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domingo, 10 de febrero de 2013

Jacques Ellul, pensador-poeta (II)

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
El silencio para Ellul: “la ausencia de palabras es un misterio que conduce hacia Dios”,
 
Lo poético contiene una paradoja dentro de sí. ¿Consideras insignificante al lenguaje poético, en comparación con el discurso político y científico? Tienes razón, pero la poesía continuamente nos acerca la incertidumbre de la ambigüedad, junto con los dobles significados junto con los dobles sentidos, interpretaciones múltiples, trasfondos falsos y múltiples facetas. La palabra es siempre paradójica porque corresponde directamente a nuestra ambigüedad como personas . [1] J.E.
En ese gran libro que es La palabra humillada , Jacques Ellul no deja de reflexionar, desde loss prolegómenos, acerca del lenguaje poético y sus capacidades . Nada alejado de los postulados lingüísticos sobre la arbitrariedad de los signos, en su propia labor como escritor se situó ante la palabra con un respeto muy notable, al grado de que no publicó en vida su poesía.
Como se ve en el epígrafe, Ellul consideraba a las palabras como portadoras no solamente de significados múltiples sino también como expresión del ser humano, ontológicamente, en la línea existencialista de Martin Heidegger. Este paralelismo ha sido señalado por Jean-Pierre Jézéquel: “la meditación, el redescubrimiento del arte y en particular de la palabra, a la que atribuye un papel esencial en la develación del ser”. [2]
Su valoración teológico-lingüística del poder y, al mismo tiempo, de las limitaciones del lenguaje humano, lo hizo explorar, en ese volumen, la manera en que “la dictadura de la imagen”, en nuestro tiempo, ha avasallado las capacidades expresivas de lo escrito y hablado. Recurre también a la idea religiosa de “misterio” y escribe al respecto :
Ahora estamos llegando a la última característica a tener en cuenta acerca de la palabra: es el misterio. Lo más explícito y la palabra mejor explicada aún me lleva inevitablemente de regreso al misterio. Este misterio tiene que ver con la otra persona, a quien no puedo desentrañar, y cuya palabra me proporciona un eco de su persona, pero sólo eso. Percibo este eco, sabiendo que hay algo más. Este es el misterio que siento al reconocer espontáneamente que no entiendo bien o totalmente lo que dice la otra persona. Hay un misterio para mí en mi propia falta de comprensión, ya que puedo darme cuenta de ello. ¿Cómo voy a reaccionar? ¿Cómo puedo responder? Tengo la sensación de toda una zona de misterio en el hecho de que no estoy muy seguro de que he entendido correctamente. No estoy muy seguro de contestar. No estoy muy seguro de lo que estoy diciendo . [3]
Ese misterio contenido y desatado por la palabra en la poesía se multiplica y aumenta dada la polisemia que alcanza por el trabajo consciente de quien escribe a sabiendas del material que está en sus manos.
Con ello, Ellul se puso del lado de poetas-críticos como T.S. Eliot, Octavio Paz o Josef Brodsky, para quienes la marea del lenguaje rebasa las limitaciones temporales del escritor históricamente situado . Yannick Imbert, en su breve análisis sobre la sociología y la fe en sus poemas póstumos, destaca el celo con que Ellul asumió la labor poética: “La poesía hace a la persona, es la encarnación de una sabiduría personal día tras día. La íntima naturaleza de la poesía explica la dificultad para leer los poemas de Ellul. De hecho, él no había deseado, durante su vida publicarlos, pero también indicó que su poesía era una parte importante de sí mismo”. [4]
Didier Schillinger, director de Editions Opales (que publicó Silences ) afirma: “Ellul me dijo que para él era la parte más importante de su obra”. Y sobre el poder evocativo de las palabras para él, pone un poema de ese libro como ejemplo:
En el bazar tomaré
la estrella y su banquete
el mirto y su cortejo
Edipo y su destino
Puesta en escena virtual
el aparador, va y viste
Y el azar ritual
me da la espalda – Se voltea
Poesía de observación vital, un tanto autocontenida y hasta tímida, que se acerca a las realidades del mundo y las reseña con delectación y sorpresa . Allí están siempre las cosas, pero ellas “hablan” desde el misterio de la palabra, al ser vehiculadas por ella.
El breve poema citado no deja de aludir figuras míticas y en otros textos de Silences, según refiere Imbert, recurre a imágenes tomadas de metáforas bíblicas, la literatura, la pintura o algunos eventos históricos. En el texto incluido aquí las alusiones son Electra, Medea , de Pierre Corneille y, por supuesto, Edipo Rey. Y agrega: “El poeta está jugando consigo mismo, con su imaginación y la vida, con las palabras y la experiencia, con la creatividad y la memoria. Pero en Electra, Medea y Edipo Ellul encuentra recapitulada la tragedia y el drama de la libertad humana y la responsabilidad. Aquí el poeta enfrenta la inescapable realidad de la elección, con la irremediable realidad de la vida”.
No es casualidad que ese libro aluda desde el título a lo contrario de la palabra, el silencio, pues, para Ellul, “la ausencia de palabras es un misterio que conduce hacia Dios”, en lo que siguió las lecciones del Eclesiastés, sobre el que meditó tan profundamente.
“La palabra es un misterio. El silencio, la ausencia de la palabra, también lo es”. [5] En Oratorio, como veremos, la palabra se despliega en esta misma línea, pero con otro registro.
Ellul, quien escribió tanta prosa, al asumirse como poeta enfrentó valientemente los linderos del silencio.

