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martes, 17 de mayo de 2016

Movimiento de la Misión Integral



Compartimos con ustedes las respuestas a algunas preguntas sobre la Misión Integral que le enviaron a C. René Padilla desde una revista internacional que se publica en el Brasil.
1. ¿Qué análisis hace del movimiento de la Misión Integral en perspectiva histórica, desde sus inicios en la década de 1960 hasta la actualidad, en el contexto latinoamericano?
CRP – Este movimiento surgió a comienzos de la década de 1960 como resultado de una seria lectura de las Sagradas Escrituras en búsqueda de fidelidad al Evangelio en la práctica de la misión cristiana. La intención no fue “hacer teología” como tal, sino fomentar el testimonio cristiano especialmente en las universidades de América Latina. Con el tiempo el movimiento se extendió a iglesias que reconocieron la importancia de que la evangelización no se reduzca a la proclamación oral del Evangelio, sino que, además incluya: (1) un estilo de vida personal y comunitario que se conforma a los valores del Reino de Dios, y (2) buenas obras por medio de las cuales, según la enseñanza de Jesucristo, se demuestre prácticamente que los cristianos somos llamados a resplandecer como “luz del mundo”.
2. ¿Qué información tiene sobre el movimiento de la Misión Integral hoy en el Brasil? ¿Cree que este movimiento ha logrado los objetivos que persigue?
CRP – El movimiento de Misión Integral está creciendo mucho alrededor de todo el mundo, especialmente en los países del mundo de las grandes mayorías, entre los cuales se incluye el Brasil. Una pequeña muestra de este crecimiento es la Red Miqueas, un movimiento que hoy suma cientos de miembros a nivel global y sigue activo para alcanzar su objetivo de que todas las iglesias alrededor del mundo sean fieles a la totalidad del mensaje bíblico y hagan su parte para que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo.
3. Incluso hoy en día, muchos teólogos y líderes cristianos son críticos de la Misión Integral debido a sus vínculos ideológicos con la izquierda y el hecho de que, en palabras de ellos, no constituye una “teología” en el sentido de la palabra. Según estos pensadores, sería mejor que su conexión con los movimientos sociales, su búsqueda de la justicia política y su crítica a los gobiernos neoliberales fuera reemplazada por una mayor preocupación por anunciar el Evangelio que libera. Los resultados de esto serían más personas convertidas que afecten a la sociedad positivamente. Le pido que hable de esta revisión y analice sus argumentos.
CRP – Lamentablemente, muchas de las críticas muestran que sus promotores no están familiarizados con las bases bíblico-teológicas de nuestra posición, de lo contrario no dirían lo que dicen. Personalmente, frente a las críticas adopto la actitud del apóstol Pablo: “Por mi parte, muy poco me preocupa que me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano; es más, ni siquiera me juzgo a mi mismo. Porque aunque la conciencia no me remuerde, no por eso quedo absuelto; el que me juzga es el Señor. El sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda” (1 Co 4:3-5). Mi mayor preocupación no es “hacer teología” como tal. Mi mayor preocupación es que quienes confesamos a Jesucristo como Señor y Rey, comenzando por mí, nos mantengamos fieles al propósito de que todo ser humano experimente la vida en abundancia (shalom), para lo cual él vivió, murió, resucitó, ascendió al cielo y volverá otra vez. No me preocupa que, porque creo que Dios es justo, ama la justicia y exige justicia, se me tilde de “izquierdista” o “liberacionista”. Por otra parte, sí me preocupa que tantas personas en el mundo evangélico se conformen con un evangelio individualista y ultramundano, y no se interesen en explorar las dimensiones más amplias del Evangelio, incluyendo la social, la política, la económica y la ecológica. Si Jesucristo es Señor de toda la creación y de todo aspecto de la vida humana, no tenemos el derecho de excluir tales dimensiones de nuestra vida cristiana.
4. Hoy la situación política conflictiva en el Brasil crea muchos antagonismos en la sociedad, y esto se refleja en la Iglesia Evangélica. Recientemente, el movimiento de misión integral, compuesto por líderes como Ariovaldo Ramos, Ed René Kivitz y otros exponentes de la Iglesia, publicó un manifiesto que ha sido criticado por supuestamente contener elementos políticos partidistas en favor del actual gobierno brasileño, de matriz socialista. ¿Usted tuvo conocimiento de este episodio? ¿Cuál es, en su opinión, cualquier idea equivocada que el movimiento de la Misión Integral ha provocado en el Brasil?
CRP No me sorprende que la situación política brasileña sea hoy tan conflictiva como es. Lo mismo está sucediendo en otros países latinoamericanos con gobiernos que, por primera vez en nuestro continente, han logrado en cierta medida marcar una diferencia significativa en lo que tiene que ver con la tarea fundamental de todo gobierno. Como cristianos necesitamos entender que los gobiernos no existen para favorecer la concentración de la riqueza de la creación de Dios en pocas manos — el sector rico de la población. Más bien, existen para procurar el bien común en áreas tales como la educación, la salud, la vivienda y el trabajo. Desconozco el manifiesto de Integra como tal, pero me alegra saber que hay líderes en el movimiento evangélico en el Brasil dispuestos a tomar partido a favor de un gobierno que, a pesar de todas sus imperfecciones, por su posición política ha logrado producir profundos cambios socioeconómicos en estos últimos años a favor de los sectores más pobres y mayoritarios de la población. Me entristece pensar que los poderosos sin conciencia social logren regresar al poder con su objetivo históricamente marcado por la opresión y el abuso del poder.
5. Usted es un líder veterano que está siguiendo de cerca el mundo evangélico durante más de medio siglo. En el actual panorama mundial, ideológico y social, ¿qué futuro ve usted para la Misión Integral?
CRP – El futuro de la Misión Integral está en las manos de Dios, pero ciertamente anhelo que quienes confesamos a Jesucristo como nuestro Señor y Rey sigamos procurando ser fieles en aquello que Dios, como el Dios de amor y justicia, requiere de cada uno de nosotros: “Practicar la justicia, amar la misericordia y
Humillarte ante tu Dios”. Mi oración es que, por la gracia de Dios, su Espíritu obre de modo que un creciente número de quienes confesamos a Jesucristo como Señor seamos incluidos entre quienes escuchemos de él: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”.

