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miércoles, 18 de marzo de 2015

LA IGLESIA EVANGELICA Y LA POLITICA: ¿Está mal que la Iglesia se interese en la política?



Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Comenzamos preguntándonos: ¿está mal que la iglesia cristiana se interese en la política? Creemos que no, pues la iglesia evangélica esta llamada a preparar a siervos y siervas para ejercer los diferentes ministerios, no solo espirituales sino también seculares. Además, hay iglesias que tienen experiencia y han participado en la lucha por el bienestar común, han sido la voz profética de los marginados y excluidos por el sistema neoliberal.
Por ejemplo, las iglesias cristianas en sus comienzos tuvieron que enfrentar situaciones conflictivas, marginación, exclusión y persecución de los sectores católicos y no católicos. Este ambiente hostil hizo que los evangélicos se unieran por una causa política y social; dejar de ser los blancos de críticas y burlas ante la sociedad.
Batallaron (las iglesias cristianas) durante muchos años por el derecho de ser reconocidas como institución sagrada, como la católica; pues sus luchas y defensa por los derechos de profesar su credo, tuvo resonancia a nivel local e internacional. Voces a favor por la libertad y seguridad del pueblo evangélico; estas voces lograron derribar el estigma de sectas, herejes. Todo se debió a un interés de vivir y profesar su credo, sin temor.
Ahora bien, todos sabemos que la política está llena de obstáculos y tentaciones, peligros y prejuicios, de que la lógica de la política es contraria a la lógica del Reino de Dios; la política se construye con el poder, en cambio la política del Reino de Dios se construye con el objetivo a servir sin esperar nada cambio. Solo transformar la sociedad en una sociedad donde todos quepamos, entonces ¿vale la pena que la iglesia evangélica participe en ella? Claro que si, vale la pena involucrarse en la política, porque somos ciudadanos de una nación, tenemos deberes y responsabilidades con el prójimo, de trabajar por el bien común, de ser la voz de los que no tienen voz en una sociedad cada vez se agranda la brecha entre ricos y pobres.(1)
No está mal que la iglesia evangélica se interese por el político, y mejorar las condiciones sociales de sus compatriotas creyentes o no creyentes; Dios hace llover sobre hombres naturales y espirituales, lo que debe evitar la iglesia es caer en los vicios de la gran mayoría de los políticos, que hacen de sus funciones un negocio, venden sus opiniones, valoran sus votos conforme el cheque le muestren; canalizan recursos a sus cuentas, ubican a sus parientes y amigos, venden sus principios y doctrinas por un plato de lenteja; es decir, abandonan la doctrina, las convicciones de fe, caen en la corrupción. Algunos de estos políticos evangélicos han caído en casos de corrupción, lo cual es doloroso para la sociedad en general, que ve en nosotros un nuevo grupo de políticos distinto, honesto; porque considera que tomamos en serio el mandato de ser “sal y luz a las naciones” (2).
Otra cosa que la iglesia evangélica debe evitar “usar el púlpito o cargos ministeriales con fines políticos. Hay que evitar el uso ideológico de la predicación o el asumir actitudes parciales para favorecer determinada candidatura. La tentación del poder y la búsqueda de reconocimiento o beneficios siempre perseguirán a la iglesia. Los cristianos están llamados a participar en la política, pero no deben valerse de la iglesia o sus organizaciones como medios para favorecer su partido o ideología política.”
Y agrega Ortiz, la tarea de la iglesia es orientar y estimular a la participación responsable de sus miembros. Sin embargo cada miembro debe asumir su propia decisión de preferencia, ser consciente del perfil, carácter y programas de los candidatos, incluyendo las bases ideológicas de su partido. No hay que votar por un candidato por el solo hecho de ser uno más de nuestras congregaciones. Debemos evitar que se utilice las instituciones eclesiásticas y para eclesiásticas como un cliente de partido.
La iglesia está llamada a estar alerta a no dejarse utilizar con fines políticos”. (3)
