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miércoles, 19 de abril de 2017

Los crucificados de hoy y el Crucificado de ayer



Por. Leonardo Boff, Brasil
Hoy la mayoría de la humanidad vive crucificada por la miseria, por el hambre, por la escasez de agua y por el desempleo. También está crucificada la naturaleza devastada por la codicia industrialista que se niega a aceptar límites. Crucificada está la Madre Tierra, agotada hasta el punto de haber perdido su equilibrio interno, que se hace evidente por el calentamiento global.
El mirar religioso y cristiano ve a Cristo mismo presente en todos estos crucificados. Por haber asumido totalmente nuestra realidad humana y cósmica, él sufre con todos los que sufren. La selva que es derribada por la motosierra son golpes en su cuerpo. En nuestros ecosistemas diezmados y las aguas contaminadas, él continúa sangrando. La encarnación del Hijo de Dios estableció una misteriosa solidaridad de vida y de destino con todo lo que él asumió, con toda nuestra humanidad y todo lo que ella supone de sombras y de luces.
El evangelio más antiguo, el de san Marcos, narra con palabras terribles la muerte de Jesús. Abandonado por todos, en lo alto de la cruz, se siente también abandonado por el Padre de bondad y de misericordia. Jesús grita:
«”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Y dando un fuerte grito, Jesús expiró”» (Mc 15,34.37).
Jesús no murió porque todos morimos. Murió asesinado de la forma más humillante de la época: clavado en una cruz. Pendiendo entre el cielo y la tierra, agonizó en la cruz durante tres horas.
El rechazo humano pudo decretar la crucifixión de Jesús, pero no puede definir el sentido que él dio a la crucifixión que le fue impuesta. El Crucificado definió el sentido de su crucifixión como solidaridad con todos los crucificados de la historia que, como él, fueron y serán víctimas de la violencia, de las relaciones sociales injustas, del odio, de la humillación de los pequeños y del rechazo a la propuesta de un Reino de justicia, de fraternidad, de compasión y de amor incondicional.
A pesar de su entrega solidaria a los otros y a su Padre, una terrible y última tentación invade su espíritu. El gran choque de Jesús ahora que agoniza es con su Padre.
El Padre que él experimentó con profunda intimidad filial, el Padre que él había anunciado como misericordioso y lleno de bondad, Padre con rasgos de madre tierna y cariñosa, el Padre cuyo Reino él proclamara y anticipara en su praxis liberadora, este Padre ahora parece haberlo abandonado. Jesús pasa por el infierno de la ausencia de Dios.
Hacia las tres de la tarde, minutos antes del desenlace final, Jesús gritó con voz fuerte: “Elói, Elói, lamá sabachtani: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Jesús está al ras de la desesperanza. Del vacío más abisal de su espíritu irrumpen interrogaciones pavorosas que configuran la más sobrecogedora tentación sufrida por los seres humanos, y ahora por Jesús, la tentación de la desesperación. Él se pregunta:
“¿Será que fue absurda mi fidelidad? ¿Sin sentido la lucha llevada a cabo por los oprimidos y por Dios? ¿No habrán sido vanos los peligros que corrí, las persecuciones que soporté, el humillante proceso jurídico-religioso en el que fui condenado con la sentencia capital: la crucifixión que estoy sufriendo?”
Jesús se encuentra desnudo, impotente, totalmente vacío delante del Padre que se calla y con eso revela todo su Misterio. No tiene a nadie a quien agarrarse.
Según los criterios humanos, Jesús fracasó completamente. Su propia certeza interior desaparece. Pero a pesar de haberse puesto el sol en su horizonte, Jesús continúa confiando en el Padre. Por eso grita con voz fuerte: “¡Padre mío, Padre mío!”. En el punto máximo de su desespero, Jesús se entrega al Misterio verdaderamente sin nombre. Será su única esperanza más allá de cualquier seguridad. No tiene ya ningún apoyo en sí mismo, solo en Dios, que se ha escondido. La absoluta esperanza de Jesús solo es comprensible en el supuesto de su absoluta desesperación. Donde abundó la desesperanza, sobreabundó la esperanza.
La grandeza de Jesús consistió en soportar y vencer esta temible tentación. Esta tentación le propició una entrega total a Dios, una solidaridad irrestricta con sus hermanos y hermanas, también desesperados y crucificados a lo largo de la historia, un total despojamiento de sí mismo, un absoluto descentramiento de sí en función de los otros. Solo así la muerte es muerte y podrá ser completa: la entrega perfecta a Dios y a sus hijos e hijas sufrientes, sus hermanos y hermanas más pequeños.
Las últimas palabras de Jesús muestran esta entrega suya, no resignada y fatal, sino libre: Padre, en tus manos entrego mi espíritu (Lc 23,46). Todo está consumado (Jn 19,30).
El viernes santo continúa, pero no tiene la última palabra. La resurrección como irrupción del ser nuevo es la gran respuesta del Padre y la promesa para todos nosotros.