C. René Padilla

Fuente: El blog de René Padilla, 2016.

martes, 9 de septiembre de 2014

Diez preguntas básicas sobre a la Teología de la Misión Integral (TMI)

Por. René Padilla, Argentina*


Las preguntas que siguen fueron planteadas a René Padilla en ocasión del reciente lanzamiento de la segunda edición (revisada y aumentada) de su libro “Misión integral: Ensayos de Dios y la Iglesia” en portugués. Las respuestas fueron publicadas en la revista Ultimato.
1. ¿Qué es la Teología de Misión Integral (TMI) y qué la torna relevante hoy?
La TMI no es una teología con la pretensión de cubrir todos los temas de un sistema teológico completo, como es el caso, por ejemplo, de las Instituciones de la Religión Cristiana, de Juan Calvino. Es, más bien, un acercamiento a la fe cristiana que intenta relacionar la revelación del Dios trino con la totalidad de la creación y con todo aspecto de la vida humana, y tiene como propósito la obediencia de la fe, incluyendo la misión de la iglesia de Cristo en el mundo, para la gloria de Dios.
2. ¿La TMI es una versión protestante de la Teología de la Liberación?
Depende de cómo se defina la Teología de la Liberación, de la cual hay varias versiones. Es “protestante” en que afirma varios de los énfasis fundamentales de la Reforma Protestante del siglo XVI (la clásica y la anabautista). A la vez, da mucha importancia a la dimensión histórica de la revelación de Dios y a la dimensión contextual de la experiencia de la salvación por medio de Cristo Jesús. En esto coincide con el acercamiento teológico de algunos de los autores que se identifican como teólogos de la liberación y consecuentemente enfocan la Palabra de Dios como “útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia [incluyendo necesariamente su aspecto social] a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).
3. ¿Cuál es el valor del evangelismo en la TMI?
Sin evangelización como comunicación oral del Evangelio no hay práctica de la misión integral cristiana. Ésta abarca todas las dimensiones de la vida cristiana: el ser, el hacer y el decir. A la vez, desde esta perspectiva tenemos que afirmar que la evangelización no puede reducirse a la comunicación oral del Evangelio, ya que el testimonio cristiano exige que lo que los cristianos dicen (o proclaman) sea ratificado por lo que son y lo que hacen.
4. ¿Cuál es el valor de la responsabilidad social en la TMI?
En línea con lo dicho anteriormente, mantengo que la acción cristiana (lo que se hace a nivel personal y social) es un aspecto esencial del testimonio cristiano. Las buenas obras no son optativas para quienes creemos que, si bien no somos salvos por las obras, “somos hechura de Dios creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (Efesios 2:10).
5. ¿Cuál es el valor de la Bíblia en la TMI?
Sin la Biblia no hay posibilidad de TMI. Como ya he dicho, la TMI es un acercamiento a la fe cristiana que intenta relacionar la revelación del trino de Dios con la totalidad de la creación y con cada aspecto de la vida humana. Por medio de la Biblia, mediante la iluminación del Espíritu Santo, entramos en contacto con la revelación especial de Dios, cuya culminación se da en la persona y obra de Jesucristo.
6. Es la TMI un movimento latinoamericano?
