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martes, 30 de agosto de 2016

Neo-evangélicos y evangélicos radicales



Por. Juan Stam, Costa Rica
A mediados de la década de 1940, un grupo de cristianos básicamente conservadores, reunidos alrededor del Seminario Fuller y la figura de Billy Graham, rompió con los fundamentalistas y rechazó ese título.
Abogaron por una teología más centrada y abierta, una ética no legalista sino fundamentada en convicciones personales maduras, y una nueva preocupación social.
No definían su fe por los dogmas de la ortodoxia y el fundamentalismo sino, como su nombre indica, se basaban en los hechos salvíficos que son las buenas nuevas para la humanidad.
Se esforzaron escrupulosamente en ser objetivos y justos con otros teólogos en vez de traficar en caricaturas.[18] Era claramente un fenómeno nuevo en el escenario teológico.[19]
NEO-EVANGÉLICOS
En 1947 Harold Ockenga, entonces presidente del Seminario Fuller, acuñó el término de "neo-evangelicalismo" para identificar este nuevo movimiento. Sin embargo, este título no se impuso y dentro de una década, más o menos, por razones no muy claras, fue sustituido por "evangélicos conservadores".[20]
El nuevo apellido correspondía a una clara derechización del movimiento, en estrecha alianza con el Partido Republicano, y una cierta vuelta hacia el viejo fundamentalismo.
Así en una medida significativa los "conservative evangelicals", que ya eran numerosos y poderosos, eran de hecho "neo-fundamentalistas", más sofisticados y cultos, pero bastante parecidos en teología y política.
LOS EVANGÉLICOS RADICALES
Frente a ese retroceso surgieron "los evangélicos radicales" (progresistas) que buscaban recuperar el impulso original del movimiento y llevarlo más adelante.
Estos ampliaron considerablemente la libertad del pensamiento, dentro de los parámetros de "las sagradas escrituras y la sana razón" de Lutero o el cuadrilátero de Juan Wesley,[21]
Por otra parte, estos evangélicos, en sus publicaciones, congresos y praxis, han promovido un radical compromiso social.[22]
En su lucha incesante por la justicia, este movimiento representa una especie de "izquierda evangélica".
Como el nombre indica, la teología evangélica es la teología de las buenas nuevas de la vida, muerte y resurrección corpórea de Jesucristo.
Como tal, esta teología evangélica no se fundamenta en conceptos generales de religión ni en nuestro sentimiento piadoso, sino en la acción histórica de Dios para nuestra salvación, conocida también como el kerigma.
Estas buenas nuevas son el evangelio de Dios (Rom 1:1; 1Ts 2:9) y de Jesucristo (Mr 1:1; Rom 1:9; de la gloria de Cristo, 2Cor 4:4), el evangelio de la gracia de Dios (Hch 20:24), el evangelio de la salvación (Rom 1:16; cfEf 1.13) el evangelio del reino (Mt 9.35; cf. Hch 28:31) y "buenas nuevas a los pobres" (Mat 11:5; Lc 4:18).
En su conjunto, estas frases descriptivas resumen mucho de lo que es realmente la teología evangélica. Es una teología desde la fe, en busca de inteligencia y eficacia.
Los evangélicos damos mucha prioridad a la normatividad de las escrituras y por eso a la cuidadosa exégesis bíblica, incluso con el empleo de los métodos críticos de la moderna ciencia bíblica.[23] Tampoco insistimos en la interpretación literal de los primeros capítulos de Génesis. El libro de Bernard Ramm sobre la Biblia y la Ciencia abrió el camino hacia nuevos enfoques del tema de la creación, de modo que la polémica anti-evolucionista no pertenece a la agenda evangélica.[24] De igual manera han liberado la exégesis del Apocalipsis del literalismo a priori que distorsionaba su interpretación. En vez de rechazar a priori toda autoridad, los evangélicos persiguen la meta de "autoridad (las escrituras) sin autoritarismo, tradición (la historia) sin tradicionalismo, y dogma (la teología) sin dogmatismo".
A diferencia de los ortodoxos del siglo XVII y los fundamentalistas del siglo XX, los evangélicos radicales buscan enseñar "todo el consejo de Dios", no sólo una agenda polémica reduccionista.
Buscan ser también radicalmente autocríticos, para cuestionar su propia tradición, y radicalmente honestos para aprender de otras tradiciones y movimientos (p.ej. de Karl Barth y Oscar Cullmann, pero también Paul Tillich y Rudolf Bultmann).
Busca también ser radicalmente comprometido con la lucha por la justicia, la paz y la igualdad. Mantiene su identificación con los sectores evangélicos y pentecostales de la iglesia, esperando en Dios transformarla día a día en una iglesia más fiel a la Palabra.
NOTAS
[18] Por esta honestidad de G. Berkouwer, Karl Barth reconoció su libro, The Triumph of Grace in the Theology of Karl Barth, como el mejor libro sobre su teología. La misma integridad caracterizó la tesis de E.J. Carnell sobre ReinholdNiebuhr y los trabajos de evangélicos como P.K. Jewett, B. Ramm. G. Ladd, R. Mounce y otros. Cf. Stam, "ética y estética del discurso teológico" en Haciendo teología en América Latina, Tomo I, pp. 23-45.
[19] Igual que los reformadores, este nuevo movimiento afirmaba el evangelio como buenas nuevas, y (junto con los ortodoxos y fundamentalistas) sostenía las doctrinas básicas de la deidad de Jesucristo y su resurrección, pero sin la rigidez escolástica. La espiritualidad de los neo-evangélicos tuvo raíces en el pietismo y el movimiento wesleyano, y su ética tuvo antecedentes en el evangelio social de Rauschenbusch.
[20] Este título puede verse como un oxímoron, ya que el evangelio no implica una mentalidad conservadora. El adjetivo y el sustantivo se contradicen.
[21] La fascinante historia de las casi ocho décadas de FullerSeminary demuestra esa impresionante libertad, dentro de parámetros evangélicos.
[22] Entre las revistas han sido importantes Sojourners, The OtherSide y The WittenbergDoor. Sus encuentros sobre temas sociales han sido numerosísimos, comenzando con la consulta de Wheaton (1966), Lausanne (1974), Wheaton (1983), los Clade y la Red Miqueas en América Latina.
[23] Se destaca el extraordinario aporte de F.F. Bruce a la exégesis y la teología bíblica, empleando fielmente los métodos críticos. Cf. el libro de George Ladd sobre la Crítica Bíblica. De hecho, los biblistas evangélicos han estado entre los mejores de la época moderna.
[24] Cf. Stam, Las buenas nuevas de la creación (Nueva Creación 1995; Kairós 2003).

