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sábado, 25 de marzo de 2017

¿Qué van a hacer si deportan a papá?



Por. Juan Francisco Martínez, EE.UU
Una de las situaciones más dolorosas al caminar con la comunidad indocumentada en los Estados Unidos es tener que ayudar a los padres a hacer planes para el cuidado de sus hijos si ellos son arrestados y deportados.
Nadie quiere pensar en esta posibilidad y los padres de familia no quieren asustar innecesariamente a sus hijos. Durante la administración del presidente Obama padres de familia con hijos nacidos en los Estados Unidos no eran deportados, apenas que hubieran cometido alguna felonía.
Pero en la nueva situación los agentes de migración ya han recogidos a personas que antes habrían podido estar seguros. Así que, hay que planificar pensando en la posibilidad de la deportación.
Para algunas personas la deportación de personas indocumentadas parece obvio. Al fin y al cabo no tienen permiso para estar en el país. Sin embargo, la situación real es que muchas de estas personas han estado en los Estados Unidos por muchos años. Se han establecido en el país y sus hijos han nacido aquí. Sus raíces ya establecieron aquí y algunos ya no tienen muchas ligas en sus países de origen.
Somos un país que decimos creer en la importancia de la familia. Por eso se le ha dado la discreción a agentes de migración de poder posponer indefinidamente la deportación de padres de familia y cualquier otra persona que no tuvieran récord criminal.
Pero, antes no se trataba como crimen mayor el estar sin autorización en el país y utilizar documentos falsos para trabajar. Con los cambios que propone la administración Trump, casi toda personas indocumentada que trabaja sería criminal siendo que tendría que haber infringido en alguna ley para conseguir trabajo. Así que, todos serían criminales y sujetos a ser deportados.
Si se decide tratar de deportar a un porcentaje significativo de la población indocumentada, el impacto se hará sentir a varios niveles. Por un lado tratar de sacar a millones de personas del país se haría imposible en el sentido práctico.
El gobierno no tiene la infraestructura para hacerlo. Y prácticamente no lo podría hacer sin infringir en los derechos legales de las personas y probablemente también de algunos ciudadanos estadounidenses.
Pero el impacto sobre las familias sería desastroso. Ya se han hecho estudios sobre el temor en que viven los hijos de los indocumentados y el daño que les hace vivir con el temor de la posible deportación de sus padres. Afecta su salud mental, sus estudios y su desarrollo en general.
Si se comienzan a hacer las deportaciones que prometió el presidente, un impacto va a ser tener a miles de niños desconectados de sus padres al cuidado de otros familiares o del estado.
Por supuesto que también estará el daño social y económico. Serían muchas las comunidades que sufrirían al perder trabajadores y personas que contribuyen a la comunidad. También serían muchas las iglesias afectadas directamente. Algunas hasta perderían a sus pastores. Y el daño económico sería fuerte.
La película comíca Un día sin un mexicano se hizo la pregunta, ¿qué le pasaría a California si desaparecieran todos los inmigrantes de América Latina? Y la reciente protesta el 16 de febrero hizo la pregunta, ¿qué le pasaría a los Estados Unidos sin inmigrantes? La respuesta clara en los dos casos es que el daño económico sería fuerte.
Sin embargo, estamos ante la realidad de que existe un espíritu anti-inmigrante fuerte en un segmento de la población de este país y que la administración actual representa esos intereses.
Así que, necesitamos trabajar para ayudar a las familias potencialmente afectadas. Aunque me duele, aunque quisiera que no se diera la situación, tengo que hacer la pregunta: ¿Qué van a hacer si deportan a mamá, a papá o los dos?

Fuente: Protestantedigital, 2017

domingo, 22 de marzo de 2015

Ser padres sin ser pareja: una nueva forma de familia que desata polémica ¿Una nueva tendencia?



