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domingo, 30 de abril de 2017

La batalla por la Biblia



Por. Will Graham, España
Estamos metidos en una batalla por las Escrituras.
La nueva generación de pastores, teólogos y predicadores que se va levantando en España tiene que anclarse bien en la doctrina de la Palabra de Dios con el fin de evadir los errores de la bibliología neo-liberal.
En los días de la iglesia primitiva, la batalla más importante se centró en la Trinidad y la naturaleza de Cristo. En la época medieval, fue la doctrina de la obra de Cristo. En la Reforma protestante, fue la doctrina de la salvación. Actualmente, la batalla de batallas es la autoridad de la Palabra de Dios.
En este artículo, queremos analizar cuatro puntos de vista contemporáneos en cuanto a la inspiración bíblica que tienen que ser resistidos por amor al bienestar de la iglesia del Señor en la península ibérica.
Son formulaciones que, a primera vista, parecen ortodoxas, no obstante, dependen más bien de convicciones filosóficas que bíblicas y por lo tanto tienen que ser descartadas cuanto antes.
He intentado resumir estos puntos de vista de la forma más sencilla a fin de que el estudio sea de utilidad para todo el pueblo del Señor.
¡Velemos por la viña del Señor!
1.- La Biblia es inspirada, no en sus palabras, sino en cuanto al papel que desempeña como vehículo de la ‘experiencia cristiana’.
Esta primera postura es, a grandes rasgos, la creencia del luterano Rudolf Bultmann (1884-1976), a saber, que la inspiración de la Biblia no tiene nada que ver con sus palabras literales; sino con la esfera de la experiencia religiosa.
Bultmann defiende esta idea en base a la filosofía existencialista, fruto del siglo XIX, que cree que lo subjetivo (experiencia) es más importante que lo objetivo (proposiciones, lo empírico). Como decía el padre del movimiento existencialista Soren Kierkegaard: “La verdad es subjetividad”.
Tal forma de pensar parece espiritual y casi evangélica, sin embargo, es incoherente por tres razones.
Primero, es incoherente porque relega la “experiencia cristiana” a la esfera de lo no verificable, lo no comprobable. En este sentido, es una postura que no tiene significado ninguno ya que se esconde en un mundo noumenal que no tiene nada que ver con la esfera empírica.
No es posible decir nada sobre esta esfera secreta escondida del mundo real por lo tanto es un auténtico sinsentido (desde la perspectiva de la filosofía analítica). El problema con Bultmann –y con una gran parte de la teología protestante contemporánea- es que quiere prescindir de los datos históricos en su defensa de la fe.
Segundo, es incoherente porque no es capaz de explicarnos de qué se trata la “experiencia cristiana”. El momento que Bultmann empieza a definir tal “experiencia” se ha disparado en el pie filosóficamente porque la postura existencialista niega la importancia de proposiciones lingüísticas.
¿Cómo distinguimos, entonces, entre “experiencia cristiana” y “experiencia musulmana” y “experiencia budista”? Según el paradigma existencialista, no podemos porque el lenguaje humano no es de fiar. Así que si Bultmann dice que según su experiencia religiosa su salvador es el Cristo de la fe y yo digo que, según la mía, mi salvador es un sapo rosita, no hay ninguna forma objetiva de determinar quién lleva la razón y quién no.
Tercero, ¿por qué creen los existencialistas que la Biblia es un libro que sirve como un vehículo de la “experiencia cristiana”? De nuevo, si lo objetivo no importa y las proposiciones lingüísticas tampoco sirven para nada, ¿qué diferencia hay a nivel religioso entre la Biblia, el Corán, un fragmento de Heráclito, el periódico ‘Marca’ o el nuevo estado de Facebook de Bob Esponja? No hay ninguna diferencia; todo se torna subjetivista.
