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sábado, 15 de abril de 2017

Lo bueno y lo malo de la teología de Schleiermacher



Por. Will Graham, España
El teólogo romántico alemán Federico Schleiermacher (1768-1834) es conocido como el padre de la teología moderna o liberal.
Hoy vamos a estudiar sobre lo bueno y lo malo de su teología.
1.- Un gran celo de evangelizar
Schleiermacher estaba preocupado al ver cómo la gente ilustrada de su época se estaba alejando de la fe cristiana. Ante esta triste realidad, Schleiermacher quiso reformular el mensaje del cristianismo para que fuese relevante en su generación. No hay duda de que el pensador tenía un celo genuino a la hora de montar su sistema teológico. Por esta razón publicó los discursos sobre la religión para sus “menospreciadores cultivados” en 1899.
2.- Un énfasis desmedido en el sentimiento humano
A diferencia de la tradición protestante anterior a él, Schleiermacher no procuró edificar su sistema teológico a partir de las Sagradas Escrituras sino en base al sentimiento humano. Concretamente, se trata de un sentimiento de “dependencia absoluta” o “dependencia incondicional”.1
Este giro subjetivista en la teología es lo que da a luz a la teología liberal, la cual convierte la teología en antropología (según las críticas del ateo alemán Ludwig Feuerbach y el teólogo dialéctico Karl Barth).
En vez de depender de la revelación de Dios que nos es dada en la Biblia, Schleiermacher creyó que el hombre podría encontrar la verdad dentro de sí mismo, a saber, en sus sentimientos y experiencias personales. Esta misma convicción caracteriza todo el movimiento modernista.
3.- La importancia de la vida espiritual
Gracias al lugar que Schleiermacher concedió al sentimiento humano en la teología, tomó muy en serio la vida piadosa y espiritual. Como joven había sido criado juntamente con los moravos y de ellos aprendió la necesidad de experimentar la fe a nivel personal.
En este sentido, Schleiermacher lleva toda la razón. Nos recuerda que la verdadera teología es mucho más que una simple actividad académica. Según Paul Tillich, la teología es necesariamente existencial ya que el teólogo se halla vinculado por entero al objeto de su estudio, Dios.2
El estudio cristiano, entonces, no está relacionado únicamente con el intelecto sino con la voluntad y los afectos humanos también. Los escritos de Schleiermacher nos salvaguarden de convertirnos en teólogos de mármol, ajenos a la vida del Espíritu.
4.- Descarta la Trinidad
Donde las grandes confesiones de fe protestantes empezaron con la doctrina de la bendita Trinidad, Schleiermacher no tenía ningún interés en ella ya que suponía que nuestra comunión espiritual con Cristo sería igual sin la doctrina de la Trinidad.
En este sentido el alemán siguió el espíritu de Kant, el cual comentó que, “De la doctrina de la Trinidad, tomada literalmente, no se saca nada para la práctica”.3
Esta indiferencia de Schleiermacher hacia la Trinidad se revela de tres maneras. En primer lugar, coloca la doctrina a finales de su teología sistemática. En segundo lugar, dedica apenas trece folios al tema en un tomo de más de 750 páginas. En tercer lugar, asevera que la Trinidad se trata de una “cuestión abierta” para el cristianismo.
5.- Jesús, un mero hombre
Ligada a su indiferencia hacia la Trinidad está la negación de que Jesucristo sea Dios manifestado en carne. La importancia de Cristo no reside en su naturaleza divina sino en su conciencia de lo divino. Jesús, entonces, es el ejemplo a seguir porque manifestó de modo supremo lo que es vivir con esta sensación constante de “dependencia absoluta”.
El 21 de enero 1787, el joven Schleiermacher confesó en una carta a su padre que, “No puedo creer que el que se llamaba a sí mismo el hijo del hombre sea el Dios verdadero y eterno”.4 Así vemos el peligro de montar un sistema teológico fundamentado en los sentimientos personales en vez de la verdad divina de las Escrituras.
6.- Niega la obra expiatoria de Jesús
