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domingo, 9 de noviembre de 2014

Sola Scriptura en el s. XXI



Por. Juan Stam, Costa Rica
La Reforma colocó la Palabra de Dios, en sus varias modalidades, como la máxima autoridad normativa.
Hoy más que nunca la iglesia tiene que redescubrir su historia. Una iglesia sin historia es una iglesia sin identidad, sin claridad ni criterios, y se cae fácilmente en el caos. Esa es la condición de gran parte del protestantismo latinoamericano hoy. [1] Por eso felicito a la iglesia que tiene por costumbre anual recordar, con gratitud a Dios, a nuestros abuelos espirituales, los Reformadores.
Es importante recordar que la Reforma del siglo XVI fue multifacética. Además de la Reforma luterana y la Reforma calvinista, fue muy importante la Reforma Radical anabautista, y hubo hasta una reforma católica, representada especialmente por el Concilio de Trento y la orden jesuita.
La ubicación social de cada uno de estos movimientos fue distinto: Lutero se identificó con los príncipes alemanes y el incipiente nacionalismo; Calvino estaba más cerca de las ciudades suizas y una proto-burguesía, mientras los anabautistas se identificaban más con las clases pobres y el naciente proletariado. Pero todos miraban hacia el futuro, que vendría a llamarse "modernidad", mientras que el Vaticano miraba más al pasado y se aliaba con el Sacro Imperio Romano y muchos aspectos del mundo medieval.
Es significativa la repetición de la palabra "naciente". Los Reformdores eran los parteros del mundo moderno que nacía. Dos siglos después el movimiento wesleyano aportó nuevas dimensiones muy importantes al protestantismo. Vamos a conversar en torno a las consignas con que se suele resumir la teología de los Reformadores, pero es importante recordar que su pensamiento era mucho más amplio y profundo que esas consignas.
En Lutero, por ejemplo, encontramos un cierto anticipo del existencialismo, en el papel de la experiencia personal en su teología y en su rechazo de toda sistematización; él era "un teólogo irregular".
En Calvino es profunda la admiración por la gloria y santidad de Dios, tanto que se le ha llamado "un hombre ebrio de Dios".
En los anabautistas se juntaban (y se juntan) la pasión por la justicia con el pacifismo. Pero en esta serie, nos vamos a concentrar en las consignas que mejor resumen los denominadores comunes de la Reforma: Sola scriptura; Sola gratia; Sola fide; La libertad cristiana; Sacerdocio universal del creyente; Ecclesia reformata semper reformanda; y Soli deo gloria.
SOLA SCRIPTURA
 Son famosas las palabras de Lutero en Worms (1521): "Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por las escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude, Amén".
En esta histórica declaración de Lutero, queda claro que la "sola scriptura" no significa que conocemos la verdad sólo por la Biblia o que todo lo demás no importa. ¿Quién podría entender el éxodo sin saber algo de Egipto, o el exilio de los judíos sin saber algo de Asiria y Babilonia? Un famoso fundamentalista, R.A. Torrey, dijo sabiamente, "Quien conoce sólo la Biblia, no conoce la Biblia". Por eso, Lutero apela a las escrituras pero también a "razones claras" y a la conciencia. Después una correlación similar iba a ampliarse en "el cuadrilátero wesleyano" (escritura, tradición, razón, experiencia).
 La Reforma colocó la Palabra de Dios, en sus varias modalidades, como la máxima autoridad normativa, encima de papas y concilios. Eso implicó a su vez la interpretación seria y crítica de las escrituras, desde los textos originales, transformando conceptos como jaris (gracia), pistis (fe) y metanoia (arrepentimiento). Impulsó también la predicación expositiva, aclarando y aplicando los textos sagrados, acompañada por la predicación del año lectivo, firmemente anclada en la historia de la salvación.
Hoy día amplios sectores de las iglesias evangélicas latinoamericanas han perdido el sentido histórico y predican un mensaje divorciado del pasado, aún del mismo contexto bíblico. ¡Qué increíble que ni las iglesias pentecostales celebran el día de Pentecostés![2] Son escasas tanto la predicación expositiva como la del ciclo litúrgico. Muchos sermones no son más que opinionismo, especulación, "performance" y puro "show", manipulación del texto y del público.[3] Hay también predicadores fieles, a Dios gracias, pero pareciera que son la excepción.