[1] J. Ellul, The humiliation of the Word. Grand Rapids, Eerdmans, 1985, p. 25. Traducción española: La palabra humillada. Madrid, Ediciones SM, 1983. Texto completo del libro: www.jesusradicals.com/wp-content/uploads/humiliation.pdf.
[2] J.P. Jézéquel, “Jacques Ellul ou l’impasse de la technique”, en Journal du MAUSS, Mouvement Anti-utilitariste dans les Sciences Sociales, www.journaldumauss.net/spip.php?article743.
[3] J. Ellul, op. cit., p. 25.
[4] Y. Imbert, “Jacques Ellul’s poetry: sociology and faith have fused”, en www.transpositions.co.uk/2012/08/jacques-elluls-poetry-sociology-and-faith-have-fused-part-i.
[5] J. Ellul, op. cit. Estas palabras forman parte del final del segundo capítulo, “Los ídolos y la palabra”, que despliega un brillante análisis teológico.

*Autor: Leopoldo Cervantes-Ortiz

©Protestante Digital 2013

lunes, 4 de febrero de 2013

Jacques Ellul, pensador-poeta (I)

Jacques Ellul, pensador-poeta (I)
Su labor poética, que escondió hasta el final de su vida, como ha sucedido con otros autores, lo muestra como alguien que respetaba profundamente la palabra.
Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
                                 
