¡Vos podes ayudarnos!

---
;
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de junio de 2017

La infusión de teología patrística en la teología reformada



Por. Andrés Messmer, España
En un artículo previo, intenté aclarar el significado de la etiqueta “reformado” resumiendo el consenso de la teología reformada de los siglos XVI-XVII.
Terminé el articulo alabando el sistema por su profundidad y riqueza pero también dando pistas de una tendencia peligrosa dentro de dicho sistema.
En este artículo me gustaría explicar en qué consiste esta tendencia y cómo se puede evitar. No estoy acusando a la tradición reformada de ninguna herejía (y de hecho me identifico como un heredero de mucho de ella), pero sí estoy intentando suplir un elemento muy importante que la tradición reformada suele o dar por sentado u omitir.
En este artículo me gustaría hablar de lo que llamo la infusión de la teología patrística en la teología reformada, la cual explicaré a continuación.
Primero resumo la teología patrística y luego vuelvo a estudiar el consenso de la tradición reformada a la luz de la teología patrística.
La teología patrística: un esquema
Igual que en el artículo previo me basé en el libro de Jon Rohls, aquí me baso principalmente en el libro de Donald Fairbairn titulado Vida en la Trinidad (título en inglés: Life in the Trinity) en que el autor resume una porción significante de la teología de los primeros cinco siglos de la Iglesia (estoy en deuda con su libro pero también he adaptado sus argumentos para conformarlos al enfoque actual).
Los padres de la Iglesia no hablaban de la teología como si fuera impersonal sino como algo personal, es decir, su enfoque era estudiar al Dios trino y nuestra relación con él.
La teología patrística llegó a muchas de las conclusiones a las que llegó la tradición reformada pero llegó a ellas por otro camino.
Los padres tenían un enfoque relacional porque veían que los puntos de inflexión más importantes en la Biblia giraban en torno a las relaciones intratrinitarias entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y a nuestra relación con ellos.
Aunque sea una simplificación, se puede decir que la teología patrística entendía que la Biblia contenía cinco puntos de inflexión, a saber, la eternidad pasada, la creación, la caída, la redención y la consumación. A continuación los desarrollo con más detalle.
Sobre la eternidad pasada, los textos que constituían el foco eran: Juan 1, Juan 17, Efesios 1, Colosenses 1 y Hebreos 1. Como no hay tiempo para estudiar todos, solo cito Juan 17.24 que puede servir como un texto ejemplar que capta bien la esencia de la enseñanza bíblica sobre este primer punto.
En este versículo Jesús está orando al Padre y dice: “me has amado desde antes de la fundación del mundo”. Este versículo (entre otros) muestra que desde siempre (y realmente, más allá de “desde siempre” ya que Dios existe fuera del tiempo) ha existido una íntima relación amorosa entre el Padre (el amador), el Hijo (el amado) y el Espíritu Santo (el amor entre los dos; como se verá a continuación, es importante notar que el Espíritu Santo es el vínculo de relación).
Sin exageración, esta relación es la fuente y el origen de todo, y por lo tanto es la fuente y el origen de toda teología.
De la creación, es importante señalar cómo Dios creó al hombre: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gén 2.7).
Este versículo era interpretado por algunos padres como el Espíritu Santo dando al hombre la misma vida de Dios y por lo tanto permitiéndole participar en ella.
En el momento de su creación el hombre disfrutaba de una íntima relación amorosa con el Dios trino (de hecho, Dios creó al hombre “varón y hembra”, implicando así que ser creado “a la imagen de Dios” incluye la necesidad de vivir en comunidad; cf. Gén 1.26-28).
En el meollo de lo que significa ser creado a la imagen de Dios (Gén 1.26-28) y poder participar en el amor de Dios, está la capacidad de escoger, elegir, desear, querer; en resumen, el hombre fue creado con la voluntad y aquella voluntad debería haber escogido, elegido, deseado y querido al “otro” (Dios y prójimo) como el Padre y el Hijo lo hacen a través del Espíritu.
¿Qué hizo el hombre con dicha capacidad? La respuesta a esta pregunta nos lleva al tercer punto de inflexión, a saber, la caída.
La tentación propuesta a Adán y Eva tenía que ver con la relación y la voluntad: podían, o bien seguir teniendo una íntima relación amorosa con el Dios trino (aunque Satanás no se lo explicó así), o salir de dicha relación y tener una nueva vida fuera del amor de Dios y fuera de una relación con él: “sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gén 3.5).
La tentación de “ser como Dios” era un ataque directo contra la relación que tenían con Dios, e implicaba un giro en el sentido opuesto a él.
En lugar de girar hacia el “otro”, su voluntad ahora giraba hacia dentro de tal forma que escogía, elegía, deseaba y se quería a sí mismo. Antes de este momento, la presencia de Dios entre su pueblo era dada por sentada pero a partir de ahora está alejada e incluso es amenazadora. Mucho del Antiguo Testamento tiene que ver con este mismo tema.
