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sábado, 2 de diciembre de 2017

Los olvidados de la Reforma protestante

Por. Alfonso Pérez Ranchal, España
El pasado 31 de octubre las redes sociales se llenaron de felicitaciones por el día de la Reforma Protestante. Tampoco faltaron, durante ese mes, artículos en diferentes revistas en donde el rostro que predominaba era el de Lutero.
Todavía recuerdo cómo en mi ciudad natal cada vez que se acercaba esta fecha se anunciaba una conferencia en donde se invitaba a todos los creyentes y de paso a otras personas que estuvieran interesadas en el tema.
Siendo un adolescente, y más tarde un joven, tal y como se presentaba al reformador hizo que en mí se despertara una gran admiración por él. Se hablaba sobre todo de su etapa como agustino, de sus luchas, de su descubrimiento de la salvación por gracia. Recuerdo que se le mostraba como a un hombre al que únicamente alimentaba su vida la pasión que sentía por Dios y su Palabra, qué gran valentía tuvo frente al mismo Emperador, pensaba. También se hablaba de su matrimonio con Catharina von Bora para resaltar, con todo lo que estaba cayendo a su alrededor, el magnífico ejemplo de esposo y padre que era. De pasada se nombraba a Calvino y a otros reformadores como Zwinglio.
Al presente debo decir que si de esto trata la celebración anual de la Reforma por mi parte no tengo nada que decir. Por supuesto que se dieron grandes logros gracias a estos reformadores pero en la misma medida en la que a otros se los ha olvidado es mi falta de entusiasmo por este tipo de efemérides.
La realidad de lo que allí ocurrió es mucho más compleja y no es honesto presentar únicamente “las grandes hazañas” obviando o aparcando “los grandes errores”. Pero todavía es más preocupante, si cabe, que para que todo encaje en la exaltación de estos reformadores se tenga que hacer invisibles a otros hombres y mujeres que en no pocos aspectos los superaron. Pienso que no se habla de ellos ya que dejarían en muy mal lugar a las columnas del protestantismo ya que en algunos casos estos “otros” tuvieron serios enfrentamientos con ellos y además llevaban la razón.
Tal fue el caso de Erasmo de Rotterdam, un intelectual y cristiano de una talla excepcional que preparó el terreno para lo que después sucedería. Sus escritos se “colaron” por muchos rincones de aquella Europa antes de que Lutero apareciera en escena. Era un hombre tranquilo, un auténtico humanista enamorado de la cultura y con unas ideas muy claras sobre la necesidad de una reforma dentro de la Iglesia Católica. Supo sortear la condena de sus escritos y llegar con ellos a muchas personas que clamaban y anhelaban esta reforma eclesial. Cuando Lutero irrumpió, y las primeras grandes tensiones se dieron, Erasmo supo ver con gran preocupación la radicalización de posturas y las consecuencias que podrían traer. Supo leer las situaciones que se estaban dando y señalar los grandes males que vendrían casi de inmediato: intransigencia, odio y divisiones incurables dentro de la cristiandad.
Lutero intentó “ganárselo” para su causa pero él no cedió. Lo mismo procuraron hacer por el lado católico e incluso lo intentó el mismo Emperador. Pero él, espíritu libre, no quiso apuntarse a ningún bando. Tenía muy claro la necesidad de una reforma pero también de que la misma fuera dándose paso a paso, lejos de posiciones extremas y que la razón y el respeto por el ser humano fueran esenciales. Su proyecto se fue al traste y tuvo un agrio enfrentamiento con el mismo Lutero.
Erasmo rehuía cualquier discusión pero fue finalmente la negación de toda libertad humana frente a Dios y su salvación, defendida por Lutero, lo que le hizo comenzar un intercambio epistolar. Lutero, alguien explosivo al defender sus opiniones, descargó sobre Erasmo toda clase de improperios y descalificaciones. El humanista, desde entonces y hasta el fin de sus días, llevó sobre sí una gran tristeza al comprobar cómo lo que él había predicho se cumplía a rajatabla. Una cristiandad rota, odios enconados, muerte y desprecio entre naciones que se decían cristianas.
La historia se ha encargado de colocar a cada cual en su lugar, pero claro, debe ser una historia que se relate al completo para que así pueda ser conocida.
Otro tanto pasó con el enorme Sebastián Castellio que se dice que dejó prematuramente esta vida al fallecer de muerte natural pero, personalmente, no tengo ninguna duda de que mucho contribuyó a este final el gran sufrimiento que tuvo que soportar por parte de Calvino. Tenía 48 años y su física estaba muy debilitado. Fueron muchos años de calumnias, de jornadas laborales interminables para así poder mantener a su familia en medio de todo tipo de presiones.
