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lunes, 2 de noviembre de 2015

Biblia y ‘maldiciones generacionales’



Por. Juan Stam*
Es obvio que el aspecto "generacional" de toda esta enseñanza se basa en el segundo mandamiento del decálogo y algún texto en Éxodo y Deuteronomio.
Una de las muchas novedades teológicas de nuestra época es la doctrina de "maldiciones generacionales", que enseña que una persona puede nacer bajo una sentencia de castigo ("maldición") por pecados que cometieron sus antepasados. A menudo esa maldición se entiende en términos mágicos como un maleficio, con una especie de hechicería santa. Así resulta que uno puede nacer cargando la maldición de sus padres, abuelos o hasta bisabuelos. Y como la humanidad es bastante pecadora, sería de suponer que muy pocas personas hayan nacido sin alguna maldición a cuestas. Entre los que más han predicado esta doctrina, en forma muy elaborada, son los pastores Edwin y Ana Lucía Orozco del programa "DiosTV". Afirman que esa maldición queda en el esperma y el óvulo que forman el feto, por lo que hay reemplazar el ADN del pecado con el ADN de Dios. Otro aspecto de esta enseñanza es el concepto de la iniquidad como la corrupción interna que trae maldición generacional. En palabras de ellos,

“La Iniquidad es transmitida al ser humano desde su concepción y se hacen (sic) más fuertes en cada generación, se robustece de maldición, pero que los padres tienen la potestad de establecer herencia de bendición para los hijos cortando estas raíces de iniquidad. Debemos de entender que estamos marcando una generación futura a partir de hoy al romper estos ciclos de iniquidad, porque mientras estas raíces estén activadas en nosotros afectará nuestra vida y la de nuestras generaciones futuras.

Dios es un Dios de Generaciones y las iniquidades de nuestros ancestros seguirán en nosotros hasta que logremos cortarlas; estas raíces que constituyen el elemento oculto en nuestro ser, en nuestras emociones más íntimas y del apego que podamos tener con la realidad a la que estemos atado, cortando con estas iniquidades les damos así a nuestros hijos un futuro libre, un camino allanado, un destino profético que Dios nos ha heredado, le daremos las llaves que triunfen en todo siempre cuando ellos no activen estas raíces".

ÉXODO Y DEUTERONOMIO
Es obvio que el aspecto "generacional" de toda esta enseñanza se basa en el segundo mandamiento del decálogo y unos textos más en Éxodo y Deuteronomio:

“...yo soy Jehová tu Dios,[1] fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares [de generaciones],[2] a los que me aman y guardan mis mandamientos. Éxodo 20:5 (cf. Deut 5:9)
...¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado... que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y la cuarta generación. (Ex 34:6-7)
Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones; y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo.” (Deut 7:9)

Aunque el idioma hebreo tiene varias palabras para "maldición", estos textos no mencionan ninguna de ellas. Dicen más bien que Dios "visita" los pecados sobre las sucesivas generaciones.
El sentido principal de este verbo hebreo es igual que "visitar" en castellano. Su sentido básico es "preocuparse por"; la NVI lo traduce bien con "estar pendiente de" (Sal 8:4 "tomarlo en cuenta"; cf. Job 7:17). Dios visita la tierra y la riega (Sal 65:9). Muchas veces este mismo verbo hebreo significa visitar para salvar (Ex 3:16; 4:31; ¡el relato del éxodo! Cf. Gén 50:24-25; Rut 1:6), pero en otros textos, como los que acabamos de citar, significa visitar para castigar (Isa 13:11; Jer 5:9,29 hebreo).[3] Además, los textos básicos, en Éx 5 y Deut 20, no hablan de "iniquidad" sino de "maldad", y Exod 34:7, que menciona la iniquidad, la rebelión y el pecado (como sinónimos funcionales), no afirma que Dios los convierte en maldiciones generacionales sino que en su misericordia los perdona. ¿Cómo es, entonces, que Dios visita la iniquidad hasta la tercera y la cuarta generación, si ya la perdonó? La respuesta está en el concepto bíblico de la persona humana como ser social, en una solidaridad corporativa. La Biblia no conoce el individualismo de nuestro pensamiento moderno, de personas como entes en sí, independientes de la comunidad a que pertenecen. Entonces, la maldad tiene consecuencias morales y sociales sobre la familia y la sociedad, y en esas consecuencias Dios está "visitando" a su pueblo.
Está claro que estos pasajes no dicen absolutamente nada que podría significar "maldiciones generacionales". No habla de maldiciones en ninguna parte, sino del amor y la justicia de Dios con que se preocupa por nosotros ("nos visita"). Ni mucho menos indica algo de un ADN programado con maldiciones de antepasados. Especulaciones de este tipo revelan una muy grave falta de respeto hacia el texto inspirado. Es obvio que estos pasajes no destacan la maldición de los malvados sino la primacía de la misericordia de Dios. Si las consecuencias del pecado se extienden hasta cuatro generaciones, el amor y la misericordia de Dios llegan hasta mil generaciones. Es posible que "cuatro generaciones", más que una frase literal de una maldición matemática, sea un modismo para expresar las consecuencias del pecado sobre la familia y la sociedad.[4]
De cualquier forma, "donde el pecado abundó [cuatro generaciones], la gracia sobreabundó [mil generaciones]". Si existieran "maldiciones generacionales", tiene que haber también "bendiciones generacionales", y eso acumuladas sobre mil generaciones. El teórico ADN de esta teoría tendría que codificar centenares de pecados y muchos miles de bendiciones, y sin duda el saldo sería a favor de la bendición y las misericordias de Dios.
EL CONTEXTO BÍBLICO
Para concluir, debemos mencionar que otros textos bíblicos refutan la idea de un castigo divino contra familiares inocentes. El mismo libro de Deuteronomio aclara que "los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado" (Dt 24:16; cf. 2R 14:6). El profeta Ezequiel se opone enérgicamente a esta doctrina de castigos y méritos heredados e insiste en la responsabilidad personal de cada uno: Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

