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viernes, 23 de mayo de 2014

¿Quién sanó a Floribeth Mora, “la miracolata”? (y algunas reflexiones sobre la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II)

Por. Juan Stam, Costa Rica*
En la primera sanidad divina después del Pentecostés, Dios usó a Pedro y Juan para curar a un mendigo lisiado (cojo) desde su nacimiento. El mendigo esperaba solo una limosna, pero recibió de Dios salud y fuerzas. Entró en  el Templo con ellos, saltando y alabando a Dios. El impacto fue tremendo y la gente corría para ver a Pedro y Juan. Es aleccionadora la reacción de Pedro:
Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan,
toda la gente, que no salía de su asombro,
corrió hacia ellos al lugar conocido como Puerto de Salomón.
Al ver esto, Pedro les dijo:
“Pueblo de Israel, por qué les sorprende esto que ha pasado?
Por qué nos miran a nosotros como si, por nuestro propio poder o virtud,
hubiéramos hecho caminar a este hombre?
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,
el Dios de nuestros antepasados,
ha glorificado a su siervo Jesús.
a quien ustedes crucificarón. (Los Hechos 3:11-13)
¡Toda la gente corría hacia Pedro y Juan en el Puerto de Salomón! Fue literalmente un movimiento de masas, oportunidad dorada para aprovechar su repentina fama! Pero la respuesta de ellos fue muy diferente. “¿Por que nos están mirando a nosotros como si nosotros hubiéramos hecho esto por nuestro propio poder? ¡No! Fue Dios quien sanó a este cojo para la gloria de su siervo Jesús, a quien ustedes crucificaron. Quiten sus ojos de nosotros y fijen su mirada en Cristo. Insistimos en que toda la gloria sea para él, no para nosotros”
Hoy día tenemos muchos “sanadores” pero pocos que saben decir, “No me miren a mí. pues yo no he hecho nada. El poder es de Cristo y sólo él puede sanar.” Recuerdo un predicador que alzaba sus dos manos ante la pantalla y exclamaba, “Estas manos tienen el don de sanidad, estas manos tienen poderes milagrosos”. Pero originalmente un “don de sanidad” era la misma sanidad que Dios daba al enfermo, no un poder “propiedad privada”  de algún curandero. Los instrumentos de la acción son sus siervos, no son dueños de los poderes que Dios les ha prestado (Apoc 11:7).
Me acordé de Pedro y Juan al leer los reportajes sobre la gran celebración festiva de la canonización.de los dos papas más queridos de nuestros tiempos. Es impresionante el contraste, como es diferente nuestro siglo de la época en que vivían ellos. Lo capta dramáticamente el titular del primer informe en La Nación(San José, 25 abril 2014): “Peregrinos buscan en Roma a Floribeth Mora, ‘la miracolata” y del párrafo inicial del mismo: “En las manos de los feligreses que llegan a esta ciudad hay más cámaras y celulares que rosarios. [Todos] buscan sacarse la foto con Floribeth Mora, ‘la  mujer del milagro costarricense”‘.. La curación de la señora Mora de un aneurisma cerebral por intercesión de Juan Pablo II cumplió dramáticamente un requisito para la canonización del popular pontífice polaco.
Inevitablemente, la celebración tuvo muchas repercusiones políticas.  Los dos papas canonizados representaban las dos tendencias básicas en la iglesia hoy; los y las progresistas, inspirados por la memoria de Juan XXIII, y los conservadores seguidores entusiastas de Juan Pablo II. Parece que con la canonización de los dos papas juntos, el papa Francisco, quien propuso el evento, buscaba unir las dos tendencias o por lo menos acercarlas. Sin embargo, es posible que “el tiro le haya salido por la culata”.  La fiesta parece haber aumentado la devoción a Juan Pablo II frente a Juan XXIII, de quien al parecer no se habló mucho.
De hecho, un sector de los progresistas se opuso a la canonización de Juan Pablo II,  En las palabras sorprendentemente fuertes de Federico Pastor, presidente de la Asociación de teólogos Juan XXIII, “lo de Juan Pablo II [su canonización] ha sido una cacicada de los sectores conservadores” y “ya que era excesivamente descarada, para disimularlo han metido a Juan XXIII, que era justo lo contrario”. Según Evaristo Villar, sacerdote portavoz del movimiento Redes Cristianas, la canonización de Juan Pablo II fue “una imposición de los grupos más conservadores de la Iglesia, a los que apoyó siempre… En su época, se llenaron los estadios pero se vaciaron las iglesias”.  Se critica mucho su apoyo a Opus Dei y su amistad con Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y el movimiento Regnum Christi y abusador sexual de sus propios hijos. José Sánchez, del Observatorio clerical de México, opinó en declaraciones a la BBC que el pontificado de Juan Pablo II “significó para muchas iglesias [de América Latina] un  proceso prácticamente de persecución, de censura, de combate de una experiencia eclesial que nació a partir de las comunidades eclesiales de base y de la teología de la liberación”. El Observatorio pidió al Vaticano suspender el proceso de canonización de Juan Pablo  (NoticiasCristianas, 4.30.14).
Es muy probable que el resultado de la fiesta termine siendo lo contrario de lo que buscaba el papa actual, aumentando la división en vez de promover la unidad de la iglesia.
Vuelvo a recordar a Pedro y Juan, con su tajante “No nos miren a nosotros, pues no hemos hecho nada sino que lo ha hecho Cristo Jesús, el crucificado y resucitado”.
Si los reportajes de los medios masivos reflejan fielmente lo que ocurrió en Roma, como es muy probable, entonces Cristo el Señor no figuró mucho en la fiesta papal. El énfasis abrumador cayó en Juan Pablo II no sólo como intercesor sino como objeto de fe. ¿Fue ésta una fiesta cristocéntrica, como la de Pedro y Juan en la Puerta de Salomón, o fue una fiesta “papa-céntrica” y “miracolata-céntrica”?
Al fin, ¿quien sanó a Floribeth Mora y quien merece toda la gloria?

