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sábado, 6 de enero de 2018

El abuso espiritual

Por. Alfonso Ranchal, España
Hablar de abuso en el contexto de la iglesia es casi como entrar en un territorio virgen o inexplorado y no debido a que se desconozcan casos sino porque los mismos parecen silenciarse siendo considerado este tema una especie de tabú. Enormemente significativo es, además, que determinadas clases de pensamiento, o estructuras eclesiales, se basan precisamente en algún tipo de abuso haciendo del mismo una forma de vivir la fe incurriendo de esta manera en su normalización. Con esto último quiero significar que lejos de ser detectados, y consecuentemente denunciados, lo que ocurre es que esta forma de proceder se presenta como cristiana y, entonces, el desastre está servido.
“Después de trabajar cuarenta años como guía espiritual, me aterrorizan los enormes sufrimientos que causan los dictadores espirituales a personas, grupos y congregaciones cristianas. Al mismo tiempo, me causa consternación el hecho de que rara vez se habla con claridad acerca de esto, aún entre los cristianos y los especialistas en este campo”.
Edin Lövas[1].
Cuando hablamos de abuso lo que posiblemente nos viene primero a la mente es el de tipo sexual o psicológico pero la realidad es que los hay de variadas clases y el que se puede dar en el seno de una determinada congregación no necesariamente puede parecer escandaloso pero produce un daño de la misma intensidad y repercusiones, para la persona que lo sufre, como los dos anteriores. Por tanto, sin duda podemos hablar de abuso espiritual el cual se puede estar dando sutilmente, de forma consciente o no, en no pocas congregaciones y que supone para la persona que lo padece un gran sufrimiento.
El abuso espiritual consiste, precisamente en maltratar a una persona que necesita ayuda, apoyo o mayor crecimiento espiritual, lo cual debilita, sabotea o disminuye el desarrollo espiritual de esa persona.
David Johnson y Jeff Van Vonderen[2].
Uno de los casos más llamativos y comunes es el que se basa en la supuesta autoridad de un pastor o cuerpo dirigente y en donde no se está permitida la discrepancia. Algunos creyentes son sistemáticamente silenciados o ignorados cuando tienen una opinión diferente en temas doctrinales, de organización o de orientación para la iglesia.
Sostenidos en esta supuesta autoridad divina que él o ellos representan se mira con desdén, se pone en tela de juicio la espiritualidad del creyente, o sencillamente se le llama al orden. Este creyente, que puede tener una sensibilidad diferente o tal vez ha leído otras posturas posibles frente a determinados temas o pasajes bíblicos, será considerado como molesto, poco espiritual y muy posiblemente tachado de pretender estar por encima de lo que Dios dice y que equivale exactamente a lo que ellos enseñan. Es un tipo de abuso que se puede llamar de posiciónya que son ellos los escogidos divinamente y se ven legitimados para actuar de esta forma.
Con esto no pretendo decir que no se den casos en donde un cristiano por su cuenta y riesgo quiere imponer algo que puede estar claramente equivocado o tener una mala actitud o incluso soberbia. Estoy hablando de otra cosa.
Es sobre esta posición elevada que los dirigentes, supuestamente espirituales, coaccionan, presionan e incluso colocan un interrogante a la integridad moral del que se ha atrevido a mostrar su disconformidad. Al creyente sensible esta situación le producirá un profundo malestar, podrá confundirlo e incluso puede que se calle de allí en adelante y que viva sus dudas y preguntas en su interior.
Es importante tener presente que podemos hablar de abuso espiritual cuando un cristiano que necesita orientación, comprensión o tener claras determinadas cuestiones de fe es silenciada. Para ello se puede recurrir a la manipulación, como ya hemos apuntado, y así es debilitada y disminuido su desarrollo como persona, como creyente. Los que están en posiciones de autoridad podrán incluso hablar de él como alguien problemático y que debe abandonar el ministerio que puede estar desarrollando o, sencillamente, dejarlo de lado para que así produzca la menor molestia posible en el futuro y, por supuesto, excluirlo de cara a una futura labor eclesial.
Esto también tiene una variante en la presente era de las redes sociales. Así y desde las mismas, es que se apunta a los que supuestamente no están en la “ortodoxia”. Se llama a que cuantos más conozcan la deriva de ese creyente mejor, se trata de difundir su nombre, de manchar su testimonio. Por supuesto la ortodoxia la marca el acusador (que no suele tener dudas casi de nada, a sus ojos él mismo está sobre la montaña de la verdad desde la que puede divisar todo tipo de error) pero en estos casos ya se ha pasado del abuso al acoso ya que el supuesto hereje está fuera de su área de influencia física. Bajo una máscara de piedad pretende actuar en nombre de Dios pero el daño que causa en absoluto puede provenir del Padre celestial.
Otro tipo de abuso muy común es el basado en el legalismo. Al creyente se le coacciona de diferentes formas para que se comporte siguiendo un patrón establecido el cual puede llegar incluso al cómo vestirse ya que de lo contrario es considerado como pecador o mundano. Es una manera de entender el cristianismo fijado en lo externo y descuidando en sobremanera lo interno.
Realizan una rígida división entre lo que pertenece “al mundo” y lo relacionado con Dios. Así, ir al cine o al teatro se podría considerar carnal, lo mismo que acudir a determinados espectáculos, escuchar un tipo de música o el reunirse con una serie de personas no creyentes. En claro contraste, lo bueno y aceptable por Dios sería todo aquello relacionado con la congregación y que ellos se encargan de programar.
Se hace hincapié en la continuada lectura de la Biblia, en la oración sin cesar, en la asistencia a los cultos, a las reuniones de grupo, etc. Para esta mentalidad tiene toda la preeminencia las actividades de iglesia frente a cualquier otra aunque ésta última sea familiar, entre amigos o laboral. Si el creyente no se atiene a estas normas, muchas de ellas tácitas, se le considera en pecado, descarriado, y llegará el momento en el que se le llame al orden.
Esto suele crear una conciencia de culpabilidad que se traducirá en no saber reconocer la libertad a que Cristo nos llamó. Es una manipulación en toda regla que quiere hacerse con el control de la vida y de la alegría de esa persona. Acabarán concibiendo a Dios como un juez cruel que siempre está atento a cualquier falta para castigarla. Un Padre celestial que ante todo es vengativo y apático y que para defender su santidad coarta las vidas de sus hijos.
Parece que el creyente que sabe que ha sido salvado por gracia ahora tiene que hacer tal cantidad de méritos que acaba ahogado en el intento. Sí, la salvación fue gratuita pero ahora su vida cristiana se sostiene en un hacer y en un evitar para no despertar la desaprobación divina. Dios los liberó pero este tipo de iglesias los vuelve a atar con cargas más pesadas.
Cuando una persona ha sufrido este tipo de abuso espiritual las consecuencias que aparecen en ella son comunes a otros tipos de abusos. De hecho, si llegan a salir de esta clase de congregaciones quedan marcadas y casi incapaces de confiar en otras personas que sí poseen una genuina autoridad que no es otra que la sostenida en el servicio entregado y desinteresado. También se acercarán a las Escrituras sin poder entender qué significa la gracia de Dios. Llegan a experimentar una profunda soledad y desilusión ante lo que ellos pensaban que era la vida de fe.
Si la persona no es tratada puede quedar atrapada en una mentalidad propia de las abusadas tomando características enfermizas lo que la predispone para nuevos abusos en el futuro, sean del tipo que sean.
Puede llegar incluso a creer que el problema es ella misma y que si Dios está airado es por culpa suya, a eso se debe su infelicidad, su tristeza interior, jamás está a la altura.
A la persona atrapada en el abuso le es muy difícil salir del mismo. Las razones son variadas y así es frecuente la vergüenza, esto es ser señalada en el seno de esa comunidad e identificada como conflictiva e incluso destinada a la perdición; el miedo, ya que ha pertenecido al grupo por un considerable espacio de años y no sabe qué hacer fuera del mismo, a lo que se le une el temor a dejar familiares y amigos de toda una vida o incluso pánico a que algunas facetas de su vida se conozcan al haberse sincerado con alguien, en momentos concretos, buscando orientación.
Son cadenas que la persona abusada arrastra y que la hacen sentirse cansada, triste y exhausta y es posible que ni siquiera lo aparente al vivirlo todo ello en secreto.
Otro tipo de abuso se da cuando se utiliza la Biblia para silenciar, apartar o incluso como una especie de garrote con el que se golpea al creyente. Así los líderes que creen tener la última palabra pueden usar una serie de versículos para apoyar su posición y mantenerse por encima del creyente común. El legalismo, del que ya hemos hablado más arriba, puede ser defendido de acuerdo a otra serie de versículos tomados fuera de contexto y usados como si Dios mismo estuviera manteniendo lo que ellos enseñan. El Antiguo Testamento es especialmente citado para este fin. Allí, gracias a una mezcla de ignorancia y mala fe, se pueden encontrar textos que apoyen casi cualquier idea. Por supuesto esconden lo que Jesús podría haber dicho al respecto y así algo ya superado por el Maestro se trae a otro contexto y tiempo defendiendo su plena actualidad.
Un caso especialmente hiriente para con las mujeres es la idea de que éstas deben estar sometidas a sus esposos aun cuando los mismos se equivoquen y sean, de esta forma, obligadas a acatar los deseos y directrices de ellos. Incluso puede darse un maltrato psicológico y físico y aún así haber líderes que le aconsejen, en nombre de Dios, que regresen a su hogar, que oren y que soporten todo aquello como una ocasión para crecer. Frases como poner la otra mejilla, respetar en todo al marido, que él es la cabeza del hogar creyente o que Dios tiene un propósito en todo, son usadas para perpetuar el sufrimiento de la esposa.
Esto, digámoslo claro, es una aberración de lo que Dios desea para todos sus hijos. Nadie tiene el derecho de condenar a estas mujeres a un sufrimiento de tal calado, muy al contrario deben ser escuchadas, sostenidas e incluso aconsejadas a que denuncien a sus maridos en los casos de gravedad. No es cierto que las mujeres deban aceptar y acatar esto como proveniente de Dios sino todo lo contrario. Es más, deberían plantearse si sus esposos son realmente cristianos y si la situación es muy seria pensar en disolver el matrimonio. Ellas estarían en perfecto derecho de rehacer sus vidas a todos los niveles.
El abuso espiritual es un hecho que se da en no pocas congregaciones. No sirve de nada mirar para otro lado como si no ocurriera. Se trata de poner en evidencia a los lobos que han sido colocados para cuidar del rebaño. Jesús fue muy duro con aquellos religiosos de su tiempo que habían ahogado la verdadera fe en un mar de legalismo, que usaban las Escrituras para su propio fin, que creían estar por sobre todos o los que consideraban a la mujer como personas de tercera fila. Fue él el que dijo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los presos y dar vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año del favor del Señor.” Lucas 4:18-19.

