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martes, 29 de marzo de 2016

Hilario Wynarczyk los tres primeros años del papado de Francisco



El sociólogo argentino Hilario Wynarczyk analiza en esta entrevista de Pulso Cristiano los tres primeros años del papado de Francisco, que se cumplieron el 13 de marzo de 2016.
–¿Qué evaluación hace de los tres primeros años del papado de Francisco? ¿Defraudó, cumplió o superó sus expectativas?
–Respecto del papado de Francisco Primero mis expectativas eran mayormente sociológicas. Y tiendo sobre todo a enfocarlo a Francisco como un líder de una lucha en tres frentes.
En el frente interno, él asumió el desafío de limpiar las finanzas y los problemas relacionados con la pedofilia que corroen el Vaticano y la imagen de la Iglesia.
Las informaciones de público conocimiento indican que Benedicto XVI habría hecho un balance del problema y llegado al punto de sentirse fuera de las condiciones necesarias para enfrentarlo, debido en parte quizás a su edad.
La actual gestión del Vaticano ha hablado de hacer algo al respecto pero todavía en los últimos tiempos salieron a luz acciones de malversación de fondos.
Por otra parte los dirigentes del clero no han comunicado los nombres de los sacerdotes pedófilos en diversos países ni los han entregado a la justicia.
En la sociedad civil quienes delinquen en esa forma encuentran sus nombres expuestos al público y enfrentan causas judiciales.
Por otra parte, Francisco Primero ha hecho un esfuerzo para que divorciados vueltos a casar no se alejen, y alejen a sus hijos, del seno de la Iglesia Católica.
En el frente externo considero yo que hay un esfuerzo de Francisco Primero para formar una especie de coalición inter-religiosa y de naciones que fortalezca a Occidente frente al avance del fundamentalismo musulmán, pese a lo cual, este fundamentalismo continúa cometiendo ataques impresionantes y países occidentales (incluyendo Rusia) siguen bombardeando, multitudes sufren padecimientos atroces.
También en el frente externo y como una dimensión de la posibilidad de crear una coalición, el discurso de Francisco se dirige muy enfáticamente al problema de la pobreza y la degradación de la naturaleza, que conducen siempre a conflictos sociales y estos jaquean los cimientos de las naciones.
Hace poco, en febrero la visita de Francisco a México despertó expectativas y preguntas.
En primer término me llamó la atención el recurso a una nomenclatura religiosa pre moderna, diría que de la era colonial, al referirse a la Virgen María como Reina y Emperatriz de América.
Por otra parte, Francisco llegó a México, el Estado movilizó 13.000 personas de la policía y las fuerzas armadas para brindar seguridad a su presencia y los encuentros que suscitaría.
Francisco fue conducido a una base militar desde donde un helicóptero lo llevó al sitio donde debió dar una misa con público multitudinario, compuesto en su mayoría seguramente por gente de los escalones inferiores de la economía.
A este público, y posteriormente a uno similar en la frontera de México con los Estados Unidos, Francisco le habló demostrando pena (misericordia sería la palabra técnica) hacia los pobres y excluidos.
Francisco enfatizó como siempre lo viene haciendo, la demonización de las riquezas, el mercado, el deseo egoísta de riquezas y el maltrato a la naturaleza.
El Papa les hablaba a las multitudes los pobres de las multitudes no podrían ser en realidad alcanzados por esta parte del mensaje, pues no tienen acceso a las riquezas ni pueden maltratar demasiado a la naturaleza.
En última instancia les hablaba a los ricos y poderosos para que fuesen personas más buenas. No sé aquí qué eficacia sociopolítica real podría tener este discurso.
Excepto una que para mí es muy clara: Francisco funciona como un héroe social galvanizador de un discurso que se difunde a todo el orbe y sintetiza la preocupación por la igualdad social y el respeto a la Madre Tierra.
Esta síntesis y difusión sustentada en un enorme capital simbólico es en sí mismo una gran tarea, porque se trata de un discurso relacionado con preservar la Humanidad y con líneas básicas de los Evangelios.
En otro plano, que nos acerca a las preocupaciones teológicas, me atrevo a decir parafraseando la retórica y las argumentaciones de Michel Foucalt en un breve libro titulado La prosa de Acteón, que la experiencia de México nos coloca delante de la inmensa genealogía que va desde el Omnipotente del Libro del Génesis al crucificado de los Evangelios y desde éste al vicario que es un pontífice espiritual y al mismo tiempo un César.
En esta secuencia se difracta la difícil comprensión del significado y la naturaleza de la Iglesia, un tema marcado por contradicciones presentes en la reflexión a partir del libro del Apocalipsis, retomadas por San Agustín y por el mismo Benedicto XVI, y por intelectuales como Giorgio Agamben.