“Acá no hay legislación, pero esto se empezó a hacer hace 10 años entre todo tipo de parejas. Empezó con mujeres solteras, gays y ahora ya se da entre gente heterosexual”
Por AGUSTINA MUSSIO, Argentina
Formar pareja va perdiendo su condición determinante en asuntos de paternidad. Con la “neosoltería” -como algunos llaman a los jóvenes que no muestran intenciones de casarse o concubinarse - comienzan a considerase nuevas formas para convertirse en padres que rompen con el modelo de familia tradicional: los acuerdos de paternidad figuran entre las alternativas que suman adeptos.
Recientemente, el actor Guillermo Pfening puso el tema sobre el tapete: se conoció que nació Asia, la hija que acordó tener con una amiga, sin que entre ellos exista una relación amorosa.
Lo que hicieron se llama copaternidad, y consiste en un acuerdo entre dos personas para concebir un hijo, sin necesidad de que los una un vínculo sentimental. Se puede dar entre amigos o desconocidos. También los homosexuales recurren a este sistema para convertirse en padres.
“La idea es que no hace falta un vínculo sentimental, sí de amor, de compañerismo y de responsabilidad, pero que no hace falta un vinculo tan pasional para darle amor a un hijo y para crear un nuevo tipo de familia”
En internet ya se encuentran espacios dedicados a quienes pretenden sumarse a esta modalidad. El sitio estadounidense Modamily, que supera los 3.000 usuarios, es uno de ellos. Y también existen grupos de Facebook que se crearon con el mismo fin.
Los espacios virtuales se proponen vincular a desconocidos que desean convertirse en padres para que se conozcan, compartan experiencias, comparen valores familiares y expectativas de crianza. En el caso de llegar a un acuerdo, la manera de concebir (por inseminación o a través de relaciones sexuales) dependerá de la decisión de la dupla.
En general, los que consideran esta alternativa son solteros que descreen del matrimonio o que no están dispuestos a “acelerar” la búsqueda de una pareja para cumplir el deseo de convertirse en padres.
Suelen pensar que un acuerdo con la persona que eligen para madre o padre de su futuro hijo tiene más posibilidades de llegar a buen puerto, que la que tendría una relación forzada y apresurada, que acaso escondería el fin último de la maternidad o la paternidad.
“La idea es que no hace falta un vínculo sentimental, sí de amor, de compañerismo y de responsabilidad, pero que no hace falta un vinculo tan pasional para darle amor a un hijo y para crear un nuevo tipo de familia”, escribió Pfening en Twitter para explicar la decisión que tomó con su amiga Cynthia Pinasco (ayudante de cámara de Pol-ka).
La idea que pretende desterrar esta fórmula moderna es que para ser papás primero se debe encontrar un cónyuge. “Estoy convencido de que una decisión que nace del más puro amor y del deseo es una buena causa. Creo en el amor en todas sus variadas formas y en que a los sueños hay que cumplirlos”, se explayó el actor para justificar su posición.
Esta corriente también apareció reflejada en el cine: la comedia norteamericana “Friends with children” (en Argentina se estrenó en 2012) narra la historia de dos amigos que decidieron tener un hijo, sin mantener una relación de pareja.
El problema de las representaciones
“Las transformaciones en el funcionamiento de las familias que se vienen produciendo en las últimas décadas afectaron a las representaciones sobre las cuales se organizó gran parte de la cultura occidental”, señala la licenciada en psicología Gabriela Bravetti, profesora adjunta e investigadora de la facultad de Psicología de la UNLP.
Es que con este tipo de uniones también entrarían a tambalearse algunos conceptos: ¿qué implica ser una familia?, ¿una madre?, ¿un padre?, ¿cómo llamar a dos amigos que deciden tener un hijo?
La licenciada explica que los significados de “familia”, “maternidad” y “paternidad” se institucionalizaron en el seno de un modelo social y cultural particular: la familia burguesa occidental moderna. En la actualidad, las implicancias de estos términos estarían en plena transformación.
Bravetti señala que la recomposición de estos conceptos se establece en torno a nuevos ejes que cambiaron el panorama: “la negociación de los lugares de hombres y mujeres, la concepción de una autoridad consensuada, la entrada del padre en la primera infancia, la autonomía masculina respecto del hijo y la autonomización del deseo femenino más allá del proyecto de familia, entre otros”. La especialista plantea que estos cambios enmarcan la elección de un proyecto de hijo en situaciones donde antes era impensable.
El antropólogo platense Héctor Blas Lahitte coincide con Bravetti en que está cambiando la idea de familia. “Lo que se sostiene es la perpetuidad de la especie, porque se sigue reproduciendo. Pero se está cuestionando la idea de familia y cuando eso pasa al poco tiempo se alteran los sistemas de parentescos: madre, padre y filiación (los hijos que tengan)”, afirma.
“En nuestra cultura el formar una familia con un padre y una madre supone como principio básico un enlace de amor, y lo que proponen en estos casos es muy distinto”
Para el antropólogo, el surgimiento de este tipo de alternativas para concebir es producto de que “las formas de convivencia se fueron deteriorando en nuestra sociedad”. Plantea que muchas mujeres no están dispuestas a perder grados de libertad ni los hombres quieren sentirse atados a un retorno fijo o a una mensualidad prevista. Además -dice el especialista- no quieren arriesgarse a pasar por un estudio jurídico en caso de divorcio.
“Primero se eliminaron los rituales religiosos, después se cuestionó el matrimonio civil y ahora la unión”, dice Lehitte. El antropólogo considera que acordar tener un hijo “no tiene que ver con ser padre, sino con satisfacer el deseo de ser progenitor”.
“En nuestra cultura el formar una familia con un padre y una madre supone como principio básico un enlace de amor, y lo que proponen en estos casos es muy distinto”, desliza.
“El ‘estamos juntos mientras sea lindo’ se considera un éxito social increíble de estos tiempos, y es la estupidez más grande de la historia. En todo el mundo civilizado se piensa en las formas de sostener una familia que permita generar afecto: no prescindir de él y reproducirse por un pacto”, opina el antropólogo.
Desde el punto de vista legal
Desde el punto de vista legal, la legislación argentina no especifica nada para estos casos. “El hecho de tener un hijo en común determina derechos y obligaciones. El vínculo no tiene mayor influencia”, sostiene Miguel González Andia, profesor titular de Derecho Civil V, Familia y Sucesiones de la UCALP y director del Instituto de Derecho de Familia y Sucesiones del Colegio de Abogados de La Plata.
“Acá no hay legislación, pero esto se empezó a hacer hace 10 años entre todo tipo de parejas. Empezó con mujeres solteras, gays y ahora ya se da entre gente heterosexual”, escribió Pfening en Twitter. Por el momento, el actor convive con la madre de Asia (que nació el 10 de diciembre) pero mantienen una relación de amigos, aunque con un hijo en común.
“Esto amerita una reflexión, porque hay un montón de mujeres que por el reloj biológico… y un montón de hombres que no encuentran a una persona y, de pronto, de esta manera hay un entendimiento (…) A mí me parece una concepción natural. Hay familias bien constituidas y otras que no funcionan (…) Todos como padres nos podemos equivocar, pero me parece que mientras haya amor y responsabilidad, y no estar pensando tanto en el que dirán, lo otro se va acomodando, porque sino el miedo te paraliza”, manifestó el actor en la red social.
Con defensores y detractores, la copaternidad abre una nueva posibilidad de familia que desata polémica.