“¿Qué pensáis vosotros, los que usáias este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?... He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia... éste es justo; éste vivirá, dice Jehová el Señor... El que guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas, éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá... Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia... el alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. (Ezq 38:1-5,9,17-20).”[5]

CONCLUSIÓN
En conclusión: lejos de fundamentarse fielmente en la Palabra de Dios, la enseñanza de "maldiciones generacionales" es un abuso del texto bíblico. Es otra especulación fantasiosa de algunos predicadores que no se cansan de inventar nuevas doctrinas para deslumbrar a su público y mantenerlos cautivos de sus aberraciones. Lejos de ser un mensaje fiel a la Palabra, es otro intento de manipularla, y manipular al público creyente. Todas estas especulaciones contemporáneas plantean una pregunta muy seria: ¿en qué punto una simple enseñanza equivocada llega a ser una herejía? ¿No será que tenemos que redescubrir el concepto y la realidad de la herejía? Es hora de levantar la voz de protesta contra estas novedades anti-bíblicas.

Fuente: Protestantedigital, 2015.

domingo, 12 de octubre de 2014

‘Maldiciones generacionales’ a la luz de la Biblia

Por. Juan Stam, Costa Rica


Es obvio que el aspecto "generacional" de toda esta enseñanza se basa en el segundo mandamiento del decálogo y algún texto en Éxodo y Deuteronomio:
Una de las muchas novedades teológicas de nuestra época es la doctrina de "maldiciones generacionales", que enseña que una persona puede nacer bajo una sentencia de castigo ("maldición") por pecados que cometieron sus antepasados. A menudo esa maldición se entiende en términos mágicos como un maleficio, con una especie de hechicería santa. Así resulta que uno puede nacer cargando la maldición de sus padres, abuelos o hasta bisabuelos. Y como la humanidad es bastante pecadora, sería de suponer que muy pocas personas hayan nacido sin alguna maldición a cuestas.
Entre los que más han predicado esta doctrina, en forma muy elaborada, son los pastores Edwin y Ana Lucía Orozco del programa "DiosTV". Afirman que esa maldición queda en el esperma y el óvulo que forman el feto, por lo que hay reemplazar el ADN del pecado con el ADN de Dios. Otro aspecto de esta enseñanza es el concepto de la iniquidad como la corrupción interna que trae maldición generacional. En palabras de ellos.
La Iniquidad es transmitida al ser humano desde su concepción y se hacen (sic) más fuertes en cada generación, se robustece de maldición, pero que los padres tienen la potestad de establecer herencia de bendición para los hijos cortando estas raíces de iniquidad. Debemos de entender que estamos marcando una generación futura a partir de hoy al romper estos ciclos de iniquidad, porque mientras estas raíces estén activadas en nosotros afectará nuestra vida y la de nuestras generaciones futuras.
Dios es un Dios de Generaciones y las iniquidades de nuestros ancestros seguirán en nosotros hasta que logremos cortarlas; estas raíces que constituyen el elemento oculto en nuestro ser, en nuestras emociones más íntimas y del apego que podamos tener con la realidad a la que estemos atado, cortando con estas iniquidades les damos así a nuestros hijos un futuro libre, un camino allanado, un destino profético que Dios nos ha heredado, le daremos las llaves que triunfen en todo siempre cuando ellos no activen estas raíces.
ÉXODO Y DEUTERONOMIO
Es obvio que el aspecto "generacional" de toda esta enseñanza se basa en el segundo mandamiento del decálogo y unos textos más en Éxodo y Deuteronomio: ...
yo soy Jehová tu Dios,[1] fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares [de generaciones],[2] a los que me aman y guardan mis mandamientos. Éxodo 20:5 (cf. Deut 5:9) ...
¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado... que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y la cuarta generación. (Ex 34:6-7)
Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones; y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo. (Deut 7:9) Aunque el idioma hebreo tiene varias palabras para "maldición", estos textos no mencionan ninguna de ellas. Dicen más bien que Dios "visita" los pecados sobre las sucesivas generaciones.