Pero en definitiva y en síntesis, a mí me gustaría que Francisco hablase también de las clases medias y los trabajadores que con sus impuestos y generación de riqueza sostienen el Estado que a su vez se hace cargo con ese dinero, de la educación, la salud, la seguridad, las obras de infraestructura y los subsidios a los desvalidos del sistema social, que son una gran multitud y se encuentran también desvalidos frente a las posibilidades de ser utilizados como masa de maniobra para acciones políticas, problema que necesita gestiones de reincorporación al mundo del trabajo y revalorización de la cultura del trabajo, insistentemente tratado en público por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).
No obstante eso, con admiración rescato de todo el trabajo de Francisco la asunción del rol de un hombre valiente que enfrenta los problemas de la Iglesia que le toca dirigir y asume un papel de galvanizador de un discurso hacia todas las latitudes del Orbe, haciendo que en diversas maneras la reflexión cunda en la sociedad.
–Luego de la llegada de Jorge Bergoglio al papado, ¿observó cambios en la relación de la Iglesia Católica Romana con las iglesias evangélicas de su país, de América latina y del mundo? ¿Cuáles fueron esos cambios? ¿Fueron positivos o negativos?
–Creo que hubo cambios con pocas consecuencias. Francisco ya antes de ser Papa, siendo arzobispo en la ciudad de Buenos Aires, apoyó encuentros del catolicismo carismático con los evangélicos creando mucha simpatía entre estos, hasta el punto de que algunos de sus dirigentes de los sectores teológicos más conservadores llegaron a hablar de Francisco como un Siervo de Dios, sobre todo luego que advino Primado de la Iglesia Católica.
Posteriormente ha habido viajes inter religiosos al Oriente Próximo y otras actividades, donde siempre han ocupado los espacios, solamente o principalmente, representantes del catolicismo, el judaísmo y la religión musulmana.
Creo que esto ha sido mayormente un intento de contribuir a una especie de alianza de monoteísmos, asociados a su vez Estados, para fortalecer una coalición capaz de crear un cerco alrededor del fanatismo musulmán radical, que apoyándose en recursos violentos tiende a imponer sus reglas a los otros musulmanes, a sostener negocios para estructurar un Estado o varios Estados con forma de califatos. y recuperar el dominio que en períodos muy lejanos tuvo sobre España.
En todos estos viajes y estas reuniones, los evangélicos no han participado, o aparecieron mayormente en artículos periodísticos algunos pastores de corrientes protestantes de altísima significación histórica e intelectual, pero demográficamente muy minoritarias.
–¿Qué desafíos planteó y aún plantea el papado de Francisco a las iglesias evangélicas de su país, de América latina y del mundo, y en sus pastores y dirigentes?
–Creo que el principal desafío a las iglesias evangélicas en la Argentina es la de ser capaces sus dirigentes, de asumir conductas públicas como las de la Conferencia Episcopal Argentina, CEA.
La CEA periódicamente emite documentos con críticas que podríamos llamar críticas proféticas, a favor de la democracia, el sistema republicano, el respeto a las leyes, la lucha contra la pobreza y el narcotráfico, las formas de la corrupción enquistadas en la esfera pública y el problema de los subsidios a los multitudinarios caídos del sistema social que no resultan orientados a incorporarse a la cultura del trabajo y tal vez podrían llegar a servir como masa de maniobra de convocatorias políticas.
Los líderes de las iglesias evangélicas, pero en este momento pienso en las demográficamente más numerosas, no hablan de estas cosas o cuando hablan de algunas de ellas lo hacen apelando con un tono que suena ingenuo a recitaciones de versículos bíblicos, mientras es necesario hablar de sociedad, economía y política, en términos de sociedad economía y política, accesibles a todas las personas por encima de su confesiones religiosas.
En fin, se trata de hablar un lenguaje secularizado, dirigido hacia la sociedad secular, debajo del cual pueden resonar como ecos los valores de la fe religiosa.
El colectivo de los evangélicos enfrenta otro desafío y es que, particularmente en la Argentina, las iglesias del protestantismo histórico-liberacionista, tecnicismo con el que me refiero a las iglesias protestantes que décadas atrás adhirieron al Movimiento Ecuménico, cuentan con altos niveles de calificación intelectual entre sus pastores y profesores de teología, pero al día de hoy institucionalmente atraviesan una crisis que en algunos espacios, como la enseñanza teológica, es crucial.
Cambiar este panorama resulta trabajoso porque en las iglesias evangélicas más numerosas, el público que las compone posee menores calificaciones socioeconómicas y culturales, las formaciones teológicas de los pastores manifiestan, creo yo, tensiones muy serias con las ciencias sociales, a la vez que una rígida adhesión al literalismo bíblico también conocido técnicamente como “inerrancia bíblica”.
Pero al mismo tiempo, es posible advertir interesantísimas participaciones de dirigentes evangélicos a niveles municipales y provinciales en el interior de la Argentina.

