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jueves, 9 de septiembre de 2010

Pérgamo: esperanza y satanismo

Por. J.A. Monroy, España*
En mis breves notas a las siete iglesias del Apocalipsis he escrito de Filadelfia, Laodicea, Éfeso y Esmirna. Hoy lo hago de Pérgamo.
Pérgamo era otra de las grandes ciudades del Asia Menor. Era una ciudad muy religiosa, con numerosos monumentos a dioses griegos y romanos, entre ellos el monumento a Zeus, el célebre dios griego que dio origen al Júpiter de los romanos.
Todo esto hacía muy difícil la vida de los cristianos en aquella ciudad.
A pesar del descontento que sentía hacia ellos, Cristo les envía un mensaje de esperanza: “Yo conozco tus obras y dónde moras, donde está el trono de Satanás” (Apocalipsis 2:13).
Aquellos cristianos vivían en una ciudad satanizada.
Nosotros vivimos en un mundo igualmente satanizado. El diablo está fuertemente entronizado en la sociedad de este principio de siglo XXI.
Las últimas estadísticas en torno a este tema dicen que en Estados Unidos existen 900 organizaciones, con unos 13.000 centros, locales o iglesias satánicas, dedicadas a la adoración del diablo.
En España se han contabilizado unas 30 organizaciones distintas que rinden culto al diablo.
La gran tragedia que se esconde en el fondo de estos ritos y representaciones grotescas es que el hombre de hoy, en el fondo, no cree en el diablo. No cree en el diablo porque tampoco cree mucho en Dios. De ahí esas parodias, burlas y juegos ocultos tomando por pretexto al diablo.
“El mal de nuestro mundo –escribe José María Souvirón en El Príncipe de este siglo -no reside solamente en que se haya dejado de creer en Dios, sino también, indirectamente, en que se ha dejado de creer en el demonio… Cuando el maligno hace su habitación en las criaturas –en el corazón o la inteligencia de los hombres-, necesita un hueco para estarse allí; pero con algo en torno: una oquedad hecha lógicamente en algo…Un interés excesivo por conocer el mal puede indicar una disposición para entregarse a él”.
El sábado 27 de mayo del año 2000 España amaneció estremecida de horror. Dos adolescentes de 17 y 16 años, Iria y Raquel, habían matado en San Fernando (Cádiz) a una compañera de Instituto: Clara García. Le asestaron 15 puñaladas.
Lo singular de este crimen es que fue cometido por dos adolescentes.
Todos los días leemos de adultos que matan y no se les da tanta publicidad.
Se dijo muy poco de las aficiones diabólicas de las chicas asesinas.
Entre el material que se halló en el domicilio de ambas figuraban libros sobre ocultismo, invocaciones escritas al diablo y muñecos de trapo para la práctica del vudú y de la magia negra.
Solían vestir de negro, tal vez como consecuencia de la negrura interior del alma, dominada por el diablo.
¿De dónde les vienen a los jóvenes estas aficiones a lo diabólico? De la propia televisión y de otros medios de comunicación.
Pocos días después, el 5 de junio, Antena 3 Televisión anunciaba que había contratado al actor Javier Elorriaga para una serie de programas dedicados al ocultismo, al vudú, a la magia negra y a todo ese mundo oscuro de lo diabólico.
Los adolescentes no tienen que inventarse nada. En televisión se les ofrecen clases gratuitas de diablismo.
En Apocalipsis 12:9 se nos habla de la caída del diablo: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero: fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él”.
Recuérdese que el diablo está en la tierra. En el cielo nada tiene que hacer. Allí está vencido. Y en la tierra está también la Iglesia.
El primer crimen que hubo en la tierra fue de un hermano contra otro. Y en este crimen intervino el diablo. Lo cuenta el apóstol Juan: “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano, justas” (1ª Juan 3:12).
Desde entonces los hermanos han estado matándose unos a otros en las iglesias. Se matan con la lengua, que según un proverbio árabe mata más vidas que la espada.
La historia dice que Nerón no se fiaba de los grandes que tenía en palacio y los vigilaba muy de cerca a través de su guardia especial.
Un día le preguntaron por qué le preocupaban tanto los que vivían con él en palacio, y no los habitantes de Roma.
-Ésos están controlados –respondió Nerón-. Los enemigos están aquí dentro.
El diablo sabe que a los de afuera los tiene controlados. Sus verdaderos enemigos son los de dentro, los que forman la Iglesia.
Pero la Iglesia tiene esperanza porque Cristo conoce su situación. Él nos dice: “Sé donde moras, donde está el trono de Satanás” (Apocalipsis 2:13).
Es decir, en un mundo dominado por el diablo.