El sentido principal de este verbo hebreo es igual que "visitar" en castellano. Su sentido básico es "preocuparse por"; la NVI lo traduce bien con "estar pendiente de" (Sal 8:4 "tomarlo en cuenta"; cf. Job 7:17). Dios visita la tierra y la riega (Sal 65:9). Muchas veces este mismo verbo hebreo significa visitar para salvar (Ex 3:16; 4:31; ¡el relato del éxodo! Cf. Gén 50:24-25; Rut 1:6), pero en otros textos, como los que acabamos de citar, significa visitar para castigar (Isa 13:11; Jer 5:9,29 hebreo).[3]
Además, los textos básicos, en Éx 5 y Deut 20, no hablan de "iniquidad" sino de "maldad", y Exod 34:7, que menciona la iniquidad, la rebelión y el pecado (como sinónimos funcionales), no afirma que Dios los convierte en maldiciones generacionales sino que en su misericordia los perdona. ¿Cómo es, entonces, que Dios visita la iniquidad hasta la tercera y la cuarta generación, si ya la perdonó? La respuesta está en el concepto bíblico de la persona humana como ser social, en una solidaridad corporativa. La Biblia no conoce el individualismo de nuestro pensamiento moderno, de personas como entes en sí, independientes de la comunidad a que pertenecen. Entonces, la maldad tiene consecuencias morales y sociales sobre la familia y la sociedad, y en esas consecuencias Dios está "visitando" a su pueblo.
Está claro que estos pasajes no dicen absolutamente nada que podría significar "maldiciones generacionales". No habla de maldiciones en ninguna parte, sino del amor y la justicia de Dios con que se preocupa por nosotros ("nos visita"). Ni mucho menos indica algo de un ADN programado con maldiciones de antepasados. Especulaciones de este tipo revelan una muy grave falta de respeto hacia el texto inspirado. Es obvio que estos pasajes no destacan la maldición de los malvados sino la primacía de la misericordia de Dios. Si las consecuencias del pecado se extienden hasta cuatro generaciones, el amor y la misericordia de Dios llegan hasta mil generaciones. Es posible que "cuatro generaciones", más que una frase literal de una maldición matemática, sea un modismo para expresar las consecuencias del pecado sobre la familia y la sociedad.[4]
 De cualquier forma, "donde el pecado abundó [cuatro generaciones], la gracia sobreabundó [mil generaciones]". Si existieran "maldiciones generacionales", tiene que haber también "bendiciones generacionales", y eso acumuladas sobre mil generaciones. El teórico ADN de esta teoría tendría que codificar centenares de pecados y muchos miles de bendiciones, y sin duda el saldo sería a favor de la bendición y las misericordias de Dios.
EL CONTEXTO BÍBLICO
Para concluir, debemos mencionar que otros textos bíblicos refutan la idea de un castigo divino contra familiares inocentes. El mismo libro de Deuteronomio aclara que "los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado" (Dt 24:16; cf. 2R 14:6).
El profeta Ezequiel se opone enérgicamente a esta doctrina de castigos y méritos heredados e insiste en la responsabilidad personal de cada uno: Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿Qué pensáis vosotros, los que usáias este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?... He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia... éste es justo; éste vivirá, dice Jehová el Señor... El que guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas, éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá... Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia... el alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. (Ezq 38:1-5,9,17-20).[5]
CONCLUSIÓN
En conclusión: lejos de fundamentarse fielmente en la Palabra de Dios, la enseñanza de "maldiciones generacionales" es un abuso del texto bíblico. Es otra especulación fantasiosa de algunos predicadores que no se cansan de inventar nuevas doctrinas para deslumbrar a su público y mantenerlos cautivos de sus aberraciones.
Lejos de ser un mensaje fiel a la Palabra, es otro intento de manipularla, y manipular al público creyente. Todas estas especulaciones contemporáneas plantean una pregunta muy seria: ¿en qué punto una simple enseñanza equivocada llega a ser una herejía? ¿No será que tenemos que redescubrir el concepto y la realidad de la herejía? Es hora de levantar la voz de protesta contra estas novedades anti-bíblicas.