Además de negar la divinidad de Cristo, Schleiermacher llega a eliminar la obra expiatoria del Salvador también. En la carta anteriormente citada, se dirige el joven alemán a su padre diciendo, “No puedo creer que su muerte [la de Cristo] fue una expiación vicaria”.5
Puesto que Dios no está airado, no hace falta que Cristo pague por los pecados de nadie. Así el evangelio de Cristo crucificado y resucitado por amor a los transgresores desaparece. En palabras de John MacArthur, “Como un Judas Iscariote del siglo XVIII, Schleiermacher traicionó su patrimonio de fe, abandonó los reclamos de verdad de las Escrituras y rechazó el Evangelio, negando tanto la deidad de Cristo como su obra vicaria en la cruz”.6
7.- Niega la personalidad del Espíritu Santo
En cuanto a la pneumatologia, Schleiermacher no cree en la existencia independiente del Espíritu Santo. Conforme a su modelo modernista, el Espíritu Santo es simplemente el nombre que damos al espíritu de la comunidad de los cristianos.
Cuando un grupo de creyentes se reúne con esta sensación de “dependencia absoluta”, el vínculo que los une a todos se llama “Espíritu Santo”. Es decir, se trata de un fenómeno humano (no divino).
Ante esta reformulación de la pneumatologia protestante, Schleiermacher desbarata la doctrina de la regeneración. El alemán no entiende el nuevo nacimiento como un acto soberano del poderoso Espíritu de Dios; sino como una influencia piadosa que se da cuando los creyentes se reúnen y que contagia en cierto sentido a los demás para que desarrollen su propia conciencia de lo divino. Con todo, Schleiermacher desecha tanto la personalidad como la divinidad del precioso Espíritu Santo.
8.- La reformulación del pecado y la salvación
En las obras de Schleiermacher, el pecado no se trata de infringir la ley de Dios (1 Juan 3:4). Significa no vivir con este espíritu de “absoluta dependencia”.7 Esta convicción explica la razón por la que Schleiermacher cree que la santificación tiene que ver con crecer en nuestra conciencia religiosa mientras que el pecado se trata de disminuir en ella. Una vez más, todo se torna subjetivista, romántica e interna.
Podemos alejarnos del pecado, consiguientemente, si optamos por seguir el ejemplo de Cristo en cuanto a su profunda dependencia de Dios. Como ya destacamos en el sexto punto, no hace falta la obra expiatoria de Cristo. Jesús, al fin y al cabo, no es un salvador sino un sencillo modelo a seguir.
Si andamos en pos de las pisadas de Jesús, no tardaremos en experimentar la aceptación de Dios. En la soteriología de Schleiermacher, pues, la justificación se da cuando nos damos cuenta de que Dios no está enfadado con nosotros (ni lo ha estado nunca). No tiene nada que ver con un decreto legal, forense, jurídico, objetivo de parte de un juez celestial.
Hacia una evaluación evangélica
En suma, pese a las buenas intenciones apologéticas y religiosas de Schleiermacher, el alemán acaba degollando la teología protestante. Otros ejemplos más cercanos a nuestro tiempo son Rudolf Bultmann (1884-1976) y Paul Tillich (1886-1865), dos teólogos profundamente preocupados por cómo casar la cosmovisión modernista con la teología, no obstante, en ambos casos, decapitaron la fe que procuraron defender.
En los escritos de Schleiermacher, observamos cómo un afán desmedido por la relevancia a toda costa engendra un sinfín de efectos nocivos para la iglesia cristiana, por ejemplo, la búsqueda espiritual del hombre toma el lugar de la revelación de Dios, la experiencia religiosa es exaltada a expensas de la verdad bíblica, se pasa por alto la Trinidad, se niega por completo la divinidad de Cristo, su obra expiatoria, la personalidad del Espíritu y se reformula las doctrinas del pecado y la salvación.
En nuestros días, aprendamos del ejemplo de Schleiermacher: ¡no sacrifiquemos la verdad por amor a la popularidad! ¡La relevancia sin sustancia nunca da ganancia! Volvamos a las Escrituras y pidamos al Señor que su hermoso Espíritu las use con poder para la conversión de muchos.