Es un movimiento latinoamericano sólo en el sentido de que especialmente (pero no exclusivamente) en América Latina, por la gracia de Dios, en las últimas décadas ha habido un resurgimiento de temas teológicos fundamentales presentes en teólogos y predicadores a lo largo de toda la historia de la iglesia—temas tales como la íntima relación entre el amor a Dios y el amor al prójimo, shalom como el propósito de Dios para la vida humana, y el lugar de la justicia, la misericordia y la humildad en la vida de quienes confiesan su nombre. Lamentablemente, debido en gran medida al individualismo de la era moderna, tales temas habían sido olvidados con demasiada frecuencia en sectores evangélicos de los “países protestantes” que enviaron a muchos de los misioneros alrededor del mundo, incluyendo nuestro continente. En la providencia de Dios, tales temas recuperaron en gran medida su lugar en nuestro continente en la segunda mitad del siglo XX, especialmente en círculos de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL).
7. El arte cristiano puede dialogar com la TMI?
Como todo arte, el arte siempre guarda relación, mayor o menor, con la creación de Dios, y ésta a su vez merece atención por parte del arte cristiano. Esto da lugar a que la TMI se ocupe del arte como expresión del reconocimiento de la soberanía de Dios sobre la totalidad de la creación y sobre todo aspecto de la vida humana.
8. ¿Tine la TMI un método científico definido?
Más que ciencia con “un método científico definido”, la TMI es un diálogo entre la revelación de Dios y la vida humana en sus múltiples facetas. Para una comprensión más elaborada de tales facetas de la vida humana son de mucha ayuda las ciencias humanas (por ejemplo, la antropología, la sociología, la economía y la política). Por esta razón la TMI se esfuerza por lograr que el diálogo con la revelación sea un diálogo interdisciplinario.
9. ¿Cuál es la relación de la TMI con el Movimento de Lausana?
No hay una relación “oficial” entre la TMI y el Movimiento de Lausana, pero indudablemente la influencia de la TMI en el Movimiento de Lausana ha crecido admirablemente a lo largo de los años. El párrafo 5 del Pacto de Lausana, que surgió de Lausana I en 1974, afirma que, ya que Dios es Creador y Juez de todos los seres humanos, “debemos compartir su preocupación por la justicia y la reconciliación en toda la sociedad humana y por la liberación de los seres humanos de toda clase de opresión”; que “la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano”; que “el mensaje de la salvación encierra también el mensaje de juicio de toda forma de alienación, opresión y discriminación, y no debemos temer denunciar el mal y la injusticia dondequiera que existan” y que “si la salvación que decimos tener no nos transforma en la totalidad de nuestras responsabilidades personales y sociales, no es la salvación de Dios”. En gran medida debido a la penetración de la TMI en círculos evangélicos a nivel global en las últimas décadas, estas afirmaciones, junto con muchas otras del mismo tenor, proveen la sustancia fundamental del Compromiso de Ciudad del Cabo, que surgió de Lausana III en 2010.
10. ¿Qué valor tuvo la contribución de John Stott para a consolidación de la TMI?
John Stott, gracias a la trascendencia mundial de su ministerio, fue usado por Dios, especialmente a partir de 1974, para abrir la puerta del mundo evangélico para que la TMI rompiera la resistencia que encontró por muchos años en los “países protestantes”, y poco a poco recibiera el reconocimiento como teología auténticamente evangélica del que hoy goza a nivel global, especialmente en América Latina, Asia y Africa y en menor grado en Europa, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda.

