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lunes, 19 de marzo de 2012

¿Qué ha conseguido ya la visita de Ratzinger?

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz
Uno de los objetivos de la visita de Ratzinger es contrarrestar la creciente presencia de grupos evangélicos.

Para quienes piensan, dentro y fuera de México, que la visita de Joseph Ratzinger tiene sólo propósitos “pastorales” y no políticos, lo sucedido en la Cámara de Senadores el miércoles 14 es una refutación bien clara: como un “obsequio” para el obispo de Roma, el Episcopado Mexicano y la población católica, en ese orden estricto, las comisiones legislativas aprobaron el dictamen que modifica el texto del artículo 24 constitucional para establecer la controversial “libertad religiosa”, fruto de la presión de la iglesia católica para congraciarse con su máximo dirigente mundial.
A escasos 9 días de la llegada de Ratzinger al país, los senadores dieron cabida a las minutas enviadas en diciembre pasado por la Cámara de Diputados, en un movimiento calificado como express o de fast track, puesto que hay toda una serie de iniciativas o proyectos de ley, considerados incluso como urgentes, pero que deberán esperar su turno, ante la premura con que se trabajaron estos temas en vista de la cercanía de la “visita papal”. Semejante celeridad en el tratamiento de estas reformas contrasta con la necesidad de abordar otros asuntos y muestra el grado de influencia del catolicismo en un país que no acaba de normar suficientemente los comportamientos políticos de las jerarquías religiosas mayoritarias, a pesar de que la separación del Estado y las iglesias proviene desde el siglo XIX y fue confirmada por la Constitución promulgada en 1917.
Ciertamente, ese mismo día dichas comisiones aprobaron también el cambio al artículo 40 para que ahora se establezca explícitamente la laicidad del Estado mexicano, pero también es verdad que la aprobación de ambos artículos fue negociada por los partidos mayoritarios, Acción Nacional, de Felipe Calderón (PAN), y el Revolucionario Institucional (PRI). Se supo muy bien que los representantes del primero aceptarían que el texto constitucional afirme que el Estado es laico, a cambio de que el segundo condescendiera con la modificación tan ansiada por los obispos. El sitio oficial del Senado consigna que la minuta aprobada establece que “toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión”, así como “a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado”. Y agrega que los senadores “ratificaron el agregado que los diputados hicieron al texto constitucional para indicar ‘que esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado’ en las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”. Y concluye: “En el dictamen aprobado se aclara que como todo derecho, también la libertad religiosa tiene límites jurídicos, por lo que se incluyó en la última parte del primer párrafo del artículo que ‘los actos públicos de expresión de la libertad religiosa no se utilicen con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política’”. [1]
La Jornada consigna que Antes, durante la discusión en comisiones, el senador Pablo Gómez (Partido de la Revolución Democrática) preguntó: “¿Qué necesidad hay de meter este galimatías a la Constitución, donde ya se establece la libertad de profesar la religión que más convenga?”. Coincidió en ello el panista Alejandro González Alcocer, que votó en contra de la reforma. Gómez expuso “que es innecesario fijar esas tres libertades que están ya integradas en otras partes de la Constitución, y alertó sobre la gravedad de que ello derive en llevar a la ley suprema del país la objeción de conciencia y abrir el camino a litigios interminables en la educación, la medicina y la función pública”. [2]
El editorial de La Jornada del jueves 15 expresa muy bien el sentir de los sectores que incluso se consideran “agraviados” por la aprobación inicial de estas reformas, llegando al extremo de decir que con ellas se inicia “el desmantelamiento del Estado laico”, lo cual resulta paradójico al considerar que simultáneamente se modificó el artículo que afirma la laicidad estatal. [3] Luego de destacar lo innecesario de las reformas en este momento, concluye: “Ante la falta de razones válidas y de peso para la reforma mencionada, y en vista de los efectos políticos y sociales nocivos que pudieran desprenderse de ella, la única explicación plausible a la luz verde legislativa otorgada ayer es un inadmisible afán de dar gusto al alto clero católico ante la inminente llegada al país de Benedicto XVI. Así pues, a reserva de esperar a que la citada reforma sea o no avalada por el pleno, ésta difícilmente ayudará a construir una sociedad más justa y libre, y sí fortalecerá, en cambio, el poder –de suyo desmedido– de la jerarquía católica en el país, y se sumará, para colmo, a las poco decorosas muestras de abandono del carácter laico del Estado mexicano frente al Vaticano” . [4]
Es verdad que aún falta que los dictámenes lleguen al pleno de la Cámara de Senadores para su aprobación final y que después deberán recorrer las cámaras de las 31 entidades del país para su promulgación definitiva, pero todo ello no le resta importancia al hecho de que, como varios analistas han señalado, el Episcopado, junto con el embajador del Vaticano, el francés Christophe Pierre, ha presionado indebidamente al gobierno filocatólico de Calderón para apresurar estos cambios ante la inminente presencia de Benedicto XVI. Se sabe, incluso, que el gobierno de Guanajuato quiere obligar a la Iglesia La Luz del Mundo a cubrir su templo denominado “La Torre de la Fe”, pues se encuentra muy cerca del lugar donde Ratzinger oficiará la misa principal de su viaje y desea impedir que el pontífice católico lo visualice desde el aire. [5]
Pierre declaró que “el papa respetará las leyes mexicanas” y que aunque "estamos en periodo electoral, […] el papa no viene a incidir en el periodo electoral, [pues] él también tiene que respetar las leyes del país ”. Agregó que, sin embargo, “es un jefe de Estado y por eso será recibido oficialmente por el jefe de Estado y se va a encontrar con él”. Observó: “El papa nunca viene para decir a los políticos lo que tienen que hacer, él no viene para tratar un tema específico, como la pobreza, que la tratará siempre desde la fe, a partir del modo como vivimos el Evangelio podemos cambiar la realidad”. Y detalló que el papa “no llega con programa político o social, él viene con el Evangelio, va a invitar a la personas a vivir con coherencia el Evangelio a fin de dar su aportación de forma positiva”. [6] No obstante estas afirmaciones, ha quedado bien claro que Pierre ha influido de manera determinante en la organización de la agenda de Benedicto XVI, pues a diferencia de otras visitas, no se incluyó ninguna reunión con víctimas de abuso por parte de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, ni con representantes de otras iglesias o religiones. [7]
Después de todo, el editorial del semanario Desde la Fe del 11 de marzo plantea con mayor claridad otro de los objetivos de la visita de Ratzinger, esto es, contrarrestar la creciente presencia de grupos evangélicos, aunque claro, analizada desde una óptica muy peculiar : “El Papa visitará un país que ha sido punto de referencia para la fe católica por su historia de casi 500 años, simbolizada en la veneración a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac. Sin embargo, se encontrará con una realidad que está cambiando rápidamente su fisonomía religiosa, ya que en los últimos treinta años han aparecido infinidad de grupos y comunidades del protestantismo estilo norteamericano, sobretodo de evangélicos y pentecostales, caracterizados por su rechazo a la Iglesia”. [8]
En resumen, la política y la religión seguirán formando parte de una mezcla que por momentos puede ser explosiva, pero que sirve muy bien para modular lo que las masas de creyentes y ciudadanos no alcanzan a veces a percibir. Si no, cómo entender las declaraciones del embajador mexicano ante el Vaticano en el sentido de que Ratzinger y Calderón dialogarán “sobre libertad religiosa”, por supuesto. El diplomático abundó en la expresión de sus deseos personales al decir que la expectativa por la visita “es impresionante”, lo cual al menos en la capital es bastante falso y que “todo hace pensar que la visita provocará una gran sacudida de almas”. [9] De modo que mientras llega el 23 de marzo, la visita de Benedicto XVI está ocasionando ya nuevos debates políticos y religiosos, aunque de último minuto, las bancadas priísta y panista ya acordaron aprobar de manera definitiva los cambios después de la visita papal, “con el fin de evitar un mayor escándalo del que se ha suscitado”. [10]