[1] Lövas, E. (1991). Dictador espiritual. Terrasa: Clie, p. 11.
[2]                  Johnson, D. y Van Vonderen, J. (1995). El poder sutil del abuso espiritual. Miami: Editorial Unilit, p. 22

Fuente: Lupaprotestante, 2018


jueves, 4 de enero de 2018

Marxismo, ideología de género y la Santa Alianza

Por. Alex Roig, España
Aunque la Alianza Evangélica Española (AEE) no es la Conferencia Episcopal Española (CEE), juega a serlo. Con la reciente publicación del documento Origen y desarrollo de la Ideología de Género, escrito por Juan Varela, de la Comisión de Familia, la AEE pretende ofrecer al lector evangélico un manual breve que de forma sencilla y asequible informe de los peligros que nos acechan en medio de una sociedad cada vez más alejada de los principios de la Palabra, donde poderosos agentes sociales están imponiendo la ideología de género en las políticas de la mayoría de sus países occidentales.
El autor no pretende ser alarmista, sin embargo afirma que las doctrinas impositivas de los colectivos LGTBI se está cebando principalmente en la población cristiana y particularmente en la familia natural a la que se quiere destruir, como parte de una corriente de pensamiento totalitario dentro del nuevo orden mundial. Tan grave es la situación, dice, que supera cualquier otro tiempo anterior. “Nunca en la historia de la humanidad, ni siquiera las ideologías nazis o los regímenes comunistas más severos, se había logrado imponer a extremos como los que hoy empezamos a vivir, una ideología con pretensiones de destruir al ser humano en sus bases ontológicas y crear una nueva civilización de seres mutantes capaces de redefinirse y reinventarse al capricho objetivo de cada individuo” (Varela, p. 4).
Para el autor, no hay duda que “la ideología de género es una ideología política de corte neomarxista y sesgo totalitario, que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de la obviedad anatómica y biológica, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son construcciones culturales y convencionales, que responden a roles y estereotipos que a lo largo de la historia la sociedad ha ido creando” (p. 8). Varela coincide en su diagnóstico con muchos otros autores y colectivos conservadores y recalcitrantes que señalan el marxismo como origen de este nuevo mal que va absorbiendo la mente de nuestros pueblos. Hace par de años, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla presidía, proclamó que la “ideología de género” no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada, mayoritaria en Occidente.
A principios de siglo José Ángel Agejas, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria, administrada por los Legionarios de Cristo, asentó. “Se puede comprobar fácilmente cómo la dialéctica marxista de supresión de la diferencia por la lucha se aplica, paso por paso, a este caso del género”[1]. Es a esta tesis a la que se suma el Sr. Varela: “Se sustituyó la lucha de clases por la lucha de sexos, y la lucha contra el capitalismo burgués por la lucha contra el sistema familiar tradicional” (p. 9). “El marxismo cultural ha invadido todos los aspectos de las sociedades democráticas occidentales actuales. Hoy observamos con asombro y estupor cómo la estrategia se redefine y reinventa a lo largo de la historia: del obsoleto comunismo del s. XIX, se pasa al marxismo cultural del s. XX, y de ahí evoluciona a la ideología de género del s. XXI” (Varela, p. 14).
La identificación de la llamada ideología de género con la izquierda marxista, a la que se añade el feminismo “radical”, y otros, como el presidente de Hazte Oir, Ignacio Arsuaga, incluyen la masonería más esotérica[2], e incluso el judaísmo sionista, da mucho que pensar. Obedece al pensamiento integrista que durante siglos lleva considerando el desarrollo de la historia moderna como una conspiración de élites destructivas que operan en las sombras[3]. Y sorprende más todavía que la Gran Conspiración se centre ahora en la ideología de género, como última maniobra contra la sociedad tradicional. “Aquí se producen las reivindicaciones de los lobbys LGTBI, la legalización del matrimonio homosexual, la cultura del aborto, los intereses de organizaciones internacionales preocupadas por el control de la natalidad y los recursos alimenticios, junto con diversos intereses comerciales. Todo ello, como ya se ha mencionado, financiado por poderosas asociaciones y fundaciones filantrópicas” (Varela, p. 12).
Para completar el cuadro, el abogado argentino Nicolás Márquez y el escritor y politólogo Agustín Laje, lanzan su libro El libro negro de la nueva izquierda: Ideología de género o subversión cultural, donde hablan de la transformación que ha llevado a la izquierda a dejar de reclutar obreros explotados porque estos habían encontrado oportunidades en el desarrollo capitalista de sus países, para dedicarse a capturar “almas atormentadas o marginales” a fin de lanzarlas contra el orden establecido. A la postre, este marxismo cultural es el origen del movimiento ecológico, el feminismo radical, el indigenismo militante y de la actual ideología de género que es el centro de los debates en varios países del mundo.
Aquí aparece un nuevo personaje en la escena conspiracionista: “el movimiento ecológico”, bestia negra del capitalismo mundial y de todos los negacionistas del cambio climático. Y en medio de este bestiario apocalíptico moderno, la “ideología de género”, el agente de cambio más subversivo de todos. “Su contenido constituye la prioridad militante en esta izquierda desarmada que resolvió canalizar su odio por medio de grupos marginales o conflictuados que aquella captura y adoctrina para sí, con el fin de vehiculizarlos de manera funcional a su causa y, de esta forma, dominar la academia, hegemonizar la literatura, monopolizar las artes, manipular los modos del habla, modificar hábitos e influir en los medios de comunicación. La nueva izquierda no busca más secuestrar empresarios sino el sentido común; no persigue tomar una fábrica sino la cátedra, y no se trata de confiscar cuentas bancarias sino la manera de pensar: «todo lo demás vendrá por añadidura», vaticinan sus cultores”[4].
