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sábado, 7 de octubre de 2017

La Biblia de Gutenberg y la Reforma

Por. Pablo R. Bedrossian- Argentina
Este año se celebrarán los 500 años de lo que se conoce como la Reforma Protestante o simplemente la Reforma. Se eligió esta fecha porque, según la tradición, Martín Lutero clavó sus famosas 95 Tesis en las puertas de la iglesia del Palacio de Wittenberg el 31 de octubre de 1517. Quienes lean el famoso documento comprobarán que no se trata una diatriba contra el Papado sino contra la venta de indulgencias en su nombre para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro. Pero no es nuestro propósito hacer teología o contar esa historia, sino señalar el impacto que la imprenta tuvo en la difusión de la Reforma en Europa.
Comencemos señalando que Gutenberg no fue contemporáneo de Lutero, pues el teólogo alemán nació en 1483, 25 años después de la muerte del impresor.
Johannes Gutenberg había nacido alrededor del 1400 en Maguncia, en el territorio que hoy llamamos Alemania, que en aquel entonces formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. De profesión orfebre, creó la imprenta con tipos móviles que revolucionó la escritura. Hasta aquel momento los libros se copiaban a mano. Quienes estaban a cargo de esa tarea, generalmente monjes, se llamaban copistas o amanuenses.
Su invención tuvo como punto de partida la creación de tipos, unas piezas metálicas con el molde de las diferentes letras. A los tipos se les agregaba una tinta que se aplicaba a presión o “golpes” sobre un papel o tela en forma mecánica. Hoy, en la era de las impresoras digitales, parece un principio extremadamente rudimentario, pero la impresión tipográfica se utilizó hasta mediados de la segunda mitad del siglo XX.
Gracias a su profesión de orfebre, Gutenberg pudo hacer los tipos con metal fundido. Para aplicarlos sobre las superficies en plancha –y no letra por letra o palabra por palabra-, adaptó prensas que se utilizaban para exprimir el jugo de uvas para la producción de vino. Finalmente utilizó tintas oleosas para que las letras quedaran grabadas en forma indeleble.
Aunque se ha sostenido que previamente imprimió a modo de prueba el Misal de Constanza, se considera que su obra primigenia es la Biblia.
Conocida como la Biblia de 42 líneas por el número de renglones impresos en cada página, fue publicada alrededor de 1455. Consta de 1282 páginas, cuyo texto en letra gótica está distribuido en dos columnas. Algunos ejemplares fueron encuadernados en dos volúmenes.
Se cree que se imprimieron unos 180 ejemplares: 45 en pergamino y 135 en papel. Si la cifra parece escasa, debe recordarse que la impresión era mecánica pero no industrial. El mundo occidental recién estaba ingresando a una de las revoluciones culturales más trascendentales: el Renacimiento. En la actualidad quedan menos de 50 ejemplares, y sólo 21 están completos.
DETALLES NOTABLES
La Biblia de Gutenberg es una edición de la Vulgata, traducción de las Sagradas Escrituras al latín que san Jerónimo hizo a finales del siglo IV.
Para el diseño de los tipos, en particular para sus letras góticas, se sirvió de una edición manuscrita reciente, la Biblia Gigante de Mainz (en castellano Maguncia). Aunque el escriba permanece anónimo, dejó notas en aquel volumen indicando que inició su trabajo el 4 de abril de 1452 y lo finalizó el 9 de julio de 1453.
Para embellecer su publicación, Gutenberg dejó un hueco en las planchas de impresión para las iniciales, que fueron añadidas a mano, lo mismo que algunos detalles a color, iluminando el texto. Por ello, cada ejemplar es único.
En la actualidad sólo quedan tres ejemplares completos impresos en vitelo (pergamino fino de piel de animal), que se encuentran en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en la Biblioteca Británica y en la Biblioteca Nacional de Francia. Quedan algunos volúmenes incompletos en el mismo material, pero la gran mayoría de los que perdura está impresa en papel.
Tuvimos dos ocasiones de admirar la Biblia de Gutenberg. Hace muchos años, una en papel en el campus de la Universidad de Texas en Austin, adquirida en 1978 por 2,4 millones de dólares. Recientemente, otra en pergamino, junto a la Gran Biblia de Mainz, en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en Washngton D.C,
Obviamente es el incunable más valioso. Se denomina incunables a los libros impresos antes del año 1500.
LA IMPRENTA Y LUTERO
La creación de Gutenberg tuvo un doble impacto en el corazón de la Iglesia: permitió la rápida divulgación de las 95 Tesis por toda Europa y la posterior difusión de la Biblia en idioma alemán. La traducción de Lutero del Nuevo Testamento en su propia lengua se imprimió en septiembre de 1522, poniendo al alcance del pueblo el mensaje evangélico. No es exagerado afirmar que la lectura de la Biblia fue el combustible que encendió el fuego de la Reforma, algo que fue posible gracias a la invención de Gutenberg.