*Blog de René Padilla de la Fundación Kairos, 2014.

martes, 25 de febrero de 2014

La misión de Paz y Justicia (Parte II)

Por C. René Padilla, Argentina*
Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo hay muchas referencias a la justicia de Dios. La afirmación que hace el Salmo 11:17 se repite con frecuencia especialmente en los libros proféticos y en los libros poéticos: “Justo es el Señor, y ama la justicia”. Porque Dios es justo y ama la justicia, ésta no es meramente una convención social o un valor humano, sino un mandato divino. Como dice Abraham J. Heschel, la justicia “no es solamente la relación entre la persona y su prójimo; es un acto que involucra a Dios, una necesidad divina.” Está vinculada íntimamente con la compasión por los oprimidos, los débiles, los marginados. Tiene que ver con la actitud de Dios hacia los necesitados, los débiles, los desheredados, fácil presa de la opresión por parte de los poderosos. Es una “opción por los pobres”.
Esto no significa, sin embargo, que en los tribunales del pueblo de Israel, el pueblo de Dios, los jueces tienen que ejercer el favoritismo para beneficiar a los pobres, y esto es tan importante como la obligación de no ejercerlo tampoco para favorecer a los ricos. ¡De ningún modo! La consigna es clara: “No perviertas la justicia, ni te muestres parcial a favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia” (Lev 19:15).
La justicia va más allá del favoritismo en los tribunales. Tiene que ver con el pleno reconocimiento del derecho que todas las personas, ricos y pobres, tienen por igual de satisfacer sus necesidades básicas, comenzando con la de la alimentación corporal. Y como en cualquier sociedad las víctimas de la violación de ese y otros derechos humanos son comúnmente las personas que no pueden defenderse, una y otra vez la ley de Dios hace referencia al cuidado especial que tales personas requieren. En esa dirección apunta Deuteronomio 24:17-21:
No le niegues sus derechos al extranjero ni al huérfano, ni tomes en prenda el manto de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí. Por eso te ordeno que actúes con justicia. Cuando recojas la cosecha de tu campo y olvides una gavilla, no vuelvas por ella. Así el Señor tu Dios bendecirá todo el trabajo de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no rebusques en las ramas; las aceitunas que queden, déjalas para el extranjero, el huérfano y la viuda. Cuando coseches las uvas de tu viña, no repases las ramas; los racimos que queden, déjalos para el inmigrante, el huérfano y la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto. Por eso te ordeno que actúes con justicia.
La trilogía constituida por la viuda, el huérfano y el extranjero, que se repite a largo de todo el Antiguo Testamento, representa al sector de mayor vulnerabilidad en lo que atañe a la violación de los derechos humanos. Según la ley de Dios, la acción de justicia que se expresa en términos de asegurar que sus necesidades básicas sean satisfechas no es optativa sino obligatoria. Es acción que se modela en la que Dios mismo realizó al liberar a Israel de la esclavitud de Egipto, y comienza con la provisión de lo necesario para satisfacer necesidades humanas básicas. El pueblo de Dios refleja a Dios en la medida en que actúa con los desposeídos como él actuó con el pueblo escogido. “El defiende la causa del huérfano y la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole ropa y alimentos. Así mismo debes tú mostrar amor por los extranjeros, porque también tu fuiste extranjero en Egipto” (Dt 10:18-19).

