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lunes, 30 de octubre de 2017

Lutero y la ciencia

Por. Pablo de Felipe, España
Del conflicto a una relación positiva entre ciencia y fei Sería presuntuoso escribir sobre este tema sin reconocer que ha sido estudiado mucho, especialmente desde finales del siglo XIX, cuando el botánico franco-suizo de Candolle descubrió una representación muy mayoritaria de protestantes frente a católicos entre los miembros extranjeros de las Academias de Ciencias francesa y británica. Saltando varias décadas, y los trabajos de otros investigadores relevantes, llegamos al sociólogo estadounidense Robert K. Merton. Su tesis doctoral, publicada en 1938, defiende que una de las influencias positivas importantes en el desarrollo de la ciencia inglesa del siglo XVII fue el protestantismo ascético/puritanismo. La “tesis de Merton” tiene una clara influencia de la de Weber, que estudió la relación entre ese protestantismo y el desarrollo (¡no la aparición porque ya existía!) del capitalismo.
Hasta cierto punto estos resultados resultan paradójicos si tenemos en cuenta que fue justo esa época, en la transición entre los siglos XIX y XX, cuanto tiene origen la idea, todavía muy popular, de que ciencia y cristianismo han estado, están y no tienen más remedio que estar, siempre, en conflicto. Esa idea, propagada por aficionados, ha seguido extendiéndose durante el siglo XX, y hoy está en libros de texto, el cine y de manera abrumante en internet. Mientras, los profesionales de la sociología y la historia de la ciencia han analizado las numerosas relaciones fructíferas entre ciencia y cristianismo y han denunciado los errores en los que se suele basar la “metáfora del conflicto”, que incluso contiene falsas citas históricas para apoyar un conflicto que no fue lo que nos suelen contar… y que se ha magnificado hasta sacarlo de quicioii.
Lutero y Copérnico
Y aquí volvemos al siglo XVI. Un ejemplo de esa magnificación de los conflictos ciencia y fe tiene que ver con el único testimonio que suele recordarse sobre Lutero respecto a la ciencia moderna, estas pocas líneas contra el movimiento de la Tierra: “Se mencionó a cierto nuevo astrólogo que quería probar que la Tierra se mueve y no el cielo, el Sol y la Luna [...]. [Lutero señaló:] ‘Así pasa ahora. Quien quiere llamar la atención no ha de estar de acuerdo con nada de lo que los demás estiman. Tiene que inventar su propia idea. Esto es lo que hace ese (individuo/loco) que quiere poner patas arriba toda la astronomía. Incluso en estas cosas que están siendo confundidas yo creo a la Sagrada Escritura, pues Josué mandó detenerse al sol y no a la tierra [Jos. 10:12-13]’.”iii
 Y ahora veamos los problemas con este texto que se repite sin explicación, sacado de contexto, y usado como munición para desacreditar a Lutero de forma acrítica y, por extensión, a la Reforma Protestante del siglo XVI. Lo primero es que no pertenece a ningún libro de Lutero. Se trata de una recopilación de sus comentarios sobre temas de actualidad titulados, muy ajustadamente, como Conversaciones de sobremesa, publicadas por sus alumnos (de hecho, la palabra “loco” aparece en la menos fiable de las tres compilaciones publicadas de las que disponemos). En segundo lugar, esta obra fue publicada años después de la muerte de Lutero sin su conocimiento. Finalmente hay que tener en cuenta que esta conversación está fechada en1539, cuatro años antes de que Copérnico publicara su obra, conocida entonces de oídasiv.