No podía entender cómo en la Ginebra que Calvino regía con mano de hierro se podía condenar a morir como hereje a alguien tal y como pasó con Miguel Servet. Denunció públicamente este enorme despropósito y señaló a Calvino como el mayor de los responsables a pesar de que éste intentó disimular su responsabilidad. El reformador ginebrino no soportaba la crítica y además pensaba estar investido de una especie de infalibilidad por lo que siempre creía tener la interpretación correcta del texto bíblico.
Desde entonces Calvino intentó por todos los medios silenciar a Castellio quien abogaba por la libertad de conciencia, de poder defender diferentes posiciones en medio del respeto mutuo. Gritó ante la monstruosidad de esa especie de “Santa Inquisición” ginebrina lo que le acarreó toda clase de sufrimientos. Como ya he apuntado, falleció de muerte natural pero podría haber acabado de igual forma que Servet.
De nuevo el silencio escandaloso se cierne sobre Castellio al que ni siquiera conocen muchos de los que dicen celebrar la Reforma. Y es que, otra vez, si hablamos de Castellio resulta que el lado más oscuro de Calvino aparece…
En este sentido tiempo me faltaría para hablar de lo que se ha llamado la Reforma Radical cuyo exponente más conocido son los anabaptistas después conocidos como menonitas. Fueron masacrados tanto por protestantes como por católicos por defender algunas posturas que hoy en día todos mantienen. En medio de otros tantos errores acertaron en señalar que aquella reforma únicamente llegaba a algunos aspectos mientras que algunos otros esenciales quedaban sin tocar. Abogaban por una vuelta radical al evangelio y a una condena de todo tipo de violencia. Pero ya la Reforma había entrada de lleno en el campo de lo político, las guerras y la represión eran un hecho y esto último se llevaba a cabo tanto en el terreno protestante como en el católico. Ellos fueron atrapados en medio de las furias enfrentadas y se buscó hacerlos desaparecer.
Por último, me gustaría acordarme de las mujeres, una vez más ellas son las grandes ausentes. Tuvieron, en ocasiones, un protagonismo muy relevante pero pronto se las relegó al papel de madres y esposas ejemplares. Nombres tales como la propia esposa de Lutero, Catharina von Bora, u otras como Argula von GrumbachUrsula de Munstenberg (1491-1534), Isabel de Brandeburgo (1485-1545) o Isabel de Brunswick (1510-1558).
Si hemos de celebrar la Reforma hagámoslo pero, como decía al principio de este artículo, siendo honestos con lo que allí ocurrió. Sin duda hubo aciertos de gran calado pero también se dieron graves errores. Si vamos a traer a colación a los principales protagonistas de aquellos tiempos convulsos no deberíamos dejarnos atrás a los que no encajan con nuestra visión para de esta forma realizar una exaltación desmedida y alejada de la realidad.
Es cierto que se trata de una fecha para recordar pero si hablamos de Lutero también deberíamos hacerlo de Erasmo de Rotterdam; si escribimos sobre Calvino no deberíamos olvidar a Castellio; y otro tanto de aquellos que llamaron a una reforma radical y, por supuesto, también estaban las mujeres…
Ahora sí que me apunto a rememorar aquél siglo XVI, con sus luces y con sus zonas oscuras. Un siglo de una enorme importancia que marcó la historia para siempre y que tratando a todos sus protagonistas por igual pone de manifiesto una enorme riqueza que de lo contrario permanece oculta. El protestantismo fue muy variado en sus mismos inicios y defendió toda una serie de valores algunos de los cuales fueron sepultados por las figuras más destacadas pero que no deberíamos olvidar por lo impresionante de su relevancia. De esta forma no solo se muestra la historia al completo sino que se coloca en primera línea a hombres y mujeres de una enorme talla y que, sin duda, también eran “protestantes”.


Fuente: Lupaprotestante, 2017.

martes, 28 de febrero de 2017

Algunas lecturas sobre la Reforma Protestante (VII)



Por. Carlos Martínez García, México
Comprender la Reforma como un proceso diverso y amplio nos previene de parroquialismos reduccionistas. En esta dirección va la obra coordinada por Peter Marshall, The Oxford Illustrated History of the Reformation, Oxford Univesity Press, Oxford, 2015.
Peter Marshall es un avezado historiador en la Reforma protestante, sobre todo en su vertiente inglesa. Es autor, entro otros libros, de Reformation England, 1480-1642; en el verano la Universidad de Yale le publicará Heretics and Believers, a History of the English Reformation.
En 2009 la prestigiada serie A Very Short Introduction, auspiciada por la Universidad de Oxford, agregó a su catálogo el volumen sobre la Reforma escrito por Marshall.