Fuente: Página de Boff en Koinonía

sábado, 4 de junio de 2016

Mujeres luteranas contra la violencia hacia las mujeres y la cultura de la violación



(Suiza LWI) La Red de Mujeres y Justicia de Género de las Iglesias miembro de la Federación Luterana Mundial (FLM) en América Latina y el Caribe ha emitido un comunicado público expresando desacuerdo y no aceptación contra la violencia hacia las mujeres y la cultura de la violación que culpabiliza a las víctimas.
¡No en Nuestro Nombre!
Conscientes  de las realidades de violencia desafiantes y sintiendo el dolor de muchas mujeres, jóvenes mujeres y niñas viven en el mundo que viven bajo culturas de violencia donde las violaciones y los feminicidios se siguen perpetrando atribuyendo la responsabilidad a las propias víctimas; la Red de Mujeres y Justicia de Género ha levantado la voz para “denunciar estas violencias y al mismo tiempo expresar una palabra de ánimo y de motivación desde la fe para seguir forjando procesos de cambio, de relaciones justas basadas en el amor y la justicia” indica el comunicado.
Las impactantes imágenes del video de la violación colectiva de una joven de 16 años en manos de aproximadamente 30 hombres  ha sido el evento culminante que ha causado  dolor e indignación entre las mujeres, lideres Cristianas y comunitarias y pastoras y teólogas quienes, haciendo uso de los medios de comunicación, decidieron expresar su indignación y rechazo a la brutalidad de la violencia contra las mujeres en el continente.
La Pastora Ángela Trejo Haager de la Iglesia Luterana Mexicana ha expresado junto con otras líderes su agradecimiento por el trabajo profético hecho durante estos días. “En Argentina marchamos de nuevo el viernes 3 de junio #Ni una menos. En Misiones cada día hay un nuevo crimen de violencia de género, sea violación, femicidio, u otro tipo de violencia” expresó Maria Elena Parras, Diácona de la Iglesia Evangélica Luteana Unida.
Cultura patriarcal y fundamentalismo religioso contribuyen a la violencia
La distribución social roles y poderes en la sociedad todavía guarda rasgos fuertes de una cultura patriarcal donde el ejercicio de la violencia contra las mujeres es casi “normalizado”. La Red de Mujeres, analiza los últimos acontecimientos políticos en la región que en gran medida son influenciados por grupos religiosos fundamentalistas, se desvincula de toda forma que use las escrituras para institucionalizar la violencia. “En el ámbito patriarcal se crea y mantiene una cultura de legitimación y normalización de la violencia” indica el comunicado. “Los fundamentalismos religiosos han empujado a que de nuevo las mujeres seamos silenciadas e invisibilizadas en todos los sectores religiosos, políticos y sociales. (…) En nombre de la religión y de una lectura fundamentalista y literal de la Biblia, ten textos sagrados se intenta sacralizar las injusticias usando el nombre de Dios para justificar prácticas de exclusión, maltrato, sufrimiento” explica el documento.
Las mujeres de la Red explican que el lenguaje religioso es sutilmente usado para continuar afirmando el poder de poco hombres contras muchos, especialmente contra las mujeres. La violencia verbal, que muchas veces se camufla en mensajes subliminales pero que afirman una segunda o tercera categoría para muchas poblaciones vulneradas, especialmente mujeres, en los tejidos sociales desfigura “la dignidad de las mujeres”. Por otro lado, el silencio de las organizaciones sociales, de la cual la iglesia hace parte, no solo amenazan a los cuerpos femeninos sino contribuyen a la violencia y concretamente al asesinato que las mujeres viven día a día.