Dr. René Padilla,  Ecuatoriano, doctorado (PhD) en Nuevo Testamento por la Universidad de Manchester, fue Secretario General para América Latina de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos y, porteriormente, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). Ha dado conferencias y enseñado en seminarios y universidades en diferentes países de América Latins y alrededor del mundo. Actualmente es Presidente Honorario de la Fundación Kairós, en Buenos Aires, y coordinador de Ediciones Kairós.

Fuente: Blog de René Padilla, Kairós 2014.

miércoles, 1 de mayo de 2013

¿Cómo se hacen discípulos de Jesucristo? (I)

Por. C. René Padilla, Argentina
Si el propósito central de la misión cristiana es hacer discípulos, según la Gran Comisión que Jesucristo dio a sus discípulos, según Mateo 28:16-20, cabe la pregunta: ¿Cómo se hacen discípulos de Jesucristo? Para empezar, precisamos tomar en cuenta que un discípulo es primordialmente un aprendiz, alguien que está en proceso de formación que tiene como fin que el aprendiz llegue a ser como su maestro. Desde esta perspectiva, el mandamiento a “hacer discípulos” es un mandamiento a formar personas que lleguen a ser como Jesucristo.
Por cierto, esta afirmación no coincide con una enseñanza que se difundió en círculos evangélicos hace unos años, según la cual la tarea del quien realiza la tarea discipular es formar discípulos a su propia imagen y semejanza. No creo que esa haya sido la intención del mandamiento. El Maestro por excelencia a quien todos los cristianos estamos llamados a seguir es Jesucristo. El apóstol Pablo reconoce esto cuando, escribiendo a los creyentes en Galacia, les dice: “Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes” (Gálatas 4:19). Eso no niega, sin embargo, que sólo quien toma en serio su propio discipulado cristiano está en condiciones de formar discípulos de Cristo. Es por eso que el mismo apóstol exhorta a los creyentes en Corinto: “Imítenme a mí como yo imito a Cristo” (1 Corintios 11:1). En la tarea de hacer discípulos, como en la de criar hijos, la pedagogía más efectiva es la que depende mucho más del ejemplo que de las palabras.
Volviendo a nuestra pregunta inicial, ¿cómo se hacen de Jesucristo? Ya observamos en el artículo anterior que en nuestro texto el verbo matheteúsate (“hagan discípulos” en modo imperativo) va acompañado por tres formas verbales (gerundios), dos de las cuales responden directamente a esta pregunta: “bautizándolos” y “enseñándoles”.
El bautismo es el rito de iniciación en el discipulado. Este no es el lugar para profundizar en el tema de la tradicional controversia entre quienes practican el bautismo de infantes como señal del pacto y quienes lo practican como un acto consciente de identificación con Cristo por parte de personas creyentes. Para nuestro propósito basta señalar que en la Gran Comisión se da por sentado que el discipulado se inicia con el bautismo y que éste es “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (v. 19).
Con el bautismo se inicia todo ese proceso al cual nos hemos referido anteriormente: el proceso de formación del aprendiz para que llegue a ser como Jesucristo. Si no se toma en cuenta esto, se corre el riesgo de hacer del bautismo lo único que importa. ¿No fue esto lo que sucedió con la conquista ibérica de nuestro continente? Los conquistadores llegaron con un profundo sentido de misión, con la convicción de haber sido enviados por Dios. La cruz llegó acompañada por la espada, los soldados llegaron seguidos por los frailes misioneros. Y para “convertir” a los aborígenes al cristianismo se esforzaron por bautizar a miles y miles de ellos. Bautizaron pero no hicieron discípulos. Y así nacieron nuestros países: con masas bautizadas pero no evangelizadas. La pregunta es si hoy los evangélicos no corremos el riesgo de hacer lo mismo, impulsados por el afán de incrementar el número de miembros de nuestras iglesias pero sin el debido énfasis en la misión de hacer discípulos.
Sigue en pie la pregunta: ¿cómo se hacen discípulos de Jesucristo? La forma verbal “bautizándolos” es apenas parte de la respuesta, y es inseparable de lo que sigue: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he enseñado a ustedes”.
 
