¡Vos podes ayudarnos!

---
;
Mostrando entradas con la etiqueta mito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mito. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de agosto de 2014

Bonhoeffer no participó en intento de asesinar a Hitler (III)

Por. Carlos Martínez García, México*
Thiessen Nation demuestra fehacientemente la consistencia en el pacifismo de Bonhoeffer a partir de su estancia en Nueva York (1930-1931) y hasta el día de su ejecución, el 9 de abril de 1945. 
Incluso quienes sostienen que Dietrich Bonhoeffer estuvo involucrado en alguno de los intentos de asesinar a Hitler no dudan de su pacifismo anterior a su pretendido compromiso con el magnicidio. Desde esta óptica fue la ominosa realidad del nazismo la que habría llevado a Bonhoffer a darse cuenta de que tal realidad demandaba una salida tan contundente como el asesinato del dictador. Para Bonhoeffer era claro que los nazis representaban un gran peligro no solamente para la sociedad alemana sino también para el orden mundial. De ahí su interés porque los cristianos supiesen leer correctamente los signos de los tiempos, antes que dejarse cautivar por las pretensiones supremacistas que con fervor religioso predicaba Adolfo Hitler. En un sermón del 14 de octubre de 1934, Dietrich advirtió: “sea que queramos verlo o no, sea que pensemos es correcto o no lo es, las iglesias están atrapadas en una lucha por su fe como no la hemos tenido en cientos de años. Esta es una lucha, estemos o no de acuerdo, acerca de nuestra confesión de Jesucristo como único Señor y Redentor del mundo”. Estas palabras adquieren toda su dimensión ante las reivindicaciones mesiánicas de Hitler.
Bonhoeffer junto con otros líderes de la Iglesia Confesante Alemana estuvieron activos en la construcción de alternativas que confrontasen la rendición al totalitarismo hitleriano por parte de los llamados Cristianos Alemanes. Una de esas alternativas fue la capacitación ministerial clandestina de lo que se conoció como el Seminario de Finkenwalde. De la experiencia en el proyecto, particularmente en el periodo primavera de 1935 al otoño de 1937, Bonhoeffer dejó constancia de lo que significó para el en el libro  Vida en comunidad.  El 16 de marzo fue ordenada por el régimen nazi la conscripción militar obligatoria. En el movimiento de la Iglesia Confesante hubo quienes no vieron en ello peligro alguno, porque, argumentaban, era una oportunidad de servir a la nación alemana sin, necesariamente, verse involucrado en acciones beligerantes. Entonces, de acuerdo con el acucioso biógrafo Eberhard Bethge, “el número de objetores de conciencia en la Iglesia evangélica Alemana en aquel tiempo podrían haberse contado con los dedos de una mano”. Los estudiantes en Finkenwalde debieron quedar en shock cuando supieron que entre esos pocos objetores se encontraba su profesor Dietrich Bonhoeffer, subraya Thiessen Nation, autor del libro que he venido reseñando.
Desde años atrás Bonhoeffer estaba muy interesado en el movimiento encabezado por Gandhi. Fue en 1934 cuando estuvo a punto de conocer directamente en la India la gesta pacificadora, “estaba motivado por el deseo de atestiguar la encarnación hecha por Gandhi del Sermón del Monte”, escribió Bethge. El viaje no se realizó porque Bonhoeffer aceptó quedarse en Alemania por petición de líderes de lo que vendría a ser la Iglesia Confesante, quienes consideraban importante la estancia del teólogo en momentos definitorios para los opositores a Hitler.