No deja de ser sospechoso que Agustín Laje recibiera una beca para estudiar contraterrorismo en el Center of Hemispheric Defense Studies de la National Defense University (Washington DC), que es una institución de educación mayor del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, cuya meta es facilitar la formación de alto nivel, educación y desarrollo de estrategias de seguridad nacional y políticas de gobierno. La misión de dicha universidad es preparar a los líderes militares y civiles de los Estados Unidos y otros países para abordar los desafíos nacionales e internacionales de seguridad[5].
Una vez más, todo esto de la “ideología de género” nos suena a una cortina de humo creada por la ideología liberal-conservadora de la extrema derecha estadounidense que busca manipular los prejuicios y odios de cierto sector de la población para desviar la atención de los verdaderos problemas del pueblo, que no coinciden, precisamente, con esa ideología del neoliberalismo económico.
¿Qué hay de verdad en eso de que el marxismo cultural, o como quiera llamársele, está en el origen de la “ideología de género”?
En el escrito de la Alianza Evangélica Española se nos dice que “cuando Marx, desde su modelo de lucha de clases, proclama que la religión es el opio del pueblo, Engels publica El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, y Nietzsche, desde el nihilismo sentencia la “muerte de Dios”, se constata el resquebrajamiento de los fundamentos sociales, morales y éticos que contenían principios normativos y universales” (Valera, p. 9). Esta misma referencia al Engels de El origen de la familia, aparece las páginas web de este estilo de plataformas, pero sin referencias concretas y ciertamente sin haber leído la obra culpable del delito. Los más ilustrados mencionan la siguiente frase: “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción”[6]. Si aquí hay algún indicio de “ideología de género”, que venga Dios y lo vea.
Los hechos son los hechos, y es un hecho que Karl Marx apenas trató el tema de la sexualidad. En la correspondencia privada entre Marx y Engels a menudo dicen cosas muy crudas sobre el tema, que reflejan los prejuicios sexistas y racistas de sus contemporáneos. Cuando Karl Heinz Ulrichs (1825-1895) escribió la primera defensa de la homosexualidad que conocemos, en un libro que envió a Marx y Engels, esperando encontrar apoyo en ellos, Marx no le prestó atención y Engels, más familiarizado con temas culturales, lo calificó de “suciedad convertida en teoría”[7].
A nivel político, muchos estados socialistas consideraron que la homosexualidad era el resultado de la decadencia de la sociedad capitalista burguesa. La homosexualidad fue un delito común en algunas Repúblicas soviéticas durante los años 1920. En 1933 Stalin añadió el Artículo 121 al código penal de toda la Unión Soviética, que hizo de la homosexualidad masculina un delito punible con hasta cinco años de prisión y trabajos forzados. A los homosexuales les fue denegada la afiliación o fueron expulsados de partidos comunistas de muchos países del mundo durante gran parte del siglo XX, como fue el caso de Jaime Gil de Biedma o Pier Paolo Pasolini.
Para concluir este punto. La Santa Sede, igual que hace la santa Alianza Evangélica, defiende un concepto casi idéntico del matrimonio y las relaciones sexuales, y en la cuestión de la homosexualidad el Catecismo de la Iglesia católica dice expresamente: “Apoyándose en la sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados». Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (n. 2357). Sin embargo, la Santa Sede no olvida de añadir una nota positiva, pastoral: “Los hombres y mujeres con atracción sexual hacia el mismo sexo deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (2358).
Es esta misma nota pastoral la que hemos echado en falta en el documento de la Alianza Evangélica Española, una falta total de visión cristiana, de pastoral elemental, de generosidad humana, de simpatía hacia todas aquellas personas que por su orientación sexual han sido y siguen siendo discriminados, violentados, asesinados; todos aquellos y aquellas que sufren en silencio un calvario personal que en muchos casos termina en suicidio.
¿Es que el cristianismo no es una fuerza liberadora; acaso no está el evangelio por la promoción de la persona subsumida en la persona de Cristo, el Nuevo Ser que hace nuevas todas las cosas? ¿Va el cristianismo a aliarse con las fuerzas recalcitrantes y opresoras de este mundo sin pararse a pensar en esa fuerza de la gracia que se caracteriza por la ruptura de velos, muros y vallas que dividen y enfrentan a los seres humanos? ¿Acaso es tan miope el cristianismo que no es capaz de ejercer su propia crítica, desde la fe de Jesús, y ofrecer una respuesta desde sus mismos planteamientos de amor y aceptación?
Seguiremos.
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[1] José Ángel Agejas Esteban, “La ideología de género en la opinión pública”, en María Lacalle Noriega y Patricia Martínez Peroni, coordinadoras, La ideología de género. Reflexiones críticas, p. 193. Ciudadela, Madrid 2009.
[2] La Dra. Margaret Welge, filósofa y teóloga argentina asegura que “en 1717 un grupo ocultista, incluyendo a los masones, se propusieron desconstruir la sociedad: atacar a la Iglesia con la ideología de género”. http://argentinatoday.org/2017/03/07/el-origen-de-la-ideologia-de-genero/
[3] “Como ya ha ocurrido con todas las teorías que han asaltado la civilización natural y cristiana —y sus principios básicos de Tradición, Familia y Propiedad— desde el Renacimiento y el Protestantismo (pasando por la Revolución francesa, el comunismo y la revolución cultural del 68), también en este caso nos hallamos frente a una masificación de ideas que en su origen estaban reservadas a un restringido círculo de personas” (Ángel Expósito Correa, “La ideología de género al asalto de la civilización natural y cristiana”, http://www.arbil.org/119expo.htm).
[4] Nicolás Márquez y Agustín Laje, El libro negro de la nueva izquierda: Ideología de género o subversión cultural. Grupo Unión, Madrid 2016. Cf. María Isabel Magaña, “Un investigador afirma que la ideología de género reclama campos de concentración para hombres”, https://www.actuall.com/entrevista/familia/la-ideologia-de-genero-reclama-legalizar-la-pedofilia-o-campos-de-concentracion-para-hombres/
[6] Friedrich Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, p. 30. Alianza Editorial, Madrid 2008 (original 1884).
[7] Engels, Homophobia and the Left, http://www.columbia.edu/~lnp3/mydocs/sex_gender/engels_homophobia.htmSobre Ulrichs, véase Hubert Kennedy, Ulrichs: The Life and Works of Karl Heinrich Ulrichs, Pioneer of the Modern Gay Movement (Alyson, Boston 1988).