Fuente: Protestantedigital, 2017

domingo, 8 de enero de 2017

Redescubrir la manipulación dialéctica vs. Redescubrir la Palabra



Por. Maximo Garcia Ruiz, España
Will Graham, a quien no tengo el gusto de conocer, de quien ignoro su filiación religiosa y su extracción teológica, tanto como si vive o no la realidad española o escribe fuera de España, me ha concedido el honor de leer mi libro Redescubrir la Palabra. Como leer la Biblia. Y, al parecer, muestra tener una amplia información acerca de mi persona.
En una época en la que se lee tan poco y se opina tanto, hay que reconocer el mérito que tiene leerse un libro con el que uno confiesa no identificarse desde sus primeras páginas y mostrar la generosidad de dedicarle un larguísimo escrito de crítica. Un gesto que agradezco. Ojalá todos los opinantes que puedan identificarse o no con los argumentos que desarrolla el Sr. Graham lo hicieran a partir de una lectura serena y objetiva del texto y no a partir de descalificaciones ajenas tal y como ocurre habitualmente.
Will Graham se autodefine en su larguísimo comentario como conservador. Es esa una buena postura ante la vida y ante los valores tanto sociales como cristianos. Conservar lo bueno es el deber de todo bien nacido. Puestos a autodefinirse, yo lo hice hace algún tiempo en un artículo que ha circulado en diferentes medios y formatos, como conservador y liberal, y argumentaba las razones esgrimidas, que no viene al caso repetir ahora[1].
En el caso del Sr. Graham, a juzgar por el escrito al que hago referencia, se muestra más que como conservador como fundamentalista, postura tan digna y respetable como cualquier otra, que yo respeto, aunque no comparta.
En lo que a la crítica de mi libro se refiere, legítima por supuesto, aunque sea tan diametralmente discrepante de otras llevadas a cabo por personas de tanta relevancia moral e intelectual como Alfredo Pérez Alencar[2] y Juan Antonio Monroy[3], por mencionar sólo dos de ellas, que fueron publicadas en este mismo medio, no entraré en un debate con su autor ni, por supuesto, voy a someterme al examen que pretende con una ristra de cuestiones con las que cierra su escrito, mediante las cuales parece querer implantar una nueva forma de auto de fe, algo tan extemporáneo en los tiempos que corren.
En realidad tengo la impresión de que es el propio autor del artículo el que se auto descalifica ante quienes tienen la virtud de pensar por sí mismos, pero ese es un riesgo que al parecer asume gustoso. Confío en que los lectores de Graham tengan la curiosidad de leer el libro y extraer sus propias conclusiones.
Quiero creer que el Sr. Graham tiene la suficiente formación teológica y filosófica como para saber que está tomando el texto como pretexto para un ataque contra una persona y unas instituciones con las que al parecer no se siente identificado; y debe saber que sacar el texto de su contexto es una aberración hermenéutica; que mutilar un texto para hacer que parezca decir lo que al comentarista le interesa que diga, es un fraude a sus lectores, quienes posiblemente nunca tendrán la curiosidad de aproximarse al texto comentado; que manipular el contenido de un escrito transmitiendo ideas y conceptos que están fuera de la intención del autor, es una práctica deleznable que atenta contra los más elementales principios éticos de la fe evangélica y son suficientes para catalogar a su autor; que arrogarse la representación de “los evangélicos españoles” es una osadía que los lectores inteligentes, que los hay sin duda, no pueden tolerar; que el insulto y la descalificación de otros, sean o no afines a las ideas propias, muestra una tremenda falta de la ética y la caridad cristianas; que los cimientos de la Reforma en España y sus expresiones más conspicuas y representativas, se fundamentan en una teología analítica y ajena al fundamentalismo importado recientemente a España; que la extensión del Evangelio en España se ha llevado a cabo apoyado en el sufrimiento y la sangre de muchos españoles que durante su vida han estado dispuestos a dar lo mejor de ellos mismos por extender el Evangelio de Jesucristo, entre los que, humildemente, se encuentra el autor del libro tan parcialmente juzgado.
Respeto profundamente a quienes, como Will Graham, discrepen de mi reflexión teológica; acepto la discrepancia como uno de los valores devenidos de la libertad religiosa por la que algunos luchamos tan denodadamente en España cuando no sé donde estaría, si estaba, y qué haría el Sr. Graham. Reclamamos, eso sí, respeto a la verdad, no manipular las conciencias, abrir espacios de libertad al pueblo evangélico español para que asuma el liderazgo de promover una verdadera Reforma en España, ahora que conmemoramos el 500 aniversario de la promovida por Luero.
Doy por supuesto que Protestante Digital publicará esta réplica, que está muy lejos de alcanzar las dimensiones del escrito que la provoca, y anticipo que no voy a entrar en un debate sobre el tema con el Sr. Graham a quien deseo las mejores bendiciones de Dios y la capacidad y el medio adecuado para defender sus ideas en un clima de libertad y libre concurrencia, a ser posible, teniendo en cuenta que ni él ni yo tampoco representamos a TODO el pueblo evangélico español.
Máximo García Ruiz

Fuente: Protestantedigital, 2017