El obispo Theodor Heckel, director de la oficina de relaciones externas de la Iglesia Evangélica Alemana, hizo llegar un comunicado en el que advertía a las autoridades eclesiásticas sobre que Bonhoeffer podría “ser acusado [por el régimen nazi] de pacifista y enemigo del Estado”, por lo cual consideraba necesario para el organismo desvincularse del personaje. En agosto de 1936 fue notificado a Bonhoeffer que le estaba prohibido enseñar en la Universidad de Berlín. En septiembre de 1937 el Seminario de Finkenwalde fue cerrado por la Gestapo. En septiembre de 1938 contribuyó para sacar exitosamente de Alemania a su hermana y su esposo que era judío. Dos años más tarde, también en septiembre, le fue prohibido hablar en público, y en marzo del año siguiente supo que también le quedaba prohibido publicar sus escritos. Mark Thiessen Nation sostiene que hubo autores anteriores a Larry Rasmussen que dejaron entrever que Bonhoeffer fue condenado a muerte por los nazis debido a su participación en planes para asesinar a Hitler, es Rasmussen el autor del libro en inglés que más ha influido para presentar el tránsito de Bonhoeffer del pacifismo al tiranicidio.
El libro de Rasmussen se titula  Dietrich Bonhoeffer: Reality and Resistance,  y la primera edición es de 1972. La reedición más reciente, del 2005, reproduce sin cambios la de 1972. Rasmussen sostiene que Bonhoeffer dejó atrás el pacifismo y entre 1940 y 1943 se involucró en complots para tratar de acabar con el nazismo mediante el asesinato de su líder. El antes teólogo partidario de la vía no violenta habría cambiado su perspectiva durante el lapso que colaboró en la agencia militar de inteligencia alemana (la Abwehr, defensa), donde estuvo desde finales de octubre de 1940 hasta que fue arrestado el 5 de abril de 1943. A diferencia de quienes han sobrestimado las actividades de Bonhoeffer en la Abwehr, Thiessen Nation sostiene con evidencias que la participación de aquél fue menor y de escasa responsabilidad. Es cierto que en la Abwehr se incrustaron algunos interesados en conspirar contra Hitler y entre ellos varios dispuestos a participar en un atentado que terminase con la vida del tirano. De este hecho hay quienes han trazado una línea directa de vinculación entre Bonhoeffer y los decididos perpetrar el tiranicidio.
De los aproximadamente 13 mil empleados de la Abwehr, unos cincuenta estuvieron involucrados en operaciones para intentar acabar con la vida de Hitler. Thiessen Nation llama la atención a un dato interesante y que ha sido poco aquilatado por los que involucran a Bonhoeffer en los atentados: la oficina central de la Abwehr estaba en Berlín, donde laboraban los principales conspiradores, y el teólogo lo hacía en la oficina de Munich, distante 300 millas de Berlín. Tal factor hacía sumamente difícil encuentros frecuentes con quienes estaban haciendo cuidadosos planes para liquidar a Hitler, encuentros que debían ser cara a cara y en secrecía evitando ser descubiertos por la eficaz inteligencia nazi.
En mayo de 1939 Bonhoeffer fue llamado a las filas militares, él viajó entonces en junio a Nueva York para evadir la conscripción. Pudo quedarse allí, pero decidió regresar a su país pocas semanas después porque si no, como escribió en carta a Reinhold Niebuhr, “no tendría derecho a participar en la reconstrucción de la vida cristiana en Alemania después de la guerra si no compartí las dificultades de la época con mi pueblo”. A su regreso a Alemania buscó ser capellán militar, pero su solicitud fue negada en febrero de 1940. Su siguiente movimiento para evadir el servicio militar, en el que necesariamente tendría que “matar a los enemigos de Alemania en el nombre de Hitler”, escribe Thiessen Nation, fue ingresar a la Abwehr.
Hubo 42 intentos separados entre sí por asesinar a Hitler. Según el recuento de historiadores como Roger Moorehouse ( Killling Hitler: The Plots, the Assasins, and the Dictator Who Created Dead,  Bantam Books, New York, 2005). Varios de esos intentos sólo quedaron en acciones iniciales que debieron ser desarticuladas por sus instigadores ante el peligro de ser descubiertos por los nazis. Cinco de los intentos de magnicidio conducirían a posibles conexiones de Bonhoeffer con los conspiradores. De los cinco complots, uno tuvo lugar en 1938 y otro en 1939. El primero fue orquestado por militares en desacuerdo con el rumbo que estaba tomando el gobierno encabezado por Hitler. El segundo planificado para el 11 de noviembre de 1939, con la participación de militares de alto rango, buscaba detener el belicismo hitleriano que dos meses atrás había invadido Polonia. Ambos atentados debieron ser cancelados por sus autores, al no tener condiciones favorables para realizarlos. Hasta ahora ninguno de los que presentan a Bonhoeffer como partícipe en algún atentado contra Hitler lo han vinculado con los intentos de 1938 y 1939, y no lo han hecho porque no hay evidencias.