Si pasamos ahora al texto, el problema de Lutero fue doble, por un lado no tenía los conocimientos necesarios como para darse cuenta de que la propuesta de Copérnico era algo serio, y no la ocurrencia de algún “nuevo astrólogo” (por cierto, el calificativo de “astrólogo” no era despectivo en el siglo XVI; y donde pone “astronomía”, en la versión más fiable que tenemos pone “astrología”). Ahí Lutero se expresó con ligereza porque ya entonces los que sabían del tema estimaban a Copérnico (aunque ciertamente era un clérigo aficionado a la astronomía, no un profesional). Pero lo más grave es la argumentación de Lutero: aunque por otros textos sabemos que ni era anticientífico ni literalistav, en esta ocasión quiso zanjar un debate científico con la Biblia. Ese fue el mayor problema, aunque sería injusto atribuirlo solo a Lutero; en aquella época tanto teólogos como científicos usaban la Biblia y la teología en los debates científicos y de otro tipo indiscriminadamente. Fue precisamente la astronomía copernicana, y textos como el de Josué y otros, lo que provocó el replanteamiento de las relaciones ciencia y Biblia, una vez que el copernicanismo triunfó a finales del siglo XVII.
Católicos y protestantes publican la polémica obra de Copérnico
Pero si paramos aquí perdemos lo más interesante de esta historia. Si Lutero tenía noticias de Copérnico era precisamente porque su fama hacía tiempo había llegado a oídos de su mano derecha, el reformador Melanchton, que en 1538 envió a un matemático recién graduado a un viaje científico por Centroeuropa, que acabó en mayo de 1539… ¡en casa de Copérnico! Tal vez por eso unos días más tarde el tema salió en casa de Lutero. Así Rheticus, un protestante, se convirtió en el único alumno del católico Copérnico, publicó varios obras popularizando la obra de “su maestro” y le ayudó a revisar sus cálculos y preparar la publicación de su gran obra: Sobre las revoluciones de los orbes celestes, que Rheticus llevó (cuando ya la persecución a los protestantes arreciaba en Polonia) a la protestante Nuremberg para que un impresor recomendado por Melanchton la divulgara al mundo en 1543 (incluyendo la dedicatoria de Copérnico al papa). Un asombroso ejemplo de colaboración científica entre católicos y protestantes en una época en la que el conflicto religioso se extendía por Europa.
Pero la historia todavía se complica más. Aunque Melanchton nunca aceptó que la Tierra se moviera alrededor del sol, e incluso escribió contra ello, su influencia fue decisiva para publicar y difundir la obra de Copérnico. Y eso no fue un error de cálculo de Melanchton, porque a pesar de rechazar las ideas copernicanas, a su alrededor apareció un grupo de astrónomos protestantes que estudiaron a fondo la obra del astrónomo católico, el “círculo de Melanchton”, y que propusieron la “interpretación de Wittenberg”. Esta interpretación aceptaba que los cálculos de Copérnico eran buenos, y que su sistema heliocéntrico permitía explicar los movimientos planetarios tan bien o mejor que las ideas del siglo II de Ptolomeo. Sin embargo, decían, eso no implicaba aceptar que realmente las cosas fueran así en la naturaleza. Era una interpretación "instrumentalista". Las ideas de Copérnico “funcionaban”, pero no se aventuraban a afirmar que fueran “reales”. Era lo que se ha llamado un “copernicanismo geoestático”. De hecho, hubo que esperar a mediados del siglo XVII para que los astrónomos se convencieran de lo que Rheticus decía: que su maestro había descubierto el verdadero sistema del universo. Por el camino hubo astrónomos que lo rechazaron (el protestante Brahe y el católico Clavius) y que lo aceptaron (el protestante Kepler y el católico Galileo).
El desafío de las ideas copernicanas
Para llegar al convencimiento de que Copérnico tenía razón hubo que hacer algo que resultaba impensable en el siglo XVI: derribar la ciencia de Aristóteles y fundar una nueva (desde el católico Galileo a principios del XVII al protestante Newton a finales del XVII). Pero también había que replantearse la forma de relacionar ciencia y Biblia, y realizar algo también impensable en el siglo XVII: rechazar el concordismo entre ciencia y Biblia, y reconocer que se trata de ámbitos diferentes que, sin oponerse, tampoco deben mezclarse. Esto último lo afirmó el católico Galileo en 1615 citando al cardenal Baronio, bibliotecario del Vaticano: “La intención del Espíritu Santo era enseñarnos cómo se va al cielo, y no cómo va el cielo”vi.