El cuarto punto de inflexión tenía que ver con la redención, es decir, la respuesta de Dios frente a la ruptura de relación.
El Antiguo Testamento era visto como una preparación para la llegada del Hijo, durante la cual el pueblo de Dios vivía en la promesa de que Dios arreglaría la brecha entre Dios y hombre.
La llegada del Hijo, su encarnación y obra en la cruz, era la culminación de toda la historia a raíz de Génesis 3. Por fin, en Cristo, el único Dios-hombre, un hombre no dijo que sí a la tentación de “ser como Dios” en el sentido de romper la relación con Dios, sino que vivió una vida en perfecta comunión con él:
“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace” (Jn 5.19-20).
Esta comunión entre Padre e Hijo culminó en la cruz, la cual era interpretada como Dios restableciendo la relación con el hombre. De hecho, varios versículos dicen explícitamente que la cruz era la demostración más clara del amor de Dios:
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4.10; cf. Jn 3.16; Rom 5.7-8; Gál 2.20; 1 Jn 3.16).
Para los padres de la Iglesia, lo que hizo Jesús a sus discípulos después de su resurrección era muy significativo: “Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20.22). Este versículo era interpretado como el restablecimiento de la íntima relación amorosa entre Dios y el hombre a través del Espíritu Santo (ver Gén 2.7 arriba).
En cierta medida Jesús, por haber enviado al Espíritu a sus discípulos, envió las “arras” (cf. Ef 1.14) de la relación que Dios y el hombre tenían en Génesis 1-2 y que tendrían en la eternidad futura.
Fue a la luz del reenvío del Espíritu Santo al hombre que los Padres interpretaban el siguiente versículo: “nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina” (2 Ped 1.4). En otras palabras, Dios ha vuelto a darnos de su propia vida a través del Espíritu Santo.
El quinto punto, la consumación, era entendido como un regreso al comienzo, pero con una diferencia muy importante para nosotros: ahora los seres humanos serán acogidos plenamente y para siempre en íntima relación amorosa con el Dios trino:
“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad … Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado” (Jn 17.23-24).
La íntima relación amorosa que Dios tenía entre sí desde siempre, que era la misma que otorgó al ser humano en el jardín, la misma que perdió voluntariamente con el primer pecado (y que nosotros perdemos todos los días de nuestras vidas), la misma que Jesús restableció en parte por su muerte y resurrección—esta misma relación es la que disfrutaremos en plenitud y en la cual participaremos para la eternidad.
La teología reformada a la luz de la teología patrística
En resumen, la teología patrística era una teología coherente e íntegra, y el hilo que la cohesionaba era la relación y el amor.
Donald Fairbairn explica bien la relación entretejida de la teología patrística: “Los padres de la Iglesia no hablaban primero de Dios, y luego de la salvación y luego de la vida cristiana.
En cambio, la manera en que hablaban de Dios abarcaba su discurso sobre la salvación y la vida cristiana. Se podría decir que no tenían doctrinas distintas de Dios y de la salvación sino que su doctrina de Dios era su doctrina de la salvación” (Vida, 6).
Cuando volvemos al sistema doctrinal reformado con este entendimiento de la teología, lo vemos con otra luz.
A continuación vuelvo a resumir el mismo sistema doctrinal reformado pero esta vez lo filtro a través del hilo de relación y amor.
-  De la revelación, la Palabra de Dios y el rol de la tradición: Segunda a Timoteo 3.16-17 dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. La palabra griega detrás de “inspirada por Dios” es θεόπνευστος y literalmente significa “expirada por Dios”. Evoca la idea de Génesis 2.7 y Juan 20.22 de que Dios nos está ofreciendo su vida por su Palabra. En otras palabras, podemos quedar con Dios y tener relación y comunión con él en su Palabra.
-  De la deidad y la trinidad: En lugar de decir que los atributos de Dios fluyen de la simplicidad (y espiritualidad) del ser de Dios, me gustaría sugerir que la íntima relación amorosa entre el Padre (el amador), el Hijo (el amado) y el Espíritu Santo (el amor entre los dos) es el mejor lugar para empezar. No niego que su simplicidad (y espiritualidad) sea básica para tal entendimiento sino que sugiero que la definición debe ser ampliada con el amor.
-  De la creación y la providencia: La creación es el resultado del amor desbordante del Dios trino. Dios no creó desde alguna carencia sino desde su plenitud. El hecho de que Adán y Eva fueran una sola carne y estuvieran desnudos y no se avergonzaran (Gén 2.23-25) ilustra su plena comunión el uno con el otro, y esta comunión reflejaba la que tenían con su creador.