   Un poeta miente cuando arroja el lenguaje: “Le dije ‘Manzana’ a la manzana, y me contestó: “Mentiroso”. Y “Buitre” al buitre, pero no respondió”. La soberanía humana se debe más a nuestro lenguaje que a nuestra técnica y a los instrumentos de guerra. Uno puede esperar o creer de sí mismo que es libre a causa del lenguaje. Nombrar algo significa afirmarse a uno mismo como sujeto y designar al otro como objeto. Es el mayor riesgo espiritual y personal . [i] J.E.
Ahora que se han cumplido 100 años del nacimiento del gran intelectual protestante francés Jacques Ellul, aniversario bien referido por Samuel Escobar en estas páginas hace unas cuantas semanas, [ii] bien vale la pena el esfuerzo por indagar en varias de sus facetas como escritor .
Ellul formó parte de una pléyade de militantes del protestantismo francés que incluye a gente como Oscar Cullmann, Pierre Chaunu, Paul Ricoeur y Georges Casalis, por sólo mencionar algunos. Como ellos, desarrolló una intensa actividad escritural en sus 82 años de vida. Sus magníficos trabajos sociológicos y teológicos le granjearon el respeto de su generación, incluso en el ámbito religioso, pues a su participación formal en la Iglesia Reformada de su país agregó una sólida contribución al surgimiento del Consejo Mundial de Iglesias, dado que colaboró en la redacción de sus documentos iniciales , además de que sus diversos libros sobre el tema capturaban poderosamente la atención puesto que desarrollaba los temas que le interesaban desde una perspectiva muy personal y polémica.
En la sección de teología del sitio Jesus Radicals , que describe a Ellul también como un anarquista (y vaya que da fe de esta descripción la enjundia que manifiesta en Cristianismo y anarquismo ), es posible leer algunos de sus libros en inglés y una gran cantidad de documentos, inconseguibles por otra vía. Destacan, entre ellos, “Karl Barth and us. The groundwork of our theological task” ( Karl Barth y nosotros, el fundamento de nuestra tarea teológica ), escrito a solicitud de la revista Sojourners, que explica magistralmente la manera en que el teólogo reformado suizo influyó en él y también aprovechó el momento para deslindarse del adjetivo “calvinista”, que utilizaban algunas personas en estados Unidos para describirlo; y “¿The victory of Hitler?” , considerado ya un clásico y que publicó en los días finales de la Segunda Guerra Mundial. Tomás Hanks, en un artículo publicado por el Boletín Teológico de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, describe a Ellul como el “original teólogo de la liberación”. [iii]
Joyce Main Hanks encontró en su obra una veta prácticamente inagotable, prueba de lo cual son las traducciones de varios libros, varios volúmenes de recopilación bibliográfica bibliografía, así como su estrecha colaboración en el Forum Ellul , que ha publicado 50 boletines desde 1988 ( en Facebook ). (De la vertiente teológica de Ellul nos ocuparemos en otro momento.) La revista Réformé, en donde colaboró abundantemente, le dedicó un número especial que recoge textos de diversas épocas .
Su labor poética, que escondió hasta el final de su vida, como ha sucedido con otros autores, lo muestra como alguien que respetaba profundamente la palabra , por lo que escribió ese gran alegato en su defensa que es La humillación de la palabra, donde según algunos responde a la obra de Paul Evdokimov, El arte del icono: teología de la belleza, “a la que objeta tratar de comprender la naturaleza divina a partir de la imagen y de las imágenes, más que mediante la palabra de Dios”. [iv] En esa línea, han hecho bien algunos analistas, como Yannick Imbert, que han relacionado estas preocupaciones teológico-lingüísticas con sus textos poéticos. [v]
Silences (Silencios, Burdeos Opales, 1995) y Oratorio. Les quatre cavaliers de l’Apocalypse ( Oratorio. Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Burdeos, Opales, 1997)son los dos volúmenes aparecidos después de su muerte . Con 96 páginas cada uno, no incluyen prólogo ni introducción.
El primero, una colección muy variada de 16 textos, está integrado por textos recopilados por su secretaria y Jean, su hijo mayor. El segundo fue escrito en los años sesenta y está dividido en cinco capítulos que abarcan los grandes temas que le apasionaron: la naturaleza, la tecnología, la muerte, Dios, el ser humano y la libertad. [vi] Este poemario sigue la estela de Apocalipsis: arquitectura en movimiento (título original en francés, ), en el que Ellul indaga en profundidad sobre ese libro bíblico. Javier Sicilia, en un número dedicado íntegramente a Ellul en 2002 por la revista Ixtus, que dirigió,tradujo dos fragmentos de Oratorio , cuyo aliento y simbolismo apocalíptico no dejan de percibirse:
I
El cielo resonó con el duelo más cruel
cuando la Mano se posó sobre el segundo lacre
y los temerosos ángeles contuvieron sus alas
al saber que el hombre a lo lejos llamaba a su delirio.
Pero quién habría podido rechazar ese llamado
cuando Dios no inflige semejante retractación
a aquellos cuya locura rechazó la sal—
Y la mano que responde se apresta a responder.
Misterio, sello abierto, catástrofe engendrada
de la tierra al cielo, los fragmentos esparcidos
(¿dónde te buscaremos, lacre roto para siempre?)
cubren el curso perdido de los ríos de la Historia.
La plegaria guardó silencio y los cantos enmudecieron,
los enhiestos ángeles dejaron caer un velo sobre sus zozobras
y sólo los querubines escucharon sus armas
en el toro Behemot a quien hablaron.
Majestad para la gloria y pronto para el miedo,
Poder acumulado de energía en la materia
adorable en el cristal del trono del Señor,
mas terrible cuando se desencadena sobre la tierra.
Un solo mugido, insostenible estrépito
que se dirige más allá de nuestros tibios deseos,
hacia el insospechado ser que no evocamos…
Cuando grites “Ven” se borrarán nuestra quimeras.
CORO
A las puertas del sol golpeó la palabra
y Todo resonó con un largo estremecimiento
Debimos abandonar la canción de los símbolos
y mendigar desde entonces la paz para un óbolo
Emprendimos el balbuceo de un canto
para reemplazar la loa de los ángeles
para apaciguar el ardor del hierro
para consolar la llaga de la carne
para huir un poco entre las ilusiones
Mientras que más allá de los más funestos sueños
en la perfecta oscuridad del umbral de esa nada
se abría uno desconocido,
pura espera, abierto—
Las puertas del infierno creadas en el instante mismo
comprendieron la Palabra y nos han aguardado . [vii]
Olivier Millet reseñó Silencios con estas palabras precisas y sugerentes, destacando la extrañeza y, al mismo tiempo, la complementariedad de esta poesía con sus múltiples preocupaciones e intereses:
Pero al leer estos poemas ahora, después de su muerte, nos damos cuenta de que la obra de Ellul, el pensador y teólogo, estaba arraigada en una experiencia y en una escritura que acompañaba las formas “públicas” de su expresión. Su profunda vida interior y su lirismo se localizaban detrás de sus ideas y su testimonio, o van más allá de ellas. Este es probablemente el significado del título, Silencios. […]
Ellul, como poeta, se reafirma en este volumen a así mismo como el lector-exegeta que hemos admirado . [viii]