Fuente: Protestantedigital, 2016

domingo, 24 de julio de 2016

La ‘tradición evangélica’ hasta el s. XIX



Por. Juan Stam, Costa Rica
Martín Lutero hablaba de la "evangelische Kirche", a diferencia de la Iglesia Católica Romana, y afirmaba la centralidad inviolable de la justificación por la fe, lo que le ganó el epíteto de "evangélico".[1]
Pero este adjetivo aparece por primera vez en 1531 cuando William Tyndale escribió, "los exhortó a continuar en la verdad evangélica" y el año siguiente Tomás Moro habló de "Tyndale y su hermano evangélico Barns".
Después siguieron diversos movimientos y hasta denominaciones eclesiásticas que se llamaban evangélicos, que no estaban de acuerdo ni con los ortodoxos ni con los liberales.[2]
En esta corriente figuraban grandes predicadores (Charles Simeon, Charles Spurgeon) e importantes pensadores, especialmente en las ciencias bíblicas de la época (Thomas Chalmers; A. B. Bruce; E Schürer; Adolf Schlatter: Karl Heim, H. Wheeler Robinson, H.R. Mackintosh y muchos más).[3]
Hicieron valiosos aportes a las ciencias bíblicas y a la iglesia.
De estos movimientos evangélicos el más importante fue el wesleyano.[4]
De 1830 en adelante la prédica de Charles G. Finney comenzó a ser levadura de transformación en la iglesia y en la nación del norte. En esas décadas, mucho antes del nacimiento del fundamentalismo, los evangélicos (que así se llamaban) ejercieron un liderazgo valiente y decisivo para la emancipación de esclavos y esclavas, así como para el sufragio de la mujer.
En esas luchas fue importante la recién fundada Universidad Oberlin (Oberlin College), de la que Finney fue Rector.[5]
En realidad, este "proto-evangelicalismo", antes de las controversias en torno al modernismo, practicaba la misión integral de la que hablamos mucho los evangélicos de hoy.
Realizadas las metas sociales del movimiento, se debilitó mucho, casi hasta desaparecer.
En las décadas después de la guerra civil estadounidense crecía la teología liberal y aparecieron nuevos desafíos, especialmente los debates sobre la evolución y sobre la "alta crítica" de los textos bíblicos.
Un sector amplio de la iglesia respondió muy a la defensiva, al estilo de la ortodoxia del siglo XVII, y comenzó la guerra teológica entre los fundamentalistas y los modernistas (o "liberales").
NOTAS
[1] George Marsden, UnderstandingFundamentalism and Evangelicalism (Eerdmans, 1991), citado en en.wikipedia.org/wiki Evangelicalism.
[2] Aunque algunos de estos movimientos evangélicos apreciaban ciertos aportes del pietismo, no compartían su desprecio de la reflexión teológica y los credos. Estos "evangélicos antes de los evangélicos" insistían en la fidelidad a las escrituras, la deidad de Cristo y su obra redentora, la necesidad de una conversión personal y de la santidad. Se oponían a la ortodoxia muerta y el ritualismo como también a la corriente liberal.
[3] Charles Simeon, que tuvo un gran impacto en Cambridge, dijo que su tema central era "Jesucristo y éste crucificado". Con espíritu evangélico, Heim dijo que la meta de todo su trabajo era "confrontar a las personas con el Cristo viviente".
[4] Ver Mark Noll, The Rise of Evangelicalism: The Age of Edwards, Whitefield, and the Wesleys (IVP 2003).
[5] Es especialmente valioso el libro de Donald W. Dayton, Discoveringan Evangelical Heritage (Descubriendo una herencia evangélica), Hendrickson 1976 (revisión y quinta impresión 2005).

