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sábado, 13 de agosto de 2016

Leonardo Boff: Pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido



Por Maximiliano A. Heusser - Argentina
En el día de ayer, 10 de Agosto, se realizó en las instalaciones de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), la Conferencia del teólogo brasileño Leonardo Boff  titulada “Democracias Latinoamericanas y proyectos populares”, organizada por el Centro Tiempo Latinoamericano, de la misma ciudad.
El teólogo y ex sacerdote franciscano comenzó su exposición afirmando que los teólogos de la liberación están a favor de los pobres y en contra de la pobreza. Tienen un pie en el Evangelio y otro en el barro, en la realidad de la gente pobre. Esta característica diferencia a la teología de la liberación de otras teologías. La teología de la Liberación trabaja desde la realidad, utilizando las herramientas de la sociología, de la antropología y otras ciencias.
En este sentido, llamó a tener memoria y a recordar a aquellas personas que a lo largo de los años han evidenciado las mentiras del sistema. Sostuvo que cuando “una iglesia tiene mártires es porque allí hay verdad y allí está el Espíritu Santo”. Cuando se denuncian las injusticias, allí también está el Espíritu Santo.
El teólogo reflexionó sobre la actualidad Latinoamericana. Sostuvo que “vivimos en un contexto conflictivo y en crisis. Vemos que el sistema de los últimos tres siglos no funciona”. De la misma manera, advirtió que las recetas capitalistas y neoliberales no sólo han fracasado en nuestros países y en los países del norte, sino que van contra la gente pobre. Sostuvo que los ajustes económicos, la eliminación de derechos, la flexibilización laboral, y medidas similares, dañan especialmente a los sectores empobrecidos de las sociedades. Sostuvo “estamos en un vuelo ciego, no sabemos hacia dónde va la humanidad”.
Boff se refirió también al rol de los cristianos y cristianas en estos procesos y crisis sistémicas, planteando la necesidad de pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido, consolando a quienes sufren, denunciado las injusticias y dando esperanza a quienes la han perdido. Hay que superar, advirtió, el mucho fariseísmo presente en los cristianos.
También planteó tres aspectos que deben tenerse en cuenta para comprender la realidad de los pueblos latinoamericanos. Si bien, afirmó, están pensados desde el Brasil, pueden aplicarse a otros países de la región:
  1. Somos países colonizados: Hemos sido explotados por potencias extranjeras. Esto ha traído la conformación de élites ricas en cada país de América Latina. La colonización produce problemas, porque los países terminan mirándose a sí mismos desde afuera, del extranjero, y no desde la realidad del pueblo. Hay una enajenación.
  2. La esclavitud: Brasil es uno de los países con mayor población negra del mundo, fuera de África. El esclavo es una pieza, una cosa. Este pensamiento deja marcas profundas de humillación en estos sectores del pueblo. En Brasil mueren cerca de 60.000 personas por año en manos de las fuerzas de seguridad, todos pobres, en su mayoría negros y mujeres.
  3. La gran transformación: Hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Todo se ha transformado en una mercancía. El amor, la amistad, un bello paisaje… todo. Las personas, en esta sociedad, tienen un valor económico. Han perdido su dignidad humana. Siempre hubo intercambio de mercancías, pero ahora hay competencia. En este sentido, Boff advirtió que se está llegando al máximo de la explotación como sistema, ya que se especula con la moneda, es una moneda virtual. Es un escenario triste que incide sobre la sociedad, donde se fomenta una sociedad para pocos y no para todos.
Acercándose al final de su exposición, el teólogo se refirió al cuidado del planeta como “Madre Tierra”, trayendo a la memoria el decir de los pueblos indígenas que hablan de “las bondades de la tierra”, lo que el capitalismo nomina “recursos” y los académicos llamamos, dijo, bienes y servicios de la tierra. Llamó a advertir que no son renovables, sino que se agotan, y lo que hay no va a alcanzar para toda la humanidad. Esto puede traer una crisis humanitaria enorme. Debemos cambiar, mencionó, la manera en la que nos relacionamos con la tierra, porque es un ser que sufre y que necesita ser salvado.
El teólogo brasileño terminó refiriéndose a las democracias participativas, las cuales consideró las mejores, denunciando los ataques de las élites de poder económico sobre las mismas. Esto sucedió, según su punto de vista, en Honduras, Paraguay y Brasil. De esta manera, consideró el impachment contra Dilma Rousseff, la reacción de la derecha rica en contra de la democracia participativa que se ha ocupado de los sectores empobrecidos del Brasil. También sostuvo que considera que en la Argentina sucede lo mismo, pero con un gobierno elegido democráticamente.

Fuente: ALNOTICIAS, 2016.

lunes, 25 de febrero de 2013

¿Una nueva alianza entre ciencia y religión?