*J.A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

Fuente: © J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2010)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Esmirna: esperanza ante la tribulación

Por. J.A. Monroy, España*
En los últimos tres viernes he dedicado otros tantos comentarios a tres de las siete cartas que el Cristo resucitado y ascendido a los cielos escribe a Iglesias del primer siglo: Filadelfia, Laodicea y Éfeso. Concluyo entrando ya en la última etapa del verano considerando el texto a la Iglesia en Esmirna.
Esmirna era otra ciudad importante a unos 50 kilómetros de Éfeso. Tenía un puerto marítimo de mucho movimiento. La tradición dice que en Esmirna nació el famoso poeta Homero.
La carta dirigida por Jesucristo a la iglesia en Esmirna es la más breve de las siete. Todo el sufrimiento de los cristianos del primer siglo quedó ejemplificado en los miembros de la Iglesia en Esmirna: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación” (Apocalipsis 2:10).
Juan estuvo exiliado en Patmos, una isla de diez kilómetros de ancho y dieciséis kilómetros de largo. Básicamente era una roca desierta e inmensa en medio del mar Egeo, ¡y a Juan lo habían dejado allí indefinidamente!
Juan, quien había sido un testigo ocular de la crucifixión, la resurrección y la ascensión de Jesús.
Juan, quien había estado presente aquel día de Pentecostés cuando descendió el Espíritu Santo.
Juan, quien había contribuido a establecer la iglesia primitiva, había sido un evangelista, había pastoreado iglesias e instruido a creyentes.
¡Juan estaba exiliado en Patmos! Incomunicado por completo y separado de sus amigos, totalmente aislado de su ministerio, imposibilitado para aprovechar oportunidades de servir, impedido de viajar y aislado de quienes pudieran orar con él, animarle o tan siquiera acompañarle en su condición de sufrimiento y soledad.
¿Cuál es tu Patmos? ¿Es un lecho de hospital? ¿Es un lugar de trabajo donde eres el único cristiano? ¿Es una casa con niños pequeños? ¿Es un hogar de ancianos? ¿Es una nueva ciudad o un nuevo trabajo? Ser despedido de un empleo o pasar por un divorcio o la muerte de un cónyuge puede colocar a un creyente en su Patmos personal. ¿De qué manera has sido aislado, exiliado y confinado a la soledad? Existen toda clase de Patmos diferentes, ¿no es así? Se requiere de mucha paciencia para vivir en el destierro de Patmos.
Aquel día del Señor Juan pasó tiempo con Jesús. Fue sumiso en el manejo de su tiempo y también en su espíritu. Dice: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor”.
Juan se encontraba en una disposición dulce de espíritu. Si estás sufriendo en soledad, ¿cómo se puede definir la condición de tu espíritu? Cuando estás apartado de tus amigos y del compañerismo cristiano, cuando estás privado de tus esperanzas y sueños y planes para el futuro, ¿sientes lástima de ti mismo? ¿Acaso te preguntas: “¿Por qué yo?”; o te quejas: “¿Por qué a nadie le parece importar lo que me pasa?”; o: ¿estás ofendido con Dios porque Él permitió que esto sucediera aunque tú le has servido fielmente?
¿Puedes imaginar lo que Juan (y nosotros) se habría perdido si hubiera mantenido una actitud analítica frente a su situación, sintiendo lástima por sí mismo y albergando resentimiento, amargura y sentimientos de ultraje? En lugar de eso, su espíritu fue dulce y su enfoque se mantuvo fijo en Cristo.
Juan se negó a estar obsesionado con sus problemas. ¿Cómo podemos saber eso? Gracias a que en todo el libro de Apocalipsis, el apóstol mencionó sus problemas tan solo en una ocasión: En el versículo noveno del primer capítulo. Es como si él se hubiera concentrado tanto en Cristo, que no le hubiese quedado tiempo para pensar en su sufrimiento y soledad. Si él había estado deprimido por sus problemas, es evidente que los olvidó por completo ante la luz de la visión de la gloria divina y optó por fijarse totalmente en Cristo.
En un congreso mundial de evangelización celebrado en Manila, Filipinas, se demostró con documentación que en 50 años, doce millones de cristianos habían sido asesinados por su fe en todo el mundo.
¿Qué significan tus problemas frente a doce millones de hermanos tuyos que han perdido la vida?
Hay esperanza para tus problemas y para tus sufrimientos personales?
Sí.
Cristo dice a la Iglesia en Esmirna y a ti: “Yo conozco.... tu tribulación” (Apocalipsis 2:9).