[i] J. Ellul, The humiliation of the Word. (La humillación de la palabra) Grand Rapids, Eerdmans, 1985, p. 52.
[ii] Samuel Escobar , “ Centenario de Jacques Ellul, profeta de un cristianismo radical ”, en Protestante Digital, 28 de diciembre de 2012 . Carlos Martínez García ha dedicado varios artículos al autor francés en la misma revista.
[iii] T. Hanks. “Jacques Ellul: ¿el original ‘teólogo de la liberación’?”, en Boletín Teológico, núm. 12, octubre-diciembre de 1983, pp. 1-31.
[iv] Véase: Julio Trebolle, Imagen y palabra de un silencio. La Biblia en su mundo. Madrid, Trotta, 2008, pp. 32-33.
[v] Y. Imbert, “Jacques Ellul’s poetry: sociology and faith have fused”, en
[vi] James Lynch, “ The poetry of Jacques Ellul ”, en The Ellul Forum. For the critique of technological civilization, núm. 22, enero de 199, p. 11.
[vii] J. Ellul, “Poemas”, en Ixtus. Espíritu y Cultura, año IX, núm. 36, 2002, pp. 43-45.
[viii] O. Millet, Reseña de Silences, en The Ellul Forum , traducción de J.M. Hanks, núm. 20, enero de 1998, p. 20.
 
*Autores:Leopoldo Cervantes-Ortiz
©Protestante Digital 2013

martes, 25 de septiembre de 2012

La perversión del cristianismo (I)