Por. Leonardo Boff, Brasil*
Cada época cultural establece su diálogo con la naturaleza. Un día hace hincapié en su carácter imponderable y por eso mágico, otro día capta su simetría profunda y por lo tanto la naturaleza como cosmos, y otras veces incluso su aspecto creativo, irreductible a la lógica lineal. Según Alexandre Koyré e Ilya Prigogine, el diálogo experimental constituye la práctica específica de la ciencia moderna. Hoy más allá de ella, parece ser la práctica holística la que caracteriza el enfoque contemporáneo de la naturaleza. Todas las representaciones del mundo son complementarias y ayudan a descifrar aquello que es más que el enigma de la naturaleza, es decir, su verdadero misterio.
Para la visión contemporánea, el universo es cada vez más una realidad incognoscible. Ella está continuamente desafiada a conocer un proceso que no tiene fin. Por esta razón, es importante tomar en serio las distintas ventanas que los distintos saberes abren a la comprensión de la naturaleza. De ahí su carácter holístico (totalizador y sintético).
De todas formas, la lectura del mundo pertenece al complejo cultural del tiempo y se inscribe en el concierto de las demás prácticas. Del diálogo del ser humano con la naturaleza surgen varias cosmologías. Y cada cosmología se orienta por una imagen del mundo resultante de los más distintos saberes.
Curiosamente, cada cosmología plantea la cuestión de Dios. Y con razón, porque como decía el gran físico David Bohm (Premio Nobel): "La gente intuye una forma de inteligencia que organizó, en el pasado, el universo, y la personalizaron llamándola Dios".
La cosmología antigua veía el mundo a través de la metáfora de la pirámide. Dios ahí encajaba perfectamente, como la cumbre de todos los seres. En la cosmología moderna de A. Newton y G. Galilei el mundo era visto como una máquina que funciona con sus leyes deterministas. Dios entra como el arquitecto del universo que pone a funcionar la máquina al principio y ya no tendrá que acompañarla. La cosmología contemporánea ve el mundo como un juego o un baile o un tejido o una red. Desde hace décadas, se reconoce que el universo es un inmenso juego de las fuerzas en interacción, una danza cósmica de partículas siempre interdependientes, formando campos de materia y de energía cada vez más ordenados hasta adquirir en los seres vivos autorregulación, que escapa a la segunda ley de la termodinámica: la entropía. La flecha del tiempo, en lugar de conducirnos al desorden máximo y a la muerte térmica, nos lleva hacia niveles cada vez más altos de sentido y de creatividad. Es la visión de Ilya Prigogine (premio Nobel) con sus estructuras disipativas.
Lo que más fascina a los científicos es la constatación de la armonía y la belleza del universo. Todo parece haber sido montado para que de la profundidad abismal de un océano de energía primordial (vacío cuántico), surgiera el campo de Higgs, los bosones, las partículas elementales, después la materia ordenada, luego la materia compleja que es la vida y por último la materia en completa sintonía de vibraciones, formando una suprema unidad holística: la conciencia (condensado Bose-Einstein de tipo Fröhlich/ Prigogine).
Como dicen los formuladores del principio antrópico (fuerte y débil, Brandon Carter, Hubert Reeves y otros): si las cosas no hubieran ocurrido como ocurrieron, no estaríamos aquí para hablar de ellas. Es decir, para que nosotros pudiéramos estar aquí, fue necesario que todos los factores cósmicos en todos los 13,7 mil millones años se hayan articulado y hayan convergido de tal manera que fuese posible (aunque no es necesario) la complejidad, la vida y la conciencia. De lo contrario nada de lo que existe hoy en día existiría.
Ha habido una minucioso ajuste de las constantes fundamentales sin el cual nunca habrían surgido las estrellas ni eclosionado la vida en el universo. Por ejemplo, si la fuerza nuclear fuerte (la que mantiene la cohesión de los núcleos atómicos) hubiera sido un 1% más fuerte, jamás se habría formado el hidrógeno, que combinado con el oxígeno nos da el agua, imprescindible para los seres vivos.
En cada cosa encontramos el todo, el caos siendo creativo, las fuerzas interactuando, las partículas articulándose, la estabilización de la materia sucediendo, la apertura a nuevas relaciones dándose, y la vida creando órdenes cada vez más sofisticados y autoconscientes.
La verificación de este orden del universo hace surgir en los científicos como Einstein, Heisenberg, Bohm, Prigogine, Swimme y otros, el sentimiento de asombro y reverencia. Nos abre a los espacios infinitos de la indagación humana: ¿Qué existía antes de la existencia temporal del universo? ¿Por qué existe el ser y no la nada? ¿Qué esa Realidad que se presenta como la creadora y sustentadora de todos los fenómenos?
Ella tiene un nombre, el de nuestro respeto y nuestra unción. Un filósofo como Jean Guitton podía decir, "no me atrevo a nombrarla, pues cualquier nombre es imperfecto para designar al Ser sin semejanza". Un teólogo se atreve más: la llama Dios: Energía de todas las energías.
*Leonardo Boff y Mark Hathaway son autores de El Tao de la Liberación (diálogo entre ciencia moderna y teología), Vozes 2012.

Fuente: SKOINONIA