Hilario Wynarczyk es Dr. en Sociología, Máster en Ciencia Política con Orientación en Teoría y Método, Licenciado en Sociología. Brindamos una lista de sus artículos y libros relacionados con las respuestas a Pulso Cristiano.
“Encuentros inter-religiosos en el Luna Park. Datos y reflexiones (Parte 1)”. En: Lupa Protestante – Revista cristiana de teología, cultura y opinión. Barcelona (Cataluña, España): Ateneo Teológico, 11 octubre 2013. http://www.lupaprotestante.com/lp/blog/encuentros-inter-religiosos-en-el-luna-park-datos-y-reflexiones-parte-1/
“Encuentros inter-religiosos en el Luna Park. Datos y reflexiones (Parte 2)”. En: Lupa Protestante – Revista cristiana de teología, cultura y opinión. Barcelona (Cataluña, España): Ateneo Teológico, 16 octubre 2013.
http://www.lupaprotestante.com/lp/blog/encuentros-inter-religiosos-en-el-luna-park-datos-y-reflexiones-parte-2/
“¿Una gláznot de la Iglesia Católica? ¿Cómo funciona? ¿Hasta dónde llegará?”. En: Lupa Protestante, Barcelona, Ateneo Teológico, 4 abril 2014: http://www.lupaprotestante.com/lp/blog/una-glaznot-de-la-iglesia-catolica-como-funciona-hasta-donde-llegara/
“Tiempo de señales a un año de papado de Bergoglio. Hasta donde irá todo”. En: Cordialmente, Publicación del Movimiento Pastores por la Gente. 21 abril, 2014
http://www.cordialmentepxg.com/2014/04/21/tiempo-de-senales-a-un-ano-de-papado-de-bergoglio-3-hasta-donde-ira-todo/
En pos del ‘efecto Francisco’: un relato con números”. Buenos Aires: Red de Estudios de la Diversidad Religiosa. 2015 (mayo 11).— En: Cordialmente, Publicación del Movimiento Pastores por la Gente (26 mayo 2015). http://www.cordialmentepxg.com/2015/05/26/en-pos-del-efecto-francisco-un-relato-con-numeros/
“La iglesia católica en la encrucijada: dos metáforas soviéticas”. En: Renold Juan Mauricio & Frigerio Alejandro (compiladores). Visiones del Papa Francisco desde las ciencias sociales. Rosario, Argentina: Universidad Nacional de Rosario Editora. Pp. 67-76. 2014 (salido de imprenta 2015).
Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina. 1980-2001. Buenos Aires: UNSAM Edita, Sello Editorial de la Universidad Nacional de San Martín. 2009. (392 páginas).
Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política en la Argentina (1980-2001). Buenos Aires: Instituto Di Tella y Siglo XXI Editora Iberoamericana. 2010. (222 páginas).
Los dos tratados son derivaciones de su tesis doctoral aprobada en la Universidad Católica Argentina, UCA.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