Fuente: Protestantedigital, 2016.

sábado, 18 de mayo de 2013

IGUALDAD DE CULTOS Y TENTACIÓN PREBENDARISTA

Por. Hilario Wynarczyk, Argentina*
En abril del presente año la Presidente de la Nación, Cristina Fernández, y su equipo de funcionarios del área de Cultos, se reunieron con dirigentes de la FAIE, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. Posteriormente en abril, también con dirigentes de ACIERA, Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina.
Las dos federaciones aglutinan a una gran parte de las iglesias evangélicas de la Argentina (en esta nota uso como sinónimos las palabras “evangélicas” y “protestantes”), pero hay notorias diferencias cualitativas entre ellas. Las iglesias de FAIE muestran respetuosas afinidades hacia la agenda de derechos humanos del Gobierno, y hacia los considerados como nuevos derechos humanos. Los últimos incluyen temas de sexualidad y bioética, que los evangélicos de FAIE no comparten plenamente pero respetan por diversos motivos teológicos y filosóficos. Además, han sido en notable medida caminantes junto al Movimiento Ecuménico y la Teología de la Liberación, también conocida como Teología Latinoamericana, a la par de los sectores de la Iglesia Católica que podríamos llamar de progresistas. Mientras tanto, las iglesias de ACIERA, situadas en el otro sector del campo evangélico (y por cierto demográficamente más importantes que las asociadas en FAIE), no se manifiestan demasiado sobre derechos humanos y en cambio son radicalmente conservadoras en todo lo que modifique pautas del derecho positivo y la cultura, acerca de sexualidad y bioética basados en las tradiciones patriarcales de Occidente. Por otra parte, han permanecido mayormente al margen del Movimiento Ecuménico, como históricamente éste ha sido conocido a partir de los cambios asociados al último Concilio Vaticano, mientras que en materia de rechazo a los cambios radicales de aspectos de la moral y el derecho a los que hicimos alusión, transitan por caminos similares a los trazados por las manifestaciones colegiadas de los obispos católicos.
En cualquier variante, a las dos organizaciones, que de hecho son dos frentes de iglesias evangélicas bastante heterogéneas, les interesa el tema de la derogación de la Ley de Culto actualmente vigente desde el gobierno militar presidido por Jorge Rafael Videla, un general retirado, hoy en prisión por violaciones a los derechos humanos. Esta ley sancionada en 1978 fortalece la asimetría del derecho eclesiástico del Estado argentino. Las iglesias evangélicas (pero también cualquier otra manifestación religiosa que no sea la Iglesia Católica Apostólica Romana) no tienen un estatus jurídico propiamente religioso. Son, más bien, asociaciones civiles. Esto no significa que en la Argentina no haya libertad religiosa. Hay completa libertad religiosa si por tal entendemos la manifestación pública de los cultos. Lo cual significa que no hay igualdad religiosa.
Habida cuenta de las circunstancias aquí enumeradas, el acercamiento actual del Gobierno a las federaciones nos permite interpretar, con toda honestidad y con todo respeto, pero también con todo realismo sociológico hacia el funcionamiento de la política partidaria como queda aclarado desde los estudios de Max Weber, un intento de obtención de las simpatías de las iglesias evangélicas (lo que en sociología se llama técnicamente “cooptación”), suponiendo que en el seno de las mismas puede hallarse un respetable caudal electoral (los evangélicos son unos cuatro millones en la Argentina, es decir un 10 % de la población aproximadamente, de fuerte asistencia a las iglesias, y los católicos verdaderamente practicantes no parecen superar estas cifras). Por otra parte, las iglesias evangélicas pueden poner en funcionamiento, como ya lo han demostrado, aunque hoy no lo siguen demostrando, un enorme potencial de protesta cuando sus líderes hablan de derechos conculcados y presentan un reclamo público (1). Para ser más claros finalmente, debemos tener en cuenta que en octubre de este año 2013 habrá en la Argentina elecciones legislativas.