* Juan Stam. Costarricense, Doctor en teología por la Universidad de Basilea, Suiza. Por muchos años fue profesor del Seminario Bíblico Latinoamericano (hoy UBL), de la Universidad Nacional Autónoma de Costa Rica, y de otras instituciones teológicas en San José. Es autor de muchos artículos y varios libros, en especial, el comentario a Apocalipsis de la serie Comentario Bíblico Iberoamericano.

Fuente: Lupaprotestante, 2014.

viernes, 11 de octubre de 2013

Seminario e Iglesia: ¿Espacio de igualdad o de exclusión?

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Es indudable que mucho del quehacer teológico que se estructura en las iglesias surge en gran manera de la educación teológica recibida en las facultades de teología de las diferentes confesiones religiosas (…).
En Argentina hay muchos seminarios e institutos de formación ministerial, los hay para todo tipo de opción. Como en Colombia, existen fundaciones universitarias teológicas, antes seminarios, institutos o escuelas de formación pastoral, prácticamente de todas las confesiones evangélicas que tienen cierta representatividad debido al número de miembros o iglesias.
El objetivo de esta reflexión no pretende analizar ni juzgar a priori las diferentes confesiones o instituciones. Pero, ya que colaboro en algunas de ellas, como la Fundación Universitaria Seminario Teológico “A”, Seminario “B” e Institutos Bíblicos AD y Wesleyano de Colombia y de América Latina,[i] sí puedo afirmar que el currículo de dichas instituciones educativas mantiene programas bíblicos, teológicos y pastorales de calidad, aunque reducidos a un quehacer teológico denominacional y a afianzar los dogmas o confesiones de cada una de ellas, que pueden ser conservadoras clásicas, carismáticas o neopentecostales, lo cual las lleva, de alguna manera, a ignorar las diversas realidades del país.[ii]
Se imparten asignaturas que eluden incorporar un apoyo más integral a la hora de enfrentar problemas sociales graves, como pueden ser el desempleo, los desplazados, etc., así como situaciones de comunidades eclesiales específicas que requerirán nuevos modelos pastorales capaces de atender todas las necesidades de sus miembros y de los que parecen excluídos: las lesbianas, los homosexuales, los no creyentes, los políticos, entre otros. Es urgente, por tanto, la revisión de nuestros currículos educativos y el análisis honesto y serio de los contenidos programáticos, y considerar si éstos tienen que ver con pura información, o más bien tienden a establecer puentes contextuales y pertinentes para el desarrollo de los diferentes ministerios y de los dones de las personas que se capacitan en dichas instituciones; sin olvidar la búsqueda de una vida mas plena para el género humano en el cumplimiento de la misión del Reino de Dios.
¿Y las iglesias por donde van?
A partir de los años 60 y 70 del siglo pasado, debido al gran auge de la teología de la liberación en América Latina que irrumpió en nuestro país, en especial en Medellín, las iglesias evangélicas fueron desafiadas a plantearse nuevos modelos beligerantes unidos al nuevo proyecto de liberación. Esto ocasionó divisiones internas en varias denominaciones históricas, entre ellas la presbiteriana y la interamericana.
Hoy, las divisiones son de carácter neopentecostal, con una tendencia de expulsión de demonios, culto de sanación, apostolado y teología de la prosperidad en las iglesias con tradición conservadora, por ejemplo, y para citar algunas: las iglesias bautistas, interamericanas, bautistas independientes, presbiterianas, anglicanas, Alianza Cristiana Misionera,  etc. El resultado de esta batalla campal e ideológica fue la creación de dos bloques: uno liberacionista, que optaba por el proyecto liberador, y otro conservador, que optaba por el dogma (actualmente estos dos bloques continuan, y se ha añadido un tercero que defiende la teología de la prosperidad).[iii]