Nota: La fotografía fue tomada por el autor de esta nota y son de su propiedad. © Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


Fuente: ALNOTICIAS

martes, 28 de febrero de 2017

Algunas lecturas sobre la Reforma Protestante (VII)



Por. Carlos Martínez García, México
Comprender la Reforma como un proceso diverso y amplio nos previene de parroquialismos reduccionistas. En esta dirección va la obra coordinada por Peter Marshall, The Oxford Illustrated History of the Reformation, Oxford Univesity Press, Oxford, 2015.
Peter Marshall es un avezado historiador en la Reforma protestante, sobre todo en su vertiente inglesa. Es autor, entro otros libros, de Reformation England, 1480-1642; en el verano la Universidad de Yale le publicará Heretics and Believers, a History of the English Reformation.
En 2009 la prestigiada serie A Very Short Introduction, auspiciada por la Universidad de Oxford, agregó a su catálogo el volumen sobre la Reforma escrito por Marshall.
El breve libro, 144 páginas, The Reformation, A Very Short Introduction el profesor/investigador de la Universidad de Warwick lo inicia con una afirmación: “La Reforma creó a la Europa moderna, y dejó una marca indeleble en la historia del mundo”.
Justo después hace una pregunta, “¿Pero qué fue la Reforma, acaso una fuerza de progreso, libertad y modernidad, o de conflicto, división y represión?” Para él la Reforma no fue un proceso unívoco y unidireccional, sino un momento fundante, o refundante, de la historia de Occidente con distintos significados y ramificaciones.
En la obra coordinada por Marshall, que referí en el párrafo inicial, se evidencia un entendimiento de la Reforma como un fenómeno histórico accidentado, un proceso de largo aliento y no solamente un evento, es plural y con varios polos, frecuentemente paradójico e impredecible en sus efectos.
Considera Marshall que ampliar el enfoque investigativo implica grandes retos hermenéuticos, y que de hacerlo será posible tener un mayor significado, o significados, del proceso llamado Reforma protestante.
El volumen contiene ilustraciones, grabados y mapas que contribuyen a visualizar los acontecimientos que cada autor/a desarrolla en el capítulo que le corresponde. El primer apartado es acerca del cristianismo medieval, a cargo de Bruce Gordon, quien es autor de un libro sobre la Reforma en Suiza y de una amplia investigación acerca de Juan Calvino publicada en el 2009 por la Universidad de Yale.
Gordon describe la cristiandad medieval como un periodo de luces y oscuridades, por lo que durante los tiempos previos a la Reforma, advierte, el cristianismo no debe ser visto como irremediablemente en decadencia o declinación, o, por el contrario, sinónimo de la edad de oro perdida. Fue, al mismo tiempo, un tanto lo uno y lo otro, por lo que una sola perspectiva es insuficiente para explicar el cristianismo medieval
Lo expuesto por Bruce Gordon sirve como útil antecedente para situar la vida, obra y acciones de Martín Lutero. La panorámica sobre el personaje es responsabilidad de Lyndal Roper, profesora en la Universidad de Oxford y editora de la prestigiada revista de historia Past and Present.
La doctora Roper publicó el año pasado un muy documentado estudio biográfico que lleva por título Martin Luther: Renegade and Prophet. En 1991 dio a conocer el volumen The Holy Household: Women and Morals in Reformation Augsburg.
En pocas páginas Roper resume los momentos cruciales en la vida de Lutero. El ser amplia conocedora del personaje le permite trazar una panorámica en la que presenta instantáneas del itinerario del monje agustino, profesor de Biblia en Wittenberg, crítico de la comercialización de la fe del pueblo mediante la oferta de indulgencias, enfrentamientos con el sistema teológico/eclesial católico romano, decisión para construir una alternativa al sistema criticado, esposo y padre de familia, intolerancia para con sus adversarios y colisiones con sus enemigos y, finalmente, significación histórica de la grieta que abrió en un conglomerado religioso y social que parecía inconmovible.
Carlos Eire es el responsable del capítulo “El calvinismo y la reforma de la Reforma”. Eire es autor de varios libros, entre los que se cuentan Wars Against Idols: The Reformation of Worship from Erasmus to Calvin (1991), y de Reformations: The Early Moderrn World, 1450-1650. Este trabajo fue publicado el año pasado por la Universidad de Yale y tiene 920 páginas, y está entre mis pendientes de lectura.
Eire nació en Cuba en 1950 y migró hacia Estados Unidos a lo once años. Es profesor de historia y religión en Yale. A grandes rasgos delinea la vida y producción teológica de Juan Calvino, dando mayor espacio a la estancia del teólogo francés en Ginebra, sobre todo cuando retornó a la ciudad para hacer de la misma un laboratorio del Reino de Dios.
Eire muestra cómo Ginebra relocalizó el centro del protestantismo hacia ella, debido a los esfuerzos y logros de Calvino. Es por esto que la denomina “La Roma protestante”, significando así que Ginebra se transformó tanto en un polo de atracción como de irradiación de una nueva etapa de la Reforma, gestándose lo que Eire llama un “calvinismo internacional” que se esparció mucho más allá de la pequeña urbe al pie de los Alpes.
El capítulo sobre la Reforma radical es autoría de Brad S. Gregory, doctor por la Universidad de Princeton y profesor de historia en la Universidad de Notre Dame, Indiana. Gregory se hizo conocido por su erudito estudio publicado en el 2001 por la Universidad de Harvard: Salvation at Stake: Christian Martyrdom in Early Modern Europa.
Más recientemente, en el 2011, también Harvard le publicó una polémica y provocativa obra, The Unintended Reformation: How a Religious Revolution Secularized Society. Éste fue uno de mis regalos recibidos en la Navidad pasada, que aguarda para ser leído con detenimiento.
En el capítulo bajo su responsabilidad, el objetivo de Gregory es analizar las similitudes y diferencias de los mártires católicos, protestantes y anabautistas en el siglo XVI. Dado que el mayor número de perseguidos y llevados a la muerte en aquél siglo fue el de los anabautistas, Gregory se adentra tanto en las justificaciones de los acosadores como en las convicciones de los acosados y sentenciados a muerte para enfrentar el veredicto que les llevaría a la hoguera, ahogamiento, decapitación o a la horca.
La Reforma radical tuvo pluralidad de concepciones y expresiones. Igualmente, en gran medida debido a las persecuciones, los radicales se vieron obligados a diseminarse por toda Europa y producir su teología bajo condiciones muy adversas.
Sus liderazgos locales y/o regionales gestaron teología bajo acoso, y el principio de la comunidad de creyentes como una familia confesional voluntaria revigorizó la noción de libertad religiosa y el consecuente efecto en otros aspectos de la vida social.
Brad S. Gregory hace una lúcida radiografía de un movimiento amplio, policéntrico, plural, con liderazgos de base y que ha ido ganando luz en la historiografía que presta atención a los excéntricos y marginados por las antiguas y nuevas ortodoxias.
                                                    