La consecuencia de la postura bultmanniana es subjetividad pura y dura donde cada uno crea su propia “experiencia”. Total, es un callejón sin salida. Solamente una Biblia inerrante puede librarnos de la ‘cautividad subjetivista de la teología contemporánea’.
2.- La Biblia es inspirada, no en sus afirmaciones histórico-científicas, sino en sus verdades teológicas.
Esta segunda postura es la idea de una gran parte de la teología protestante continental. Su representante más destacado es Karl Barth, el cual procuró establecer una diferencia entre las partes históricas y suprahistóricas del texto sagrado.
Esta dicotomía conduce a una diferenciación sutil entre ‘la Palabra’ (las verdades eternas/ teológicas de la Biblia) y ‘la Escritura’ (los libros de la Biblia en sí). Por esta razón esta escuela emplea frases heterodoxas tales como “La Palabra y la Escritura” o “La Escritura no es la Palabra” o “La Palabra de la Escritura”, etc.
Muchas veces los lectores no doctos no se enteran de lo que está en juego con estas sutilezas filosóficas. Un buen ejemplo es la frase: “La Palabra de la Escritura es inspirada”.
A primera vista, tiene toda la pinta de ser una afirmación conservadora. No obstante, es como decir: “Las patatas de la tortilla están bien cocinadas”. Las patatas pueden estar bien cocinadas; pero ¿qué pasa con los huevos? A lo mejor están podridos. De allí el peligro de semejantes aseveraciones.
Como en el caso de la convicción bultmanniana, esta segunda postura se basa en convicciones filosóficas. Pero esta vez la filosofía en cuestión no es existencialismo sino una cosmovisión anti-bíblica mucho más antigua, a saber, el dualismo metafísico.
En el Occidente, tal dualismo nació con Platón y su división entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas sensibles. De allí su fuerte dicotomía entre el alma y el cuerpo.
Esta doctrina se dio a conocer en la época medieval mediante la división entre los universales y los particulares y surgió una vez más en la edad moderna gracias a la filosofía de Kant cuando trazó una línea entre lo fenomenal (las cosas sensibles) y lo noumenal (lo suprasensible), entre el tiempo y la eternidad.
Esta noción kantiana entró en el mundo teológico bajo los nombres de historie (historia literal) y geschichte (historia existencial). Pondré un ejemplo para aclarar la diferencia entre estos dos tipos de historia.
La historia literal se refiere a un evento en concreto que sucedió en un momento dado de la historia: la revolución americana, la caída del muro de Berlín, las dos guerras mundiales, el hundimiento del Titanic, el nacimiento de Karl Barth. La historia existencial es el ‘significado’ de dichos eventos.
Esta segunda clase de historia es la que realmente importa en la Biblia. Por lo tanto, no importa si Cristo resucitó corporalmente (como decían Barth, Bultmann, Tillich y Bonhoeffer), lo que cuenta es el ‘significado’ del mensaje de la resurrección para la fe cristiana.
En otras palabras, el mensaje de la resurrección nos enseña que Jesús es la Palabra de Dios, la Revelación definitiva de Dios, el Cristo de la fe; pero no quiere decir que Jesús de Nazaret resucitase de manera literal al tercer día.
Este dualismo metafísico, como en el caso del existencialismo, no tiene nada que ver con la esfera de lo empírico porque sus proponentes quieren liberar la teología de la crítica histórica. Por esta razón dicen que la Escritura es inspirada, no en sus afirmaciones histórico-científicas, sino en sus verdades teológicas.
Una vez más, tal forma de razonar parece espiritual y casi evangélica, pero no deja de ser incoherente a nivel filosófico por cuatro razones.
Primero, ¿cómo distinguimos entre las partes religiosas y no religiosas de la Biblia? La distinción moderna entre lo sagrado y lo secular es una fabricación del dualismo metafísico; no proviene de las Escrituras ni de la cultura judía. Se trata de imponer una cosmovisión ajena al contenido de la Biblia. Es falsa profecía. Convierte la Biblia en un libro de filosofía griega.
