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sábado, 29 de agosto de 2015

La mujer en nuestro tiempo y nuestra iglesia



Por. Miguel Juez, España
Quisiera mostrarles una foto, origen de este sueño a compartir. La pueden ver sobre estas líneas. Al observar esta foto, se mueve el corazón precisamente por lo que no se ve en ella. Es la historia de toda una cultura milenial, atada a tradiciones ancestrales donde el peso de las revelaciones condicionan la historia, la cultura, las tradiciones y los sueños íntimos de millones de mujeres. La imagen evidencia la historia de los pueblos, de las razas, y sobre todo, de las personas. En las redes sociales se solicitó que las personas dejaran por escrito lo que cada una podía llegar a percibir en esta imagen. Ha sido interesante recibir sus muchas respuestas. Sus expresiones, algunas reiteradas, fueron: Soledad e indiferencia; Abandono, soledad, desamparo; Silencio, tristeza, dolor, soledad; Amputación antropológica; Soledad y espera; Soledad, tristeza, esperanza; Incomunicación; y así muchísimas expresiones más o menos similares.
En otra ronda de preguntas, también por las redes sociales, se intentó analizar los tres tiempos verbales que se observan en la imagen.
Un pasado, de espaldas a ellas donde ya nada se puede hacer. Todo lo vivido ha quedado atrás. Su pasado ha condicionado su presente y frustrado su futuro.
Su presente es el que es. El peso de sus historias personales inclinan sus espaldas agobiadas por el dolor de sus propias frustraciones. En ese presente se muestra una esperanza que no se sabe de dónde vendrá.
Y su futuro. Su futuro está representado por ese gran muro a pocos metros de ellas. Un muro infranqueable por el peso de su historia y cultura. Un muro que limita y hace añicos el sueño de libertad para sus propios hijos y nietos. Un futuro sin futuro. Un muro que sólo le permite vislumbrar un futuro cercenado de libertad para decidir, para escoger, para proyectarse.
Es un presente y un futuro que sólo les autoriza a aceptar la orden de que sus hijas y nietas de nueve años puedan ser dadas en matrimonio. Que ellas mismas no puedan salir a la calle sin estar acompañadas por un familiar cercano. Que el goce de una relación íntima sólo debe ser para el hombre, por lo tanto ellas deberán sufrir una ablación de sus órganos íntimos por esa causa. Y un sin fin de presentes torturantes. Y al mirar esta realidad y la de nuestra propia sociedad evidenciamos cuánto valor tiene para nosotros el futuro. Nuestra mirada es el horizonte. Nada nos limita a soñar y alcanzar. Trabajamos hoy para mejorar el futuro propio y de nuestras familias. Nos esforzamos hoy para darles a los nuestros un futuro mejor. Nos movemos y esforzamos en función del futuro. Sin embargo, la realidad es que más de 600 millones de mujeres hoy no tienen futuro. Recordamos el ejemplo la Iglesia primitiva.
Fue necesario insertarse en la misma. Tomaron partido en las necesidades sentidas de la gente. No fueron ajenos a los vaivenes sociales de los agentes de turno que sojuzgaba la libertad y la dignidad de las personas. En verdad fueron sal para preservar la esencia con las que Dios dotó al hombre y a la mujer desde el mismo inicio de la creación, su libertad y dignidad. Consideraron que todo precio a pagar valía la pena y estuvieron de acuerdo con ello.