Fuente: Protestantedigital, 2017

miércoles, 25 de mayo de 2016

Calvino y la teología Reformada



Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
Fragmento de la contribución a la edición facsimilar del Catecismo de Ginebra de Juan Calvino (1550), volumen colectivo de próxima aparición por la Fundación Fliedner.
           La fe está acreditada: id a las regiones
           Que no han oído hablar de nuestras religiones,
           A Perú, Canadá, Calicut, Caníbales,
           Ahí mostrad por efecto vuestras virtudes calvinales.
    Pierre Ronsard, Discurso de las miserias de estos tiempos (1562)
Cada nuevo abordaje de la teología protestante, pase o no por la persona de algunos de sus representantes y expositores, debe considerar seriamente los cambios inevitables en las ideologías, creencias y perspectivas con las que se ha asumido y practicado la fe cristiana a lo largo de la historia. En el caso de una vertiente de dicha teología, la llamada “tradición reformada”, la figura de Juan Calvino ha concitado, y lo sigue haciendo, diversas interpretaciones que van desde el ensalzamiento irrestricto hasta el rechazo más absoluto, pasando por todas las variaciones imaginables. Algunos han llegado a decir que el propio Calvino no sería aceptado en su propia tradición por ser demasiado radical, algo así como un teólogo de la liberación. Si estos extremos se presentan adentro mismo del espectro espiritual que lleva su nombre, cuanto más “hacia fuera” su herencia es vista con sospecha y fuerte crítica. De ahí que intentar colocarlo en el marco de los impulsos teológicos que lo reconocen como uno de sus más insignes expositores representa un esfuerzo obligado para los fines de divulgación que constituyen este volumen.
Calvino encarnó centralmente la segunda etapa de la teología reformada en formación debido a que el verdadero fundador, el suizo Ulrico Zwinglio (1484-1531), no alcanzó a ver los alcances de sus ideas religiosas. Un hito de esta tradición es que varios de los continuadores de éste trabajaron estrechamente con el humanista francés. De ahí que recuperar su visión y orientación propias, así como la marca específica que le aportó a la tradición que contribuyó a formar sea algo muy necesario. Queda claro que Calvino no podía ni mucho menos ser calvinista, como lo ha discutido Bernard Cottret, uno de sus biógrafos, quien demostró que, en la propia Francia muchos pastores o dirigentes descubrieron con bastante sorpresa que eran más calvinistas de lo que suponían. Así lo hizo ver una encuesta que enseñó que ni siquiera en su país natal era suficientemente percibida la huella de ese “fundador desconocido”. […]
Otro biógrafo, Denis Crouzet, ha buceado en las profundidades de la psicología de Calvino a fin de encontrar puentes firmes hacia la conformación de la tradición posterior: “…era casi un ser desprovisto de pasiones, que cultivaba la moderación en todas las cosas y en todo momento; se caracterizaba por una ‘mediocridad digna de alabanza’; comía poco, dormía aún menos, pero vivía ‘olvidándose de sí mismo para servir a Dios y al prójimo en su cargo y por su vocación’”.[1]
Resulta difícil concebir el rostro de la tradición reformada sin Calvino pues, a pesar de su relativamente corta vida (55 años), el volumen de su aportación a la misma se echa de ver simplemente al considerar los 58 tomos que la conforman dentro del Corpus Reformatorum, además de su peso específico en la conformación del perfil completo de esta teología. Sobre la importancia más bien cualitativa de esta presencia indiscutible y su utilidad práctica, escribió Salatiel Palomino López:
Sin embargo, lo sobresaliente no es la masiva magnitud de su obra, sino la alta calidad y trascendencia de dichos escritos, su riqueza, su solidez, su erudición, su utilidad práctica, su poderosa inspiración y su belleza de estilo. Hoy día, estas obras clásicas de la literatura evangélica siguen manteniendo un brillo y una profundidad que las hace una lectura valiosísima y obligada para quienes buscan un modelo de excelencia expositiva y teoñógica para el ministerio cristiano. Así pues, el joven humanista cuya primera publicación erudita no tuvo mayor trascendencia, halló en la causa de la reforma protestante un público que ávidamente agotó las diferentes ediciones de sus queridos libros.[2] […]