Los sectores fundamentalistas conservadores se  replegaron y se encerraron en sí mismos –todavía se mantienen en esa posición. El otro bloque, mas abierto, formado por las iglesias históricas presbiterianas e interamericanas de Laureles en Medellín (como por ejemplo en Colombia) han conseguido sobrevivir a pesar de la exclusión de los sectores fundamentalistas conservadores.
Esas iglesias que se insertaron en el proceso liberador fundaron centros de educación teológica con nuevos paradigmas de reflexión e iluminados por la teología de la liberación, tales como la solidaridad cotidiana expresada en compartir el dolor, la esperanza y la lucha de clases, así como la defensa de una vida y un salario dignos[iv]. En cambio, el bloque conservador se centró en fortalecer sus centros de formación teológica con el objetivo de contrarrestar dicho movimiento. El tema de la teología de la liberación empezó a debatirse “pues lo que siempre se vio como hijos de Dios, ahora se veía como desertores de la “Verdadera doctrina cristiana”, herejes, hijos del Diablo”[v].
A pesar de la riqueza temática liberadora que se generaba en ese momento, no se lograron grandes cambios en los sectores conservadores. El ámbito curricular de estas instituciones teológicas conservadoras continuaron centradas en la formación de líderes y pastores tradicionales. La critica al poder eclesial centralizado y a la exclusión de las mujeres, entre otras cosas, quedó archivado.
En la actualidad, no podemos hablar de democracia participativa en los diferentes sectores de la sociedad si en nuestras iglesias e instituciones educativas no existe una participación igualitaria de los sujetos sociales que las componen. Muchas instituciones eclesiales y paraeclesiales actuales desarrollan una fe puritana (con tendencia a la New Age hacia una mentalidad positiva reflejada en los sermones del éxito y del lucro), una visión espiritualista de la vida que procura conservar sus doctrinas y dogmas[vi] que excluye, en muchos casos, a mujeres, niños, desplazados y gays, entre otros.
Si realmente comprendiéramos la iglesia como cuerpo de Cristo y a cada uno de nosotros como miembros de ese cuerpo, o lo que es lo mismo, como parte esencial de una unidad comunitaria[vii], deberíamos profundizar, desde nuestros centros de formación teológica, en esta comprensión amplia de que el pueblo de Dios debe participar desde la igualdad en los diferentes ministerios de la misma. El apóstol San Pablo nos dice:
“(…) Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros sois labranza de Dios, edificios de Dios”[viii].
A estas alturas nos podemos preguntar qué valor tiene esta reflexión. Sin embargo, nos parece relevante, ya que intentamos comprender el desafío al que nos enfrentamos. Si, como pastores, lideres y maestros evangélicos, queremos vivir como ciudadanos de segunda clase, como personas incapacitadas y pasivas que enseñan las cosas porque toca o, sencillamente, no hemos aprendido o no nos atrevemos a leer críticamente la Biblia, la historia y hasta nuestra propia teología, simplemente nos hemos convertido en loros que repiten un discurso de lo que oyen o han aprendido.
Si hubiésemos aprendido a hacer teología desde los presupuesto de la teología latinoamericana nos habríamos ahorrado un sinnúmero de palabreros (carismáticos, fundamentalista, etc.) que han provocado una división teológica (Teología de la prosperidad, de la unción, etc.) y no estructural de nuestras denominaciones evangélicas colombianas y latinoamericanas.  Pero, si queremos estar al nivel de otras teologías latinoamericanas necesitamos estar al lado de ellas; para lo cual, debemos liberarnos del miedo, del fundamentalismo, del qué dirán (…) [ix]. Como evangélicos latinoamericanos necesitamos creer y actuar basándonos en las demandas del Reino de Dios, con una nueva mentalidad, con una nueva disposición, despojándonos de nuestros complejos, nuestros temores y creyendo que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece[x].