-  De los seres humanos y el pecado: La obediencia es nuestra forma de amar a Dios (cf. Jn 14.15). Al haber escogido el mal, perdimos nuestra relación con Dios, y como consecuencia, su vida y todo lo que implica (su amor, paz, gozo, etc). Por lo tanto, sólo nos queda la muerte y el giro perpetuo hacia dentro. Es instructivo notar cuántas veces la Biblia habla del pecado en términos del amor: “los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Jn 3.19; cf. Jn 12.43; 2 Tes 2.10; 1 Tim 6.10; 2 Tim 4.10; 1 Jn 2.15; 2 Ped 2.15). Jesús habló de la gente que no tenía relación con Dios dentro del marco de amor así: “Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros” (Jn 5.42).
-  Del pacto de la gracia y la reconciliación: Dios siempre tuvo planeada la redención de su pueblo a través de Cristo (cf. Ef 1.4). La obediencia activa de Jesús fue en realidad una vida de amor: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn 15.10; cf. Jn 14.31).
-  De la cristología y la llamada “extra calvinística”: Cristo era el verdadero Adán que escogía, elegía, deseaba y quería a Dios. Su obediencia (que es el amor) toma el lugar de nuestra desobediencia (que es el “ser como Dios”). La Biblia dice que el amor es el porqué de la encarnación: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él» (1 Jn 4.9).
-  De la justificación y la fe: Como vivimos en la muerte, no hay nada que podamos hacer para reconciliarnos con Dios—siempre queremos “ser como Dios”. Por lo tanto, Dios toma la iniciativa de hacer vivo al ser humano para que pueda responder a su amor. Dios ofrece al ser humano una relación restaurada de forma gratuita. Es impresionante notar que Pablo habla de la salvación en términos del Espíritu Santo y el amor: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Rom 5.5). Es decir, lo que perdimos en el jardín, a saber, el amor de Dios, nos ha sido restaurado a través del mismo Espíritu Santo que fue dado originalmente a Adán y Eva.
-  De la santificación y la penitencia: Las buenas obras son la consecuencia necesaria de tener una relación restaurada con Dios, porque Dios ha hecho volver al hombre a su amor: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn 14.15; cf. 1 Tm 1.5; 1 Jn 5.3; 2 Jn 6). La santificación culmina en el amor, que es la virtud cristiana más alta: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Cor 13.13; cf. 2 Ped 1.5-7).
- De la elección y la reprobación: Dios ha elegido a su pueblo en amor: “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Ef 1.5; cf. Rom 9.13). La seguridad eterna es el resultado de haber comprendido el amor de Dios: “En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Jn 4.17-18).
-  De la iglesia y sus marcas características: Las tres marcas de la verdadera iglesia, a saber, la predicación del evangelio, la administración de los sacramentos y el mantenimiento de la disciplina eclesiástica, están enfocadas en la declaración y el mantenimiento de la relación que Dios tiene con su pueblo. Jesús está presente a través del Espíritu Santo cuando haya dos o tres congregados en su nombre (cf. Mat 18.20).
-  De la Palabra y los sacramentos: El Espíritu Santo obra a través de la palabra predicada (2 Tim 3.16) y los sacramentos (Tito 3.5); son los canales a través de los cuales tenemos comunión con Dios. La Palabra es lo que el Espíritu Santo usa para restaurar la imagen de Dios que perdimos a través del pecado: «Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Cor 3.17-18).
-  La doble forma de la Palabra de Dios: A través de la obra del Espíritu Santo, la ley que antes no podíamos guardar ahora sí la podemos guardar. La presencia de la santidad de Dios, tan terrible para los que quieren “ser como Dios”, ahora es el mayor deleite para los que han sido llamados a volver al jardín de Génesis 1-2. De hecho, en varios sitios la Biblia dice que el amor es el resumen de la ley de Dios: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mt 12.37-40; cf. Rom 13.8-10; Gál 5.14; San 2.8). Cuando amamos a través del Espíritu Santo, guardamos la ley de Dios.
-  Del bautismo: Por el bautismo morimos al pecado y resucitamos a una nueva vida en la cual podemos servir (obedecer, amar) a Dios (cf. Rom 6.1-14).
-  De la cena del Señor: Los cristianos se acuerdan de su relación restaurada con Dios y por lo tanto de su relación restaurada los unos con los otros (cf. 1 Cor 11.17-34). Es interesante que algunos de los primeros cristianos se referían a la cena del Señor como un “ágape”, el cual es una transliteración de la palabra griega ἀγάπη, que significa «amor».
-  Del ministerio, la carga y los cargos: Los líderes de la iglesia llevan a sus miembros a una relación cada vez más profunda con Dios.
-  De la iglesia y el estado: El estado debe tener un rol de fomentar el bien y disminuir el mal.