*J.A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

Fuente: © J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2010)

martes, 7 de septiembre de 2010

Carta a Éfeso y la maldad humana

Por. J.A. Monroy, España*
En los artículos anteriores he comentado los mensajes del Cristo celestial a las Iglesias en Filadelfia y Laodicea. Hoy trato de Éfeso, donde Cristo se refiere a la maldad que anida en el corazón del ser humano.
Éfeso era la capital de la provincia del Asia Menor. La iglesia fue fundada por San Pablo en el curso de su tercer viaje misionero.
Entre las palabras de Cristo a esta iglesia hay un mensaje de esperanza ante la maldad humana: “No puedes soportar a los malos” (Apocalipsis 2:2).
Yo comencé a predicar el Evangelio a tiempo completo hace muchos años. Los jóvenes predicadores de aquella generación y yo creíamos que íbamos a cambiar el mundo. Al menos el pequeño mundo que nosotros podíamos alcanzar.
Pero hoy día el mundo es peor que cuando yo empecé a querer cambiarlo.
Poco después de haber creado al ser humano, cuando sólo habían pasado unas diez generaciones antes del diluvio, encontramos estas estremecedoras palabras: “Y vio Dios que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
¡Resulta muy duro de creer!
Siglos después, el apóstol Pablo dijo en su epístola a los Romanos que aquel mundo estaba atestado de envidia, homicidios, contiendas, engaños y maldades (Romanos 1:29).
EI mundo en el que vivió Pablo tenía 200 millones de habitantes. Hoy somos 7.000 millones. A más población, más maldad. ¿Qué escribiría Pablo hoy? ¿Merece la pena seguir creyendo?
Cuando la vida parece muy difícil de sobrellevar ...
Cuando a la gente buena le suceden cosas malas ..
Cuando el mal triunfa sobre el bien ...
Cuando Satanás parece llevar la delantera ...
Cuando las fuerzas del mal actúan sin restricción ...
Cuando la muerte sigue aplicando su aguijón y el sepulcro parece tener la victoria ...
Cuando las estrellas caen del cielo ...
Cuando las montañas se hunden en el mar ...
Cuando los demonios invaden la tierra ...
Cuando la sangre de los inmolados se eleva hasta los frenos de los caballos ..
Cuando las peores pesadillas que se puedan concebir se convierten en realidad
Cuando te sientes calumniado y traicionado por tus propios hermanos en la fe.
La respuesta es sí.
Merece la pena seguir viviendo en la esperanza. Porque esa esperanza tiene un nombre: Jesús. “Es Cristo en vosotros la esperanza de gloria”, dice Pablo (Colosenses 1:27).

*J.A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

Fuente: © J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

lunes, 6 de septiembre de 2010

La mediocridad espiritual de Laodicea

Por. J.A. Monroy, España*
La semana pasada me referí a la carta que el Cristo resucitado y ascendido a su hogar espiritual dirigió a la Iglesia en Filadelfia. Allí había un mensaje de esperanza. En la que escribe a la Iglesia de Laodicea hay una reprensión por la mediocridad espiritual que vivían sus miembros.
Con la Iglesia en Laodicea Cristo se muestra muy severo.
Era una ciudad rica, muy industrial y un centro financiero.
Hablándoles de cosas que ellos conocían, Cristo les hace tres advertencias respecto a su comportamiento cristiano:
Ellos se creían ricos, porque vivían en una ciudad rica, y Cristo les dice que eran desventurados, miserables, pobres ciegos y desnudos. (Apocalipsis 3:17).
En Laodicea se producía una lana negra que era muy apreciada y costosa. Cristo les dice que en lugar de aquella lana que se procuren las vestiduras blancas de la santidad.
En Laodicea se producía un colirio especial que era exportado a todo el imperio. Cristo les sugiere que apliquen a su visión el colirio espiritual que les permita conocer su verdadera situación.
Refiriéndose al comportamiento cristiano de los miembros de la Iglesia, Jesús censura su mediocridad. No eran fríos ni calientes: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. (Apocalipsis 3:15,16)..
Este estado espiritual es el peor, porque en él no se sienten los remordimientos de conciencia.
Casi al final de la carta a esta Iglesia encontramos unas palabras terribles: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
¿Cómo es posible que Cristo tenga que llamar a las puertas de una Iglesia para que le dejen entrar?
¿Cómo es posible que una Iglesia deje a Cristo fuera de sus puertas?
¿Cómo es posible que una Iglesia rehuya tener comunión con Cristo mediante el simbolismo de la cena?
¿Qué culpa tienen los miembros que permiten una Iglesia en estas condiciones?
Todo esto puede llevarnos a pensar que para los cristianos de Laodicea no había esperanzas. Pero no es así.
Con una voz que debió vibrar de emoción, Cristo les dice: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” (Apocalipsis 3:19).
Cristo quiere que nuestro comportamiento espiritual sea lo mejor posible. Con todo, El nunca deja de amarnos. Y en su amor está nuestra esperanza.