“Anunciamos que ninguna forma de violencia va con el deseo de Dios quien como Padre y Madre ha creado al ser humano –hombre y mujer- a su imagen y semejanza (Génesis 1:27). Todos y todas somos personas dignas. En el texto bíblico encontramos narraciones que dan importancia y respeto a las corporalidades. Pero también encontramos una voz de denuncia ante los eventos de violencia basada en el género, doméstico, sexual, y de todo tipo” indica el comunicado.
¡Esto no puede seguir así;  esto debe acabar!
El Secretario General de la FLM Rev. Dr. Martin Junge ha escrito una carta pública a las iglesias miembro de la FLM en la región expresando su total apoyo al poderoso y claro mensaje de la Red de Mujeres. No obstante, Junge afirma que la superación de toda forma de violencia no es  un tema que trasciende la inquietud de las mujeres solamente. Este asunto concierne a todos, varones y mujeres. “La erradicación de todo tipo de violencia contra las mujeres no puede ser asunto de mujeres. Requiere de hombres y mujeres que a partir de su fe han comprendido que lo que culturalmente pueda aparecer como aceptable, el Evangelio lo desenmascara como inaceptable, y que los procesos de cambio necesariamente pasan por una transformación de las relaciones entre hombres y mujeres que coloque la dignidad y el bien de todas las personas al centro”.
La FLM está comprometida con la superación de la violencia contra las mujeres y promueve los documentos que la Secretaría para las Mujeres en la Iglesia y la Sociedad (MEIS) ha desarrollado y usa para el empoderamiento y la conversión: “La Iglesias dicen NO a la violencia contra las Mujeres” y  la “Política de Justicia de Género”. “Insto a las iglesias a nuevamente retomar estos temas, o continuar profundizándolos. Las invito a sumarse a quienes desde otras vocaciones comparten la visión de superar la violencia contra la mujer. Las llamo a aportar a la conversión de mentes y corazones, desplegando con ello todo el potencial liberador del Evangelio de Jesucristo quien, antes de que perpetuar la violencia, tomó sobre si la violencia para que todos tengamos vida – vida en abundancia” termina su carta.
Llamado a la solidaridad y acciones contra la violencia
Animando a que las iglesias continúen involucradas en trabajar políticas de género, en promover la educación para el respeto, equidad, la justicia de género en las relaciones y estructuras de las propias iglesias, la Red de Mujeres hace un llamado para:
  • Crear grupos de información y reflexión sobre el tema con jóvenes y adultos, ya sean laicos u ordenados
  • Discutir sobre el lugar que tiene el tema de la violencia en su país y ciudad
  • Enterarse de quienes trabajan en este tema en su país, ciudad (organismos gubernamentales, no gubernamentales, NGOs, iglesias, otros)
  • Si todavía no es el caso, ¿cómo puede su iglesia unirse a estas organizaciones?
  • ¿Cómo trata su iglesia este tema y cómo quisieran hacerlo desde ahora?
  • Incluir este tema en las oraciones y liturgias de la iglesia.
Red de Comunicaciones FLM