Conclusión
En resumen, la teología patrística y la teología reformada no están en contra la una con la otra. Por el contrario, se enriquecen mutuamente.
Lo que la teología patrística puede aportar a la teología reformada es el enfoque personal: la teología no es “una cosa” que hay que estudiar, sino una persona con quien tenemos que relacionarnos.
En lugar de ser “fría”, la teología reformada puede ser muy emocionante y algo que nos lleva a adorar a Dios porque cuando estudiamos la “teología” estamos estudiando lo que el Dios trino ha hecho por nosotros. El amor no solamente es el “vínculo perfecto” de las virtudes cristianas (cf. Col 3.14) , sino también de la teología.
Y para nosotros los cristianos, ¿qué es el amor? “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5.8).
En otras palabras, este hilo de relación y amor con el cual he intentado unir la teología reformada con la ayuda de la teología patrística es ni más ni menos que una exégesis de la cruz.

Fuente: Protestantedigital, 2017

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Alguien que amo es homosexual



Por Anita Worthen and Bob Davies.
Chris MacKenzie se acuerda perfectamente el día hace 16 años, cuando se enteró de las actividades homosexuales de su hijo. Como todos los jóvenes, Damon se había mudado de su casa en Illinois para la Florida. “Damon y yo habíamos sido siempre unidos”, dice esta madre soltera, “así que fue difícil verlo partir, pero yo sabía que debía vivir su vida.” Varios meses más tarde, Chris recibió una extensa carta de él. Damon le compartía noticias emocionantes: “Encontré a alguien por quien me intereso bastante y tengo una relación que me satisface completamente”.
A medida que Chris continuó leyendo, el estómago le dio vueltas y casi no podía tragar. Damon confesaba que esta relación era con otro hombre. Escribió: ”He tenido estos sentimientos fuertes de atracción hacia los hombres desde que me acuerdo y siempre he tratado de esconderlos.” Ahora el estaba “saliendo del closet” y viviendo como él creía que Dios lo había propuesto.
Chris estaba completamente aplastada.” Grité, lloré, vociferé. Sentí que sangraba profundamente por dentro, y no había forma de parar la herida abierta en mi alma”
Dolor Obsesionante
Ya sea que la confesión provenga de un hijo o hija, esposo o esposa o amigo cercano, el admitir la homosexualidad golpea como una bomba, especialmente en un hogar cristiano. “Enterarse de la homosexualidad de un hijo es una agonía,” dice Bárbara Johnson, cuya historia al descubrir la homosexualidad de su hijo se narra en su libro, “Where Does A Mother Go to Resign? (Bethany House) (“¿Dónde renuncia una madre?”), el cual se consigue en las librerías en línea por correo electrónico; ver “Resources” en este website). “Es casi como tener una muerte en la familia. Pero, cuando alguien muere, usted puede enterrar a la persona y continuar viviendo. Con la homosexualidad, el dolor parece nunca terminar”. Bárbara habla de experiencias de primera mano. En 1968, su hijo de 18 años se unió a la Marina y fue asesinado en Vietnam. Exactamente cinco años más tarde, otro de sus hijos murió en un accidente al chocar de frente con un conductor embriagado. Bárbara logró salir de estas crisis con su salud emocional intacta.
Entonces, en un día caluroso de Junio en 1975, Bárbara estaba lista para salir cuando sonó el teléfono. Un amigo de su hijo Larry de 20 años, venía a pedir un libro prestado y Bárbara se dirigió a su dormitorio a buscarlo. Al abrir un cajón del escritorio, vio el libro y lo sacó. Escondido debajo había un montón de revistas homosexuales. Una oleada de nauseas vino sobre ella. Pudo terminar con la llamada, colgó el receptor con sus emociones aturdidas. Volvió al dormitorio de Larry y encontró avisos de películas de homosexuales y otros materiales. Algunos de los materiales estaban en sobres, todos con la dirección de su hijo de una casilla de correo de un vecindario cercano. A medida que el impacto del descubrimiento la golpeaba, Bárbara se sentía avasallada por una marea de emociones.
“Me tiré en la cama y un terrible sollozo rugiente salió de mi,” se acuerda en su autobiografía. “Estaba sola en la casa, y durante varios aterradores minutos sollozos de temor, impacto y la incredulidad me atraparon. Escenas en mi mente de este maravilloso hijo que era tan jovial y feliz—tal alegría tenerlo cerca. Pensar en el entrelazado a otro hombre me trajeron cúmulos de fuertes sollozos de profundas heridas de agonía”.