Segundo, ¿cómo pueden los proponentes de este punto de vista de la inspiración bíblica demostrarnos, en términos empíricos, de que "las verdades teológicas” son de Dios? No pueden hacerlo ya que esconden estos principios eternos en una esfera desconocida, el ámbito de geschichte.
Es un mundo imaginario, no comprobable que no tiene nada que decir al hombre real. Son afirmaciones que no pueden ser refutadas. Por lo consiguiente, son irrelevantes. Este dualismo convierte la Escritura en un libro de sinsentidos.
Barth podría decir que halla el señorío de Cristo en la esfera de geschichte pero yo respondo una vez más diciendo que allí encuentro un sapito rosa. ¿Quién lleva la razón a nivel empírico? ¡Nadie!
Tercero, ¿cómo saben los proponentes de esta postura de qué se trata esta esfera mística de geschichte? Si es un ámbito suprahistórico, ajeno a la vida humana, no es posible decir nada –absolutamente nada- sobre él. ¡Tampoco se puede afirmar que existe!
Cuatro, ¡ojalá los neo-barthianos fuesen coherentes con su teoría llevándola a su conclusión lógica! No confían en las partes histórico-científicas de la Biblia porque fueron escritas por hombres falibles.
No obstante, ¿quién redactó las partes teológicas y religiosas de la Biblia? ¡Esos mismos hombres falibles! Consiguientemente, un neo-barthiano honesto tiene que ser coherente con sus presupuestos filosóficos, descartando tanto los elementos histórico-científicos como las verdades teológicas de la Escritura.
La consecuencia de esta postura barthiana es la ‘cautividad dualista de la teología contemporánea’. Dios, en última instancia, no puede decir nada al ser humano porque los escritores bíblicos están plagados de pecado y falibilidad.
Solamente la doctrina de la inerrancia de la Biblia puede ayudarnos a redescubrir nuestra fe evangélica en la revelación divina.
3.- La Biblia es inspirada, no en sus palabras, sino el testimonio que da de Cristo.
Esta postura representa la bibliología de Paul Tillich. Esta tercera postura es una mezcla de dos escuelas filosóficas, la existencialista y la dualista, por ende, es doblemente problemática.
Por un lado, percibimos el dualismo de esta bibliología ya que no da importancia a la historia literal ni a las palabras literales. Lo que cuenta es el Cristo de la fe (no el Jesús de la historia). Lo que Tillich quiere hacer es elevar la inspiración a un nivel no verificable, esto es, a la esfera del Cristo de la fe.
Aquí surge un problema muy evidente: ¿acaso el Cristo de la fe no se hizo carne? ¿Qué pasa con la doctrina de la encarnación? Cristo entró en la esfera de lo empíricamente comprobable y verificable. Proclamar a un Cristo no histórico es la herejía del docetismo. ¿Qué pasa con la humanidad de nuestro Señor?
Por el otro lado, observamos el existencialismo de esta bibliología donde Tillich resalta que la inspiración tiene que ver con el encuentro personal con Cristo. Aquí surge otro problema, tan insoluble como el primero: sin contenido proposicional acerca de Cristo, ¿cómo podemos saber si estamos siendo confrontados por Él o no? ¿Cómo sé si estoy sintiendo a Cristo en mi corazón o si estoy a punto de sufrir un infarto?
La única conclusión es que acabo manufacturando a un Cristo conforme a mis propios antojos caídos, el pecado cardinal de la teología liberal. Al fin y al cabo, el Cristo de la Biblia estaba interesado en las jotas y las tildes de la Escritura. ¿Cuál Cristo es éste que prescinde de la Escritura? ¡No es el Jesús de la Biblia!
La consecuencia de esta postura tillichiana conduce a la ‘cautividad subjetivista y dualista de la teología contemporánea’. Solamente la doctrina de la inerrancia bíblica puede librarnos de crear a un Cristo docetista por un lado y a un Cristo anti-bíblico por el otro.