Años antes lo había explicado en más detalle y sofisticación el astrónomo protestante copernicano Rothmann en una carta al también astrónomo protestante, pero no copernicano, Brahe (13-10-1588; correspondencia que fue publicada por Brahe en 1596): “Pues Dios no ha revelado nada sobre esto en su Palabra porque no tiene nada que ver con nuestra salvación.”vii “La autoridad de la Sagrada Escritura, aunque sea aducida de un modo completamente plausible, nada en absoluto podrá objetar en esta cuestión, sino que tan sólo sabremos en la medida en que alcancemos a descubrir mediante demostraciones matemáticas.”viii
¿Y qué fue de la “tesis de Merton”?
Durante el siglo XX se ha discutido intensamente y hoy sigue despertando pasiones. Aunque los historiadores de la ciencia han aprendido a quedarse con lo mejor de ella y olvidar lo que realmente NO era parte originalmente de las ideas de Merton. En efecto, Merton nunca dijo que el puritanismo hubiese inventado la ciencia en solitario. En una segunda edición de su tesis, en 1969, Merton lo resumía así: “El puritanismo contribuyó inadvertidamente a la legitimación de la ciencia como institución social emergente”ix. Lutero no pensaba en promover la ciencia cuando redactó sus 95 tesis en 1517. Las cosas no funcionan así en la historia de las ideas, se trata de un proceso que acaba teniendo consecuencias “inadvertidas” que no eran el objetivo inicial buscado intencionadamente. La ciencia moderna estaba ya en marcha, con orígenes incluso anteriores al cristianismo; pero en ese momento y lugar, el protestantismo ayudó a “legitimar” la ciencia. 
¿Cómo ocurrió esa “legitimización”? Una de las formas en la que esto ocurrió (que tampoco tiene que considerarse la única) fue expuesta por el químico e historiador de la ciencia holandés y protestante Reijer Hooykaas. Para él la clave estaba sobre todo en la enseñanza protestante del “sacerdocio universal de todos los creyentes”x. Esta idea provocó la ruptura del control y censura eclesiásticos centralizados que había en el mundo católico, trajo una visión favorable del trabajo manual “experimental”, enfatizó que todos somos “imagen de Dios” y, finalmente, en combinación con otros acontecimientos, como los revolucionarios descubrimientos geográficos de portugueses y españoles, produjo un antiautoritarismo. Esa mezcla desató en el mundo protestante la libertad frente a la censura, el ansia de investigación personal, así como una valoración de la experimentación y del trabajo de los artesanos o navegantes. Y de ahí surgen conceptos tan importantes como el de “vocación” o el de “autonomía intelectual”.
No queda espacio para exponer aspectos adicionales importantes de la influencia protestante sobre la ciencia (incluyendo la importancia de otros movimientos, además del luteranismo o puritanismo, como el anglicanismo latitudinarioxi), así como otros compartidos tanto por católicos como por protestantes. Pero lo expuesto sirve para iniciarnos en las complejidades del legado de Lutero y de las transformaciones religiosas y culturales que inició en una pequeña universidad un desconocido y valiente profesor de teología hace 500 años. Los historiadores de las relaciones ciencia y fe actuales ya no buscan aislar el “origen” de la ciencia en tal o cual grupo, y se habla de una “tesis de complejidad” dadas las múltiples fuentes de la ciencia y su historia de relaciones cruzadas, como tuvimos la ocasión de escuchar de uno de los principales promotores de esa “tesis de complejidad”, el catedrático emérito de Oxford, John H. Brooke, en la VIII Conferencia Fliedner de Ciencia y Fexii, cuyo libro de 1991 “Ciencia y Religión” es un clásico del tema, recientemente traducidoxiii. 