El Ciclo Del Dolor
El dolor—a menudo abrumador y devastador—es la reacción emocional más común ante el descubrimiento de la homosexualidad de alguien cercano. Este ciclo de dolor ha sido descrito en diferentes formas. Una representación de este ciclo de dolor tiene cuatro fases: shock, protesta, desorganización y reorganización. Aunque algunas personas se mueven de una fase a la siguiente en secuencia, la
vida difícilmente es así de simple. No es extraño devolverse a la fase anterior por un tiempo. Y es muy común pasar por algunas etapas más que una vez. Tomemos unos minutos para examinar estas etapas del ciclo del dolor en más detalle, para entender mejor dónde se encuentran nuestras emociones en el ciclo y aprender cómo otros lo han experimentado.
La Pérdida: El “Gatillo” disparador del dolor
El dolor se dispara cuando las personas experimentan una pérdida mayor en sus vidas. Este fenómeno es fácil de entender cuando a un amigo cercano o a un miembro de la familia se le diagnostica una enfermedad desahuciada o muere en un accidente. Pero, ¿por qué enterarse de la homosexualidad de un ser amado dispara estos sentimientos tan profundos de pérdida? Hay numerosas posibilidades, algunas incluyen:
* Pérdida de seguridad. Aunque su amigo o familiar probablemente ha estado consciente de estos sentimientos de homosexualidad por años, para usted es una revelación nueva. De repente, usted siente que está hablando con un extraño, ya que este aspecto poco familiar de su personalidad ha sido revelado. El sentimiento de engaño puede ser devastador.
* Pérdida de control. De repente la vida parece estar totalmente fuera de control. Los sucesos lo empujan en una dirección que nunca pensó que iría. “Si estuviera viendo a otra mujer”, dice una esposa, “lo pelearía. Pero con esta situación, me siento incapaz—y totalmente perdida.”
*Pérdida de los sueños futuros. Antes de este descubrimiento, el futuro parecía brillante y seguro. Ahora usted se pregunta qué pasará con su familia, con su matrimonio, con sus hijos, con sus amigos.
*Pérdida de la Reputación. Este puede ser un tema mayor, dependiendo del “estatus” en que usted se encuentre en su comunidad, o su iglesia local. Por ejemplo, si usted es el pastor, puede dudar respecto a las futuras oportunidades de empleo.
*Pérdida de la relación. Quizá este es el corazón de la perdida. Entre más profunda la relación entre usted y esta otra persona, más profundo el dolor de descubrir su homosexualidad.
Usted sabe que esta relación ha cambiado para siempre. Cualquiera sea la pérdida que usted experimente, el resultado es siempre lo mismo: usted vuelve a las fases iníciales del ciclo del dolor.
Etapa inicial: Shock
Para muchas personas, enterarse de la homosexualidad de un ser amado es el equivalente emocional a ser golpeado en la cabeza por un bate de beisbol. “Nada fue para mí lo mismo (Anita) después de que mi hijo Tony, admitió tener relaciones sexuales con otro hombre. Mucho de mí autoestima descansaba en el buen trabajo que había realizado en criarlo como madre soltera. De repente sentía profunda vergüenza de mi hijo que el día anterior me había hecho
sentir tan orgullosa. Yo me preguntaba ¿Qué pensaría la gente de Tony si se enteraran? Y ¿Qué pensarían de mí? Mi hijo y yo habíamos sido tan unidos. ¿Cómo podía él hacerme esto?”
Muchas esposas reaccionan con sentimientos profundos y similares. Una esposa decía que se sentía como un jarrón de reliquia frágil que se ha dejado caer. “Me despedacé en millones de pedacitos”.
Otros síntomas del impacto incluyen:
* Adormecimiento. Algunas personas reaccionan yendo a un estado de congelamiento de las emociones. Se convierten en robots, poniendo un pie delante del otro, moviéndose como un zombi.
* Síntomas Físicos. Todo tipo de síntomas relacionados con estrés pueden comenzar a aparecer: nausea, migrañas, dificultad para dormir, falta de apetito, y desinterés en la vida íntima marital. “Cuando supe, tuve nauseas que me hicieron vomitar por tres días,” se acuerda una madre. “Cada vez que trataba de tener relaciones con mi esposo, no podía dejar de pensar en lo que mi hijo podría estar haciendo con su pareja. Estas imágenes en mi mente eran tan horribles que no podía funcionar en mi propio matrimonio.“
A menudo el estrés trae una incapacidad para dormir, lo cual puede ser de detrimento para su salud. Los días se llenan de ansiedad y las noches traen una completa extenuación. Si logra dormir, sus sueños son angustiosos. Lo más importante para recordar es que todos estos síntomas emocionales y físicos son típicos
para este tipo de situación estresante. ¡Usted no se está enloqueciendo! Y estos síntomas comienzan a disminuir con el tiempo. Usted es normal, incluso sano. Es peor cuando todas las emociones están “acumuladas” adentro, donde se enconan y se quedan sin resolver.