El breve libro, 144 páginas, The Reformation, A Very Short Introduction el profesor/investigador de la Universidad de Warwick lo inicia con una afirmación: “La Reforma creó a la Europa moderna, y dejó una marca indeleble en la historia del mundo”.
Justo después hace una pregunta, “¿Pero qué fue la Reforma, acaso una fuerza de progreso, libertad y modernidad, o de conflicto, división y represión?” Para él la Reforma no fue un proceso unívoco y unidireccional, sino un momento fundante, o refundante, de la historia de Occidente con distintos significados y ramificaciones.
En la obra coordinada por Marshall, que referí en el párrafo inicial, se evidencia un entendimiento de la Reforma como un fenómeno histórico accidentado, un proceso de largo aliento y no solamente un evento, es plural y con varios polos, frecuentemente paradójico e impredecible en sus efectos.
Considera Marshall que ampliar el enfoque investigativo implica grandes retos hermenéuticos, y que de hacerlo será posible tener un mayor significado, o significados, del proceso llamado Reforma protestante.
El volumen contiene ilustraciones, grabados y mapas que contribuyen a visualizar los acontecimientos que cada autor/a desarrolla en el capítulo que le corresponde. El primer apartado es acerca del cristianismo medieval, a cargo de Bruce Gordon, quien es autor de un libro sobre la Reforma en Suiza y de una amplia investigación acerca de Juan Calvino publicada en el 2009 por la Universidad de Yale.
Gordon describe la cristiandad medieval como un periodo de luces y oscuridades, por lo que durante los tiempos previos a la Reforma, advierte, el cristianismo no debe ser visto como irremediablemente en decadencia o declinación, o, por el contrario, sinónimo de la edad de oro perdida. Fue, al mismo tiempo, un tanto lo uno y lo otro, por lo que una sola perspectiva es insuficiente para explicar el cristianismo medieval
Lo expuesto por Bruce Gordon sirve como útil antecedente para situar la vida, obra y acciones de Martín Lutero. La panorámica sobre el personaje es responsabilidad de Lyndal Roper, profesora en la Universidad de Oxford y editora de la prestigiada revista de historia Past and Present.
La doctora Roper publicó el año pasado un muy documentado estudio biográfico que lleva por título Martin Luther: Renegade and Prophet. En 1991 dio a conocer el volumen The Holy Household: Women and Morals in Reformation Augsburg.
En pocas páginas Roper resume los momentos cruciales en la vida de Lutero. El ser amplia conocedora del personaje le permite trazar una panorámica en la que presenta instantáneas del itinerario del monje agustino, profesor de Biblia en Wittenberg, crítico de la comercialización de la fe del pueblo mediante la oferta de indulgencias, enfrentamientos con el sistema teológico/eclesial católico romano, decisión para construir una alternativa al sistema criticado, esposo y padre de familia, intolerancia para con sus adversarios y colisiones con sus enemigos y, finalmente, significación histórica de la grieta que abrió en un conglomerado religioso y social que parecía inconmovible.
Carlos Eire es el responsable del capítulo “El calvinismo y la reforma de la Reforma”. Eire es autor de varios libros, entre los que se cuentan Wars Against Idols: The Reformation of Worship from Erasmus to Calvin (1991), y de Reformations: The Early Moderrn World, 1450-1650. Este trabajo fue publicado el año pasado por la Universidad de Yale y tiene 920 páginas, y está entre mis pendientes de lectura.
Eire nació en Cuba en 1950 y migró hacia Estados Unidos a lo once años. Es profesor de historia y religión en Yale. A grandes rasgos delinea la vida y producción teológica de Juan Calvino, dando mayor espacio a la estancia del teólogo francés en Ginebra, sobre todo cuando retornó a la ciudad para hacer de la misma un laboratorio del Reino de Dios.
Eire muestra cómo Ginebra relocalizó el centro del protestantismo hacia ella, debido a los esfuerzos y logros de Calvino. Es por esto que la denomina “La Roma protestante”, significando así que Ginebra se transformó tanto en un polo de atracción como de irradiación de una nueva etapa de la Reforma, gestándose lo que Eire llama un “calvinismo internacional” que se esparció mucho más allá de la pequeña urbe al pie de los Alpes.
El capítulo sobre la Reforma radical es autoría de Brad S. Gregory, doctor por la Universidad de Princeton y profesor de historia en la Universidad de Notre Dame, Indiana. Gregory se hizo conocido por su erudito estudio publicado en el 2001 por la Universidad de Harvard: Salvation at Stake: Christian Martyrdom in Early Modern Europa.
Más recientemente, en el 2011, también Harvard le publicó una polémica y provocativa obra, The Unintended Reformation: How a Religious Revolution Secularized Society. Éste fue uno de mis regalos recibidos en la Navidad pasada, que aguarda para ser leído con detenimiento.