J. Ellul, profeta contra la idolatría del poder (2)

Por. Carlos Martínez García, México

El que estoy releyendo de Jacques Ellul es uno de esos libros que zarandean la conciencia. Va en la línea de lo que Franz Kafka escribió sobre obras que nos desnudan, nos interpelan acuciosamente: “No se deberían leer más que los libros que nos pican y nos muerden. Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?”
La semana pasada compartimos en este mismo espacio semanal que con un grupo de inquietos cristianos universitarios o con pocos años de haber completado la escolaridad universitaria, voy a iniciar un círculo de estudio sobre varios libros escritos por Jacques Ellul. Tal fue la razón para reciclar lo que redacté hace unos años acerca del volumen Anarquía y cristianismo , y que fue republicado el domingo pasado en PD.
El libro que releo de Ellul es La subversión del cristianismo (Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1990). El autor elige como epígrafe tres párrafos de Soren Kierkegaard, que son una advertencia sobre las páginas que nos esperan más adelante :
Toda la cristiandad —es decir, el cristianismo histórico tal como se ha impuesto— no es sino el esfuerzo humano por recolocar al cristianismo en sus cuatro patas, por liberarse de él con la pretensión de ser su cumplimiento
Nuestro cristianismo, el cristianismo de la cristiandad, destierra el escándalo, la paradoja, el sufrimiento y en su lugar coloca lo probable, lo directo, la felicidad; en otras palabras, desnaturaliza al cristianismo y de él hace algo diferente a lo que es en el Nuevo Testamento; lo transforma exactamente en su contrario: éste es el cristianismo de la cristiandad, nuestro cristianismo.
En el cristianismo de la cristiandad la cruz ha quedado reducida a algo así como un caballo mecánico o una trompeta de juguete.
En la historia, por diversos mecanismos y actores sociales, se ha operado la domesticación, perversión, inversión; lo que llama Jacques Ellul subversión del cristianismo, al convertir éste en “una botella vacía que las culturas sucesivas llenan con cualquier cosa”. Y esa cualquier cosa es, en muchos sentidos la negación del Evangelio .
Una pregunta es la que inquieta al sociólogo y teólogo francés, en el capítulo inicial titulado “Las contradicciones”. Es esta: “¿cómo ocurrió que el desarrollo de la sociedad cristiana y de la iglesia haya dado origen a una sociedad, a una civilización y a una cultura que son en todo lo contrario de lo que leemos en la Biblia, de lo que es el texto indiscutible tanto de la Torá y los profetas como de Jesús y de Pablo?”
El cuestionamiento de Ellul me hizo recordar una enseñanza del historiador mexicano Gastón García Cantú. En su seminario nos enseñó a los integrantes de un grupo que él mismo seleccionó a investigar y escribir sobre la historia de México. Definió con pocas palabras lo que es la investigación: “Una pregunta a la que quiero encontrarle respuesta(s)”. Agregaba que no toda respuesta era válida, porque no se trataba de confeccionar vestimentas históricas al gusto de cada quien. Con su habitual agudeza nos refirió la crítica de E. H Carr a los historiadores partidarios del método de “tijeras y engrudo”, cuyo correspondiente actual es el que hace del “copy and paste” su forma de trabajo.
No lo dice Ellul, sin embargo La subversión del cristianismo tiene como premisa metodológica la de un buen sociólogo de la religión, ya que a ésta se le puede estudiar como creencia o como conducta. En su primera vertiente es terreno para los teólogos, en la segunda para los sociólogos. El cuestionamiento es, entonces, ¿qué prácticas conductuales son las que han tenido los cristianos y las cristianas, cómo han ejercido el poder, qué instituciones han construido, cuál ha sido el legado cultural a las siguientes generaciones?
La edición original en francés de La subversión del cristianismo es de 1984. Por aquel año el debate sobre el llamado “socialismo realmente existente” (y el pronunciado abismo entre la explotación de la revolución con la revolución contra la explotación y la subsecuente etapa de la utopía socialista y comunista de Karl Marx) concentraba la atención de los intelectuales y activistas políticos. Ellul estuvo del lado de quienes recordaban que Marx mismo había dicho que el tópico no era interpretar el mundo, sino transformarlo.