Fuente: Lupaprotestante, 2018

lunes, 1 de enero de 2018

Un virus recorre las iglesias evangélicas, aquí y allá

Por. Ignacio Simal, España
Si eres un disidente, normalmente te ignoran. 
Si no pueden ignorarte y no pueden responderte, 
te desacreditan.” 
Noam Chomsky
Triste, lamentable la falta de apertura al diálogo teológico que recorre instituciones e iglesias tanto en España como allende los mares. Todos nos parapetamos en la trinchera de la verdad que creemos poseer, y desde ella disparamos a todo lo que se mueve fuera de los ámbitos de nuestras certezas. Triste y lamentable.
Muchos nombres podría citar que han sufrido los ataques inmisericordes de los “profetas” y “profetisas” de una pretendida ortodoxia que no siempre ha sido en la historia del pueblo de Dios. En los últimos tiempos hemos visto como personas queridas y respetadas han sido vilipendiadas públicamente por supuestas herejías. Triste y lamentable.
Hoy recibo un carta de un buen amigo, Ángel Manzo, ya exrector del Seminario Bíblico Alianza (Ecuador), en la que explica que le acaban de comunicar su despido del puesto desde el que ha servido a la Iglesia, como él mismo expresa, “con fuerza, entrega, pasión y energía”, y un servidor añade, y lo ha hecho ¡con alegría! Esa alegría de la que ha hecho partícipe a todos los que le conocemos. Triste y lamentable.
Un virus recorre las iglesias evangélicas aquí y allá, en España y en América Latina, y parece que no encontramos un antídoto lo suficientemente eficaz para eliminar la belicosidad del fundamentalismo evangélico. Un virus de creación humana, no divina, a la que se añade un potenciador de malignidad a través de medios de comunicación que lo propagan entre hombres y mujeres de buena fe. Triste y lamentable.
Cuando fundé Lupa Protestante tenía la intención de dar voz a aquellas ideas y reflexiones a las que se niega su difusión en otros medios. Siempre desde una línea progresista que no condena al “infierno” a nadie, sea conservador o progresista. Eso sí, guardando un escrupuloso respeto a los Derechos Humanos en todo lo que se publica, hemos alentado, y lo seguimos haciendo, la diversidad de pensamiento, la tolerancia y el respeto. Decimos, remedando a John Wesley, aunque su frase la descontextualicemos, que “pensamos y dejamos pensar” ¡faltaría más!
Nuestra pasión, como la de todas aquellas personas defenestradas por pensar diferente y atreverse a expresarlo y vivirlo, es el Evangelio de la asombrosa gracia de Dios que a todos y a todas nos abraza. Mi deseo para el año que vamos a iniciar en pocos días es que descubramos una vacuna eficaz para el malvado virus que recorre las iglesias evangélicas aquí y allá.
Mi abrazo más que solidario a mi amigo y hermano Ángel Manzo, y para todas las personas que en los últimos tiempos han sufrido los zarpazos del virus de los partidarios y partidarias del pensamiento único y la intolerancia hacia los que piensan y hacen diferente.
Soli Deo Gloria