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[1] “ Ratifican senadores reforma sobre libertad religiosa”, en http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=3257:boletin-0782-ratifican-senadores-reforma-sobre-libertad-religiosa&catid=46:boletin-de-prensa&Itemid=177 , 14 de marzo de 2012.
[2] A. Becerril y V. Ballinas, “Avalan PRI y PAN en comisiones del Senado reformas religiosas”, en La Jornada, 15 de marzo de 2012, p. 5,
www.jornada.unam.mx/2012/03/15/politica/005n1pol .
[3] Cf. Fernando Camacho Servín, “En peligro, esencia del Estado laico: expertos”, en La Jornada, 16 de marzo de 2012, p. 19,
www.jornada.unam.mx/2012/03/16/politica/019n2pol .
[4] “Reforma innecesaria y preocupante”, en La Jornada, 15 de marzo de 2012, p. 2,
www.jornada.unam.mx/2012/03/15/edito .
[5] Verónica Espinosa , “Tensión entre católicos y La Luz del Mundo”, en Proceso, 24 de febrero de 2012,
www.proceso.com.mx/?p=299274 .
[6] Notimex y Eugenia Jiménez, “Benedicto XVI no viene a incidir en política: Christophe Pierre”, en Milenio Diario, 13 de marzo de 2012,
www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/3ad932613eb6d0332ab40e0862986e64
[7] “Descarta Vaticano encuentro del Papa con víctimas de Maciel”, Notimex, 16 de marzo de 2012, en
www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=819003&seccion=seccion-nacional&cat=1.
[8] “¿Cuál México encontrará el Papa?”, en Desde la Fe, 11 de marzo,
http://laverdadigital.com.mx/noticias.php?id=6939 .
[9] Andrés Beltramo Álvarez, “Dialogará el Papa con Calderón sobre libertad religiosa”, en Notimex, 16 de marzo de 2012,
www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=645860 .
[10] “Aprobarán reforma religiosa luego que se vaya Ratzinger”, en La Jornada, 16 de marzo de 2012, p. 19,
www.jornada.unam.mx/2012/03/16/politica/019n1pol .

Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz

©Protestante Digital 2012

martes, 28 de septiembre de 2010

Laicidad, Iglesias y Bicentenario en México

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*

Ante las descalificaciones del Estado laico en México proferidas en lenguaje coloquial (y casi vulgar) por Onésimo Cepeda, obispo de Ecatepec, el escritor Fernando del Paso reaccionó elocuentemente, una vez más, para refutarlo sin mencionar su nombre. Del Paso ya había contestado las palabras del obispo de Guadalajara acerca de la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo por parte de la Suprema Corte de Justicia mediante un poema publicado en la primera plana de un diario nacional. [1] Ahora, publicó un texto que lleva por título “El Estado laico no necesita el perdón de Dios”, en donde responde puntualmente a los nuevos exabruptos episcopales. Lo primero que hace Del Paso es puntualizar algunas definiciones laicas:
La diferencia entre pecado y delito es una de las tres principales características del laicismo, tal como las plantea el brillante filósofo español Fernando Savater en su libro La vida eterna. Las otras son:
La segunda: “En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie”. Esto quiere decir que, en un régimen laico, como el nuestro, el Estado se erige en protector de todas las religiones, concede a todos sus ciudadanos la libertad ejercer cualquiera de ellas y, al mismo tiempo, no puede imponer ninguna religión sobre las demás. De esta libertad goza incluso el presidente de la República, que puede ser católico, protestante, judío o ateo. Sólo se le pide, en caso de ser religioso, que practique su fe con discreción. Y así, con una sola y lamentable excepción, lo han hecho, desde hace más de medio siglo, los presidentes mexicanos que han sabido respetar al laicismo como una de las conquistas del Estado democrático... [2]
Y es que muchos políticos se han quejado de la tibia respuesta del gobierno a las críticas del episcopado, e incluso desde el propio partido en el poder han respondido los ataques, [3] pues todo esto forma parte de una nueva andanada de críticas, a la luz de los festejos del bicentenario de la Independencia. El Episcopado mexicano calificó como “pecado” no sumarse a ellos [4] y, además, divulgó la carta pastoral Conmemorar nuestra historia desde la fe para comprometernos con nuestra patria, en cuyo anuncio se cuestionó severamente la forma en que se ha aplicado la laicidad desde los gobiernos. Con ello puede advertirse que el debate está muy lejos de terminar y que ha entrado a otra etapa. [5] El nuevo ingrediente lo constituye precisamente la relectura de la historia nacional que las cúpulas católicas se empeñan en contradecirle al régimen, aun cuando en los dos últimos sexenios éste se ha alineado bastante con esas posturas, pues los dos últimos presidentes abiertamente han hecho gala de su fe.
El documento (cuyo objetivo principal es “descubrir, junto con todos los mexicanos, los valores y límites de nuestra historia”, parágrafo 2, p. 4), hace una serie de puntualizaciones históricas sobre el papel de la Iglesia Católica en las luchas de independencia y revolución (sección II), y observa que existe una “paradoja que nos ha caracterizado durante muchos años, […] la de un pueblo mayoritariamente católico al que se le trata de impedir su expresión más profunda” (parágrafo 19, p. 11), con lo que reincide en hablar unívocamente del catolicismo como componente esencial de la identidad nacional, a pesar de que dedica el parágrafo 73 para hablar de la pluralidad cultural del país (p. 29).
Por otro lado, afirma que nuestro sistema educativo está marcado por un laicismo mal entendido, que deja de lado los valores humanos universales como si se tratara de aspectos confesionales. Esta realidad tiene implicaciones graves, pues si no es capaz de reconocer valores universales, mucho menos tiene la posibilidad de comprender las realidades trascendentes del hombre, proyectadas en la cultura que nos caracteriza, y en concordancia con la trayectoria familiar de muchos de nuestros estudiantes. El sistema educativo mexicano ha convertido al laicismo en un instrumento ideológico que pasa por encima del derecho de los padres a la educación de sus hijos y no respeta las raíces culturales más nobles de nuestro pueblo. Es necesario que la educación laica se convierta en una verdadera escuela de respeto y valoración a las diferencias culturales y religiosas que nos caracterizan (parágrafo 125, p. 42, énfasis agregado).