Fuente: ALCNOTICIAS, 2016.

sábado, 31 de octubre de 2015

El sacerdocio de todos los creyentes



Por. René Padilla, Argentina
No se requiere ser un conocedor profundo de la historia eclesiástica para saber que, desde el punto de vista teológico, la Reforma Protestante del siglo XVI tuvo como objetivo principal el retorno de la Iglesia a las Sagradas Escrituras como la base para su fe y su vida práctica. El episodio más representativo de este énfasis fue la Dieta de Worms (mayo de 1521) convocada por el emperador Carlos V con el propósito de juzgar a Martín Lutero, quien había sido excomulgado previamente como hereje por el Papa León por afirmar la autoridad de la Biblia por encima de la autoridad de los papas y los concilios. Invitado a retractarse, el reformador alemán respondió con la siguiente declaración de la sola scriptura, tota scriptura, una afirmación que sintetiza la convicción teológica evangélica básica respecto a la centralidad de las Escrituras: “Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por las Escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractarme de nada, porque ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude, Amén.”
Sobre esa base bíblica los reformadores construyeron el edificio teológico constituido por los énfasis evangélicos que se resumen en las siguientes afirmaciones: solo Cristo (solus Christus), solo la gracia  (sola gratia), solo la fe (sola fide), solo la gloria de Dios (soli deo gloria), la iglesia reformada siempre reformándose (ecclesia reformata semper reformanda). Sin embargo, ya en 1520, antes de la Dieta de Worms Lutero escribió tres tratados en que exponía su posición teológica en controversia con la sostenida oficialmente por la Iglesia Católica Romana: La libertad cristiana, A la nobleza alemana acerca del mejoramiento del Estado cristiano, y La cautividad babilónica.
De importancia especial en relación con nuestro tema es el segundo de los  tratados que hemos mencionado. Aunque sin negar la necesidad de un ministerio “ordenado” por razones funcionales, en su tratado dirigido a “la nobleza alemana” Lutero rechaza la marcada división tradicional entre clérigos y laicos, y afirma el sacerdocio de todos los creyentes (también denominado sacerdocio común) en los siguientes términos:
Todos los cristianos son en verdad de estado eclesiástico y entre ellos no hay distingo, sino sólo a causa del ministerio, como Pablo dice que todos somos un cuerpo, pero que cada miembro tiene su función propia con la cual sirve a los restantes. Esto resulta del hecho de que tenemos un solo bautismo, un Evangelio, una fe y somos cristianos iguales, puesto que el bautismo, el Evangelio y la fe de por si solos hacen eclesiástico al pueblo cristiano.
La base bíblica de esta posición es sólida. De acuerdo con la enseñanza del Nuevo Testamento, el único sacerdocio válido hasta el fin de la era presente es el sacerdocio de Jesucristo, quien se ofreció a sí mismo en sacrificio por los pecados y “con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando” (Heb 10:14). Todos los que confían en él  tienen acceso directo a la presencia de Dios (10:19-22). Nadie puede ofrecer más sacrificios por el pecado: la obra de redención ha sido consumada; Jesucristo hombre es el único mediador entre Dios y los hombres (1Tim 2:5). En virtud de su relación con él, todos los creyentes participan de su sacerdocio: son el sacerdocio del Rey (1P 2:9); son “reyes y sacerdotes” (Ap 1:5; 5:10). Y como tales están llamados a ofrecerse a sí mismos, “en adoración espiritual... como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Ro 12:1).
Bíblicamente, todo cristiano es sacerdote por el solo hecho de ser cristiano. La Iglesia es un pueblo sacerdotal. Consecuentemente, todos sus miembros han sido consagrados al servicio de Dios, y para realizarlo han recibido “diversos dones”, “diversas maneras de servir”,  “diversas funciones” que el Espíritu reparte “para el bien de los demás” (1Co 12). Sobre esta base bíblica, la Reforma Protestante del siglo XVI desbrozó el camino para que cada iglesia local sea una iglesia-comunidad que supere la dicotomía entre clérigos y laicos y todos los miembros del cuerpo de Cristo, sin excepción, participen en servicios que manifiesten el amor a Dios y al prójimo de manera práctica. La pregunta que  tenemos que hacernos hoy es hasta qué punto nuestras congregaciones están comprometidas con el sacerdocio de todos los creyentes, tomando muy en cuenta que “todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo” y, en consecuencia, “ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer” (Ga 3:27-28).