En el capítulo bajo su responsabilidad, el objetivo de Gregory es analizar las similitudes y diferencias de los mártires católicos, protestantes y anabautistas en el siglo XVI. Dado que el mayor número de perseguidos y llevados a la muerte en aquél siglo fue el de los anabautistas, Gregory se adentra tanto en las justificaciones de los acosadores como en las convicciones de los acosados y sentenciados a muerte para enfrentar el veredicto que les llevaría a la hoguera, ahogamiento, decapitación o a la horca.
La Reforma radical tuvo pluralidad de concepciones y expresiones. Igualmente, en gran medida debido a las persecuciones, los radicales se vieron obligados a diseminarse por toda Europa y producir su teología bajo condiciones muy adversas.
Sus liderazgos locales y/o regionales gestaron teología bajo acoso, y el principio de la comunidad de creyentes como una familia confesional voluntaria revigorizó la noción de libertad religiosa y el consecuente efecto en otros aspectos de la vida social.
Brad S. Gregory hace una lúcida radiografía de un movimiento amplio, policéntrico, plural, con liderazgos de base y que ha ido ganando luz en la historiografía que presta atención a los excéntricos y marginados por las antiguas y nuevas ortodoxias.
                                                    
Fuente: Protestantedigital, 2017

viernes, 6 de enero de 2017

La Biblia, contaminada por mitos, leyendas, errores y contradicciones



Por. Will Graham, España
Con la reciente publicación del libro ‘Redescubrir la Palabra’ (Máximo García), se abre un nuevo capítulo en la historia evangélica en España.
Hasta la fecha, los protestantes españoles han luchado continuamente contra la doctrina del Catolicismo Romano. A partir de ahora, los evangélicos tendrán que enfrentar a un nuevo enemigo en la península ibérica, a saber, el liberalismo teológico.
Ya se observó la presencia de la teología liberal dentro de la Iglesia Evangélica Española (IEE) con la publicación del documento ‘Ética teológica y homosexualidad’ de Juan Sánchez Núñez (profesor en la Facultad de Teología SEUT) en 2015. El nuevo libro de Máximo García (recién jubilado profesor de la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España) marca un antes y un después en la teología evangélica española.
Hoy queremos presentar una crítica al libro de García desde una perspectiva evangélica conservadora.
I.- DIEZ CRÍTICAS
1.- Antiguo Testamento vs. Nuevo Testamento
García no cree que el Dios “iracundo” del Antiguo Testamento sea el mismo Dios que se da a conocer en el Nuevo Pacto. “Mientras los Evangelios muestran la imagen de un Dios de amor universal, que no hace acepción de personas y defiende valores como la dignidad de todos los seres humanos y su igualdad en derechos, el Antiguo Testamento muestra con frecuencia la idea de Dios como la de un dios iracundo, vengativo y tribal, fruto de la visión parcial y distorsionada de un pueblo” (p. 17).
En típico estilo liberal (y siguiendo las pisadas del hereje Marción), García simplemente no entiende el concepto de la ira santa de Dios, optando por creer en una deidad que él mismo ha fabricado conforme a sus antojos ilustrados.
Se olvida de que la presuposición fundamental del Evangelio neotestamentario es la ira venidera de Dios (1 Tesalonicenses 1:10) y de que el Dios del Nuevo Pacto sigue juzgando a los incrédulos y disciplinando a sus hijos. El caso de Ananías y Safira sirve como un buen recordatorio (Hechos 5:1-11).
No hay ninguna discrepancia o contradicción entre el Dios del Antiguo Testamento y el Dios del Nuevo. Es verdad que a García no le gusta el hecho de que el Señor haga cosas que él no aprobaría. Pero allí el problema es el corazón del teólogo; no la perfecta e inmaculada justicia del Todopoderoso.
2.- Hacia una lectura sin prejuicios
En repetidas ocasiones, García pide que leamos la Biblia desprovistos de prejuicios y “condicionantes confesionales” (p. 109). Hay que, “alejarse de ideas preconcebidas que puedan condicionar y distorsionar el sentido del texto leído” (p. 198). ¿Cómo podremos, entonces, conseguir leer la Biblia sin prejuicios o presuposiciones? Contesta García diciendo: “La tarea del exégeta, para ser efectiva, necesita servirse de un método histórico-crítico adecuado” (p. 195).
El problema con este método es que está plagado de prejuicios filosóficos también. La presuposición más dañina del método histórico-crítico es que se mueve en un plano enteramente antropocéntrico negando que la Biblia tenga un solo autor, esto es, Dios.