Esto implica tener una actitud crítica y no dejarnos imponer una ideología, por el solo hecho de ser cristiano, si algo aconteciera debemos salir en defensa de nuestros derechos; esa era un de las preocupaciones del teólogo Martin Lutero: “La fe no ofrece al cristiano un programa o una ideología, sino una razón de la mente y del corazón para participar, una preocupación central y una norma para evaluar todo programa, ideología, estructura o acción política: el bienestar del prójimo”. (4)
De la misma manera Ramos Ampudia, está de acuerdo con la participación de la iglesia en la política, a pesar de los peligros también hay ‘virtudes como la exigencia de conocer a profundidad a un país.’ “Las decisiones políticas afectan o benefician a toda la colectividad y se puede lograr cambios de manera más rápida que si lo hacemos al margen de ellas. La vocación de servicio a los demás alcanza sus mejores logros a través de la acción política. La igualdad religiosa, el respeto por las minorías, una cultura de la tolerancia y respeto a los demás, un ambiente de paz y reconciliación se pueden alcanzar de mejor manera cuando se usa de forma adecuada el poder político.”
Por otro lado, Ampudia no está de acuerdo que haya un partido político evangélico, porque es ahistórico en nuestro presente, porque no vivimos en los tiempos de las rivalidades religiosas entre cristianos y católicos. Es contrario a las demandas de los derechos humanos, puesto que hace discriminación religiosa al proclamar un partido solo para evangélicos. Una propuesta así está destinada al fracaso, porque un partido serio no puede girar alrededor de prácticas de culto, sino entorno de grandes problemas regionales como la desocupación, la pobreza, la desnutrición, el narcotráfico, las migraciones, entre otros problemas. (5)
Por lo anterior, la política es un arte de dirigir las sociedades civiles, dice Jacques Darchon (6), es una ciencia práctica. Pero cualquier praxis humana debe dirigirse por principios racionales, no solo de fe. Lo contrario constituiría un voluntarismo ciego o afectivo. De ahí, que toda acción política no solo necesita apoyarse en una teología política, sino también de una filosofía política.
Tanto la teología como la filosofía buscan dar una explicación verdadera, completa y coherente de lo que es en realidad el ser humano, del por qué y el para qué está en el mundo, de su rol que cumple en la sociedad que comparte con los otros, de los orígenes y el sujeto de la autoridad y hasta donde llegan sus límites, de los derechos y deberes de la persona singular ante ellas, etc.
“El conjunto de respuestas que se den a tales problemas constituye la ideología básica y última que determinará la dirección concreta de la acción política.” Según Carlos Valderde, e insiste en “la importancia de que tales principios sean objetivos, es decir, que expresen la realidad del ser humano y la sociedad, porque es preciso evitar arbitrariedad, el voluntarismo y el subjetivismo de los gobernantes.” (7)
Para que los evangélicos sean considerados una alternativa ante la sociedad que esperan de ellos que sean “Sal y luz a las naciones”, no solo necesitan relacionar la Biblia con la política; aunque sabemos que ella es nuestro manual de fe y práctica en todas las cosas, incluyendo la esfera política, pues así hemos sido doctrinados, consideramos a Dios como soberano en el mundo y todo lo que concierne a este mundo caído: incluye no solo lo religioso, sino también lo político.
Puesto que la Biblia es la Palabra de Dios, los evangélicos políticos deben consultarla para guiarse en sus actividades políticas; pero deben evitar caer en el error de pretender sacar todas sus ideas políticas de la Biblia, pues ella no tiene un programa político o un sistema político de gobierno, no nos dice si ha de ser una aristocracia o una democracia u otro.
La Biblia solamente nos ofrece principios eternos que deben subrayar y controlar todos los sistemas políticos (8). Si la Biblia no pretende ser un libro de políticas, sino un libro que guía a esos seres políticos a una acción política responsable, en nuestro caso, evangélicos, entonces necesitamos, en palabras de Ortiz, “Una ética política y una teología de la política del poder y de la mayordomía de la creación. Acciones para fortalecer la participación política de los evangélicos incluyen la formación de líderes, participación en la sociedad civil, el planteamiento de proyectos de nación, la cooperación con otros grupos y el trabajo interdisciplinario”. (9) Temas que abordaremos en otro artículo donde ofreceremos algunos aporte para una política evangélica responsable.