Notas
i# Este artículo es una reproducción (con pequeñas modificaciones) del que publico este mes en el periódico Puerta Abierta promovido por la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Madrid (nº 24, septiembre octubre de 2017, pp. 13, 14). Una versión más extensa se encuentra en Pablo de Felipe. Lutero, la Reforma protestante y la ciencia, revista digital Razón y Pensamiento Cristiano (Octubre de 2017).  
ii#de Felipe, Pablo y Jeeves, Malcolm A. “Science and Christianity Conflicts: Real and Contrived”. Perspectives on Science and Christian Faith 69 (2017):131-147.
iii# Lutero, Martin. Luther’s Works, vol. 54: Table Talk. Theodore G. Tappert (ed.). Fortress Press, Philadelphia, 1967 (3ª impresión, 1977), pp. 358, 359. La traducción es mía.  
iv# Sin embargo, conviene mencionar que no todos los historiadores están de acuerdo en identificar a Copérnico como el objetivo de estas críticas. Recientemente Michel-Pierre Lerner ha defendido que la persona criticada por Lutero fuese Celio Calcagnini, que 20 años antes había defendido el movimiento de rotación (no el de traslación) de la Tierra en un libro que, sin embargo, no fue publicado hasta 1544.   v# Se puede ver su aprecio por la astronomía en su comentario al Génesis 1:14: “[…] pero el hombre mide el cielo y todos los cuerpos celestes. Y así aquí brilla una chispa de vida eterna, en que el ser humano se ocupa por naturaleza con este conocimiento de la naturaleza”. (Lutero. Lutero, Martin. Luther’s Works, vol. 1: Lectures on Genesis, chapters 1-5. Jaroslav Pelikan (ed.). Concordia Publishing House, Saint Louis, 1958, p. 46). Lutero defendió en diferentes textos la autonomía de las diferentes disciplinas, y en cuanto a su forma de leer ciertos textos bíblicos que sugerían un conflicto con las observaciones científicas, estaba preparado para afirmar que la Biblia “habla según lo que ven los ojos” (véanse citas y comentarios en el artículo de la revista Razón y Pensamiento Cristiano citado en la nota 1. 
vi# Galilei, Galileo. “Carta a la señora Cristian de Lorena, Gran Duquesa de Toscana”. En: Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión. Moisés González (tr.). Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 73.  
vii# Dreyer, J. et al. (eds.). Tychonis Brahe Dani Opera Omnia. Copenhagen, Nielsen y Lyciche (15 vols.), 1913-1929 (generalmente abreviado como TBOO), vol. VI, p. 149. Citado en Howell, Kenneth J. God’s Two Books. Notre Dame, IN, University of Notre Dame Press, 2002, pp. 93, 94. La traducción del inglés es mía.  
viii# TBOO VI, p. 160. Citado en Granada, Miguel Ángel. “Il problema astronomico cosmologico e le Sacre Scritture dopo Copernico: Christoph Rothmann e la ‘teoria dell’accomodazione’.” Rivista di storia della filosofia 51(1996):789-828 (cita de las pp. 809, 810). Agradezco al profesor Granada la versión española de esta cita.  
ix# Merton, Robert K. Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Inglaterra del siglo XVII. Alianza Editiorial, Madrid, 1984.  
x# Hooykaas, Reijer. Religion and the Rise of Modern Science. Scottish Academic Press, Edinburgh, 2ª ed. 1973 [reimpresión, 1984].  
xi# Sobre la influencia de este otro movimiento protestante, puede verse en castellano un resumen actualmente en curso de publicación por Granada, Miguel Ángel. “La Reforma y la revolución científica”. En: Villacañas, José Luis (ed.). 500 años de la reforma: Lutero y la modernidad en Europa. Escolar y Mayo, Madrid, 2018 (texto en prensa).  
xii# El pasado 30 de marzo tuvo lugar la VIII Conferencia Fliedner de Ciencia y Fe, titulada “Reforma religiosa y surgimiento de la ciencia moderna. Mito y realidad” en la que se exploraron diversos temas relacionados con el protestantismo y la ciencia. Toda la información puede encontrarse en la web del Centro de Cienciay Fe.  