Fuente: El blog de René Padilla, Fundación Kairós, 2013

sábado, 20 de abril de 2013

El mandamiento de hacer discípulos

Por. C. René Padilla, Argentina.
En la Gran Comisión según Mateo 28:16-20, la afirmación de la autoridad universal del Señor Jesucristo precede la definición de la misión de la iglesia representada por lo rodeaban en ese momento: “Se me ha toda autoridad en el cielo y en la tierra, Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (vv. 18b-20). Sobre la base de este pasaje es claro que el señorío universal de Jesucristo es la base de la misión global de la iglesia.
Esa misión se resume en el mandamiento: “hagan discípulos”. Curiosamente, para expresar esta idea, el Evangelio según Mateo usa el verbo matheteúsate, que en el Nuevo Testamento sólo aparece cuatro veces, tres de éstas en este Evangelio (13:52, 27:57 y 28:19) y una sola vez en Hechos de los Apóstoles (14:21). En contraste con el verbo matheteuein (“discipular”), el sustantivo mathetes (“discípulo”) es común en los Evangelios y en Hechos, aunque no se encuentra en ningún otro libro del Nuevo Testamento. Tal expresión es característica de los Evangelios para referirse a los seguidores de Jesucristo: aparece setenta y tres veces en Mateo, cuarenta y seis en Marcos y treinta y siete en Lucas.
Para entender debidamente el sentido del mandamiento es indispensable dar atención en un detalle gramatical que no siempre se toma en cuenta: en el texto griego de nuestro pasaje, matheteúsate es el único verbo en modo imperativo. Las otras tres formas verbales ligadas al verbo matheteúsate (“vayan”, “bautizándoles y “enseñándoles”) están en el texto griego en forma de gerundio y su función es calificar lo que expresa el verbo principal en modo imperativo: “hagan discípulos”. La frase, por lo tanto, podría traducirse: “Pónganse en marcha: hagan discípulos”. Los otros dos gerundios responden a la pregunta: ¿cómo se hacen discípulos? La respuesta es: “bautizándolos y “enseñándoles”.
En conclusión, el foco de la Gran Comisión no es otro que el mandamiento de hacer discípulos de Jesucristo. Esta es la misión que Cristo legó a su iglesia, la tarea central de la iglesia hasta el fin del mundo. La conexión entre esa tarea y el señorío universal de Jesucristo la establece una expresión que aparece al comienzo del versículo 19: “Por tanto”. En otras palabras, porque Jesucristo es el Señor de toda la creación y de todos los aspectos de la vida humana, la iglesia recibe el mandamiento de hacer discípulos, o sea, formar personas que reconozcan ese señorío y vivan a la luz de ese reconocimiento. Jesucristo es el Señor de todos: por tanto, todos deben reconocerlo como tal y demostrar tal reconocimiento en su vida práctica.
Si tomamos en cuenta que, durante su ministerio terrenal, Jesucristo dedicó mucho de su tiempo a la formación de sus discípulos, es evidente que la misión que él confió a sus discípulos poco antes de su ascensión fue la misión de continuar lo que él mismo había hecho. La misión de la iglesia, representada por el cuerpo apostólico, es la de prolongar la misión de Jesucristo, y esta prolongación se basa en un discipulado misionero comprometido para continuarla hasta el fin del mundo.
La esfera de acción para este trabajo de hacer discípulos abarca a todas las naciones. Puesto que la autoridad de Jesucristo está presente “en el cielo y en la tierra”, la misión que él delega a sus discípulos es igualmente global: se extiende a todas las naciones.
 