Referencias bibliográficas
  • Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, en Revista Signos de Vida, # 41, septiembre (2006), CLAI, pp. 37 – 38
  • Esto ha sido una preocupación de sociólogos, teólogos y estudiosos del fenómeno evangélicos en la política, le invito a leer el libro del Dr. Hilario Wynarczyk, “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política en la Argentina (1980 – 2001), Bs., As, Siglo XXI, 2010.
  • Israel Ortiz, es secretario regional para México y Centroamérica. Comunidad internacional de estudios evangélicos. “Los evangélicos y la política: Una revisión del camino”, en Revista Kairos, julio – diciembre, 82 # 35 (2004), pp. 96 – 97
  • Martín Lutero, La libertad cristiana, Buenos Aires, Aurora, 1983, p. 33
  • Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, , cit., p. 39
  • Jacques Darchon, Foi chretienne et engagement politique, Paris, Collection “Les Bergers et les Mages, 1958, p. 21
  • Carlos Valverde, “Ética y política”, en Cuadernos BAC, # 43, Madrid, Bibliotecas de Autores Cristianos, 1981, p. 19
  • Henry Meeter, El cristianismo reformado y el estado, Grand Rapids, TELL, s.f, pp. 85 – 88
  • Ortiz, “Los evangélicos y la política: Una revisión del camino,” , cit., p. 81