Entonces, a la luz de la máxima de Marx, cabía preguntarse si en realidad los países socialistas habían transformado de tal manera a sus sociedades que se pudiese decir que ellas eran más democráticas, justas, igualitarias, con libertad de expresión y mecanismos de control por parte de la sociedad para con los dirigentes. La respuesta fue no, lo que se había edificado en lugar de la dictadura del proletariado era una dictadura sobre el proletariado y en su nombre .
Es en este clima de crítica al socialismo real, y no a su idealización teórica, que Ellul construye una analogía con el cristianismo resultante del proceso de perversión: “entre lo que ha sucedido en el marxismo y lo que acontece en el cristianismo hay un punto de semejanza por demás evidente: ambos han hecho de la práctica la piedra de toque de la verdad o de la autenticidad. Dicho de otra manera: forzosamente aprendemos y formamos nuestros conocimientos acerca de ellos por esa práctica y no por las intenciones o la pureza de la doctrina o por la verdad de la fuente y el origen” .
Con una visión panorámica de la Biblia, no nada más restringida a pasajes inconexos de los que se extraen principios de bases endebles, Ellul nos recuerda que la totalidad de la Revelación enfatiza la unidad entre recta creencia y conductas que naturalmente deben desprenderse de esa fe en el Señor que, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, demanda a quienes confiesan su nombre que sean luz a las naciones, comunidades de contraste que encarnan el Evangelio de justicia y paz.
Para el intelectual cristiano del que nos estamos ocupando, es imprescindible no separar la integralidad del Evangelio con dicotomías elaboradas por reduccionismos que solamente enfatizan un salvacionismo sin discipulado comprometido con los valores del Reino . Es así “que se ha querido obstinadamente establecer una contradicción entre la teología de la fe en Pablo y una teología de las obras en Santiago, pero esto es radicalmente inexacto”.
La lectura de la Palabra que no respeta la integralidad de la Revelación mutila el vínculo entre fe y ética. Un despropósito que no tiene asidero en Las Escrituras. Lo que hay es continuidad que alcanza su punto más alto en el Nuevo Testamento. Una cita que condensa el flujo neotestamentario sobre la fe que justifica y las obras que la expresan es la de Efesios 2:8-10. Ellul comenta que
El entramado de este texto es esencial. Lo que se rechaza, lo que se reprende es la autojustificación. La glorificación de uno por uno mismo, la autosuficiencia del hombre para conducirse en la vida, para cumplir el bien, etcétera. Salvados: lo somos por la gracia y no por las obras, pero precisamente para que no podamos gloriarnos por las obras. Por lo demás es indispensable hacer verdad esas obras que de antemano fueron dispuestas por Dios, que están en el “plan” de Dios; en cuanto a nosotros fuimos creados para que nos ejercitáramos en ellas, para que las practicáramos. No es Dios quien cumple las obras, somos nosotros a quienes incumbe la responsabilidad de ellas. La puesta por obras es, pues, en Pablo criterio visible de que recibimos la gracia con seriedad y de que entramos efectivamente en el plan de Dios, ambas cosas a la vez. Por consiguiente, para Pablo, en línea recta con Jesús, la práctica es la piedra de toque de la autenticidad.
Entonces si nuestra práctica es el termómetro de lo que hemos aprendido del Evangelio, y no respuestas dogmáticas aprendidas de memoria que esquematizan en fórmulas repetitivas lo que es más largo, ancho, alto y profundo: el amor ejemplar de Cristo (Efesios 3:18), debemos tomar con responsabilidad las críticas a la adulteración del cristianismo que desde distintos lugares se nos hacen.
Bien lo remarca Ellul: “En consecuencia, quienes atacan al cristianismo están perfectamente justificados si lo hacen a partir de la práctica desastrosa que nos ha caracterizado”. Tenemos que pasar por un proceso de metanoia , de arrepentimiento que nos regrese al Camino.