Fuente: Protestantedigital, 2014.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Manipular y dañar con ‘maldiciones’

Por. Juan Stam, Costa Rica*
El caso es más común de lo que puede parecer. Se repite con gran frecuencia, en diversas formas. Muchas víctimas no llegan a superarlo o quedan heridos por mucho tiempo. 
Son increíbles las desviaciones perversas que inventan día a día algunos personajes protestantes (me niego a llamarlos pastores ni tampoco "evangélicos", mucho menos "apóstoles" o "profetas").
No se dan cuenta del daño que hacen, o no les importa. Lo único que les importa es su propio poder, su éxito, fama y riqueza; son asalariados "de quienes no son propias las ovejas" (Jn 10:12). Por eso no les importa la vida de las víctimas que están engañando. Están dispuestos a todo, hasta a maldecir a otros que son obstáculo a sus ambiciones.
En mis andanzas y en mi pastoral electrónica, me he dado cuenta de muchos casos de estos abusos. Antes era sólo un problema de pastores dictadores que querían controlar toda la vida de sus feligreses. Ahora es cosa de tiranos inescrupulosos, verdaderos terroristas espirituales, dispuestos a destruir la vida de otros con sus maldiciones. Por todo eso salen muchas personas muy heridas de estas "iglesias", con graves crisis de fe. Les relato dos casos típicos que he conocido de estos terribles abusos.
En una ciudad de cierto país latinoamericano conocí una pareja de cristianos radiantes, con un profundo amor a Cristo y a los demás. Pero no habían sido siempre así. Me contaron que habían conocido a Cristo en una iglesia peor que legalista, odiosamente tiránica. Uno tenía que someterse en todo o sufrir las maldiciones del pastor. ¿No asistes a todos los cultos? Dios te castigará con enfermedad. ¿No estás diezmando? Dios te castigará con pobreza, miseria y hasta bancarrota. ¿Criticas al pastor? Dios te pegará la lepra de Miriam por haber murmurado. Y lo peor de todo, si sales de este campo de concentración espiritual, toda tu vida será maldita: tus hijos serán drogadictos, tu matrimonio colapsará y quién sabe si te robarán y después tu casa se incendiará y a ti se te pegará un cáncer. Todo como "palabra profética" por no obedecer al "pastor".
El caso es más común de lo que puede parecer. Se repite con gran frecuencia, en diversas formas. Muchas víctimas no llegan a superarlo o quedan heridos por mucho tiempo. Afortunadamente, mis amigos arriba mencionados se armaron de valentía para hacer frente a tan viles amenazas, y encontrar la libertad en Cristo.
Les cuento un caso real aún peor. Una persona (me reservo el nombre y el género) entró en una mega-iglesia y llegó a ser líder. En eso descubrió graves pecados morales en la vida de su "apóstol". Yo personalmente he conocido evidencias convincentes de esos hechos, y son ampliamente conocidos en el país (sería muy interesante que algunos "pastores" se sometieran a pruebas de ADN). El "apóstol" tampoco se ha arrepentido ni confesado su pecado públicamente. Si Dios le está "prosperando" con éxito y fama, ¿qué falta hace confesar las debilidades que pueda tener como siervo del Señor? El éxito es la prueba indiscutible de su inocencia.
(Cuentan de un pastor argentino, cuyo adulterio era conocido y comprado, que respondía a toda pregunta con "No olvides que soy pastor de la iglesia más grande de Buenos Aires").
Cuando la mencionada persona preguntó sobre el tema, entiendo que discreta y respetuosamente, vino la acusación de estar sembrando discordia, de hacer daño a la obra del Señor, y del pecado imperdonable de no someterse. La persona renunció a su puesto en la iglesia y decidió retirarse de esa congregación. El domingo siguiente el "apóstol" pronunció una solemne maldición desde el púlpito.
Tales maldiciones, aunque engañosas, no son ninguna broma. Para comenzar, tienen un gran efecto sicológico que puede traer así el cumplimiento de la maldición. Confunden a las víctimas y hacen un enorme daño en sus vidas.
Y por qué negarlo, pueden abrir puertas por la obra de fuerzas malignas. Entre los testimonio que he escuchado, más de una vez me han dicho, "y fíjate que ahora todo me va mal". Puede ser apenas una percepción, pero en todo caso eso de ninguna manera prueba la veracidad de la maldición ni la legitimidad de quien la ha lanzado. Más bien, lo seguro es que esas maldiciones no son de Dios.
Obviamente lo único que les interesa a estos asalariados es su propio imperio y su carrera. Sólo por eso están dispuestos a maldecir a los que amenazan sus mezquinos intereses, disfrazados como la causa del evangelio. Para encubrir sus pecados, en vez de arrepentirse están dispuestos a maldecir a otros, y parece que ni les molesta la conciencia. Esto es uno más de los graves daños que están haciendo estos falsos apóstoles y profetas al pueblo de Dios. No podría ser más grave la ofensa ante Dios y el prójimo.

Autores: Juan Stam*

©Protestante Digital 2014