Dr. Luis Eduardo Cantero, Pastor bautista, docente universitario. Investigador, Teólogo y Filósofo (UENIC-MLK), Máster en Teología (Universidad Evangélica Martin Luther King Jr. Nicaragua). Doctor en Filosofía (Laud Hall Seminary).

domingo, 1 de marzo de 2015

¿QUÉ PASA CON LOS CRISTIANOS QUE NO ASISTEN CON FRECUENCIA A LA IGLESIA? ENTRE LA INCLUSIÓN Y LA EXCLUSIÓN



Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
La semana pasada me llegó a mi correo electrónico, como suele suceder.  Me llegan un sinnúmero de reflexiones bíblicas, pastorales, teológicas y filosóficas. Siempre suelo revisar y lo que me llame la atención, lo leo con detenimiento e interés. Entre tantas propuestas cristianas me llamó la atención, una de ellas que hacia una pregunta e invitaba al lector a leer la reflexión. Ellos se preguntaban ¿Qué le pasa a las personas que no van a la iglesia?(1)  Y su respuesta era que esas “personas pierden la oportunidad de alabar y aprender de Dios” junto con los creyentes que se congregan asiduamente en sus iglesias.
Me parece que su respuesta era muy reduccionista y excluyente, como si el único lugar para alabar y aprender de Dios es adentro de las cuatro paredes de la iglesia. Es decir, sumergido  en un edificio material; pero, la iglesia, según la visión del Reino de Dios no es un edificio, sino todos los que hemos aceptado a Cristo en nuestros corazones; le amamos, le servimos con nuestros dones y talentos que nos ha dado en el lugar donde nos encontramos, no solo congregándonos domingos tras domingo, sino en la casa, en el vecindario, en el servicio con los necesitados y excluidos de la iglesia: los fornicarios, los adúlteros, los gays, los que están inconforme con el sistema religioso de su comunidad, etc.
Según ellos, Dios quiere que vayamos a la iglesia y lo afirmaban citando  el siguiente texto bíblico: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca” (Hebreos 10:25).
Me pregunto será que el texto está hablando de la iglesia del edificio o nos está marcando otro sentido de vivir la espiritualidad, como lo solían hacer los primeros cristianos, que se reunían  con sus hermanos, familiares, amigos en las casas para compartir el pan  y la oración. No sé, porque algunos consiervos y hermanos han olvidado este principio primordial de vivir la espiritualidad en familia, sin necesidad de congregarse, tan fanáticamente, en las cuatro paredes de un edificio, si la vida espiritual se vive mejor en el lugar donde nos encontremos: trabajando, descansando con la familia y disfrutando con ellos la experiencia del amor de Dios en el hogar.
Pues, si algunos creen que el único lugar para aprender y alabar a Dios es estar metido los siete días de la semana en la iglesia material, cree que por el hecho de asistir días tras dias en la iglesia ya están “salvo y pueden ingresar al cielo”; están muy equivocados.
Mientras unos se refugian en las iglesias como el único lugar de “pureza y salvación”, sus familias, en cambio, se pierden por la marginación y exclusión que provoca estas falsas creencias de “no dejarse de congregar como algunos…”; pero el congregarse aquí implicaba estar reunido con los miembros de su familia, que es su primera responsabilidad de velar por ellos. Los padres son llamados a ser sacerdotes de su hogar, no deben dejar de congregarse con su familia en la casa, no en el edificio, sino la iglesia espiritual que está en cada corazón que le ha abierto para que Cristo more en su vida.
Dejar de “congregarnos” en la iglesia invisible, que está en cada ser humano, que ha aceptado a Cristo en su corazón; es más dañino y peligroso, por estar bajo un espíritu dependiente de un ilusionista, que llena a sus oyentes de  una falsa ilusión, que solo busca es enriquecerse a través de la buena fe de las personas, que están en estado de necesidad. Y en ese estado de vulnerabilidad hacen lo que sea para poder salir de su estado de marginalidad, siguiendo el reflejo del ilusionista predicador, que con su recetario y argumentos les hace creer que si lo siguen al pie de la letra, pactan tal cantidad de dinero van a recibir muchas bendiciones, porque: “Dios ama al dador alegre”, y ellos son ejemplo del confort  de esas bendiciones. Pero, lo triste es que esas personas no se dan cuenta que la riqueza del ilusionista predicador que hace alarde son resultado de cada uno de ellos, que ha venido a dejarle su dinero, que fue ganado con el sudor de su frente.
En esa lógica explotadora, hay un intercambio de mercancía: el ilusionista predicador ofrece el producto con ciertas artimañas y hay otro que le compra ese producto, allí es mi pregunta ¿Qué pasa con esas personas que se congregan en los servicios que ofrecen estas iglesias falsas, que engañan a esas personas? No quiero con esto afirmar que todas las iglesias son malas, pero es difícil afirmar y condenar a las personas creyentes y no creyentes que no son salvas, porque no se congreguen todos los días de la semana en estas iglesias u otra.
Luego entonces, que nos dice el texto de Hebreos 10: 25: “No nos dejemos de congregar…”, nos está hablando del edificio, que es lema de sujeción y dominación que hacen muchos colegas para obligarlos a estar metido en las cuatro paredes del edificio. No, el texto me parece que nos habla de la iglesia invisible y que la llevamos todos los que hemos aceptado a Cristo en nuestros corazones. No dejemos de reunirnos con nuestra familia, en casa de amigos, etc., de juntarnos para compartir el pan, orar y aprender Su Palabra en amor, sin  ninguna dominación explotadora y excluyente. 
Porque todos “somos salvos por gracia de Dios”, por ende, no nos dice que debemos estar bajo la sombra de un yugo, que en vez, de liberarnos, nos agobia, nos somete y nos condiciona vivir la vida, la fe, etc., como seres libres, amantes de la verdad, que no nos conformamos con frases ilusionistas, sino que las analizamos bajo la lupa de la Palabra de Dios. Pues, todos somos sacerdotes en Cristo, y como sacerdotes no estamos para seguir siendo conejillos de india, sino que estamos listo para servir y hacer defensa de lo que hemos aprendido en nuestra vida cristiana. Basta ya de intermediarios (apóstoles, profetas, etc.); éstos en el tiempo del reformador Martin Lutero eran los que negociaban la salvación por dinero, tierras. Hoy, lo negocian con sus pactos, siembras, etc.
Estamos cerca de cumplir 500 años de lo que hicieron los grandes reformadores de la historia de la iglesia cristiana. Pero, todavía la lógica de las indulgencias continúa con nuevas estrategias, hoy necesitamos recuperar el sacerdocio universal de todo creyentes. Estamos llamados a liberarnos y a liberar a nuestras comunidades cristianas de todo vestigio del mal, que se viste de oveja. No nos dejemos de reunirnos para orar, compartir experiencia, etc., en nuestras casas. Allí está el verdadero sentido de “no dejarnos de congregar como algunos tienen por costumbre…” Dios quiere y se goza cuando ve a sus hijos reunidos en armonía. Y nos alerta:

“(…) que nadie se constituya en juez de ustedes (nadie los juzgue) con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo, cosas que sólo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo” (Colosenses 2:16-17).