*J.A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

Fuente: © J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

domingo, 5 de septiembre de 2010

LA LIBERTAD, VOCACIÓN CRISTIANA AUTÉNTICA

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*

Para mí, ustedes los israelitas no son diferentes a otros pueblos: a ustedes los saqué de Egipto, a los filisteos los saqué de Creta, y a los arameos los saqué de Quir. Amós 9.7, Traducción en Lenguaje Actual

1. El esfuerzo divino por instalar la libertad en el mundo
Las primeras protagonistas de la gesta de liberación del pueblo hebreo por parte de Dios (el futuro YHVH) en el libro del Éxodo fueron las parteras Sifra y Fúa, y como tales están reconocidas en el inicio mismo del libro que lleva ese nombre (Éx 1.17-21). A ellas les sucederán Jocabed, la propia madre de Moisés, su hermana Miriam, la hermana del Faraón y Séfora, esposa de Moisés:
El episodio de la infancia de Moisés, colocado como introducción a las narrativas del Éxodo, es un relato de mujeres que se burlan del poder opresor del faraón: las parteras, la madre de Moisés, la hermana de Moisés, la criada del faraón y hasta la propia hija del faraón frustran el proyecto imperial del genocidio (que había menospreciado a las mujeres) y salvan al niño Moisés, símbolo del nuevo pueblo que ha de nacer. Séfora, esposa de Moisés, también le salva la vida, efectuando el rito de la circuncisión. María, su hermana, es una reconocida líder del pueblo, hasta una rival para la autoridad que ejerce Moisés.[1]
A la orden del Faraón de practicar el genocidio (definido como la aplicación sistemática de medidas encaminadas a la destrucción de un grupo étnico) para exterminar a los futuros luchadores varones por la libertad, respondieron con una acción a favor de la vida: desobedecieron las órdenes criminales del gobernante y “temieron a Dios” (v. 17) y así preparar el camino para el nacimiento del líder futuro. Esta solidaridad vital, guiada por una fe que el texto destaca muy bien, posibilitó la sobrevivencia de muchos niños, pero lamentablemente no detuvo la masacre de muchos más, como expone el final de la introducción de la historia (Éx 1.22). Pero el ejemplo de Sifra y Fúa, en el pórtico de la historia liberadora es una muestra de la forma en que la resistencia guiada por Dios pondría en marcha el proyecto de liberación del pueblo oprimido. La libertad promovida por YHVH en el Éxodo, no fue un hecho aislado, pues como bien recuerda Amós, él mismo estuvo tras de otros esfuerzos liberadores en el mundo antiguo, los cuales son comparables en su capacidad de producir permanentemente nuevas lecturas que obligan a encontrar los rastros de la intervención divina para movilizar las fuerzas humanas en camino hacia la libertad.
El contexto de Éxodo 1 es peculiar porque expone la forma en que Egipto se transformó, con el paso del tiempo para los refugiados hebreos, de espacio de sobrevivencia en lugar de opresión al grado de volverse paradigmático debido a las coyunturas sociopolíticas que obligaron a la monarquía egipcia a redoblar la opresión sobre ellos, exigiéndoles cargas de producción esclavista que superaban sus fuerzas (1.13-14). Así conecta Tania Mara Vieira Sampaio la situación con la acción de las comadronas hebreas:
El control del cuerpo de los hombres, al aumentar la dureza de los trabajos para contener las fuerzas de lucha contra el sistema e inhibir el propio crecimiento del pueblo, no es suficiente. El control sobre el cuerpo y la producción va a alcanzar a otros grupos sociales. El cuerpo de las mujeres es el próximo blanco. Sólo que a éste no se le determina una acción directa. Se trata de contener la vida de los niños por medio de aliadas. El Faraón busca parteras para ejecutar su proyecto de decidir sobre el cuerpo de las mujeres y su procreación. De nuevo la casa responde con su reacción. Las mujeres hacen su alianza. Suman fuerzas y tienen sus conversaciones acerca de la llegada a la vida de los niños. Una conversación que toma por sorpresa al Faraón. Él no contaba con esas mujeres y sus conversaciones sobre la fuerza de otras mujeres, con sus temores de Dios que son mayores que el temor a un rey que se piensa dios...
Aquí otra fuga es afirmada. Las parteras tienen una tarea importante en esta sociedad en la que los hijos son bendición para unos y amenaza para otros. Son tiempos en que la mortalidad y la pestilencia amenazan la sobrevivencia de las casas, que necesitan cantidades mínimas de personas para dar cuenta de un plantío de auto-manutención. En este contexto, las parteras marcan su presencia huyendo de las órdenes del Faraón. Fugas/salida/éxodos son ensayados en movimientos de la corporalidad que mezcla aspectos de fuerza, de amargura, de cansancio, de vigor, de vitalidad, de sagacidad.[2]