GRAVITACIÓN PÚBLICA DE LOS EVANGÉLICOS EN EL EXTREMO SUR



Por Hilario Wynarczyk*
LA REPÚBLICA ARGENTINA.
Un estudio sociológico sobre el avance de la Iglesia Evangélica-Protestante en Argentina y su déficit en la influencia pública, la cual no se compatibiliza con su crecimiento demográfico.
 El campo de fuerzas
El conjunto de las iglesias evangélicas en la Argentina (un país con un poco más de 40 millones de habitantes) es variado, complejo y dinámico. Las múltiples y heterogéneas iglesias evangélicas forman un sistema, o una gran familia, si se quiere. A la vez forman también un campo de fuerzas, como asimismo las familias suelen serlo. Muchos elementos comunes las unen (por eso forman un sistema) pero interpretaciones e intereses divergentes las colocan en situaciones de tensión, alejamientos y conflictos que son parte y dínamo del curso de su historia. Por tales razones asumimos que forman un campo de fuerzas. En este sentido el campo evangélico resulta igual a un caleidoscopio de colores que se unen o separan en diferentes momentos, dándole formas a variadas combinaciones, de acuerdo con el movimiento de las influencias externas y las dinámicas internas.
Sin embargo, con el fin de encuadrar analíticamente el colectivo de las iglesias y sus federaciones en este país del lejano sur del mapa latinoamericano, es posible trazar una simplificación. El procedimiento propuesto nos permite hablar de dos polos del campo evangélico, o dos polos del sistema. Uno es el polo de los conservadores-bíblicos, que de esa manera clasifico tomando en cuenta para este fin su lectura mayormente literalista de la Biblia. El polo así indicado contiene dos sectores. Uno es el sector de los evangelicales (dentro de este conjunto las más importantes son las iglesias de los Bautistas y de los Hermanos Libres). El otro es el sector de los pentecostales.
A su vez, el siguiente polo es el de los históricos-liberacionistas, que llamo históricos porque provienen de las reformas luterana y calvinista y el tronco anglicano con sus derivaciones; y liberacionistas por hallarse orientados hacia el progresismo y la convivencia ecuménica con sectores que también podrían ser considerados progresistas de la Iglesia Católica Apostólica Romana. En su ámbito incluimos a las iglesias Evangélica Metodista Argentina, Evangélica del Río de la Plata (descendiente de la Iglesia Evangélica de Alemania), Luterana Unida, Reformada Argentina, de los Discípulos de Cristo, Anglicana, Presbiteriana y otras.
Quedan afuera de este conjunto analítico dos organizaciones religiosas de notable presencia pública, la Iglesia Universal del Reino de Dios, conocida como IURD, y la Iglesia Internacional de la Gracia, irradiadas desde el Brasil hacia la Argentina y hacia otros países, incluidos los europeos. Estas iglesias, muy populosas y llamativas por su presencia en la televisión y en edificios que antes fueron cines del centro de las ciudades, no se encuentran en comunión con el resto de las iglesias del polo conservador bíblico y sus respectivas federaciones, a la vez que por sus rasgos peculiares se diferencian de un modo tan radical que resultan pasibles de admitir el nombre de iglesias para-pentecostales o
iso-pentecostales (iglesias paralelas y parecidas a las pentecostales pero considerablemente diferentes de aquéllas y diferentes incluso de las poderosas variantes neopentecostales).
Con criterios idénticos, no incluimos las iglesias Nueva Apostólica, Adventista del Séptimo Día, Christian Science y La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida popularmente como de los mormones. Estas iglesias no se parecen a las pentecostales pero se auto-excluyen de las federaciones evangélicas.
Luego de tales aclaraciones ya podemos ir  a nuestro punto central. Nuestro enfoque estará dirigido a las iglesias del polo de los conservadores-bíblicos.
 Las magnitudes del sistema
Los evangélicos pueden estar en el orden del 10 al 13 % de la población argentina, basándonos en cálculos  aproximados, porque no existen en realidad datos científicamente más precisos. En lo personal me  inclino a trabajar sobre la hipótesis del 10 %, la más conservadora, que transportada a números absolutos significa unos 4 millones de personas. Los conservadores-bíblicos por su parte componen el 95 % de este capital demográfico, tal vez, y entre ellos predominan los pentecostales, situados por mis estimaciones en el orden de los 2 millones y medio de personas. En cuanto a los que técnicamente llamamos aquí “evangelicales”, podrían estar en el orden de 1.300.000 personas.
La asidua observancia de las prácticas religiosas es una característica de este conjunto, definida básicamente como la regular asistencia a los templos. Ese es el valor práctico o carácter de indicador que le damos al concepto de ser cristianos “observantes”. Los evangélicos se congregan en unos 12 a 15 mil templos diferenciados entre sí en un rango que va desde humildes locales comerciales usados como sedes de congregaciones manejadas por “obreros cristianos” hasta enormes instalaciones que en las que se sitúan los nodos de redes asociadas de templos –algunos relativamente importantes– y células y pequeñas iglesias, que en su conjunto pueden sumar miles de adherentes en cada una de las redes.
A su vez los católicos romanos observantes, para completar un panorama de lo que podría ser el conjunto del cristianismo que regularmente concurre a los templos con sus oficios religiosos, pueden hallarse en el orden del 5 al 10 % de la población. En fin, aceptamos que los cristianos observantes (lo reiteramos: en el sentido aquí propuesto) son algo así como el 20 % de la población de la Argentina. O sea: unos 8 millones de personas. Una persona de cada cinco.
La dispersión real de las cifras es otra, porque los porcentajes de presencia evangélica en la sociedad argentina oscilan con los niveles socioeconómicos. En áreas urbanas de clase media y media-alta de la ciudad a la vez conocida como Capital Federal o Ciudad Autónoma de Buenos Aires, podemos aceptar tentativamente que hay un evangélico cada 25 personas (4 % de la población). En sectores populares del Conurbano Bonaerense, un cinturón de municipios que rodean la principal ciudad del país y constituyen con ella una megalópolis metropolitana de 13 millones de habitantes, la cifra puede subir al nivel del 25% de la población: un evangélico cada 4 personas.
 Los evangélicos como sujeto cívico que protesta