Fuente: Lupaprotestante

domingo, 31 de diciembre de 2017

Creatividad teológica, peregrinaje y voz profética

Por. Luis Rivera-Pagan, Puerto Rico
Discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa en Divinas Letras, conferido por el Seminario Evangélico de Puerto Rico el 4 de junio de 2016
“Despierto en cada sueño
con el sueño con que Alguien
sueña el mundo.
Es víspera de Dios.
Está uniendo en nosotros sus pedazos.”
Los juegos peligrosos (1962)
Olga Orozco
A Justo L. González y Jorge Pixley
Agradezco a la junta de directores, a la facultad y a la presidencia del Seminario Evangélico de Puerto Rico la distinción que hoy me confieren al otorgarme un Doctorado Honoris Causa en Divinas Letras. Un saludo muy afectuoso a la clase graduanda del 2016, que hoy culmina con éxito sus estudios, y también a mi clase graduanda de 1966, que hace 50 años celebramos con alegría una ceremonia similar.
Mis años de estudios en el Seminario fueron decisivos en mi formación personal y profesional. Dos profesores fueron especialmente significativos.
Con Justo González aprendí a estudiar con minuciosa atención las tradiciones teológicas. Fue en gran medida por su inspiración que seguí estudios doctorales, primero en la Universidad de Yale y luego en la de Tubinga, Alemania, dedicándome a la investigación de la historia del pensamiento cristiano. Esa etapa culminó en una disertación sobre los intensos debates doctrinales en el siglo segundo, desde la perspectiva de uno de los más importantes teólogos de ese momento, Ireneo de Lyon.
Jorge Pixley, por su parte, me inculcó el análisis cuidadoso y crítico de las escrituras sagradas y las diversas corrientes exegéticas y hermenéuticas, en complejo y desafiante diálogo con las penurias y los agravios de la realidad latinoamericana y caribeña. Pixley dedicó más de tres décadas a la formación bíblico/teológica de generaciones de seminaristas de Puerto Rico, México y Nicaragua, además de dar múltiples conferencias y cursos por toda América Latina y el Caribe.
Honrar honra, por eso dedico esta distinción que hoy me otorga el Seminario Evangélico a esos dos insignes profesores de la década de los sesenta.
Esas experiencias como estudiante de esta institución tuvo varias consecuencias importantes en mi vida personal y profesional. En primer lugar, tomar en serio la creatividad teológica como una actividad de máxima excelencia académica. Todos mis escritos, en sus múltiples temas – los debates en el siglo dieciséis sobre la conquista y cristianización de América, los sustratos apocalípticos de los armamentos nucleares, los desafíos del ecumenismo en el siglo veintiuno, las convergencias entre la literatura y las religiosidades latinoamericanas y caribeñas, los laberínticos esfuerzos en la España del siglo dieciséis por traducir la Biblia al castellano, los diversos senderos de la teología protestante puertorriqueña, las variadas perspectivas de las teologías de liberación, la descolonización de la teología como pensamiento subalterno y transgresor, el diálogo entre las voces teológicas y las culturas sociales, la voz profética como solidaridad con las comunidades oprimidas y menospreciadas, las estrategias hermenéuticas en los conflictos entre Israel y Palestina, los lamentos y resistencias de la mujer en las tragedias bélicas, los imperativos teológicos de las modernas oleadas migratorias, la crítica a la misoginia y a la homofobia como expresiones distintas pero concurrentes de exclusión, entre otros asuntos – han exigido un esfuerzo conceptual e intelectual intenso y riguroso. Como bien afirmó el gran escritor cubano José Lezama Lima en su fascinante libro La expresión americana(1957): “Sólo lo difícil es estimulante.”
Ha sido una labor de creatividad teológica que se inició con un artículo publicado en 1965, en Puerto Rico Evangélico, en aquellos años la principal revista protestante puertorriqueña, titulado “Ágape y resistencia no-violenta en Martin Luther King, hijo” y culmina cinco décadas después en la reciente publicación de los libros Ensayos teológicos desde el Caribe (2013), Peregrinajes teológicos y literarios (2013) y Essays from the Margins (2014).
Un segundo elemento prioritario de mi vida ha sido el contante peregrinaje. La mayoría de los ensayos publicados en mis libros proceden de conferencias previamente dictadas en México, Nicaragua, Ecuador, Argentina, Chile, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Brasil, Cuba, República Dominicana, Trinidad Tobago, Jamaica, Barbados, Hungría, Checoslovaquia, Rusia, Suiza, España, Alemania, India, Palestina, El Líbano, Malasia y los Estados Unidos. Es un peregrinaje que pretende hacerle saber al mundo que en Puerto Rico, la colonia más antigua del mundo, como nos llamó el eminente jurista José Trías Monge, leemos, pensamos, hablamos, escribimos, dialogamos y debatimos. En resumen, somos capaces de enunciar nuestra propia palabra. Ha sido una romería continua que aspira a cultivar la memoria de un pueblo irredento, pero que se niega a renunciar a su identidad propia. Como bien argumenta Eduardo Lalo, en su laureada novela Simone (2011), la invisibilización de Puerto Rico es una de las lacras más lamentables de nuestra subordinación colonial.
Pero mi vida no ha consistido solo en escribir y dar conferencias en diversas partes de nuestro mundo ancho y ajeno, como lo tildase el escritor peruano Ciro Alegría. También fui marcado de manera indeleble por las vigorosas voces proféticas que caracterizaron la década de los sesenta. Los biblistas latinoamericanos nos enseñaron que es imposible leer cuidadosamente la Biblia sin percibir en ella el predominio de la convocatoria profética a la solidaridad con los menesterosos y marginados. “Abre tu boca en favor de quien no tiene voz y en defensa de todos los desamparados… defiende la causa del desvalido y del pobre” (Proverbios 31:8-9); “¡Haced justicia al oprimido y al pobre, librad al débil y al indigente, rescátenlos del poder de los impíos!” (Salmo 82:3-4).
Las frecuentes censuras en las sagradas escrituras se dirigen, en su gran mayoría, contra quienes usan el poder público – político, económico y religioso – para la injusticia y la opresión. Ejemplo destacado es el amargo juicio que emite el profeta Miqueas (Miqueas 3:1-4), al increpar a los gobernantes de Israel:
“Oíd ahora… jefes de la casa de Israel… que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos; que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para el caldero, y como carnes en olla. Entonces clamaréis a Yahvé, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro…”
¿Qué ha significado esa voz profética para este puertorriqueño que estudió en el Seminario Evangélico, prosiguió el doctorado en Yale y Tubinga y concluyó su vida docente como catedrático en el Seminario Teológico de Princeton?
Primero, cerciorarme que la Biblia versa sobre un pueblo pequeño y marginado, como el nuestro, sujeto continuamente a la avaricia imperial de grandes potencias – Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Macedonia, Roma – pero cultivando siempre una profunda e irrenunciable esperanza de liberación. El pertenecer a una nación pequeña, a la merced de las ambiciones de dominio de un imperio, pero sin claudicar jamás el perenne sueño de libertad, ha sido uno de los elementos claves de la voz profética. Es también un rasgo distintivo de la historia de nuestra nación puertorriqueña. No pocas veces en mis constantes peregrinajes me vienen a la mente los versos de una de mis poetas preferidas, la mexicana Rosario Castellanos,
“Alguien, yo arrodillada: rasgué mis vestiduras
Y colmé de cenizas mi cabeza.
Lloro por esa patria que no he tenido nunca,
La patria que edifica la angustia en el desierto…”
Segundo, la voz profética es implacable contra toda clase de discrimen, marginación u opresión social, sea a causa de las penurias económicas, las diversidades étnicas, raciales, culturales, religiosas o de género. Ejemplo destacado es el acerbo juicio que Jeremías hace de la conducta de Joaquín, rey de Judá (Jeremías 22: 13-17):
“!Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo!… Tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, para derramar sangre inocente y para oprimir…”
Y quienes se jactan de pasar largas horas en ayuno y devoción, no deben olvidar la amonestación de Isaías (58:6-7):
“El ayuno que yo escogí,
¿no es más bien… soltar las cargas de opresión,
dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo?
¿No es que compartas tu pan con el hambriento,
que a los pobres errantes albergues en casa…?”
La voz profética destaca también aquellos cuyos derechos humanos son menoscabados. El profeta Jeremías en su vigorosa denuncia de quienes cumplían con las normas cúlticas especificadas en los textos sagrados hebreos, pero desligadas de la solidaridad con los excluidos, asevera:
“No fiéis en palabras de mentira, diciendo: ‘¡Templo de Jehová… es éste!’ Pero… si en verdad practicáis la justicia… y no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramáis la sangre inocente… yo os haré habitar… en la tierra que di a vuestros padres para siempre.” (Jeremías 7:4-7)
Los extranjeros inmigrantes eran, y son todavía hoy, marginados por sus orígenes étnicos, raciales o culturales, las viudas y sus hijos huérfanos por vivir en una sociedad patriarcal y androcéntrica.
La discusión actual en Puerto Rico sobre equidad de género involucra dos asuntos distintos pero íntimamente vinculados. El primero tiene que ver con el pleno respeto a los derechos humanos de la mujer. Lograrlo exige desligarse de una longeva tradición cultural de sumisión femenina. El patriarcado androcéntrico es un legado lamentable que debemos superar. El segundo asunto, la homofobia, se refiere al discrimen contra las personas de diversa identidad de género y orientación sexual. Su marginación social es tan censurable como el racismo, la xenofobia o la misoginia. La inequidad y la iniquidad son hermanas gemelas.
No es asunto únicamente de una perspectiva académica. Requiere la inserción en la larga e inacabable historia de las esperanzas y luchas de liberación de las comunidades marginadas y maltratadas. Se trata de lo que la teología latinoamericana tildó de praxis, como matriz inseparable de la teoría. Es algo que hemos aprendido en el surgimiento vigoroso de teologías liberacionistas de múltiple cuño: latinoamericanas, feministas, mujeristas, afroamericanas, indígenas, tercermundistas, gais y queer. Nos topamos aquí con un alegre carnaval de la inteligencia de la fe. O un concierto barroco, como lo llamaría el escritor cubano Alejo Carpentier.
Concluyo.
La creatividad teológica en diálogo con la academia y la cultura, el peregrinaje por el mundo ancho y ajeno para que la voz puertorriqueña se reconozca y valore, la adhesión a la voz profética. Todo esto lo aprendí en mis años de estudio en el Seminario Evangélico de Puerto Rico. Con mucha gratitud en el corazón acepto este reconocimiento que hoy se me otorga y felicito muy profundamente a la clase graduada de 2016.
¡Muchas gracias y que Dios les bendiga!