PLANTEAMIENTO PRÁCTICO
Y la Iglesia, el Pueblo de Dios, ¿cuál es nuestra lucha –no ya por el objetivo que las personas conozcan a Cristo– sino para ser agentes de cambios de historias, culturas y pueblos, para traer la libertad y la dignidad que todas las personas recibieron del Creador? Es la libertad, la misma que Dios Creador dotó al hombre y a la mujer en el Edén, la que el Pueblo de Dios debe anhelar para todo ser humano sobre la faz de la tierra. Puede ser que esa libertad, que incluye la libertad de decidir, le dé una oportunidad de encontrarse con su Salvador. O no. Tal vez su libertad de decisión, le lleve a continuar su propia decisión de vivir de espaldas a Dios. No importa. Es dueña de esa libertad.
La Iglesia no puede extender su mano de ayuda al mismo tiempo que extiende la otra para recibir a cambio una decisión por el Salvador. No sería ético y no tenemos ese ejemplo del Salvador. No hubo reproches para los nueve que no regresaron a Él, después de ser sanados. Respetó su libertad de ser agradecidos o no. También creo que éste es un desafío que deberán asumir como propio las mujeres del Pueblo de Dios. Es una lucha de la mujer a favor de la mujer. Es el llorar con la que llora y sufrir con la que sufre. Es padecer los dolores de un parto para que otra goce de su hija llamada Libertad.
La pregunta que surge ante esta realidad es:
  • ¿Cuánto me afecta en lo personal e íntimo esta imagen?
  • ¿Es una realidad más, de las muchas que me ofrecen tristemente los medios de comunicación?
  • ¿Será que esto es sólo un área de políticos y políticas de los pueblos? ¿Paso página y ya está? ¿Me olvido?
  • ¿O quizás, me duele la frustración ajena? ¿Hago mío el dolor de una madre o de una abuela que ve el mismo futuro sin futuro para los suyos?
  • ¿Seré, seremos capaces las mujeres cristianas evangélicas de hacer un frente común ante un mundo que poco o nada le importa la libertad y la dignidad de millones de mujeres?
  • ¿Podremos llegar a decir y creer que nuestras manos sólo sostienen una vara, tan sólo una vara, capaz de traer libertad, dignidad, futuro para millones de mujeres? ¿Por qué, no?
  • ¿El cómo hacer? ¿Qué hacer?… Habla, Señor, que tu hija oye.

COMPARTIENDO UN SUEÑO
Para concluir, sólo puedo decir: ¡cuán difícil se nos hace compartir un sueño! Es todo tan subjetivo y personal que se complica para encontrar la línea de los pensamientos a comunicar. No obstante, aun así hay certezas en algunos extremos de este sueño.
Una de las certezas es que debe ser compartido; otra certeza es el reconocimiento de la dificultad o capacidad personal para hacerlo. Otra es que no depende de uno el verlo hecho realidad, pero sí el deber de compartirlo. Otra certeza es que entre el tiempo invertido hoy y el momento de ver cambios en el futuro pasarán años. Otra certeza, y quizás la mayor, es que vale la pena emprender este desafío de fe.
En verdad es un sueño que quita el sueño. Paradojas de nuestro interior. Para ubicarnos en el espíritu de este momento y de estas palabras, consideremos esta imagen.
Todo un pueblo, miles de hombres, mujeres y niños. Cuatrocientos treinta años viviendo en tierra ajena. En realidad, no tenían tierra propia, sólo una promesa de poseerla de Alguien que parecía haberse olvidado de ellos. En los últimos años, uno se levantó en nombre de otro que dice llamarse "Yo Soy el que Soy" y vino a nosotros. No podemos, dice el pueblo, negar que hizo milagros y prodigios, pero quién sabe… el peso de nuestra historia de dolor y sufrimiento nos hace dudar. Y salieron por orden de aquél que tenía un Nombre no común entre ellos. Su salir fue apresurado, hasta glorioso y expectante. Caminaron por horas y días tal vez, hasta llegar al final del camino.
Frente a ellos un mar imposible de cruzar. ¿Dificultad? Ésta es la menor. Un raro ruido y un perceptible temblor de tierra les hizo volver sus ojos atrás, para divisar a lo lejos un ejército arrepentido de haber dejado ir a una multitud de esclavos y con la sangre en sus ojos para vengarse por la humillación sufrida. Un mar al frente y un ejército con sed de venganza que se aproxima por detrás. ¿Qué hacemos? ¿No hubiese sido mejor morir en vergüenza que aquí sin saber qué hacer? Para colmo, delante nuestro el “iluminado” que nos dice: No temáis. Sin embargo, este “iluminado” contaba, para tamaña aventura, con el arma más poderosa conocida ayer y hoy. Una simple vara. Sí, una simple vara. Y con esta simple vara y en obediencia a la Palabra de aquél que tenía un nombre poco conocido, abrió el mar en seco, pasó Israel y sucumbió bajo las aguas el poderoso ejército egipcio. Para enfrentar el desafío de compartir este sueño, no contamos con nada. Sólo con una vara llamada “convicción” y un "Yo Soy el que Soy" capaz de producir cambios en la historia y las culturas de los pueblos. ¿Acaso no es suficiente?

CONVICCIÓN FINAL
Hay una mujer, entre las siervas de Dios, que oirá como un trueno el susurro de la voz de un Mardoqueo que dice: … ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?

