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sábado, 24 de octubre de 2015

Mario Wainfeld: catolicismo, política y Estado



Transcribimos parte de la intervención de Mario Wainfel en la presentación del libro “El mito de La Argentina Laica”. Wainfel es un reconocido es un periodista, abogado, docente universitario, escritor e intelectual argentino.
Por Leonardo Félix, Argentina.
Lo primero que uno puede decir de un libro tan amplio y con tanto material es que el texto es muy vasto, y debemos agradecerle a F.M. el recorrer tanto la historia del país, así como otros elementos presentes en el escrito.
Un elemento a destacar fuertemente presente en el libro es el uso de los “plurales” que se hace. El Ñic. Mallimaci no habla de sociedad sino de “sociedades”, no habla de cristianismo, sino de “cristianismos”, no habla de catolicismo, sino de catolicismos, no habla de catolicidad, sino de catolicidades, y lo mismo con el nacionalismo, nacionalismos, etc., etc.
El pluralismo de F.M. no está pues, en su posición frente a la sociedad y la vida, sino en su lectura de la sociedad, de los hechos de la historia, de la iglesia y del propio estado. El objeto de estudio, son objetos de estudios. La diversidad es el núcleo de todo lo expresado. Esa mirada, es un núcleo ideológico en un sentido que es interesante destacar, y es también el núcleo del observador. En algún momento el autor nos dice: “tampoco es cuestión de disputar entre imaginarios y hechos”. Punto neurálgico en sí, en donde, los imaginarios no se contradicen con los hechos; los imaginarios se contradicen entre sí. No hay hechos empíricos por un lado, e imaginarios por otro. Los hechos son los que los imaginarios refractan y esto forma parte de todo lo que es su mirada.
Es una recorrida histórica, diría yo, de la relación entre el estado, sociedad, iglesia, república y la historia argentina en sí desde el Virreynato del Río de la Plata.
El recorrido de F.M. es por toda la historia, y se empieza a apasionar y tomar calor con la historia reciente que le toca, al decir puntualmente en la página 169 “esta injusticia clama al cielo” hablando de una conferencia episcopal argentina que nunca recibió (durante la dictadura militar) a las madres de plaza de mayo y nunca realizó una autocrítica o pedido de perdón específico con este tema. Ahí clama al cielo, antes no, porque habla del presente más allá de la historia que es bien planteada y sirve para hablar de este presente nuestro, llegando de este modo al “amigo de todos los presentes” el Papa Francisco. Lo de Francisco es la base de otro libro que FM debe escribir en otro libro; cuál es la relación entre la ICR, la catolicidad, los catolicismos, la jerarquía, las jerarquías, el estado, la república.
Hay una frase emblemática para mí que hasta se puede usar como slogan, pero es más que esto: “la antipolítica es un viejo recurso político de la ICR”, la antipolítica como un recurso, en el cual el rol del estado y la sociedad es subalterno a algo en donde quién establece principios ordenadores, está por arriba de ellos.
Como se concilia una idea de trascendencia con la idea de que la verdad nadie la tiene en forma absoluta. En todo caso si se tiene una verdad, la misma se debe asumir como una verdad relativa. Si hay catolicismos, también hay subjetividades en juego. La misma forma parte de la vida de cualquiera en su esfera pública. La imposición con respecto a estas subjetividades e intimidades es todo un núcleo central en el cual FM va derivando su tramo más predicativo en el cual aparece por lo menos una expresión y es si “puede haber una comunidad regida por varones célibes”.
Mirando desde afuera esto, desde mi expresión como agnótsico, a uno le surge la siguiente expresión: “una comunidad regida por varones célibes, es anti natural desde el principio mismo”.  Aquí hay una contradicción evidente que sale a la luz en el escrito de FM en las catolicidades y el rol que tienen con él y los estados.
La ICR tiene un status quo fuerte en Argentina y otros lugares, y ese status es riesgosamente antirrepublicano y lo peor es que es naturalizado por la sociedad en su conjunto haciéndolo invisible en lo cotidiano.
Hay un rigor interesante y agudeza en el escrito, que fuerzan a replantear la relación entre el estado y la iglesia y con nuestra propia historia. El libro nos ayuda a ver el sentido de la vida muchas veces y también ser su amigo y compañero es una fuente de alegría.