En la década de los 90, los evangélicos construyeron una presencia pública llamativa por causa de la protesta por la igualdad de cultos, en el contexto asimétrico marcado por la posición de la Iglesia Católica Apostólica Romana, que el sistema jurídico favorece a partir del artículo 2 de la Constitución o Carta Magna, cuyo texto afirma que el Estado la sostiene. El estatus especial de la Iglesia Católica (cuyos defensores más radicales sostienen que es anterior al Estado argentino, lo cual es verdad) resulta completado por otros elementos del aparato legal y varios tratados internacionales.
En ese contexto los evangélicos llegaron a hacer dos grandes concentraciones en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires, figura rectora de la Plaza de la República, en los años 1999 y 2001, luego de un proceso extenso, que aquí no podríamos detenernos a explicar. Posteriormente, en el 2003 hicieron otra de tales reuniones, pero no obtuvieron el mismo nivel de éxito. En definitiva esta clase de movilizaciones colectivas perdió presencia en el espacio público argentino, por motivos que no están estudiados, y jamás se produjo ningún cambio sustancial en la legislación argentina en materia de iglesias y comunidades religiosas. Sin embargo sucedió otra cosa que llamó la atención de los medios. Las federaciones evangélicas, mancomunadas especialmente para ese fin a lo largo de la década del 90 (cuando el campo de fuerzas se cohesionó sintiéndose agredido desde el exterior), llegaron a constituir al conglomerado evangélico en un notorio sujeto colectivo de la vida cívica de la Nación, que dialogaba con miembros del episcopado católico y el Estado, y así fue por un lapso de tiempo. Las condiciones ambientales democráticas del momento, impactadas por la Reforma de la Constitución en 1994 (en la que el pastor y teólogo José Míguez Bonino, de la Iglesia Metodista, alcanzó un sitial de legislador), contribuyeron al movimiento colectivo.
Por otra parte, y en un nivel de análisis ahora diferente al que llevamos adelante en el presente texto, pocas dudas caben, de que las iglesias evangélicas les han permitido a cuantiosas personas encontrar un punto de pertenencia dentro de redes sociales, y un enclave de significación, sentido existencial y esperanza. Las iglesias evangélicas han contribuido a la constitución de sujetos, individuales y colectivos, a través de una teología que afirma la presencia activa del Espíritu en la vida de las personas, y a través de la liturgia y la enseñanza procura realizarla. Estas son, desde la perspectiva sociológica, otras consecuencias de la dinámica de las iglesias evangélicas, en las cuales en este análisis en particular no vamos a entrar ahora.
 Incursiones en la política
A partir del restablecimiento del sistema democrático (tras una dictadura que se extendió por el lapso de 1976 a 1983, al cabo del cual los principales responsables recibieron condenas o son juzgados, tarde pero al fin, por genocidio sobre sus propios conciudadanos), algunos evangélicos intentaron crear partidos políticos confesionales pero sus intentos fracasaron.
Estas iniciativas cobraron mayor fuerza en la década de 1990. En todas sus variantes, sin embargo, los proyectos fracasaron hasta desaparecer de la escena pública. En parte estas experiencias fueron reflejos de otras experiencias del espacio latinoamericano, que tampoco se consolidaron, con excepción de “la bancada evangélica” del Brasil.
Más tarde, en votaciones que tuvieron lugar entre el 2003 y el 2009 aparecieron candidatos evangélicos en varias tendencias políticas. Estos evangélicos ya no pretendían formar partidos políticos de evangélicos. En dicho lapso, de cinco candidatos, casi todos evangelicales, tres consiguieron cargos luego de varios intentos fallidos. Y de nueve candidatos pentecostales ninguno obtuvo un cargo.
Al comienzo de la década siguiente, habría de acuerdo con mis hipótesis estadísticas (recuerde el lector que estas son “hipótesis estadísticas”, y no afirmaciones incuestionables), un caudal de unos 3.000.000 de votantes evangélicos en la Argentina. Dentro de esa cantidad existiría, nuevamente, un predominio demográfico de las iglesias del polo conservador bíblico, o en otros términos: evangelicales y pentecostales.
Entre los meses de julio y agosto del 2011, alrededor de un centenar de candidatos de extracción evangélica participó electoralmente encuadrado en varios partidos, pero es posible distinguir su notable presencia en las variantes del peronismo opuestas al peronismo “kirchnerista” situado en el poder. Un fenómeno muy local y argentino, el de la multiplicidad de las manifestaciones históricas del peronismo, a escala nacional se tornaba evidente para los nativos, aunque resulta difícil de comprender para los habitantes de otros países, los vecinos incluidos. De esta manera, unas diez personas del centenar evangélico consiguieron cargos, en general cargos de menor relevancia. Al mismo tiempo, la figura femenina que desde unos años antes se había constituido en emblemática de la presencia evangélica en la política, defendiendo posiciones conservadoras en temas de familia y bioética, perdió el sitio de legisladora conseguido luego de haber iniciado su carrera política con una agrupación de corte liberal y evolucionado en forma independiente hasta la constitución de un “mono-bloque” conocido como Valores para Mi País. La economista Cynthia Hotton, hija en términos eclesiales del ámbito de los Hermanos Libres, no dejó sin embargo de ser una personalidad con bastante presencia en los medios, y sólida y constante vocación política.
 Otras formas de la presencia y la ausencia cívica
Hasta este momento del análisis, los datos nos remiten a la conclusión de que los evangélicos, aunque lograron ponerse de manifiesto como un sujeto cívico a raíz de sus movilizaciones de protesta por la igualdad de culto, en 1999 y 2001 en el Obelisco de la Plaza de la República, no alcanzan hoy a ejercer una mayor incidencia pública fuera de su propio espacio religioso. Pero es imprescindible llevar en cuenta que aquí hablamos de incidencia pública en el sentido de una incidencia cívica. Básicamente queremos expresar con esto, que los evangélicos no colocan ni sostienen puntos en la agenda pública de la política, la educación, la economía, y a lo sumo circulan ubicados a la sombra de una protesta mayor de tipo conservador en materia de bioética, cuya fuerza principal está en las manos de los obispos católicos, quienes al mismo tiempo tienen una línea de crítica hacia la política nacional en términos de lo que consideran desviaciones que amenazan a las instituciones republicanas y la equidad social.
Una constatación simple que permite sustentar por un camino indirecto aquella afirmación, es la de que poco y nada los evangélicos existen en el “diálogo inter-religioso” (que no es lo mismo que el “movimiento ecuménico”, especialmente vigoroso en décadas anteriores). En efecto, están presentes los católicos, que funcionan como el motor del diálogo mencionado, y junto con ellos los judíos y musulmanes, y algunos pastores luteranos. Las actividades de este movimiento alcanzan una manifestación pública a través del suplemento semanal “Valores Religiosos”, albergado como otros suplementos específicos y muy variados entre sí, dentro del diario Clarín.