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[1] Adaptación de la charla en la iglesia metodista el Redentor, San José, Costa Rica, 31 de octubre de 2011. El tema asignado fue "¿Qué necesita reformar la iglesia hoy?". En la presentación oral enfaticé también lo positivo de lo que Dios está haciendo en la iglesia hoy.
[2] Ver "El Pentecostés tiene fecha" en juanstam.com, 6 de mayo 2008.
[3] Ver "Mecanismos de manipulación en las iglesias". juanstam.com, 12 de agosto 2010
Juan Stam
Fuente: Protestantedigital, 2014. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Qué significa ‘unción’?



El único texto del Nuevo Testamento que habla de "unción" afirma dos veces que la unción del Espíritu Santo pertenece a todos los creyentes, sin excepción.
Por. Juan Stam
Una frase muy popular en ciertos círculos es "la unción" o más frecuentemente, "una unción", seguida por adjetivos superlativos como "muy especial", "muy poderosa", etc. "Dios derramó una unción de lo alto" se oye a menudo, o aón por anticipado, "habrá una unción divina muy especial", "una unción muy especial está cayendo del cielo" o "Fulano es un predicador muy ungido".
Es impresionante como en cada maratónica de Enlace se oye la misma frase: "se siente una tremenda unción aquí, es un poderoso mover del Espíritu " o "hay una tremenda atmósfera de milagros aquí" (¿qué sería una maratónica sin este "tremendismo" retórico?). ¿Creerán esos hermanos y hermanas que se puede programar al Espíritu Santo? ¿O será que sin darse cuenta ellos mismos están manufacturando artificialmente esos sentimientos, que no serían entonces exactamente "de lo alto"? Parecen haber olvidado que "el Espíritu sopla donde él quiere", no como nosotros le programamos y lo manejamos.
¡Qué refrescante sería escuchar alguna vez una confesión sincera, "Hoy el ambiente no sentimos ninguna unción, vamos a suspender la maratónica para este mes". Por lo menos sería lindo no tener escuchar esas pretenciosas frases rimbombantes de siempre. Por supuesto, eso es impensable, pero ese silencio, aunque una sola vez, sería una buena señal de autenticidad.
La Real Academia capta bien el uso popular de estas palabras:"3. Gracia y comunicación especial del Espíritu Santo, que excita y mueve al alma a la virtud y perfección; 4. Devoción, recogimiento y perfección con que el ánimo se entrega a la exposición de una idea, a la realización de una obra, etc."; Untuosidad [santurronería]. Un diccionario inglés define su uso religioso como "3a: fervor religioso o espiritual; 3b: una intensa seriedad exagerada, asumida o superficial, en lenguaje o conducta" (Meriam Webster). Eso corresponde de cerca al uso del término hoy, pero no corresponde para nada a su sentido bíblico. Veamos como la Biblia emplea estos términos, comenzando con el Antiguo Testamento:
ANTIGUO TESTAMENTO
En el hebreo el verbo "ungir" significaba "echar un líquido (especialmente aceite) sobre una persona u objeto, o untarlo con dicho líquido". Se usaba para pintar una casa (Jer 22.14; cf. Ezq 23.14) o perfumar el cuerpo (2Sm 12:20; Ezq 16.9; Am 6:6; Sal 92:10; cf. Mt 6:17). En ese uso, expresa alegría y bienestar (Sal 23:5; 92:10). Pero se uso más típico era para el ungimiento de un nuevo rey, equivalente funcional de la coronación. La típica construcción gramatical en hebreo, con LeMeLeK ("a ser rey"), con el sentido "ungir como rey" (al puesto de rey) muestra que se refiere a un cambio de status de la persona (Botterweck Tomo IX p.45), no a alguna experiencia religiosa especial. El Antiguo Testamento narra el ungimiento de nueve reyes, dos de ellos paganos (Azael de Damasco y Ciro de Persia). Relata también la unción de los sacerdotes y algunos profetas, que los "santifica" a ellos (los separa para el servicio de Dios), como también al "evangelista" escatológico de Isaías 61. A veces es Dios mismo quien los unge (1Sm 10:1).
