadoras de acción. El discurso misionológico está a medio camino entre el teológico y el homilético.
Por ello, es interesante observar de qué manera conceptualiza a los sujetos de la misión, tanto a los agentes como a los receptores. En el caso del discurso misionológico de este CLADE se percibe casi siempre a los sujetos de la misión como el otro. Los desplazados, las mujeres, los “maras”, los inmigrantes indocumentados, etc. son resaltados como los sujetos preferentes de la misión, pero todavía desde una especie de alteridad paternalista. Los sujetos preferentes de la misión son los excluidos sociales y culturales, y rescatar ello es interesante. Sin embargo, pareciera que siempre serán sujetos pacientes y no agentes.
El posicionamiento agentivo parece ser exclusividad de los cristianos misioneros, mientras que los “otros” pareciera que tuvieran que contentarse con la postura pasiva de recibir el mensaje. Y esto creo que se debería ser superado por dos razones. Primero, porque la iglesia, como agente de misión, está llena de esos sujetos pacientes. ¿Acaso la Iglesia misma no está formada de “maras”, indocumentados, inmigrantes ilegales, mujeres violadas, homosexuales reprimidos y niños en situación de vulnerabilidad? Nuestro discurso misionológico pareciera olvidar que aquellos “otros” a quienes debemos ir en realidad son "nosotros/as”. En segundo lugar, la población vulnerable a la que la misión cristiana suele identificar como objetivos de misión, pueden ser, y yo diría que ya son, agentes de la misma. La formulación discursiva que “desagentiza”, puede convertirse en una forma refinada de subordinación. Pareciera que los cristianos y cristianas seguimos todavía caminando por nuestra senda propia y exclusiva (santidad VIP) pues el “otro” es todavía un sujeto pasivo que requiere la salvación desde el uno enunciante (el cristiano).
Las ausencias
Hay “otros” que son mucho más otros, y ni siquiera aparecen más que como vagas y tímidas referencias. Y me refiero particularmente a uno de esos “otros” que históricamente la Iglesia ha hostilizado, excluido y despreciado: los integrantes de la comunidad LGBT. En la agenda política y social de los diversos Estados, así como en la sociedad en general, se están dando pasos importantes para el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBT. En un informe de Amnistía Internacional se señaló que el reconocimiento de estos derechos era la última frontera en la conquista plena de los derechos humanos. Además, cada vez más están avanzando las comunidades cristianas e incluso muchas Iglesias establecidas, que están abriendo sus puertas a gays y lesbianas. Asimismo, discursos teológicos nuevos y contestatarios, como la teología queer, pueden estar están dando inicio a una especie de revival justamente fuera de las fronteras de la gracia establecidas por la Iglesia.
Las migajas de la mesa que suelen recibir las personas LGBT ya no son suficientes para calmar el hambre y sed de la Palabra y de la salvación que ellas tienen. Sé que es un tema que para muchos y muchas en el evangelicalismo latinoamericano todavía les parece incómodo y hasta pecaminoso. No descarto que muchos aun sostengan el clásico desdén hacia la diversidad sexual sustentándose en una hermenéutica ya superada hace muchas décadas. Pero, aun teniendo en cuenta ello, pienso que CLADE y la FTL, asumiendo esa postura progresista y de avanzada que siempre la caracterizó, tiene que atreverse a dar el paso adelante. Si no lo hacen ahora, otros lo harán. Es más, creo que ya lo están haciendo. Al menos en el mundo de las iglesias ecuménicas el tema ya se está debatiendo, no siempre con consenso amoroso, pero al menos se está debatiendo. Y finalmente, tengan en cuenta que muchos de esos “otros” gays y lesbianas, están allí, dentro de sus iglesias, soportando estoicamente los discursos de represión y agresión simbólica porque se niegan a perder su fe.
El nominalismo evangélico
El último aspecto que tiene que ser seriamente tratado en el CLADE debe ser el creciente nominalismo evangélico. El protestantismo ya es una religión establecida en casi todo el continente. En algunos países, como Chile, ya es prácticamente una religión semi-oficial. Obviamente, además de todos los peligros que muy bien se advierten en el discurso misionológico efeteliano en relación con el poder, es importantísimo empezar a considerar a la propia Iglesia Evangélica como campo de misión. Los que se han creído siempre los agentes exclusivos de la evangelización, necesitan también ser reevangelizados. Muchas iglesias evangélicas, ONGs evangélicas, misiones, ministerios, etc., están repletos de cristianos nominales que requieren urgentemente ser reevangelizados. La Iglesia católica ya lo ha comprendido hace décadas. Los evangélicos aun vivimos en el mito del eterno crecimiento y la militancia natural de su feligresía. Ya no se crece como antes, y la feligresía será cada vez menos militante y más observante. ¿Cuándo empezaremos a plantearnos como meta la reevangelización de nuestra propia comunidad de fe?
Conclusión
En los años en los que estuve mucho más activo en la FTL, nos acostumbramos a valorar con especial constancia el rol de la FTl. A veces me parecía que ya caíamos en la autocomplacencia. Ciertamente el aporte de los “padres” de la FTL y los CLADEs (don Samuel, don René, don Pedro, don Orlando) era y debe seguir siendo valorado por la impronta que han dejado al menos a dos generaciones de teólogos y pastoralistas evangélicos y pentecostales latinoamericanos. Pero, a la vez, creo que ya es tiempo de empezar a construir nuevos discursos, cuestionar categorías establecidas, superar olvidos voluntarios y cruzar fronteras todavía vigentes. Y creo que este CLADE V sería una excelente oportunidad para ello.

*El autor es Historiador protestante

Fuente: ALCNOTICIAS