Todo ello en función de que “algunos grupos identificados con un laicismo radical” amenazan a “nuestra cultura” en su intento por eliminar “toda referencia o relación con Dios” (parágrafo 77, p. 29). Y agrega: “El laicismo que se manifiesta de manera amenazante contra la religión no debe tener cabida en una sociedad respetuosa del Derecho, amante de la libertad y verdaderamente democrática.
No hay enemigo más peligroso del Estado laico que el laicismo intolerante que busca disminuir libertades y restringir espacios de expresión (parágrafo 79, p. 30, énfasis agregado). Además, reclama “la vigencia completa del derecho humano a la libertad religiosa, la cual no debe ser interpretada jamás como una búsqueda de privilegios por parte de ninguna confesión” (parágrafo 81, p. 30).
De ahí que Del Paso, al referirse al tema educativo señala:
El Estado laico mexicano no le prohíbe a la Iglesia católica la enseñanza de la religión. No le prohíbe, a ningún padre de familia, que le enseñe a sus hijos a ser católicos. México siempre ha permitido la enseñanza religiosa en las escuelas privadas.
Y, si se alega que sólo los niños de padres en buenas condiciones económicas pueden asistir a las escuelas privadas, la Iglesia católica tiene en México la absoluta libertad –como la tienen todas las otras iglesias– de proporcionar enseñanza religiosa a los niños de familias con escasos recursos pecuniarios en los días y horarios que no interfieran con los de las escuelas públicas, y en los locales que disponga (Idem).
Porque la carta pastoral insiste en la necesidad de una “laicidad positiva” (parágrafo 22, p. 12) que permita una mejor convivencia entre la Iglesia y el Estado, de ahí que “es tan importante que la vida pública de nuestra Nación esté regulada por un auténtico sentido de laicidad, es decir, por la responsabilidad del Estado y de la sociedad para reconocer e impulsar el derecho de todos los ciudadanos a vivir, en lo privado y en lo público conforme a sus convicciones de conciencia en materia religiosa, con entera libertad” (parágrafo 78, p. 30). El parágrafo 82 concluye, de manera inesperada, con el ofrecimiento de que la Iglesia Católica está dispuesta a participar en la consolidación del Estado laico, luego de una serie de argumentos que suenan muy conciliatorios, aunque sin abandonar nunca el tono admonitorio tradicional, sobre todo al insistir en que el país no experimenta una auténtica libertad religiosa, que es el discurso de batalla de las jerarquías católicas desde 1992, como mínimo, pues desde que se aprobó el reconocimiento de las iglesias como asociaciones religiosas, este discurso no ha variado mucho:
Para que el derecho humano a la libertad religiosa pueda ejercerse conforme a la justicia y a la libertad debe existir una sana separación entre el Estado y la Iglesia. Esta separación no sólo es un beneficio para el Estado, sino que es una exigencia constitutiva de la propia Iglesia [algo impensable en otras épocas], que en la actualidad es particularmente consciente de su legítima autonomía y de su diverso ámbito de competencia. La separación entre el Estado y la Iglesia no implica desconocimiento o falta de colaboración entre ambas instituciones. Al contrario, somos particularmente conscientes de que el Estado y la Iglesia, cada uno a su modo, deben encontrar caminos de colaboración que les permitan servir a las personas y a las comunidades. […] La Iglesia Católica en México, de este modo, se compromete a participar en la construcción de un auténtico Estado laico, garante de libertades y respetuoso de los derechos de todos por igual (pp. 30-31, énfasis agregado).
“Legítima autonomía”, “diverso ámbito de competencia”, “caminos de colaboración”, “responsabilidad compartida”: se trata, nada menos, que del discurso sobre la laicidad en labios de un catolicismo semi-integrista, permanentemente aferrado a los privilegios de la época colonial, más allá de que el lenguaje en plural (“iglesias”) le sigue resultando muy ajeno al Episcopado mexicano, por tradición y convicción claramente inmutables. Ninguna mención a las demás comunidades cristianas: no existen ni tienen importancia porque han violentado, según este abordaje, el dogma de la identidad nacional al rechazar el monopolio guadalupano, razón de ser de la existencia del país: “…fue el Acontecimiento Guadalupano, el encuentro y diálogo de Santa María con el indígena Juan Diego, el que obtuvo un eco más profundo en el alma del pueblo naciente, cualitativamente nuevo, fruto de la gracia que asume, purifica y plenifica el devenir de la historia. […] Es un acontecimiento fundante de nuestra identidad nacional” (“Evangelización y ‘Acontecimiento Guadalupano’”, parágrafo, 11, pp. 8-9, énfasis agregado).