“Es preciso recordar, escribe García, que la Biblia no es un libro unívoco, escrito por un solo autor” (p. 175). En este punto, ningún evangélico podría estar de acuerdo con el pensador bautista. Reconocemos que cuarenta autores humanos redactaron las Escrituras a lo largo de 1.500 años; no obstante, detrás de todo estaba el soplo del Espíritu divino dirigiendo el proceso.
Otra incoherencia en la hermenéutica de García sucede cuando llama a sus lectores a leer la Biblia “a la luz de la fe en Jesucristo” (p. 21). ¿Qué es esto sino una presuposición teológica?
Por un lado quiere promocionar una lectura bíblica sin prejuicios. Por el otro, desea leer la Palabra partiendo “de un principio axiomático, consustancial con la fe, como es la aceptación de que Jesús es la Palabra de Dios encarnada” (p. 214). Pedimos que nuestro autor sea coherente con sus propios postulados filosóficos.
3.- El Jesús mariposa
El Jesús en quién cree Máximo García es el Jesús de Schleiermacher y de la tradición liberal, o sea, un Jesús mariposa, un osito de peluche, una muñeca de Barbie. Es un Jesús acaramelado y azucarado que no tiene nada que ver con el Cristo revelado en las páginas del Nuevo Testamento.
La importancia de Jesús, para García, reside en que “es capaz de dar respuesta a las necesidades de los hombres y mujeres” y nada más (p. 36). Y está convencido de que el mensaje de Jesús se trata de buscar “la hermandad de los pueblos y la justicia social” (p. 170).
El teólogo liberal español no toma en cuenta las palabras duras y ofensivas que Jesús pronunció a lo largo de su ministerio público. Simplemente está interesado en el Jesús del sermón del monte (p. 114), el Jesús que anduvo haciendo bienes (Hechos 10:38).
Tampoco hace caso a los milagros realizados por el Salvador que servían para confirmar su mesiazgo y autoridad divina. Esta observación nos lleva al cuarto punto.
4.- Anti-milagros y anti-sobrenatural
En cuanto a los milagros de Jesús y las demás maravillas registradas en la Biblia, García es bien escéptico. Mejor dicho, es incrédulo. Acepta las presuposiciones ateas de los materialistas actuales. Como en el caso del teólogo liberal alemán Rudolf Bultmann, García cree que los milagros forman parte de una cosmovisión mítica compartida por los autores bíblicos.
Por lo tanto, lo que hay que hacer es desmitificar la Biblia y reinterpretar sus milagros para que tengan sentido para el hombre contemporáneo. Esto significa que hay que descartar cualquier relato de la Biblia que suene meramente milagroso o anti-racional (la creación, Noé, la lucha de Jacob con el ángel, el éxodo, la burra de Balaam, Jonás y un largo etcétera).
Tristemente, en vez de procurar refutar los argumentos anti-sobrenaturales de los agnósticos llamándolos al arrepentimiento y a la fe, García procura reinterpretar dos mil años del cristianismo con el fin de acomodar a la mente no creyente. Nos acordamos de las palabras del Señor: “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos” (Jeremías 15:19).
Ya hemos visto los efectos de semejante metodología en las iglesias de Alemania, el Reino Unido y los Estados Unidos: ¡han quedado vacías! De manera paradójica, el liberal –en su afán por ser relevante- acaba siendo todo lo contrario.
Son precisamente las iglesias conservadoras las que más crecen en todo el mundo. Oramos para que la Iglesia del Señor en España siga andando en la verdad de la bendita, inerrante e infalible Palabra de Dios.
5.- Un argumentum ad logicam
Cuando García desata su ira contra los que creen en la plena inspiración, autoridad e inerrancia de las Escrituras, emplea un par de argumentos mal formulados que carecen de fuerza intelectual.
Primero, García se confunde al pensar que las partes descriptivas de la Biblia sean prescriptivas. Cuestiona la ética de Abraham, Jacob, Josué, Salomón, David y otros olvidándose de que la Biblia también nos enseña malos ejemplos para que no los sigamos.
Si Jacob miente, esto no quiere decir que la Biblia nos esté animado a engañar a la gente; sino a no seguir el mal ejemplo de Jacob. Estos episodios no atentan contra la inspiración de la Palabra.
Segundo, la acusación de acusaciones de García es que los fundamentalistas se equivocan al leer la Biblia de manera literal. Pero se trata de otro argumento ilegítimo. No hay nadie que lea la Biblia cien por cien literalmente. ¿Acaso conoce García a alguien en sus círculos bautistas que crea que cuando Jesús se autoproclamó la puerta de las ovejas que estaba hablando en plan literal?
Cuando llegamos al capítulo siete del libro, García escribe lo siguiente: “Recomendamos a nuestros lectores que no anticipen la lectura de este capítulo sin haber leído antes los capítulos precedentes” (p. 207).