Dr. Luis Eduardo Cantero
Pastor bautista, Teólogo (UENIC-MLK); Master en Teologia (UENIC-MLK); en Educación (UNIMINUTO); Especialista en Dirección de instituciones educativa (ISPJVGONZALEZ) y Doctor en Filosofía (LHS).

(1). Disponible: http://obrerofiel.us7.list-manage.com/track/click?u=b68fd169b6195ce865eeb9b51&id=a4ba885744&e=fd54cd3c88

martes, 21 de octubre de 2014

LOS EVANGÉLICOS Y LA POLÍTICA EN AMERICA LATINA: DE LA NEGACIÓN A LA PARTICIPACIÓN ABIERTA



Por Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Antes de los noventa del siglo XX hablar de la participación política en la gran mayoría de las iglesias evangélicas latinoamericanas era algo profano, malo. Ningún feligrés podía participar en algún partido de su preferencia, habían sido adoctrinados a vivir y pensar que su ciudadanía está en los cielos y no en la tierra, porque el mundo era un lugar caído, maligno, nada bueno había que hacer en este mundo. A eso se debe su radical rechazo del mundo, pues el mundo es un lugar maldito, una sociedad corrupta, que nos puede contaminar, por eso amar este mundo es considerarse enemigo de Dios. Estos evangélicos que piensan así tienden a negarse a la participación política. Su rechazo constituye, dice Hilario Wynarczyk, una forma radical de la cosmovisión ascética o dualismo ontológico, que concibe al cosmos como un sistema binario, en el cual existe una brecha entre el plan de Dios y el plan del Satanás.(1)
Agrega Alexander Sifuentes Rossel: “(…) A quienes querían militar en un partido político se les acusaba de amar las cosas de este mundo, y se les recordaba que como ciudadanos del reino de los cielos no debían participar del reino de las tinieblas. Si bien, las referencias eran bíblicas, y la actitud era noble; también era una interpretación extrema que desalentaba al creyente a participar activamente en la solución de los problemas del país.”(2)
Este ha sido el caballito de batalla en el pensamiento cristiano del siglo pasado, continúa en algunos grupos y otros no. Hoy la tendencia a participar va en aumento, algunos lo hacen con el objetivo de purificar la política de la corrupción, lograr algunos beneficios de poder prometido por algún político, como sucedió en Perú, con Fujimori, finalmente terminaron indignados. Ante la “viveza” de los líderes políticos frente a la ingenuidad de la gran mayoría de pastores, líderes y laicos, ¿qué debemos hacer? ¿Está mal que los evangélicos participen en la política? ¿Está mal que los evangélicos se interesen por mejorar los problemas sociales?
Estas son preguntas que responderemos en esta ponencia.
DE LA NEGACION A LA PARTICIPACION ABIERTA. Desde los años noventa del siglo XX los evangélicos pasaron de la negación a la participación política en nuestros países latinoamericanos. Este deseo de incursionar en la política se ha debido a la iniciativa de los mismos partidos políticos que ven un campo vasto, para sumar votos; entonces ofrecen candidaturas a líderes o pastores pues buscan el apoyo de los evangélicos para lograr un escaño.
Otra iniciativa surge desde adentro del cuerpo de líderes de la iglesia que ven una oportunidad para lograr ciertos beneficios de poder de su grupo en la sociedad. Para la década de los ‘80 los evangélicos consideran que deben incursionar en la política, pero con estructura propia que los libere de los vicios seculares de la política tradicional y mientras puedan inspirar su acción con principios de la Reforma protestante europea. El partido político ORA en Venezuela inspira a modelos en otros lugares, como en Argentina surge el Movimiento Cívico en Acción Argentina en 1982 y que un año más tarde termina fusionándose con el Partido Demócrata Progresista y en 1991 se constituye el Movimiento Cristiano Independiente, acentúa Carlos Ramos (3). En ese mismo año, el Dr. René Padilla publica un libro compilado donde daba a conocer este hecho histórico y mostraban como ejemplo a Brasil, Chile, El Salvador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela: a pesar que en Colombia desde antes ya se habían dado algunos pasos en lo político, el libro no muestra ninguna reflexión.(4)
