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domingo, 30 de abril de 2017

La batalla por la Biblia



Por. Will Graham, España
Estamos metidos en una batalla por las Escrituras.
La nueva generación de pastores, teólogos y predicadores que se va levantando en España tiene que anclarse bien en la doctrina de la Palabra de Dios con el fin de evadir los errores de la bibliología neo-liberal.
En los días de la iglesia primitiva, la batalla más importante se centró en la Trinidad y la naturaleza de Cristo. En la época medieval, fue la doctrina de la obra de Cristo. En la Reforma protestante, fue la doctrina de la salvación. Actualmente, la batalla de batallas es la autoridad de la Palabra de Dios.
En este artículo, queremos analizar cuatro puntos de vista contemporáneos en cuanto a la inspiración bíblica que tienen que ser resistidos por amor al bienestar de la iglesia del Señor en la península ibérica.
Son formulaciones que, a primera vista, parecen ortodoxas, no obstante, dependen más bien de convicciones filosóficas que bíblicas y por lo tanto tienen que ser descartadas cuanto antes.
He intentado resumir estos puntos de vista de la forma más sencilla a fin de que el estudio sea de utilidad para todo el pueblo del Señor.
¡Velemos por la viña del Señor!
1.- La Biblia es inspirada, no en sus palabras, sino en cuanto al papel que desempeña como vehículo de la ‘experiencia cristiana’.
Esta primera postura es, a grandes rasgos, la creencia del luterano Rudolf Bultmann (1884-1976), a saber, que la inspiración de la Biblia no tiene nada que ver con sus palabras literales; sino con la esfera de la experiencia religiosa.
Bultmann defiende esta idea en base a la filosofía existencialista, fruto del siglo XIX, que cree que lo subjetivo (experiencia) es más importante que lo objetivo (proposiciones, lo empírico). Como decía el padre del movimiento existencialista Soren Kierkegaard: “La verdad es subjetividad”.
Tal forma de pensar parece espiritual y casi evangélica, sin embargo, es incoherente por tres razones.
Primero, es incoherente porque relega la “experiencia cristiana” a la esfera de lo no verificable, lo no comprobable. En este sentido, es una postura que no tiene significado ninguno ya que se esconde en un mundo noumenal que no tiene nada que ver con la esfera empírica.
No es posible decir nada sobre esta esfera secreta escondida del mundo real por lo tanto es un auténtico sinsentido (desde la perspectiva de la filosofía analítica). El problema con Bultmann –y con una gran parte de la teología protestante contemporánea- es que quiere prescindir de los datos históricos en su defensa de la fe.
Segundo, es incoherente porque no es capaz de explicarnos de qué se trata la “experiencia cristiana”. El momento que Bultmann empieza a definir tal “experiencia” se ha disparado en el pie filosóficamente porque la postura existencialista niega la importancia de proposiciones lingüísticas.
¿Cómo distinguimos, entonces, entre “experiencia cristiana” y “experiencia musulmana” y “experiencia budista”? Según el paradigma existencialista, no podemos porque el lenguaje humano no es de fiar. Así que si Bultmann dice que según su experiencia religiosa su salvador es el Cristo de la fe y yo digo que, según la mía, mi salvador es un sapo rosita, no hay ninguna forma objetiva de determinar quién lleva la razón y quién no.
Tercero, ¿por qué creen los existencialistas que la Biblia es un libro que sirve como un vehículo de la “experiencia cristiana”? De nuevo, si lo objetivo no importa y las proposiciones lingüísticas tampoco sirven para nada, ¿qué diferencia hay a nivel religioso entre la Biblia, el Corán, un fragmento de Heráclito, el periódico ‘Marca’ o el nuevo estado de Facebook de Bob Esponja? No hay ninguna diferencia; todo se torna subjetivista.