Fuente: El blog de René Padilla, Fundación Kairós, 2013.

sábado, 13 de abril de 2013

Jesucristo, Señor de todo y de todos

Por. René Padilla, Argentina
 
La autoridad que al resucitar Jesucristo recibió del Padre, según su propia declaración en Mateo 28:19, es una autoridad universal: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra”. En otras palabras, su autoridad se extiende sobre la totalidad de la creación y sobre todo aspecto de la vida humana. No hay nada ni nadie que esté fuera de la órbita de la autoridad de Jesucristo. El tiene autoridad no sólo sobre la iglesia sino también sobre el mundo. No sólo sobre el domingo sino también sobre el resto de la semana. No sólo sobre lo que tiene que ver con prácticas religiosas sino también sobre lo que tiene que ver con la familia y el trabajo, el arte y la ciencia, la economía y la política.
Esto no significa, por supuesto, que todos reconocen esa autoridad, pero sí que todos deberían reconocerla. En efecto, lo que distingue a los cristianos de los no cristianos es que los cristianos reconocen y por lo tanto confiesan la autoridad universal de Jesucristo y viven a la luz de ese reconocimiento, en tanto que los no cristianos no la reconocen ni la confiesan. Como afirma el apóstol Pablo: “No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan” (Ro 10:12). Como veremos más adelante, esto es lo que hace necesaria la misión de la iglesia, cuya esencia es la proclamación de Jesucristo como Señor. “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesucristo es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Ro 10:8b-9).
Lamentablemente, con demasiada frecuencia los cristianos nos dejamos condicionar por la dicotomía entre la esfera de lo sagrado y la esfera de lo secular. Hacemos un divorcio entre la ética y la religión, entre lo público y lo privado, entre el mundo y la iglesia. Como consecuencia, estamos marcados por la incoherencia entre nuestra confesión de Jesucristo como Señor de todo y de todos, por un lado, y nuestro estilo de vida, por el otro.
Esa incoherencia hoy día se hace visible, por ejemplo, en la manera en que permitimos que la sociedad de consumo defina nuestro estilo de vida imponiéndonos valores ajenos a los valores del Reino de Dios. La sociedad de consumo ha transformado el aforismo del filósofo francés Rene Descartes cogino, ergo sum(pienso, luego existo) en consumo, luego existo. Como resultado, la mayoría de la gente en la sociedad moderna, especialmente en el mundo dominado por el capìtalismo, no consume para vivir sino vive para consumir. Presupone que si uno aspira a llegar a ser alguien entre sus contemporáneos, tiene que estar en capacidad de adquirir los símbolos de status que le ofrece la sociedad de consumo. Y para lograr ese objetivo, muchas personas están dispuestas a pagar un alto precio: la salud, las buenas relaciones conyugales y familiares, la satisfacción que se deriva del ejercicio de una vocación elegida libremente.
En contraste con el estilo de vida que refleja los valores de la sociedad de consumo, el estilo de vida coherente con la confesión de Jesucristo como Señor de todo y de todos renuncia a esos valores y se orienta hacia la realización del propósito de Dios para la vida humana ejemplificado por su Hijo. Es un estilo de vida en que priman los valores del Reino de Dios que se resumen en shalom: armonía con Dios, armonía con el prójimo, armonía con la creación de Dios. A eso apunta la misión integral.




Fuente: Fundación Kairós, 2013.