Por todo eso, en la segunda parte de su texto, con un tono más agresivo, y respondiendo a la pregunta sobre qué tan laico es el Estado mexicano, Del Paso fustiga los privilegios que, con todo, sigue detentando tiene la Iglesia Católica, aun cuando nunca parece creer que son suficientes:
En México, en el Estado laico mexicano, la Iglesia católica está exenta de pagar impuestos. No paga impuesto sobre la renta. No paga IETU. No tiene, siquiera, la obligación de hacer una declaración fiscal anual. Y este extraordinario privilegio, una de las tantas, quizás la peor de las varias aberraciones del sistema tributario mexicano, no fue concedido por un gobierno panista. Viene de lejos.
Esto quiere decir que la Iglesia mexicana, de todos esos inmensos ingresos destinados a engordar las arcas del Vaticano y las suyas propias, no dispone de un solo centavo destinado a enriquecer el erario nacional.
Quiere decir que la Iglesia no participa, ni con una décima de centavo, en la lucha contra la inseguridad y el crimen.
Que la Iglesia no contribuye, ni con una centésima de centavo, a la educación del pueblo mexicano.
Que la Iglesia, que con sus ingresos le alcanza y sobra para pagar los jugosos salarios de sus obispos, arzobispos y cardenales, sus palacetes, sus viajes a Roma, sus automóviles y sus choferes, sus inscripciones en los clubes de golf, no colabora, ni con la milésima de un centavo, a la salud del pueblo mexicano.
Y quiere decir que el Estado mexicano financia, cuando menos en una tercera parte, todos los gastos de la Iglesia mexicana. Quiere decir que el Estado que se llama laico, es sólo laico a medias.
Y esto es una desgracia para México. Esto es corrupción. Corrupción de la Iglesia y corrupción del Estado. Equivale a un soborno que el Estado le paga a Iglesia para tenerla tranquila y callada. [6]
Como se ve, las cosas en realidad no han variado mucho, pero los intereses de los grupos religiosos se pueden acomodar según corran los vientos: ahora es políticamente correcto aprobar la laicidad, aunque una que esté hecha más a modo, y así el maridaje en el que el Estado también ha obtenido beneficios no se cuestiona en su radical impunidad, pues como escribe Del Paso, la corrupción puede campear hacia ambos lados: “yo te doy, tú me das…”, indefinidamente. Hacen falta más lecturas alternativas de la historia de la laicidad, de la forma en que la asumen y la promueven, tanto el Estado como las iglesias, para que la sociedad, principal destinataria de los cambios, experimente las consecuencias de éstos.
Y qué decir de las demás iglesias, algunas de las cuales lo único que hacen es, gracias a la cooptación de la que han sido objeto sus dirigentes auto-habilitados, servir de eco a los discursos oficiales, como se evidenció en el evento celebrado el 17 de agosto en el Auditorio Nacional (“Un regalo del cielo para México”) en donde únicamente se “respondió a la invitación del Presidente de la República” y se demuestra, una vez más, la ausencia de un discurso propio o de propuestas de análisis a la altura de las circunstancias. En esa ocasión, el director de la Sociedad Bíblica de México recordó la reunión de él y otros líderes con Felipe Calderón:
Nos hizo una cordial invitación para unirnos a las celebraciones patrias. […] Voces comentaron que no hay nada que celebrar, que el país no está para fiestas, porque las metas por las que surgieron estos movimientos se perdieron en el tiempo.
Sin caer en triunfalismos, como cristianos debemos recordar estas gestas heroicas y a los héroes que nos dieron patria y libertad, porque de esos movimientos surgieron las leyes que nos dan pleno derecho de practicar nuestra fe y nuestros cultos […] [7]
En el evento en cuestión se presentó una edición especial de la Biblia Vencé, “la misma que inspiró a Miguel Hidalgo y Costilla para iniciar el movimiento de Independencia”. El orador concluyó diciendo: “Que la lectura de esta palabra traiga bendición al país. Creemos que este texto bíblico es un regalo del pueblo cristiano para México”. Obviamente, después de él tomó la palabra un representante de la Presidencia y el acto evangélico siguió su curso habitual, como sucede en estas reuniones masivas. La relación entre la laicidad, el Estado y las iglesias seguirá siendo materia de duros cuestionamientos.