Fuente: Lupaprotestante

sábado, 30 de diciembre de 2017

Europa, mercado e ideología de género

Por. Alex Roig, España
Ese fino periodista que es César Vidal, acaba de destapar un episodio que, según él, “ha sido pasado por alto por la práctica totalidad de los medios de comunicación, pero que reviste una importancia extraordinaria”. Actualmente, nos informa, las naciones que integran el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay más Venezuela en estado de suspensión y Bolivia de incorporación) se encuentran negociando un tratado comercial con la Unión Europea. Pues bien, denuncia y alerta, “la UE ha condicionado la firma de ese tratado a que las naciones hispanoamericanas acepten en el seno de sus legislaciones internas las leyes de ideología de género.  El dato reviste una enorme gravedad, primero, porque se trata de un acto de imperialismo intolerable […]  La ideología de género está siendo impuesta sobre naciones que sienten repugnancia por ella”.
Es cierto que la Unión Europea está en trato con Mercosur, pero esto no muy “actual” ni una novedad oculta, lleva ya 18 largos de negociaciones. Esto es así porque en este tratado no sólo está en juego la llamada “ideología de género” —como veremos—, ni mucho menos los intereses económicos, que beneficiarían a ambas partes, y en especial a Europa que bien podría haber la vista gorda sobre determinados aspectos de los derechos humanos, como hacen otros, con tal de llenarse los bolsillos de plata. Tampoco es de hoy la difamación: “En forma engañosa suele afirmarse que las negociaciones Mercosur-UE en marcha son sobre todo de tipo comercial. No es así, la mayor parte de los temas en discusión son de carácter estructural y comprometen el conjunto de la economía en ámbitos críticos tales como servicios, patentes, propiedad intelectual, compras públicas, inversiones y competencia” (Jorge Marchini, “Union Europea-Mercosur: ¿qué se está negociando?” Nodal. Noticiero de Améria Latina y El Caribe 7 julio, 2017).
Europa, además de los asuntos legales de inversión y competencia con los que tropieza, alerta también a los países del Mercosur acerca de “un riesgo de aumento de la contaminación del agua, por lo que pide a los gobernantes de Mercosur «una normativa más estricta» sobre el efecto potencial negativo sobre la biodiversidad, agravado por el desarrollo de la demanda de biocombustibles en Europa” (“Ganadores y perdedores”).
Por su parte, los sindicalistas de Europa y del Cono Sur plantearon a las autoridades de ambos bloques sus principales preocupaciones y exigencias para que la negociación avance hacia un verdadero acuerdo de asociación que permita reforzar las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales entre ambas regiones y que sea capaz de potenciar el respeto a los derechos humanos, el empleo digno, el desarrollo sostenible y los valores democráticos, evitando que se constituya en un mero tratado de libre comercio (“Sindicatos de Europa y Latinoamérica exigen transparencia en las negociaciones”).
De esto se deduce que Europa no es únicamente una unión de mercados o de bancos —aunque haya mucho de eso—, sino de naciones en torno a una Idea, una idea conocida por Estado de Bienestar, quizá la última utopía de nuestros días. Una utopía, la primera en la historia, puesta en práctica sin violencia y con tremendos resultados positivos para su población. Esta utopía molesta, y mucho a los poderosos de este mundo. Es un mal ejemplo para sus ciudadanos sometidos a todo tipo de incertidumbres, un precedente peligroso que cuestiona sus políticas económicas de desigualdad. Europa es como una piedra en la bota de los Imperios rojos y azules que se están repartiendo el mundo a su propio gusto. Por eso hay que tantos tiburones que quisieran acabar con la utopía europea, y lo cierto es que están muy cerca de conseguirlo. Europa, además, y desgraciadamente, no se valora a sí misma, “Europa no se quiere”, como documenta magistralmente el periodista Arturo San Agustín (El buitre sobre el Tíber. Península, Barcelona 2008).
Europa ha apostado, y fuerte, por los derechos humanos, tiene experiencia suficiente para saber qué son los regímenes absolutistas, los juicios sin garantía; la tortura y la mutilación; la discriminación por cuestión de religión, raza o sexo. Es preocupante que en muchos círculos latinoamericanos, incluso llamados cristianos, se hable despectivamente de los derechos humanos y se los trate de pura ideología al servicio de los zurdos y de los terroristas. Lo malo es que esto se contagie al ciudadano europeo que no se quiere, que no se valora. De momento, parece que este ciudadano, o sus representantes, están haciendo frente a los nuevos apóstoles de la desigualdad.
Ahora, vayamos al grano, ¿qué es eso de ideología de género que, según nuestro periodista de Protestante Digital, se está imponiendo sobre las pobres naciones latinoamericanas? La expresión ideología de género es, hasta donde se puede seguir la pista, es un término propio del papa Juan Pablo II, para quien, en consonancia con la doctrina católica tradicional sobre la sexualidad, es profundamente ofensivo decir que las características sexuales no están determinadas por Dios y la naturaleza, y que las personas pueden nacer en un sexo y decidir ser de otro. Para el católico conservador la homosexualidad no es natural, perturba la idea de una identidad sexual claramente definida por Dios y la naturaleza, y por tanto es una inclinación al mal, una inclinación a violentar la voluntad divina.
A esta ideología de género, o más correcto, contra ella, se han sumado la mayoría de las iglesias evangélicas, y con tal entusiasmo que ha dado lugar al extraño fenómeno del “ecumenismo del odio”. El evangelicalismo es por lo general muy adverso a la Iglesia católica, hasta el punto de que el mismo término “ecumenismo” es objeto de condenación. Sin embargo, en muchos países se está dando ese “ecumenismo del odio”, que consiste en buscar el apoyo de los católicos y de las Conferencias Episcopales de los distintos países de Latinoamérica para manifestarse conjuntamente contra la “ideología de género”. Así hemos podido observar en un mismo evento la presencia de evangélicos fundamentalistas, ultracatólicos de HazteOir y algún que otro obispo.
El cristiano conservador está en todo su derecho de aferrarse a su convicción de la vivencia de sexualidad “como Dios manda”, el problema surge, inevitablemente, cuando la mayoría de los gobiernos democráticos liberales admiten, por una parte, la licitud de una ética que, por motivos religiosos, se opone a la homosexualidad; y por otra, en cuanto garantes de las minorías, admiten en un mismo pie de igualdad a aquellos ciudadanos de distinta orientación sexual a la anterior, y por ley exigen que sean respetados y reconocidos sus derechos como cualquier otro ciudadano.