 ¿A qué atribuirle este déficit de gravitación pública?
Algunas personas en el ámbito de nuestro análisis comienzan a cuestionarse esta situación y a preguntarse por las causas. Delante de esas inquietudes, en el espacio de este artículo únicamente podemos presentar algunas líneas explicativas que funcionan como hipótesis o supuestos cuya elucidación demandaría al menos unas horas de reunión y debate. Son por otra parte hipótesis y reflexiones desde mi personal perspectiva, con un enfoque centrado en el numeroso y dinámico polo que hemos denominado de las iglesias conservadoras bíblicas.
Parte de la explicación del problema se encuentra, en primer término, en el proceso histórico de crecimiento de las iglesias evangélicas, en buena medida a través de sectores de la población de menores ingresos y niveles de instrucción, sectores que han permanecido ajenos a la reflexión política y social. En esto no encajan las iglesias que crecieron a través de los procesos migracionales desde Europa hacia la Argentina y a lo largo de líneas luteranas y calvinistas o asociadas con las tradiciones anglicanas y sus derivaciones en el metodismo.
Aquella característica básica, localizada en la estructura social, se vio reforzada históricamente por la difusión de la herencia teológica que inducía al apartamiento del “mundo” y muy específicamente del mundo de la política, un fenómeno comprensible y muy estudiado ya por los sociólogos clásicos en referencia al movimiento anabaptista y sus consecuencias ulteriores en las respuestas milenaristas al estado del mundo.
A la fusión de las causas, unas estructurales y otras históricas, se les sumó la influencia de corrientes periodísticas y de opinión pública que en la Argentina calificaron a los evangélicos como “sectas”, en un proceso infamante que hallaba un notable soporte en la discriminación jurídica todavía vigente en el país. El síndrome del etiquetamiento negativo, muy fuerte en las décadas de 1980 y 1990, con la vuelta al sistema democrático y la difusión desbordante de las iglesias pentecostales sobre todo, se constituyó en una de las causas de la movilización de protesta por la igualdad de cultos a la que nos hemos referido en otros párrafos de este mismo artículo y en una investigación exhaustiva condensada en el libro “Ciudadanos de dos mundos, el movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001”.
Asociados entre sí, y reforzándose mutuamente, los factores teológicos, de posición social y recepción de agravios, pudieron incidir en la percepción que las iglesias se forjaron de ellas mismas como colectivos religiosos subalternos o de segunda clase. Si así fuese, la construcción subjetiva podría explicar la búsqueda de reconocimiento público de parte del Estado, por momentos escasamente reflexiva y desprovista en especial de una capacidad de análisis crítico de la realidad social y política, rasgo que suele ponerse de manifiesto en los dirigentes evangélicos.
Por un camino contrario, las condiciones del crecimiento de estas iglesias –que ya en la década de 1990 había alcanzado un 9% de la población, de acuerdo con estimaciones de varias fuentes imprecisas pero convergentes– sumadas a la dinámica vertiginosa tipo carismático que alimenta buena parte de su funcionamiento (decimos carismático en sentido amplio, sin referencia a una corriente en particular), posiblemente inducen a una sobrevaloración mesiánica de lo que realmente las iglesias pueden significar en la sociedad argentina. La idea de impacto, presente en el discurso de algunos dirigentes como el deseo de “ser de impacto” en la Argentina, imaginada ésta como espacio cívico, no deja de aparecer unida por un mismo lazo con la pulsión salvacionista, de parte de actores que tendrían la capacidad de purificar la sociedad y elevarla desde aquél que sería por principios el lugar pecaminoso. Y en definitiva este deseo dirigido hacia la civitas como su objeto de transformación no deja de ser una continuidad del discurso forjado en la arena religiosa, comprensible en su interior pero ajeno a los extraños.
 Unas breves conclusiones
Analizada desde otra perspectiva, la sobrevaloración del propio sujeto de alguna manera mesiánico, es en sí misma discutible cuando reúne las condiciones para avanzar en una dirección opuesta a los valores del pluralismo inherente a la democracia, y de la rica herencia protestante de pensamiento cívico que –sobre todo en materia de separación de religión y Estado–, tuvo algunas figuras señeras en la historia de la Argentina, y alcanzó entre los históricos-liberacionistas varios compromisos significativos desde la década de 1970 en materia de defensa de los derechos humanos.
El camino señalado por la herencia protestante es, por otra parte, el único que puede garantizar el fundamento teórico para un reclamo por la abolición de cualquier monopolio religioso instalado en el derecho eclesiástico del Estado, tema que les interesa particularmente a las iglesias mayoritarias del campo evangélico de la Argentina, entre las cuales se ponen de manifiesto, a mi entender,  los déficits de la orientación cívica aquí analizados.
Mientras tanto,  por fuera de temas de moral sexual y reproductiva, otros numerosos ítems que a la sociedad nacional la preocupan desde la perspectiva del amor, la justicia y la ética pública, continúan siendo áreas de vacancia cívica –y quizás de vacancia también del discurso profético–, en el panorama de nuestro análisis, que en razón de su complejidad nos impide sin embargo aventurarnos a la afirmación de conclusiones que por su tono definitivo podrían resultar injustificadas y arrogantes.
*Dr. Hilario Wynarczyk
Doctor en Sociología (Universidad Católica Argentina, UCA)
Master en Ciencia Política (Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil, UFMG)
Licenciado en Sociología (Universidad de Buenos Aires, UBA)
Profesor de Metodología y Taller de Tesis (Universidad Nacional de San Martín, UNSAM)
Integrante de los consejos directivos de:
Asociación de las Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur (ACSRM)
Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR)
Pertenece a:
Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales (RELEP)
Programa Latinoamericano de Estudios Socio-Religiosos (PROLADES)
Ha sido integrante del Consejo de Expertos de las Secretaría de Culto de la Nación
Investigador y escritor.
Fuente: CordialmentePxg, 2014