Dos atentados más fueron los del 13 y 21 de marzo de 1943. El del día 13, llamado “Operación Flash”, consistía en colocar una bomba en el avión que transportaría a Hitler. La bomba fue colocada en la aeronave, pero no detonó y tampoco los operadores del intento fueron descubiertos. El 21 de marzo Adolfo Hitler daría un discurso en la celebración del Día de los Héroes en Berlín, tras el cual visitaría una exhibición de armas incautadas a los soviéticos. El encargado de darle el tour a Hitler fue Rudolf-Christoph von Gersdorff, alto oficial de inteligencia y al mismo tiempo comprometido con la resistencia anti nazi. Hitler apenas estuvo dos minutos en el tour (estaba diseñado para durar 30 minutos), y von Gersdorff no tuvo tiempo para detonar la bomba que llevaba entre sus ropas. De estos dos intentos se sabría tiempo después, y como en su momento no fueron descubiertos los gestores de los mismos no tuvieron represalias inmediatas. Como en los dos anteriores atentados, los de 1938 y 1939, en estos de 1943 tampoco existe evidencia alguna de que Bonhoeffer haya sido parte en su preparación y menos en la implementación de los mismos.
El más conocido de los atentados contra Hitler, y el más cercano a tener el éxito buscado por quienes lo llevaron a cabo, fue el perpetrado por Claus von Stauffenberg, el 20 de julio de 1944. Stauffenberg había estado en África bajo el mando de Erwin Rommel, donde el 7 de abril de 1943 a consecuencia de heridas en batalla perdió un ojo, la mano derecha y dos dedos de la mano izquierda. Por su valentía, Stauffenberg fue reconocido por el mismo Hitler, y tuvo acceso a las reuniones del dictador con su círculo cercano conformado por militares.
El 20 de julio de 1944, Stauffenberg participó en una de las reuniones antes aludidas. Sin ser percibido por los demás asistentes puso una bomba en el lugar, momentos después salió del salón de juntas y escuchó la detonación del artefacto. Stauffenberg pensó que había liquidado al tirano, pero éste sólo sufrió heridas leves. El fallido atentado ha sido recreado para el cine en el filme  Operación Valquiria,  con Tom Cruise en el papel de Claus von Stauffenberg. Para cuando Operación Valquiria tuvo lugar, Dietrich Bonhoeffer tenía un año y tres meses de estar encarcelado. Por lo tanto es más que evidente su ausencia en el atentado. Bonhoeffer, nos dice Mark Thiessen Nation, fue llevado a la cárcel por los nazis debido a su decidida participación en Operación 7, la cual consistió en sacar clandestinamente de Alemania primero a siete judíos y después a 14 para salvarles la vida.
Thiessen Nation demuestra fehacientemente la consistencia en el pacifismo de Bonhoeffer a partir de su estancia en Nueva York (1930-1931) y hasta el día de su ejecución, el 9 de abril de 1945. El libro de Mark Thiessen fue publicado en octubre del 2013, a diez meses de haber salido a la luz su afirmación de que el involucramiento de Bonhoffer en atentado alguno contra la vida de Hitler es un mito no ha sido desmentida. Y me parece que difícilmente lo será porque Bonhoeffer fue un constructor de paz y eso le costó la vida. Sus verdugos en Flossenbürg condujeron a Dietrich Bonhoeffer a la horca (hicieron que caminara desnudo hacia ella). Sus últimas palabras fueron una confesión de esperanza, una certeza para quien confiesa al Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz: “Este es el final, pero para mí el principio de la vida”. Amén