NUEVO TESTAMENTO
El Nuevo Testamento afirma que Dios ungió a Jesús (Lc 4:18; Hch 4:27; 10:38; Heb 1:9) pero a ningún otro individuo particular. Más bien, San Pablo afirma que Dios nos ha ungido a todos: "Dios nos ungió, nos selló como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestro corazón, como garantía [arras] de sus promesas" (2Co 1:21). ¡La unción del Espíritu, igual que el sello y las arras, son de todo creyente desde el momento en que cree (Ef 1:13-14; 4:30; 2Co 5:5; cf. el bautismo por el Espíritu, 1Co 12:13). Estos dones del Espíritu son aspectos propios de la misma salvación. El N.T. nunca nos exhorta a buscar la unción, ni habla de que alguien lo perdiera, ni que disminuyera y aumentara. Dios nos unge con el don de su Espíritu que mora en todos nosotros desde nuestro nacimiento como hijos e hijas de Dios.
El sustantivo "unción" (jrisma) aparece sólo tres veces en el Nuevo Testamento, en las sorprendentes palabras de 1Jn 2:20,27: Todos ustedes, en cambio, han recibido unción del Santo, de manera que conocen la verdad. No les escribo porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira procede de la verdad... En cuanto a ustedes, la unción que de él recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esta unción es auténtica -no es falsa- y les enseña todas las cosas.
Este texto -el único en el N.T. que habla de "unción"- afirma dos veces que la unción del Santo pertenece a todos los creyentes, sin excepción. De esa manera la enseñanza paulina sobre el tema se reafirma con aun mayor énfasis en una epístola juanina.
En segundo lugar, la unción tiene que ver con conocimiento y sana doctrina; no tiene nada que ver con miradas piadosas, gritos y susurros, historietas sacalágrimas, música de trasfondo a veces dulce, a veces estridente; en fin, unción y emocionalismo no tienen nada en común.
En tercer lugar, como conclusión: los fieles cristianos y cristianas no necesitan maestros, pues no tienen nada que aprender de las vanas especulaciones de los presuntos "sabios" que inventan novedades en vez de escudriñar fielmente la Palabra, de la mano del pueblo de Dios, que son todos "carismáticos", portadores del Espíritu. (Este último punto significa que los pastores y maestros no deben ser autoritarios ni reprimir la sana criticidad en el pueblo).
Es obvio que nuestro uso del término "unción" dista mucho del sentido bíblico. Pero no quiero que se malinterprete este argumento. Mi crítica del abuso de una palabra, y de todo intento de poner fuego artificial en el altar de Yahvéh, no significa que no necesitemos "un mover del Señor" y que Dios no quiera derramar su Espíritu sobre su pueblo. Pero eso tiene que ser un mover de Dios en su libertad divina, no un esfuerzo nuestro de "mover" a Dios. Ni debe ser esa malentendida "unción" la meta de nuestra labor, ni aún el enfoque de nuestra atención. No son lo mismo emoción y emocionalismo, pero fácilmente nos confundimos y se nos olvida esa diferencia.
Termino con un homenaje póstumo a un predicador del evangelio, que ya partió con el Señor, con quien no siempre estuve de acuerdo pero a quién admiré y quien me edificó con su ministerio. Me refiero al hermano David Wilkerson. Era uno de los predicadores más emocionales de nuestro tiempo, pero su emoción era genuina y profunda, un dejarse mover por el Espíritu de Dios hasta las fibras más sensibles de su ser. Sus mensajes tenían sólido contenido bíblico. Era emocional pero no emocionalista. Era capaz de llorar largos minutos de sollozo ante el Señor en medio sermón, pero nunca capaz, creo yo, de simular emociones que no nacían al pie del trono divino, en la presencia del Señor de señores. Y jamás hubiera pretendido ser un "ungido"; más bien decía que él no era "profeta", pero eso sí, tenía una profunda palabra profética para el pueblo de Dios.
¡Gracias buen Dios por nuestro hermano, tu siervo, David Wilkerson!