La consecuencia de la postura bultmanniana es subjetividad pura y dura donde cada uno crea su propia “experiencia”. Total, es un callejón sin salida. Solamente una Biblia inerrante puede librarnos de la ‘cautividad subjetivista de la teología contemporánea’.
2.- La Biblia es inspirada, no en sus afirmaciones histórico-científicas, sino en sus verdades teológicas.
Esta segunda postura es la idea de una gran parte de la teología protestante continental. Su representante más destacado es Karl Barth, el cual procuró establecer una diferencia entre las partes históricas y suprahistóricas del texto sagrado.
Esta dicotomía conduce a una diferenciación sutil entre ‘la Palabra’ (las verdades eternas/ teológicas de la Biblia) y ‘la Escritura’ (los libros de la Biblia en sí). Por esta razón esta escuela emplea frases heterodoxas tales como “La Palabra y la Escritura” o “La Escritura no es la Palabra” o “La Palabra de la Escritura”, etc.
Muchas veces los lectores no doctos no se enteran de lo que está en juego con estas sutilezas filosóficas. Un buen ejemplo es la frase: “La Palabra de la Escritura es inspirada”.
A primera vista, tiene toda la pinta de ser una afirmación conservadora. No obstante, es como decir: “Las patatas de la tortilla están bien cocinadas”. Las patatas pueden estar bien cocinadas; pero ¿qué pasa con los huevos? A lo mejor están podridos. De allí el peligro de semejantes aseveraciones.
Como en el caso de la convicción bultmanniana, esta segunda postura se basa en convicciones filosóficas. Pero esta vez la filosofía en cuestión no es existencialismo sino una cosmovisión anti-bíblica mucho más antigua, a saber, el dualismo metafísico.
En el Occidente, tal dualismo nació con Platón y su división entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas sensibles. De allí su fuerte dicotomía entre el alma y el cuerpo.
Esta doctrina se dio a conocer en la época medieval mediante la división entre los universales y los particulares y surgió una vez más en la edad moderna gracias a la filosofía de Kant cuando trazó una línea entre lo fenomenal (las cosas sensibles) y lo noumenal (lo suprasensible), entre el tiempo y la eternidad.
Esta noción kantiana entró en el mundo teológico bajo los nombres de historie (historia literal) y geschichte (historia existencial). Pondré un ejemplo para aclarar la diferencia entre estos dos tipos de historia.
La historia literal se refiere a un evento en concreto que sucedió en un momento dado de la historia: la revolución americana, la caída del muro de Berlín, las dos guerras mundiales, el hundimiento del Titanic, el nacimiento de Karl Barth. La historia existencial es el ‘significado’ de dichos eventos.
Esta segunda clase de historia es la que realmente importa en la Biblia. Por lo tanto, no importa si Cristo resucitó corporalmente (como decían Barth, Bultmann, Tillich y Bonhoeffer), lo que cuenta es el ‘significado’ del mensaje de la resurrección para la fe cristiana.
En otras palabras, el mensaje de la resurrección nos enseña que Jesús es la Palabra de Dios, la Revelación definitiva de Dios, el Cristo de la fe; pero no quiere decir que Jesús de Nazaret resucitase de manera literal al tercer día.
Este dualismo metafísico, como en el caso del existencialismo, no tiene nada que ver con la esfera de lo empírico porque sus proponentes quieren liberar la teología de la crítica histórica. Por esta razón dicen que la Escritura es inspirada, no en sus afirmaciones histórico-científicas, sino en sus verdades teológicas.
Una vez más, tal forma de razonar parece espiritual y casi evangélica, pero no deja de ser incoherente a nivel filosófico por cuatro razones.
Primero, ¿cómo distinguimos entre las partes religiosas y no religiosas de la Biblia? La distinción moderna entre lo sagrado y lo secular es una fabricación del dualismo metafísico; no proviene de las Escrituras ni de la cultura judía. Se trata de imponer una cosmovisión ajena al contenido de la Biblia. Es falsa profecía. Convierte la Biblia en un libro de filosofía griega.