En este contexto existen señales o comentarios de que los funcionarios técnicos del Estado han comenzado una veloz actividad para producir un proyecto de Ley de Culto, alternativo a la norma vigente todavía. Este asunto merece un análisis serio de parte de las iglesias evangélicas para no sucumbir a la “tentación prebendarista”, esto es, a la tentación de recibir favores en términos de estatus jurídico, social y material, sin medir del todo las consecuencias en la sociedad y en la cultura. Ahora bien: ¿de qué prebendas hablo en esta nota? Específicamente me refiero a la posibilidad de que surja algún proyecto de ley pensado a la medida de los evangélicos. Y esto sería realmente una manera de activar en muchos dirigentes de las comunidades cristianas evangélicas la tentación de ser, o aparecer, tan importantes en la sociedad argentina como la Iglesia Católica, cuya impronta en la sociedad y la cultura es muy fuerte debido en gran medida al dinamismo de sus dirigentes episcopales, que siempre se manifiestan sobre la realidad social y política de la nación, hecho constatable con independencia de que coincidamos o no con sus perspectivas. Y eventualmente podemos imaginar además, que podría ser una manera de activar también la tentación de adquirir otros beneficios, quizás, para funcionar en mejores condiciones como organizaciones intermedias de la sociedad civil, a cargo de actividades de promoción del bienestar y la educación, tal como lo podría hacer una ONG. Sin embargo, un rumbo de estas características iría en un sentido opuesto, o al manos divergente, con respecto a un republicano, serio y honesto sentimiento de respeto a la diversidad religiosa y a la pluralidad cultural, que debería entroncarse con el énfasis en la separación de la religión y el Estado, o lo que es lo mismo en otros términos, la laicidad del Estado, un concepto de cuño protestante sólidamente defendido entre los primeros evangélicos por algunas de sus personalidades más ilustradas en la Argentina a partir de finales del siglo XIX, y de ahí en adelante.
(1) Este aspecto de la historia y la realidad contemporánea de las iglesias evangélicas en la Argentina ha sido ampliamente estudiado desde la perspectiva sociológica en el libro que tuve la oportunidad de escribir, “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001”, editado por la Universidad Nacional de San Martín. Seguido a su vez, por otro titulado “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001”, publicado por el Instituto Di Tella conjuntamente con Siglo XXI Iberoamericana.
 
*Hilario Wynarczyk, es doctor en sociología y profesor de la Universidad Nacional de San Martín, UNSAM, en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Reconocido como el sociólogo que más exhaustivamente ha estudiado a los evangélicos y en particular a los pentecostales en la Argentina, escribió dos libros que condensan los principales resultados de sus investigaciones sobre los temas de esta nota: “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001” (UNSAM Edita, sello editorial de la Universidad Nacional de San Martín, 391 páginas) y “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001” (Instituto Di Tella y Siglo XXI Iberoamericana, 222 páginas).

Fuente: Lupaprotestante, 2013.