La resistencia se construye desde abajo, desde las alianzas surgidas en la cotidianidad donde estas mujeres se mueven. Los hilos de la vida y las formas que busca para mantenerse, así sea subterráneamente, van a salir a la luz intensamente.
Hombres, mujeres (parteras o embarazadas), niños (nacidos y escondidos), anuncian un modo de decir que la resistencia a los sistemas no es apenas hacer guerra de armas contra armas. Es tejer en la cotidianidad pequeños retablos que dan la identidad de un pueblo/grupo luchador que desea el cambio y lo construye desde sus pequeñas relaciones, a partir de sus alianzas y asociaciones. […]
La fuga de las órdenes del rey iniciada por las parteras, tiene su secuencia en la acción de otras mujeres, inclusive la propia hija del Faraón. (Idem.)
2. YHVH irrumpirá en la historia como liberador
La irrupción de YHVH en la historia, al posibilitar estos procesos microscópicos de toma de conciencia en camino hacia la liberación integral de las personas es una de las grandes realidades que enseñan las Escrituras antiguas. Los avatares específicos de cada pueblo son vistos como una cadena de situaciones cuyos procesos se desarrollan según se fortalezcan o no las transformaciones de las mentalidades. En el caso del Éxodo bíblico, su peso específico es de tales dimensiones que moldeó el espíritu libertario del pueblo y lo marcó para siempre con la idea de que podría surgir una forma de “comunidad alternativa”. De ahí que el relato de los sucesos liberadores alcanzó, en sus diferentes etapas, la estatura de modelo para otros acontecimientos en los que nunca quedó en duda el interés divino por despertar las ansias libertarias. La llamada “imaginación profética” presente en la conciencia del pueblo fue capaz de desarrollar utopías y aterrizarlas en la realidad a pesar de la enorme oposición que recibieron. Walter Brueggemann se refiere a esto como sigue:
Las pretensiones míticas del imperio llegan a su fin con la eclosión de la religión alternativa de la libertad de Dios. En lugar de los dioses de Egipto, creación de la conciencia imperial, Moisés desvela a Yahvé, el único soberano que actúa con libertad soberana, que no es extrapolado a partir de realidad social alguna y que no está cautivo de ninguna percepción social […]
Al mismo tiempo, Moisés desmantela la política de opresión y explotación a base de oponerle una política de justicia y compasión. La realidad que brota del éxodo no es tan sólo una nueva religión o una nueva idea religiosa o una visión de la libertad, sino el nacimiento de una nueva comunidad social en la historia, una comunidad que posee una encarnación histórica que tiene que inventar leyes, pautas de gobierno y de orden, normas acerca del bien y del mal y criterios sancionadores de responsabilidad.[3]