©Protestante Digital 2014

jueves, 14 de agosto de 2014

Bonhoeffer no participó en intento de asesinar a Hitler (I)

Por. Carlos Martínez García, México*


Es una total distorsión de los hechos y pruebas documentales que Bonhoeffer fuese parte de Valquiria, o de cualquier otro intento de asesinar a Hitler. 
Desde su título el libro llamó mi atención. El mismo iba contra lo bien conocido sobre que Dietrich Bonhoeffer fue condenado a pena de muerte por haber sido parte de un intento de matar a Adolfo Hitler. Me propuse leer el libro en cuestión y lo que sigue resume la tesis principal de la obra.
El volumen tiene el título  Bonhoeffer the Assasin? Challenging the Myth, Recovering His Call to Peacemaking  (¿Bonhoeffer el asesino? Reto al mito, recuperación de su llamado a construir la paz). Son tres los autores: Mark Thiessen Nation, Anthony G. Siegrist y Daniel P. Umbel, y la casa publicadora Baker Academic, Grand Rapids, Michigan, 2013.
Thiessen Nation tuvo a su cargo los capítulos históricos, en los cuales traza las etapas de la vida de Bonhoeffer, con especial atención a las evidencias que apuntan hacia la ausencia del teólogo alemán en complot alguno para terminar con la vida de Hitler. Siegrist y Umbel analizan el tópico de la ética en la teología de Bonhoeffer a lo largo de la obra de éste, sus planteamientos iniciales, desarrollo y planteamientos hacia el final de su vida.
Dietrich Bonhoeffer tuvo una corta vida, apenas de 39 años, nació en 1906 y fue ejecutado en 1945. El interés de Thiessen Nation no está en hacer una biografía pormenorizada sobre ésos 39 años, sino en documentar el itinerario de Bonhoeffer que le llevó tanto a ser un decidido opositor al totalitarismo nazi como a su convicción de resistirlo por medios no violentos.
La opción pacifista y pacificadora no siempre fue el camino que hizo suyo el teólogo germano. Por ejemplo, casi al final de un año (marzo 1928-febrero 1929) como pastor asistente de la comunidad de habla alemana en Barcelona, Bonhoeffer dio una conferencia sobre ética cristiana, en ella consideró que en los tiempos que corrían era inaplicable el Sermón del Monte y dio argumentos sobre la legitimidad de aniquilar a los enemigos que ponían en peligro la integridad familiar y la de la nación alemana.
Thiessen Nation anota: “Las evidencias sugieren que para 1929 Bonhoeffer estaba en un serio itinerario teológico (y espiritual), itinerario durante el cuál él sería transformado durante el año escolar de 1930/31, cuando estuvo en la ciudad de Nueva York”. ¿Qué pasó en esos casi doce meses en los que hizo estudios teológicos, enseñó en las aulas y tuvo contacto con iglesias cuya feligresía era tan distinta a la conocida por él en Alemania?
En sí misma la experiencia del año escolar de Bonhoeffer en el renombrado Union Seminary no fue muy gratificante, como dejó constancia en sus críticas escritas. Sin embargo las relaciones establecidas con otros compañeros de estudios y congregantes de una iglesia afroamericana resultaron para él muy aleccionadoras y enriquecieron su pensamiento teológico.
Cuatro nuevos amistades en Nueva York tuvieron en Bonhoeffer un impacto transformador: Paul Lehman, norteamericano que hablaba fluido alemán y quien mantendría contacto con aquél casi hasta su muerte; Erwin Stutz, suizo y comprometido estudioso de Karl Barth y clave para mantener el vínculo entre éste y Dietrich; Jean Lasserre, pastor reformado francés, con él tuvo Bonhoeffer “su primer encuentro con un pacifista cristiano de su generación […] Lasserre lo confrontó con la aceptación del mandato pacifista de Jesús, el cual nunca antes había considerado [seriamente]”; Frank Fisher, afroamericano que conectó a Bonhoeffer con la Abyssinian Baptist Church, congregación afroamericana grande en Harlem y situada relativamente cerca de Union Seminary.