xiii# Brooke, John H. Ciencia y religión. Perspectivas históricas. Sal Terrae, Universidad Pontificia Comillas, Santander y Madrid, 2016.

sábado, 21 de octubre de 2017

Necesitamos un nuevo Lutero

Por. Clovis Horst Lindner- Brasil
Desde las celebraciones de los 500 años de la conquista de América (1992) y de la llegada de Cabral a Brasil (1500), sabemos que 500 años son poco tiempo. Así que esos cinco siglos desde Lutero también son sólo un segundo.
En cuanto a los cinco siglos de nuestra nación, desde los portugueses, significa que somos una nación joven. Pero han sido cinco siglos más que suficientes para convertirnos en un caldo peligroso de intolerancia religiosa y política que recuerda bien los tiempos en que la reforma de Lutero floreció. Injusticia Social, una clase dominante que ni siquiera piensa en renunciar a sus privilegios, y políticos corruptos y déspotas, como Brasil de 2017.
Un Nuevo Lutero estaría muy bien aquí, porque hay mucho que hacer. Lo que impresiona, en esta nuestra “COPIA” de la edad media de los tiempos de la reforma, es que son justamente los que se dicen herederos de Lutero que ahora obligan o dejan acontecer un regreso a los tiempos oscuros.
Brasil de hoy abre un peligroso espacio a iglesias multimillonarias y que explotan a incautos, que no tienen ningún escrúpulo en condenar con los mismos instrumentos que los victimizaron en el pasado. Persiguen las religiones de la matriz africana como la iglesia católica con la ingenio de la inquisición. Tiran cualquier vestigio de ética y se juegan en la política con la misma saña de poder y corrupción de los cardenales y obispos de los tiempos de Lutero.
En la trinchera conservadora, iglesias tradicionales vaciadas y presas de antigüedades teológicas e ideológicas ven todo impotentes y calladas, haciendo sonrojar a ese intrépido reformista que ahora juegan honrar.
Esta es la gente que el padre de Wittenberg pelearía hoy con su teología. Así, un nuevo Lutero no lanzaría sus baterías contra Roma, sino contra quien se dice su heredero.
Necesitamos desesperadamente ese nuevo Lutero. Sin ese Lutero revivido en la realidad brasileña lamentable de nuestros días, temo por nuestro destino como nación, tan joven como la reforma. Vamos a la basura de la historia. ¿Quién se habilita a cambiar todo eso? ?¿Quién fijará las nuevas 95 tesis en la puerta del castillo de Brasilia?

Traducción: Claudia Florentin

ALCNOTICIAS, 2017.

jueves, 18 de mayo de 2017

Algunas lecturas sobre la Reforma Protestante (XIV)