En otras palabras, la liberación de los hebreos consistió en un proceso que los llevaría “de la servidumbre al servicio” (G. Auzou), a una nueva forma de convivencia basada en el respeto por la vida y en la disposición a poner por obra la libertad de Dios en el mundo. Si trasladamos estas ideas y prácticas a nuestra situación, encontraremos que los procesos emancipadores que han llegado hasta nosotros incorporan algunos de estos elementos, pero otros quedan oscurecidos por la forma en que los intereses de minorías se imponen sobre las necesidades de los sectores más amplios, pero aun así, la vocación por la libertad sigue intacta. En las celebraciones del bicentenario de la independencia de México podrían resaltarse también los valores bíblicos ligados a la actuación liberadora de Dios en la historia, no sólo en la búsqueda de los paralelismos históricos, que los hay, sino también en la exigencia de que los acontecimientos puedan interpretarse a la luz de una sana visión de las motivaciones y los discursos. Sólo así será posible superar los esquemas impuestos por mucho tiempo de perspectivas acumuladas que únicamente conducen a la falta de crítica histórica e ideológica. Después de todo, la imagen del Dios que brota de las Escrituras no puede ser falseada permanentemente ni ponerse siempre al servicio de proyectos desmovilizadores.

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[1] Alicia Winters, “La mujer en el Israel premonárquico”, en RIBLA, núm. 23, www.claiweb.org/ribla/ribla15/la%20mujer%20en%20el%20israel%20premonarquico.html Cf. “Astucia y complicidad: mujeres que participan de la acción liberadora de Dios”, en Biblia Isha. La mujer según la Biblia. Miami, SBU; 2008, p. 83.
[2] T.M. Vieira Sampaio, “Un éxodo entre muchos otros éxodos La belleza de lo transitorio oscurecida por el discurso de lo permanente Una lectura de Éxodo 1-15”, en RIBLA, núm. 23, www.claiweb.org/ribla/ribla23/un%20exodo%20entre%20muchos%20exodos.html
[3] W. Brueggemann, La imaginación profética. Santander, Sal Terrae, 1986 (Presencia teológica, 28), pp. 16-17.

Fuente: Leopoldo Cervantes-Ortiz, Teólogo, poeta y escritor mexicano.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Mensaje a las siete iglesias del Apocalipsis: Filadelfia: mensaje de esperanza

Por. J.A. Monroy, España*
En la carta que el Cristo celestial dirige a la Iglesia de Filadelfia veo yo un mensaje de esperanza para todos los cristianos.
En Filadelfia, situada a 45 kilómetros de Sardis, había una pequeña congregación. Sus miembros eran de condición humilde y creían que ellos podían hacer muy poco por la causa de Cristo.
Es la única de las siete Iglesias a la que Jesús no amonesta.
En cambio, le transmite un mensaje de aliento y le dice: “He puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar” (Apocalipsis 3:7).
Lo que Cristo pretende con la carta a esta Iglesia es decirnos a todos los cristianos que no estamos solos. Que aunque nos desanimemos ante el pequeño número que somos en la sociedad, la vida cristiana vale la pena.
¿Has querido alguna vez preguntarle a Moisés: “¿Valió la pena renunciar a los placeres de Egipto para conducir a más de un millón de antiguos esclavos por el desierto durante cuarenta años, y al final ni siquiera haber entrado tú mismo a la tierra prometida?”.
¿Has querido alguna vez preguntarle a Jeremías: “¿Valió la pena predicar durante más de sesenta años sin haber escuchado una sola respuesta positiva a tu mensaje?”
¿Has querido alguna vez preguntarle a Daniel: “¿Valió la pena orar tres veces al día y terminar encerrado en el foso de los leones?”
¿Has querido alguna vez preguntarle a Isaías: “Valió la pena ofrecerse voluntariamente para el servicio al Señor cuando dijiste: “Heme aquí, envíame a mí”, teniendo en cuenta que como resultado de ese servicio habías de morir aserrado”?
¿Has querido alguna vez preguntarle a Juan el Bautista: “¿Valió la pena decir la verdad en la cara de Herodes y perder la cabeza por ello?”
¿Has querido alguna vez preguntarle a María: “¿Valió la pena decir: “Hágase conmigo conforme a tu palabra”, cuando el resultado de esa sumisión fue un Hijo a quien crucificaron en una cruz romana?”
¿Has querido alguna vez preguntarle a Pedro: “¿Valió la pena abrir la puerta para que el evangelio fuese predicado a los gentiles, tan solo para morir crucificado boca abajo”?
¿Has querido alguna vez preguntarle a Juan: “¿Valió la pena predicar el evangelio y plantar iglesias por todo el mundo conocido, y al final terminar exiliado en Patmos?”
¿Alguna vez has querido preguntarte a ti mismo o a ti misma: “¿Vale la pena vivir mi vida de fe en Dios cuando nadie más lo está haciendo? ¿De qué me sirve?”
Cristo responde que sí, que vale la pena. Y el suyo es un mensaje de esperanza. “He puesto delante de ti una puerta abierta la cual nadie puede cerrar”.
Continuará mañana....