martes, 29 de abril de 2014

Chandalas – Miseria urbana

Por. Hilario Wynarczyk, Argentina
Las formas de la miseria urbana son lacerantes. Los vagones del subte parecen el escenario de los teatros de variedades. En sus puertas laterales  esperaban los actores busca-vida hasta el aviso de entrada a ofrecer sus números vivos. De un modo parecido en el coche del subte mientras alguien sumido en la pobreza hace su oferta al público otros en una de las puertas de los extremos del coche esperan que el escenario quede libre.
Así desfilan los que por único capital tienen la desgracia. El no vidente, el mutilado, el enfermo de SIDA, y los niñitos mendigos (acompañados por otros algo mayores que parecen sus pequeños capataces). Algunos niños hacen un ritual de saludo como los jugadores de básquetbol (puño contra puño, mano con mano) y ofrecen la mejilla para solicitar un besito (no creo que hayan inventado esta liturgia).
Los más patéticos son los niñitos desgreñados y tan sucios como la basura de una ciudad sucia con la costra de suciedad negra adherida a las plantas de sus pies. Me hacen pensar en la casta de los chandalas, así explicada por Friedrich Nietzsche en El ocaso de los ídolos citando los edictos hindúes de la Ley de Manú. Los chandalas “no usarán otras ropas que los andrajos de los cadáveres, ni otra vajilla que cacharros rotos, ni otros adornos que hierro viejo, ni otro culto que el de los malos espíritus; andarán errantes sin descanso de un lado para otro. Les estará vedado escribir de izquierda a derecha y usar la mano diestra para hacerlo”[1].
A su turno los vendedores de bienes ofrecen guías urbanas, agendas, cuadernos, pañuelos descartables, chíclets, linternas y otros objetos que posiblemente compran en negocios para “buscas” en el barrio de la estación ferroviaria de Constitución. También hay dos o tres “estudiantes de ciencias sociales” que de noche venden libros en una línea de subte; y en un tren que viaja de Buenos Aires a los suburbios hay evangélicos, seguramente pentecostales, que llevan enormes canastos y ofrecen masitas fabricadas en un hogar para drogadictos.
Muchos de estos vendedores con el cabello prolijamente corto, casi al ras, y camisas, pantalones y zapatillas “de marca” compradas, me imagino, en los mercados populares conocidos como “saladitas”, parecen física y mentalmente bastante enteros, todavía.
Y así llegan a su turno los vendedores de servicios. Malabaristas, músicos y cantantes. Algunos entonan algo así como trova cubana al estilo de Silvio Rodríguez. También venden sus propias grabaciones. Otros hacen oír con equipos portátiles grabaciones “truchas” de temas famosos y las ofrecen al público.
En las calles al anochecer los recolectores de basura (todavía en los 70s llamados “cirujas”) abren bolsas y contenedores, almacenan y llevan, dejando parte en el suelo hasta la llegada de los camiones que trabajan para el Estado. Forman pequeñas agrupaciones familiares, algo así como clanes,  que me hacen pensar en agrupaciones de personas que se desplazan por el territorio como las técnicamente llamadas “bandas de recolectores” de las etnologías clásicas que estudiaban a los indígenas de las planicies y sus mitos como las formas de la conciencia de pueblos primitivos. Sus hijas y sus hijos también parecen enteros. Quizás les ayuda la fantasía de estar trabajando como recolectores relativamente integrados a las categorías laborales por el imaginario de una parte de la sociedad y del Estado.
Otra franja humana de la misma desgracia es la de quienes duermen en las veredas en el centro de la ciudad y barrios de clase media alta y alta. Desde que Francisco Primero asumió su papado pude notar en un barrio de clase media alta y alta, cuyo interior alberga la iglesia de donde deriva  su nombre, que ciertas personas se detienen a conversar con los pordioseros, a veces con tono compasivo (relación asimétrica), y otras veces, como si no hubiese distancia social (relación simétrica), les ofrecen traerles algo o les preguntan si quieren que les traigan algo.
Así, la miseria que atraviesa la trama urbana por momentos hace pensar en una regresión a las formas arcaicas de la organización social de la producción y el sistema de castas, aunque por cierto, se trata de una metáfora, un recurso retórico para hacer gráfico el pensamiento, pues a rigor en nuestras sociedades el sistema de castas no existe.

[1] NITETZSCHE, Friedrich. 1998 (original 1888). El ocaso de los ídolos. (Estudio preliminar de Enrique López Castellón, U. Autónoma de Madrir, traducción de Francisco Javier Carretero Moreno). Madrid: Edimat. P. 86.

 Fuente: Lupaprotestante, 2014.

domingo, 19 de enero de 2014

ATAQUES Y RESPUESTAS DE LOS TEMPLOS EVANGELICOS EN ARGENTINA

Por.Hilario Wynarczyk, Argentina*

Ante el clima enrarecido por ataques a templos religiosos y signos de intolerancia basados en legislaciones que atacan o amenazan a credos no oficiales, en tanto que otras normas amplian beneficios a la religión oficial, desde la Codirección elaboramos un cuestionario para que diferentes actores de nuestra sociedad nos brinden su visión sobre el presente y el futuro.