Segundo, ¿cómo pueden los proponentes de este punto de vista de la inspiración bíblica demostrarnos, en términos empíricos, de que "las verdades teológicas” son de Dios? No pueden hacerlo ya que esconden estos principios eternos en una esfera desconocida, el ámbito de geschichte.
Es un mundo imaginario, no comprobable que no tiene nada que decir al hombre real. Son afirmaciones que no pueden ser refutadas. Por lo consiguiente, son irrelevantes. Este dualismo convierte la Escritura en un libro de sinsentidos.
Barth podría decir que halla el señorío de Cristo en la esfera de geschichte pero yo respondo una vez más diciendo que allí encuentro un sapito rosa. ¿Quién lleva la razón a nivel empírico? ¡Nadie!
Tercero, ¿cómo saben los proponentes de esta postura de qué se trata esta esfera mística de geschichte? Si es un ámbito suprahistórico, ajeno a la vida humana, no es posible decir nada –absolutamente nada- sobre él. ¡Tampoco se puede afirmar que existe!
Cuatro, ¡ojalá los neo-barthianos fuesen coherentes con su teoría llevándola a su conclusión lógica! No confían en las partes histórico-científicas de la Biblia porque fueron escritas por hombres falibles.
No obstante, ¿quién redactó las partes teológicas y religiosas de la Biblia? ¡Esos mismos hombres falibles! Consiguientemente, un neo-barthiano honesto tiene que ser coherente con sus presupuestos filosóficos, descartando tanto los elementos histórico-científicos como las verdades teológicas de la Escritura.
La consecuencia de esta postura barthiana es la ‘cautividad dualista de la teología contemporánea’. Dios, en última instancia, no puede decir nada al ser humano porque los escritores bíblicos están plagados de pecado y falibilidad.
Solamente la doctrina de la inerrancia de la Biblia puede ayudarnos a redescubrir nuestra fe evangélica en la revelación divina.
3.- La Biblia es inspirada, no en sus palabras, sino el testimonio que da de Cristo.
Esta postura representa la bibliología de Paul Tillich. Esta tercera postura es una mezcla de dos escuelas filosóficas, la existencialista y la dualista, por ende, es doblemente problemática.
Por un lado, percibimos el dualismo de esta bibliología ya que no da importancia a la historia literal ni a las palabras literales. Lo que cuenta es el Cristo de la fe (no el Jesús de la historia). Lo que Tillich quiere hacer es elevar la inspiración a un nivel no verificable, esto es, a la esfera del Cristo de la fe.
Aquí surge un problema muy evidente: ¿acaso el Cristo de la fe no se hizo carne? ¿Qué pasa con la doctrina de la encarnación? Cristo entró en la esfera de lo empíricamente comprobable y verificable. Proclamar a un Cristo no histórico es la herejía del docetismo. ¿Qué pasa con la humanidad de nuestro Señor?
Por el otro lado, observamos el existencialismo de esta bibliología donde Tillich resalta que la inspiración tiene que ver con el encuentro personal con Cristo. Aquí surge otro problema, tan insoluble como el primero: sin contenido proposicional acerca de Cristo, ¿cómo podemos saber si estamos siendo confrontados por Él o no? ¿Cómo sé si estoy sintiendo a Cristo en mi corazón o si estoy a punto de sufrir un infarto?
La única conclusión es que acabo manufacturando a un Cristo conforme a mis propios antojos caídos, el pecado cardinal de la teología liberal. Al fin y al cabo, el Cristo de la Biblia estaba interesado en las jotas y las tildes de la Escritura. ¿Cuál Cristo es éste que prescinde de la Escritura? ¡No es el Jesús de la Biblia!
La consecuencia de esta postura tillichiana conduce a la ‘cautividad subjetivista y dualista de la teología contemporánea’. Solamente la doctrina de la inerrancia bíblica puede librarnos de crear a un Cristo docetista por un lado y a un Cristo anti-bíblico por el otro.