El lugar de Calvino dentro de la teología reformada por supuesto que no está sujeto a discusión. Lo que salta a la vista son las distintas formas de apropiarse de su legado. Varios expertos han señalado que una manera de aproximarse al mismo es el aspecto geográfico de la apropiación de la que ha sido objeto, pues no es lo mismo, por ejemplo, el calvinismo continental (Francia, Suiza, Holanda, Alemania) que el insular (islas británicas), pues fue el segundo el que tuvo la capacidad de exportar, mediante el impulso misionero de los siglos posteriores al inicio de la Reforma, las ideas y doctrinas del reformador. Gracias a esa rama de la teología reformada (presbiteriana), que informó a las comunidades de lo que después sería Estados Unidos, se extendió por otras partes del mundo. Muestra de ello es el crecimiento exponencial del presbiterianismo en Corea del Sur, de donde han surgido algunos estudiosos muy creativos de su propia tradición.
Catecismo de Ginebra, 1550.
Ante la cercanía de la conmemoración de los 500 años del inicio de la labor de Martín Lutero en Alemania ha reaparecido el impulso positivo de referirse al movimiento reformador como una amplia expresión de protestas y prácticas que tuvieron lugar en diversos puntos de Europa. Esta visión permite valorar mejor el policentrismo de esas luchas sociales y religiosas, además de situar cada una en su propio contexto, pues de ese modo es más posible apreciar las aportaciones de las comunidades resultantes. Sobresale aquí el papel fundador de Calvino en lo que hoy se conoce como “diálogo ecuménico”, dada su participación en los diálogos preparatorios para el Concilio de Trento en Ratisbona (1541) y otras ciudades.[3] […] Especial impacto le causó, mientras vivió en Estrasburgo, la práctica de la disciplina entre los anabaptistas que conoció allí, al grado de que más tarde la agregaría como una de las “marcas de la iglesia”.
Y qué decir del temprano impulso misionero que condujo a enviar un grupo de 14 aventureros hugonotes al actual territorio brasileño, en una fecha tan sorprendente como 1556. Un fruto notable de ese intento fallido fue la primera confesión reformada americana redactada en 1558 en condiciones infrahumanas:[4] “Tierra de exilio, donde afluían los refugiados, Ginebra se transformó rápidamente en un hogar misionero”.[5] Gran lección la de ese trágico episodio: la obligación de situar y definir la fe fruto de la Reforma en un ambiente adverso y en medio de las peores circunstancias, algo que no muchas iglesias latinoamericanas han hecho hasta hoy, en pleno siglo XXI.
En el ámbito de las iglesias agrupadas en lo que fue la Alianza Reformada Mundial (la actual Comunión Mundial de Iglesias Reformadas) se fortaleció la conciencia de las diversas etapas (primera reforma, reformas magisteriales, reformas radicales)[6] y sensibilidades que han encarnado las diferentes confesiones surgidas de los movimientos reformistas. Y es que el concepto de reforma no siempre ha sido uniforme y en las comunidades calvinistas se ha insistido, con intensidad variable, en que la reforma de la iglesia es apenas parte de un gran proceso de cambio totalizante y abarcador:
La fe de la reforma significa, en el marco de las iglesias reformadas, fe en la acción permanente, reformadora y renovadora de Dios. “Reforma” no encierra ya el mismo significado que en los movimientos reformistas medievales, es decir, el de la renovación de la iglesia como obra del hombre de buena voluntad, sino como obra de Dios en la historia. […]
La reforma de Dios, sin embargo, como movimiento renovador de la fe, afecta al hombre en su totalidad, al individuo y su situación religiosa, social y política. Dada la íntima trabazón entre la iglesia y la sociedad no basta llevar a cabo una reforma de aquélla.[7]
Los grandes resúmenes de esta teología se han encargado de subrayar el carácter totalizante de la misma dado su horizonte humanista original. En uno de ellos, André Biéler advierte sobre la genuina dialéctica de donde partió el reformador, auténtico “humanista devoto”: “…con su visión bíblica de la sociedad, Calvino preservó al humanismo de su corrupción individualista. Puso en evidencia la universalidad de nuestra humanidad. Nos indica el camino de un humanismo que una al conocimiento de la persona una conciencia aguda de las realidades sociales”.[8] El balance entre individuo y sociedad es una característica peculiar de esta tradición.