Autores: Carlos Martínez García

Fuente: ©Protestante Digital 2012

lunes, 17 de septiembre de 2012

Jacques Ellul, profeta contra la idolatría del poder

Por. Carlos Martínez García, México*

Ellul aclara de entrada su deslinde y se manifiesta absolutamente pacifista y nos dice cuál es el hilo que corre por el cristianismo anarquista.
Los lectores ávidos de aprender siempre llegan a los autores y libros esenciales. Esto en sucede con un grupo de cristianos evangélicos jóvenes en México, que me han estado urgiendo para que tengamos sesiones de lectura y discusión sobre Jacques Ellul. Desean que analicemos sus obras, particularmente las que desnudan la lógica opresiva de los poderes políticos y económicos.
Les he sugerido que iniciemos por un volumen breve, sobre el que escribí en Protestante Digital hace poco más de seis años. Reproduzco el escrito con pequeñas modificaciones.
Es de bolsillo, de pocas páginas y editado en castellano por una pequeña editorial mexicana. Se trata del libro Anarquía y cristianismo, del pensador y activista cristiano francés (1912-1994) Jaques Ellul. Fue publicado el año 2005 por Editorial Jus, y apareció originalmente en francés en 1988. La excelente traducción es de Javier Sicilia. Hace poco más de una década yo lo leí en su versión inglesa, la de Eerdmans Publishing Company.
Considero que el radical y provocativo librito debiera ser estudiado con sensibilidad por quienes buscan tener bases bíblico teológicas del poder y la participación política. De la misma manera tendría que ser punto de referencia para los protestantes/evangélicos interesados en alcanzar altos puestos gubernamentales y ocupados en crear partidos políticos de pretendida orientación cristiana.
En México el filósofo, sociólogo y teólogo Ellul es poco conocido. Escritos suyos, sobre todo artículos, han sido publicados por revistas como la que dirigió Octavio Paz, me refiero a Vuelta . La mayor difusión de su pensamiento, entre lectores evangélicos, en América Latina fue la que hizo la Fraternidad Teológica Latinoamericana, cuyo número del Boletín Teológico dedicado al escritor de confesión reformada se convirtió en referencia obligada para una generación que estaba formando su marco teológico en un Continente convulsionado.
Recuerdo las peripecias para tratar de conseguir títulos en nuestra lengua de la autoría de Ellul, entre ellos La sociedad tecnológica (Editorial Labor), y La ciudad , (Editorial La Aurora). La razón de ser: meditaciones sobre el Eclesiastés (Editorial Herder). Cuando alguien en nuestro grupo cristiano universitario lograba hacerse de una copia, los demás integrantes le urgíamos para que terminara de leerla y entonces pudiera pasar a manos y ojos de un nuevo e impaciente lector.
Ya dijimos que Jaques Ellul fue reformado, e incluso desde 1953 formó parte del Consejo Nacional de la Iglesia Reformada de Francia. Sin embargo su carácter reformado, es decir calvinista, fue atípico porque las ideas de Calvino no fueron, para él, cuerpo de creencias incuestionables o para ponerse en práctica a rajatabla.
En muchos momentos su hermenéutica es anabautista, radical y contra las teologías protestantes que en el siglo XVI se plegaron al modelo de iglesias magisteriales y territoriales.
No cabe duda que su calvinismo es distinto al de aquellos que se formaron en países donde esa confesión fue declarada oficial. Como francés, Ellul era consciente que su fe reformada era del tipo Iglesia de creyentes, de una minoría que desarrolla su vida cotidiana en un contexto hostil. Él mismo, al inicio de la obra que venimos comentando, nos dice que su compromiso de fe NO fue resultado de una herencia eclesiástica: “Soy cristiano, no de origen ni de familia, sino por conversión… a partir de la conversión estamos comprometidos con cierto estilo de vida y por otra parte, con cierto servicio que Dios pide. Así, la adhesión a la fe cristiana no es de ninguna forma un privilegio en relación con las otras, sino una carga suplementaria, una responsabilidad, un trabajo nuevo.”
De lo que yo llamo el pensamiento reformado/anabautista —que desde las clasificaciones teológicas rígidas es un contrasentido y un despropósito— de Jacques Ellul, encuentro nítida evidencia en otra obra suya (devastadora por su radical crítica al cristianismo institucionalizado que da la espalda al Evangelio) y en la que escribe, “Ahora bien: el pensamiento evangélico es lo opuesto exacto a esto (la tentación del poder, de ejercer la violencia y la dominación). Uno se hace cristiano únicamente por la conversión. Por la acción del Espíritu Santo se opera una mutación del hombre viejo, naturalmente perverso, y se hace de él un hombre nuevo. Sólo la conversión, y cuando es ésta consciente, reconocida, cuando hay ‘fe del corazón y confesión de la boca’, produce un cristiano. A este nuevo nacimiento, opuesto al nacimiento natural, lo confirma el signo exterior del bautismo que implicaba, al parecer, un reconocimiento expreso de la fe” ( La subversión del cristianismo , Ediciones Carlos Lohlé).
Nuestro personaje fue profesor universitario, en Burdeos, y por ende participó en las polémicas ideológicas de los dos tercios finales del siglo XX. Se comprometió en los años de la ocupación nazi (1940-1944) con la resistencia y el régimen de Vichy lo despojó de su puesto en la universidad.