4.- La Biblia es inspirada, no en sus palabras, sino en cuanto a su propósito, a saber, su propósito de cumplir con la voluntad de Dios
Esta cuarta perspectiva está siendo propuesta por algunos neo-liberales en nuestros días, sin embargo, es tan incoherente como las previas tres posturas. La única diferencia entre esta bibliología y las demás es la palabra “propósito”.
Pero aquí está la pregunta de preguntas: ¿cómo podemos saber de qué se trata la voluntad de Dios? O por medio de una revelación inerrante (la perspectiva evangélica clásica) o por medio de una fuente externa a la revelación inerrante.
Ya que los proponentes de esta cuarta perspectiva niegan la inerrancia bíblica, no pueden abrazar la primera postura. En otras palabras, se ven obligados a recurrir a alguna fuente externa para definir de qué se trata la voluntad de Dios.
¿Cuál fuente escogen? Pues, depende del teólogo. Pero una vez que se niega la revelación inerrante de la Escritura, la fuente escogida, sea cual sea, siempre será una nueva torre de Babel. En el caso de Juan Sánchez Nuñez es una ética secularista donde cada uno tiene que realizarse a sí mismo.
Mientras que, según Máximo García, será un Jesús que existe para dar respuestas a las necesidades de los hombres y mujeres. En los tomos de ambos pensadores, el punto de partido es egocéntrico y humanista.
En vez de ser la Escritura la suprema autoridad en cuanto a fe y conducta; ahora la Biblia está sometida a los valores antropocéntricos de una filosofía anti-cristiana.
Una vez más, esta cuarta postura lleva a la ‘cautivad egocéntrica y antropocéntrica de la teología contemporánea’. Solamente la doctrina de la inerrancia bíblica puede salvaguardar a la iglesia de caer en el maldito pozo del egocentrismo humanista.
Conclusión
Con todo, hace falta redescubrir la doctrina de la inerrancia para defender la iglesia de Cristo de los pseudo-evangélicos actuales. Bultmann, Barth y Tillich están pisando la península ibérica y la única forma de echarlos fuera es por medio de la espada de la inerrancia bíblica.
Así que, ¡a sacar la espada, hermanos (Efesios 6:17)! ¡A proclamar la Palabra, hermanas! Toda la Biblia es inspirada por Dios, tanto las partes históricas como las partes teológicas. ¡Y no hagas caso a nadie que te diga lo contrario!
¡Viva la inerrancia!

Fuente: Protestantedigital, 2017

domingo, 8 de enero de 2017

Redescubrir la manipulación dialéctica vs. Redescubrir la Palabra



Por. Maximo Garcia Ruiz, España
Will Graham, a quien no tengo el gusto de conocer, de quien ignoro su filiación religiosa y su extracción teológica, tanto como si vive o no la realidad española o escribe fuera de España, me ha concedido el honor de leer mi libro Redescubrir la Palabra. Como leer la Biblia. Y, al parecer, muestra tener una amplia información acerca de mi persona.
En una época en la que se lee tan poco y se opina tanto, hay que reconocer el mérito que tiene leerse un libro con el que uno confiesa no identificarse desde sus primeras páginas y mostrar la generosidad de dedicarle un larguísimo escrito de crítica. Un gesto que agradezco. Ojalá todos los opinantes que puedan identificarse o no con los argumentos que desarrolla el Sr. Graham lo hicieran a partir de una lectura serena y objetiva del texto y no a partir de descalificaciones ajenas tal y como ocurre habitualmente.
Will Graham se autodefine en su larguísimo comentario como conservador. Es esa una buena postura ante la vida y ante los valores tanto sociales como cristianos. Conservar lo bueno es el deber de todo bien nacido. Puestos a autodefinirse, yo lo hice hace algún tiempo en un artículo que ha circulado en diferentes medios y formatos, como conservador y liberal, y argumentaba las razones esgrimidas, que no viene al caso repetir ahora[1].