Fuente: El blog de René Padilla, Fundación Kairós, 2015.

viernes, 23 de octubre de 2015

LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 4



Por Emilio Monti, Argentina
JUNTOS EN EL DISCIPULADO
Evangelizando y evangelizándonos.
Espero que si algo ha quedado claro de todo lo dicho, sea el hecho de que la misión de la iglesia es un todo orgánico. Las dimensiones de la fe y de la misión (experiencia, mensaje, comunión y compromiso, en sus distintas modalidades) se superponen y se entrecruzan. Es lo que quisimos representar gráficamente en el cuadro que presentamos. Las personas que se inician pueden entrar en contacto con la Iglesia en cualquiera de esos cuatro momentos con todas sus variantes y pueden hacerlo por cualquier motivo. Llegan a nuestra comunidad, generalmente, buscando respuesta a sus necesidades inmediatas sentidas, con creencias a veces confusas y aun contradictorias. Pero que hayan llegado hasta nuestra comunidad, generalmente, buscando respuesta a sus necesidades inmediatas sentidas, con creencias a veces confusas y aun contradictorias. Pero que hayan llegado hasta nuestra comunidad, “buscando algo”, nos hace responsables. Responsables por ayudarles a descubrir, tras las necesidades inmediatas y sentidas, sus necesidades ocultas. Responsables por llevarles a una relación mas profunda en el encuentro con Jesucristo, ayudándoles a vivir la plenitud de la vida.
Responsabilidad, en suma, hacia aquellos que han tenido una experiencia, de profundizarla con entendimiento mediante el mensaje, la comunión y el compromiso.
Responsabilidad de compartir el mensaje no como mero discurso, sino como la Palabra que renueva constantemente la experiencia, la comunión y el compromiso.
Responsabilidad de compartir con ellos la comunión como medio (no el único) de vivir la experiencia de fe, compartir el mensaje y cumplir juntos con el compromiso.
Responsabilidad de encarar el compromiso con un sentido de comunión, entre aquellos que viven una experiencia de fe, fundad en el mensaje de la Palabra, que le lleva a servir a los demás.
En cualquiera de estas cosas estamos evangelizando y evangelizándonos, ayudando y ayudándonos, porque en esta relación toda la comunidad crece, en Jesucristo, hacia la unidad de la fe y del conocimiento, y en plenitud de vida. Por lo cual, espero que también otra cosa quede clara: todos estamos involucrados en este crecimiento, puesto que nadie puede decir que vive “en plenitud”. Una vez que hemos llamado a la gente y ellos se nos unen, todos estamos en el camino del discipulado, aunque sea en distintos momentos, y somos enviados con una misma misión. En el camino del discipulado no hay “nuevos”, todos estamos siendo “hechos nuevos” por la obra del Espíritu. El camino del discipulado es también camino de santificación.
Evangelizar es también crecer juntos en este caminar. En esta realidad como un todo, los métodos de la misión en general y del discipulado en particular son múltiples. Ningún método en particular puede servir para todas las situaciones, por lo cual hay que encontrar un acercamiento apropiado para cada persona. La prueba final de un método adecuado es el grado de respuesta significativa de las personas a la fe y al seguimiento de Jesucristo. Y en ello estamos involucrados “como una sola fuerza” en Jesucristo, por la obra de su Espíritu.

Fuente: Cordialmentepxg, 2015.