Por. Carlos Martínez García, México
Martín Lutero tuvo antecesores y conocerles ensancha horizontes para comprender la Reforma protestante. Con distintas variantes en siglos anteriores a la crítica del monje agustino contra el sistema teológico y eclesiástico que sustentaba la venta de indulgencias, emergieron personajes y movimientos que buscaron renovar el régimen de Cristiandad basados en las directrices descubiertas en su lectura de la Biblia.
Desde el momento en que la fe antes perseguida por el Imperio romano pasó a ser la oficial, iniciándose así lo que Jacques Ellul llama la subversión del cristianismo, existieron núcleos contrarios a la mencionada oficialización y reivindicaron el principio de que las comunidades cristianas deberían integrarse por creyentes y seguidore(a)s de Cristo. Ya en esta serie he referido una obra que sigue la ruta de los movimientos que rehusaron subirse a la aventura imperial, la de Juan Driver, La fe en la periferia de la historia. Una historia del pueblo cristiano desde la perspectiva de los movimientos de restauración y Reforma radical (Ediciones CLARA-SEMILLA, Bogotá-Guatemala, 1997).
Más que ninguna otra influencia, fue la lectura de la Biblia y particularmente de la Carta a los Romanos lo que le llevó a Lutero al reto del entramado doctrinal y eclesiológico católico romano. Sus adversarios tenían más conocimiento que él de otros que antes hicieron propuestas similares, y fueron juzgados como herejes. Cuando al teólogo alemán le llamaron husita, seguidor de Juan Hus el reformador checo, desconocía a qué se referían con ese epíteto. Después, al conocer sobre la heroica gesta del teólogo bohemio, reconoció que era husita sin saberlo. Igualmente, sin conocerla, el monje Martín estaba continuando la herencia de Juan Wycliffe, inglés profesor en la Universidad de Oxford, traductor de la Biblia y crítico del sistema papal romano.
Las crecientes exigencias de las autoridades católico romanas para que Lutero se retractara de sus críticas y se plegara a la ortodoxia administrada por el papa, fueron convenciendo al profesor de la Universidad de Wittenberg que el corazón de su enfrentamiento estaba en también retar la autoridad del pontífice romano y su pretensión de ser el vicario de Cristo. Fue entonces que enderezó sus escritos y sermones contra León X y quienes le sucedieron, refiriéndose a ellos con distintos términos, por ejemplo el de ser encarnación del Anticristo.
Lutero, a diferencia de sus precursores, tuvo varias condiciones sociales, políticas y tecnológicas (como nadie antes pudo difundir lo escrito masivamente gracias a la imprenta) favorables que le permitieron construir un espacio protector. Aunque fue beneficiario de quienes le precedieron en el enfrentamiento al sistema católico romano, incluso sin saberlo, el beneficio no fue mecánico y tampoco ineluctable, ya que él descubrió por sí mismo lo que otros habían descubierto anteriormente. 
Uno de los predecesores poco mencionados, y quien contribuyó a deslegitimar la preponderancia del papado, fue el teólogo franciscano Guillermo de Ockham (1295-1350), inglés, estudiante y profesor de la Universidad de Oxford. Escribió en latín un libro que desde su título ha de haber llamado poderosamente la atención: Sobre el gobierno tiránico del papa, redactado entre 1339 y 1340. La obra era conocida por referencias y fragmentariamente, en 1928 fue hallada por R. Scholz una copia de fines del siglo XIV o comienzos del XV. Al castellano la tradujo Pedro Rodríguez Santidrián (Editorial Tecnos, Madrid, 1992), circula una reedición más reciente, del 2008, cuya imagen de portada reproduzco en este artículo.
Las líneas finales del prólogo escrito por Ockham a su libro son las siguientes: “De este modo manifestaré lo que me parece a mí ahora lo más coherente con la verdad, dispuesto a que, si es falso, sea reprobado por el juicio de alguien más docto. Pero no estoy dispuesto a someter a la corrección de nadie lo que es evidente por las Sagradas Escrituras o por la razón. Tales cosas se han de probar y en modo alguno corregir”. En semejantes términos concluyó su defensa Martín Lutero en la Dieta de Worms (abril de 1521). ¿Qué tanto conocía el agustino del franciscano? La Universidad de Erfurt, en la que estudió Lutero, era seguidora de la vía moderna “surgida de la doctrina de Guillermo de Ockham”, por lo que en cierta forma Lutero “fue deudor de una formación ocamista” (Salvador Castellote, Reformas y Contrarreformas en el siglo XVI, Ediciones Akal, Madrid, 1997, p. 16). 
Ockham, apunta Rodríguez Santidrián, sostenía un punto de partida hermenéutico que lo diferenciaba del tomismo dominante: “El maestro al que hay que seguir no es Aristóteles, es Cristo. La Biblia es el libro al que hay que acudir siempre y las decisiones de la Iglesia universal hay que tenerlas siempre en cuenta”. La misma base hermenéutica, la primacía de Cristo y su modo de hacer misión, la sostendría fray Bartolomé de las Casas en la polémica (1550-1551) con el teólogo imperial y defensor de la esclavitud de los habitantes del Nuevo Mundo, el teólogo y aristotélico Juan Ginés de Sepúlveda. Ambos protagonizaron un debate teológico en Valladolid, España. Sobre la polémica escribió un libro Lewis Hanke (La humanidad es una, Fondo de Cultura Económica, México, 1985). El acontecimiento estimuló a Jean-Claude Carrière  para escribir una fascinante obra de teatro, La controversia de Valladolid, cuyo guión fue traducido al castellano por José Caballero y Rosamarta Fernández.
Ockham está en la línea de quienes en la historia han ido a contracorriente de amoldarse a la ideologización del Evangelio, mecanismo que diluye su potencial revolucionario. Su teología proponía restituir lo que había sido falsificado: “Ninguna área de la teología de Ockham fue más radical para su tiempo y más controvertida que su eclesiología. Él reaccionó contra toda la estructura jerárquica medieval de la Iglesia y su tendencia a identificar el cuerpo de Cristo con el clero y la casi exclusión de los laicos. En su tiempo especialmente criticó el rol del obispo de Roma –el papa o supremo pontífice– y clamó por regresar al modelo bíblico de liderazgo en la Iglesia” (Roger E. Olson, The Story of Christian Theology. Twenty Centuries of Tradition and Reform, InterVarsity Press, Downers Grove, IL, 1999, p. 356).
La lectura de Guillermo de Ockham evidencia algo en apariencia muy sencillo, pero que a lo largo de los siglos ha sido mediatizado por principios e interpretaciones que obnubilan la claridad del Evangelio: hay que regresar una y otra vez a un acercamiento cristológico y cristocéntrico en la lectura de la Palabra para que, como a los discípulos camino a Emaús, se nos abran los ojos y arda el corazón (Lucas 24:30-31). En el camino es necesario aprender a mirar, sentir y actuar en el espíritu de Cristo.