Fuente: Protestantedigital

sábado, 18 de mayo de 2013

IGUALDAD DE CULTOS Y TENTACIÓN PREBENDARISTA

Por. Hilario Wynarczyk, Argentina*
En abril del presente año la Presidente de la Nación, Cristina Fernández, y su equipo de funcionarios del área de Cultos, se reunieron con dirigentes de la FAIE, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. Posteriormente en abril, también con dirigentes de ACIERA, Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina.
Las dos federaciones aglutinan a una gran parte de las iglesias evangélicas de la Argentina (en esta nota uso como sinónimos las palabras “evangélicas” y “protestantes”), pero hay notorias diferencias cualitativas entre ellas. Las iglesias de FAIE muestran respetuosas afinidades hacia la agenda de derechos humanos del Gobierno, y hacia los considerados como nuevos derechos humanos. Los últimos incluyen temas de sexualidad y bioética, que los evangélicos de FAIE no comparten plenamente pero respetan por diversos motivos teológicos y filosóficos. Además, han sido en notable medida caminantes junto al Movimiento Ecuménico y la Teología de la Liberación, también conocida como Teología Latinoamericana, a la par de los sectores de la Iglesia Católica que podríamos llamar de progresistas. Mientras tanto, las iglesias de ACIERA, situadas en el otro sector del campo evangélico (y por cierto demográficamente más importantes que las asociadas en FAIE), no se manifiestan demasiado sobre derechos humanos y en cambio son radicalmente conservadoras en todo lo que modifique pautas del derecho positivo y la cultura, acerca de sexualidad y bioética basados en las tradiciones patriarcales de Occidente. Por otra parte, han permanecido mayormente al margen del Movimiento Ecuménico, como históricamente éste ha sido conocido a partir de los cambios asociados al último Concilio Vaticano, mientras que en materia de rechazo a los cambios radicales de aspectos de la moral y el derecho a los que hicimos alusión, transitan por caminos similares a los trazados por las manifestaciones colegiadas de los obispos católicos.
En cualquier variante, a las dos organizaciones, que de hecho son dos frentes de iglesias evangélicas bastante heterogéneas, les interesa el tema de la derogación de la Ley de Culto actualmente vigente desde el gobierno militar presidido por Jorge Rafael Videla, un general retirado, hoy en prisión por violaciones a los derechos humanos. Esta ley sancionada en 1978 fortalece la asimetría del derecho eclesiástico del Estado argentino. Las iglesias evangélicas (pero también cualquier otra manifestación religiosa que no sea la Iglesia Católica Apostólica Romana) no tienen un estatus jurídico propiamente religioso. Son, más bien, asociaciones civiles. Esto no significa que en la Argentina no haya libertad religiosa. Hay completa libertad religiosa si por tal entendemos la manifestación pública de los cultos. Lo cual significa que no hay igualdad religiosa.
Habida cuenta de las circunstancias aquí enumeradas, el acercamiento actual del Gobierno a las federaciones nos permite interpretar, con toda honestidad y con todo respeto, pero también con todo realismo sociológico hacia el funcionamiento de la política partidaria como queda aclarado desde los estudios de Max Weber, un intento de obtención de las simpatías de las iglesias evangélicas (lo que en sociología se llama técnicamente “cooptación”), suponiendo que en el seno de las mismas puede hallarse un respetable caudal electoral (los evangélicos son unos cuatro millones en la Argentina, es decir un 10 % de la población aproximadamente, de fuerte asistencia a las iglesias, y los católicos verdaderamente practicantes no parecen superar estas cifras). Por otra parte, las iglesias evangélicas pueden poner en funcionamiento, como ya lo han demostrado, aunque hoy no lo siguen demostrando, un enorme potencial de protesta cuando sus líderes hablan de derechos conculcados y presentan un reclamo público (1). Para ser más claros finalmente, debemos tener en cuenta que en octubre de este año 2013 habrá en la Argentina elecciones legislativas.
En este contexto existen señales o comentarios de que los funcionarios técnicos del Estado han comenzado una veloz actividad para producir un proyecto de Ley de Culto, alternativo a la norma vigente todavía. Este asunto merece un análisis serio de parte de las iglesias evangélicas para no sucumbir a la “tentación prebendarista”, esto es, a la tentación de recibir favores en términos de estatus jurídico, social y material, sin medir del todo las consecuencias en la sociedad y en la cultura. Ahora bien: ¿de qué prebendas hablo en esta nota? Específicamente me refiero a la posibilidad de que surja algún proyecto de ley pensado a la medida de los evangélicos. Y esto sería realmente una manera de activar en muchos dirigentes de las comunidades cristianas evangélicas la tentación de ser, o aparecer, tan importantes en la sociedad argentina como la Iglesia Católica, cuya impronta en la sociedad y la cultura es muy fuerte debido en gran medida al dinamismo de sus dirigentes episcopales, que siempre se manifiestan sobre la realidad social y política de la nación, hecho constatable con independencia de que coincidamos o no con sus perspectivas. Y eventualmente podemos imaginar además, que podría ser una manera de activar también la tentación de adquirir otros beneficios, quizás, para funcionar en mejores condiciones como organizaciones intermedias de la sociedad civil, a cargo de actividades de promoción del bienestar y la educación, tal como lo podría hacer una ONG. Sin embargo, un rumbo de estas características iría en un sentido opuesto, o al manos divergente, con respecto a un republicano, serio y honesto sentimiento de respeto a la diversidad religiosa y a la pluralidad cultural, que debería entroncarse con el énfasis en la separación de la religión y el Estado, o lo que es lo mismo en otros términos, la laicidad del Estado, un concepto de cuño protestante sólidamente defendido entre los primeros evangélicos por algunas de sus personalidades más ilustradas en la Argentina a partir de finales del siglo XIX, y de ahí en adelante.
(1) Este aspecto de la historia y la realidad contemporánea de las iglesias evangélicas en la Argentina ha sido ampliamente estudiado desde la perspectiva sociológica en el libro que tuve la oportunidad de escribir, “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001”, editado por la Universidad Nacional de San Martín. Seguido a su vez, por otro titulado “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001”, publicado por el Instituto Di Tella conjuntamente con Siglo XXI Iberoamericana.
 