Es irónico porque aquí García –el anti-literalista- quiere que sus lectores lo interpreten de manera literal. De todas formas, me pregunto si García pone en tela de juicio la necesidad de una lectura literal cuando lee las instrucciones de sus recetas médicas.
6.- La Biblia es la palabra de hombres
García piensa que la Biblia se trata de un libro escrito por hombres. Hasta cierto punto, lleva la razón. Pero no defiende en ningún momento la convicción evangélica de que Dios es el autor de las Escrituras. Fue Dios el que redactó la Biblia a través de los autores bíblicos.
La Biblia, según nuestro pensador, es un simple tomo de percepciones humanas (p. 82), fruto de las culturas egipcia, babilónica, mesopotámica, etc. Por ejemplo, el concepto del sacrificio vicario en el judaísmo no fue ordenado directamente por Dios sino una creencia “heredada de culturas mesopotámicas” (p. 82). Es decir, se trata de una idea humana. Por eso García cree que la Biblia contiene varios errores, discrepancias y contradicciones.
Según García, la Escritura no es la Palabra de Dios en el sentido literal del término sino, “se va haciendo Palabra de Dios en la medida en que se identifica con la revelación llevada a cabo en Jesús de Nazaret” (p. 62). O en otra ocasión opina que, “Las Sagradas Escrituras lo son en la medida en que en ellas se puedan rastrear las pistas de un Dios que no somete, sino dignifica” (p. 146).
Y de nuevo, “Los textos sagrados se convertirán en Palabra de Dios en la medida en la que actúe el Espíritu en el propio lector” (p. 166). En cada paso, García niega que la Biblia sea literal, objetiva y ontológicamente la Palabra del Altísimo.
¿Y qué hacemos con todos aquellos pasajes en la Biblia que no compaginan con la hermenéutica humanista de García? Los desechamos en el nombre de los supuestos prejuicios nacionalistas de los autores del Antiguo Testamento o la confusión de los discípulos de Cristo.
Así acusa García al apóstol Mateo de “forzar el texto” de Oseas 11:1 sin considerar que el discípulo escribió siendo guiado por el Espíritu. Este escepticismo radical hacia los textos bíblicos explica la razón por la cual nos dice García: “Gracias a la Biblia percibimos la voz de Dios, aunque nos llegue con bastantes interferencias” (p. 211).
Puesto que García no tiene interés en ningún otro mensaje que no cuadre con su visión liberal de hermandad y justicia social, tiene que sacar sus tijeras a la hora de leer la Biblia.
7.- La doctrina no importa
Si lo más importante es hermandad y justicia social, García –siguiendo el espíritu del liberalismo- argumenta que la doctrina no importa. Lo que realmente cuenta es el amor, la solidaridad, la tolerancia y la exaltación de los valores humanos (p. 180).
Ahora bien, la idea de que el amor sea más importante que la doctrina no deja de ser una doctrina personal de García. El teólogo bautista justifica su postura apelando al pluralismo religioso ya que hay tantas religiones diferentes en el mundo con tantas doctrinas diferentes (pp. 168-169).
Pero, ¿por qué la existencia de tantas otras religiones nos lleva a negar nuestras convicciones cristianas? ¿Acaso implica la existencia de billetes falsos la no existencia de billetes verdaderos? ¡Desde luego que no! Lo que García necesita hacer es examinar las carencias intelectuales y lógicas presentes en otras cosmovisiones no cristianas y demostrar cómo la fe cristiana ofrece una interpretación mucho más lógica, coherente y satisfactoria de la realidad que aquéllas.
8.- La duda como preocupación creativa
A diferencia de nuestros padres protestantes, García se deleita en fomentar dudas y sospechas en los corazones de los creyentes. Define la duda en la página 18 como, “una preocupación creativa”. Dudar de las Escrituras es dudar de la Palabra de Dios. ¿Quién soy yo o quién es Máximo García para poner en tela de juicio la fidelidad o veracidad del único Omnisciente?
En realidad, el libro es un tratado sobre la incredulidad. Si los editores del libro habrían optado por llamar el tocho ‘Redescubrir la duda’ o ‘Redescubrir la incredulidad’ en vez de ‘Redescubrir la Palabra’, nos hubieran hecho un favor a todos.
Hay un sinfín de ejemplos en el tomo de García sobre los mitos, las leyendas, las discrepancias y los errores incluidos en la Escritura.
Total, García desempeña el mismo papel que el católico liberal Erasmo en el siglo XVI, negando la doctrina protestante de la perspicuidad (claridad) de las Escrituras. ¿Cómo explicar la incertidumbre que caracteriza a Erasmo y a García?