Fue crítico de los totalitarismos, tanto fascistas como de izquierda. Muy temprano vio contradicciones en los marxistas que negaban la existencia de un nuevo autoritarismo, en nombre de la clase trabajadora, en la Unión Soviética. Pero su crítica del comunismo no significó integración a los puntos de vista que veían en la sociedad moderna y capitalista la mejor opción para el desarrollo de los seres humanos.
Fue un duro crítico de esas sociedades, cuyo centro es la divinización de Mammón, y dejó constancia de ello en su libro Dinero y poder. Al mismo tiempo que su intensa actividad docente en la universidad, y su dedicación a la producción intelectual, que dejó más de cuarenta libros, Ellul fue un personaje comprometido con la comunidad de fe que se reunía en su casa, el grupo lo componían mayormente trabajadores y sus familias.
En Anarquía y cristianismo, Ellul desarrolla una incisiva crítica de los poderes políticos. Hace, a partir de una panorámica bíblica y no nada más a partir de algunos textos aislados, lo que podríamos llamar una desacralización del poder. Dice que su postura, además, tiene constante presencia en la historia cristiana, ya que aunque a veces muy disminuido siempre ha existido un anarquismo cristiano en todas las épocas.
De nueva cuenta refiere al anabautismo del siglo XVI, al de perfil pacífico y contrario a la unión Iglesia-Estado, al que erróneamente se ha tenido por apolítico cuando era anarquista “con un matiz que citaré por ironía: Las ‘autoridades’ son enviadas por Dios como una plaga para castigar al hombre malo. Pero los cristianos, desde el momento en que se conducen bien y no son malos (¡!) no tienen porque obedecer en nada a las autoridades políticas, y deben organizarse en comunidades autónomas, al margen de la sociedad y los poderes” (la cita es tomada por Ellul del libro Christian Anarchy , de Vernard Eller)
Dado que existe una percepción popular y generalizada del anarquismo como sinónimo de exacerbado desorden y violencia, Ellul aclara de entrada su deslinde y se manifiesta absolutamente pacifista y nos dice cuál es el hilo que corre por el cristianismo anarquista que proclama : “…implica primero la ‘objeción de conciencia’ a todo aquello que constituye nuestra sociedad capitalista (o socialista degenerada) e imperialista (por igual, sea burguesa o comunista, blanca, amarilla o negra).” Nos llama a desenmascarar los mecanismos de poder y dominio establecidos por toda organización humana, así como el derecho a denunciar su propaganda que reduce el pensamiento critico y pretende la uniformización intelectual.
Pero una cosa es la crítica a los poderes constituidos y otra un idealismo que lleva a crear imágenes románticas de los seres humanos, que serían capaces de organizarse socialmente sin principios de autoridad. Por cierto que es necesario redimir el concepto autoridad, que generalmente se concibe como control y dominio cuando, nos dice Fernando Savater, la palabra tiene un origen distinto y significa hacer crecer.
Por lo tanto el anarquismo de Ellul, a la vez que una crítica de los poderes constituidos es un llamado a construir nuevos principios de autoridad lejanos a la jerarquización verticalista y dominadora, y en su lugar ir armando otros modelos de servicio. Por eso nos subraya que él “no cree en la sociedad anarquista pura, sino en la posibilidad de crear un nuevo modelo social… entre más aumente el poder del Estado y de la burocracia, más necesaria será la afirmación de la anarquía, única y última defensa del individuo, es decir , del hombre”.
El anarquismo por el que aboga Ellul se nutre de la Palabra, así lo deja en claro en el capítulo “La Biblia, fuente de anarquía”. El autor hace un estimulante recorrido por Las Escrituras, y demuestra, así lo considero, que la crítica del poder en la Biblia es una constante, lo mismo que el llamado para que en el pueblo de Dios no se divinice al poder ni a quienes lo detentan. En concordancia con John Howard Yoder, en su The Politics of Jesus , Ellul rescata la vía política de Jesús y establece su normatividad para los seguiodore(a)s del Cordero inmolado: “Todos los jefes de las naciones, cualquiera que sea la nación, cualquiera que sea el régimen político, las tiranizan. No puede haber poder político sin tiranía. A los ojos de Jesús es una evidencia y una certeza. En otras palabras, no hay poder político bueno cuando hay jefes poderosos… Jesús no aconseja salir de la sociedad e ir al desierto, sino permanecer dentro constituyendo comunidades que obedecen a otras reglas. Lo que se basa en la convicción de que no podemos cambiar el fenómeno del poder. Esto es de alguna manera profético si pensamos en lo que se convirtió la Iglesia tan pronto entró en el terreno político y comenzó a hacer política . Se corrompió por la relación con el poder como por la creación en ella misma de esas autoridades ”.
Cuando en muchas iglesias protestantes/evangélicas existe una idealización del poder político y domina la ilusión de que la sociedad cambiará automáticamente con la llegada de los cristianos al gobierno, la lectura del libro de Ellul se vuelve una corriente de aire fresco que pudiera contribuir a diseminar tantos humos que impiden ver la dimensión real del mundo de la política y su ejercicio.

*Autores: Carlos Martínez García

©Protestante Digital 2012