*Juan Stam
Fuente: Protestantedigital, 2014.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Entrevista exclusiva con Lutero



Por. Will Graham
Esta semana nos encontramos en Alemania donde un joven predicador y teólogo agustiniano está causando un revuelo en su comunidad local. Se trata del doctor Martín Lutero (33) profesor de Teología bíblica en la Universidad de Wittenberg. El nombre de Lutero ha estado en la boca de miles de alemanes desde que anunció que se opondrá públicamente a la venta de indulgencias este próximo 31 de octubre de 1517. Por esta misma razón, hemos viajado hasta aquí con el fin de hacerle una entrevista exclusiva para Protestante digital.
Will Graham (WG): Gracias por recibirnos con tanto cariño, doctor Lutero.
Martín Lutero (ML): Por favor, Martín. Somos hermanos en Cristo.
WG: Bueno, Martín, nuestros lectores en España están ansiosos por saber qué es lo que exactamente va a pasar día 31. ¿Qué tienes en mente?
ML: Todo se revelará, Will. Prefiero no hablar sobre mis planes todavía.
WG: ¿Pero nos puedes confirmar si te sigues oponiendo a la venta de indulgencias? ML: Sí, en efecto, es así. Estoy cien por cien en contra de las indulgencias.
WG: ¿Por qué?
ML: ¿Por dónde empiezo? La indulgencia es una blasfemia abominable, hija de falsa doctrina. ¡Como si el perdón y el favor de Dios se pudiesen comprar! ¿Qué no venderán por amor al dinero? Dijo el apóstol: “Tu dinero perezca contigo porque has pensado comprar el don de Dios con dinero”. ¿Por qué el Papa no prefiere construir esa catedral de san Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres cristianos? La verdad es que estoy muy desilusionado con una gran parte de mi Iglesia. Percibo que se están distanciando cada vez más de la sencillez del relato del Evangelio. Me pregunto todos los días: ¿dónde están los cristianos verdaderos?
WG: ¿Cómo definirías tú un ‘cristiano verdadero’?
ML: Un cristiano significa tener el Evangelio y creer en Cristo. Esta fe –y nada más que la fe- trae el perdón de los pecados y la gracia de Dios. ¡Nada, pues, de indulgencias! La fe viene sólo del Espíritu Santo que la crea sin nuestra intervención y colaboración. Es la obra propia de Dios. Esta fe tolera solamente que el Espíritu Santo la moldee y la forme como el alfarero hace una vasija de barro o arcilla. Semejante cristiano verdadero cree en Cristo y confiesa que sólo por Él alcanzamos el perdón de los pecados, la vida eterna y la bienaventuranza por mera gracia y misericordia, sin ningún mérito o dignidad o indulgencia por nuestra parte.
WG: Si entiendo bien tu argumento, estás diciendo que las indulgencias usurpan el lugar que corresponde al Espíritu Santo en el Evangelio, ¿es así?, ¿o me equivoco?
ML: Exacto. Es tan necesario apartar la vista de los becerros de oro contemporáneos y mirar directamente al hombre llamado Cristo. Sólo podemos hacer esto en el poder del Espíritu. Por Jesús tenemos consuelo contra la muerte y el pecado. ¡No por las indulgencias! Nuestro amado Salvador sufrió la muerte por nosotros y obtuvo la victoria para nuestra paz y protección y se sienta a la diestra de su Padre divino para defendernos. Cristo es todo suficiente. No hace falta manipulación humana. Mi mensaje es: ¡sólo Cristo!, ¡sólo fe en Él!
WG: Algunos te han criticado precisamente por esa misma razón. Dicen que por hacer tanto énfasis en la fe que te has olvidado de la razón. ¿Te parece una crítica apropiada, correcta?
ML: No. De ninguna forma. Tales personas no han entendido mi teología. Déjame explicarte la relación entre la fe y la razón a la luz de las Escrituras. Antes de que un hombre nazca de nuevo, la razón frente a la fe y al conocimiento de Dios es mera oscuridad. No sabe ni entiende nada de cosas divinas. Sin embargo, un creyente renacido e iluminado por el Espíritu Santo es un excelente instrumento de Dios. Todos los dones de Dios e instrumentos y habilidades son perjudiciales en los impíos. En cambio, en los piadosos son saludables. Entonces la razón favorece la fe. Sirve a la fe cuando antes la impedía. La razón iluminada por la fe recibe vida de ella, puesto que ha muerto y resucitado. A la luz del día, cuando hay claridad, nuestro cuerpo se levanta mejor, más seguro y más hábil y se mueve, anda y obra mejor que en la noche, en la oscuridad. Así también nuestra razón tiene otro modo de ser. Ya no lucha ni lidia contra la fe como anteriormente, cuando no estaba iluminado, sino ayuda más bien a la fe y la sirve.