*Hilario Wynarczyk, es doctor en sociología y profesor de la Universidad Nacional de San Martín, UNSAM, en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Reconocido como el sociólogo que más exhaustivamente ha estudiado a los evangélicos y en particular a los pentecostales en la Argentina, escribió dos libros que condensan los principales resultados de sus investigaciones sobre los temas de esta nota: “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001” (UNSAM Edita, sello editorial de la Universidad Nacional de San Martín, 391 páginas) y “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001” (Instituto Di Tella y Siglo XXI Iberoamericana, 222 páginas).

Fuente: Lupaprotestante, 2013.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Acerca de la igualdad, la desigualdad… y Obama

En la vida política de hoy hay quienes siguen creyendo en los valores feudales, la idea de igualdad les molesta.
El triunfo de Barack Obama en las elecciones que acaban de celebrarse en los Estados Unidos me ha traído a la memoria la experiencia de mi primera visita a ese país en junio de 1959.
Iba yo con la curiosidad y expectativa propia de quien ha escuchado a los misioneros evangélicos estadounidenses alabar a su país y su constitución. También recordaba mi lectura de ese bestseller de las décadas de 1940 y 1950 por el británico H.G. Wells Breve historia del mundo, en el cual muchos lectores de mi generación, contemplamos un resumen magistral de la historia universal. En un capítulo acerca de los Estados Unidos, Wells decía que esa sociedad era el experimento social más audaz que se había emprendido en la historia del mundo, refiriéndose a la extensión de su territorio, a la confluencia de personas de todas las clases y razas, y a la tendencia igualitaria de la cultura que se proponía hacer llegar a todos los habitantes productos culturales como la literatura o la música, que en Europa habían sido privilegio exclusivo de las élites y la aristocracia .
Cuando luego de unas semanas nos preparábamos con mi esposa para dejar Estados Unidos y volver al Perú, tuvimos que viajar en autobús desde Nueva York hasta Miami, un viaje de más de veinte horas, de norte a sur a lo largo de la costa atlántica. Habíamos llegado con minutos de retraso y el conductor del autobús guardó nuestro equipaje y nos abrió la puerta de muy mala gana. El autobús estaba lleno de pasajeros de diversas razas y tuvimos que tomar los asientos de la última fila.
Después de tres horas de viaje por los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Pennsylvania, entramos al estado de Virginia, primer estado “del Sur” . El autobús paró para comer. Y allí nos dimos con la gran sorpresa de nuestra vida: los comedores, servicios y salas de espera eran de dos clases: “Para blancos” y “Para negros”. Como no soy blanco, con una risita nerviosa le dije a mi esposa “¿A cuál voy yo?” Fuimos al de blancos y no pasó nada. Pero al embarcarnos de nuevo, con una sonrisa inesperada, el conductor nos indicó que podíamos sentarnos donde quisiéramos en los asientos de adelante. A partir de ese punto todos los pasajeros negros pasaron a sentarse en las últimas filas. ¡El conductor me consideraba blanco honorario! Muchas otras experiencias nos mostraron lo que era la profunda e increíble segregación racial en los estados del Sur.
En mis posteriores visitas a Estados Unidos, en las décadas de 1960 y 1970 fui testigo de las tensiones sociales que había empezado a generar la lucha de los negros por poner fin a la abierta y cruel segregación racial que practicaban los blancos, y que la mayoría de los protestantes conservadores o “evangélicos” aceptaban pasivamente . Fue la década en que surgió la figura heroica de Martín Luther King y su lucha no violenta, que consiguió atraer a una generación, y acabar con la segregación legal en el Sur. Como destaca su biógrafo español, el pastor Emmanuel Buch, tres cosas definían a King: era pastor, bautista y negro. Dice Buch: “Las contribuciones sociales de Martin L. King no pueden ser comprendidas en lo que tuvieron de más peculiar a menos que se las estudie en el impulso cristiano y bíblico de las que brotaron.” [i]