4.- La Biblia es inspirada, no en sus palabras, sino en cuanto a su propósito, a saber, su propósito de cumplir con la voluntad de Dios
Esta cuarta perspectiva está siendo propuesta por algunos neo-liberales en nuestros días, sin embargo, es tan incoherente como las previas tres posturas. La única diferencia entre esta bibliología y las demás es la palabra “propósito”.
Pero aquí está la pregunta de preguntas: ¿cómo podemos saber de qué se trata la voluntad de Dios? O por medio de una revelación inerrante (la perspectiva evangélica clásica) o por medio de una fuente externa a la revelación inerrante.
Ya que los proponentes de esta cuarta perspectiva niegan la inerrancia bíblica, no pueden abrazar la primera postura. En otras palabras, se ven obligados a recurrir a alguna fuente externa para definir de qué se trata la voluntad de Dios.
¿Cuál fuente escogen? Pues, depende del teólogo. Pero una vez que se niega la revelación inerrante de la Escritura, la fuente escogida, sea cual sea, siempre será una nueva torre de Babel. En el caso de Juan Sánchez Nuñez es una ética secularista donde cada uno tiene que realizarse a sí mismo.
Mientras que, según Máximo García, será un Jesús que existe para dar respuestas a las necesidades de los hombres y mujeres. En los tomos de ambos pensadores, el punto de partido es egocéntrico y humanista.
En vez de ser la Escritura la suprema autoridad en cuanto a fe y conducta; ahora la Biblia está sometida a los valores antropocéntricos de una filosofía anti-cristiana.
Una vez más, esta cuarta postura lleva a la ‘cautivad egocéntrica y antropocéntrica de la teología contemporánea’. Solamente la doctrina de la inerrancia bíblica puede salvaguardar a la iglesia de caer en el maldito pozo del egocentrismo humanista.
Conclusión
Con todo, hace falta redescubrir la doctrina de la inerrancia para defender la iglesia de Cristo de los pseudo-evangélicos actuales. Bultmann, Barth y Tillich están pisando la península ibérica y la única forma de echarlos fuera es por medio de la espada de la inerrancia bíblica.
Así que, ¡a sacar la espada, hermanos (Efesios 6:17)! ¡A proclamar la Palabra, hermanas! Toda la Biblia es inspirada por Dios, tanto las partes históricas como las partes teológicas. ¡Y no hagas caso a nadie que te diga lo contrario!
¡Viva la inerrancia!

Fuente: Protestantedigital, 2017

lunes, 8 de febrero de 2016

Una sola manera de seguir a Jesucristo



El 4 de febrero se cumplen 110 años del natalicio de Dietrich Bonhoeffer. De su inspirador libro ‘El precio de la gracia’ analizamos el significado del llamado a seguir a Jesucristo en este mundo.
Por. Óscar Margenet, España
"Dios honra a algunos con gran sufrimiento y les concede la gracia del martirio, mientras que otros no son tentados más allá de sus fuerzas. Pero en todos los casos se trata de una misma cruz. Esa que es cargada sobre cada cristiano.
El primer sufrimiento de Cristo que cada uno tiene que experimentar es el llamado que nos convoca a dejar lejos nuestros apegos por este mundo.
Es la muerte del viejo hombre en el encuentro con Jesucristo. Los que entran en el discipulado entran en la muerte de Jesús".
Partiendo de una base bíblica, Bonhoeffer1 ve el seguimiento de Cristo como la liberación del hombre con respecto a los preceptos humanos; a todo aquello que oprime y agobia, a todo aquello que preocupa y atormenta a la conciencia.