Las contantes conversaciones con Lasserre llevaron a Bonhoeffer “a un nuevo entendimiento del Sermón del Monte […] también fue Lasserre quien dio el impulso inicial el gran libro de Bonhoeffer, [El costo del] Discipulado”, afirma Eberhard Bethge, discípulo, amigo de muchos años y biógrafo del teólogo germano. El gran libro de Bonhoeffer al que apunta Bethge existe en castellano publicado por Ediciones Sígueme con el título  El precio de la gracia. El seguimiento. 
En compañía de Jean Lasserre, Bonhoeffer viajó a México a principios del verano de 1931. Ambos dieron conferencias y charlas públicas sobre la paz.
En una carta a su novia, Elizabeth Zinn, de fecha 27 de enero de 1936, Dietrich Bonhoeffer le confía el proceso de cambió que comenzó en Nueva York y continuó intensamente por un tiempo, hasta darle nuevas perspectivas de sí mismo y el significado de la fe cristiana. Escribió: “vine a la Biblia por primera vez. Es terriblemente difícil para mí decir esto. Había predicado muchas veces, había visto mucho de la iglesia, había dado sermones y escrito sobre ella, pero todavía no había llegado a ser cristiano”. Es cuando, sigue Bonhoeffer, “la Biblia, especialmente el Sermón del Monte, me liberó. Desde entonces todo es diferente. Estoy claramente consciente de ello; incluso quienes me rodean lo han percibido. Esa fue la gran liberación”.
No sería la única vez que Bonhoeffer dejaría constancia sobre la que llamó su gran liberación. A partir de entonces fue un teólogo y activista firme partidario de la no violencia, la construcción de la paz, como vía duradera para la transformación social. Fue un férreo opositor al nazismo y sus postulados supremacistas, pero no se involucró en conspiraciones para asesinar a Hitler.
El mito sobre la participación de Bonhoeffer en el intento de magnicidio contra Hitler se sigue propagando con mucho éxito. Varios autores han difundido tal mito, más recientemente la leyenda la ha sostenido Eric Metaxas, quien escribió originalmente en inglés una biografía que se ha hecho popular, por lo que estuvo en la lista de best sellers en 2010. Dicha obra fue traducida al español y publicada en nuestra lengua en 2012 por Grupo Nelson ( Bonhoeffer: pastor, mártir, profeta, espía ). En un impreso promocional del libro los editores difundieron que el teólogo alemán “es reconocido y recordado tanto por sus obras sobre espiritualidad así como por su ejecución en 1945 en un campo de concentración debido a su participación en el complot para asesinar a Adolf Hitler […] El biógrafo también brinda detalles de su participación en el famoso complot Valquiria y en Operación 7, el esfuerzo para el contrabando de judíos en la neutral Suiza”.
Dietrich Bonhoeffer sí participó en acciones para salvar a judíos enviándolos secretamente a Suiza. Pero es una total distorsión de los hechos y pruebas documentales que fue parte de Valquiria, o de cualquier otro intento de asesinar a Hitler. Lo prueba nítidamente el libro de Thiessen Nation, Siegrist y Umbel ( Aquí en Amazon) . De esas copiosas evidencias me ocuparé en la próxima entrega.

©Protestante Digital 2014