NOTAS:

1 F. del Paso, “Plegaria de los huérfanos”, en La Jornada, 18 de agosto de 2010, p.1.
2 F. del Paso, “El Estado laico no necesita el perdón de Dios” (I), en La Jornada, 7 de septiembre de 2010, www.jornada.unam.mx/2010/09/07/index.php?section=politica&article=012a1pol.
3 Blanca Estela Botello, “Madero a Onésimo Cepeda: el Estado laico es patrimonio de todos los mexicanos”, en La Crónica, 3 de septiembre de 2010, www.cronica.com.mx/nota.php? id_nota=529838.
4 “Es pecado no festejar Bicentenario: Episcopado”, en El Universal, 30 de agosto de 2010, www.eluniversal.com.mx/notas/705115.html.
5 Carolina Gómez Mena, “Critica episcopado el laicismo intolerante”, en La Jornada, 31 de agosto de 2010, p. 42. Texto completo del documento: www.cem.org.mx/prensa/comunicados-de-prensa/3509-carta-pastoral-conmemorar-nuestra-historia-desde-la-fe-para-comprometernos-hoy-con-nuestra-patria.html
6 F. del Paso, “El Estado laico no necesita el perdón de Dios” (II), en La Jornada, 8 de septiembre de 2010, www.jornada.unam.mx/2010/09/08/index.php?section=opinion&article=016a1pol.
7 Claudia Ramírez, “Instituciones cristianas se unen al festejo del Bicentenario”, en El Universal, 21 de agosto de 2010, www.eluniversal.com.mx/estilos/66827.html

Fuente: Colectivo "Alas"
EDITORIAL
Por considerarlo de sumo interés, incluimos como editorial de este número el siguiente *artículo del teólogo y escritor Leopoldo Cervantes-Ortiz; muy iluminador para estos tiempos en que recordamos los 200 años de nuestra Independencia.
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