A nivel privado y de fe, claro que existe una tensión ineludible entre el rechazo religioso de lo homosexual, y la protección de este por parte del Estado constitucional, pero la convivencia pacífica exige, por ley, que nadie sea discriminado por cuestión de raza, religión o sexo. El reto para las iglesias cristianas es cómo conjugar esta ley constitucional con su propia ley religiosa, sin infringir ni una ni otra.
Pero la cuestión es más compleja, pues detrás de este movimiento de protesta y rechazo de lo homosexual se encuentran fuerzas económicas muy poderosas, que están utilizando para sus intereses la llamada “ideología de género”; a la que tienen mucho interés de presentar como una conspiración contra la familia, pero que lo que realmente están haciendo es manipular los sentimiento de muchos creyentes y ciudadanos conservadores para desviar la atención de los verdaderos problemas del pueblo: la creciente precariedad económica del ciudadano, que ni aun teniendo trabajo puede salir de la pobreza; la privatización de los bienes o derechos sociales a la educación, la salud y la seguridad. Detrás de la agenda contra ideología de género se esconden muchos intereses de corte económico y político, que poco a poco se van introduciendo en las sociedades emergentes para perpetuar la vieja esclavitud. Mucho nos temenos que la cuestión homosexual se está utilizando como una cortina de humo para ocultar intereses económicos que no quieren operar a la luz del día.
Por último, se puede desaprobar la homosexualidad en todas sus formas por motivos de conciencia y de creencia, pero nunca, y menos en cuanto cristianos, se puede alentar o fomentar el odio al homosexual. Es más, tampoco se puede guardar silencio ante el abuso, la violencia e incluso el linchamiento de este, y no me estoy refiriendo a gobiernos de carácter teocrático como el existente en algunos países musulmanes, donde colgar o arrojar desde una torre al homosexual está al orden del día, sino a naciones de ese Mercosur que, según César Vidal, “sienten repugnancia” por la ideología de género que Europa quiere imponerles. ¿No será que Europa quiere que los derechos humanos se respeten, aunque sea un poco?
El Señor Vidal, que es muy viajado, no puede ignorar que, por ejemplo, en Colombia aumentan homicidios de homosexuales y transexuales, que “en muchos lugares de América Latina, salir a la calle como homosexual significa estar expuesto a graves amenazas, palizas o incluso la muerte”. Por cierto, Colombia ya permite el matrimonio gay, pero la resistencia de sectores religiosos se vio reflejada en 2016 en las campañas de rechazo al histórico acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, al que acusaban de promover una “ideología de género”.
Según Marilia Brochetto, de CNN, casi 600 personas murieron a lo largo de América Latina por la violencia contra la población LGBT entre enero de 2013 y marzo de 2014, según un informe de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) de 2015. ¿Sabían que en los primeros meses de 2017 en América Latina y Estados Unidos se han registrado al menos 41 crímenes contra la comunidad LGBT, a los que se suman múltiples agresiones e incluso torturas? . La ONG Transgender Europe coloca en números absolutos a Brasil primero entre 33 países con asesinatos de personas LGBT registrados en 2016, con 123 casos, seguido por México, 52. Según la ONG Grupo Gay de Bahía, entre el 1 de enero y el 20 de septiembre de 2017 en Brasil se han registrado un total de 277 asesinatos de personas LGTB, lo que supone un promedio de 1,05 al día, superando así el dato de 2016 con una media de 0,95, lo que a todas luces, también es una auténtica barbaridad. El pasado 7 de noviembre de 2017, la filósofa estadounidense Judith Butler, fue “quemada en efigie” como bruja en São Paulo. Judith Butler es conocida por ser feminista y defensora de la igualdad de género. Fue a Brasil difundir la versión en portugués de su libro Parting Ways: Jewishness and the Critique of Zionism (Caminos Divergentes. Una crítica judía al sionismo”), grupos conservadores aprovecharon el acto cultural para arremeter contra ella como “bruja comunista”, defensora de la “ideología de género” y “atentar en contra de la familia”. Portaban muñecas gigantes representando la filósofa a las que prendieron fuego.
Las iglesias, los individuos, pueden estar en contra de la homosexualidad, pero guardar silencio frente a estos actos de violencia es hacerse cómplices de los mismos y está muy lejos del espíritu de Jesucristo.
Significativamente, “si nos fijamos en la religión como variable, lo que encontramos es que cuanto más católico sea el país, más probabilidades habrán de aceptar la homosexualidad y viceversa. Cuanto más protestantes son, menos probabilidades tienen de aceptar esto y menos probabilidades tienen de tener una legislación activa sobre los derechos de los homosexuales”. Las personas LGBT que viven en países dominados por iglesias evangélicas tienden a ser las que tienen más dificultades. Las iglesias católica y evangélica tienen puntos de vista similares sobre la homosexualidad, aunque hay diferencias notables. Aunque ambos se oponen a la homosexualidad, “el clero católico tiende a ser menos opuesto a los estatutos contra la discriminación que el clero evangélico”. La prueba está precisamente en los mismos países latinoamericanos donde paradójicamente se asesinan a tantos homosexuales. América Latina ofrece una narrativa contradictoria. “Mientras que muchos derechos LGBT en los Estados Unidos están enredados en disputas legales en estados individuales, en América Latina, las leyes sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción, el cambio de género en las tarjetas nacionales de identidad y las leyes contra la discriminación entraron en vigor en la década pasada, muchos de ellos antes de que la Corte Suprema de Estados Unidos legalizara el matrimonio entre personas del mismo sexo”.
Es triste comprobar que para muchos cristianos conservadores parece que el problema más grave de la familia y del país, no es la pobreza, la violencia, el machismo, el abuso infantil dentro del círculo familiar, la inseguridad, la desatención sanitaria, la falta de escolarización, la xenofobia, la discriminación social…, todo parece indica que para muchos buenos ciudadanos y creyentes ejemplares el único problema, el más amenazante, es, son, los chicos gays, las chicas lesbianas.