En esta primera entrega el sociologo Hilario Wynarczyk amplía el marco de pensamiento, haciendo un crudo análisis interno de las posiciones evangélicas. Un escrito para pensar y meditar, analizándonos a nosotros mismos…
1. ¿Por qué o con qué objetivos se ataca a una Iglesia?
Los ataques varían de acuerdo con los lugares, los momentos y las circunstancias. En la experiencia histórica de la Argentina sobresalen en la década de 1950 los ataques incendiarios a templos de la Iglesia Católica, entendida por quienes perpetraron las agresiones, como aliada del antiperonismo (“oligarquía”, “antipatria”).
En la década de 1960 hubo ataques a quienes sostenían la educación laica. En la década de 1980, los ataques periodísticos a las iglesias evangélicas (las pentecostales sobre todo) como “sectas” y supuestas avanzadas del neoconservadurismo estadounidense de Reagan. Estos ataques iban dirigidos también a una variedad de otras organizaciones de tipo religioso, desprendidas del campo evangélico, del yoga, de la cultura afroamericana –organizaciones que habían protagonizado escándalos notorios, y por este motivo resultaban una buena excusa para hablar de “sectas peligrosas”–.
En diversas épocas desde comienzos del siglo XX, hubo también en la Argentina ataques simbólicos y físicos a los judíos y sus instituciones, considerados parte de un poder oculto mundial (sinarquía). En todos estos casos aparece como un denominador común la creencia en que las religiones son vehículos de políticas (de igual modo que los mosquitos son vectores del paludismo).
2. ¿Los atacantes son enemigos de la fe o fanáticos religiosos?
Los agresores se movilizan empujados por componentes de fanatismo, ignorancia política, prejuicios y condiciones psicológicas para ser manipulados. Pero no se trata de enemigos de la fe.
En todo caso, enemigos de la fe de “los otros”. Así aparece, como un segundo denominador común, el espíritu de exclusión radical de quienes profesan creencias religiosas diferentes a las predominantes en la sociedad, la cultura o el sistema jurídico. El denominador común es la voluntad de reproducir el sistema social tal como está y una matriz de pensamiento autoritario.
3. ¿Quién gana o a quién le sirve el clima creado?
No hay evidencias que permitan sostener que alguien gana con estas acciones. Lo que emerge claramente en cambio, es que estas acciones funcionan como lo que solía llamarse “acción psicológica”, un término aparentemente extraído de los manuales militares, y bastante utilizado en la Argentina décadas atrás.
Los ataques crean zozobra en la población y pueden desviar la atención de otros problemas. El nazismo sería el caso emblemático de la propagación del odio que llevó a varios holocaustos y desastres, el de la población judía inocente asesinada (compuesta en gran medida por pequeños comerciantes y familias de clase media inferior que a nadie podían molestar), el de la nación alemana aplastada por la guerra que el hitlerismo desató y demencialmente sostuvo, el de los pueblos eslavos con más de 20 millones de personas muertas a raíz de la contienda, y el del Japón en las mismas circunstancias. 
4. ¿Qué sabe la Iglesia Evangélica de persecución?
El sector pentecostal, de nuestras Iglesias Evangélicas en la Argentina, suele actuar como un tenue atacante religioso y cultural. Insisto en lo de “tenue”. Habiendo sido estigmatizado como las “sectas de Reagan”, ha sin embargo a su vez estigmatizado a los cultos afroamericanos, el yoga y el rock (sustituido éste por el rock evangélico), porque serían vehículos, vectores, de fuerzas demoníacas que se difunden en la sociedad y la cultura.
Esto es paradojal, porque los pentecostales y todos los evangélicos (también los afros y otras organizaciones), sufren un estatus jurídico de segunda clase en el derecho eclesiástico argentino que privilegia a solamente una Iglesia. La situación nos haría pensar en los versículos acerca de “con la vara con que vosotros medís, seréis medidos”, y en el movimiento de Jesús, considerado como una “secta” peligrosa cuyos adherentes (judíos entonces) eran capturados y matados.
Más atrás en la historia, Lutero como líder de la Reforma Protestante Oficial, contando con el apoyo de los nobles que quisieron dejar de ser súbditos del Vaticano, justificó el aplastamiento de un movimiento religioso y político extremadamente radical, conocido como “anabaptista”, dirigido por Thomas Müntzer, un sacerdote católico (el reformador Lutero también había sido sacerdote). Hasta la década de 1960 las iglesias evangélicas convivieron con la segregación pública de los negros en los Estados Unidos. Sin embargo fueron la base de sustentación de su abolición y brindaron un mártir, el pastor Luther King.
5. ¿Qué podemos esperar a futuro?
El futuro, y el futuro inmediato, es lo que nos debe preocupar. Todas estas reflexiones tienen valor únicamente cuando las llevamos hacia el tema del futuro. Si las prácticas de agresiones a templos siguen repitiéndose en nuestro país, como sucedió en los últimos tres meses, causarán mucho daño social y cultural porque remueven traumas argentinos escondidos en la memoria de las personas –y por consiguiente en la “memoria colectiva”–.
Los efectos en la cultura son muy dañinos, en la medida en que reproducen rasgos negativos ya presentes en la historia de la Argentina.
Las agresiones a las que nos referimos han incluido la que se dirigió contra una reunión en la Catedral Católica de la Ciudad de Buenos Aires durante un acto con presencia inter-religiosa. En este sentido es fundamental un estado de alerta crítica de parte de nosotros los creyentes, y en general de quienes creemos en la república democrática y los que soñamos un futuro de paz y prosperidad.
Es notorio, en la actualidad, un resurgimiento de la presencia pública de núcleos nacionalistas ideológicamente basados en el integrismo, lo cual significa, una posición unitarista que asocia la teología católica romana tradicional con la política; y que a la política la piensa en claves conspirativas con la presencia oculta de “fuerzas”. Son grupos demográficamente muy pequeños y radicalmente disidentes dentro de la propia Iglesia católica romana contemporánea, a la que la entienden como que cedió al Modernismo. Estos grupos abiertamente abjuran de la democracia, con un discurso muy elaborado en tal sentido. Hasta cierto punto podrían ser considerados casi cismáticos, o potencialmente al borde de un cisma, dentro de su propio culto. Sin embargo poseen un gran capital educativo y una fuerte orientación hacia la acción, rasgo inherente a su ideología integrista y militante.
El paradigma básico de corrientes de esta clase, sostiene que existen dos grandes fuerzas políticas malignas que son al mismo tiempo el comunismo y el liberalismo capitalista y masónico de los Estados Unidos junto con otras naciones afines. Y que el judaísmo internacional considerado como una fuerza oscura las manipula a las dos.
Los enemigos emblemáticos de esta forma de pensamiento conspirativo suelen ser José Stalin y Franklin Delano Roosvelt: dos figuras icónicas de los Aliados de la Segunda Guerra Mundial, además de Winston Churchill. Tal vez -dicho lo siguiente en términos de hipótesis- las causas de esta reverberación de la presencia pública podrían atribuirse mayormente, a partir de la asunción del papa Francisco, más que al rechazo a otros cultos, a las oposiciones al interior del propio catolicismo, en un movimiento versus lo que ya hemos mencionado aquí como la supuesta claudicación de los obispos frente al Modernismo y la sumisión de la tradición en beneficio del ecumenismo y el diálogo inter-religioso que incluye a los judíos y musulmanes.
 

Dr. Hilario Wynarczyk
Doctor en Sociología (Universidad Católica Argentina, UCA)
Master en Ciencia Política (Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil, UFMG)
Licenciado en Sociología (Universidad de Buenos Aires, UBA)
Profesor de Metodología y Taller de Tesis (Universidad Nacional de San Martín, UNSAM)
Integrante de los consejos directivos de:
Asociación de las Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur (ACSRM)
Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR)
Pertenece a:
Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales (RELEP)
Programa Latinoamericano de Estudios Socio-Religiosos (PROLADES)
Ha sido integrante del Consejo de Expertos de las Secretaría de Culto de la Nación
Investigador y escritor

Fuente: Cordialmentepxg.com, 2013
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