El asesinato de King en 1968 es evidencia de la resistencia de los sectores racistas blancos de Estados Unidos a aceptar la igualdad social. Y hay que recordar que los protestantes evangélicos de ese país tardaron mucho en aceptar a la persona de King y convencerse de la justicia de su causa.
Como nos recuerda Juan Francisco Martínez en su columna de Protestante Digital esta semana , las encuestas muestran que hoy en día el racismo como actitud personal básica sigue presente en la mentalidad de muchos, y que formas extremas de ese racismo tuvieron también su influencia en las elecciones de este año 2012 .
Cuando en 1985 fui invitado como profesor a los Estados Unidos el Seminario Bautista del Este estaba en pleno proceso de integración. Más del 40% de los alumnos eran negros, y había buen número de estudiantes latinos y asiáticos. Tuvimos que reconocer los hechos e ir integrando no sólo el alumnado sino también la administración, el cuerpo docente y el currículo del Seminario. Aprendimos mucho en el proceso sobre lo que significa luchar como cristianos contra la injusticia y tratar de cambiar el mundo con la verdad y la esperanza que brotan de la fe en Jesucristo. Tuvimos que combatir contra la inercia, la pasividad y la desesperanza vestidas con lenguaje piadoso, y creo que todos fuimos creciendo en ese proceso.
Muchas de las ventajas de lo que aquí en España se llama “estado del bienestar” parten de una convicción acerca de la igualdad básica de los seres humanos .
La sociedad católica feudal de la Edad Media no creía en la igualdad fundamental de los seres humanos: había señores y siervos y el orden social reflejaba la superioridad innata de unos sobre los otros. Llevó tiempo, creatividad y una lucha en la que el Protestantismo jugó papel decisivo, el cambiar la mentalidad de la Europa feudal
En la vida política de hoy hay quienes siguen creyendo en los valores feudales, la idea de igualdad les molesta y creen que hay que ir desmontando las instituciones que se basan en el principio de igualdad .
Como evangélicos recordemos la enseñanza paulina . En su discurso del Areópago en Atenas el apóstol Pablo afirmó “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay…de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra…” (Hch 17: 24, 26). Y en su enseñanza pastoral sobre lo que ha de ser la vivencia de la comunidad de creyentes en Cristo, afirma de manera rotunda: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28).
La convicción bíblica sobre la igualdad alcanza un tono ético comprometedor en unas palabras de Job, cuando éste defiende su integridad : “Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando ellos contendían conmigo, ¿qué haría yo cuando Dios se levantase? Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo? El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él? ¿y no nos dispuso uno mismo en la matriz” (Job 31: 13-15).
Le esperan años difíciles de gobierno al presidente Barack Obama en esta nueva etapa. Muchas de las medidas que propugna su programa parten del principio de igualdad que está escrito hasta en la propia constitución de los Estados Unidos. No digo que toda su agenda sea representativa de valores cristianos. Pero cosas como poner la salud y una buena educación al alcance de todos son una manera de aplicar el principio de igualdad. Sin embargo, quienes hacen de la codicia la pieza fundamental de sus ideas de cómo hay que organizar la sociedad, no quieren una agenda igualitaria. Así pues, los evangélicos en los Estados Unidos tienen planteado un tremendo desafío ético y político para los años que vienen .
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[i] Emmanuel Buch Camí, Martin Luther King , Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, 3ra ed. 2001, p. 13.
Autores: Samuel Escobar
©Protestante Digital 2012