Lutero tiene una respuesta clara: la culpa se debe a la mente caída y pecaminosa del ser humano. “Mas el hecho de que muchas cosas sean abstrusas para muchos, se debe no a la oscuridad de las Escrituras, sino a la ceguedad o desidia de esa gente misma que no se quiere molestar en ver la clarísima verdad” (Lutero).
El amor de Lutero hacia la verdad proposicional explica su disgusto por el escepticismo teológico. En términos del reformador de Wittenberg: “El Espíritu Santo no es un escéptico; tampoco son dudas o meras opiniones lo que Él escribió en nuestros corazones, sino aserciones, más ciertas e inconmovibles que la vida misma y cualquier experiencia”.
Tenemos que tomar una decisión cada uno: ¿creer la Palabra de Dios dudando de Máximo García? ¿O creerle a Máximo García dudando de la Palabra? Para mí la decisión es bien fácil.
9.- El error categórico fundamental
Desde el primer capítulo hasta el séptimo, la obra de García está contaminada por un error filosófico fundamental. Si leéis el libro de García con esta falacia lógica en mente, os daréis cuenta de que el tomo carece de valor intelectual. Por alguna razón extraña, García cree que el demostrar el origen histórico de una creencia necesariamente desacredita la creencia.
García aplica este error a múltiples verdades enseñadas en la Biblia: la creación, el éxodo, los jueces, la institución de las fiestas judías, los demonios, el diablo, el infierno, los milagros, etc. García repite la misma línea de pensamiento docenas de veces a lo largo de su tomo.
Explica que un determinado tema bíblico –digamos el éxodo- es procedente de literatura egipcia. Por lo tanto, razona el español, el éxodo es falso. Se trata de lo que llamamos en el mundo anglosajón un “Category Error”, traducido al castellano sería algo como un error categórico o un error de categorías.
Usaré un ejemplo para aclarar este principio. Isaac Newton descubrió la ley de la gravedad. Ahora bien, ¿deja de existir la ley de la gravedad si os dijo que Newton la descubrió en el 1666? ¿O si digo que la descubrió por causa de la caída de una manzana de un árbol plantado por granjeros irlandeses? ¡Por supuesto que no! Explicar el origen histórico de una creencia no hace nada para derribarla.
Al fin y al cabo, podríamos usar la lógica de García contra su propio libro diciendo lo siguiente: García aprendió todo lo que sabe de los seguidores de la alta crítica alemana, por consiguiente, no hay que hacer caso a sus argumentos. O, García nació en los años 50, consiguientemente, puesto que podemos demostrar su origen histórico, no hace falta creer nada de lo que él nos dice. Es la misma lógica.
10.- Falsa alternativa: o Jesús o la Biblia
En última instancia, García presenta a sus lectores una falsa alternativa, esto es, o Jesús de Nazaret o la Biblia. Según el pensador, la Biblia se hace Escritura cuando se identifica con la revelación de Dios realizada en Jesucristo.
Aquí García tendría que volver a leer su Nuevo Testamento y entender la visión que tenía Cristo tocante a las Sagradas Escrituras. Jesús aceptó todo el Antiguo Testamento como Palabra de Dios y no solamente aquellas partes que apuntaban al Mesías (p. 172).
Pensamos, por ejemplo, en la alusión de Cristo a la institución del matrimonio en Mateo 19:6. No es un pasaje mesiánico; sin embargo, Jesús lo aceptó como la Palabra autoritativa de Dios. Y ¿qué diremos sobre los tres textos que Cristo citó de Deuteronomio 6-8 mientras peleaba contra Satanás en el desierto? No se trataron de versículos mesiánicos; no obstante, Cristo los citó como autoritativos. ¿Acaso no fue el bendito Hijo de Dios el que dijo: “Ni una jota ni una tilde pasará de la ley hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18)?
García anda peligrosamente porque el verdadero discípulo de Cristo presupone el señorío de Cristo en todas las cosas (incluso sobre la esfera intelectual). No hay tal cosa como autonomía cristiana. No hay tal persona como un teólogo cristiano autónomo. Son términos contradictorios.
El creyente es llamado a someter todas las áreas de su vida al señorío de Cristo. La neutralidad es traición. Y si Jesús de Nazaret creía en la infalibilidad, inerrancia e inspiración plenaria del Antiguo Testamento, sus seguidores también son llamados a creer lo mismo.
Rechazamos, pues, la alternativa falsa entre Jesús y la Biblia respondiendo que la Biblia es el libro que el Hijo de Dios emplea para gobernar en su Iglesia hasta que no vuelva por segunda vez. No es o Jesús o la Biblia; sino Jesús y la Biblia.
II.- ERRORES APARTE
Además de la crítica presentada, hay varios errores en el tomo de García que un lector no informado tendría que tener en cuenta. Aquí están algunos de los más destacados. García cree erróneamente que:

  • Los reformadores eran individualistas.