*J.A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

Fuente: © J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

viernes, 3 de septiembre de 2010

La democracia no es garantía ética

Por. César Vidal, España*
Eutanasia
Señalaba en la última entrega que la legalización de la eutanasia en Holanda no sólo no se tradujo en un respeto estricto de la ley sino que, meramente, sirvió para que médicos y enfermeras causaran la muerte a los pacientes en la mayoría de los casos sin pedirles autorización ni a ellos ni a sus familiares. En buena lógica, se habría esperado que la situación experimentara un cambio evitando esas conductas y garantizando la vida de los pacientes.
Esperarse, se esperó, pero el resultado fue diametralmente opuesto.
En 1996, el gobierno holandés recibió un segundo informe científico sobre la práctica de la eutanasia. De manera inquietante, los pacientes que habían solicitado que se les practicara la eutanasia habían aumentado de un 15 a casi un 20% de la tasa total de mortalidad en la nación. El informe señalaba además que los casos de eutanasia habían experimentado un aumento de casi un 30% en tan sólo cinco años.
Una vez más, se habría esperado una reacción del gobierno para controlar lo que ya era una verdadera industria de la muerte. Pues bien, esa espera resultó vana.
A pesar de los datos, en 1998 se presentó un nuevo proyecto de ley de eutanasia en el parlamento holandés que la hacía extensiva a los niños a partir de los 12 años. En otras palabras, frente al aumento del mal la reacción del gobierno holandés no fue intentar frenarlo, sino abrirle aún más las compuertas para que se extendiera con más facilidad. Da escalofríos pensar lo que significaría un gobierno que actuara así en temas como el asesinato, la violación o el terrorismo.
El tema de la eutanasia ya resulta considerablemente inquietante en términos generales, pero adquiere características alarmantes cuando tenemos en cuenta que en nuestra nación ya se han dado varias pasos –de dudosa legalidad– para legalizarla.
Permítaseme que de algunas pinceladas para mostrar la veracidad de lo que digo.
El 10 de mayo de 2006, el parlamento español aprobó el nuevo estatuto de autonomía de Cataluña que fue a su vez sometido a referéndum el 18 de junio del mismo año.
El texto incluía –de manera dudosamente legal al rebasar las competencias que la constitución otorga a las Comunidades autónomas- la vía abierta para la legalización de la eutanasia afirmando que “todas las personas tienen derecho a vivir con dignidad el proceso de su muerte”.
El hecho resulta de especial gravedad porque, teóricamente, una de las fuerzas de mayor relevancia en el parlamento catalán, la Unión de Convergencia y Unión, es demócrata-cristiana, pero no se opuso al estatuto a pesar de que contenía ésta y otras cuestiones de enorme envergadura moral. Al parecer, el nacionalismo, en ese caso concreto, superó el peso del cristianismo en los corazones y las acciones de los diputados.
Naturalmente, ese paso – con toda la gravedad que implica – queda en la actualidad limitado a Cataluña.
Sin embargo, desde entonces, el actual gobierno nacional ha dado repetidas muestras de que va a proceder a legalizarla. Así, el 9 de septiembre de 2007, el actual ministro de sanidad, Bernat Soria afirmaba que “la eutanasia es una asignatura pendiente en la sociedad española” y el 17 de septiembre, el ministro de justicia, Mariano Fernández Bermejo anunciaba que “la sociedad española ya está madura para la eutanasia”.
La pregunta que hay que plantearse en ese caso es lo que va a hacer el pueblo de Dios frente a esa posibilidad, pero a ello me referiré en otra entrega.

Continuará

*César Vidal es escritor, historiador y teólogo: www.cesarvidal.com

Fuente: © C. Vidal, ProtestanteDigital.com