WG: Gracias por esta explicación tan espléndida. Así que no es pecado pensar. ¡Aleluya! ¿Y podrías aclararnos la relación entre la fe y las obras también?
ML: Con mucho gusto. Por la fe recibimos un nuevo corazón puro. Las buenas obras son una consecuencia de nuestra regeneración y del perdón de los pecados. Y lo que de pecado o defecto en las obras haya, no será contado como tal, precisamente por amor de Cristo; antes al contrario, tanto la persona como las obras del hombre serán consideradas justas y santas por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo, gracia y misericordia que han sido abundantemente derramadas sobre nosotros. De aquí se desprende la imposibilidad de poder preciarnos de nuestras obras y sus méritos, a no ser que Dios las considere bajo su gracia y misericordia; como está escrito: “El que se gloría, gloríese en el Señor”.
WG: Es decir, ¿la fe siempre produce buenas obras?
ML: Efectivamente.
WG: ¿Y por qué piensas que tantas personas procuran ser salvas por sus obras?
ML: Porque eso es lo que sucede cuando hay duda. No confían en el Evangelio de Dios. Las personas que andan así son como un siervo, harto desesperado que muchas veces se vuelve loco. Quién no está de acuerdo con el Evangelio en su corazón, empieza a buscar y a preocuparse cómo poder satisfacer a Dios y conmoverle con muchas obras. Peregrina a Santiago, a Roma, a Jerusalén, para acá y para allá; reza las oraciones; esto y aquello; ayuna en ese día y en aquél. No obstante, no halla tranquilidad, y realiza todo eso con gran pesadumbre, desesperación y aflicción del corazón. De todos modos, ésas no son buenas obras. Todas ellas son vanas. No glorifican al Dios del Evangelio porque surgen de la duda y no de la fe.
WG: Y, si me permites hacerte una pregunta personal, ¿por qué obedeces tú a Dios? ML: Pues, le obedezco porque tengo fe. Ahora todo lo hago con el corazón alegre, apacible y seguro. Me siento libre. Es para mí un placer el agradar a Dios de esta manera y sirvo a Dios sinceramente y sin interés alguno. Me basta con que a Dios le agrade. Podemos verlo en un común ejemplo humano. Cuando un hombre o una mujer confían en el amor y la complacencia del otro y confían firmemente, ¿quién les enseña cómo comportarse, qué se debe hacer, dejar de hacer, callar o pensar? La sola confianza les enseña todo esto y más de lo que hace falta.
WG: Preciosa analogía. Tenemos que ir terminando, hermano, porque sabemos que eres un hombre muy ocupado y tienes que dar clase esta tarde. Un par de preguntas finales. La primera sería si estás preocupado por las consecuencias que conllevarían tu oposición pública hacia las indulgencias.
ML: ¿Preocupado? Estoy más preocupado por ofender a mi Dios. Mi conciencia está ligada a su Palabra. Sé que el Señor me protegerá porque estoy defendiendo su causa, su verdad. Ahora bien, si alguien me convence de la falsedad, estaré pronto y dispuesto a retractarme de todo error. Seré el primero en denunciar mi doctrina. Así que salvo el caso de que me venzan y me refuten con testimonios de las Sagradas Escrituras o con argumentos públicos, claros y evidentes, no cambiaré mi postura tocante a las indulgencias.
WG: Finalmente, hermano Martín, ¿hay algo que te gustaría decir a los creyentes de España?
ML: Pues, qué estén firmes en la fe, entendiendo que todo verdadero cristiano participa de todos los bienes espirituales de Jesucristo y de la Iglesia por la gracia de de Dios y sin bulas de indulgencia. Qué no pierdan su temor a Dios y qué confíen en Él sobre todas las cosas.
WG: Muchas gracias por tu tiempo. Estaremos todos atentos esperando las noticias del próximo 31 de octubre. Muchas bendiciones de parte de tus hermanos en Cristo de la península ibérica.