Nuestro hermano Bonhoeffer, entregó su vida al Señor hasta morir. Ejecutado por los nazis al no subordinar a Cristo ante Hitler, su ejemplo sigue iluminando la senda de los que prometen seguir la Palabra viva, pero sin renunciar a viejos lazos mundanos. Ponderemos lo que nos dice 2:
“La llamada de Jesús al seguimiento (...) transforma al que es llamado. Cada uno es llamado individualmente e individualmente debe seguir el llamado.” Pero, hay una reacción del individuo basada en el miedo. Miedo a encontrarse solo. Es entonces, que “busca protección entre las personas y cosas que le rodean. De un golpe descubre todas sus responsabilidades y se aferra a ellas. Quiere tomar sus decisiones al abrigo de estas responsabilidades” describe Bonhoeffer.
Este encontrarse “solo frente a frente con Jesús” le produce el miedo a dejar todo lo que le rodea. “Pero ni el padre ni la madre, ni mujer ni hijos, ni pueblo ni historia, pueden proteger al que ha sido llamado en este momento.” Cristo transforma al individuo para que solo le vea a Él.
El llamado de Jesús consuma una ruptura “con los datos naturales entre los que vive el hombre.” Jesús mismo llama al hombre fuera “de las relaciones inmediatas con el mundo, para situarlo en relación inmediata consigo mismo”. No se puede seguir a Cristo sin reconocer y aprobar que es Él “mismo quien conduce al discípulo a la ruptura.” ¿Por qué este miedo y esta ruptura?
Jesucristo es el único Mediador
El teólogo alemán descifra en qué consiste el hecho de la mediación de Cristo y el hombre. No se trata de despreciar la vida; tampoco “es un código de piedad; es la vida y el Evangelio mismo, es Cristo mismo. Con su encarnación (Jesucristo) se ha interpuesto entre el mundo y yo.”
Porque ahora Él está en el medio “todo debe suceder únicamente por Él. Cristo se encuentra no sólo entre Dios y yo, sino también entre el mundo y yo, entre los otros hombres, las cosas y yo (…) Puesto que el mundo ha sido creado por él y para él 3, él es el único mediador en el mundo. Después de Cristo, no hay para el hombre relación inmediata ni con Dios ni con el mundo”.
Numerosos dioses y el mundo constituyen una fuerte alianza que “busca por todos los medios una relación inmediata con el hombre para entrar en hostilidad contra Cristo, el mediador. Los dioses y el mundo quieren arrebatar a Cristo lo que él les ha quitado: el privilegio de relacionarse única e inmediatamente con el hombre.”
Romper las relaciones inmediatas no es un acto arbitrario del hombre para liberarse “a causa de un ideal cualquiera, de sus lazos con el mundo, cambiando un ideal menor por un ideal superior. Esto sería fanatismo, actuar por propia autoridad, e incluso significaría volver a caer en una relación inmediata con el mundo.”
Es el llamado de Jesucristo, el Mediador, el que “realiza en mí esta ruptura completa con el mundo” reitera el escritor. Pero ello no da lugar a pensar que el llamado devalúa “las categorías vitales naturales frente a un ideal de vida cristiana”.
La persona llamada por Jesús descubre que antes había vivido en medio de una ilusión llamada ‘inmediatez’ que le impedía tener fe y obedecer. “Ahora sabe que no puede tener ninguna inmediatez, ni siquiera en los lazos más estrechos de su vida, los lazos de la sangre que le unen a su padre y a su madre, a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, los lazos del amor conyugal, los de las responsabilidades históricas.” Entre ella y todos los demás lazos ahora se halla Cristo, el mediador. “Para nosotros no hay más camino hacia el prójimo que el que pasa por Cristo, por su palabra y nuestro seguimiento. La inmediatez es una impostura.”
Si en una comunidad se nos impide ser individuos delante de Cristo, o se reivindica la inmediatez, plantea Bonhoeffer “hay que detestarla a causa de Cristo; porque toda inmediatez es, conscientemente o no, odio a Cristo, el mediador, incluso cuando quiere ser comprendida cristianamente.” Menudo golpe es este al exitoso ministerio de ‘la Prosperidad’ terrenal entre otras enseñanzas heréticas.