En el caso del Sr. Graham, a juzgar por el escrito al que hago referencia, se muestra más que como conservador como fundamentalista, postura tan digna y respetable como cualquier otra, que yo respeto, aunque no comparta.
En lo que a la crítica de mi libro se refiere, legítima por supuesto, aunque sea tan diametralmente discrepante de otras llevadas a cabo por personas de tanta relevancia moral e intelectual como Alfredo Pérez Alencar[2] y Juan Antonio Monroy[3], por mencionar sólo dos de ellas, que fueron publicadas en este mismo medio, no entraré en un debate con su autor ni, por supuesto, voy a someterme al examen que pretende con una ristra de cuestiones con las que cierra su escrito, mediante las cuales parece querer implantar una nueva forma de auto de fe, algo tan extemporáneo en los tiempos que corren.
En realidad tengo la impresión de que es el propio autor del artículo el que se auto descalifica ante quienes tienen la virtud de pensar por sí mismos, pero ese es un riesgo que al parecer asume gustoso. Confío en que los lectores de Graham tengan la curiosidad de leer el libro y extraer sus propias conclusiones.
Quiero creer que el Sr. Graham tiene la suficiente formación teológica y filosófica como para saber que está tomando el texto como pretexto para un ataque contra una persona y unas instituciones con las que al parecer no se siente identificado; y debe saber que sacar el texto de su contexto es una aberración hermenéutica; que mutilar un texto para hacer que parezca decir lo que al comentarista le interesa que diga, es un fraude a sus lectores, quienes posiblemente nunca tendrán la curiosidad de aproximarse al texto comentado; que manipular el contenido de un escrito transmitiendo ideas y conceptos que están fuera de la intención del autor, es una práctica deleznable que atenta contra los más elementales principios éticos de la fe evangélica y son suficientes para catalogar a su autor; que arrogarse la representación de “los evangélicos españoles” es una osadía que los lectores inteligentes, que los hay sin duda, no pueden tolerar; que el insulto y la descalificación de otros, sean o no afines a las ideas propias, muestra una tremenda falta de la ética y la caridad cristianas; que los cimientos de la Reforma en España y sus expresiones más conspicuas y representativas, se fundamentan en una teología analítica y ajena al fundamentalismo importado recientemente a España; que la extensión del Evangelio en España se ha llevado a cabo apoyado en el sufrimiento y la sangre de muchos españoles que durante su vida han estado dispuestos a dar lo mejor de ellos mismos por extender el Evangelio de Jesucristo, entre los que, humildemente, se encuentra el autor del libro tan parcialmente juzgado.
Respeto profundamente a quienes, como Will Graham, discrepen de mi reflexión teológica; acepto la discrepancia como uno de los valores devenidos de la libertad religiosa por la que algunos luchamos tan denodadamente en España cuando no sé donde estaría, si estaba, y qué haría el Sr. Graham. Reclamamos, eso sí, respeto a la verdad, no manipular las conciencias, abrir espacios de libertad al pueblo evangélico español para que asuma el liderazgo de promover una verdadera Reforma en España, ahora que conmemoramos el 500 aniversario de la promovida por Luero.
Doy por supuesto que Protestante Digital publicará esta réplica, que está muy lejos de alcanzar las dimensiones del escrito que la provoca, y anticipo que no voy a entrar en un debate sobre el tema con el Sr. Graham a quien deseo las mejores bendiciones de Dios y la capacidad y el medio adecuado para defender sus ideas en un clima de libertad y libre concurrencia, a ser posible, teniendo en cuenta que ni él ni yo tampoco representamos a TODO el pueblo evangélico español.
Máximo García Ruiz

Fuente: Protestantedigital, 2017