ML: Amén, gracias. A Dios sea la gloria.
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* Las citas de Lutero están sacadas del libro Martín Lutero: Antología (Editoral Pleroma: Barcelona, 1983).

*Autor: WillGraham

Fuente: Protestantedigital, 2014.

martes, 21 de octubre de 2014

LOS EVANGÉLICOS Y LA POLÍTICA EN AMERICA LATINA: DE LA NEGACIÓN A LA PARTICIPACIÓN ABIERTA



Por Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Antes de los noventa del siglo XX hablar de la participación política en la gran mayoría de las iglesias evangélicas latinoamericanas era algo profano, malo. Ningún feligrés podía participar en algún partido de su preferencia, habían sido adoctrinados a vivir y pensar que su ciudadanía está en los cielos y no en la tierra, porque el mundo era un lugar caído, maligno, nada bueno había que hacer en este mundo. A eso se debe su radical rechazo del mundo, pues el mundo es un lugar maldito, una sociedad corrupta, que nos puede contaminar, por eso amar este mundo es considerarse enemigo de Dios. Estos evangélicos que piensan así tienden a negarse a la participación política. Su rechazo constituye, dice Hilario Wynarczyk, una forma radical de la cosmovisión ascética o dualismo ontológico, que concibe al cosmos como un sistema binario, en el cual existe una brecha entre el plan de Dios y el plan del Satanás.(1)
Agrega Alexander Sifuentes Rossel: “(…) A quienes querían militar en un partido político se les acusaba de amar las cosas de este mundo, y se les recordaba que como ciudadanos del reino de los cielos no debían participar del reino de las tinieblas. Si bien, las referencias eran bíblicas, y la actitud era noble; también era una interpretación extrema que desalentaba al creyente a participar activamente en la solución de los problemas del país.”(2)
Este ha sido el caballito de batalla en el pensamiento cristiano del siglo pasado, continúa en algunos grupos y otros no. Hoy la tendencia a participar va en aumento, algunos lo hacen con el objetivo de purificar la política de la corrupción, lograr algunos beneficios de poder prometido por algún político, como sucedió en Perú, con Fujimori, finalmente terminaron indignados. Ante la “viveza” de los líderes políticos frente a la ingenuidad de la gran mayoría de pastores, líderes y laicos, ¿qué debemos hacer? ¿Está mal que los evangélicos participen en la política? ¿Está mal que los evangélicos se interesen por mejorar los problemas sociales?
Estas son preguntas que responderemos en esta ponencia.
DE LA NEGACION A LA PARTICIPACION ABIERTA. Desde los años noventa del siglo XX los evangélicos pasaron de la negación a la participación política en nuestros países latinoamericanos. Este deseo de incursionar en la política se ha debido a la iniciativa de los mismos partidos políticos que ven un campo vasto, para sumar votos; entonces ofrecen candidaturas a líderes o pastores pues buscan el apoyo de los evangélicos para lograr un escaño.