Negación
Algunos miembros de familia, especialmente los hombres, reaccionan negando que el problema exista. Esto puede deberse a ignorar lo que es la homosexualidad, o puede ser un síntoma de querer esperar lo mejor en un mal tiempo. Cuando una esposa le contó a su esposo de las actividades homosexuales de su hijo, él le contestó, “Es solo una etapa que está atravesando, amor. No te preocupes tanto. ¡Tú siempre te preocupas tanto por todo!” Después de esta declaración, continuó mirando el partido de fútbol en la televisión.
La negación es una forma de protección instintiva, una forma de batallar con algo muy estresante de conocer. Algunas veces es un patrón de conducta regular en la vida de una persona.
La homosexualidad o el lesbianismo generalmente están enraizada en forma profunda y persistente sin que haya ningún tipo de intervención externa. Esperar que esta situación cambie por si misma es irreal. Segunda Etapa: Protesta
A medida que los síntomas del impacto comiencen a disminuir, emociones nuevas y poderosas comienzan a levantarse:
* Dolor. Hay una profusión de tristeza, con lágrimas que no terminan y parecen durar para siempre. “Me sentaba en mi escritorio a trabajar, deseando que nadie viera las lagrimas cayendo por mi cara” recuerda una madre. “Sentía que si lo dejaba salir y realmente llorar no podría pararlo nunca.” Otras personas se encuentran llorando en cualquier momento, donde sus emociones se disparan por asociaciones que solamente ellos entienden. Un determinado color de carro, un parque de una ciudad, o un restaurante específico pueden disparar recuerdos importantes del pasado produciendo una avalancha de lágrimas.
* Rabia. Es normal sentir una rabia profunda e incluso enfurecerse por esta situación. ¿Cómo se atreve mi hijo a hacerme a mí esto? ¿Cómo puede mi hija desechar su crianza cristiana de esta forma? ¿No le interesa a mi esposo cómo me siento? ¡Lo único en lo que piensan mis amigos es en las necesidades emocionales de ella—que egoísmo!
Algunas veces nuestra rabia se dirige hacia Dios. Habíamos tenido ciertas expectativas respecto a la forma que nuestra vida se desenvolvería, y ciertamente la homosexualidad no estaba en el manuscrito. Quizá hemos enseñado a nuestro hijo las Escrituras desde el nacimiento. ¿No promete Dios proteger a nuestros hijos de la piedad? O hemos descubierto que nuestro esposo tiene atracciones homosexuales sin resolver que datan de antes de nuestro matrimonio. Ahora nos sentimos profundamente engañados por Dios. Nos preguntamos si Dios sabe todo. ¿Por qué me permitió casarme con este hombre?
* Pánico. Algunas personas se mueren de miedo pensando en la reacción de otros. Inmediatamente comienzan a tramar cómo mantener esta noticia como un profundo secreto. Se cuestionan cómo mantener esta nueva noticia como un secreto. Se preocupan de las posibles consecuencias en la salud debidas a la inmoralidad, especialmente el aterrador prospecto del SIDA. Se preguntan si su hija terminará en las noticias de la noche hablando retórica pro-homosexual en una marcha
por los derechos de las lesbianas. De repente parece que el homosexualismo está en todas partes.
* Búsqueda. Muchos amados comienzan la búsqueda de una solución poniéndose en contacto con pastores locales y centros de consejería cristianos. Los padres pueden ser muy exigentes porque están sintiendo que están perdiendo el control. Están desesperados por salvar a su hijo del daño. ¡Entre más rápida la solución, mejor! Se concentran en este problema y no pueden pensar en
otra cosa. Su foco se llega a centrar en encontrar una solución a este sobrecogedor problema que ha descarriado su vida familiar.
Tercera Etapa: Desorganización.
Durante esta etapa de proceso de dolor, los días, las semanas e incluso los meses pueden pasar en nuestras vidas. El shock inmediato se va y la explosión ha cesado. Ahora es casi como si nuestra existencia emocional total está hibernando, y estamos en “espera”, concentrados en este tema. El dolor interno parece no terminar y es muy profundo para las palabras.
Externamente, las cosas parecen derrumbarse. ¿Qué importa si mi casa es un desastre? Una madre se pregunta. ¡Mi hijo es gay! A menudo las actividades externas de la vida que anteriormente nos trajeron gozo ahora parecen totalmente irrelevantes, incluso frívolas. Nada más parece importante.
*Anhelo
Experimentamos un deseo profundo emocional por “la forma como eran las cosas”. En realidad, nuestras relaciones familiares pueden no haber sido buenas pero parecían buenas en ese momento – o al menos mejor que ahora. Me acuerdo pensando, Si tan solo no nos hubiéramos mudado a esta ciudad donde el consejero llegó a la vida de Tommy…. Pero después pude ver la verdad: Que el consejero no convirtió a mi hijo en un homosexual…. Tommy tenía problemas en su vida mucho antes de ese día. Darme cuenta de esto me permitió llevar mi dolor al Señor y permitirle sanarlo. Lentamente comencé a mirar hacia adelante nuevamente, en vez de dedicar
todo el tiempo a añorar los “viejos tiempos”. Encarar la verdad sobre el pasado me dio la motivación para continuar.