Fuente: El Día, diario de la Plata, 2015.

sábado, 11 de febrero de 2012

¿Es la espiritualidad condición esencial del ser humano y no desarrollarla favorece infelicidad y depresión?: Espiritualidad y Depresión: una relación

Una nueva investigación que tiene que ver con la influencia de la religión y la espiritualidad en el desarrollo de la depresión en hijos de padres que habían padecido la enfermedad anteriormente, ha arrojado interesantes resultados.
Se trata de un trabajo publicado en el pasado mes de enero en la prestigiosa revista de psicología y psiquiatría American Journal of Psychiatry. Lisa Miller, Priya Wickramaratne y otros, sus autores, ya habían estudiado y demostrado hacía unos años la asociación inversa que existe entre la espiritualidad y la depresión mayor entre adultos . Encontraron que las personas con una espiritualidad despierta tenían menos riesgo de padecer una depresión. La espiritualidad estudiada fue sólo en personas de creencias cristianas (evangélicos o católicos).
Ahora, los mismos autores han investigado, en un trabajo longitudinal a lo largo de 10 años, a los hijos de estos sujetos en comparación con otros chicos cuyos padres no habían sufrido una depresión. El resultado ha sido que los hijos que informaron a los 10 años que la religión o la espiritualidad eran muy importantes para ellos tenían alrededor de una cuarta parte de riesgo de sufrir depresión mayor entre los 10 y 20 años (período estudiado) en comparación con otros participantes de su misma edad no creyentes.
Pero lo más curioso es que fueron los hijos de los padres que habían sufrido una depresión y que consideraban muy importante la espiritualidad los que estaban más protegidos contra la devastación que produce la depresión . Este grupo tenía solo una décima parte de posibilidades de sufrir esta grave enfermedad.
EVALUACIÓN Y CONCLUSIONES
Los participantes fueron 114 hijos adultos de padres deprimidos y no deprimidos, seguidos longitudinalmente. El análisis abarca el período comprendido entre los 10 años a los 20 años de evaluaciones de seguimiento. El diagnóstico se evaluó con el Programa para Trastornos Afectivos y la Esquizofrenia Versión-De Vida.
Las medidas de religiosidad incluyeron la importancia personal de la religión o la espiritualidad, la frecuencia de asistencia a los servicios religiosos, y la denominación (todos los participantes eran cristianos, protestantes o católicos) . En un análisis de regresión logística, la depresión mayor a los 20 años se utilizó como medida de resultado y las tres variables de religiosidad a los 10 años como predictores.
La conclusión del estudio es que una alta calificación del auto-informe de la importancia de la religión o la espiritualidad puede tener un efecto protector contra la recurrencia de la depresión, particularmente en los adultos con antecedentes de depresión de los padres.
American Journal of Psychiatry
© Protestante Digital 2012