Otra iniciativa surge desde adentro del cuerpo de líderes de la iglesia que ven una oportunidad para lograr ciertos beneficios de poder de su grupo en la sociedad. Para la década de los ‘80 los evangélicos consideran que deben incursionar en la política, pero con estructura propia que los libere de los vicios seculares de la política tradicional y mientras puedan inspirar su acción con principios de la Reforma protestante europea. El partido político ORA en Venezuela inspira a modelos en otros lugares, como en Argentina surge el Movimiento Cívico en Acción Argentina en 1982 y que un año más tarde termina fusionándose con el Partido Demócrata Progresista y en 1991 se constituye el Movimiento Cristiano Independiente, acentúa Carlos Ramos (3). En ese mismo año, el Dr. René Padilla publica un libro compilado donde daba a conocer este hecho histórico y mostraban como ejemplo a Brasil, Chile, El Salvador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela: a pesar que en Colombia desde antes ya se habían dado algunos pasos en lo político, el libro no muestra ninguna reflexión.(4)
El teólogo e historiador Pablo Moreno nos confirma del devenir en lo político del pueblo evangélico colombiano: “No es necesario en esta oportunidad hacer memoria de la presencia evangélica en lo social y lo político durante el siglo XIX, por medio de sus escuelas y colegios, la cooperación con los liberales y hasta con los masones. No voy a insistir en la importancia de la lucha librada durante la primera mitad del siglo XX por los derechos civiles, los matrimonios civiles, la difusión de escuelas, la fundación de cementerios civiles y la participación política con sectores liberales disidentes. Tampoco vamos a entrar en detalle sobre los esfuerzos por organizarse políticamente después de los años ‘60, apoyando diferentes expresiones políticas, partidistas y no partidistas, o desarrollando un impacto social a través de organizaciones no gubernamentales cristianas como Visión Mundial y Compasión Internacional, que comenzaron a trabajar al lado de las Iglesias evangélicas en proyectos de asistencia social y desarrollo comunitario. No podemos negar que estos antecedentes han dejado huella y una herencia en la historia de las Iglesias evangélicas en Colombia. Herencia que a veces ha sido poco apreciada por quienes hoy estamos protagonizando esa nueva participación social y política en esta república suramericana.” (5)
Por lo anterior, nos dice que hubo un despertar de los evangélicos por participar en los diferentes escenarios de la política y por ende habían sido tentados por partidos políticos de vasta trayectoria y por nuevos movimientos electorales, que veían un campo fértil de votos para sus respectivos partidos, se agitan en toda la América Latina. A fines de los ‘80 y comienzo de los ‘90, se sienten fuertes y seguros respecto de una exitosa participación política. Por ejemplo, en Brasil (1986) en la Asamblea Constituyente se articula la ‘Bancada evangélica’ que agrupa a 33 diputados. Dentro de este grupo, un gran número lo componen líderes de la Asambleas de Dios y el Movimiento pro–Collor que fue decisivo para el triunfo de Fernando Collor de Melo.
Cuatro años más tarde, en Guatemala (1990) es elegido presidente de la nación Jorge Elías, miembro de la Iglesia pentecostal ‘El Shaddai’. En Perú es elegido Alberto Fujimori, gracias al voto decisivo de los evangélicos en el movimiento político que se organizó cuyo nombre ilusionaba al pueblo creyente y no creyente del Perú: Cambio ‘90 y es elegido como vicepresidente el pastor bautista Carlos García. Su bancada evangélica en el Congreso estuvo compuesta por 20 pastores y líderes. Ese mismo año, en Colombia, dos pastores evangélicos son elegidos miembros a la Asamblea Constituyente.(6)
El despertar del pueblo evangélico por lo político los ha llevado a una cuestión mesiánica de redimir al mundo. Al respecto el Lic. Israel Ortiz, dice: “Si en el pasado consideraron la política como sucia, corrupta o pecaminosa, hoy muchos están inmersos en ella con la idea de lanzar una reforma del país desde el gobierno.” (7) Ello a fin de transformar la sociedad con principios cristianos desde un accionar político y pastoral, con las mejores intenciones: purificación de la política y el bien común. Pero se equivocan, en el caso de los líderes y pastores; este error puede traer graves consecuencias para la iglesia y el evangelio. Cuando el pastor asume un compromiso con un determinado político y recibe algunos dividendos o beneficios, compromete a los hermanos a votar por ese candidato. Como sucedió en Perú con Fujimori, al poco tiempo de ganar, gobierna a su manera y excluye a los evangélicos; en Brasil, la bancada evangélica brasileña es acusada de corrupción. Los únicos que quedaron bien parados y lograron el éxito en normas constitucionales que garantizan la libertad de culto y el reconocimiento de los Seminarios teológicos protestantes como Fundaciones universitarias teológicas son los colombianos, lo cual los anima a seguir participando en la política.(8)