* Aislamiento.
Enterarse de la homosexualidad de nuestros seres amados puede ponernos en una situación extremadamente extraña. “¿Cómo le está yendo a tu hijo? Es una pregunta normal.  ¿Qué debemos decir? ¿Que está bien? ¿Que está ocupado con su nueva carrera? Algunos padres llegan a la conclusión que las preguntas raras se evitan más fácilmente permaneciendo alejados de la gente – como los amigos de la iglesia – que tienden a preguntarles.
*Pérdida de interés en la vida
Es normal perder interés en otras situaciones de la vida diaria cuando nos enteramos de la homosexualidad de alguien. “Me obsesioné con el tema” dice Jean, cuyo novio le contó de sus luchas luego que ella lo presionara por un compromiso mayor en la relación. “No podía pensar en nada más cuando pensaba en John”.
Al enfocarnos en este único tema, quizá paremos de realizar otras cosas que si podrían ayudarnos en el dolor. Nuestra obsesión con nuestros seres amados nos aparta de otras relaciones significativas. Otros dependen de nosotros, especialmente si somos casados con una familia, pero nos volvemos incapaces de satisfacer sus necesidades. Desafortunadamente, otros se convierten en el sacrificio del altar de nuestro hijo descarriado.
* Resistir volver a la normalidad
En esta fase de dolor, podemos resistir el retomar las actividades normales. ¿Cómo podemos continuar con la vida? ¿Debemos aceptar el hecho que las cosas nunca serán las mismas? ¿Eso quiere decir que nos estamos dando por vencidos respecto a la esperanza? ¿“Cómo puede Dios pretender que yo continúe?”, preguntaba una madre, “¿Vivir como si nada hubiese pasado? ¿Cómo puede volver a la normalidad? ¡Nada jamás será normal otra vez!” Si nos quedamos en esta etapa de dolor e inmovilidad, nos convertimos en el niño exigente que deja de respirar, tratando de forzar a sus padres que ceden ante sus demandas. Nuestra actitud
dice,” ¡Dios, quiero que arregles este problema—ya! ¡Y no voy a retirarme hasta que tú lo hagas!” Dios está esencialmente preocupado por las luchas de su amado—y en consecuencia de su propio dolor — pero la experiencia nos ha enseñado a todos aquellos quienes trabajamos en el campo de este ministerio que las circunstancias difícilmente cambian tan rápido como quisiéramos. Dios no “arregla” este problema de acuerdo a nuestra línea del tiempo.
Desafortunadamente, la decisión de un hijo de buscar ayuda rara vez viene rápidamente. Los cambios a largo plazo, llegan como el resultado de un compromiso profundo, el cual lleva tiempo desarrollar. La primera motivación debe venir de esa persona — no de quien lo ama. La mayoría de los ministros ex-gay rechazan ponerse en contacto con su ser amado directamente, especialmente si él o ella no está interesado en pedir ayuda. Con lo años, hemos visto que esta
forma de acercamiento es totalmente inútil, y en ocasiones nos trae una amenaza de demanda cargada de furia, por invasión a la privacidad.
Cuarta Etapa: Reorganización
Eventualmente, como una herida profunda que sana, nuestros sentimientos de estar
emocionalmente heridos comienzan a sanar. Como un oso que sale de hibernar, nos sentimos vivos de nuevo en formas que habían estado ausentes por meses. Los pedazos dispersos de nuestra vida comienzan a acomodarse nuevamente. Hemos pasado a la etapa que llamamos “reorganización”. ¿Cuáles son algunas características de esta etapa?
*Disminución de la tristeza profunda. Un día despertamos y reconocemos que el peso interno del dolor ha disminuido. Tal vez una tarde nos damos cuenta que hace horas no pensamos en la situación de la persona que amamos. “Me acuerdo pasar varias horas, después varios días, sin esta enorme ola de tristeza viniendo sobre mi vida,” se acuerda una madre. “Pronto el gozo comenzó a volver. Estaba tan contenta. El aire parecía más fresco, el sol más brillante e incluso recuperé mi sentido del humor. ¡Me sentí viva de nuevo!”.
*Encontrando la esperanza nuevamente. Otra señal de sanidad es la presencia de esperanza. Ya no tenemos miedo al futuro; sentimos que las cosas buenas todavía pueden estar más adelante. Cuando estamos débiles y temerosos, podemos ser honestos con el Señor. Él dice en 2 Corintios 12:9 que su poder se perfecciona en la debilidad. ¡Es maravilloso saber esto!