Fuente: Protestantedigital, 2017

jueves, 2 de marzo de 2017

El aporte de la reforma protestante para la sociedad civil



Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
Debemos recuperar la teología bautismal de Lutero: si eres bautizado, ya eres sacerdote, obispo y Papa.
M.K.
El martes 21 de febrero por la noche, en el Instituto Goethe de la ciudad de México, en un auditorio prácticamente lleno, la Dra. Margot Kässmann, embajadora especial de la Iglesia Evangélica Alemana (EKD) para la conmemoración de los 500 años de la Reforma Luterana, presentó la conferencia titulada “El aporte de la Reforma Protestante para la sociedad civil”.
En la introducción se refirió a las actividades con que en Alemania se están llevando a cabo las celebraciones por tan importante acontecimiento, aunque sin dejar de subrayar que muchos las ven como algo contradictorio. Puso el caso del tráiler que está viajando por varios países y que está siendo patrocinado por Volkswagen, una empresa germánica emblemática, pero que ha estado en entredicho recientemente. Entre otras acciones más, mencionó que habrá una exposición mundial en Wittenberg, la ciudad de Martín Lutero, un campamento juvenil y varios Días de la Iglesia (como se acostumbran en ese país) en los que esperan reunir más de 250 mil personas, además de que el 31 de octubre será un día feriado nacional en los 16 Estados federados, fruto de un acuerdo parlamentario.
En la primera parte de su exposición, se refirió al título de la conferencia, en el sentido de lo que significa la Reforma luterana para la sociedad civil por causa de sus fuertes incidencias políticas. Sobre todo, destacó que la libertad religiosa fruto de la misma, condujo a varias libertades, tal como lo propuso Lutero. Añadió que esa libertad también tiene que ver con que la fe y la razón sigan entrelazadas. En este punto abundó sobre lo sucedido en la actual Alemania, en la que el gobierno, ante el aumento de inmigrantes musulmanes que optan por el cristianismo, se encuentra ante el dilema de reconocerlos como cristianos o no. Ante casos como ése, una de las grandes lecciones de la Reforma es aprender a decirle no a un Estado autoritario, tal como sucedió en la República Democrática Alemana. Allí recordó que, incluso Angela Merkel, actual canciller alemana, ha resaltado el componente misionero de la Reforma luterana. Señaló que es preciso escuchar este espíritu de la Reforma en la conmemoración.
Sobre la individualización, siguiente aspecto de su conferencia, Kässmann insistió en que la Lutero afirmó que nada puede revertir la promesa del bautismo y la posibilidad de que los muchos dones que hay en la iglesia se manifiesten. Además, el reformador obtuvo consecuencias muy importantes al establecer el lugar del individuo en relación con la salvación: si Cristo es omnipresente, el papa no es necesario, y ningún vicariato lo es ante la fe del individuo ante dios. Por ello, el poder el papa se opone al mensaje bíblico, lo cual es una mala noticia para los clérigos, pues su papel mediador es innecesario. Todos los creyentes son sacerdotes para ejercer el ministerio u oficio al que han sido llamados e, incluso, una sirvienta no vale menos que nadie. Dios condona los pecados a través de la sola fide, con lo que la iglesia deja de ser la mediadora de la salvación. Cualquiera puede leer la Biblia para perfeccionar su conciencia.
Acerca del lenguaje y la educación el punto de partida es similar: cualquiera puede confesar al Dios trinitario, leer la Biblia y pronunciarse sobre la fe. Eso conduce la necesidad de acceder de manera universal a la educación. La gente creerá, entonces, por sí misma, no porque el sacerdote explique el dogma. No se depende de él. Se trata de que cada quien luche por desarrollar su propia fe. De ese modo, los creyentes entran en un diálogo creativo de fe. La educación pública tuvo un empuje muy fuerte desde la época de Lutero. La educación debería ser para todos y así poder contribuir adecuadamente a l sociedad. Él exigía eso a los príncipes de su tiempo. A Felipe Melanchthon, colaborador suyo, le pedían desde toda Europa una reforma universitaria que extendiese la educación para todos. Bucero, Zwinglio, Calvino y otros reformadores fueron intelectuales que contribuyeron a eso mismo. Todo ello permite que hoy se practique la crítica, de ahí que al fundamentalismo no le guste mucho la educación. La consigna de origen católico: “Cree en lo que te dicen, o vete, o muérete”, ya no es aplicable en este contexto. Ya no se está sujeto a nadie de manera obligatoria y es menester hacer muchas preguntas, por lo cual surgió la lectura crítica de la Biblia. Es una lucha personal por la fe. Y eso vale también para los musulmanes reformistas de hoy.