Por ello, las comunidades pertenecientes a esta tradición, al intentar permear las sociedades donde se mueven con esta visión, han subrayado el papel civilizatorio de sus grandes principios (É. Leonard) en común con otras (Sólo la Escritura, la fe, la gracia, Cristo y la gloria de Dios) y de las doctrinas derivadas de ellos (libre examen, sacerdocio universal, gobierno democrático), los cuales necesariamente deben traducirse en prácticas concretas para la vida social, política y económica: nueva humanidad, ergo nueva sociedad, ése es el perfil que la teología reformada ha heredado en sus grandes líneas del reformador francés. Esta “capacidad pragmática” la puso en marcha el propio Calvino en Ginebra, ciudad a la que convirtió en un centro industrial al mismo tiempo que un lugar de refugio, y un foco que irradió teológicamente a todo el continente. El puertorriqueño Rubén Rosario Rodríguez ha expresado como sigue el talante doctrinal que hizo posible esta conjunción a partir de la recuperación del expositor de las Escrituras que llegó a esa ciudad como migrante:
…ni la Iglesia ni el Estado representan comunidades perfectas y santas, sino que ambas son sociedades mixtas de santos y pecadores, elegidos y reprobados, lo que hace necesario admitir ciertas ambigüedades y tensiones dentro de los gobiernos espiritual y temporal.
Esta visión distintivamente calvinista de las sociedades humanas “reconoce que, incluso si ellas buscan legitimar llamamientos, políticos, abogados, profesores, empresarios, y el resto de la sociedad estará implicada en las injusticias y corrupciones que marcan a todas las sociedades humanas” [D. Ottati]. Mientras que todas las instituciones humanas, incluyendo a la iglesia, necesitan continuamente arrepentimiento y reforma, las teologías reformadas herederas de Calvino también creen “en la confianza en la divina provisión para la justicia y el bien”. […]
Para Calvino, así como para las tradiciones influidas por él, el establecimiento de un orden social justo es parte integrante de la vida cristiana.[9] […]
Algunas de las actualizaciones de la teología reformada pasan casi siempre por alto la producción, ciertamente escasa en esa línea, en lengua castellana. No fue el caso de un amplio volumen publicado en 1999, en el que la finada profesora uruguayo-argentina Beatriz Melano representó esta rama lingüística y quien apuntó hacia la enorme actualidad del pensamiento calvinista-reformado para la discusión y la praxis ecuménica en situaciones extremas. Valorando positivamente el legado de Calvino, escribió: “…el lema Soli Deo gloria, que Calvino usaba para expresar su pensamiento y acción es al mismo tiempo una fórmula que expresa adecuadamente la aventura de la Reforma Protestante. Creo que, si en otra época fue importante para mantener un concepto claro de la misión de la teología, es aún más importante en nuestro tiempo porque vivimos en una época en la cual predomina el ansia de poder por el poder mismo. Esta glorificación del poder humano genera violencia institucionalizada”.[10] […]
Con esto llegamos al que quizá es el planteamiento más difícil, porque tal vez se acerca al fondo de la cuestión desencadenada por la publicación del presente libro: ¿es posible hablar de una teología calvinista genuina en español? ¿La teología reformada en el idioma del Quijote? La respuesta afirmativa, impensable en otros tiempos, debe ir acompañada de una serie de acotaciones históricas, teológicas y hasta lingüísticas que sean capaces de dar fe de la manera en que esta aparente contradicción de términos llegó a buen término desde el mismísimo siglo XVI e incluso en vida del reformador Juan Calvino, dado que algunos disidentes religiosos españoles de la época, como Casiodoro de Reina, manifestaron su rechazo hacia el estilo calviniano de conducir la iglesia en Ginebra, mientras que otros, como su colega Cipriano de Valera no sólo se hicieron reformados sino que tradujeron parte importante de la obra del reformador. ¿Quién lo diría?: los traductores de la Biblia se encontraron en bandos teológicos contrarios. El nombre de Cipriano está ligado para siempre a esos dos importantísimos trabajos. […]