El teólogo e historiador Pablo Moreno nos confirma del devenir en lo político del pueblo evangélico colombiano: “No es necesario en esta oportunidad hacer memoria de la presencia evangélica en lo social y lo político durante el siglo XIX, por medio de sus escuelas y colegios, la cooperación con los liberales y hasta con los masones. No voy a insistir en la importancia de la lucha librada durante la primera mitad del siglo XX por los derechos civiles, los matrimonios civiles, la difusión de escuelas, la fundación de cementerios civiles y la participación política con sectores liberales disidentes. Tampoco vamos a entrar en detalle sobre los esfuerzos por organizarse políticamente después de los años ‘60, apoyando diferentes expresiones políticas, partidistas y no partidistas, o desarrollando un impacto social a través de organizaciones no gubernamentales cristianas como Visión Mundial y Compasión Internacional, que comenzaron a trabajar al lado de las Iglesias evangélicas en proyectos de asistencia social y desarrollo comunitario. No podemos negar que estos antecedentes han dejado huella y una herencia en la historia de las Iglesias evangélicas en Colombia. Herencia que a veces ha sido poco apreciada por quienes hoy estamos protagonizando esa nueva participación social y política en esta república suramericana.” (5)
Por lo anterior, nos dice que hubo un despertar de los evangélicos por participar en los diferentes escenarios de la política y por ende habían sido tentados por partidos políticos de vasta trayectoria y por nuevos movimientos electorales, que veían un campo fértil de votos para sus respectivos partidos, se agitan en toda la América Latina. A fines de los ‘80 y comienzo de los ‘90, se sienten fuertes y seguros respecto de una exitosa participación política. Por ejemplo, en Brasil (1986) en la Asamblea Constituyente se articula la ‘Bancada evangélica’ que agrupa a 33 diputados. Dentro de este grupo, un gran número lo componen líderes de la Asambleas de Dios y el Movimiento pro–Collor que fue decisivo para el triunfo de Fernando Collor de Melo.
Cuatro años más tarde, en Guatemala (1990) es elegido presidente de la nación Jorge Elías, miembro de la Iglesia pentecostal ‘El Shaddai’. En Perú es elegido Alberto Fujimori, gracias al voto decisivo de los evangélicos en el movimiento político que se organizó cuyo nombre ilusionaba al pueblo creyente y no creyente del Perú: Cambio ‘90 y es elegido como vicepresidente el pastor bautista Carlos García. Su bancada evangélica en el Congreso estuvo compuesta por 20 pastores y líderes. Ese mismo año, en Colombia, dos pastores evangélicos son elegidos miembros a la Asamblea Constituyente.(6)
El despertar del pueblo evangélico por lo político los ha llevado a una cuestión mesiánica de redimir al mundo. Al respecto el Lic. Israel Ortiz, dice: “Si en el pasado consideraron la política como sucia, corrupta o pecaminosa, hoy muchos están inmersos en ella con la idea de lanzar una reforma del país desde el gobierno.” (7) Ello a fin de transformar la sociedad con principios cristianos desde un accionar político y pastoral, con las mejores intenciones: purificación de la política y el bien común. Pero se equivocan, en el caso de los líderes y pastores; este error puede traer graves consecuencias para la iglesia y el evangelio. Cuando el pastor asume un compromiso con un determinado político y recibe algunos dividendos o beneficios, compromete a los hermanos a votar por ese candidato. Como sucedió en Perú con Fujimori, al poco tiempo de ganar, gobierna a su manera y excluye a los evangélicos; en Brasil, la bancada evangélica brasileña es acusada de corrupción. Los únicos que quedaron bien parados y lograron el éxito en normas constitucionales que garantizan la libertad de culto y el reconocimiento de los Seminarios teológicos protestantes como Fundaciones universitarias teológicas son los colombianos, lo cual los anima a seguir participando en la política.(8)
Por lo anterior, algunos se preguntaran ¿está mal que los evangélicos participen en la política? La respuesta es no, la tarea de los evangélicos consiste en analizar esa participación en el proceso eleccionario y en el gobierno, porque no ha logrado el impacto de purificar la política tradicional, ni transformar la sociedad. Jorge Sennewald sugiere que “debemos animar a nuestros hermanos y hermanas a estar presentes en todos los ámbitos de la sociedad con excelencia, entrega y santidad. Esto incluye también el ámbito de la política. Creemos que como iglesias evangélicas no hemos alentado suficientemente a nuestros feligreses a una participación política comprometida y responsable.”(9)