Es una herejía “utilizar la mediación de Jesús entre Dios y el hombre para justificar las relaciones inmediatas de la vida.” Por el contrario, “para quien sigue a Jesús, no hay ‘realidades dadas por Dios’ más que a través de Jesucristo. Lo que no me es dado por medio de Jesucristo encarnado no me es dado por Dios. Lo que no me es dado a causa de Cristo no viene de Dios (…) Si hay algo que no puedo agradecer a causa de Cristo, no puedo agradecerlo de ninguna manera, o cometo un pecado; (…) el camino que lleva a la ‘realidad dada por Dios’ del prójimo con quien convivo pasa por Cristo; de lo contrario, es un camino equivocado.”
En un poco común análisis psicosocial, Bonhoeffer asevera “Ningún camino específico conduce del hombre al hombre. La intuición más amante, la psicología más profunda, la apertura de espíritu más natural, no avanzan hacia el otro; no existen relaciones anímicas inmediatas. Cristo se interpone. Sólo a través de él podemos llegar al otro.” Apoyado en la Biblia define a la súplica como el camino “más rico en promesas”, y a “la oración común en nombre de Cristo (como) la forma más auténtica de comunión” destacando el valor que tiene la oración en la comunidad.
No hay verdadero reconocimiento de los dones de Dios sin reconocimiento del mediador, por cuya causa nos han sido dados. Y no es posible dar verdaderas gracias por el pueblo, la familia, la historia y la naturaleza, sin un profundo arrepentimiento, que atribuye la gloria sólo a Cristo, y a él por encima de todo.
Lo que pareciera ser una antítesis se convierte en paradigma gracias al Mediador: “no hay verdadera responsabilidad en el mundo, si no se reconoce primero el abismo que nos separa del mundo” dice el teólogo. Y quita toda duda sobre el lugar a darle al amor de Dios en nuestra vida: “No améis al mundo” 4 va junto con “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” 5
Estas verdades aparentemente irreconciliables tienen en Abrahán su mejor aplicación. De él dice el autor: “Debió abandonar a sus amigos y la casa de su padre; Cristo se interpuso entre él y los suyos. Entonces la ruptura debió hacerse visible. Abrahán se convirtió en un extranjero a causa de la tierra prometida (primero) Más tarde (…) es llamado por Dios a sacrificarle a su hijo Isaac. Cristo se interpone entre el padre de la fe y el hijo de la promesa.”
El único camino es Cristo.
Analizando el llamado de Dios a Abrahán dice el autor “Contra toda inmediatez natural, contra toda inmediatez ética, contra toda inmediatez religiosa, (él) obedece a la palabra de Dios. Lleva a su hijo al sacrificio. Está decidido a manifestar visiblemente la ruptura secreta, a causa del mediador.”
Y es así y allí que ocurre lo sobrenatural: “Entonces, en el mismo momento, se le devuelve todo lo que había dado. Abrahán recibe de nuevo a su hijo. Dios le muestra una víctima mejor, que debe sustituir a Isaac. Es un giro de 360 grados; Abrahán ha recibido de nuevo a su hijo, pero ahora lo tiene de forma distinta. Lo tiene por el mediador, a causa de él. Por estar dispuesto a escuchar y obedecer literalmente la orden de Dios, le es permitido tener a Isaac como si no lo tuviese; tenerlo por Jesucristo. Nadie sabe nada de esto. Abrahán baja con Isaac de la montaña tal como había subido, pero todo ha cambiado. Cristo se ha interpuesto entre el padre y el hijo. Abrahán había abandonado todo para seguir a Cristo y, en pleno seguimiento, le es permitido de nuevo vivir en el mundo en que antes vivía. Externamente, todo continúa como antes. Pero lo antiguo ha pasado, y he aquí que todo se ha hecho nuevo.”
Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros”.6
Jesús se dirige a los mismos que Él había llamado uno por uno y que, por su causa, “se han convertido en seres individualistas (…) que abandonaron todo cuando él los llamó, a los que pueden decir de sí mismos: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. A ellos se hace la promesa de una comunión nueva. Según la palabra de Jesús, ya en este mundo recibirán centuplicado todo lo que abandonaron. Jesús habla aquí de su comunidad, que se encuentra en él. Quien abandona a su padre por causa de Jesús hallará en ella un padre, hallará hermanos y hermanas, e incluso campos y casas que le están preparados. Cada uno se lanza solo al seguimiento, pero nadie queda solo en el seguimiento. A quien osa convertirse en individuo, basándose en la palabra de Jesús, se le concede la comunión de la Iglesia. Se halla en una fraternidad visible que le devuelve centuplicadamente lo que perdió.”
Cien veces, pero ‘con persecuciones’, “es la gracia de la comunidad que sigue a su maestro bajo la cruz. Esta es, pues, la promesa hecha a los seguidores de convertirse en miembros de la comunidad de la cruz, de ser pueblo del mediador, pueblo bajo la cruz.
Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar aparte a los doce, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer”.7
Como para confirmar la seriedad de su llamada al seguimiento y, simultáneamente, la imposibilidad de seguirle con nuestras fuerzas humanas, así como la promesa de pertenecerle en las persecuciones Jesús precede ahora a los discípulos hacia Jerusalén, hacia la cruz, y los que le siguen se asombran y temen al contemplar este camino por el que él les llama.”
Reflexión final
Valga este resumen del capítulo ‘El Seguimiento y la Cruz’ para agradecer a nuestro Señor por haber pagado nuestra deuda y justificarnos en Su Hijo. En días que muchos hombres, mujeres, ancianos y niños mueren por causa de confesar a Jesucristo debemos agradecer a nuestro Padre porque haya un pueblo dispuesto a morir con tal de no renunciar a Cristo o a su fe. Tal vez Su propósito sea que a lo largo de la historia de Su Gracia algunos de los verdugos de tantos hermanos y hermanas nuestros lleguen a conocerle. La escena del centurión romano exclamando al pie de la cruz de Cristo ‘Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios’ 8 quizás se esté repitiendo sin nosotros saberlo en este momento en muchos sitios del planeta; asesinos que se maravillan por el valor de esas víctimas que mueren dando gracias a Dios por haber sido dignos de morir por Su causa. De allí que se nos anime a orar aún por nuestros enemigos. Que el hecho sangriento de la cruz de Cristo, emulado en el sacrificio de tantos hermanos y hermanas, lejos de infundirnos un sentimiento de temor a la falsa inmediatez nos anime a ser fieles en el seguimiento a Su inefable llamado 9.
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Notas
Foto: tomada de Wikipedia.
01. Dietrich Bonhoeffer nació el 4 de febrero de 1906 en Breslau (Alemania). Fue pastor, teólogo y profesor. Miembro de la Iglesia confesante alemana, participó activamente en la resistencia contra Hitler. Encarcelado en 1943, fue ejecutado el 9 de abril de 1945, 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 antes de la capitulación de las fuerzas del Tercer Reich.
02. De ‘EL PRECIO DE LA GRACIA El seguimiento’, Ediciones Sígueme, Colección Verdad e Imágenes Nº95. Sexta Edición, Salamanca, 2004. Adaptado para este artículo del capítulo ‘El seguimiento y la cruz’ páginas 53 a 59.
03. Juan 1:3; 1ª Corintios 8:6; Hebreos 1:2.
04. 1ª Juan 2:15.
05. Juan 3:16.
06. Marcos 10:28-31.
07. Ibíd. 10:32.
08. Ibíd. 15:39.
09. 1ª Tesalonicenses 5:23,24; 2ª Tesalonicenses 3:3; Hebreos 10:23. Todas las negritas son énfasis del autor del artículo.

Fuente: Protestantedigital, 2016.