Fuente: Lupaprotestante, 2017.

viernes, 29 de diciembre de 2017

El nacimiento del Mesías

Por. Juan José Tamay, España
El 24 de diciembre de 1999 publiqué en el diario EL PAÍS el artículo “El nacimiento del Mesías”, que tuvo una excelente acogida y provocó un fuerte impacto tanto entre personas creyentes como no-creyentes. 18 años después he hecho consultas sobre la bibliografía reciente en torno al tema y he comprobado que existe una coincidencia básica con los datos expuestos en el artículo de entonces. Por eso he decidido publicarlo de nuevo actualizando algunos análisis e incorporando la siempre lúcida reflexión de Ernst Bloch, que acentúa aspectos sociales del nacimiento de Jesús de Nazaret hoy olvidados en las celebraciones religiosas, que se quedan en la formalidad litúrgica sin creatividad alguna, y en las celebraciones laicas, que con frecuencia no hacen otra que degenerar en consumismo. Como dice el viejo adagio latino: Corruptio optimi pessima.
Las recientes investigaciones sobre el judaísmo de la época de Jesús, y muy especialmente las llevadas a cabo en torno al Nuevo Testamento, han hecho importantes aportaciones en torno al Jesús histórico. Los métodos histórico-críticos (historia de las formas, historia de la redacción) e histórico-sociológicos y antropológicos (antropología cultural, historia social y económica, ciencias sociales) aplicados al estudio de la literatura cristiana primitiva han contribuido a cuestionar algunas de las tradiciones más arraigadas en el cristianismo ya bimilenario. Dos de ellas son la fecha y el lugar de nacimiento de Jesús; la primera se encuentra en la base del calendario de Occidente; la segunda constituye uno de los motivos principales de la Navidad.
Apenas contamos con documentos históricamente fiables que nos informen sobre el nacimiento de Jesús. Por una parte, los historiadores romanos y judíos no nos han dejado ninguno. Por otra, dentro de los escritos del Nuevo Testamento sólo los evangelistas Mateo y Lucas hablan de él en dos textos independientes entre sí, que son conocidos como “relatos de la infancia”. Ellos han alimentado la piedad cristiana popular y el imaginario colectivo de Occidente, y son una importante fuente de inspiración de poetas, artistas y narradores. A su vez, han sido objeto de crítica -también de burla- en entornos culturales racionalistas y secularizados, ajenos al mundo de los símbolos y los mitos. Se trata, en realidad, de dos textos que pertenecen a un género literario peculiar, el de los relatos de nacimiento e infancia de los grandes héroes -tanto judíos como paganos-, que poseen una gran dosis de fantasía, aparecen envueltos en múltiples motivos legendarios y nos familiarizan con el mundo de lo sobrenatural y milagroso: apariciones de ángeles, concepción virginal, estrella que guía la ruta de los magos, precocidad del niño Jesús, escenas truculentas como el asesinato de los inocentes, etc.
Entre ambos relatos se observan importantes divergencias, e incluso contradicciones, por ejemplo, en la información sobre los viajes de María y José, en los esquemas geográficos, que están en la bases de las narraciones sobre el nacimiento de Jesús, etc.-, que ponen seriamente en cuestión su historicidad. Su plan literario responde a una intención teológica bien concreta, que más adelante explicitaré. Son, además, textos aislados, a los que no vuelven a referirse ni los evangelios citados ni los otros dos. Tampoco la primera predicación cristiana incorpora lo descrito en ellos.
Con todo, hay algunos datos que los especialistas tienden a considerar históricos. Este es el caso de la fecha del nacimiento de Jesús. Mateo (2, 1) y Lucas (1, 5) coinciden en que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande, que gobernó Judea, Idumea, Samaría, Galilea, Perea y otras regiones de Haurán, del año 37 al 4 antes de Cristo. Mateo sugiere que pudo nacer al final de dicho reinado. La fecha más verosímil está entre el 4 y el 6 antes de Cristo. Ésa parece ser la más acorde con otros datos cronológicos de la vida de Jesús proporcionados por los Evangelios.
Sin embargo, nuestro calendario no se atiene a esas fechas. El error se debe al cálculo incorrecto realizado por el monje del siglo VI Dionisio el Exiguo, que fue quien fijó la división de la historia en dos etapas: antes de Cristo y después de Cristo. Él propuso que los cristianos debían establecer la cuenta de los años partiendo del nacimiento de Cristo, y no desde el reinado de Diocleciano, emperador romano que había perseguido a los cristianos con especial severidad, como tampoco desde la fundación de Roma (ab Urbe condita). Pero se equivocó en cuatro o seis años a la hora de fijar la fecha de la muerte de Herodes el Grande y, en consecuencia, también la del nacimiento de Jesús. Si damos por buena la fecha del 6 al 4 antes de Cristo -y parece que hay que darla, porque el consenso entre los expertos es muy elevado-, el dos mil aniversario del nacimiento de Jesús tuvo lugar ya lugar entre el 1994 y 1996.
En cualquier caso, la fecha es solo aproximada. Lo que no debe de extrañar, ya que lo mismo sucede con otros personajes relevantes de la época grecorromana, por ejemplo: Nerva, Trajano, Herodes Antipa, Poncio Pilato. Ahora bien, teniendo en cuenta que Jesús fue, según la certera observación de John P. Meier, “un judío marginal” en la historia grecorromana, esta aproximación cronológica me parece más que suficiente.
Mateo (2,1) y Lucas (2,4-7) coinciden también en señalar a Belén como lugar de nacimiento de Jesús. Sin embargo, este dato no parece histórico. Para esta valoración me atengo al cualificado criterio del prestigioso biblista católico Raymond E. Brown, autor de El nacimiento del Mesías (original: The Birth of the Messiah, Nueva York, 1979, vers. cast.: Cristiandad, Madrid, 1982), para quien “las probabilidades están más frecuentemente en contra de la historicidad que en favor de ella”. Dicho criterio es ampliamente compartido, hoy, por los expertos.
Conviene recordar a este respecto que, fuera de los relatos de la infancia de Mateo y Lucas, Belén no vuelve a ser citado en los Evangelios ni en Hechos de Apóstoles como lugar de nacimiento de Jesús. Sólo en el Evangelio de Juan encontramos un texto que recoge las discusiones de los judíos en torno a la procedencia del “Cristo” y muestra la desconfianza de quienes no aceptaban su origen galileo (7,41-42). Aun dentro de su ambigüedad, dicho texto viene a confirmar que Jesús no era oriundo de Belén, sino de Galilea, zona fronteriza considerada pagana (era llamada “Galilea de los gentiles”) por los judíos ortodoxos e, históricamente, ámbito de importantes movimientos revolucionarios.
El lugar concreto de nacimiento de Jesús parece ser el pueblo de Nazaret, perteneciente a la Baja Galilea. En numerosas ocasiones, los Evangelios y el libro de Hechos de los Apóstoles presentan a Jesús como oriundo de ese pueblo y le llaman el Nazareno. Ahora bien, Nazaret no era una aldea de cuento, un pueblecito de fábula, un lugar de ensueño donde viviera apaciblemente la “sagrada familia”. Era una tierra conflictiva, rebelde, donde se tejieron esperanzas y sueños de liberación, en clave de resistencia frente al Imperio romano. Ahí nació Jesús y en ese clima creció y se educó.
Aun cuando no debemos excluir taxativamente a Belén como lugar de nacimiento de Jesús, creo puede afirmarse con John P. Meier, uno de los más cualificados investigadores en torno al Jesús histórico de nuestra época, que ese dato no debe entenderse como un acontecimiento histórico, sino como una afirmación teológica en la modalidad de un relato histórico -que sólo lo es en apariencia- cuya pretensión es mostrar la mesianidad y el origen davídico de Jesús. (John P. Meier, Un judío marginal, tomo I, EVD, Estella, Navarra, 1998, 230). El Mesías, según el profeta Miqueas, debía nacer en Belén de Judá, patria del rey David. Así respondían los evangelistas a los judíos que no podían creer en un mesías nacido en Galilea.
Mi intención con este artículo ha sido evitar la confusión entre lo histórico, lo legendario y lo mítico en el caso del nacimiento de Jesús de Nazaret, si bien debe reconocerse que los tres niveles se encuentran aquí entremezclados y cada uno ejerce su función no excluyente. No se olvide lo que decía con razón el filósofo de la esperanza Ernst Bloch: “También Prometeo es un mito” y como tal portador de utopía, que creo es aplicable a los relatos del nacimiento de Jesús. Además, aun reconociendo que “Jesús está rodeado por el mito”, afirma la existencia de material histórico en los relatos evangélicos de la infancia y lo comenta de esta guisa:
“Se adora a un niño que ha nacido en un establo. De modo más próximo., más bajo, más secreto no puede hacerse refractar ninguna mirada hacia lo alto Y a la vez el establo es real, nos e ha inventado este origen tan mínimo del fundador. La leyenda no pinta la miseria, y desde luego, ninguna miseria que se prosigue a lo largo de toda una vida. El establo, el hijo del carpintero, el visionario entre la gente humilde, la ejecución del final, todo ello está tejido con material histórico, no con el material dorado que la leyenda prefiere” (El principio esperanza, tomo 3, Trotta, Madrid, 2007, 376)[1].
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Juan-José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid. Sus últimos libros son: Invitación a la utopía. Estudio histórico para tiempos de crisis (Trotta, 2012 + varias reimpresiones); Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, 2013); Religión, razón y esperanza. El pensamiento de Ernst Bloch (Tirant lo Blanch, 2ª ed., 2015, 2ª ed.); Religión, género y violencia (Dykinson, 2ª ed., 1ª reimpresión); Teologías del Sur. El giro descolonizador, Trotta, septiembre 2017.
[1] El texto citado se encuentra en el epígrafe “Fundador, surgido del espíritu de Moisés y del Éxodo completamente coincidente con su buena noticia: Jesús, Apocalipsis, Reino”, del tomo III de El principio esperanza, que Bloch introduce con el siguiente texto de Thomas Müntzer, el teólogo anabautista de la Revolución de los Campesinos: “A muchas gentes les parece que es una poderosa y gran fantasía. Porque no pueden juzgar sino que es imposible que pudiera ponerse en marcha y ejercitarse tal cosa, que los ateos sean arrojados del sillón del juicio y alzados a él lejos y toscos […]. Que es lo que nos ocurrirá y pasará a todos con la llegada de la fe, que nosotros, hombres de carne y terrenos, nos convertiremos en dioses por haberse hecho hombre Cristo, de tal manera que somos con Él discípulos de Dios, enseñados y deificados por Él mismo, más aún, convertidos total y plenamente en Él, para que la vida terrena gire hacia el cielo” (Filipenses, 3), Thomas Müntzer, “Manifestación explícita”, en Tratados y sermones, introducción y traducción de Lluís Duch, Trotta, Madrid, 2001, 149ss


Fuente: Lupaprotestante, 2017.