Fuente: ALCNOTICIAS, 2015.

martes, 29 de abril de 2014

Chandalas – Miseria urbana

Por. Hilario Wynarczyk, Argentina
Las formas de la miseria urbana son lacerantes. Los vagones del subte parecen el escenario de los teatros de variedades. En sus puertas laterales  esperaban los actores busca-vida hasta el aviso de entrada a ofrecer sus números vivos. De un modo parecido en el coche del subte mientras alguien sumido en la pobreza hace su oferta al público otros en una de las puertas de los extremos del coche esperan que el escenario quede libre.
Así desfilan los que por único capital tienen la desgracia. El no vidente, el mutilado, el enfermo de SIDA, y los niñitos mendigos (acompañados por otros algo mayores que parecen sus pequeños capataces). Algunos niños hacen un ritual de saludo como los jugadores de básquetbol (puño contra puño, mano con mano) y ofrecen la mejilla para solicitar un besito (no creo que hayan inventado esta liturgia).
Los más patéticos son los niñitos desgreñados y tan sucios como la basura de una ciudad sucia con la costra de suciedad negra adherida a las plantas de sus pies. Me hacen pensar en la casta de los chandalas, así explicada por Friedrich Nietzsche en El ocaso de los ídolos citando los edictos hindúes de la Ley de Manú. Los chandalas “no usarán otras ropas que los andrajos de los cadáveres, ni otra vajilla que cacharros rotos, ni otros adornos que hierro viejo, ni otro culto que el de los malos espíritus; andarán errantes sin descanso de un lado para otro. Les estará vedado escribir de izquierda a derecha y usar la mano diestra para hacerlo”[1].
A su turno los vendedores de bienes ofrecen guías urbanas, agendas, cuadernos, pañuelos descartables, chíclets, linternas y otros objetos que posiblemente compran en negocios para “buscas” en el barrio de la estación ferroviaria de Constitución. También hay dos o tres “estudiantes de ciencias sociales” que de noche venden libros en una línea de subte; y en un tren que viaja de Buenos Aires a los suburbios hay evangélicos, seguramente pentecostales, que llevan enormes canastos y ofrecen masitas fabricadas en un hogar para drogadictos.
Muchos de estos vendedores con el cabello prolijamente corto, casi al ras, y camisas, pantalones y zapatillas “de marca” compradas, me imagino, en los mercados populares conocidos como “saladitas”, parecen física y mentalmente bastante enteros, todavía.
Y así llegan a su turno los vendedores de servicios. Malabaristas, músicos y cantantes. Algunos entonan algo así como trova cubana al estilo de Silvio Rodríguez. También venden sus propias grabaciones. Otros hacen oír con equipos portátiles grabaciones “truchas” de temas famosos y las ofrecen al público.
En las calles al anochecer los recolectores de basura (todavía en los 70s llamados “cirujas”) abren bolsas y contenedores, almacenan y llevan, dejando parte en el suelo hasta la llegada de los camiones que trabajan para el Estado. Forman pequeñas agrupaciones familiares, algo así como clanes,  que me hacen pensar en agrupaciones de personas que se desplazan por el territorio como las técnicamente llamadas “bandas de recolectores” de las etnologías clásicas que estudiaban a los indígenas de las planicies y sus mitos como las formas de la conciencia de pueblos primitivos. Sus hijas y sus hijos también parecen enteros. Quizás les ayuda la fantasía de estar trabajando como recolectores relativamente integrados a las categorías laborales por el imaginario de una parte de la sociedad y del Estado.
Otra franja humana de la misma desgracia es la de quienes duermen en las veredas en el centro de la ciudad y barrios de clase media alta y alta. Desde que Francisco Primero asumió su papado pude notar en un barrio de clase media alta y alta, cuyo interior alberga la iglesia de donde deriva  su nombre, que ciertas personas se detienen a conversar con los pordioseros, a veces con tono compasivo (relación asimétrica), y otras veces, como si no hubiese distancia social (relación simétrica), les ofrecen traerles algo o les preguntan si quieren que les traigan algo.
Así, la miseria que atraviesa la trama urbana por momentos hace pensar en una regresión a las formas arcaicas de la organización social de la producción y el sistema de castas, aunque por cierto, se trata de una metáfora, un recurso retórico para hacer gráfico el pensamiento, pues a rigor en nuestras sociedades el sistema de castas no existe.

[1] NITETZSCHE, Friedrich. 1998 (original 1888). El ocaso de los ídolos. (Estudio preliminar de Enrique López Castellón, U. Autónoma de Madrir, traducción de Francisco Javier Carretero Moreno). Madrid: Edimat. P. 86.

 Fuente: Lupaprotestante, 2014.