Otro versículo que me motiva es el Salmo 31:24: “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová.” Este pasaje me hace acordar que mi esperanza no depende del mover de las circunstancias alrededor de mí, sino en algo inmutable: el carácter de Dios y su amor hacia mí. Puedo tomar paz interior y fortaleza al recordar esta perspectiva.
* Nuevo crecimiento espiritual. A medida que avanzamos en el dolor, tenemos la oportunidad de estirar nuestros músculos espirituales. Pueden estar fofos pero podemos ejercitar nuestra fe diariamente. Podemos decidir caminar un día a la vez, no mirar adelante al futuro. Eso quiso decir Jesús cuando dijo, “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio afán “(Mateo 6.34). No tenemos la gracia para soportar las cargas del mañana, la carga de hoy es todo lo que podemos sostener en el momento.
A medida que salimos del dolor, tal vez nos sorprendamos por un nuevo sentido de fortaleza interna. Como un árbol resiste en la estación dura y helada del invierno, para salir con nuevo crecimiento y vigor, esta situación nos da la oportunidad de crecer emocional y espiritualmente.
Debemos confiar en Dios en una forma totalmente nueva porque hemos encarado un problema que no podemos solucionar por nosotros mismos. Desde que supe lo de mi hijo, me he vuelto al Señor en dolor profundo, gran temor y una intensa frustración. A menudo él me da el consuelo y la dirección que he necesitado para esa situación. Así puedo confiar más en él la próxima vez que llegue un problema.
Un mañana estaba orando por una situación que me llenaba de dolor. Entonces en mi tiempo de lectura de la Biblia leí Juan 16:33, donde Jesús está hablando a sus discípulos. Les dice” Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Estas palabras me motivaron. Los problemas vendrán. Jesús dijo que él puede darnos paz en medio de la prueba. Cuando aprendemos a poner este principio en práctica, como resultado crecemos espiritualmente.
* Enfrentando la realidad. Reconocemos que las cosas nunca volverán a ser las mismas. La vida ha cambiado para siempre. Nunca volveremos a ver a la persona que amamos con los mismos ojos de inocencia. Aunque este hecho es doloroso, lo aceptamos y luchamos con sus implicaciones. Al ir ganando un nuevo despertar espiritual, podemos encarar el futuro como realmente es.
Puede que nuestro ser amado no vuelva “a su lugar”, por lo menos tan rápido como nos gustaría. Pero podemos continuar con nuestra vida, aunque mientras tanto sepamos que nuestro ser amado está tomando decisiones equivocadas. Normalmente, para ese momento, hemos tratado todo humanamente posible para enderezarlos. No nos queda otra opción que dejar nuestras
circunstancias con el Señor. Eventualmente podemos usar lo que Dios nos ha mostrado para llegar a otros que están sufriendo. Comenzamos a hallar lo bueno en los momentos malos. (Ver 2 Corintios 1:3-4).
Dios dice que solo a través de nuestra debilidad se muestra su fortaleza (2 Corintios 12:9). Esa es una verdad que Bárbara Johnson ha aprendido. Después de encontrar las revistas sobre homosexuales en el dormitorio de su hijo, lo confrontó—y Larry de 20 años repudió su familia y desapareció en el estilo de vida homosexual. Después de casi un año de profunda depresión, Bárbara tuvo un rompimiento. “Sí Larry se mate,” le dijo a Dios, “o si no nunca lo vuelvo a ver— sea lo que pase, Señor—él es tuyo.” Lo había dicho muchas veces anteriormente, pero esta vez
sintió un alivio del dolor aplastante. “Mis dientes dejaron de picarme y el elefante se fue de mi pecho por primera vez en casi un año”.
Después de una década de silencio interrumpido por contactos periódicos, el hijo de Bárbara la visitó en Mayo de 1986. “Quiero que me perdones por los once años de dolor que te he causado,” le dijo con lágrimas en sus ojos. “He vuelto a dedicar mi vida al Señor. He sido liberado de esa atadura y puedo venir limpio delante del Señor.” Hoy su madre viaja por todas partes, alentando a otros padres por medio de sus palabras y sus libros.
Bárbara dice que debido a la muerte de Cristo por todos nosotros, siempre hay esperanza—no importa cuáles sean la circunstancias de nuestra vida. “Dios puede tomar nuestros problemas y convertirlos en tesoros. Él nos ofrece un intercambio. Son nuestros pecados por su perdón, nuestra tragedia y dolor por su sanidad, y nuestro dolor por su gozo “.

Copyright © 1996 Anita Worthen and Bob Davies. Extracto tomado del libro SOMEONE I LOVE IS GAY

Usado con permiso de: 2008 Exodus Global Alliance. All rights reserved. Todos los derechos reservados.