Lutero escribió también sobre el dinero, pues combatió la usura, vivir de ella. El capital domina a las personas y su postura anticapitalista seguiría igual porque él criticó los institutos monetarios de su tiempo. Las personas que sólo quieren acumular no pueden ser confrontadas por el amor. Lo más importante es el buen común. El oikos tiene una parte muy importante de servicio. Ante Dios, las personas pueden ser libres, pero en la sociedad son peones. Un usurero se retira de esta vida y no la vive a plenitud. Aumentar la importancia del capital, como sucede hoy, es el principio de los casinos. Las personas, como Dieter Bohlen, sólo ven el dinero como cosa más relevante. La pobre egomanía hace que se desvanezca sustentabilidad social. De ahí que el abuso de la libertad y de los dones dados por Dios no sea lo más deseable. No por nada se combaten la codicia y envidia en epístolas de Timoteo. Esas deformaciones morales no caben en una sociedad solidaria. Algo similar acontece también en la actividad empresarial que puede poner en riesgo la estabilidad de un país. La orientación de la Reforma es vivir en aras del bien común.
La vocación y la profesión fueron los siguientes puntos. Dado que no todos podemos ser mendigos y no podemos ser una carga para la sociedad, es preciso trabajar responsablemente. Una persona puede tener posesiones, pero siempre a la vista del bien común. Una conciencia alegre consiste en quedarnos en nuestra profesión y ejercerla positivamente. Las tares “inferiores” también son valiosas para el conjunto. Y ello incluye también al trabajo no remunerado. En el oikos cada quien tiene un lugar en la sociedad. No hay un escalafón social real, lo cual debe impactar también a la economía y a la actividad empresarial desde una perspectiva evangélica. Debe haber un dinamismo consciente de la responsabilidad social. El individuo puede tener una actividad empresarial, pero siempre con la conciencia de su responsabilidad para con el otro. Una buena pregunta es cuánta discrepancia hay entre la riqueza y la pobreza presente en un país. Por ello, el líder de Volkswagen es una vergüenza para Alemania. La paz social importa más. La disparidad actual entre ricos y pobres la sociedad ya no la aguanta más. En Alemania ahora se enseñan los “valores protestantes” a los inmigrantes que van a ser ciudadanos, pero eso es contradictorio a la luz de lo sucedido recientemente en esa compañía. Si se quiere integrar a los refugiados no es posible que se transmitan, en los hechos, valores negativos.
La Reforma, agregó, hace muy buenas preguntas, tal como le sucedió a Lutero en Worms (1521). Su respuesta, en otras palabras fue: Yo encontré los valores en la Biblia. Si me demuestran que no es así, me retracto”. Se necesitan más personas así, con esa firmeza moral y ética. Y nose trata de nuevos deals como dice Donald Trump. Los cristianos sabemos que los límites no son absolutos. Necesitamos más compromiso, mas esperanza, además de que, si se recuerda el principio luterano: Simul iustus et peccator (“Justo y pecador al mismo tiempo”), es preciso dar la cara, asumir las cosas fallidas con responsabilidad.
Al final, hubo un intenso foro de preguntas y respuestas, en la que la expositora se mostró muy interesada en la historia de la presencia protestante en México y, nuevamente, salió a la luz el tema de Volkswagen, además de la necesidad de un testimonio cristiano más sólido y visible en el mundo. La Dra. Kässmann, autora de dos libros publicados en español (Madres de la Biblia. 20 retratos para nuestro tiempo, 2012, y En la mitad de la vida, 2014) continuará su gira por Guadalajara, Guatemala, El Salvador y Costa Rica.

Fuente: Protestantedigital, 2017