  • Los reformadores rechazaron la tradición de la Iglesia (sólo los anabaptistas hicieron eso).
  • Los reformadores rechazaron la doctrina del Theotokos.
  • El término mesiánico ‘hijo de hombre’ se refiere a la humanidad de Cristo.
  • ¡El ateo Ludwig Feuerbach era un teólogo luterano!
  • 2 Timoteo 3:16 solamente se refiere al Pentateuco.
  • Nada es totalmente demostrable o indemostrable (científicamente hablando).
  • Hay una errata en la página 22 donde llama al teólogo dominico Edward Schillebeeckx “Schillebeecks”. Pero bueno, no pasa nada, se lo podemos perdonar.
III. – PREGUNTAS PARA GARCÍA
Hay algunas preguntas que Máximo García haría bien en aclarar para el público evangélico en España. He hecho una lista de algunas preguntas que me gustaría que aclarase para el pueblo protestante en la península ibérica:

  • ¿Cree Máximo García que Dios creó el cosmos?
  • ¿Cree Máximo García en la doctrina de la Trinidad?
  • ¿Cree Máximo García en la evolución de las especies? Me refiero a macro-evolución.
  • ¿Cree Máximo García en la resurrección literal y corporal de Jesucristo?
  • ¿Cree Máximo García en la preexistencia del Hijo de Dios?
  • ¿Cree Máximo García en la resurrección de Lázaro de la muerte?
  • ¿Cree Máximo García que nacemos en pecado?
  • ¿De qué exactamente se trata la doctrina de la salvación para Máximo García? ¿Cree en la necesidad del nuevo nacimiento por el poder del Espíritu Santo? ¿Cree en el poder expiatorio de la sangre de Cristo para librarnos de la ira venidera?
IV.- REFLEXIÓN FINAL
Personalmente hablando, me he quedado muy decepcionado con el tomo de García. El autor me prometió “alimento sólido” (p. 117); pero me dio piedras. La imagen que me vino a la mente mientras leía el tomo de García fue la de un hombre ante un puzle de 66 piezas.
Se cree capaz de explicar dónde todas las piezas del puzle fueron fabricadas; pero es incapaz de echarse para atrás y ver la imagen que el puzle entero procura transmitir. ¡Qué tragedia! Tarde o temprano sabía que el movimiento liberal tendría que darse a conocer en España; pero qué triste que está sucediendo precisamente en nuestros días.
Hay dos grandes cargas que tengo en el corazón. Aquí quiero aclarar que no hablo en el nombre de ninguna institución evangélica. Hablo yo, Will Graham, sabiendo que muchos otros hermanos protestantes seguramente compartirán mi sentir.
En primer lugar, es difícil entender cómo un hombre tan entregado al liberalismo teológico puede haber estado dando clase en la Facultad de Teología de la Unión Evangélica Bautista de España (UEBE) durante cuarenta años. La UEBE es una denominación reverenciada por todo el pueblo evangélico en España gracias a sus convicciones bíblicas.
Pero si Máximo García ni siquiera cree en el primer artículo de la confesión de fe de la UEBE, ¿cómo puede estar dando clase a los futuros pastores bautistas de esta nación? En plan puramente ético, si la Facultad de la UEBE está sostenida en gran parte por dinero de creyentes y padres conservadores, ¿por qué contratan a profesores liberales que solamente sirven para destruir la fe de los jóvenes? Salmo 11:3 dice: “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?”
En segundo lugar, me siento muy triste con la casa editorial Clie. ¿Acaso no existe Clie con el fin de defender la fe evangélica? ¿Cómo puede Clie vender libros escritos por Matthew Henry y Charles Spurgeon por un lado y luego tomos de Máximo García por el otro? Si Henry y Spurgeon estuvieran entre nosotros, reprenderían a Clie por tal hipocresía.
¿Es Clie una casa editorial cristiana puesta para la defensa del Evangelio o un simple vendedor de libros? Sería impensable que una sana casa editorial como Editorial Peregrino llegase a publicar el estudio de García. ¡Impensable! ¿Dónde están nuestras convicciones? ¿O las sacrificamos por amor el lucro?
Después de leer ‘Redescubrir la Palabra’, con mucho dolor en el corazón he aprendido que el tomo de Máximo García se trata de secularismo vestido de teología evangélica (o sea, incredulogía, dudología, sospechología). El tomo es otra expresión más de incredulidad sofisticada contaminada por mitos, leyendas, errores y contradicciones liberales.
¡El Señor guarde a su amada Iglesia y a todos los seminaristas evangélicos en España!

Fuente: Protestantedigital, 2017