Continua diciendo Sennewald, por diferentes razones teológicas e históricas, en los medios evangélicos latinoamericanos siempre se vio el ámbito de la participación política como algo sucio que debía evitarse. Es tiempo de cambiar esta mentalidad. No obstante, pretender participar en la lucha política como pueblo evangélico, es una distorsión de la misión de la iglesia. Es misión de la iglesia defender valores como los de la vida, la justicia, la verdad, la igualdad, la dignidad humana o la santidad de la creación, por mencionar solo algunos. Cuando lo ha hecho, ha afectado verdaderamente a la sociedad y más de una vez ha tenido que pagar el alto precio del sacrificio. La lógica de la política es contraria a la lógica del reino de Dios. La política se construye con poder, el reino de Dios se extiende con servicio. La tentación hoy llega bajo la promesa de cuotas de poder o de privilegios. “Si nos votan tendrán este espacio, lograrán estos privilegios”. La iglesia no está para servirse a sí misma. La transformación social jamás se hará desde el poder. Quien quiera afectar a la sociedad en nombre de Jesucristo lo hará desde el servicio y no desde el poder, como lo hizo nuestro colega y ejemplo de casa: pastor bautista Martin Luther King Jr.
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[1] Hilario Wynarczyk, Sal y luz a las naciones. Evangélico y política en la argentina 1980 – 2001, Buenos Aires: SIGLO XXI, Editora Iberoamericana, 2010, p. 16.
2 Alexander Sifuentes Rossel “Los evangélicos y la política”, en Voces del cristianismo,
 [Consultado: 25–03– 11]: http://vocesdelcristianismo.blogspot.com/2010/04/los-evangelicos-y-la-politica.html
3 Carlos Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, en Revista Signos de Vida, # 41, septiembre (2006), CLAI, pp. 37 – 38.
4 René Padilla (Compilador), De la marginación al compromiso.  Los evangélicos y la política en América Latina, Buenos Aires: Fraternidad Teológica Latinoamericana,
1999.
5 Pablo Moreno Palacio, “Escenarios de la presencia evangélica en Colombia, 1991 – 2001”, en ponencia  presentada en la 1ª Consulta Nacional sobre la Paz, 49ª Asamblea Nacional del Consejo Evangélico de Colombia (CEDECOL), Cali, Colombia, 27-31 de mayo del 2002. Reproducido por la Revista electrónica Espacio de Diálogo, Núm. 2, abril del 2005, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. [Consultado: 25 demayo de 2011]: http://www.cenpromex.org.mx/revista_ftl/ftl/textos/pablo_moreno.htm
6 Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, op., cit., p. 38.
7 Lic. Israel Ortiz, es secretario regional para México y Centroamérica. Comunidad internacional de estudios evangélicos. “Los evangélicos y la política: Una revisión del camino”, en Revista Kairos, julio-diciembre, 82 # 35 (2004), p. 85.
8 Ramos, Op., cit., p. 38.
9 Jorge Sennewald, “Los evangélico y la política”, op., cit.,

*Dr. Luis Eduardo Cantero
Pastor bautista, docente universitario.
Doctorando en Historia de América Latina (Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España)
Doctor en Filosofía (Laud Hall Seminary)
Máster en Teología (Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King Jr.)
Especialista Superior en Dirección de Instituciones educativas (Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González" Bs. As. Argentina)
Especialista en Diseño de Ambientes de Aprendizaje (Universidad Minuto de Dios, Colombia)
Licenciado en Teología (Universidad Evangélica Martin Luther King Jr.)
Administrador de recursos (Universidad Nazarena de las Américas, San José, Costa Rica)
Es parte del equipo ministerial que dirige el Apóstol Gustavo Ferro de la Iglesia Remanente Santo de Virrey del pino, partido de la Matanza, prov. Bs. As.
Es Director del blog Transformando vida (www.luiseduardocantero.blogspot.com)
Es columnista de dos programas de radio 93.1FM y FM 93.9 del partido de San Martin (Área limite y sábado free) y tiene una columna mensual del periódico la Cosecha. Ambos son parte del Ministerio La Cosecha, que dirige el Lic. Ezequiel Rodríguez.