[1] D. Crouzet, Calvino. Barcelona, Ariel, 2001.
[2] S. Palomino López, Introducción a la vida y teología de Juan Calvino. Nashville, Abingdon Press-Asociación para la Educación Teológica Hispana, 2008, p. 45.
[3] Cf. Tony Lane, “Calvin and Article 5 of the Regensburg Colloquy”, en H. Selderhuis, ed., Calvinus Praeceptor Ecclesiae. Papers of the International Congress on Calvin Research held at Princeton. August 20-24, 2002. Ginebra, 2004, pp. 233-263.
[4] Eduardo Galassso Faria, “A primeira Igreja Reformada no Brasil e seus mártires”, en cuaderno especial de O Estandarte, Iglesia Presbiteriana Independiente de Brasil, año 117, núm. 2, feb. de 2009, pp. 6-7, 10-11.
[5] B. Cottret, op. cit., p. 225.
[6] Cf. “Praga I”, en M. Opočenský, op. cit., pp. 187-190.
[7] J. Moltmann, “La ética del calvinismo”, en El experimento esperanza. Introducciones. Salamanca, Sígueme, 1976 (Verdad e imagen, 44), p. 99.
[8] A. Biéler, El humanismo social de Calvino. Buenos Aires, Escaton, 1973, p. 75.
[9] R. Rosario Rodríguez, “Calvin’s legacy of compassion. A Reformed theological perspective on immigration”, en M. Daniel Carroll y Leopoldo A. Sánchez M., eds., Immigrant neighbours among us. Immigration across Theological Traditions. Eugene Oregon, Pickwick Publications, 2015, pp. 45, 46. Versión de L. C.-O. Gracias a Rubén J. Arjona Mejía.
[10] B. Melano, “Potential contributions of Reformed Theology to ecumenical discussion and praxis”, en David Willis y Michael Welker, eds., toward the future of Reformed Theology. Tasks, topics, traditions. Grand Rapids-Cambridge, Eerdmans, 1999, p. 154. Versión de L.C.-O.

Fuente: Protestantedigital, 2016.