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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Adviento, día 2: Los presumidos fiduciarios de la fe

Por.Harold Segura C, Costa Rica* 
«—Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían:
—Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe».

Mateo 8.8–10 – NVI
En este episodio, la persona a quien Jesús señala como ejemplo de fe es una que se encuentra fuera del círculo de la religión oficial. Este hombre ni es maestro de la ley, ni funcionario de la sinagoga; es un centurión del ejército romano. En otras palabras, es un militar que viene ante Jesús interesado por la salud de uno de sus subalternos. ¡Vaya a saber lo que pensaron los discípulos cuando lo vieron venir!
El lenguaje del centurión es pragmático; su concepto de autoridad es propia de quienes ejercen las funciones militares: órdenes breves y obediencias incondicionales. Así, bajo esa mentalidad propia de su oficio interpretó la fe en Jesús. Y por su sencillez y sinceridad (de la que se derivó una teología) recibió lo que pidió y, además, fue elogiado por creer como pocos.
Ya Jesús nos ha acostumbrado a verlo usar como ejemplo a los que menos esperamos y a enjuiciar y cuestionar a los supuestos fiduciarios de la fe. Para él lo que más vale es la sencillez del corazón, la solidaridad con el necesitado (el centurión intercede por su siervo paralítico) y la humildad de quien lo busca pidiendo auxilio. Para él está primero lo que hacemos, sin importar quién lo haga; solo después cuenta lo que creemos en su forma dogmática o doctrinal. ¡Qué desconcierto para los religiosos de todos los tiempos!
Para seguir pensando:
«El milagro no fue que Dios dividiera las aguas del Mar Rojo, sino que, una vez divididas, el pueblo fuera lo bastante fiel como para estar dispuesto a caminar confiadamente entre las murallas de agua. Esa es también nuestra tarea».
Joan Chittister
Oración:
Para que el Señor renueve la fe de quienes nos llamamos cristianos y cristianas; para que esa fe tenga una proyección práctica en nuestra vida diaria.
 
*Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

viernes, 1 de febrero de 2008

El sueño de un millón de colombianos. ¡Una lucha por la vida!






Por Luis Eduardo Cantero, ALC - BUENOS AIRES, Argentina, Enero 31, 2008.

Martín Luther King fue el iniciador de un proyecto de igualdad y hermandad en la vida de los estadounidenses. Su proyecto surgió de las condiciones de marginación, explotación, violencia e injusticia social de los blancos. EL proyecto implicaba un reconocimiento de los Derechos humanos de la población negra; que los negros son seres humanos, hijos del Creador y creyente del mismo Dios al que sus hermanos blancos creían y rendían culto. Este proyecto esperanzador lo dio a conocer en su discurso pronunciado en las gradas del Lincoln Memorial, el 28 de agosto de 1963, bajo el titulo “Yo tengo un sueño”: “Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño (…) Sueño que un día, incluso en el estado de Mississipi, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y de justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.


Agrega Martín Luther King: “Mi boca será la boca de todos los desdichados que no tienen boca; mi voz, la voz de la libertad de los que se pierden en el calabozo de la desesperación. Mi cuerpo y alma, que no se os ocurra cruzados de brazos en la actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, ni un mar de dolor un escenario, ni un ser humano que grita un oso que baila (…)” Siga leyendo en Luis Cantero

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