[i] De este grupo de instituciones de formación teológica, no incluyo a la Corporación universitaria Reformada de Colombia, antes Seminario Teológico Presbiteriano y Reformado de la gran Colombia, por ser una institución que ha sido la voz profética de la teología evangélica liberadora colombiana, además ha tenido históricamente un convenio firmado con la Universidad Bíblica Latinoamericana de Costa Rica, que le permitió reincorporar en sus programas los delineamiento de la filosofía y visión de la ubl. Amilkar, Ulloa, Oikoumene cetela.  Medellín: Catálogo de la comunidad de educación teológica ecuménica latinoamericana – caribeña, 1999, p: 108 – 115.
[ii] Luis Eduardo Cantero, “Educación teológica y género: Desafíos a las instituciones teológicas latinoamericanas evangélicas. Estudio de caso colombiano, en Revista Teología y cultura, año 9, vol 14 (noviembre, 2012), pp. 137 – 152.
[iii] Cantero, op., cit., p. 141
[iv] Ejemplo a citar PROMESA, hoy recinto universitario de la Universidad Bíblica Latinoamericana en Medellín y el Seminario Teológico Presbiteriano y Reformado de la Gran Colombia, hoy Universidad Reformada de Colombia, Barranquilla, ha firmado un convenio con otras universidades para ofrecer títulos de grado y postgrado: Especialización y Maestría. Estos centros, el tema de pobreza, marginación y exclusión empezó a debatirse pues lo que siempre se vio como un don divino era confrontado como fruto de la injusticia social. Amilkar Ulloa Entrevista Medellín: Promesa, marzo 20 de 1999.
[v] Joaquín, Espinosa  Diálogos ecuménicos.  Medellín: Iglesia Evangélica Interamericana, 6 de junio de 1999.
[vi] Pablo, Moreno  Una relectura de nuestros principios y creencias bautista a la luz de tiempos nuevos.  Medellín: Ponencia presentada en la XLVII Asamblea anual de la Convención Bautista colombiana, enero 5 – 9, 1997.
[vii] Véase Hechos 2: 44 – 47.
[viii] I Corintios 3: 8 – 9, Versión Reina Valera, 1960.
[ix] Luís Eduardo, Cantero,   “Desafíos teológicos para una eclesiología bautista contextual. Elementos fundamentales para hacer misión.” Revista signos de vida, CLAI, Quito, Ecuador, # 39 marzo (2006), p. 7 ss.
[x] Filipenses 4: 13, Versión Reina Valera, 1995.

*Luis Eduardo Cantero, pastor, teólogo y filósofo, Doctorando en Historia de América Latina por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España.
 
Fuente: Lupaprotestante, 2013