Por lo anterior, algunos se preguntaran ¿está mal que los evangélicos participen en la política? La respuesta es no, la tarea de los evangélicos consiste en analizar esa participación en el proceso eleccionario y en el gobierno, porque no ha logrado el impacto de purificar la política tradicional, ni transformar la sociedad. Jorge Sennewald sugiere que “debemos animar a nuestros hermanos y hermanas a estar presentes en todos los ámbitos de la sociedad con excelencia, entrega y santidad. Esto incluye también el ámbito de la política. Creemos que como iglesias evangélicas no hemos alentado suficientemente a nuestros feligreses a una participación política comprometida y responsable.”(9)
Continua diciendo Sennewald, por diferentes razones teológicas e históricas, en los medios evangélicos latinoamericanos siempre se vio el ámbito de la participación política como algo sucio que debía evitarse. Es tiempo de cambiar esta mentalidad. No obstante, pretender participar en la lucha política como pueblo evangélico, es una distorsión de la misión de la iglesia. Es misión de la iglesia defender valores como los de la vida, la justicia, la verdad, la igualdad, la dignidad humana o la santidad de la creación, por mencionar solo algunos. Cuando lo ha hecho, ha afectado verdaderamente a la sociedad y más de una vez ha tenido que pagar el alto precio del sacrificio. La lógica de la política es contraria a la lógica del reino de Dios. La política se construye con poder, el reino de Dios se extiende con servicio. La tentación hoy llega bajo la promesa de cuotas de poder o de privilegios. “Si nos votan tendrán este espacio, lograrán estos privilegios”. La iglesia no está para servirse a sí misma. La transformación social jamás se hará desde el poder. Quien quiera afectar a la sociedad en nombre de Jesucristo lo hará desde el servicio y no desde el poder, como lo hizo nuestro colega y ejemplo de casa: pastor bautista Martin Luther King Jr.
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[1] Hilario Wynarczyk, Sal y luz a las naciones. Evangélico y política en la argentina 1980 – 2001, Buenos Aires: SIGLO XXI, Editora Iberoamericana, 2010, p. 16.
2 Alexander Sifuentes Rossel “Los evangélicos y la política”, en Voces del cristianismo,
 [Consultado: 25–03– 11]: http://vocesdelcristianismo.blogspot.com/2010/04/los-evangelicos-y-la-politica.html
3 Carlos Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, en Revista Signos de Vida, # 41, septiembre (2006), CLAI, pp. 37 – 38.
4 René Padilla (Compilador), De la marginación al compromiso.  Los evangélicos y la política en América Latina, Buenos Aires: Fraternidad Teológica Latinoamericana,
1999.
5 Pablo Moreno Palacio, “Escenarios de la presencia evangélica en Colombia, 1991 – 2001”, en ponencia  presentada en la 1ª Consulta Nacional sobre la Paz, 49ª Asamblea Nacional del Consejo Evangélico de Colombia (CEDECOL), Cali, Colombia, 27-31 de mayo del 2002. Reproducido por la Revista electrónica Espacio de Diálogo, Núm. 2, abril del 2005, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. [Consultado: 25 demayo de 2011]: http://www.cenpromex.org.mx/revista_ftl/ftl/textos/pablo_moreno.htm
6 Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, op., cit., p. 38.
7 Lic. Israel Ortiz, es secretario regional para México y Centroamérica. Comunidad internacional de estudios evangélicos. “Los evangélicos y la política: Una revisión del camino”, en Revista Kairos, julio-diciembre, 82 # 35 (2004), p. 85.
8 Ramos, Op., cit., p. 38.
9 Jorge Sennewald, “Los evangélico y la política”, op., cit.,

*Dr. Luis Eduardo Cantero
Pastor bautista, docente universitario.
Doctorando en Historia de América Latina (Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España)
Doctor en Filosofía (Laud Hall Seminary)
Máster en Teología (Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King Jr.)
Especialista Superior en Dirección de Instituciones educativas (Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González" Bs. As. Argentina)
Especialista en Diseño de Ambientes de Aprendizaje (Universidad Minuto de Dios, Colombia)
Licenciado en Teología (Universidad Evangélica Martin Luther King Jr.)
Administrador de recursos (Universidad Nazarena de las Américas, San José, Costa Rica)
Es parte del equipo ministerial que dirige el Apóstol Gustavo Ferro de la Iglesia Remanente Santo de Virrey del pino, partido de la Matanza, prov. Bs. As.
Es Director del blog Transformando vida (www.luiseduardocantero.blogspot.com)
Es columnista de dos programas de radio 93.1FM y FM 93.9 del partido de San Martin (Área limite y sábado free) y tiene una columna mensual del periódico la Cosecha. Ambos son parte del Ministerio La Cosecha, que dirige el Lic. Ezequiel Rodríguez.